domingo, 23 de agosto de 2026

Torneo Apertura 2026 - Huracán 0 vs. Deportivo Riestra 0... @elprofesorcapomasi...

Huracán y Riestra quedaron mano a mano...


El Globo y el Malevo igualaron sin goles en el Ducó. HURACÁN y RIESTRA igualaron 0-0 por la fecha 6 del Torneo Clausura 2026. 

© Escrito por la Redacción EG el sábado 22/08/2026 y publicado por la Revista el Gráfico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.  

El Globo se reencontró con su público tras vencer a San Lorenzo en el Nuevo Gasómetro pero no pudo sumar de a tres.  

El Malevo, que venía de pasar en la Copa Argentina ante Gimnasia,
sumó un punto que lo aleja de los puestos de descenso que ocupan Estudiantes de Río IV y Aldosivi. 

La ausencia de Jordy Caicedo le restó mucho peso ofensivo a los dirigidos por Diego Martínez,
que les costó crear.


Síntesis:

  

Minuto a Minuto















Huracán no supo aprovechar la localía contra Deportivo Riestra y no pasó del empate sin goles en el encuentro interzonal correspondiente a la sexta fecha del Torneo Clausura 2026.

El “Globo” se quedó en la puerta de los playoffs, con ocho puntos por debajo de Tigre que con la misma cantidad de puntos, lo supera por diferencia de goles y tiene un partido menos; mientras que el “Malevo”, con menos unidades (7), está séptimo en su zona.

Huracán llegó a este partido luego de perder por 2-0 frente a Sarmiento de Junín en la visita al estadio Eva Perón de Junín; anteriormente venía de ganar el clásico ante San Lorenzo con dos tantos de Jordy Caicedo, mientras que Riestra viene de clasificar a los cuartos de final de la Copa Argentina tras vencer a Gimnasia y Esgrima La Plata por 4-2 desde los doce pasos.

El primer tiempo fue parejo para ambos en cuanto a las chances creadas. En la primera llegada clara para Riestra, Tomás “El Rayo” González le hizo honor a su apodo y apareció entrando al área en velocidad con un cabezazo sin dirección al arco. Posteriormente, Hernán Galíndez, arquero de Huracán, realizó una buena tapada en el primer palo tras el remate con potencia de Nicolás Benegas.

Por su parte, para el equipo local, Juan Bisanz también de cabeza lo tuvo para Huracán con un tiro apenas desviado; minutos más tarde, Ignacio Pussetto giró muy bien sobre la izquierda, recortó hacia adentro, remató, pero a las manos del arquero “Malevo”.

En el complemento, los dirigidos por Diego Martínez tuvieron chances más claras. Nacho Arce, atento y bien parado bajo los tres palos, tuvo dos atajadas parecidas: una a Lucas Blondel y otra a Bisanz, ambos remates desde la media luna y con un medio giro. El encuentro continuó parejo, pero sin chances claras ni peligrosas; el árbitro pitó el final para que ambos se conformaran con el empate sin goles.

El próximo desafío para Huracán será recibir a Estudiantes de Río Cuarto el sábado 29 en el Tomás Adolfo Ducó por la séptima fecha del Torneo Clausura; por su parte, Riestra también deberá ser anfitrión ante la visita de Vélez al estadio Guillermo Laza en el Bajo Flores.

© Resumen del Diario Jornada de la Ciudad de Trelew.




CÓCTEL NOCIVO - La suma de los insultos reiterados y la ira a flor de piel... @elprofesorcapomasi...

La suma de los insultos reiterados y la ira a flor de piel...

Mens sana... Dibujo: Pablo Temes.

Repercusiones políticas de las actitudes del primer mandatario en un contexto de incertidumbre económica.


© Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 23/08/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Ya ha sido dicho muchas veces en esta columna que Javier Milei es incorregible. Su psiquis es la que es y, salvo un imponderable, nada ni nadie la podrá cambiar. Amable y generoso con los que le dicen todo que sí. Brutal y cruel con quienes osan contradecirlo. Esto, sumado a la enfermedad del poder y de poder –el síndrome de Hubris–, configura un cóctel nocivo que afecta profundamente el desempeño de quien, como en este caso, ejerce la presidencia de la Nación.

El auditorio que el jueves escuchó el discurso que Milei dio ante los miembros de la Cámara de Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (AmCham) no pudo salir de su azoro. Dos cosas fueron las que preocuparon: la primera, la reiteración de los insultos y las descalificaciones destinadas a los “empresarios prebendarlos” –a la cabeza de los cuales todos entendieron que estuvieron como siempre Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla, a los economistas críticos y a los periodistas; la segunda, su falta de contacto y empatía con la mucha gente que la está pasando mal.

Respecto del insulto, vale la pena recordar la famosa frase de Diógenes el cínico, nacido en Sínope en 412 a.C. y muerto en Corinto q, 2n 323 a.C., que dice así: “El insulto deshonra a quien lo profiere, no a quien lo recibe”. Por eso, es de sabios elevarse por sobre el lodazal en el que se sumerge quien insulta.

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Es lo que Lope de Vega expresa en su comedia El desprecio agraviado: la mayor venganza del que es sabio es olvidar la causa del agravio. En su tratado moral De la ira, señala Lucio Anneo Séneca: “Saepe autern satius fuit dissimulare qam ulcisi”, que significa: “a menudo es mejor olvidar una ofensa que vengarse”. Al Presidente lo ayudaría mucho tomar real dimensión de cuánto denigra a su persona y a su investidura cada vez que profiere insultos. Lamentablemente, no parece que esto tenga visos de suceder ni ahora ni en el futuro.

“La foto sigue siendo horrible, pero la película es la mejor de la historia”, dijo en un momento el jefe de Estado, haciendo rememorar el “estamos mal, pero vamos bien” que tanto supo repetir Carlos Menem durante sus presidencias que dejaron la bomba que explotó en el gobierno de Fernando de la Rúa. “Está viendo otra película, o se la están contando” –aseguró un empresario del interior del país. Aun en provincias ricas en recursos naturales e históricamente prósperas, la crisis empieza a mostrar su peor cara. En Mendoza, por citar un ejemplo, los negocios y comercios de la calle Arístides y sus alrededores muestran una foto con números a la baja que ni el turismo puede revertir. En la provincia de Buenos Aires, los vecinos del segundo y tercer cordón del Conurbano luchan por que la situación de precariedad y falta de progreso no se normalice aún más. En cambio, quien demostró estar al tanto de la realidad que afecta a millones de personas fue Patricia Bullrich. Le hubiera venido muy bien al Presidente prestar atención a la frase que la senadora posteó en la red X. “Necesitamos más velocidad en los resultados para que el cambio se sienta en la vida cotidiana”, dijo con su estilo directo que pone nervioso a más de uno y, sobre todo, a una. He ahí el nudo gordiano del presente que plantea el desafío clave para el Gobierno. Si ese cambio no se siente en la vida cotidiana de aquí al año que viene, le va a ser muy difícil al Gobierno ganar las próximas elecciones presidenciales. Su gran ventaja sigue siendo que, en la vereda de enfrente tiene –por ahora– a la nada misma.

A esta altura hay una coincidencia en todos los sondeos sobre la caída de imagen y valoración positiva del gobierno. Uno de esos estudios de esta semana mostró una caída en el sector que más fervorosamente apoyó a Milei y propulsó su llegada a la presidencia de la Nación: los jóvenes. No es un dato menor.

Uno de los que vienen sufriendo las consecuencias de los malos modos del Presidente para con propios y ajenos es Diego Santilli. El jefe de Gabinete tuvo un rol muy activo en despejar los obstáculos existentes para hacer posible el contacto que hubo en estos días entre Karina Milei y Mauricio Macri. La versión oficial habla de una conversación telefónica. Sin embargo, algunos de los que conocen bien la trama de lo que ocurre en los pasillos y los despachos del poder, sostienen que hubo un encuentro personal entre ambos. Sea como fuere, lo que se sabe es que el ánimo que reina en el expresidente es de desconfianza. En el oficialismo pervive el objetivo de destruir al PRO. Ese es un objetivo de una notable insensatez que anida en el pensamiento y en el sentimiento de Karina Milei desde el comienzo mismo del mandato de su hermano.

Es un pensamiento absolutamente ilógico pero imposible de ser modificable hasta aquí. Los que conocen el pensamiento de Santilli señalan la incomodidad y desacuerdo con esta actitud que va en contra de su accionar y sus ambiciones de permanencia en el poder por un mandato más.

En esta semana, el jefe de Gabinete estuvo reunido con gobernadores del norte que le reclamaron, entre otras cosas, el cumplimiento de las promesas hechas por el Presidente. Una de ellas, tiene que ver con la necesidad de obra pública que emergió como un tema de primerísima urgencia. La paciencia de los líderes provinciales es elástica pero no infinita y, más allá de la billetera de Nación, otros mandatarios podrían sumar su descontento.

Si el jefe de Estado no aprende a escuchar, la cuerda podría terminar rompiéndose.



jueves, 20 de agosto de 2026

"Aviones en el Cielo". Un texto de Eduardo Sacheri... @elprofesorcapomasi...

"Aviones en el Cielo". Un texto de Eduardo Sacheri...

A partir de la edición de enero de 2010, el prestigioso escritor argentino se incorpora a la revista con textos exclusivos. Autor de múltiples cuentos y varias novelas, entre ellas la que apuntaló el Oscar ganado por "El secreto de sus ojos", Sacheri debuta en nuestras páginas con una vivencia deliciosa: "Aviones en el cielo".

© Escrito por la Redacción EG el lunes 28/02/2011 y publicada por la © Revista el Gráfico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina. (Nota publicada en la edición enero 2010 de la revista El Gráfico.)


El escritor se incorpora a la revista. Autor de la novela que apuntaló el Oscar ganado por "El secreto de sus ojos", debuta en nuestras páginas con una vivencia deliciosa: "Aviones en el cielo".

LA HISTORIA que me propongo contar empieza de noche, en un aeropuerto, mientras espero que se haga la hora de tomar un avión, el 18 de noviembre de 2010. Y termina también de noche, tres semanas después, el 8 de diciembre. Termina conmigo tirado boca arriba, en el pasto, con los ojos fijos en el cielo oscuro de la una de la mañana.

Por supuesto que las dos, las del principio y el final, son decisiones arbitrarias. Al fin y al cabo: ¿cuándo empiezan las cosas? ¿Cuándo terminan? Siempre que decidimos contar algo, cortamos la cadena del tiempo en un eslabón. Un eslabón cualquiera, visto desde afuera. Un eslabón esencial, visto por nosotros mismos.

Son las diez de la noche. Estoy en el aeropuerto de Ezeiza, sentado en una sala de embarque casi vacía, esperando que se haga la hora de subirme a un avión. A través del ventanal veo los aviones, alineados en la pista, y vuelvo a preguntarme cómo es posible que no se caigan mientras vuelan. Así de grandes, así de pesados. Y yo que me dispongo a subirme a uno por espacio de diez horas y nueve mil kilómetros. Yo sé que hago mal; sin embargo, les tengo pánico.

Pero esta noche lo del avión no es lo único que pasa. Ni lo más importante. Hay algo más. Juega Independiente. Por la Copa. Semifinal, partido de ida, contra la Liga, en la altura de Quito.

Pero tampoco eso es lo más importante que pasa. Lo más importante es que en casa está mi hijo, desesperado por ese partido. No me lo ha dicho, o no me lo ha dicho del todo, pero el tipo está como loco con la posibilidad de que el Rojo gane una Copa. Una Copa que, para él, sería la primera. Pobre hijo: flaco favor el mío, hacerlo del Rojo en esta época. Cuando mi viejo me pasó la posta, en los años setenta, me hizo un favor, un don, un regalo. Me dio un equipo que ganaba Copas como si fueran caramelos que uno se sirve de a puñados. Cuando yo, a Francisco lo enamoré de Independiente, en cambio, lo puse a sufrir una sequía que parece perpetua. Un campeonato en el 2002 y gracias. Nada antes, nada después. Un rey de Copas sin Copas, tapado de telarañas y de fotos amarillas.

Ahí, mientras miro los aviones estacionados, lo llamo por teléfono. Lo escucho optimista. Promedia el primer tiempo e Independiente aguanta bien en la altura de Quito. Juega mejor. Lo tiene controlado. Está lloviendo en Ecuador. Yo le digo que esa de la lluvia es una buena noticia. Que me dijeron, que alguna vez escuché, que con lluvia el efecto de la altura disminuye. No sé si es cierto, pero se lo digo igual porque lo quiero tranquilizar, acompañar de alguna manera, en semejante partido.

Antes de cortar la comunicación, de todos modos, le tiro algunas frases de alerta. No sé si hago bien, pero me da miedo el tamaño de su ilusión. Porque yo sé que lo más probable, es que Independiente no gane esta Copa. Y me gustaría evitarle a mi hijo ese dolor, ese desengaño. Por eso me propongo prepararlo: ojo que no somos ninguna maravilla, le digo. Ojo que la Liga es un equipazo, le digo. Ojo que con el Tolima pasamos raspando, le digo.

¿A quién estoy protegiendo? ¿A Francisco, que con sus 14 años me parece demasiado tierno como para cargar sobre las espaldas semejantes desengaño? ¿O a mí mismo, que a los 42 estoy tan indefenso como él frente a las inclemencias de la derrota?

A las diez y veinte recibo el primer mensaje. Mala señal. Si me manda un mensaje en lugar de llamarme, es que son malas noticias. “Perdemos 1 a 0”. Me tomo un minuto para pensar la respuesta. Le digo que no es tan grave. Perder por uno en la altura no es tan grave. Pasa un rato. Deambulo frente al ventanal. Ahí siguen los aviones, esperándome. Pero no les tengo miedo. No porque me haya vuelto valiente de repente, sino porque estoy mucho más preocupado por mi hijo y por mí cuadro. Me llega un segundo mensaje. “Otro más”, dice mi hijo. Pero eso no es lo peor. Porque agrega “Me cansé de perder. Me voy a dormir”. Me cuesta tragar cuando lo leo. Sé que miente con eso de que se va a dormir. Sé que va a seguir mirándolo hasta que termine. Pero no sé qué decirle. Yo sé que la vida es mucho más perder que otra cosa. ¿Pero vale la pena que se lo diga?

Le respondo que todavía queda alguna chance de darlo vuelta en Avellaneda. Pero que si nos meten otro más, ahí sí estamos al horno. Casi enseguida me responde. “Nos están matando. No hay forma. Ya caí en la realidad”. Y a mí, solo entre las hileras de asientos vacíos, me dan unas ganas de llorar que me cuesta contenerme. Porque no quiero que las cosas sean como son. No quiero que caiga en la realidad. No me consuela el hecho de comprobar que mi hijo, por detrás de su pasión, sabe ver el fútbol, y por eso comprende lo fritos que estamos, lo cerca que quedamos de estar fuera de la Copa.

Me sube una bronca ridícula desde las tripas hasta la piel. Unas ganas locas de agarrarme a trompadas con el responsable de todo esto. Pero ¿quién es el responsable? ¿Con quién me tengo que pelear? ¿A quién le tengo que cobrar la angustia de mi hijo? ¿A los jugadores? ¿A los dirigentes? Sospecho que no. Porque en el fondo, la culpa es mía. Yo lo eduqué así. Yo le inculqué ese amor inútil. Yo lo entusiasmé en estas hazañas improbables. Yo le contagié este amor sin fundamento ni contrapartida.

Y sin embargo, al escribir la respuesta, termino escribiéndole: “No te rindas”. Lo envío y sé que es una estupidez. Porque sería mejor que se rindiera. Que se entregara. Que dedicara sus energías y sus angustias a causas más nobles.

Y enseguida recibo otro mensaje. “3”. Ese es todo el contenido. Así de simple. Así de terminante. Perdemos 3 a 0. No hay modo de meterles 4 goles en Buenos Aires. Ahora sí, estamos listos para toda la cosecha. Yo lo sé. Francisco lo sabe. ¿Qué le contesto? “Mejor olvidate de todo lo que te enseñé. Este amor no sirve para nada” Eso debería responderle. Pero no me atrevo.

Jugueteo con el celular. No sé qué decirle. En esto estoy cuando recibo otro mensaje. Pobre de él. Pobre de mí. Abro el mensaje dispuesto a enterarme de que nos metieron el cuarto. Pero no. El mensaje dice “3 a 1. Silvera”. Eso es todo. Vuelvo a mirar hacia afuera. Sin querer, pienso lo que no debería. Hago cálculos. Ahora volvemos a necesitar dos goles en Avellaneda para pasar de ronda. No debería pensar en esa idiotez, pero igual la pienso.

Afuera siguen esperando los aviones. Recibo otro mensaje. Me digo que ahora sí, este debe ser el 4 a 1. Pero vuelvo a equivocarme: “Gol de Mareque de derecha al ángulo”. No lo puedo creer. Ahora nos alcanza con un gol en Avellaneda para ser finalistas. Me dejo ganar por la maravilla. Sigo ahí, solo en el embarque. Pero no estoy solo. Ni estoy ahí. 

SIENTO QUE DE NUEVO estamos en carrera. Pero sé que falta un rato largo de partido. No sé qué hacer. Cómo ayudar a mi hijo, cómo auxiliar a Independiente. Es la hora de las promesas. Le rezo a Dios y le prometo que, si el Rojo termina 2-3 en Quito, no me voy a quejar del vuelo que me espera. Ni a la ida ni a la vuelta. Me pregunto si con eso será suficiente valentía. Me respondo que no. Entonces le prometo a Dios que, aunque el maldito avión se mueva como una coctelera todo el camino, yo voy a seguir sereno y tranquilito. Pero que a cambio, por favor, no vuelvan a embocarnos. Es una promesa estúpida. ¿Para qué corchos querría Dios someterme a turbulencias severas a cambio de mis pruebas de templanza?

No me importa. Prometo igual. No puedo hacer otra cosa. Estoy tan entregado a esta transacción que Dios no me ha pedido, que me olvido de responder el mensaje. Recibo otro. “En el Libertadores les tiemblan las patas”. El mensaje me atraviesa como un viento, como un golpe, como una certeza que viene de lejos. Eso que dice mi hijo hoy, yo lo escribí hace diez años. Y eso que escribí hace diez años, lo escribí porque mi papá me lo dijo a mí hace más de treinta. Y esa cadena repentina de memoria y de lealtad me deja tieso. Acabo de entender que el fútbol no es ni más ni menos que eso.  Eso que me dio mi viejo, y que yo le paso a mi hijo. Ese amor gratuito, esa esperanza desbocada. Ese dolor, esa rabia, esa fe rotunda en que, alguna vez, habrá revancha.

Al final, me gasté cualquier cantidad de palabras contando el principio, y me quedé sin espacio para narrar el final. Ese final que adelanté de entrada, y que me tiene a mí, tres semanas después, tirado en el pasto, de cara al cielo de la noche.

Agrego un par de imágenes. Unas pocas, para que cualquier futbolero, sea del cuadro que sea, pueda entenderlo. Estoy tirado en el pasto, boca arriba. Tengo los brazos abiertos y las piernas abiertas, como si así pudiera abrazar mejor el sitio en el que estoy. No estoy solo. A mi lado, unos metros más allá, mi hijo hace lo mismo. Sé que siente el pasto húmedo de rocío debajo de la cabeza, de la espalda, de las piernas. No tuerzo la cabeza para verlo. Quiero que este premio lo disfrute a solas, aunque estemos a tres metros uno del otro. Sé que está profundamente dentro de sí mismo. Es como si yo no existiera. Es como si los otros miles de hinchas que dan vueltas por el césped, después de dar la vuelta olímpica, tampoco estuvieran.

Francisco está cobrándose todas las angustias, todos los dolores, todos los partidos perdidos, todas las gastadas que nos comimos, todas las amarguras que cosechamos, todos los nervios que nos chupamos. Está volviendo el contador a cero. Para volver a creer. Para volver a jugar. Y yo hago lo mismo. Esta noche, Independiente me paga todo lo que le di.

Arriba, los reflectores del estadio oscurecen la noche. Más arriba, hundido en la noche, tal vez, aunque no lo vea, algún avión esté cruzando el cielo alejándose de Ezeiza. Más arriba, más hundido en la noche, tal vez, aunque no lo vea, alguien nos esté viendo a los dos, las patas y los brazos abiertos, volviendo a nacer sobre el pasto húmedo de Avellaneda. 

EDUARDO SACHERI es autor de varios libros de cuentos ("Esperando a Tito", "Te conozco Mendizábal", "Lo raro empezó después", "Un viejo que se pone de pie") y novelas como "Aráoz y la verdad" y "La pregunta de sus ojos", que fue llevada al cine y ganó el Oscar bajo el título de "El secreto de sus ojos".



lunes, 17 de agosto de 2026

Torneo Clausura 2026 - Sarmiento de Junín 2 vs. Huracán 0... @Elprofesorcapomasi...

Sarmiento superó con Claridad a Huracán y se prendió en la Zona B...


El Verde sumó su tercera victoria al hilo con un contundente 2-0 ante el Globo.

© Escrito por laRedacción EG el domingo 16/08/2026 y publicado por la Revista El Gráfico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


SARMIENTO le ganó con claridad 2-0 a HURACÁN en el Eva Perón de Junín y sumó su tercera victoria al hilo en el Torneo Clausura

El Globo llegaba entonado después de la victoria en el clásico con San Lorenzo pero no pudo conquistar otro triunfo.

Desde el arranque, los de Facundo Sava se pusieron en ventaja con el tanto de Junior Marabel, que captó un rebote de un remate de Julián Mavilla que pegó en el palo.

Minutos después, Elian Giménez marcó un golazo pero la jugada no subió al marcador por una falta previa de Lucas Suárez, cuanto menos, polémica. Mastrángelo lo anuló tras el llamado del VAR.

En el complemento, se fue expulsado Jordy Caicedo por un fuerte cabezazo  a Juan Insaurralde y la sentencia al partido, después de muchas ocasiones desperdiciadas, la puso Lucas Suárez de cabeza.

Los juninenses acumulan tres triunfos al hilo en el certamen y se subieron al lote de los de arriba de la zona B.


Síntesis:

EL MINUTO A MINUTO: