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domingo, 22 de agosto de 2021

ASPO, DISPO y al pasto... @dealgunamaneraok...

 ASPO, DISPO y al pasto...

 

Mucho antes de anunciar la estatización de las telecomunicaciones, allá por julio del 2020 y en medio de un estricto confinamiento, Alberto Fernández perdió la conexión con la sociedad Argentina. La cuarentena como dogma y una llamativa ausencia de una estrategia comunicacional que derivó en una profundización de las crisis políticas, son el combo perfecto para entender por qué el Presidente vive sus horas más oscuras.

© Escrito por José Ferrentino el viernes 20/08/2021 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La publicación de la fotografía donde se lo ve celebrando el cumpleaños de la Primera Dama en la Quinta de Olivos -junto a allegados y conocidos sin barbijo ni distanciamiento, en tiempos donde realizar reuniones sociales no estaba permitido por un Decreto de Necesidad y Urgencia que él mismo había firmado-, terminó de socavar la legitimidad de un Presidente que, hasta entonces, era caracterizado de múltiples maneras en los focus groups, menos como un “mentiroso”. 

Veamos: su primera gran crisis político-comunicacional llegó de la mano del Campo. Apuró la expropiación de Vicentin, y sin consultar a nadie más, lanzó en conferencia de prensa su embestida. En menos de 24hs retrocedió en sus posiciones ante la respuesta de la sociedad santafesina, y una vez que dejaron de volar dardos, sobre Alberto Fernández se lacró el mote de “títere. 

Los videos del cumpleaños de Fabiola Yáñez 

En septiembre del 2020, en una Buenos Aires crispada por el confinamiento, hubo un levantamiento policial que terminó con la Bonaerense rodeando la Quinta de Olivos. Alineados todos los intendentes detrás de Alberto Fernández, sin distinción partidaria, el Presidente habló por una improvisada cadena nacional: Le quitó parte de la coparticipación a CABA para solucionar un conflicto bonaerense; lo hizo sin avisarle al jefe de Gobierno, y detonó una bomba sobre un hecho que venía a soldar los clivajes políticos de la Provincia. Aquí se erigieron dos atributos negativos más de la imagen presidencial: “traidor” y “oportunista”. 

En enero del 2021 llegó el affair “llamé a mi amigo Ginés”, o como muchos se apuraron en rubricar: “vacunatorio vip”. En una sociedad que buscaba desesperadamente una luz de esperanza, y antes los traspiés del Gobierno por conseguir vacunas, estalló una granada en el Ministerio de Salud que, por su onda expansiva, sacudió los cimientos de la Casa Rosada, la Quinta de Olivos y hasta Santa Cruz. 

Era imposible explicar lo inexplicable, el Presidente echó a su ministro de Salud y evitó que las esquirlas lo tocaran a él. Las derivaciones de este hecho sacudieron al Poder, porque por primera vez el Gobierno no erraba en la creación o promoción de una política pública, sino que traicionaba al pueblo en sus valores: privilegios del poder ante una sociedad que estaba cansada del encierro, fatigada por la pérdida de empleo y desesperanzada por las promesas de vacunas que no llegaban. 

Macri reapareció en campaña: "Nos llevaron al país de morondanga con el vacunatorio VIP"

La foto del cumpleaños de Fabiola Yáñez cayó como un meteorito en Olivos, porque hacia atrás termina de configurar la imagen pública de Alberto Fernández como un “mentiroso”. Ya no en ese hombre que creía en la cuarentena como dogma -en el que estabas de un lado o del otro de la mecha, como decía el entonces ministro de Salud de PBA y actual candidato a diputado Nacional Daniel Gollán-, sino en el Presidente que hacía lo mismo que aquellos a quien señalaba desde el mismo salón de Olivos. 

El remedio resultó peor que la enfermedad, pues en tren de ensayar una disculpa, responsabilizó a su mujer por el hecho. En tiempos donde tanto se pone la lupa en las cuestiones de género, un hombre responsabiliza a su mujer por armar una reunión prohibida: la culpa es de la mujer del Presidente. 

Por primera vez en dos años, no fueron Cristina Kirchner, La Cámpora, sus ministros ni el Mauricio Macri. Fue él, y el impacto lo sucedido, hasta ahora incalculable, lo deja en una posición compleja frente a la sociedad; ya no por lo que ocurrió, sino por lo que vendrá.

Olivos: el abogado de una amiga de Fabiola Yáñez aseguró que hay "30 fotos más" del festejo. 

La pandemia no terminó, los argentinos no están vacunados en su mayoría con 2 dosis, y la variante Delta está al acecho. La pregunta es, entonces: ¿con qué autoridad se impondrá un Presidente que carece de “credibilidad” y “liderazgo”, dos atributos esenciales para cualquier dirigente político que esté al frente de una Nación? 

José Ferrentino. Consultor en Comunicación Política. Percipi. Consultora. https://www.linkedin.com/in/joseferrentino/




 

domingo, 25 de abril de 2021

Operativo desgaste. A la caza de Rodríguez Larreta… @dealgunamaneraok...

A la caza de Rodríguez Larreta…


El conflicto por la presencialidad aleja la posibilidad de utilizar a la educación como un recurso para luchar contra la grieta.

© Escrito por Nelson Castro el  domingo 25/04/2021 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos.


 

No se puede seguir responsabilizando a la gente por los incumplimientos en los cuidados personales y por la falta de conciencia social. Es probable que se haya dado ese mensaje, pero el alerta basado en ese punto nos terminó jugando en contra”, asegura un funcionario del gobierno nacional. La bronca con Axel Kicillof y Daniel Gollán continúa. Sobre todo por haber encabezado una voz de alarma que en rigor de verdad superó en contundencia a la del propio presidente.

 

La nueva estrategia luego de la falta de entendimiento y la judicialización de la presencialidad en la escuela es clara: desgastar la figura del jefe de Gobierno porteño. Los ejemplos sobran. La jugada de Carlos Zannini en su presentación ante el juez Furnari para limitar la asistencia a las aulas de la Ciudad fue el puntapié inicial. 

 

Le siguieron los incidentes en Lugano con 300 manifestantes del MTL Rebelde que quisieron ingresar al Ministerio de Desarrollo porteño en reclamo de alimentos e insumos textiles para una cooperativa vecinal. En el ínterin autoridades de la Provincia dejaron trascender que más de 75 mil porteños se habían vacunado en su distrito. Y hacia el final de la semana la titular del PAMI, la camporista Luana Volnovich, denunció por Twitter que el Gobierno de la Ciudad estaba atrasado en la vacunación a afiliados de PAMI y con vacunas en stock sin ser aplicadas.

 

Este último punto fue tan burdo como infantil, a pesar de la gravedad que implica esa denuncia, por su intencionalidad indisimulable que fue puesta de manifiesto apenas unas horas más tarde. Recordemos que el jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta había solicitado más vacunas a la Nación para inocular adultos mayores. El kirchnerismo –experto en la utilización política de los recursos del Estado– le envió esas dosis al PAMI para no beneficiar a su rival en la Ciudad y que la administración de Larreta solo se encargue de la logística basándose en el padrón de afiliados de PAMI para la asignación de turnos.

 

Sin embargo, algo estaba mal. Cuando el equipo del gobierno porteño inició los llamados a los abuelos se encontró con una gran cantidad de irregularidades entre ausentes y fallecidos. Le pidieron una reunión a la cúpula de PAMI para resolver el problema que Volnovich se encargó de cancelar pocas horas antes del encuentro.

 

Acorralada por el papelón, decidió pasar al ataque y “denunciar” en las redes sociales que la Ciudad no estaba vacunando a los abuelos. Nuevo conflicto judicial en puerta a pesar de que a última hora del viernes se reunieron las segundas líneas de Salud de la Ciudad y de PAMI para encontrarle una solución al tema. Con este nivel de conflictividad resulta imposible llevar adelante cualquier política sanitaria. En el medio, está la gente.

 

Alberto Fernández y Kicillof también se reunieron esa misma tarde para analizar la situación en Provincia y el AMBA. Unas horas antes el ministro de Seguridad provincial Sergio Berni había dicho públicamente que se necesita una cuarentena total por dos o tres semanas. Más presión para sumar restricciones y una película que ya vimos la semana pasada. Segundas partes casi nunca fueron buenas. El avance de la segunda ola desnudó el fracaso del plan de vacunación y la incapacidad para afrontar una situación que, aunque parezca increíble, no fue prevista aun teniendo a Europa como espejo.

 

He aquí un punto clave para comprender lo que debió haberse hecho y no se hizo, circunstancia que permite entender el costo que para una sociedad representa la falta de jerarquía de la mayoría de su dirigencia política.

 

Una de las características de esta pandemia es que los hechos ocurren antes en el hemisferio norte que en el hemisferio sur. La segunda ola comenzó a manifestarse en Europa con toda su fuerza entre noviembre y diciembre del año pasado. El gobierno nacional debió haberse tomado de ello para ponerse a trabajar de inmediato en una estrategia para encararla. Cuando el Presidente habló del “relajamiento sanitario” –que nunca existió como tal– debió haber dicho “relajamiento político”.

 

Si se hace memoria, ese fue el tiempo en que Alberto Fernández se la pasaba hablando de los millones y millones de vacunas que llegarían al país entre enero y febrero. Fue esa una muestra clara de que no tenía la más remota idea de lo que estaba aconteciendo en el mundo con la disputas por el inóculo. Pero no solamente eso: tampoco estaba viendo lo que sucedía con la segunda ola. De haberlo hecho, hubiese comprendido que debía ponerse a trabajar con todas las fuerzas políticas en pos de preparar a un país –ya de por sí agobiado– para enfrentar ese desafío.

 

“Todos unidos triunfaremos”. 

 

Un desafío de las dimensiones de la pandemia producida por el covid-19-Sars2 demanda a una sociedad un esfuerzo fenomenal. Esa circunstancia pone a la dirigencia política frente a una obligación moral ineludible: actuar pensando solamente en el bien común, dejando de lado toda mezquindad. Quien debe dar el ejemplo al respecto es el Presidente. Lo que queda claro en este presente es  que Alberto Fernández viene haciendo exactamente lo opuesto. Haberse puesto al frente de la guerra contra Horacio Rodríguez Larreta y la Ciudad Autónoma de Buenos Aires constituye un error garrafal. Es insólito que, en la reunión que hubo en la Casa Rosada el viernes a última hora de la tarde para analizar qué hacer ante la escasez de camas en hospitales y centros médicos privados y cómo seguir después del viernes próximo, no haya sido invitado a participar el jefe de Gobierno porteño.

 

La batalla por la presencialidad en las escuelas es un capítulo más de esa guerra. Lo que es increíble que AF no haya comprendido es que esa disputa política se traslada a la ciudadanía y arrasa con cualquier intento de tender puentes que permitan superar el ámbito de división por el que hoy en día transcurre la vida en nuestro país.

 

El conflicto originado por la presencialidad o no en la escuela tira a la basura la posibilidad de utilizar a la educación como un recurso fundamental para luchar contra la grieta. Los alumnos –niños y adolescentes– han pasado a ser rehenes y víctimas de esta situación. No hay idea del daño que esto significa.

 

El enemigo del presente es el Covid-19, no el que piensa distinto.

 

Producción periodística: Santiago Serra.







domingo, 28 de febrero de 2021

Que pase el que sigue… @dealgunamaneraok...

 Que pase el que sigue… 

Mondo cane, Horacio Verbitsky. 

El peor legado del episodio de las vacunas: no se puede vivir en una sociedad enferma de desconfianza. 

“Ahora les agarró el apuro y les piden por favor a los médicos que vayan a vacunarse. Los trabajadores del Posadas no se sienten cómodos”. Hay desconcierto y enojo pero sobre todo desilusión con un agravante: todos saben que la declaración del director Alberto Maceira –que admitió en la Justicia haber vacunado pacientes vip en el Ministerio de Salud– golpea hacia arriba pero acota las responsabilidades dentro del hospital. 

© Escrito por Nelson Castro el  domingo 28/02/2021 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de Los Argentinos. 

“Como mínimo, junto a él debería presentar la renuncia la directora general de Asistencia Médica, Lucrecia Raffo, de fuertes vínculos con el kirchnerismo, conocedora de todo lo que sucede en el Posadas y que tiene bajo su órbita el vacunatorio”, asegura un hombre de la institución, que pidió reserva de su nombre. 

En el Hospital Posadas, la ruta de los amigos del poder estaba perfectamente delimitada. El nuevo vacunatorio está separado del edificio central. Coincide con la entrada de la bajada de la autopista y su colectora; ideal para el arribo de las combis que se estacionaban allí. Los vacunados vip de bajo perfil o poco conocidos se mezclaban entre la gente del vacunatorio. 

Nadie podría sospechar. Pero para evitar problemas, aquellas personas que pudieran ser reconocidas como figuras políticas, amigos o familiares de las autoridades, pasaban directamente al tercer piso, donde están las oficinas de la dirección con custodia policial y seguridad privada mediante. 

Ese acceso estaba reservado para algunos pocos. Un dato más: el estacionamiento tiene un enorme domo con cámaras de seguridad. También hay cámaras dentro del nuevo vacunatorio y en los pasillos que conducen a la dirección. 

La épica del Hospital El Cruce de Florencio Varela: kirchnerismo explícito. 

Para introducir el capítulo de lo que ocurrió en el Hospital El Cruce Néstor Carlos Kirchner vale la pena hacer algo de memoria. 

El Ministerio de Salud de la Nación autorizó el uso de la Sputnik V para mayores de 60 años el 20 de enero de este año. A solo dos días del anuncio y con llamativa celeridad –el 22 de enero– el intendente de Berazategui, Juan José Mussi, de 80 años, recibió la primera dosis de la Sputnik en el Hospital El Cruce. Luego de 21 días le aplicaron la segunda dosis en el mismo centro de salud. Sin embargo, la provincia de Buenos Aires habilitó la vacunación a mayores de 70 años el miércoles 17 de febrero. El jefe comunal tuvo la “suerte” de vacunarse casi un mes antes del turno que le correspondía. 

Pero eso no es todo. Su hija, la doctora Mariel Mussi, fue puesta en funciones como presidenta del Consejo de Administración del Hospital El Cruce por Daniel Gollán y Ginés González Garcia el 17 de enero de 2020. Es en los papeles y en la práctica la autoridad máxima del Hospital donde se vacunó su papá. Recordemos que este hospital de alta complejidad es de administración mixta entre la Nación y la Provincia, y el proyecto original para su construcción data de más de treinta años a pesar de que su inauguración fue recién en el año 2007. 

Tras vacunarse, en declaraciones a los medios locales, Mussi contó su experiencia; agradeció y felicitó al entonces ministro de Salud González García por “estar haciendo las cosas bien”.

 

En el Hospital
 Posadas, la ruta
de los amigos del
poder estaba bien
delimitada

La lista de los vacunados vip en El Cruce incluye a dos miembros de la Corte Suprema de Justicia de la provincia de Buenos Aires: su presidente, Luis Esteban Genoud, y la ministra Hilda Kogan. Ambos se hicieron pasar como integrantes del “personal de salud”. Semejante adulteración sería suficiente causal de pedido de renuncia o juicio político. 

El gobernador bonaerense Axel Kicillof abrió el paraguas:

“Desde que comenzó la campaña de vacunación, junto a muchos intendentes e intendentas de distintos sectores políticos nos vacunamos para llevar tranquilidad a la gente”, avisó en un tuit publicado el 23 de este mes.

Mucho antes ya les había pedido a los líderes territoriales que se vacunen para dar el ejemplo. Su razonamiento es absolutamente controvertible: la vacuna Sputnik V generó confianza cuando la documentación auditable de su investigación fue publicada en la prestigiosa revista médica The Lancet. 

Un hecho lamentable nos ayudará a entender un poco más la idiosincrasia interna que –apropiándose de lo público– manejan las autoridades del establecimiento. El 19 de noviembre del año pasado y en el marco del decimotercer aniversario del Hospital, se realizó un “homenaje al personal de salud” con el descubrimiento del “primer mural de salud pintado en pandemia”. 

Tal como describe la institución en su página web, el evento tuvo lugar en el auditorio del Hospital y contó con la presencia del rector de la Universidad Nacional Arturo Jauretche (UNAJ), Ernesto Villanueva; el diputado provincial del Frente de Todos y ex intendente local, Julio Pereyra; el secretario de Calidad en Salud del Ministerio de Salud de la Nación, Arnaldo Medina (que también fue director de la institución); y como frutilla del postre la participación virtual de la gobernadora de Santa Cruz, Alicia Kirchner; y el ministro de Salud de la Nación, Ginés González García. 

Al margen de la convocatoria con marcada tendencia ideológica, cabe preguntarse si el mural ofrecido como reconocimiento a los propios trabajadores de la salud los tenía a ellos –el plantel del Hospital– en primer plano como protagonistas.

 

Entre los
 vacunados vip
hay dos jueces de
la Corte Suprema
bonaerense

La respuesta es no.  

“El mural se realizó en una de las paredes de la rampa de acceso al primer piso. Entrás y te chocás con eso. Lo indignante es que más allá de algunas referencias al personal, lo que resalta en primer plano son las figuras de Néstor Kirchner, Cristina Fernández, Julio César Pereyra y el Dr. Arnaldo Medina. Se apropiaron del Hospital, cosa que genera mucha bronca”, relata visiblemente molesto un destacado miembro del equipo médico. “Nos movemos con mucho cuidado. A los que no somos afines ideológicamente nos tienen en la mira. No importa la calidad médica o el profesionalismo que tengamos”. 

¿Es este un homenaje a los trabajadores de la salud del HEC o un intento burdo y nauseabundo de eternizarse mediante un autorretrato teñido de egocentrismo? 

Cuestión de desconfianza. Con Carla Vizzotti como flamante ministra de Salud a la cabeza, y en un intento por mostrar transparencia, el Gobierno presentó el pasado miércoles 24 de febrero el Monitor Público de Vacunación. Un registro al que se podrá acceder online con información en tiempo real sobre el operativo nacional de inmunización. 

Los datos son del Registro Federal de Vacunación Nominalizado (Nomivac). Es un programa que gestiona desde el SISA (Sistema Integrado de Información Sanitaria) las coberturas de vacunación de todo el país.

La operación del módulo permite registrar a cada persona que recibe una vacuna, detallando la fecha, el tipo de dosis y el establecimiento que las aplicó, entre otros datos de importancia. Para utilizar el Nomivac hay que tener una cuenta de usuario y los permisos correspondientes. 

El Nomivac no puede ser alterado por los médicos que ingresan los datos al sistema, de hecho cuando se produce un error en la carga, es bastante engorroso modificarlo.

Pero fue creado y diseñado por el Ministerio de Salud de la Nación con la supervisión de Carla Vizzotti. Por lo tanto, los aspectos técnicos y el soporte técnico del Nomivac están manejados por gente del Ministerio. A ese nivel, los datos son fácilmente modificables. 

No se puede vivir en una sociedad enferma de desconfianza. Cuando sus dirigentes no dan el ejemplo, el daño que provocan es muy difícil de reparar. Como dijo el filósofo inglés Thomas Hobbes, “homo homini lupus”. El hombre es un lobo para el hombre. 

Producción periodística: Santiago Serra.








domingo, 24 de enero de 2021

Yacimientos Petrolíferos Fiscales. ¡Vamos por Todo!... @dealgunamanera...

 "Vamos por todo"… 


‘Súper’... Guillermo Nielsen. Dibujo: Pablo Temes

La designación de un “pingüino puro” al frente de la petrolera estatal asegura otra “caja” al cristinismo.

© Escrito por Nelson Castro el sábado 23/01/2021 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos. 

Fue este el eslogan con el cual, de manera obscena, el kirchnerismo hizo sentir su poder durante los largos 12 años que duró su primera experiencia gobernando. Fue esa una marca de aquel kirchnerato hoy redivivo. Lo inquietante es que nada de aquello ha cambiado. Los hechos lo confirman día tras día. 

Nada que sorprenda. El episodio convalidante de esta semana fue el desplazamiento de Guillermo Nielsen de la presidencia de YPF. Algún día se sabrá con exactitud por qué el renunciado funcionario, al que se le concedió el premio consuelo de la embajada en Arabia Saudita, aceptó ese cargo, que era apetecido por Cristina Fernández de Kirchner desde el vamos. Era y es sabido que la ex presidenta en funciones nunca tuvo ningún sentimiento de afecto hacia el doctor Nielsen. Más bien, todo lo contrario. Su veto fue decisivo para bochar su designación como ministro de Economía. Y por eso le coparon la empresa con dirigentes de La Cámpora, con los que casi no se hablaba, en el marco del loteo de cargos que se le impuso a Alberto Fernández. 

El principal factor que transforma YPF en objeto prioritario del kirchnerismo es el de ser una fuente enorme de dinero. Es lo que en la política se llama “la caja”, que para el kirchnerismo es una herramienta clave para la obtención de fondos destinados a la campaña electoral. Son también “cajas” el PAMI y la Anses. En ambos organismos, los cargos ejecutivos son ocupados por gente de La Cámpora. Como se ve, nada es casualidad sino causalidad. Néstor Kirchner usaba “la caja” para cooptar y/o someter a gobernadores, intendentes, legisladores, dirigentes sociales y organizaciones de diverso tipo.   

El nuevo presidente de YPF, Pablo González, no tiene la menor experiencia en el tema hidrocarburífero. Su principal  “mérito” es ser una especie de ahijado de Néstor Kirchner. Un auténtico soldado del ex presidente y un agradecido de la familia. Las voces en ese sentido son mayoría y concluyentes. 

El ex mandatario lo inició en política en el año 2000. Fue subsecretario de Recursos Tributarios de Santa Cruz durante cuatro años. Fiscal de Estado desde 2003 hasta 2007, cuando asumió como ministro de Gobierno de Daniel Peralta. Elegido diputado provincial, en julio de 2008 fue designado jefe de Gabinete provincial. Luego fue senador nacional y en 2015, vicegobernador de Alicia Kirchner. Su único antecedente en el rubro energético se registró a mediados de los 90, cuando fue director de Distrigas SA, la firma que distribuye el gas natural en Santa Cruz. 

“Acá nos conocemos todos desde hace años. Lo que aprendió en su paso por Distrigas es la gestión administrativa de la extensión de servicios de la red doméstica y que los caños eran de color amarillo”, dijo un político santacruceño que fue testigo de su ascenso. 

“Íbamos a los mismos lugares cuando éramos chicos. Es un abogado corto de palabra que no podía siquiera sostener las entrevistas amigables de los medios locales. Pero tiene lo único que Cristina y Máximo necesitan en este momento: fidelidad y devoción. Es un pingüino puro sin conocimiento del sector energético pero que entiende a la perfección la lógica del manejo del poder que ejerce la familia Kirchner. Con la salida de Nielsen, Máximo podrá terminar de consolidar la hegemonía de La Cámpora en YPF y Cristina eligió a la persona correcta para esa tarea. No es una casualidad en cuanto a la dimensión de poder expansivo: El PAMI, la Anses, Aerolíneas Argentinas y ahora YPF son las cajas millonarias que necesitan para hacer política”, agrega otro hombre de Santa Cruz. 

El poder y su laberinto. El malestar dentro del Frente de Todos continúa. El apoyo del ala albertista hacia su jefe sigue siendo incondicional pero ya no hay tanto esmero en disimular las críticas. El último episodio que detonó el equilibrio interno fue la ratificación de Victoria Donda como titular del Inadi. “Los medios tienen la costumbre de señalar a CFK como la culpable de todos los males o de las decisiones polémicas, pero fue Alberto. Él decidió sostenerla aun cuando varios funcionarios le dijeron que no debía continuar. Y no es solo Donda; últimamente los errores de la diaria que llegaron a los medios fueron por apuro suyo. Si él no se controla, qué podemos esperar de Kicillof, Daniel Gollán o Kreplak, que encima no tiene espalda para sostener las pavadas que dice”, se quejó uno de los hombres del Presidente. 

No fue el de Victoria Donda y su desvergonzado uso de los recursos del Estado el único episodio que desacomodó a Alberto Fernández. También lo fastidió la insólita carta de salutación que el canciller Felipe Solá le envió al flamante presidente de los Estados Unidos, Joseph Biden. Los desaguisados de Solá tienen ya la suficiente envergadura como para que AF lo hubiera removido del cargo sin necesidad de ninguna explicación. 

Lo inaudito es que permanezca en funciones. “El problema es, que si lo echa, corre el riesgo de que el cargo vaya a parar a las manos de un miembro de La Cámpora designado por Cristina”, se sincera un funcionario con despacho en la Casa Rosada.   

Mientras tanto, el plan de vacunación suma cada semana nuevos capítulos de un derrotero errático. Hemos pasado de las dudas expuestas por la viceministra Carla Vizzotti sobre la disponibilidad de vacunas a la afirmación del ministro González García de que habrá 51 millones. De las 5 millones de dosis anunciadas por el Presidente para fines de enero, a 6 mil que llegarán el martes. “No se puede trabajar con tanta desorganización”, reconocía un dirigente de La Cámpora con funciones en Aerolíneas Argentinas, ante las dificultades que se presentan para la organización de los vuelos que deben ir a buscar las vacunas.   

Apalancado en el impacto de la pandemia, el Presidente decidió avanzar en la suspensión de las PASO, proyecto al que acompañan no solo gobernadores del FdT sino también de JxC. Las PASO deben hacerse en agosto, cuando, según las predicciones del Gobierno, una mayoría de la población ya debería estar vacunada contra el covid-19. ¿Y entonces? 

Tanto zigzag y falta de fundamentación en las decisiones de AF hacen recordar la frase de Groucho Marx: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados. 

Producción periodística: Santiago Serra.






lunes, 1 de junio de 2020

No es infectadura pero tampoco cientificracia… @dealgunamanera...

No es infectadura pero tampoco cientificracia…

El Presidente Alberto Fernández (C) posando con trabajadores de una industria automotriz que ahora hace barbillas y gorras para luchar contra la propagación del nuevo coronavirus, COVID-19, en las afueras de Buenos Aires, Argentina, el 1º de mayo de 2020. Presidencia de Argentina. Esteban Collazo. Fotografía: AFP


Cómo entender la renovada grieta entre intelectuales por la cuarentena con final muy incierto.

© Escrito por Silvio Santamarina y publicado por la Revista Noticias de la Semana, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos.

“Somos un gobierno de científicos, no de CEOs”, prometió Alberto Fernández el primer día de marzo, en su discurso de apertura de sesiones en el Congreso de la Nación. Por esas ironías del destino, algunos meses más tarde, esa profecía se volvió una realidad cotidiana, urgente, que incluso redefine los términos de la vieja grieta nacional: ahora el país se divide entre los que bancan a ciegas la postura sanitaria oficial y los que denuncian una “infectadura”. Este dudoso milagro lo hizo el Coronavirus. Pero también es responsable el Presidente, que apostó al relato de la cientificracia antes de que la Argentina, y su propio Gobierno, se empezaran a preocupar por la pandemia.

Recordemos que, en aquella misma semana del discurso presidencial sobre el “gobierno de científicos”, su ministro de Salud, Ginés González García, repetía en conferencia de prensa en el aeropuerto de Ezeiza, que no lo preocupaba tanto el Covid-19 como el dengue, el sarampión y la influenza. Esa lista de prioridades del flamante ministerio de Salud, que se había restaurado en su jerarquía formal tras la degradación institucional a secretaría por el ajuste de Mauricio Macri, era apoyada por el periodismo científico más militante y por los opinadores nac&pop: apenas un mes antes de que se decretara la cuarentena, el Coronavirus era una preocupación de chetos, y hablar del dengue era tener pensamiento crítico progresista.

En aquella conferencia del ministro del gabinete de científicos, también se aclaraba a la población que “no hay que entrar en pánico, no queremos un pánico colectivo” por el Covid-19, que -según aseguraba Ginés- “en el 80% de los casos se trata de una enfermedad leve”. Esta relajada apelación anti-pánico del ministro de Salud de hace tres meses contrasta con las declaraciones posteriores de varios funcionarios kirchneristas, como la que acaba de lanzar el ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, al asegurar que si se levanta la cuarentena, pronto empezaremos a ver “cadáveres apilándose en cámaras frigoríficas”, como por ejemplo en Estados Unidos, Brasil, España e Italia. Precisamente en Italia estaba haciendo estragos el virus hace apenas tres meses, justo cuando Alberto Fernández presentaba su cientificracia, y su ministro de Salud calmaba en Ezeiza a la clase media panicada por la presunta “infodemia”.

Ginés decía entonces: “En China está perdiendo fuerza la enfermedad. Yo tengo la esperanza de que si el Coronavirus llega al país, lo haga tarde o, en todo caso, en un momento en que tengamos respuesta terapéutica para controlarlo”. Todavía estamos esperando esa respuesta, que la ciencia global no alcanza a producir en tiempo y forma.

Por ahora, nos hemos visto forzados a combatir la pandemia con métodos del medioevo, como el encierro purificador, mientras se investigan alternativas científicas un poco más actualizadas. Y existe el temor a que los remedios lleguen cuando ya sea demasiado tarde y no sean tan necesarios, porque la naturaleza ya hizo su trabajo habitual, cumpliendo su ciclo destructivo y regenerativo, tan cruel como necesario. Es lógica, entonces, la reacción anticientífica que se ha generado en una parte de la población mundial, incluida la Argentina.

Pero los científicos no tienen la culpa de este desengaño. La culpa es de los Trump y los Bolsonaro del planeta, con su populismo irracionalista. Aunque también hay responsabilidades del otro lado, de los que han sobredimensionado las posibilidades de la ciencia para volverla un relato invencible e indiscutible: una verdad única. Algunos lo hicieron de buena fe, pero otros simplemente usaron el paradigma científico como su nueva excusa para lograr obediencia debida sin dar muchas explicaciones, porque “lo dice la ciencia”. 

Devaluada la religión y las doctrinas totalizantes de la sociedad durante el siglo pasado, quedaba el saber científico como reserva: muchos líderes políticos y de la Nueva Economía global se abrazaron a esta utopía para imponer su legitimidad. Y otros se montaron en la fe opuesta, la anticiencia. Esta nueva grieta moviliza a millones de fieles en el mundo entero, también en nuestro país.

Así como hoy tenemos antikirchneristas rabiosos quejándose rústicamente de la dictadura de los infectólogos, en los últimos años se puso de moda criticar a los tecnócratas del Excel y los algoritmos, para defenestrar la gestión economicista y la militancia digital del macrismo. También el PRO impuso durante un rato su propia ideología inapelable de la eficacia técnica, con genios que nos sacarían de la mediocridad. Esa tecnocracia administrativa jugaba tanto a la antipolítica como hoy lo hace el albertismo con su presunto “gobierno de científicos”. 

Por eso el Presidente contrapuso su modelo al de los CEOs. En realidad, no estamos discutiendo de ciencia ni de tecnología: seguimos peleando por el fracaso permanente de la chantada de los políticos, que ya no saben de qué disfrazarse para hacernos creer que, esta vez sí, van a saber cómo arreglar un país sin remedio a la vista.