Héctor Teodoro Polino
Cooperativismo y Democracia *
Hoy 14 de Febrero, recordamos el nacimiento de Héctor T. Polino, quien allá por 1984 escribía este artículo que fue publicado por la Revista Idelcoop en sus Nº 42/43. El mismo reflejaba una realidad concreta de la época; hoy leíada en perpectiva, nos presenta un escenario similar y es bueno leer este artículo y comprobar las consecuencias de políticas similares y sus consecuencias.
Revista de
Idelcoop - Año 1984 - Volumen 11 - N° 42/43
HISTORIA Y
DOCTRINA
Cooperativismo
y Democracia *
Héctor Teodoro Polino
Introducción
Cuando el gobierno constitucional tomó la iniciativa de crear la Secretaría de Acción
Cooperativa, dejó en evidencia el claro propósito de jerarquizar al
cooperativismo argentino, elevando a los más altos niveles de decisión política
todo lo vinculado con esa actividad.
No podía ser de otra manera,
ya que no existen en el marco de la sociedad argentina instituciones tan
absolutas y auténticamente democráticas como las entidades cooperativas, organismos
solidarios, pluralistas, sin fines de lucro.
Contrariamente a lo que
sucede en la actualidad, cada vez que se interrumpió el orden institucional,
entre las primeras medidas que adoptaron los gobiernos de fuerza siempre se
destacaron aquellas destinadas precisamente a hostigar y perjudicar al
movimiento
cooperativo. En 1966, por
ejemplo, juntamente con el asalto a las universidades - la tristemente célebre
"noche de los bastones largos"- y la intervención a la CGT, se
encarceló a los dirigentes del movimiento cooperativo de créditos.
Cuando se produjo el golpe de Estado de 1976 se reformó el sistema impositivo
vigente - hasta ese momento de claro fomento a la actividad cooperativa., para
establecer un régimen que equiparó fiscalmente a esas entidades, que no tienen
a las ganancias entre sus objetivos, con las
empresas comerciales. Cuando se llevó a cabo la reforma del sistema financiero,
se colocó a las cajas de crédito en la alternativa de desaparecer o adecuarse a
las nuevas normas, un conjunto de reglas tendientes a concentrar las finanzas en pocas manos
fundamentalmente extranjeras.
El movimiento cooperativo
tiene una larga y meritoria historia, casi centenaria. Las primeras entidades
comenzaron a formarse en el siglo pasado, al calor de las corrientes inmigratorias
que vinieron a nuestro suelo en un momento muy especial de la vida del mundo,
atraídas por la fertilidad de nuestras tierras y la benignidad de nuestras
leyes.
Muchas de esas cooperativas
nacieron y fenecieron al poco tiempo; y es recién al asomarse el presente
siglo, cuando comienzan a formarse cooperativas que tienen vigencia hasta hoy y
que se han desarrollado y que cumplen en su medio una obra social altamente
trascendente.
(*)
Conferencia dictada por el Secretario de Acción Cooperativa de la Nación, Dr.
Héctor T. Polino, en la Sala "Fontanarrosa" de la Facultad de Derecho
de la Universidad Nacional de Rosario, organizada
por el Centro de Estudiantes de esa casa de estudios, el 10 de agosto de 1984.
Texto corregido por el autor. (N. de R.)
El cooperativismo y su vasta gama de actividades.
El cooperativismo agrario surge como consecuencia de una producción atomizada, donde
los chacareros, colonos y medieros no estaban en condiciones de poder defender los
precios de esa producción en el mercado, ante la presencia de grandes empresas
que compraban a un precio vil el esfuerzo realizado durante mucho tiempo.
Entonces, surge la idea de
la asociación de esos productores en cooperativas de transformación y
comercialización de la producción, en mejores condiciones frente a las grandes
empresas, adquiriendo la posibilidad de discutir precios; defendiendo el valor de
la producción y en última instancia, los intereses del país.
Hoy, el movimiento
cooperativo agrario comercializa en el mercado interno el 50 % del total de la
producción de granos y en el mercado internacional el 19 %. Si tomamos individualmente
las empresas multinacionales y las cooperativas, la Federación Argentina de
Cooperativas Agrarias (FACA), por ejemplo, ocupa el primer lugar en la
comercialización de granos y el tercer lugar en la de frutas.
Entre las cooperativas de
consumo conviene recordar a la más importante de ellas, El Hogar Obrero,
fundada por Juan B. Justo, también fundador del Partido Socialista en 1896.
Junto a otras 18 personas,
Justo creó en 1905 la Cooperativa de Consumo y Vivienda "El Hogar
Obrero", que tiene hoy 1.340.000 asociados, y es una entidad que ha
instalado incluso plantas de procesamiento, fabricación y elaboración de
productos incluidos mataderos y frigoríficos. Las cooperativas de consumo son empresas
- testigo, que regulan los precios del mercado en donde ellas actúan. Es muy
común escuchar decir a las amas de casa, por falta de información o
formación, que no se advierten mayores diferencias entre el precio de los
artículos que compran en el supermercado cooperativo y los que adquieren en el
almacén o comercio del barrio.
Contrariamente existen grandes diferencias.
En primer lugar, esa ama de
casa ni se pregunta cuál sería el precio del producto en el negocio particular
si no existiera la empresa cooperativa que está regulando el precio en esa
zona; una suerte de espejo en el cual se reflejan necesariamente los precios de
los demás establecimientos.
En segundo término, el
precio de la cooperativa es, para el asociado, un precio provisorio.
Al final del ejercicio, las
diferencias entre los ingresos y egresos producen un excedente que retorna
luego al asociado en la misma proporción en que ha efectuado sus compras.
Además, esos excedentes
vuelven a la comunidad, porque, por ley, se debe destinar el 5 % de los mismos
para mejorar los sueldos del personal que trabaja en las cooperativas en
relación de dependencia, y otro 5 % se dedica a la educación y capacitación
cooperativa de la masa societaria y de la comunidad en la cual ejerce su
influencia.
En cambio, el precio del
producto que se paga en el negocio particular es un precio definitivo. Esto,
sin tomar en cuenta, además, que en nuestro país existe una evasión impositiva
del orden del 50 % que no pertenece precisamente al sector cooperativo, que paga
escrupulosamente todos y cada uno de los impuestos que injustamente le fueron fijados
por el gobierno militar. Además, las cooperativas llevan una contabilidad
cristalina; no sobrefacturan ni subfacturan, no trabajan en "negro".
En consecuencia, los precios
que el asociado paga en la cooperativa, son precios justos, totalmente
diferentes al que se abona en los comercios particulares. Hay que recordar a
las cajas de crédito, entidades que en condiciones muy difíciles de la vida del
país, acercaron el dinero a los sectores menos favorecidos de la sociedad argentina,
sin exigir otra garantía que la moral que podía ofrecer el hombre de trabajo, que
era conocido por los directivos de la cooperativa.
Estas cajas de crédito,
prácticamente hoy ya no existen o perduran sólo en muy pequeña cantidad. porque
han tenido que integrarse y fusionarse para poder adaptarse a las nuevas normas
del sistema financiero. No obstante estas circunstancias, actúan acercando
el dinero a los sectores de
la pequeña y mediana empresa, insufiientemente atendidos por la banca oficial
y privada, nacional y extranjera.
El actual gobierno nacional,
atendiendo un reclamo de la Secretaría a mi cargo, elevó del 0,5 % al 0,8 % las
comisiones por los depósitos captados por la banca cooperativa, teniendo en
cuenta precisamente aquel carácter.
Aspiramos a que la banca
cooperativa se complemente con la banca oficial, que pueda continuar
desarrollándose, sobre todo en el interior de la república y continúe el
carácter social que le es inmanente. Quisiéramos que en la próxima reforma a la
Ley de Entidades Financieras, se acentúe el reconocimiento a las particulares
características que tiene la misma.
Existe en el país un
cooperativismo de servicios públicos muy importante.
Las cooperativas eléctricas,
que a comienzos de este siglo libraron una dura batalla contra los grandes
monopolios eléctricos que se adueñaron del mercado interno, imponiendo arbitrariamente
tarifas excesivas y leoninas, firmando contratos u obteniendo concesiones de
gobiernos corruptos y complacientes, a veces, por más de 50 años de vigencia.
Las cooperativas eléctricas
atenuaron la acción negativa de esos grandes pulpos y se extendieron por todo
el interior del país; hoy prácticamente no existe ciudad o pueblo del interior
de la república que no le deba su iluminación a una cooperativa eléctrica.
Han aparecido también las
cooperativas de gas, de agua potable, de teléfonos, de pavimentos, cumpliendo
una labor que el Estado fue incapaz de llevar a cabo en forma conveniente y que
a la iniciativa privada con fines de lucro no le interesaba desarrollar en esas localidades o
regiones.
Las cooperativas de vivienda
hicieron posible que los sectores más modestos del país pudieran acceder al
ideal del techo propio. Hoy, cuando existe un déficit habitacional de 2 millones
y medio de unidades de vivienda, aparece nítidamente la importancia de este
tipo de cooperativismo. Sobre todo cuando la empresa privada sigue construyendo
exclusivamente para los sectores de más altos ingresos y cuando el Estado no
puede poner en marcha sino planes raquíticos, debido a la situación económica
que impera en la República.
A través del sistema
cooperativo hay sectores que hoy descubren la única manera de encarar e ir
resolviendo paulatinamente ese grave problema.
Existen también las
cooperativas de trabajo, que dan nacimiento a formas autogestionarias de la
sociedad, superando las contradicciones entre el capital y el trabajo; además los
trabajadores pasan a ser los dueños de los medios de producción.
De todos modos, esta es una
rama insuficientemente desarrollada en el país; vamos a tratar de impulsar su
crecimiento. En ese sentido, la secretaría a mi cargo, ha proyectado una ley
específica para las cooperativas de trabajo, que tiene como objetivo superar
los múltiples conflictos que se generan en la práctica, debido a la
inexistencia de normas que regulen en forma particular esta rama tan específica
del cooperativismo, que ha dado lugar a una jurisprudencia contradictoria aún
en una misma jurisdicción.
Para las cooperativas de
servicios públicos hemos proyectado una ley que modifica la Nº 22.285, de
radiodifusión, que contiene un conjunto de disposiciones que, de hecho, impiden
a las entidades cooperativas participar en un pie de igualdad en las
licitaciones de radio, televisión y
servicios complementarios con las empresas comerciales.
A través de dicho proyecto
de ley, propiciamos que las cooperativas de servicios públicos puedan
presentarse en igualdad de condiciones a las empresas comerciales, y, de efectuar
la mejor oferta, ser prestatarias de este servicio de radio y televisión, que
es, en definitiva, un servicio público.
De esta forma, al mismo
tiempo que restablecemos la igualdad jurídica ante la ley, estamos intentando
la integración nacional, porque al no ser el servicio redituable para las
empresas comerciales, en las zonas más alejadas del interior de la república,
muchos de estos concursos quedan desiertos y, en consecuencia, los pobladores
argentinos únicamente escuchan los programas de las radioemisoras de los países
limítrofes, con una mayor potencia que las nuestras.
Podríamos continuar
enumerando a todas y a cada una de las ramas del cooperativismo, entre las
cuales se encuentran las de seguro, las farmacéuticas que cumplen en el interior
del país una obra trascendente. Estas Cooperativas farmacéuticas tienen incluso en la zona del Gran Buenos
Aires, una fábrica elaboradora de productos medicinales y participan en el
mercado interno vendiendo productos al 50 % del valor de los que se venden en
el resto de las farmacias comerciales.
Podríamos seguir detallando
el papel que ha venido jugando el cooperativismo durante casi un siglo, en
forma anónima y silenciosa, bajo la indiferencia, cuando no bajo el franco
hostigamiento de muchos gobiernos argentinos.
Cooperativismo
y democracia
El movimiento cooperativo emerge a este proceso democrático con 4.200 entidades
cooperativas de primer grado; numerosas federaciones de segundo grado; dos
confederaciones (CONINAGRO y COOPERA); la primera nuclea a todo el cooperativismo
rural, la segunda al urbano y ambas están agrupadas en la cúspide por un órgano
de enlace que es el CIA, Consejo Intercooperativo Argentino.
Es decir, que el movimiento
cooperativo en su inmensa mayoría está integrado, horizontal y verticalmente.
No es, por supuesto, perfecto puesto que no ha sido una isla en el país,
aislada del contexto que la rodeaba y ajena a las influencias y vicisitudes de las políticas que hemos
soportado durante tantos años. Tiene 9.500.000 asociados, la tercera parte de
la población del país, el 80 % de la población económicamente activa.
Pero no estamos conformes,
porque sabemos que la mayoría de los asociados a las entidades cooperativas
acceden a ellas sólo para cumplir una determinada finalidad económica, que nos
parece bien, pero carecen aún de una real conciencia cooperativista.
Desconocen la obra que el cooperativismo ha llevado a cabo en nuestro país y en
el mundo.
No saben adecuadamente el
papel que el cooperativismo está llamado a jugar en el futuro nacional.
Por eso, con insistencia, casi con obstinación, estamos trabajando desde el
primer día para lograr la aplicación de la ley de enseñanza cooperativa en las
escuelas, colegios y universidades; una disposición ya aprobada en 1964 cuando
el Parlamento argentino
sancionó por unanimidad la
ley 16.583, que declara de alto interés nacional la enseñanza teórico- práctica
del cooperativismo en todos los niveles de la educación.
En 1965, el gobierno del
doctor Arturo Illia reglamenta esta ley y las provincias a su vez dictaron las
leyes provinciales concordantes con la legislación nacional.
Las interrupciones a los
procesos políticos han hecho que esta ley, que está en vigencia, que no ha sido
derogada, no se haya aún aplicado.
En coordinación con las
autoridades nacionales, y con las diversas áreas educativas provinciales e
incluso municipales, estamos trabajando en la modificación de los planes de
estudios, para introducir los contenidos curriculares vinculados al
cooperativismo.
Con satisfacción hemos
recibido la información del Sr. Decano de esta Facultad de Derecho, quien nos
dice que se establecerá en esta institución la enseñanza de una materia que
contenga los principios, la doctrina, la filosofía y la obra del cooperativismo
y del mutualismo.
Ya en muchos otros lugares
del país se ha comenzado a avanzar en este sentido; porque hasta ahora en estas
casas de estudios el cooperativismo se veía dentro de la asignatura Sociedades
Comerciales, como un capítulo de la misma.
El cooperativismo ha
adquirido un desarrollo tal, como para pretender una autonomía propia dentro
del ámbito de estudio del derecho.
Cooperativismo
y desarrollo
Somos conscientes de que el cooperativismo no es una panacea universal, no es
un elixir milagroso que por arte de encantamiento resuelve todos y cada uno de
los problemas económicos y sociales; pero es un poderoso instrumento de
transformación de las estructuras económicas y sociales del atraso, del estancamiento
y de la dependencia exterior, como las de nuestro país, que pueden ser
modificadas en paz y libertad, dentro del pluralismo ideológico y político,
respetando los derechos humanos, las libertades públicas, en el marco de la
Constitución Nacional y de la ley.
El cooperativismo es también
un instrumento de desarrollo, en un país que tiene las características socioeconómicas
del nuestro, subdesarrollado y dependiente, porque no somos - como señalan
algunos- un país en vías de desarrollo; si lo fuéramos tendríamos un
crecimiento económico paulatino; en cambio, en los últimos diez años hemos
decrecido, hemos retrocedido; en consecuencia, somos un país en vías de
acentuar el subdesarrollo.
El cooperativismo es,
fundamentalmente, una nueva concepción del hombre ante la vida; una nueva
filosofía, que basa su accionar y su comportamiento en la práctica permanente de
la solidaridad, de la ayuda mutua, de la participación, del esfuerzo compartido,
en medio de una sociedad en la cual vastos sectores practican el individualismo
más acentuado, el materialismo más descarnado, la especulación más vergonzosa,
el egoísmo cuando no la defraudación lisa y llana.
Por eso es que en esta etapa
tan especial del proceso político argentino, de transición de la dictadura a la
democracia, el cooperativismo está ejerciendo y seguramente lo harátambién en
el futuro, un papel importante en la consolidación del proceso democrático.
Porque sus dirigentes,
hombres responsables y maduros, que saben lo que ha ocurrido en el pasado
inmediato, no le exigen, ni le van a exigir a los gobiernos municipales, provinciales
y nacionales, más de lo que la crisis o las circunstancias permiten dar.
Vastos sectores de la
sociedad argentina tienen comportamientos autoritarios. Es que llevamos vividos
más de 50 años - salvo breves períodos de nuestra vida institucional bajo el
signo de gobiernos ilegítimos, irrepresentativos y militares. En consecuencia,
por
el solo hecho de que hayamos
podido votar el 30 de octubre del año 1983 no se puede eliminar en forma
automática, en la mentalidad de vastos sectores, esos comportamientos autoritarios.
Los vamos a ir viendo, lamentablemente, por un tiempo más.
Así observamos que sectores
del empresariado argentino que lucraron con la política de Martínez de Hoz, que
lo aplaudieron, hoy están aumentando arbitrariamente los precios de los
artículos, sobre todo de la canasta familiar, sin medir el daño que están haciendo
a los sectores de menores recursos, y al proceso democrático, por las tensiones
sociales y los conflictos que ellos mismos generan.
Advertimos también que
sectores sindicales, algunos de cuyos dirigentes gastaron las suelas de sus
zapatos pisando las alfombras de los despachos oficiales en la época de la
dictadura; que fueron complacientes durante varios años, realizan ahora
huelgas; y se niegan a revalidar sus
títulos en elecciones libres, y están exigiendo revertir en unos pocos meses la
situación generada en años.
Vemos también que altos
prelados de la Iglesia Católica, por el hecho de poder acceder al púlpito, se
creen con derecho a formular acusaciones graves contra determinados sectores del
país; o ese obispo de La Plata, que en una oportunidad se atrevió a decir, en
el año 60, que el aumento del brote de poliomielitis en el país, se debía a que
algunos sectores estaban luchando por la implementación de la enseñanza laica
en las escuelas, 20 años después esa cabeza no puede decir disparates menores
de los pronunciados 20 años atrás.
O sectores militares que se
niegan a cumplir las órdenes de reestructuración de sus fuerzas, ordenadas por
la autoridad política, que es el Ministro de Defensa; hemos visto los últimos relevos
y no nos asombraremos, porque vamos a ir viendo muchos relevos más, ya que son
pocos los generales democráticos que tiene el país.
También ellos han sido influenciados por los cursos que tomaron en el
extranjero, en las clases que recibieron donde se les educaba en la llamada
"Doctrina de la Seguridad Nacional", visualizando el enemigo en el
pueblo que lucha por mejorar sus condiciones de vida, y no en otros centros de
poder donde realmente están los verdaderos enemigos del país, a muchos miles de
kilómetros de nuestras fronteras.
Cuando nos aferramos a que
hay que consolidar el proceso democrático, es porque estamos persuadidos que
cada vez que el país interrumpió este proceso fue para entrar en el camino de
la decadencia.
En 1930, ocupábamos el 10º
lugar en el mundo en orden de importancia; después de 50 años de autoritarismo,
de prepotencia, de altanería, de soberbia, hemos quedado reducidos a esta
lamentable situación actual. Ya no sabemos qué lugar ocupamos en el mundo en
orden de importancia. Únicamente se nos conoce por los altos índices de inflación,
de deserción escolar, de analfabetismo, de mortalidad infantil, de crecimiento de
las enfermedades sociales; en la propia capital de la república, opulenta y
orgullosa, están aumentando los índices de tuberculosis y algunas localidades
de la provincia del Chaco, tienen índices de mortalidad infantil, comparables
con los existentes en Biafra.
A esta situación hemos
llegado a través de los gobiernos autoritarios.
Por eso, cuando hablamos de
la consolidación del proceso democrático, lo hacemos convencidos que a través
de la democracia, el país puede avanzar por el camino de los cambios profundos
que hay que llevar a cabo en las estructuras económicas del mismo; estamos
convencidos que la libertad política únicamente hoy no alcanza, no es suficiente,
para satisfacer los reclamos de las grandes masas populares.
Esa libertad política hay
que integrarla a una democracia de participación, a una democracia social, que
eleve a los más altos dinteles de la historia a vastos sectores sumergidos de
la sociedad argentina.
No nos aferramos a las
concepciones liberales; porque hubieron períodos de nuestra historia de
relativa vigencia de las libertades públicas, en que en muchos lugares del
interior de la República, un veterinario veía con mayor frecuencia a un
novillo, que un pediatra a un niño desnutrido; las
clases sociales gobernantes explotaban y humillaban al maestro de escuela que
enseñaba a leer y escribir, a sumar y a restar los pocos pesos del magro
salario que a menudo el peón no recibía. Esas clases sociales que les interesó
más el valor de un novillo en el mercado
londinense, que el valor humano del paisano que gemía víctima de su infame
explotación; de esas clases sociales formadas por hacendados, invernadores, latifundistas,
terratenientes, que luego se asociaron a la gran burguesía financiera comercial,
y ahora últimamente a esta nueva oligarquía de la "patria
financiera". Esos sectores que, cada vez que el empuje de las masas
populares ponía en peligro sus privilegios, golpeaban las puertas de los
cuarteles, para sacar a los militares a la calle, para que asaltaran el poder y
gobernaran al servicio del privilegio económico y la injusticia social.
Queremos las fuerzas armadas
al servicio de la Constitución y de la Ley, no para los desfiles y la burocracia.
Las queremos trabajando en la custodia de la soberanía territorial del país;
queremos, que las fuerzas armadas se queden en la puerta de la Casa de Gobierno,
como los granaderos, y si entran, que sea tan sólo para cuadrarse ante el
sillón de Rivadavia, pero nunca más para volver a sentarse en él.
El
cooperativismo, bandera de unidad y liberación nacional
El país tiene hoy una enorme
deuda exterior, aproximadamente 43.000 millones de dólares. Sostenemos que el
país debe pagar, por supuesto, la parte legítima de esa deuda exterior porque,
en definitiva, aunque haya sido contraída su parte mayor por un gobierno irrepresentativo
e ilegítimo es una deuda del país.
Pero hay que pagarla en términos
con las posibilidades nacionales, no a costa del salario real de los
trabajadores, no a costa de una distribución aún más regresiva de los ingresos,
no a costa de los esfuerzos de los sectores más marginados del país.
Por eso el gobierno está
renegociando en condiciones compatibles con la dignidad nacional los términos
de esa deuda exterior.
Llama mucho la atención que
en el momento que el país tiene que enfrentar nada menos que al Fondo Monetario
Internacional, y a 320 bancos extranjeros acreedores, sectores de dentro pidan
la renuncia del Ministro de Economía, que puede tener muchos defectos, pero que
en este momento en que el país está negociando nada menos que con esos sectores
que tienen tanto poder económico, es estar trabajando para los acreedores extranjeros
y para el Fondo Monetario Internacional.
¿A qué sectores representan
esos señores que utilizan buena parte de la prensa escrita para atacar la
gestión de gobierno? Los titulares de los diarios muestran inseguridad sobre la
suerte del proceso democrático en marcha. Todo esto es obra de sectores del
privilegio que siempre
lucharon con los gobiernos dictatoriales y que saben que la democracia, que
tiene muchos defectos, pero es el sistema político a través del cual el pueblo,
en uso y ejercicio de sus derechos, no va a permitir que continúen
usufructuando los irritantes privilegios de que han gozado.
El pueblo ha dejado de ser
un ausente con presunción de fallecimiento. Ya ha dejado de estar gobernado
bajo el régimen de la curatela política.
Ahora está de pie, está
atento y sabe que la "patria financiera" tiene sus días contados.
Si nosotros que formamos
parte del gobierno, no adoptamos rápidamente las medidas que tiendan a
desarticular el aparato montado por la patria financiera, ésta atentará no sólo
contra el gobierno, sino también contra el proceso democrático.
En consecuencia; el país
debe pagar la deuda exterior legítima; pero antes que la deuda exterior, hay
que hacer frente también a la enorme deuda interior que se tiene con los
sectores que han sufrido durante muchos años; con los sectores del trabajo, con
los
sectores medios del país,
que han visto en dificultades a sus empresas, muchas de las cuales han quebrado
y otras se salvaron de casualidad.
Hace pocos días leíamos en los
titulares de los diarios, que Europa, conmemoraba el día "D". Sobre
todo ustedes, que son jóvenes se habrán preguntado que es eso del día "D",
que conmemoraban los europeos. Leyendo luego el interior de la noticia, nos
informamos que ese día "D",
era el día en que las tropas aliadas en la Segunda Guerra Mundial, habían
derrotado a las fuerzas nazifascistas que ocupaban el suelo francés.
La derrota de las fuerzas nazifascistas fue a costa de miles y miles de
soldados que murieron en esa trágica batalla, que permitió recuperar a Francia
para la libertad y la democracia.
Entonces en esos días
pensábamos que también nosotros, los argentinos, no sólo hablamos tenido las
tres "A" nefastas de la política argentina, sino que también tuvimos
en nuestro pasado no sólo el día "D", sino el período "D",
de las tres "D".
De la Dictadura, que generó
Desocupación y Desaparecidos. Y pensaba de qué manera, podíamos revertir esas
tres "D" negativas del pasado nefasto, en las tres "D"
positivas del proceso político democrático. Es a través de la
Desmilitarización, no sólo de las mentalidades sino de la gravitación que las
fuerzas armadas tienen en la sociedad argentina; a
través del recorte de los recursos destinados a las fuerzas armadas; como se
los ha recortado ahora para destinar esos recursos a, la educación, la salud
pública y la vivienda popular, y para llevar a cabo las obras de
infraestructura.
A través de la
Desmilitarización, vamos a hacer posible el Desarrollo; y a través del
Desarrollo, el afianzamiento de la Democracia.
En esto estamos y en esto
tenemos que continuar trabajando: en la consolidación del proceso democrático.
El cooperativismo, como lo
vimos antes, está jugando su papel en la consolidación del proceso democrático,
como no lo está haciendo quizás ningún otro Sector económico y social del país;
y es hoy sin dudas, una bandera de unidad y de liberación nacional.
Porque hoy, todos los
gobernantes del país - sean radicales, peronistas o de los partidos provinciales-
todos los sectores políticos de la sociedad argentina, con o sin representación parlamentaria; todos
coinciden en reconocer el papel que el cooperativismo jugó en el pasado y el
rol que está llamado a jugar en el futuro.
En consecuencia, es una
idea- fuerza, aceptada por todos los sectores del país. Es necesario que nos
pongamos a elaborar otras ideas- fuerzas, para poder motorizar detrás de ellas
a todas las reservas del país, a todas las voluntades de la Nación, para sacar
a la Argentina del estado de postración en que se encuentra.
La bandera del
cooperativismo tiene diversos colores; son los colores del espectro solar.
Significan que a través de la diversidad se puede lograr la unidad.
Fotografía de Bandera Internacional del Cooperativismo.
Así tenemos que trabajar los
argentinos: a través de determinadas ideas- fuerza, unir el ancho abanico del
espectro político argentino, para poder consolidar la unidad nacional a través
de una política fue revierta la que se llevó a cabo en las últimas décadas.
Ustedes debieran tener a
partir de hoy - al lado de la bandera azul y blanca – nuestra querida enseña
que debe representar a la Nación libre e independiente, no sólo de la antigua metrópoli
española, sino también de toda otra potencia extranjera; al lado de esa bandera,
el emblema del cooperativismo.
Estamos seguros que si
levantamos bien alto esas dos banderas vamos a poder sepultar definitivamente
el pasado infausto que hoy nos pesa, y nos continuará pesando por un tiempo
más, para poder consolidar las bases de una nueva Argentina, que será democrática,
humanista, progresista, solidaria, autogestionaria, que hará posible la
inserción de nuestro país, en el concierto de las grandes naciones modernas y
civilizadas del mundo.
Estamos seguros que vamos a
poder lograr ese objetivo, porque los argentinos hemos sufrido mucho en los
últimos años; y los pueblos maduran a través del sufrimiento.
Además los jóvenes han
vivido las consecuencias y las vicisitudes de una guerra, por la recuperación
de nuestras tierras, las Islas Malvinas.
Todos vivieron la
posibilidad de ir a morir en el campo de batalla, en defensa de esas tierras.
Es decir, que los argentinos
llevamos, además de los sufrimientos, también la frustración de haber perdido
una guerra.
Por eso estarnos persuadidos
de que a través de esta maduración que hemos logrado, vamos a poder salir,
porque también como lo dijo Ortega y Gasset, a la patria, para poder quererla y
amarla, hay que haberla sufrido. Nosotros la, hemos sufrido, no nos hemos
beneficiado, no hemos colocado nuestros recursos en el exterior, no hemos
trabajado en negro, no hemos evadido impuestos; en consecuencia, hemos sufrido
lo que el país ha vivido en los últimos años. Tenemos autoridad moral para
poder decir que queremos
al país y por eso estamos
luchando todos los días como lo hacemos, porque también hemos luchado en los
últimos 8 años difíciles de la dictadura, no aceptando cargos de intendentes,
de embajadores, de ministros; tampoco adulando o silenciando las críticas a los
gobernantes de turno.
Por todo eso, y porque
además hemos cifrado nuestra pasión en las leyes de la razón, de la naturaleza
y de la historia, estamos seguros que Argentina va a salir de la situación en
la que se encuentra y va a protagonizar un proceso de liberación nacional y
social, en el cual vamos a estar comprometidos todos los que queremos al país y
que estamos dispuestos a construir una sociedad mejor.