miércoles, 14 de enero de 2026

Serie Río de la Plata. Huracán (RA) 4 vs. Cerro Porteño 0 (PY)... @elprofesorcapomasi...

Huracán aplastó a Cerro Porteño en la Serie Río de La Plata...

Huracán encontró el rendimiento en el segundo tiempo y fue categórico. Fotografía:Gentileza Serie Río de la Plata.

Huracán vapuleó por 4-0 este martes a Cerro Porteño en un amistoso internacional de la Serie Río de La Plata. El partido se disputó en el estadio Parque Federico Saroldi, de Montevideo, Uruguay.

© Publicado el martes 13/01/2026 por ESPN de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

El Globo no la pasó bien en el primer tramo del encuentro, ya que fue dominado por el conjunto paraguayo, que ostentó mayor posesión y buen manejo de pelota.


El arquero del equipo argentino, Hernán Galíndez, se lució en un par de ocasiones ante el más punzante de Cerro Porteño, Mauricio De Carvalho, y por eso el encuentro llegó hasta casi el final del primer tiempo 0-0.

Al filo del entretiempo, ocurrió lo inesperado: en una buena jugada por derecha, Emmanuel Ojeda sacó un centro y Luciano Giménez se anticipó a la defensa y realizó una gran definición de volea al primer palo, dejando sin chances al portero rival. Sin merecerlo, Huracán se ponía adelante en el marcador.

El gol en el momento justo y la calma del descanso le dieron nueva vida al Globo, que en el segundo tiempo salió mucho mejor.

Enseguida lo pudo reflejar en el resultado, cuando a los nueve minutos y tras un despeje corto de la defensa de Cerro Porteño, Tahiel Peralta fabricó un verdadero golazo.

La paró de pecho y, sin dejar picar la pelota, se la pasó de la izquierda a la derecha para, también de volea, definir al arco, redondear una joyita y poner el 2-0.

De allí en más, el equipo dirigido por Diego Martínez se terminó de hacer dueño del encuentro. Mucho más aplomado, dominó en mitad de cancha y comenzó a dar la sensación de que, cuando quisiera acelerar, iba a definir el pleito.

Y así fue nomás.

A los 81, Leonardo De Sequeira se escapó por derecha y sacó un largo centro en busca de César Ibañez, quien metió un tremendo zurdazo de aire que se clavó en el ángulo más lejano del arco defendido por Roberto 'Gatito' Fernández.

Desinihibido, el Globo fue por más y lo consiguió.

Cuatro minutos después del tanto de Peralta, Lautaro Mora se animó a ensayar un tiro de larga distancia y, con la complicidad del guardameta rival, puso el 4-0 definitivo.

Después de una primera parte decepcionante, Huracán terminó redondeando una actuación que ilusiona a sus hinchas. El Ciclón de Barrio Obrero, en cambio, se va de este amistoso con la certeza de que debe mejorar en varios aspectos.



Síntesis:

Huracán: 4

Hernán Galíndez; Federico Vera, Fabio Pereyra, Nehuén Paz, Leandro Lescano; Emmanuel Ojeda, Leonel Pérez; Juan Bisanz, Leonardo Gil, Thaiel Peralta; Luciano Giménez. DT: Diego Martínez.

Cerro Porteño: 0

Roberto Fernández; Rodrigo Gómez, Lucas Quintana, Rodrigo Melgarejo, Guillermo Benítez; Fabrizio Peralta, Roberto Piris Da Motta, Gabriel Aguayo, Darío Espínola; Carlos Franco y Mauricio De Carvalho. DT: Jorge Bava.

Goles en el primer tiempo: 46m L.Giménez (H).

Goles en el segundo tiempo: 9m T.Peralta (H), 36m C.Ibáñez (H); 38m Mora (H).

Árbitro: Javier Burgos.

Estadio: Parque Federico Omar Saroldi.













lunes, 12 de enero de 2026

Todavía contamos… @elprofesorcapomasi...

Todavía contamos…

Revista Acción

Es difícil creerlo, pero el calendario ya nos empuja hacia 2026. Termina un año muy duro para los sectores populares y no solo por las políticas del Gobierno nacional. Hace apenas un año, pocos –muy pocos– imaginaban la velocidad y la profundidad con la que el nuevo Gobierno de Estados Unidos iba a sacudir el tablero global. El regreso de Donald Trump no fue solo un cambio de nombres en la Casa Blanca: fue la consolidación de un giro ultraderechista que volvió a marcar la agenda internacional, habilitó discursos que creíamos más o menos saldados y reordenó, una vez más, el campo mediático a escala planetaria.

© Escrito por Ulises Gorini, Director de la Revista Acción, el miércoles 31/12/2025 y publicado por la © Revista Acción de las Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Desde este lado del mundo, en la Argentina, ese temblor no se sintió como algo lejano. Al contrario: ya estaba instalado por Milei y, con Trump, solo se amplificó. En un país atravesado por una crisis económica persistente, con un Gobierno que hace una bandera del desprecio y la agresión al periodismo –como en el caso extremo del reportero gráfico Pablo Grillo–, el clima global funciona como legitimación y combustible. Si Trump insulta a la prensa y acusa de «enemigos» a los medios críticos, acá tiene ejecutores propios. Si las grandes plataformas tecnológicas ajustan algoritmos, monetización y reglas según sus intereses y los de un puñado de multimillonarios, los medios hegemónicos locales hacen lo suyo. 

El periodismo alternativo atraviesa hoy desafíos enormes: financieros, políticos, judiciales y también culturales. Las audiencias se achican y se fragmentan, la precarización avanza y la presión –explícita o solapada– desde el poder se vuelve moneda corriente. En un escenario dominado por las decisiones opacas de big techs y por empresarios que conciben a los medios como herramientas de disciplinamiento o negocios personales, sostener una voz crítica no es fácil. Pero sigue siendo imprescindible. 

En ese contexto, cada mensaje de apoyo, cada suscripción nueva, cada lector que decide bancar un proyecto periodístico serio y honesto funciona como un recordatorio potente: aquí estamos. Hay una parte de la sociedad que entiende que sin información confiable, sin investigación, sin preguntas incómodas, la democracia se vacía rápido. Que el periodismo no es un lujo ni un capricho corporativo, sino un bien público. 

A lo largo de este año cubrimos la Argentina real: la de los ajustes que no cierran, la de los conflictos sociales, la de las discusiones culturales, la de las resistencias pequeñas y grandes, las de la economía social y cooperativa. Y también miramos al mundo, porque lo que pasa afuera importa, condiciona y muchas veces anticipa lo que después aterriza acá. El avance de la ultraderecha no es un fenómeno aislado ni una excentricidad ajena: es parte del mismo clima de época que nos atraviesa. 

Cerrar el año es, inevitablemente, un ejercicio de balance. Y en medio de tanta incertidumbre, hay algo que vale la pena subrayar: el periodismo alternativo sigue en pie porque hay lectores que lo sostienen. Porque hay quienes, incluso cansados, incluso golpeados, eligen no resignarse a la desinformación, al grito fácil o al cinismo. 

Gracias por haber estado del otro lado en 2025. Por leer, compartir, criticar y apoyar. Si estás festejando, o simplemente intentando descansar un poco en medio del ruido, ojalá tengas un buen cierre de año y un respiro merecido. El año que viene nos volveremos a encontrar, con los mismos desafíos –y la misma convicción– de que contar lo que pasa sigue valiendo la pena.





domingo, 11 de enero de 2026

En el reino del terror, la corrupción y la falta de libertad... @elprofesorcapomasi

 En el reino del terror, la corrupción y la falta de libertad...

El "loco dinamita" Dibujo: Pablo Temes.

Dos veces Nelson Castro estuvo en Venezuela, ambas en 2019. Recuerdos de una temporada bajo la opresión.

 © Escrito  por Nelson Castro el domingo 11/01/2016 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Dos veces estuve en la Venezuela de la dictadura chavista. Fue en 2019: la primera vez, a fin de marzo; la segunda vez, a fin de abril. En marzo, para cubrir la crisis energética que dejó al país sin luz y sin agua durante días. En abril, a causa de la asonada contra el gobierno que fracasó.

Conocí la Venezuela democrática y opulenta. Había libertad y también había –lamentablemente– corrupción y desigualdad social. En la Venezuela sojuzgada por el chavismo que viví durante esas dos coberturas había más corrupción y más pobreza y, lo que no había –ni hay hasta hoy– era libertad.

Tan solo arribar al aeropuerto internacional de Maiquetía y observar a través de la ventanilla del avión el mal estado de la pista fue suficiente para tener un primer contacto con la decadencia experimentada por un país rico que supo ser floreciente. Habiendo estado en Cuba en coberturas periodísticas en 2015 y 2016, las reminiscencias fueron inmediatas.

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Pasar el control migratorio fue la comprobación del estado de opresión y falta de libertad reinantes. “Muéstreme por favor la carta de invitación”, me dijo con tono severo el funcionario que me atendió en medio de un salón semivacío del aeropuerto. “No sabía que era necesario este requisito para ingresar al país”, respondí. Comenzó ahí un largo ida y vuelta y consultas del funcionario con un superior que duró una media hora. “Muéstreme la reserva de hotel”, fue el próximo pedido. Cuando se la mostré en mi celular, me interrumpió tajante: “Debe estar impresa”, me dijo. “No la tengo”, fue mi respuesta. Vino otra media hora de consultas absurdas, que incluyó una llamada al hotel para que una empleada de recepción hablara con el funcionario para confirmarle que, efectivamente, la reservación era cierta.

Superada esta instancia, llegó el turno de la aduana. El equipaje fue sometido a un control especial –abrieron la valija– que llevó unos cuarenta minutos. Así, luego de casi dos horas pudimos ingresar a Venezuela. En el hall central del aeropuerto había unos veinte uniformados jóvenes con actitud intimidante que se paseaban de un extremo a otro del lugar.

En el trayecto del aeropuerto al centro de la ciudad era evidente la poca cantidad de vehículos que circulaban. En el centro de Caracas la situación era la misma. Y lo que me impactó fue el crecimiento de El Petare, la favela más grande de la ciudad.

Ya en el hotel, otra curiosidad: todos los empleados de la recepción hablaban en voz baja. Pronto sabría la razón: tenían miedo de ser escuchados por los agentes de inteligencia desplegados en el hotel. “Tengan mucho cuidado con los celulares porque hay “ladrones” que se los roban dentro del lobby”, nos advirtieron los tres recepcionistas. El encomillado de ladrones es porque, en verdad, eran agentes de inteligencia que buscaban los celulares para obtener información que luego procesaba el poderoso y temible Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin). A esta lista de agentes “encubiertos” –por llamarlos de algún modo– había que agregar a las mucamas y a los camareros del bar y del comedor. Fue una advertencia providencial que mucho agradecí.

El robo de los celulares se había transformado en el único objetivo rentable para los ladrones. Al día siguiente de ocurrido lo antes narrado, estando en el lobby del hotel se me acercó un joven de unos 20 años que, sin dudas, había detectado que era periodista. “Quiero contarle lo que nos está pasando. A los que somos ladrones ‘profesionales’”, me dijo. “Tenemos un verdadero problema que afecta nuestro ‘trabajo’”, agregó para, a continuación, contarme algo surrealista: “Ante la falta de plata que hay en el país, ya no nos sirve entrar a las casas a robar televisores, electrodomésticos o joyas, porque no se las podemos revender a nadie. Para lo único que hay plata es para comprar celulares”. Me quedé azorado. Parecía un relato extraído de la Macondo de Gabriel García Márquez. Luego me enteraría de que el cliente más importante de estos delincuentes es el Sebin. El ladrón no aceptó dar un reportaje televisivo ni siquiera de espaldas por temor a ser identificado. Solo estaba dispuesto a dar su testimonio a un medio gráfico. La historia fue publicada día después por varios diarios. Uno de ellos fue The Wall Street Journal.

Negocios semivacíos, colas para comprar pan, leche y carne, un parque automotor vetusto, calles con el asfalto en mal estado, cortes de luz, falta de agua, transporte público obsoleto, viviendas deterioradas, concesionarias de autos vacías en las que solo se exhibían para su venta algunos pocos vehículos usados, informalidad por doquier, era el panorama que devolvía el recorrido por los distintos barrios de Caracas.

La recomendación para los periodistas era trabajar en grupo, nunca estar solo. Un periodista solo en la calle era un blanco ideal para el Sebin. Conversar con la gente era complejo para cualquier periodista. El miedo estaba a flor de piel. Los jefes y las jefas de manzana estaban muy atentos a nuestra presencia y dispuestos a interrumpir cualquier entrevista en la que una persona se expresara críticamente contra el gobierno.

Estas son algunas de las pinceladas de la dictadura chavista –reino del terror, la corrupción y la falta de libertad– que vi y que aún hoy padecen millones de venezolanos y venezolanas.