lunes, 9 de febrero de 2026
Liga Profesional - Torneo Apertura. Huracan del Barrio de Parque de los Patricios 1 vs- San Lorenzo del Barrio de... 0... @elprofesorcapomasi...
domingo, 8 de febrero de 2026
El enemigo interno, cuando el Gobierno se daña a sí mismo… @elprofesorcapomasi...
El enemigo interno, cuando el Gobierno se daña a sí mismo…
Con acuerdos internacionales y proyectos clave en
el Congreso, Milei toma decisiones que lo erosionan.
© Escrito por el Doctor Nelson Castro
el domingo 08/02/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, República Argentina.
Una de las características salientes de este gobierno es la de
auto infligirse daños en momentos en que las circunstancias y los hechos le son
favorables. Lo sucedido esta semana es una comprobación contundente de esta y
otras particularidades que son producto de conductas soberbias y autoritarias.
Veamos lo bueno. El acuerdo comercial y de inversiones con los Estados
Unidos tiene aspectos inéditos que, si son adecuadamente aprovechados, abren
posibilidades muy importantes para la economía de nuestro país. Los puntos
clave son: la eliminación de aranceles para 1.675 productos argentinos, acceso
de la carne argentina a los mercados de los EE.UU., compromiso de revisión de
los aranceles impuestos por Washington al acero y al aluminio, inversiones de
empresas estadounidenses en sectores críticos de nuestro país –postergado para
más adelante por las controversias que genera en EE.UU.– la eliminación de
posiciones arancelarias para 221 productos americanos, un marco seguro para las
inversiones en el área de las startups, fintechs y empresas tecnológicas, y la
adopción de estándares internacionales en el reconocimiento de la propiedad
intelectual. Este acuerdo es el primero de su tipo en América del Sur. Se
enmarca en una agenda política claramente auspiciosa para el Gobierno que se
apresta a avanzar esta semana con el tratamiento –con perspectivas en principio
favorables– en el Congreso, del proyecto de ley de Reforma Laboral y el de Baja
de la Edad de Imputabilidad. Esto sería lo lógico. Pero, claro está, que en Javier
Milei y su entorno las cosas son diferentes: lo que allí anida es la lógica de
la ilógica. Y nada ni nadie lo podrá hacer cambiar. Quien lo intente,
fracasará. Se vio esto en estos últimos meses. El Milei moderado fue sólo una
postura pasajera adoptada durante la campaña electoral luego de la derrota en
la provincia de Buenos Aires. Las conductas del Presidente están atadas a una
personalidad atravesada por los desequilibrios y los desbordes emocionales,
características que la enorme mayoría de los funcionarios del Gobierno
reconocen –y sufren–. A eso se le agregan los componentes del síndrome de
Hybris, que tanto en Milei como en Donald Trump se manifiestan en toda su
dimensión. A Milei le gusta que le teman; a Trump, también. Milei cree que es
el non plus ultra de todo; Trump, también. Milei desprecia a los que no piensan
como él; Trump, también. Milei cree que todo lo que hace es maravilloso; Trump,
también.
La semana comenzó con la sorpresiva renuncia de Marco Lavagna a su cargo
de director del Indec. Para que no quedaran dudas de cuál fue la causa de esa
dimisión, el ministro de Economía, Luis Caputo salió a señalar –con todas las
letras– que la decisión había sido tomada por el Presidente por no estar de
acuerdo con que se comenzara a implementar un nuevo índice de precios al
consumidor (IPC). “Marco quería cambiar el índice y ya tenía una fecha. El
Presidente no estaba de acuerdo”, dijo el inefable ministro, quien agregó: “Si
vamos a hacer esto, lo lógico es terminar el proceso de desinflación con la
misma medición que venimos midiendo siempre y realizar una nueva encuesta que
refleje los cambios actuales”. Más claro, Milei y Caputo se arrogan la potestad
de determinar a su antojo cuándo actualizar la metodología del IPC. Durante una
presentación que, el 7 de mayo de 2007, realizó el entonces jefe de Gabinete
del gobierno de Néstor Kirchner, Alberto Fernández, anunció que el IPC de
entonces no servía y que, por lo tanto, el Gobierno iba a elaborar otro. Por
supuesto que hay enormes diferencias entre aquella situación y ésta: hoy no
están ni Guillermo Moreno ni su patota. Quien lo sucede a Lavagna, Pedro Lines,
es un profesional de perfil técnico e idoneidad reconocida. Pero, la esencia de
la conducta política que llevó a Milei a tomar esta decisión es la misma que
tuvo Néstor Kirchner y, por ende, la consecuencia también es la misma: la
credibilidad del Indec queda dañada. Es increíble que no lo adviertan ni
aprendan las lecciones del pasado.
Hoy más que nunca Suscribite
A esto le siguió el embrollo con los industriales textiles. La ropa en
la Argentina es carísima. Nadie lo discute. Caputo tuvo razón en lo que dijo.
El problema es que, supuestamente, es él quien, como ministro de Economía,
debería trabajar en establecer las causas de esta situación y buscar una
solución. Y esto, no para proteger a los empresarios deshonestos y
aprovechadores del sector, sino para permitir que continúen los que son
honestos y no viajan en aviones privados. Una de las evidencias que exponen las
declaraciones del ministro es lo estrecha que es su cotidianeidad. Acostumbrado
a vivir en la nube de los ámbitos de las grandes finanzas, en los que el lujo
es la moneda corriente, cree que esa es la realidad. Su frase: “Hace 15 años
que no me compro ropa en el país” –exhibió un total desprecio por la situación
de la inmensa mayoría de la población que no tiene esa oportunidad. Se supone
que, su función como ministro es que –entre otras cosas– la gente pueda tener a
su alcance y comprarse ropa de buena calidad. Por otra parte, no se trata sólo
de la ropa: está caro el calzado, están caros los alimentos, están caras las
herramientas, están caros los materiales de construcción, están carísimos los
útiles escolares, etc… Todo está caro en la Argentina.
Finalmente, la semana culminó con la creación de la Oficina de Respuesta
Oficial (ORO) con el objetivo de “desmentir activamente la mentira, señalar
falsedades concretas y dejar en evidencia operaciones de medios de comunicación
y de la casta política”. Esto es una copia de la decisión tomada por Trump
creando una plataforma para apuntar a medios de comunicación considerados
“parciales”. En el gobierno de Alberto Fernández se creó el Observatorio de la
Desinformación y la Violencia Simbólica En Medios y Plataformas Digitales
(Nodio), cuyo objetivo era la “detección, verificación, identificación y
desarticulación de las estrategias argumentativas de noticias maliciosas y la
identificación de sus operaciones de difusión”. Como se ve, los argumentos son
exactamente los mismos. Y el objetivo, también: amedrentar a los periodistas y
medios críticos del Gobierno. Así, La Libertad no Avanza: ¡Retrocede!
sábado, 7 de febrero de 2026
Serpico: Denuncia de la Corrupción... @elprofesorcapomasi
SERPICO: DENUNCIA DE LA
CORRUPCION...
Sérpico era un agente de policía de civil que
trabajaba en Brooklyn, el Bronx y Manhattan para denunciar el crimen organizado
relacionado con el vicio. En 1967, presentó pruebas creíbles de
© Escrito por el profesor Ricardo Miguel Fessia el martes 0/02/2026
y publicado en su muro de Facebook en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires,
República Argentina.
I – Denunció la corrupción
policial, así que sus propios compañeros lo “regalaron” para que muriera… y
luego declaró desde su cama de hospital con fragmentos de bala alojados cerca
del cerebro.
Brooklyn, 3 de febrero de 1971.
El agente Frank Serpico subió las escaleras de un piso donde se traficaba con
drogas en Williamsburg junto a otros policías. En teoría, iba a ser una
detención de rutina. Pero Frank Serpico ya sabía que, en su vida, nada era “de
rutina”.
Durante años, había sido de los
pocos en su entorno que se negaban a aceptar sobornos. Mientras otros agentes
recibían sobres con dinero de narcotraficantes, proxenetas y casas de apuestas,
Serpico se daba la vuelta y se iba.
No intentaba ser un héroe. Solo
quería hacer el trabajo para el que se había alistado. Pero en el NYPD de los
años 60, ser honesto te convertía en un objetivo.
II - Francesco Vincent “Frank”
Serpico nació en Brooklyn, Nueva York, el 14 de abril de 1936, hijo menor de
Vincenzo y Maria Giovanna Serpico, inmigrantes italianos de Marigliano,
Nápoles, Campania. Sus tres hermanos mayores, Pasquale, Salvatore y Tina, también
nacieron en Brooklyn. Serpico asistió a la escuela secundaria en la prestigiosa
St. Francis Preparatory School y se graduó en 1954. Ese mismo año, con apenas
17 años, se alistó en el Ejército de los Estados Unidos y estuvo destinado
durante dos años en Corea del Sur como soldado de infantería. Después de su
servicio en el ejército, trabajó como investigador privado a tiempo parcial y
como consejero juvenil mientras asistía al Brooklyn College. Luego logró una
licenciatura en Ciencias del City College de Nueva York.
III – El 11 de septiembre de 1959
ingresó Departamento de Policía de la Ciudad de Nueva York (NYPD) con la bisoña
idea de servir y proteger. Patrulló en Brooklyn, trabajó de paisano y en
operativos de narcóticos. Le encantaba ese trabajo.
El 5 de marzo de 1969 lo elevaron
a patrullero de tiempo completo y fue asignado al distrito 81 y luego trabajó
para la Oficina de Identificación Criminal (BCI) durante dos años. Como
estrategia de la policía, se había conformado un grupo de trabajo encubierto de
civil. En ese espacio pudo advertir lo que realmente pasaba y finalmente expuso
la corrupción generalizada.
Agentes extorsionando a
comerciantes. Plantando pruebas. Cobrando para mirar hacia otro lado. Y la
corrupción subía por la cadena de mando: sargentos, tenientes, capitanes…
demasiados con la mano extendida.
Serpico lo denunció a sus
superiores. Le dijeron que se callara.
Subió más arriba. La misma
respuesta. Fue incluso a instancias políticas de la ciudad. Sus quejas
terminaron enterradas. El mensaje era claro: acepta el dinero y cállate.
Serpico se negó. Y eso lo
convirtió en uno de los hombres más incómodos dentro del NYPD.
Sus compañeros dejaron de
hablarle. Evitaban patrullar con él en servicios peligrosos. Corrieron rumores:
que estaba loco, que era un soplón, que no se podía confiar en él.
Empezaron las amenazas. Llamadas
anónimas de madrugada. Notas en su taquilla.
Pero Serpico ya había tomado una
decisión. En 1970, su caso llegó a The New York Times. El periódico publicó una
historia en primera plana sobre la corrupción extendida en el NYPD.
La ciudad estalló. El alcalde
John V. Lindsay se vio obligado a crear la Comisión Knapp para investigar al
NYPD.
Serpico se convirtió en testigo
clave. Y aun así seguía trabajando en la calle, rodeado de policías que lo
detestaban.
IV - Cuatro agentes del comando
policial de Brooklyn Norte habían recibido un aviso de que estaba a punto de
concretarse un tráfico de drogas. Ese 3 de febrero de 1971 se constituyeron en
el número 778 de la avenida Driggs, en Williamsburg, Brooklyn.
Dos policías, Gary Roteman y
Arthur Cesare, se quedaron afuera, mientras que el tercero, Paul Halley, se
quedó frente al edificio de apartamentos. Serpico subió por la escalera de
incendios, entró por la puerta de emergencia, bajó las escaleras, escuchó la
contraseña y luego siguió a dos sospechosos afuera.
La policía arrestó a los jóvenes
sospechosos y encontró que uno de ellos tenía dos bolsas de heroína. Halley se
quedó con los sospechosos, y Roteman le dijo a Serpico, quien hablaba español,
que fingiera una compra para que los narcotraficantes abrieran la puerta. La
policía fue al rellano del tercer piso. Serpico llamó a la puerta, manteniendo
la mano en su revólver. La puerta se abrió unos centímetros, justo lo
suficiente para que su cuerpo quedara atrapado. Serpico pidió ayuda, pero sus
compañeros lo ignoraron. Serpico recibió entonces un disparo en la cara del
sospechoso con una pistola LR del calibre 22, bala chica pero muy dañina.
La bala impactó justo debajo de
su ojo, alojándose en la parte superior de la mandíbula. Devolvió el fuego,
alcanzando a su agresor. Luego cayó al suelo y comenzó a sangrar profusamente.
Sus compañeros policías se negaron a dar un aviso de " 10-13 " a la
jefatura de policía, indicando que un agente había recibido un disparo. Un
anciano que vivía en el apartamento contiguo llamó a los servicios de
emergencia, informando que un hombre había recibido un disparo, y se quedó con
Serpico.
Cuando llegó un coche de policía,
conscientes de que Serpico era un compañero, lo transportaron en el coche
patrulla al Hospital Greenpoint.
La bala le cortó el nervio
auditivo, dejándolo sordo de un oído, y desde entonces sufre de dolor crónico
causado por los fragmentos de bala alojados cerca del cerebro. Al día siguiente
del tiroteo, recibió la visita del alcalde John V. Lindsay y del comisionado de
policía Patrick V. Murphy, y el departamento de policía lo acosó con revisiones
cada hora. Posteriormente, testificó ante la Comisión Knapp.
V - Meses después, todavía
recuperándose, Serpico declaró ante la Comisión Knapp. Con bata de hospital y
vendajes cubriéndole media cara, contó toda la verdad. Dio nombres. Describió
el sistema. Explicó cómo funcionaba la corrupción: desde agentes de calle hasta
mandos de comisaría, y cómo el departamento protegía a los suyos. La ciudad
quedó en shock.
La investigación de la Comisión
Knapp se prolongó durante años. Destapó corrupción que alcanzaba niveles altos
del NYPD. Hubo detenciones. Cambiaron políticas. El “muro azul del silencio” se
resquebrajó, aunque no desapareció.
VI - Nunca se recuperó del todo.
Quedó sordo de un oído. Vivió con dolor crónico. Los fragmentos de bala
permanecieron en su cráneo, porque retirarlos podía causar más daño.
Serpico se retiró el 15 de junio
de 1972, un mes después de recibir el mayor honor del Departamento de Policía
de la Ciudad de Nueva York, la Medalla de Honor. No hubo ceremonia; según
Serpico, simplemente se la entregaron por encima del escritorio “como un
paquete de cigarrillos”. Había servido menos de 13 años.
Se mudó a Suiza durante casi una
década y luego vivió en los Países Bajos. Necesitaba alejarse de la ciudad que,
según él, lo había dejado morir.
Con el tiempo regresó a Estados
Unidos y se instaló en el norte del estado de Nueva York, llevando una vida
discreta, lejos del cuerpo que lo había traicionado.
VII - En 1973, Al Pacino lo
interpretó en la película Serpico, de su historia llegó a millones y se
consagró como una estrella del cine con la dirección Sidney Lumet.
La biografía de Peter Maas,
titulada “Serpico”, vendió más de 3 millones de ejemplares.
La fama llegó, pero Serpico nunca
la buscó. Solo quería ser un buen policía.
Hoy, Frank Serpico tiene 89 años.
Vive en el norte del estado de Nueva York. Y cuando le preguntan, sigue
hablando sobre la corrupción policial. Por supuesto que carga las secuelas de
aquel disparo.
Serpico demostró algo que muchos
no querían que se demostrara: que una sola persona honesta puede exponer un
sistema entero.
Perdió su carrera. Perdió el
oído. Casi pierde la vida. Pero no perdió su integridad.
En 2022, el NYPD finalmente le
hizo llegar el reconocimiento formal que durante décadas le faltaba, más de
medio siglo después de su testimonio y de la herida que casi lo mata.
Llegó tarde. Pero él lo recibió
con la misma calma y firmeza que mostró durante todo su calvario.
Porque Frank Serpico no levantó
la voz por aplausos. Lo hizo porque alguien tenía que hacerlo. De alguna forma
demostró que la verdad no muere solo porque intenten enterrarla.
domingo, 1 de febrero de 2026
Liga Profesional - Torneo Apertura. Atlético Tucumán 1 vs. Huracán 1... @elprofesorcapomasi
Huracán
rescató un empate ante Atlético Tucumán...
Los goles del empate fueron deLeandro Díaz para el “Decano” y
Jordy Caicedo para el “Globo”.
El encuentro tuvo momentos cambiantes, varias situaciones claras
y dos penales sancionados tras intervención del VAR, que resultaron
determinantes en el marcador.
El primer tiempo fue parejo, con llegadas para
ambos equipos, aunque Huracán contó con las chances más claras en juego
abierto. Cuando el descanso parecía inminente, el VAR volvió a ser
protagonista: a los 45+3 se sancionó penal para Atlético Tucumán por una falta
de Leonardo Gil sobre Nicolás Laméndola. Leandro Díaz se encargó de la
ejecución y convirtió con un remate cruzado para el 1-0 parcial.
En
el complemento, el Decano intentó manejar la ventaja, pero Huracán fue
creciendo con el correr de los minutos y comenzó a jugar más cerca del área
rival. Tras varios avisos, a los 17 minutos llegó otra revisión del VAR, que
derivó en penal para la visita por una infracción de Ignacio Galván sobre Juan
Bisanz.
Desde
los doce pasos, Jordy Caicedo no falló y colocó el empate con un remate potente
a la escuadra derecha. A partir de allí, el partido se transformó en un ida y
vuelta, con espacios y aproximaciones en ambas áreas, aunque sin la precisión
necesaria para romper la igualdad.
En
el tramo final, Atlético Tucumán tuvo la última chance clara en tiempo de
descuento con un cabezazo de Leandro Díaz que se fue desviado, mientras que
Huracán también inquietó con remates desde el área.
Finalmente,
el empate selló un reparto de puntos que dejó sensaciones encontradas en ambos
equipos y los dejó a ambos con dos unidades en el torneo.
- Síntesis -
Atlético
Tucumán: 1
Luis Ingolotti; Leonel Di Placido, Gastón Suso, Gianluca
Ferrari, Ignacio Galván; Renzo Tesuri, Ezequiel Ham, Kevin Ortíz; Nicolás
Laméndola, Franco Nicola, Leandro Diaz. DT: Hugo Colace.
Huracán: 1
Hernan
Galíndez; Federico Vera, Fabio Pereyra, Lucas Carrizo, César Ibáñez; Emmanuel
Ojeda, Facundo Waller, Leonardo Gil; Oscar Cortés, Juan Bisanz, Jordy Caicedo.
DT: Diego Martínez.
Gol en el
primer tiempo: 50m Leandro Díaz, de penal (AT).
Gol en el
segundo tiempo: 20m Jordy Caicedo, de penal (H).
Cambios en el segundo tiempo: 1m Javier Domínguez por Franco
Nicola (AT), 8m Facundo Waller por Leopardo Gil (H), Juan Bisanz por Eric
Ramírez (H), 21m Carlos Avendaño por Renzo Tesuri (AT), Gabriel Compagnucci por
Ezequiel Ham (AT), 26m Lautaro Mora por Alejandro Martínez (H), Hugo Nervo por
César Ibáñez (H), 40m Leonardo Sequeira por Oscar Cortés (H).
Árbitro: Felipe Viola.
VAR: Juan Pablo Loutau.
Estadio: Monumental José Fierro.



















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