De Amarillo a Violeta. El momento de Diego…
Gramática visual. Dibujo: Pablo Temes.
El cambio en el gabinete es más que una variación de estilos: se trata de una
nueva centralidad.
© Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 05/07/2026 y publicado
por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República
Argentina.
Con la renuncia de Manuel
Adorni el gobierno se ha sacado de encima un enorme problema. Tan grande era el
lastre que representaba la cada vez más indefendible figura del exjefe de
Gabinete, que resulta increíble que Javier y Karina Milei no se hayan dado
cuenta antes de lo dañino que era Adorni para ellos mismos. De hecho, la
gestión gubernamental estaba literalmente paralizada, algo que muchas otras
figuras de peso en el oficialismo reconocían.
Era imposible pensar
negociaciones políticas de cualquier tipo tanto con propios como con ajenos. El
ahora exfuncionario se había transformado en una especie de mancha venenosa.
Nadie quería reunirse con él. Recuérdese, como muestra, el fallido encuentro
para la foto con los senadores propios, al cual faltó nada menos que la jefa
del bloque, Patricia Bullrich quien, por otra parte, había advertido que en el
Congreso estaban los votos para aprobar una moción de censura que hubiera
llevado a la dimisión forzosa del jefe de Gabinete. Este hecho –de haberse
producido– hubiera dañado fuertemente a los hermanos Milei y a todo el
gobierno.
A su vez, Luis Caputo
venía viendo en carne propia el impacto negativo que en la economía estaba
dejando toda la situación. En sus conversaciones con diferentes referentes del
mundo económico, reinaba en ellos una combinación de sorpresa y preocupación:
sorpresa, porque nadie entendía la causa del empecinamiento de Javier Milei en
exponerse a los efectos negativos del “Adornigate” y preocupación porque esto
complicaba el futuro electoral de La Libertad Avanza, circunstancia clave para
definir muchas de las futuras posible inversiones de capitales internacionales.
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Diego Santilli es exactamente lo opuesto de su predecesor. Posee aptitud para
el diálogo y tiene experiencia en el manejo de la “rosca” política. Tiene
también ambiciones: la más conocida es la gobernación de la provincia de Buenos
Aires. Por lo tanto, si alguien no lo advirtió, hay que decir que es “casta
pura”. Tiene, pues, un desafío enorme por delante. La eliminación del
Ministerio del Interior es una clara muestra de la voluntad de los Milei de
darle al jefe de Gabinete plenos poderes para erigirse en el protagonista
exclusivo del diálogo y las negociaciones con los gobernadores. Esta
centralidad en esa relación con los mandatarios provinciales ya la había
llevado adelante Guillermo Francos durante su gestión como jefe de Gabinete. En
ese período, se nombró ministro del Interior a Lisandro Catalán pero, el real
pivote del manejo político con las provincias lo llevó adelante el mismo
Francos. Habrá, pues, dos vice jefaturas: una de Gabinete y otra de Interior:
la primera la ocupará Ignacio Devitt, mientras que la segunda, estará a cargo
de Gustavo Coria. Un detalle no menor: ambos responden a Karina MIlei. Es
decir, serán sus comisarios políticos. Esto también es otra muestra de “casta
pura” por parte del gobierno. Y, para ahondar aún más ese patrón de “casta”,
véanse los primeros movimientos de Santilli que están vinculados al objetivo
electoral del año próximo. He ahí, pues, la discusión por la eliminación de la
Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y, en su defecto, la
reimplantación de las colectoras, un verdadero mecanismo de trampa destinado a
burlar la voluntad del electorado tantas veces repudiado y tantas veces usado
por el peronismo en sus distintas vertientes para perpetuarse en el poder. Ésta
no será la excepción. El ex hombre del PRO tiene además otra cualidad que le
otorga cierto blindaje en sus aspiraciones bonaerenses: es, en su origen,
peronista. Un caso bastante similar al de Cristian Ritondo de pasado amarillo
pero raigambre en el PJ. Muchos recuerdan su paso –sin demasiados sobresaltos–
como ministro de Seguridad de María Eugenia Vidal. Los muchachos peronistas si
algo saben bien, es a quién apuntar –y a quién no.
La otra figura del
momento es Patricia Bullrich. Su experiencia le sirvió para salir ilesa dentro
y fuera de La Libertad Avanza mientras duró la trama de las penurias de Adorni.
Avisó, se diferenció y manejó los tiempos a su antojo. “La opinión pública sabe
que Patricia tiene un recorrido camaleónico, pero hoy valora su valentía y su
carácter por haberse plantado ante los vaivenes y las dudas de los hermanos
Milei. Es vista como la mujer fuerte frente a Karina” -reflexionó un analista
político que camina la calle y conoce las encuestas.
Mas allá del color
amarillo en algunos miembros del gabinete, el oficialismo se mantiene firme en
sus límites con el PRO. En la ciudad de Buenos Aires ven como una utopía las
intenciones de Jorge Macri de ser cabeza de fórmula con la Libertaria Pilar
Ramírez o cualquier otra figura. Además, el vínculo entre los primos Macri no
atraviesa un buen momento. A nivel nacional la receta es exactamente la misma:
puede haber alianzas, sí; pero con la misma dinámica que en la contienda
pasada. Esto es, los libertarios ocupando los primeros lugares en las listas y
los aliados sean del PRO o de cualquier otro color político como furgón de
cola.
Resulta increíble cómo,
desde los dos espacios, no han aprendido nada de las lecciones del pasado. Los
mileístas podrían asegurar una elección complicada sobre todo en la provincia
de Buenos Aires; y los macristas vuelven como el cántaro a la fuente para ser
ninguneados al borde de la humillación. Lo único que podría torcer el escenario
es que la economía llegue todavía más ajustada a un 2027 definitorio.


















































