El peronismo escribió su carta de suicidio en Parque Lezama…
El peronismo escribió su carta de suicidio en Parque Lezama.
El acto dejó al descubierto la profundidad de
la interna peronista y la estrategia del kirchnerismo para reordenar el
espacio. A casi un año de la detención de Cristina Kirchner, la disputa por el
liderazgo opositor volvió a ocupar el centro de la escena.
© Escrito por Jorge Fontevecchia el
lunes 22/06/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, República Argentina.
Al cumplirse un año de la detención de Cristina Kirchner,
La Cámpora impulsó un acto del peronismo del que participaron gobernadores,
intendentes y dirigentes nacionales de diferentes vertientes justicialistas,
como Guillermo Moreno y Juan Grabois. El acto, en el que el único
orador fue Máximo Kirchner, terminó expresando que Cristina Kirchner no
solo debería estar libre, sino que debería ser la candidata del PJ. Desde el
entorno de Máximo Kirchner plantean que no descartan que el candidato
presidencial del peronismo sea el propio hijo de Cristina, que una vez asumido
se dedicaría a indultar a su madre para que luego se presente ella y gane las
elecciones. Justamente, Máximo Kirchner, el líder de La Cámpora, se propone
como una reedición de lo hecho por el Cámpora original, reeditando las palabras
de aquella elección. El eslogan sería: "Máximo al Gobierno (y al
indulto), Cristina al poder".
Pero estos no son los tiempos de la vuelta de Perón y la
presidencia de Cámpora. En aquellos años el peronismo era imbatible: nunca
había perdido una elección. Ahora acarrea varias derrotas, y prácticamente la
mitad del país opina que Cristina está detenida correctamente porque el período
kirchnerista estuvo signado por la corrupción. Una lista que haga foco en la
libertad de Cristina y en la figura de Máximo Kirchner como la de un delegado
aspira a retener solo el núcleo duro del kirchnerismo: no dialoga con otros
sectores de la sociedad que tienen una agenda de centro o centroderecha y que hoy
no están conformes con Milei.
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En resumidas cuentas, una candidatura camporista con el eje
en "Cristina Libre" es dividir al peronismo, ya que ni el
kicillofismo ni el peronismo federal reunido en Parque Norte piensan así y, por
consiguiente, es regalarle la reelección a Milei, quien gracias a la
estabilidad de la inflación y a la baja del riesgo país puede endeudarse para
meter su propio plan platita de cara al 2027. Y si Milei ya tiene una
aprobación del 40% y el peronismo sigue dividido, se acerca a ganar,
incluso en primera vuelta.
Esto aniquilaría al peronismo frente a todos sus
seguidores, que entenderían que el PJ ya no sirve para tratar de defender sus
intereses o aspiraciones sociales.
Ya vimos cómo la UCR, un partido centenario que se
fragmentó por solo defender sus posiciones ocupadas en el Estado, perdió todo
el rumbo y la identidad. Esto mismo puede pasarle al peronismo, un partido que
se habla solo a sí mismo y lo único que discute es quién es la conducción, los
lugares en listas o la libertad de una líder que paga por el carácter
inexplicable del creciente patrimonio matrimonial y el de allegados como Lázaro
Báez, a todas luces un testaferro de Néstor Kirchner. Esto no significa que el
proceso judicial que culminó con Cristina presa haya estado exento de
controversias. Sin embargo, desde el sentido común de los argentinos, es
difícil sostener que no hubo un aceitado sistema de corrupción en el
kirchnerismo y que la sociedad acepte que eso debe mirarse a un lado para que
el peronismo le gane a Milei no parece ser el pensamiento de la mayoría de la
sociedad necesaria para ganar la elección.
Del otro lado, Milei le plantea al sector no kirchnerista
de los argentinos que deben tolerar sus avances antidemocráticos y evidentes
casos de corrupción para que no gane el kirchnerismo. Una patria extorsionada y
avanzando a una tragedia, digna cuna de "Sobre héroes y tumbas", una
novela que describe con maestría.
La falta de debates sobre cómo resolver los problemas
económicos o siquiera construir la mayoría electoral para ganarle a Milei se
vio en el acto de Parque Lezama, fundamentalmente cuando Máximo
cruzó duramente al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, vamos a escucharlo.
Si durante el kirchnerismo, Cristina había publicado
“Sinceramente”, que reivindicaba sus mandatos y se autocritica por no haber
apoyado al feminismo en sus orígenes, vinculándose al movimiento masivo por el
derecho al aborto que ella bloqueó durante sus ocho años de mandato y La
Cámpora estaba enfocada en construir la alquimia electoral para ganarle a
Macri, ahora se retrocedió a una noción aún más elemental: Cristina libre. Esa
es la consigna que para ellos sintetiza la salida del país. Si Cristina está libre, podrá
conducir al peronismo hacia una victoria y al país hacia su
recuperación. La realidad es que Cristina estaba libre hasta hace muy poco y
postuló a Alberto Fernández, luego le hizo una interna permanente y la
conclusión fue un gobierno que frustró a la mayoría y finalmente ganó Milei.
“Cristina libre” es una consigna que solo contiene al
núcleo duro del kirchnerismo y a nadie más, y las elecciones se tratan de
contener a la mayoría.
De la otra vereda de la interna en el kicillofismo,
la legisladora porteña Berenice Iañez en una charla llamada
“Cátedra Libre Hebe Bonafini” dijo que el peronismo no puede conducirse desde
el “balcón shakesperiano” de San José 1111 y los militantes peronistas no
pueden ser Romeos y Julietas intentando un imposible. De vuelta, la alusión a
la literatura trágica.
Escuchemos el tramo final del discurso de la legisladora
kicillofista.
Kicillof tiene desafíos muy grandes por delante. Si rompe
con el kirchnerismo, puede ser visto como quien destruyó las posibilidades
del PJ para ganarle a Milei y si sigue unido a la Cámpora deberá
pelear hasta último momento por ser el candidato del peronismo y se le
complicará para atraer a otros sectores que representen a los argentinos que no
son ni mileistas ni kirchneristas, sin los cuales no se le gana a Milei. Desde
el entorno del gobernador se piensa en Llaryora o algún
gobernador del peronismo no kirchnerista como candidato a vicepresidente en la
fórmula.
Por otro lado, el kirchnerismo no plantea ir a unas
PASO. Quiere que el resto se subordine, algo que no tiene forma de
imponer, aunque siempre puede romper el peronismo y así generar su derrota.
La gran pregunta es: ¿el kirchnerismo realmente entiende lo
que está sucediendo y tiene un as bajo la manga o están tan aislados de la
realidad y en su propia narrativa que no perciben el daño político que le
infligen al peronismo? Difícil saberlo, pero es probable que la prisión de
Cristina esté generando un proceso de aislamiento en ese espacio político que
los haga sacar conclusiones alejadas de la realidad. Algo peligroso para el
conjunto de la oposición dado el peso que aún tienen.
En 1897, Émile Durkheim publicó "El suicidio",
uno de los textos fundacionales de la sociología moderna. Su gesto fue
revolucionario: tomó un acto que parecía el más íntimo y personal de todos
—quitarse la propia vida— y demostró que obedecía a causas sociales
mensurables. Detrás de cada suicidio individual, Durkheim encontró estructuras
colectivas: el grado de integración de una persona en su comunidad, el nivel de
regulación que esa comunidad ejercía sobre ella. Así construyó su célebre tipología:
el suicidio egoísta, el altruista, el anómico y el fatalista, cada uno
revelando una forma distinta en que la tensión entre individuo y sociedad puede
volverse insoportable.
Lo que sigue es un ejercicio de transposición conceptual.
Utilizamos las categorías de Durkheim en sentido estrictamente metafórico y con
fines analíticos: no para hablar de muerte literal, sino de destrucción
simbólica de carreras, liderazgos, partidos y proyectos políticos. Durkheim
nunca aplicó su tipología de esta manera, y sería un error metodológico
confundir ambos planos. Pero si se acepta la metáfora del
"suicidio político" —la autodestrucción voluntaria o
semivoluntaria de un proyecto colectivo—, su esquema resulta notablemente
sugerente.
El suicidio político egoísta: sería el caso de líderes que
terminan aislándose de su propia base social, pierden contacto con sus aliados
y toman decisiones que destruyen el proyecto. La analogía con Durkheim es
directa: una pérdida de integración, el dirigente deja de estar conectado con
la comunidad política que le daba sustento. Richard Nixon durante el escándalo
Watergate es el ejemplo más citado; también ciertos líderes
revolucionarios que, una vez en el poder, se distanciaron de las organizaciones
que los habían sostenido.
Máximo Kirchner en Parque Lezama: "No terminemos con un
presidente peor que el actual"
El suicidio político anómico: probablemente el más
frecuente. Se produce cuando un partido o liderazgo pierde las reglas que le
daban identidad: las contradicciones internas se vuelven tan grandes que el
proyecto termina desintegrándose. La analogía con Durkheim es muy directa: las
normas que organizaban la acción colectiva dejan de ser creíbles. La crisis
final de la Unión Soviética bajo Gorbachov suele interpretarse en esta clave
—las viejas reglas habían dejado de funcionar y las nuevas aún no existían—, al
igual que numerosos partidos tradicionales europeos que perdieron identidad
ideológica tras cambios sociales acelerados.
El suicidio político fatalista, el caso opuesto:
organizaciones tan rígidas que terminan destruyéndose por incapacidad de
adaptación. Regímenes autoritarios incapaces de reformarse, partidos
excesivamente disciplinados que expulsan toda renovación y terminan
marginalizados. La sobreabundancia de reglas asfixia la vitalidad del proyecto.
El suicidio político por líder carismático: aquí aparece
algo que Durkheim no desarrolló y que se acerca más a Max Weber. Algunos
líderes construyen un movimiento tan dependiente de su propia figura que
impiden la aparición de sucesores. Mientras viven parecen fortalecer el
proyecto, pero a largo plazo lo debilitan. Perón en algunos análisis sobre la
sucesión del peronismo, Chávez respecto de la dependencia del liderazgo
personal, De Gaulle respecto del gaullismo clásico. Paradójicamente, el líder
no destruye el movimiento por falta de autoridad, sino por exceso de
centralidad.
De alguna manera, todas estas categorías están presentes en
el paciente kirchnerista. Está aislado de la realidad, pierde el sentido que le
da identidad, que es pelear por los que menos tienen. Es una organización
demasiado rígida y verticalista y tiene una líder carismática que está presa y
no puede ser candidata. Todos estos elementos hacen síntesis y los proyectan a
una política suicida para sí mismos y al tener peso dentro del peronismo, para
el conjunto del PJ. A su vez, como el justicialismo es la porción más
importante de la oposición, la posibilidad de que haya un gobierno que no sea
de extrema derecha se aleja cada vez que ellos avanzan trágicamente a su final.
El acto en Parque Lezama son esos hechos de la historia que pasan bajo el
radar, que tienen poco impacto en la opinión pública pero son decisivos.
Haciendo otra transposición conceptual, reiteramos, solo a
fines de explicar nuestro punto, en el psicoanálisis parte de la conducta del
suicida antes de su acto se denomina acting out. Para Lacan, el acting out es
un mensaje dirigido al Otro: el sujeto actúa, pero hay un destinatario
implícito, una demanda cifrada que pide ser leída. "El acting out es una
transferencia salvaje", sostuvo en el Seminario X sobre la Angustia. ¿Lo
del kirchnerismo es una suerte de acting out en el que le señalan al resto de
la oposición que son capaces de permitir el triunfo de Milei si no se los
contiene en un proyecto que les dé lugar? Es decir, ¿finalmente el kirchnerismo
amenaza con la creciente destrucción del país que implicaría un nuevo gobierno
de Milei para evitar ser desplazados totalmente de la política nacional? En ese
caso, Kicillof debe probarse como un verdadero líder y
contener al kirchnerismo para que no arrastre al conjunto del país a un nuevo
período mileísta, pero debe hacerlo de tal manera, que Cristina no lo vuelva un
nuevo Alberto, porque en ese caso ni siquiera podría ganar las elecciones.
Siempre puede haber nuevas opciones y el pueblo argentino,
incluso parte del que apoya al kirchnerismo puede advertir que se avanza
inexorablemente a un desastre y apoyar a otros candidatos. Esperemos que así
sea. Hoy la consigna que se repite en La Cámpora de “Nada sin Cristina”
significa en lo concreto un “Todo con Milei”.
Encuesta: el peronismo bonaerense ya tiene un candidato
favorito de cara a 2027
Sabemos bien que muchas personas pueden estar atravesando
problemas que generen la idea de terminar con su vida, en ningún momento de
esta columna la intención fue faltarle el respeto al dolor de nadie. La
realidad es que la dirección que toma el kirchnerismo y el destino que puede
llevar al conjunto de la oposición y en alguna medida al país hace que no
hayamos encontrado otra palabra mejor que explique el carácter trágico del
momento político.
Producción de texto e imágenes: Matías
Rodríguez Ghrimoldi
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