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sábado, 31 de enero de 2026

Próxima estación: la discusión por la ley de Reforma Laboral... @elprofesorcapomasi...

Próxima estación: la discusión por la ley de Reforma Laboral...

Ícono vernáculo. Imagen: Pablo Temes.

El debate que se viene no solo es un desafío para Milei: también lo es para otros miembros de su equipo de gobierno.

© Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 01/02/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.


Ha llegado febrero. Esto quiere decir que ha llegado la hora de la verdad respecto de los desafíos de implementación de los proyectos clave del programa de gobierno de Javier Milei. Ese próximo desafío lo representa el proyecto de ley de Reforma Laboral. Trajinando el país está Diego Santilli. Su labor es ardua, muy ardua. Del éxito de su negociación dependerá que el oficialismo tenga los votos suficientes para lograr la susodicha aprobación. El resultado final de la votación en las Cámaras del Congreso marcará también el futuro del ministro del Interior.

Y será también una prueba de fuego para Patricia Bullrich, cuyo debut en el Senado fue rutilante en la sesión del viernes 27 de diciembre pasado, que culminó con la aprobación del proyecto de Ley de Presupuesto.

En el Partido Justicialista se vive una especie de condena alrededor de una degradación y disgregación incesante, producto de las conductas endogámicas de esta dirigencia del ocaso. El kirchnerismo continúa enfrascado en la disputa interna en la provincia de Buenos Aires. Es lo único que le queda y el problema es que la está perdiendo tanto Cristina F. de Kirchner como su maltrecho delfín, Máximo. La expresidenta vive en carne propia lo que pasa en todos los partidos políticos en general y en el peronismo –en particular– mucho más. Cuando se tiene –el poder–, su poseedor es el centro de todo. Es como un sol: todo gira alrededor de esa persona que, cuando es atacada por la enfermedad del poder, se cree poco menos que una deidad. “Hay que temerle a Dios, y un poquito a mí”, llegó a decir CFK en sus días de apogeo que creyó que nunca terminarían. Cuando se lo pierde –al poder–, todo se desvanece hacia un ocaso inexorable que se precipita cuando quien lo ejerció carece de valores morales y está bajo el imperio del miedo y la imposición.

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La interna en PBA entre el hijo de CFK y Axel Kicillof no cesa. El primogénito de la expresidenta no termina de entender el final al que lo ha arrastrado el momento crepuscular de su mamá. El gobernador está haciéndoselo entender en forma clara y con estilo peronista.

Ahora volvamos al Gobierno. Mientras el ministro fatiga despachos y dedica horas a esas negociaciones arduas, pasan otras cosas. El pasaje del Presidente por Mar del Plata fue rico en un anecdotario decididamente malo. Todos tenemos en el recuerdo aquella aparición absolutamente reprochable de CFK bailando sobre el escenario el 10 de diciembre de 2013, mientras se producían en varias provincias del norte saqueos y moría gente producto de la represión. Por lo tanto, ¿cómo no criticar la presencia en el escenario de Javier Milei compartiendo un momento del espectáculo que encabeza con su inigualable talento Fátima Florez? Cómo no hacerlo cuando el Presidente no se molestó en viajar a la zona cordillerana de Chubut tan duramente castigada por los incendios forestales. Ese contacto de un presidente con la realidad es irremplazable y de un enorme valor anímico para la gente que está en riesgo de perder todo y/o directamente de morir. La tardía declaración del estado de emergencia decretado por el Gobierno y la tardía ayuda de cien mil millones de pesos para todas las asociaciones de bomberos del país son una marca de la indiferencia frente al sufrimiento de quienes habitan allí y necesitan sí o sí que el Estado se haga presente para combatir el fuego y para protegerlos y ayudarlos.

Nada de esto fue suficiente para convencerlo a Milei no ya de suspender su raid y show en Mar del Plata, sino para acercarse a ver y a conocer esa realidad.

El raid marplatense mostró una vez más a Milei en su esencia, genio y figura de una persona que ama el show y hace un culto de la intolerancia. Ya está dicho hasta el cansancio: objetos de esa fascinación por la descalificación han sido –y son– artistas, periodistas, economistas y políticos. A esa lista acaba de incorporarse el líder del Grupo Techint, Paolo Rocca. Es verdad que el empresariado prebendario ha tenido un rol importante en el fracaso de la Argentina. En definitiva, ha sido parte de la consolidación del modelo peronista tan dañino para nuestro país. En pos de la defensa de sus intereses han convalidado las conductas abusivas y el sistema de corrupción que ha sido –y es– norma del justicialismo. He ahí, como muestra palmaria de esa conducta, la causa de los cuadernos de Centeno. En el caso de la provisión de caños para el gasoducto de Vaca Muerta llama la atención que la firma presentó una oferta con un valor un 40% mayor que la empresa india Welspun a la que después igualó. La pregunta es por qué no presentó ese valor más barato de entrada. Para describir con la mayor precisión posible la complejidad del caso, los conocedores del medio no dejan de señalar una vieja disputa entre los propietarios del consorcio Southern Energy – más concretamente la familia Bulgheroni– con Paolo Rocca. Los registros sobre Welspun hablan de una empresa excesivamente rigurosa con el control de sus costos.

Resumido así el caso, le cabe al Presidente el derecho de criticar a Rocca o a cualquiera. Nadie es ningún santo. Y cuando critica al empresariado prebendario que usó la protección para inflar precios y asegurarse los beneficios de un mercado cautivo tiene razón. Lo reprochable –como siempre– son los modos y, además, algo poco entendible: el solazarse con el hecho de que las aperturas indiscriminadas siempre tienen una consecuencia social grave: la pérdida de fuentes de trabajo. Donald Trump está aplicando políticas arancelarias diametralmente opuestas.

El Festival de la Derecha Fest en La Feliz dejó expuestas además la internas que se viven al interior del Gobierno. Como no podría ser de otra manera, son internas virulentas. Los buenos modales no forman parte de la cultura cívica de muchos de los referentes de La Libertad Avanza. Es algo que viene desde Milei y baja casi como un evangelio. Es también lo que transmiten los otros dos integrantes de la así llamada cúpula de hierro, es decir Karina y Santiago Caputo. En estas circunstancias, la víctima fue Sebastián Pareja, el armador bonaerense a quien se le adjudica la responsabilidad de la catastrófica derrota electoral del oficialismo en la provincia de Buenos Aires en la elección del 6 de septiembre del año pasado. En verdad, la responsable última fue la hermana del Presidente, que fue quien manejó a dedo y con absoluta intransigencia el armado de las horribles listas que presentó LLA. Pareja es un dirigente muy cuestionado dentro y fuera del partido de gobierno. “No se confundan, los enemigos no están adentro, sino afuera”, atinó a decir en medio de los abucheos de la militancia. No parece que ese sea el problema exclusivo de la militancia, sino también de varios dirigentes pintorescos –por recurrir a un término abarcador– del partido.

“Hay que tener en cuenta que no hay nada más difícil de llevar a cabo, ni más dudoso en cuanto a su éxito, ni más peligroso de manejar, que iniciar un nuevo orden de cosas” (Nicolás Maquiavelo).





domingo, 22 de diciembre de 2024

Panorama Económico - Los verdaderos enemigos de Milei y Caputo y su misión final para el 2025… @dealgunamanera...

Los verdaderos enemigos de Milei y Caputo y su misión final para el 2025…

Enemigo público. Dibujo: Pablo Temes.

Saben de la economía real, el factor Brasil, el atraso cambiario, el precio de las commodities y hasta el FMI podrían conspirar contra su programa.

© Escrito por Carlos Burgueño y publicado el sábado 21/12/2024 por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.


Javier Milei y Luis “Toto” Caputo tienen sus enemigos. No es el kirchnerismo, al que más que un problema, los libertarios los consideran una némesis necesaria para su crecimiento político, bajo el lema: somos nosotros o ellos (“y ya saben cómo son ellos”). Tampoco la izquierda más dura, hoy políticamente, casi marginal y desaparecida de las calles, lo que para los mileístas es uno de los principales logros del primer año de gestión. Tampoco el PRO disidente. Mucho menos los gobernadores, con la cabeza gacha a fuerza de transferencias escuálidas y dependientes del cheque extra mensual. Quizá tampoco califique la interna con su vicepresidenta Victoria Villarruel, pelea que en realidad, el propio jefe de Estado fomenta. Ninguno de estos factores políticos es el verdadero enemigo del proyecto de Milei. El real contrincante de su victoria final (en este caso, algo escueta: ganar las legislativas del 2025 e ir a una etapa superadora en el bienio 2026-2027); son los factores económicos que pueden bombardear su tren financiero, cambiario y de crecimiento del PBI. Saben Milei y Caputo, que ahí están los desafíos. En un puñado de capítulos serios y graves que parecen no querer dejarse dominar por las Fuerzas del Cielo y que plantean batalla. Dura. Complicada. Y en algunos casos, sin solución a la vista, al menos si no se quiere tomar medidas duras que alejen el apoyo fundamentalmente de la clase media.

El primero y fundamental es la economía real, donde habita la mayor cantidad de votantes y donde aún no se ven los efectos reales del eufórico festival que se vive en este segundo semestre en los mercados de capitales y financieros; en una conga que parece no tener fin. Y que esta semana, tuvo como principales números de atracción a la caída del riesgo país por debajo de los 700 puntos básicos y a las acciones de los bancos que cotizan en Buenos Aires y Wall Street. Sin embargo, la construcción, el consumo y la industria siguen sin reaccionar. En el caso de la construcción se trata incluso de un área que parece indomable. No hay actividad pública, salvo algún puñado de obras que sí o sí deben ejecutarse porque están financiadas en todo o parte por organismos financieros internacionales. El problema es la privada, donde el costo de construir está por arriba de los 1.200 dólares el metro cuadrado, un número que espanta la posibilidad de acceso de la clase media. Sólo grandes proyectos se sostienen, la mayoría, a la espera de futuros tiempos mejores. El consumo parece que recién hacia noviembre podría haber encontrado su piso de caída, lo que no quiere decir crecimiento. Sin dinero extra en el bolsillo, el mercado interno languidece y sólo hay compras de supervivencia y sostenimiento de la situación del bolsillo actual. La industria la ve de afuera. Los últimos datos de la Asociación de Industriales Metalúrgicos de la República Argentina, la actividad en noviembre mostró una baja del -7,1% interanual y respecto a octubre de este año del -0,9%. Acumula en el año una contracción de -12,9% en relación a los mismos meses del año anterior, con una capacidad instalada del 50,5%, un -4,5% por debajo del mismo mes del año previo y -8,9% debajo del promedio de 2023.

El segundo enemigo es Brasil. Y no por Luiz Inácio “Lula” da Silva en particular, enemistad que, parece, Milei y el brasileño aprendieron a pilotear. La devaluación del real acumulada del 24% anual en el 2024, es un verdadero problema para el país. Y no sólo por los argentinos que invadirán las playas de Florianópolis este verano y que (con sus colegas que viajarán a Miami, Cancún y otros destinos) demandarán una pérdida de entre mil y 1.500 millones de dólares este verano. Según el Palacio de Hacienda, ese número ya está presupuestado. No sería problema. El tema con Brasil y su moneda en caída es la pérdida de competitividad del país. Y el recuerdo de lo que sucedió en los 90, cuando ante una convertibilidad en pelea permanente por la productividad en caída del uno a uno y un déficit fiscal en dólares, una devaluación fuerte del gobierno de Fernando Henrique Cardoso provocó la debacle final. Los números marcan que esa devaluación de casi el 25% del real durante este año, con una inflación anual en el país vecino del 4,9%; cruzado un alza de los precios en el país de más de 160%; provocaron una pérdida del poder adquisitivo del real contra el peso de más del 60% en un año. Por otro lado, los precios en dólares para los argentinos caen 19% en el mismo período. Quizá la balanza comercial bilateral engañe, ya que sólo existe un déficit de algo más de 300 millones de dólares proyectados para este año. Sin embargo, hay que tener en cuenta en el análisis que ese número comenzará a ser tergiversado por las ventas argentinas de energía a Brasil. El problema será la industria. Y un detalle, mientras Argentina está desmantelando su industria de electrodomésticos y artículos para el hogar, el gobierno brasileño reforzó en las últimas horas la ayuda impositiva a Manaos; el extremadamente protegido polo industrial del país vecino. Que a diferencia de lo que sucede en la masa media criolla, en Brasil genera orgullo tener productos locales producidos con subsidios públicos.


El tercer enemigo de Milei y Caputo son los precios internacionales de las commodities, especialmente la soja. Si bien se espera una campaña extraordinaria en cuanto a la producción y el volumen de ventas al exterior, el valor de la oleaginosa se ubica por debajo de los US$ 360 la tonelada. Según los expertos del sector, a estos niveles la actividad no es rentable. Y se perderá dinero. Lo que afectará los ingresos del campo para el año próximo, donde se esperaba un número que coquetee con los US$ 23 mil millones y habrá que festejar unos US$ 18 mil millones.  

El principal enemigo que reconocen todos, es el retraso cambiario y el ingreso de dólares que no cesará en el 2025. Con la emisión de pesos esterilizada al mínimo (solo pago de deudas que no se puedan renegociar) y tres ductos de divisas abiertos (las exportaciones energéticas, las exportaciones del campo y el eventual acuerdo con el FMI); la situación parece no tender a la mejora en el 2025. Más bien a su consolidación. Todos, dentro y fuera del Gobierno, lo dicen: Argentina está cara en dólares, producto de las propias fuerzas económicas internas, y de las devaluaciones múltiples que operan en los mercados emergentes. Y puede encarecerse aún más. Algo que lógicamente provocaría más pérdida de la competitividad, alza de los costos, pérdida de exportaciones con valor agregado y auge de las importaciones de todo tipo y color. Un factor que afectará a la industria local, uno de los tres capítulos que “no arrancan”. El tema fue planteado en todas las reuniones de Pymes y Cámaras del interior, además de la Unión Industrial Argentina en su asamblea anual, un acto que fue abandonado a propósito por el oficialismo. Pero también fue el principal concepto de críticas de la última reunión Propyme, organizada por el grupo Techint, donde Paolo Rocca tomó el micrófono para quejarse de la apertura a las importaciones, especialmente desde China. El problema es hoy. Lo complejo del asunto, es que el ómnibus del plan de Milei y Caputo va en firme por una carretera donde el conflicto se profundizará.

Finalmente, los últimos enemigos están en Washington. Los técnicos del FMI que hoy tienen la responsabilidad del caso argentino, encabezados por la número dos del organismo Gita Gopinath y con la cara visible del venezolano Luis Cubeddu; no creen que el plan económico de Javier Milei sea sostenible en el tiempo, precisamente por la política cambiaria. Si bien ponderan, con aplausos de pie, el ajuste fiscal que llevó al país a superávits primarios y financieros este año, algo que se repetirá en el 2025, y consideran “espectaculares” las decisiones de desregulación de la economía que se aplican en el Ministerio de Federico Sturzenegger; creen que el retraso cambiario afecta una de las tres patas de cualquier acuerdo en firme con el FMI: el aumento de las reservas. Mira el Fondo que el número continúa negativo, pese a que el BCRA tuvo un muy buen año de compras y que no hay un ritmo creciente de recuperación de ahorros en el Central lo suficientemente fuerte y sólido como para sostener una política cambiaria de largo plazo. Creen que el problema de revaluación del peso es serio y que alguna decisión hay que tomar. Concretamente, devaluar un 20%. Esta posición es la que recibieron los enviados del Gobierno comandados por el viceministro de Economía José Luis Daza. Pero también es la que el organismo expuso en julio pasado, y que llevó a la crisis y posterior renuncia a seguir tratando con los argentinos del Director Gerente para la región, el chileno Rodrigo Valdés. Y que aún no cambió. Y que sólo una gestión personal de Donald Trump podría modificar.

Combatir, y  vencer en la contienda a estos enemigos. Esa es la verdadera misión autoimpuesta del jefe de Estado y su ministro para el 2025.



 

domingo, 5 de junio de 2022

La mano que mueve la lapicera… @dealgunamaneraok...

 La mano que mueve la lapicera… 


‘Tomá nota’ Cristina Fernández de Kirchner. Dibujo: Pablo Temes 

En el acto de Tecnópolis fue muy evidente que los avances por subsanar la fractura en el Gobierno brillaron por su ausencia.

© Escrito por Nelson Castro el sábado 04/06/2022 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos. 

La novela de encuentros y desencuentros del Presidente con su vice, un grotesco que parece salido de alguna de las canciones de los Pimpinela, sumó el viernes y el sábado un nuevo capítulo que –como no podía ser de otra manera– no modificó en absoluto el fondo de la cuestión. Se reencontraron luego de 95 días sin verse las caras en el acto de festejo por los cien años de YPF. Una celebración paradójica: elogios, historia y orgullo impostado para la petrolera estatal en medio de la crisis por falta de gasoil que afecta al menos a ocho provincias y complica el abastecimiento y la producción. Nada que festejar. Una muestra más de kirchnerismo en su estado puro: relato y mentiras.

 

El protagonismo fue, como siempre, de Cristina Fernández de Kirchner. Fue su yo y la historia. El síndrome de Hubris en toda su dimensión. Eso agregado a su intención de dañar. Es algo irrefrenable en la vicepresidenta. La alusión crítica a Techint, a semanas de la cena que AF tuvo con su dueño, Paolo Rocca, fue un proyectil dirigido para torpedear las negociaciones destinadas a asegurar la provisión de los tubos necesarios para la construcción del gasoducto Néstor Kirchner por medio de las que, además, el Presidente busca recomponer su relación con el sector empresarial.   

 

Los reproches de la vicepresidenta fueron los mismos de siempre. Los avances por subsanar la fractura en el Gobierno brillaron por su ausencia. Cada uno ratificó posiciones, entre lapiceras, pedidos de unidad y una frialdad que se vivió tanto en el escenario como en las plateas. Las caras mustias de los ministros y secretarios de Estado que tuvieron que aguantar el acto lo decían todo. Hasta la expresión del mismo Daniel Scioli, cuya presencia allí no tenía ninguna explicación, contribuyó a ese marco de resignación y disgusto. El que mejor reflejó el tedio reinante en Tecnópolis fue el ministro de Defensa, Jorge Taiana, quien sucumbió y cayó en un sueño que, según mostraron las cámaras de TV, pareció profundo.

 

“Aprendan a valorar la paciencia. Venimos pidiendo cambios desde hace mucho y no nos escuchan. Nosotros ya sentamos nuestra posición, si del otro lado nos siguen ignorando no habrá solución posible. Pedimos un cambio de jugadores y nos responden con su empoderamiento, si quieren morir en la suya que lo hagan, pero no nos van a arrastrar en su fracaso”, dispararon desde el Instituto Patria. La estrategia del kirchnerismo duro se mantiene en realidad porque no le quedan muchas opciones. La tozudez de Alberto Fernández los dejó sin aliento.

 

Ante tanto ninguneo y mentira, del otro lado del Frente de Todos Contra Todos aprendieron a no callarse. Una de las respuestas a la perorata de CFK fue un mandoble dirigido directamente a La Cámpora, la agencia de colocaciones para sus integrantes que, bajo el paraguas de un discurso con ideología y militancia, utiliza los fondos públicos para vivir bien y construir poder. Refiriéndose a la frase que la vicepresidenta le asestó al Presidente – “ya te dije Alberto que uses bien la lapicera”– el albertismo arguyó que los que no habían utilizado bien la lapicera habían sido los funcionarios de Ieasa, la sigla de Integración Energética Argentina Sociedad Anónima que hace poco volvió a llamarse Enarsa –Energía Argentina Sociedad Anónima–. Ieasa, que estuvo a cargo de la licitación del gasoducto que tuvo infinidad de idas y vueltas, es manejada por funcionarios que responden a CFK. Finalmente en los pliegos de licitación se estatuyó que la chapa a utilizar tenía que ser de 33 milímetros de espesor.

 

Esa chapa la fabrica Techint en Brasil. “Pareció una licitación hecha a medida de la empresa de Rocca”, señaló sin eufemismos una fuente de la Casa Rosada. A punto de cerrar esta columna, las consecuencias políticas de este off reproducido por parte del Ministerio de Producción y Desarrollo acaba de costarle el cargo a su titular, Matías Kulfas, quien había tomado la posta una vez más para resaltar que, efectivamente, la lapicera la tiene el Presidente y responder las críticas a la gestión económica. “Nos sentimos con una profunda desazón. Por un off que Cristina le atribuyó sin pruebas a Kulfas, Alberto lo echó de un plumazo” –expresó con desconsuelo un cercano del Presidente quien concluyó: “A partir de ahora sentimos que estamos sin respaldo”.

 

El Presidente ha empoderado a Martín Guzmán y al equipo que lo acompaña. Está decidido a ratificar el rumbo mientras CFK repite ante quien quiera escucharla que “Guzmán está terminado”. Lo mismo ocurre con el presidente del Banco Central, Miguel Pesce, por quien no siente ningún respeto intelectual. A la luz de lo sucedido con Kulfas, habrá que ver cuánto más pueden resistir. Más claro, agua. La mano que mueve la lapicera es la de CFK.  

 

En medio de esa decepción, hay coincidencia en que los próximos tres meses serán la bisagra temporal para que el equipo económico muestre resultados, al menos, en la contención de la escalada inflacionaria. Algo que parece bastante utópico con las pocas herramientas que manejan los encargados de pilotar la tormenta. Además es inevitable la pregunta por el después. ¿Qué hará el Presidente si las metas no se cumplen? No hay respuesta. ¿Entregará a Guzmán y a Pesce cuando el reloj de arena esté pidiendo un giro de 180 grados? No hay Plan B y quizás esa sea la venganza más dulce del Presidente. Ceder poder cuando ya no haya tiempo de maniobra. Es eso lo que desvela a la ex presidenta en funciones.  

 

Los gritos de un abotagado Dr. Fernández en el deslucido acto de inauguración de la Variante Cañuelas –obra perteneciente al proyecto de transformación de la Ruta Nacional 3 en autopista– que comprende solo 9,6 kilómetros, marcaron el comienzo de la campaña electoral. Recurrió, pues, al manual de campaña del oficialismo que indica que hay que subir al ring a Mauricio Macri. Es el “Ah, pero Macri” que usaron en el 2021 y que fracasó. En ese discurso destemplado habló de los “ladrones de guante blanco” a los que la Justicia no investiga. Errabundo en su gestión y en su decir, no advirtió que, al fin y al cabo, estaba hablando de él mismo, que fue asesor legal de Cristóbal López, quien evadió impuestos por $ 8 mil millones y acaba de ser condenado a pagar una deuda del impuesto a los Bienes Personales por $ 156 millones.

 

 

jueves, 29 de octubre de 2020

Cristina invita al acuerdo pero el que tiene que pagar es Alberto… @dealgunamanera...

 Cristina invita al acuerdo pero el que tiene que pagar es Alberto…

Alberto Fernández y Cristina Fernández
 

Entre el 9 de Julio y el 27 de octubre, algo pasó. En vísperas del aniversario de la muerte de Néstor Kirchner, Cristina Fernández decidió jugar una carta que no estaba en sus planes hace unos meses y convocar a un acuerdo con todos los sectores para resolver el grave problema de la economía bimonetaria. Así desandó el camino que había insinuado cuando llamó a no confundirse y recomendó la nota de Alfredo Zaiat que apuntaba contra la derecha empresaria de Clarín y Techint, dos días después de aquel acto de Alberto Fernández en Olivos.

 

© Escrito por Diego Genoud el miércoles 28/10/2020 y publicado en la Plataforma Digital de Actualidad y Noticias El Canciller de la Ciudad Autónona de Buenos Aires, República de los Argentinos.


Cristina ya había invitado a la confección de un contrato social en la presentación de “Sinceramente”, en campaña y hace más de un año. Pero esta carta no puede ser leída como un regreso a esos postulados porque lo que cambia es el lugar de enunciación: la vicepresidenta ya no habla como alternativa a un macrismo decadente sino desde la debilidad de la propia crisis que atraviesa a su gobierno. Aunque pueda argumentar que, buenas o malas, las decisiones las toma Fernández, el proyecto del Frente de Todos es el que empieza a ver comprometidas sus chances de prolongarse en el tiempo y tiene por delante meses de alta incertidumbre. Por eso, CFK dice que el problema que no pudo saldar durante su gestión y Mauricio Macri agravó con un endeudamiento suicida y la eliminación de todo tipo de controles no es ideológico, ni de izquierda ni de derecha. Ahora es el peronismo el que lo sufre. 

Difícil de ejecutar en una Argentina desigual que tiene un océano de perdedores y pocos actores dispuestos a ceder algo, el gran acuerdo que Cristina propuso en público puso a todo el país político a girar una vez en torno a su palabra y a su figura. Pero llega unos días después de otro movimiento, más discreto, que cerca de Fernández se encargan de destacar. El almuerzo que el Presidente mantuvo en la residencia de Olivos con Paolo Rocca y Luis Betnaza, escoltado por Martín Guzmán y Eduardo De Pedro. La presencia del ministro del Interior en el encuentro que pareció iniciar un acercamiento con el establishment es exhibida en Casa Rosada como prueba de que Cristina avala el entendimiento con los miserables de ayer, según la definición que el propio Alberto prefiere desligar ahora de los atributos del dueño de Techint. Sin embargo, Rocca no fue a plantear consensos trascendentales para eludir el precipicio sino a reclamar por la deuda que Macri no le pagó desde el Estado después de beneficiarlo como a nadie en Vaca Muerta, con la resolución 46. 

Abierta a interpretaciones de todo tipo, la convocatoria de la expresidenta parte del reconocimiento de una situación en la que el oficialismo no puede resolver la crisis y los optimistas de ayer ahora dicen que la corrida se estaba llevando puesto al gobierno. 

Se piense como se piense, algo parece evidente: CFK no está nada conforme con el balance ejecutivo de su criatura electoral y busca evitar que la fragilidad se acentúe junto con la brecha. Quiere preservar el poder que le costó recuperar y no le sirve ver como la presión devaluatoria y la evaporación del peso erosionan cada día la legitimidad del gobierno. Su suerte política y personal también está en juego. 

La carta del 27 de octubre llega en un momento en el que la inestabilidad persiste, los peores pronósticos se propagan y se discute -dentro y fuera del peronismo- hacia dónde y con quién intentará el pancristinismo salir de la postura defensiva. Los disconformes con el funcionamiento del gobierno se quejan de que el loteo de cargos estratégicos entre distintas facciones agrava la debilidad porque no son pocos los que “están pensando en su baldosa y en cómo quedar bien con el del frente”. 

Con intervenciones y la licitación de un bono atado al dólar, Martín Guzmán empieza a desplegar su juego y a lograr resultados de corto plazo no exentos de riesgo, camino a un sendero de menos emisión y más ajuste fiscal. El ministro precisa de un rebote fuerte en una economía que la pandemia hundió en su tercer año de recesión, pero la eliminación del IFE y la reducción del alcance del ATP se inserta en un mapa donde la caída de ingresos se conjuga con el aumento de la desocupación y la pobreza. Mientras tanto, en el sindicalismo que ayer avaló el reformismo permanente de Macri hoy resurgen propuestas de crear empleo flexible al estilo de la UOCRA como única vía para recuperar puestos de trabajo. Pura austeridad, ese repertorio debería discutirse en un acuerdo social a mediano plazo si no fuera porque la urgencia sigue mandando y la mayoría ya no tiene margen para ceder. No es el mejor ambiente para llegar a diciembre. 

La oposición se juega a un escenario de mayor volatilidad y dice que el gobierno ya perdió las riendas de una situación delicada. Afirman que los anuncios no tienen impacto duradero y no alcanzan para moldear las conductas de nadie porque está en cuestión la capacidad oficial para enfrentar la corrida. Sólo en ese punto se unen los diagnósticos de Cristina con la de sus detractores más rabiosos, que no quieren ningún acuerdo. A los dos lados de la polarización, convergen en que la falla está en el vértice del Poder Ejecutivo. “Alberto le dice a todos los que quieren escuchar y para gobernar la Argentina hay que decirle al 75% de la gente lo que no quiere escuchar”. Raro eslabón perdido entre el kirchnerismo y el peronismo, Fernández lidera un gabinete que parece en las antípodas del cristinismo que se llevaba todo por delante y, aún equivocado, insistía hasta el final. Ahora las señales confunden a casi todos y la camiseta pesa como nunca. 

Empoderado para un acuerdo sin garantía de éxito, el Presidente debe entenderse con factores de poder que creyeron en Macri, lo sostuvieron hasta el final y lo abandonaron sólo por la ineficacia probada para lograr sus objetivos. El establishment le va pedir a Fernández que pague el costo político del pacto que su socia acaba de estimular, con un giro más concreto que el del género epistolar. 

“Tiene que poner la seña, dejar algo para que le crean”, dicen. A Guzmán le quedan dos semanas largas por delante hasta que, el 10 de noviembre, aterrice la nueva misión del Fondo y comience a borronearse el primer acuerdo de todos, a firmarse con los soldados de Kristalina. Mientras algunos se juegan a que el organismo de crédito se ofrezca como salvoconducto del peronismo para llegar a marzo, otros recuerdan que Macri lo tuvo todo y le duró nada, frente a una corrida que le arruinó su futuro. En el gobierno afirman que es posible firmar un nuevo programa en diciembre y acordar un cronograma de desembolsos que le de aire al Presidente. 

Pero los patriotas del mercado dicen que el FMI no tiene margen para prestar mucho, salvo que el pancristinismo se decida avanzar por el camino de una ortodoxia sin culpa. La encrucijada sigue sobre la mesa: sólo que ahora Cristina le puso su firma, en busca de evitar otro desenlace traumático.




 

domingo, 5 de abril de 2020

Malestares. Cuarentena desangelada… @dealgunamanera…

Malestares. Cuarentena desangelada…  

Caños sin costura, Paolo Rocca. Dibujo: Pablo Temes

Críticas a los empresarios, elogios a Moyano y maltrato a los jubilados: una semana que erosionó la figura del Presidente.

© Escrito por Nelson Castro el domingo 05/04/2020 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma e Buenos Aires, República de los Argentinos.


La segunda semana de la cuarentena bien podría calificarse como la semana del desangelamiento presidencial. Comenzó con la destemplada frase destinada a los empresarios en el discurso con el cual anunció la prórroga del aislamiento social preventivo hasta el 13 de abril, y culminó con el bochornoso y peligroso espectáculo de miles y miles de jubilados soportando el frío de la noche a la mañana en largas colas ante las puertas de los bancos para cobrar haberes de miseria.

El término “miserable” con el que se refirió a los empresarios que despiden gente –en verdad, se estaba refiriendo a Paolo Rocca– y el tono cayeron decididamente mal. No porque el despido de gente no merezca una atención especialísima, sino porque la mayoría de las empresas no saben cómo hacer frente al pago del salario de sus trabajadores.

Y, junto con esto, el tono utilizado por el Presidente reflotó en algunos miembros de los sectores duros del kirchnerismo el sentimiento antiempresarial que dominó durante los 12 años de aquella gestión.

Moyano. Otro eslabón del desangelamiento presidencial lo constituyó el acto de reinauguración –por tercera vez– del sanatorio del Sindicato de Camioneros, en el que Alberto Fernández trató a Hugo Moyano de dirigente ejemplar. Tan insólito y fuera de lugar fue ese calificativo que fueron no pocos los funcionarios que se quedaron boquiabiertos al escucharlo. Y se ve que el mismo AF se debe haber dado cuenta de lo despropositado de su elogio, porque en el almuerzo del viernes con la cúpula de la CGT se sintió obligado a aclararles a sus líderes lo que había querido decir.

Escuchá lo que dijo el Presidente de la república:

Radio con Vos 89.9 Mhz. Programa Pasaron Cosas. © Creado por Skibajuan2169

Como siempre ocurre en estos casos, estas explicaciones, más que aclarar, oscurecen. Moyano forma parte de una casta de dirigentes sindicales que encontraron una veta económica fenomenal haciendo negocios con los sindicatos de los que se han adueñado.

Jubilados. El espectáculo lamentable de la dignidad humana que se vivió el viernes con los miles y miles de jubilados que debieron hacer horas de cola para cobrar sus haberes de miseria fue muy mal manejado por Fernández.

“El Presidente me llamó muy temprano; estaba enojado”, confesó el titular del Banco Central, Miguel Pesce, un hombre puesto allí por AF. Su ineptitud para manejar algo tan previsible bien le debió haber valido la renuncia. Y lo mismo vale para el titular de la Anses, Alejandro Vanoli.

En ámbitos del Gobierno, varios funcionarios coinciden en que la actividad bancaria debió haber sido incluida dentro de las actividades esenciales, con los cuidados del caso como se ha hecho, por ejemplo, en los supermercados.

Haber anunciado la reapertura de los bancos sin tener en cuenta las aglomeraciones que generaría ha sido una decisión de una alta irresponsabilidad sanitaria. “Si acá estamos en una guerra, algún general debería pasar a retiro. En el día más frío del año, que haya pasado esto es inadmisible. Alguna consecuencia tiene que tener”, señaló un integrante del directorio de un banco oficial que alertó sobre esto y a quien se desoyó.

Es evidente, pues, que Alberto Fernández demostró una sorprendente falta de timing para manejar la situación. Las colas contradijeron flagrantemente el “Quedate en casa”, la consigna clave de esta cuarentena.

Por las entrañas del Conurbano. Finalmente, Axel Kicillof se acercó esta semana a los intendentes del Conurbano. Junto a Sergio Berni visitó el lunes los municipios de Almirante Brown, Lomas de Zamora y Esteban Echeverría; y el viernes los de Hurlingham, Tres de Febrero, San Martín, Morón e Ituzaingó. “Se busca coordinar acciones y ver cómo se trabaja en cada municipio y el avance de integración de cada área al COE, que son Seguridad, Salud, Desarrollo Social y Educación”, afirmaron desde el entorno del gobernador.

Evidentemente hubo un cambio en Kicillof, al recibir a la oposición y mostrarse con intendentes, dos cosas que no había hecho desde que se desató la pandemia.

De todas maneras, algunos de los enfrentamientos internos y con sectores de la oposición persisten. De estos últimos, uno de los más significativos se da con el intendente de La Plata, Julio Garro. Ocurre que el secretario de prensa del ministro de Salud, Daniel Gollán, que es su vocero además –en Provincia tienen el mismo rol–, es Cristian "Chicha" Scarpetta, ex vicedecano de la Facultad de Periodismo de la UNLP y muy cercano a la ex decana de esa facultad, Florencia Saintout. En ese ministerio hay mucha gente de Saintout (peleada con Garro) y de La Cámpora, lo que traba no solamente las gestiones con Garro sino también con los intendentes de Juntos por el Cambio. Saintout hizo nombrar a su hermana como directora del Hospital Provincial de Gonnet.

Estas circunstancias refuerzan la decisión de muchos intendentes de puentear a Kicillof y hablar directamente con Alberto Fernández.

La pandemia y su circunstancia. Desde el punto de vista epidemiológico, la situación en la Argentina está por ahora bajo control. Eso no equivale a decir que esté “dominada”, como expresó con tono algo canchero el Presidente en el reportaje que le realizó el cantante puertorriqueño René Pérez.

Todavía hay problemas con la llegada de los kits para la realización de los test diagnósticos a las provincias. Por eso, la cantidad de testeos sigue siendo baja.

Además hubo malestar interno a mitad de semana con el sorpresivo anuncio que hizo el doctor Ginés González García sobre una iniciativa que propiciaba una especie de confiscación de las clínicas y centros de salud privados. Nadie entendió bien qué quiso hacer el ministro.

Hasta aquí, el sector privado ha venido trabajando muy bien en su combinación con el sector público. De hecho, muchos de los casos positivos han sido y están siendo atendidos en instituciones médicas privadas.

La aclaración que sobrevino a la reunión del jueves entre el ministro y los privados, en la que se habla de una coordinación entre el sector público y privado, fue una obviedad destinada a formalizar una salida elegante del innecesario entuerto.

El debate de la semana que se inicia será cómo salir de la cuarentena. Es el gran desafío para el Gobierno.

“Las epidemias han tenido más influencia que los gobiernos en el devenir de nuestra historia”. (George Bernard Shaw)








domingo, 11 de marzo de 2018

Unión Industrial. Astilla del mismo palo… @dealgunamanera...

Astilla del mismo palo…
Una Roca en el zapato (Oficial). Paolo Rocca. Dibujo: hablo Temes.

El Presidente se queja de las bajas inversiones de sus ex colegas. Insatisfacciones mutuas y pipa de la paz.

© Escrito por Nelson Castro el domingo 11/03/2018 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Todo comenzó un 18 de abril de 2016. Era la primera reunión del entonces flamante presidente Mauricio Macri en la quinta de Olivos con los empresarios más influyentes del país. Cristiano Rattazzi (Fiat), Eduardo Elsztain (IRSA), Paolo Rocca (Techint), eran algunos de los nombres de la selecta lista de invitados. “Lo que la Argentina necesita de ustedes es que inviertan”, les decía un Macri que estaba como pez en el agua. Es que, en verdad, el Presidente se sentía un primus inter pares. Después de 12 años de kirchnerismo, de una Argentina aislada del mundo y de la “pistola” de Moreno, la era de los guantes de boxeo parecía finalizar para darle paso a otra de caricias. Esta vez, “uno de ellos” tomaba el mando. Dos años después, el escenario es otro.

Ruidos.

Luego de hacer un balance crudo del presente, la junta directiva de la UIA –Unión Industrial Argentina– expuso fuertes críticas al Gobierno. “Nos preocupan los costos energéticos, la fuerte caída del consumo y el crecimiento de las importaciones”, señala el manifiesto. En un contexto social agitado, donde, a pesar de sus esfuerzos, al Gobierno le está costando muchísimo llegar a su anhelado objetivo de paritarias del 15% sin cláusula gatillo, estas críticas no cayeron para nada bien en la Casa Rosada. Ya bastante áspera es la negociación con los gremios, en donde el oficialismo despliega toda su creatividad para que le compren el ansiado número, como para recibir por parte de los empresarios –sus amigos– una bofetada en vez de una caricia. Pero, al igual que las inversiones que les pidió en aquella “noche de bodas” de abril de 2016, ese mimo nunca llegó. Con los tapones de punta, y con el aval del Presidente, el ministro de Producción, Francisco Cabrera, salió al cruce de la directiva de la UIA: “Que se dejen de llorar y se pongan a invertir”.

Hay algunos datos que sirven para poner en perspectiva la discusión: según cifras del Ministerio de Producción de la Nación, en la Argentina existen 605.626 empresas, de las cuales el 99,8% son pymes. Solo el 0,2% restante son grandes compañías. Ese menos del 1%, que sabe a poco –muy poco–, es el que aglomera los grandes nombres que son claves para el país. En este universo están, entre otros, los nombrados Arcor y Techint, es decir, grandes influenciadores de precios. Vamos a un ejemplo: una de las quejas de la UIA se refirió al aumento de importaciones de tomates frescos, que ascienden a 44 mil toneladas, y de tomates en conserva, que se incrementó en un 1.077% entre mayo de 2016 y mayo de 2017. Ante la queja del sector, el ministro Cabrera respondió: “El costo lo tienen en la lata y no en el tomate. Compren latas más baratas o bajen el precio”. ¿Por qué el ministro menciona las latas en este reclamo?

A la lata, al latero. Porque Siderar, que pertenece a Techint, produce toda la chapa que hace la Argentina. Es decir, produce la chapa con la que se hacen las latas, las heladeras y los autos. Si Siderar decidiese aumentar los precios, por ejemplo, en un 20%, este aumento se vería transferido a las grandes empresas, que fabrican y enlatan, por ejemplo, leche en polvo. Las grandes empresas trasladarían el aumento a los comerciantes –que incluye a grandes supermercados– que vuelven a remarcar los precios. Por lo tanto, las decisiones que toma ese menos del 1% del empresariado –grandes productores, grandes fabricantes y grandes puntos de distribución– repercuten en toda la cadena de valor del producto. Las pymes, sin el mismo peso, siguen estos precios, de otro modo, se quedan afuera.

Hay un componente estructural de la economía argentina que condiciona muchos de estos fenómenos. Una sola empresa de panificados tiene el 80% de lo que se ve en las góndolas; las dos cervezas líderes el 70%; las dos leches el 80%. La Ley del Mercado que aplica el Gobierno, que lleva a que los precios se regulen solos por efecto de la competencia, serviría si tuviésemos cuarenta empresas lácteas, cada una con el 2% del mercado. Cuando hay solo dos, es casi imposible que esa mecánica funcione porque la tendencia es que acuerden un precio entre ambas con el consiguiente perjuicio para el consumidor.

Macri desreguló todo y pretendía que esos empresarios fueran responsables en un sentido social”, sostiene una fuente que supo ser partícipe de las negociaciones entre el Gobierno y el sector industrial, que agrega: “Los empresarios son empresarios, no van a dejar de optimizar sus ganancias siempre que puedan hacerlo, si no hay sanción, hay mucho premio por no cumplir el compromiso”.

Lo que estaría en las antípodas del pensamiento económico del PRO terminó resonando fuerte ante este conflictivo escenario. Un año atrás el dirigente radical Ernesto Sanz decía: “Algunos empresarios argentinos se merecen un Moreno”. La decepción de Macri con los empresarios la resumió con tono embravecido en esta línea que le dirigió a Cabrera: “Me encantó lo que dijiste; Guillermo Moreno les rompió la cabeza a muchos de estos tipos”.  

Razones. 

¿Por qué la cúpula empresarial, que le reclamaba cambios sustanciales respecto de las prácticas “morenistas” al nuevo gobierno y –en su mayoría– fueron concedidos, salió a criticar las políticas económicas de Macri? “Los sectores productivos más pequeños le venían exigiendo a Miguel Acevedo –presidente de la UIA– que salgan a hablar. La capacidad industrial ocupada es del 61%; las altas tasas de interés dificultan los créditos; la caída de consumo es brutal, las importaciones nos están matando y con los aumentos en los servicios no nos cierran los números”, manifestó un referente de las pymes. “El consumo no está pasando un buen momento, ese es el telón de fondo, más allá de los problemas personales. Hay una confusión que tiene Macri que es inexplicable. Las inversiones vienen cuando las ventas se sostienen”, señala un experimentado economista.

La reunión de mañana entre el Gobierno y la UIA será una puesta en escena que probablemente no aportará soluciones de fondo. Es la Argentina del mañana mejor, que nunca llega.

Producción periodística: Lucía Lopreiato.