Argentina, atrapada en la
lógica de los dólares: exportar más para pagar deuda…
No soplen, por favor... Dibujo: Pablo Temes
La economía argentina vuelve a mostrar una de sus certezas
estructurales: sin dólares genuinos no hay estabilidad posible. El balance del
comercio exterior de 2025 dejó un superávit de US$ 11.286 millones, impulsado
por el agro, la energía y la minería, y confirmó que la acumulación de reservas
depende, cada vez más, de exportar más de lo que se importa. En un contexto de
fuertes vencimientos de deuda y con el FMI como observador permanente, el
desafío hacia 2026 será sostener saldos comerciales positivos que permitan
pagar compromisos externos sin volver a recurrir al endeudamiento. Vaca Muerta,
el campo y nuevos socios estratégicos aparecen como piezas centrales de ese
esquema.
© Escrito por Carlos Burgueño, Periodista. Lic. en Ciencia Política. Máster en Economía y Sociología,
el domingo 25/01/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires, República Argentina.
La economía puede ser compleja.
Pero, a veces, muestra algunas certezas. Una de ellas, casi irrefutable, es que
Argentina tiene una sola manera de conseguir dólares genuinos, frescos,
sostenibles, importantes. Exportar más de lo que se importa. Y de manera
importante. Solo así podrá conseguir divisas para dos de las misiones más
centrales que debe cumplir el país para los próximos años. Quizá décadas.
Gobierne quien gobierne. Solo con dólares genuinos provenientes de una balanza
comercial positiva, Argentina podrá acumular reservas y pagar los compromisos
externos. Otra vez, gobierne quien gobierne. Y, quizá por los próximos veinte
años. Quizá treinta. Dependerá, nuevamente, del saldo de la balanza comercial.
En esta máxima puede considerarse el saldo de 2025 como el punto de partida, ya
que fue en abril del año pasado cuando se firmó el acuerdo de Facilidades
Extendidas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo al que el país
le debe casi 60 mil millones de dólares y que le impuso como una de las metas
fijas e irrenunciables (junto con el superávit fiscal y la no emisión
monetaria) la recuperación de las reservas en el Banco Central de la República
Argentina (BCRA). Y, para esto, solo hay dos opciones. Una sana y una virósica
y contagiosa para mal. La primera es conseguir un saldo comercial en verde y
respetable. La segunda es tomar deuda. Aun sea para rolear lo que se debe
pagar. Y esto último, inevitablemente, fue la opción de 2025. Para 2026, y
hacia delante, habrá que pensar en que sea el saldo de la balanza exterior la
que le otorgue al país las divisas necesarias para cumplir con los compromisos
de deuda. Por ejemplo, los pagos de los bonares y globales que, cada año, le
implican al país un gasto directo e ineludible (salvo que se quiera caer en
default) de unos US$ 18 mil millones. Este 2026 ya se pagó el vencimiento de
US$ 4.300 millones; en su mayoría, con toma de deuda vía REPO y similares. Esto
es, con poca acumulación de reservas. Habrá que decir que luego de ese pago del
9 de enero, el BCRA comenzó una política firme y sostenible de acumulación de
reservas, que podría llevar a un fin de mes con un ahorro de más de US$ 1.000
millones. Disponibles para el pago de unos US$ 4.200 del 9 de julio próximo. Si
la entidad que maneja Santiago Bausilli sigue así, podrá cumplir con ese
compromiso con saldos de compra de divisas, provenientes de las liquidaciones
de exportaciones. Esto es, se pagará el vencimiento con dólares sanos. Y sin
tomar deudas. Todo lo que el FMI y el Tesoro de los Estados Unidos recomiendan.
Y, vale el recuerdo, lo que el gremio de los economistas “mandriles” reclamaban
a los gritos de marzo a octubre del año pasado. No es tiempo de reproches. Sino
de decir que evidentemente el camino de acumulación de reservas era el recomendado.
Más si se tiene en cuenta que la buena performance compradora de enero por
parte del BCRA tendrá una ráfaga de oxígeno desde la última semana de febrero y
hasta junio; cuando se hagan presentes en el ejercicio 2026 los liquidadores
sojeros. Los que, aún sin estridencias, pueden anticipar un respetable
ejercicio vendedor de commodities y liquidación de impuestos correspondientes.
Toda la economía está a la expectativa de esto. Incluyendo el FMI.
Como aperitivo a lo
que se vivirá en febrero, están los datos finales del comercio exterior.
Hoy más que nunca Suscribite
Como aperitivo a lo que se vivirá desde febrero, están los datos finales
del comercio exterior, correspondientes a los 12 meses acumulados de 2025.
Ejercicio que viene acompañado por la confirmación de una grata sorpresa
esperada por todos. Comenzó ya a tallar fuerte en el ejercicio pasado, la
balanza económica. Un eufemismo para decir que Vaca Muerta ya comenzó a dar
grandes satisfacciones. Junto con el campo, más el aporte de la minería y algún
otro rubro; son los responsables de haber mostrado en 2025 un muy buen
resultado positivo de la balanza cambiaria del año pasado. En total el
resultado positivo llegó a los US$ 11.286 millones, resultado de exportaciones
por US$ 87.077 millones e importaciones por US$ 75.791 millones. Habrá que
decir que la cifra es 40% menor al 2024 (cuando había sido US$ 18.928
millones), pero con un nivel de importaciones mucho más bajo que el de 2025.
Pero para conocer más la realidad es importante concentrarse en lo que
sucedió en diciembre. Con un saldo positivo de US$ 893 millones, la balanza
energética explicó el 47% del saldo de balanza comercial de diciembre, mientras
que este rubro (Vaca Muerta), tuvo un aporte extra de US$ 2.085 millones en
relación al 2024 y un saldo positivo de US$ 7.815 millones, explicando el 70%
del saldo de balanza comercial del año. Ese saldo del 2025 mejoró en unos
US$2.085 millones a lo que se había mostrado en diciembre de 2024, con un
aporte de dólares proveniente de mayores exportaciones por US$ 1.369 millones y
menores importaciones por US$ 716 millones. Esto implica que el país está
exportando más energía e importando menos, con lo que la balanza final
terminará siendo cada vez más superavitaria a medida que pasen los años.
Siempre y cuando, obviamente, Vaca Muerta siga en el mismo ritmo de crecimiento
exponencial, algo que, al menos por ahora (y por el largo plazo) nadie espera
que suceda.
Al descomponer la variación de la balanza de dólares de la energía de
diciembre, se tiene que el efecto precio generó una caída de US$ 119 millones.
En lo que va del año, el saldo es una caída de US$ 628 millones.
En 2025 se registraron varias curiosidades en cuanto a las relaciones
comerciales con los principales socios del país. Los dos primeros mercados para
las exportaciones locales y de proveniencia de importaciones, resultados
negativos para la Argentina. Tanto con China como con Brasil el saldo resultó a
favor de estos países y en contra de las exportaciones locales. En el caso del
país sudamericano, históricamente el principal socio argentino, el resultado
fue rojo en unos US$ 5.653 millones. Las importaciones provenientes de ese
mercado mostraron un incremento de 28,5%, mientras que las importaciones de
productos argentinos desde Brasil cayeron un 6,3%. La industria automotriz fue
la principal causa de este desbalance, además de una pérdida generalizada de
ventas de productos locales. Habrá que decir que probablemente este
desequilibrio se termine en dos años y pase a ser superavitario, cuando
comience a generarse un envío fluido y constante de gas desde Vaca Muerta hacia
el sur de Brasil, a partir del proceso de reconversión de los gasoductos que,
hace ya mucho tiempo, proveían del combustible desde Bolivia al país. Para
fines de 2026 terminarían las obras que le permitirían a la Argentina
aprovechar la infraestructura existente y utilizada hasta hace algunos años
para importar gas desde Bolivia, país al que, simplemente, se le acabó el
combustible. Y ya no puede venderlo a Brasil. Lo que se hará entonces es
aprovechar la red de tuberías para enviar gas desde Vaca Muerta hacia Brasil.
Esto provocará en unos años que el saldo de la balanza comercial termine siendo
favorable a la Argentina. Todo esto ocurre mientras Javier Milei y Luiz Inacio
“Lula” da Silva tienen la peor relación histórica de presidentes de ambos
países desde el retorno a la democracia.
El caso chino es diferente. En 2025 se registró un saldo negativo para
el país de unos US$ 8.155 millones. Y, lo más probable es que este resultado se
mantenga este año y, quizá, se profundice. No hay manera de contrarrestar esta
realidad, mientras se sostengan las políticas de apertura comercial, y mientras
el imperio de Shine y Temu continúe. Esto, además de la vigencia del préstamo
Swap por unos US$ 6 mil millones activos, que obliga al país a sostener un
intercambio comercial activo. Es esto o pagar esa deuda. Algo utópico para la
Argentina de estos tiempos.
Los datos de comercio exterior del país de 2025 traen la consolidación
de una sorpresa. Curiosamente, una de las pocas políticas de Estado que se
mantienen según pasan los años y los últimos gobiernos. La India se convirtió,
desde cero, en el principal socio del país en cuanto a la comparación de
importaciones y exportaciones. El saldo comercial bilateral resultó positivo
para el mercado local en unos US$ 5.472 millones positivos, provenientes en su
mayoría de las exportaciones argentinas de aceite de soja que llegaron a los
US$ 4.545 millones; con importaciones casi inexistentes. La India representa el
mejor socio que encontró el país en años, con un mercado que podría incluso
sumar, con el tiempo, el envío de combustible vía Vaca Muerta. Debería ser el
ejemplo para seguir.
Como última conclusión, queda claro en el panorama de comercio exterior
argentino del año pasado; que el país se consolida como exportador de
agroalimentos procesados y no tanto; que las ventas de energía aumentan y son
ya una realidad; que la minería ya aporta de manera considerable y que algunos
sectores dan pelea, como la pesca y las ventas de vehículos, fundamentalmente
camionetas. El resto de los sectores industriales, simplemente, la ven pasar.