La vida es un tablero de ajedrez donde los cuadros blancos son los días y los cuadros negros son las noches. Nosotros, somos las piezas que vamos de aquí para allá para caer al final en el cuadro de la nada... De Alguna Manera... Una Alternativa…
Al Gobierno se le está haciendo cada vez más difícil
defender a Manuel Adorni, cuya situación se complica día tras día. Lo que
resulta increíble es que el Presidente no se dé cuenta de que el Adornigate lo
está afectando principalmente a él, ya que, al defenderlo, termina deteriorando
su figura. “Adorni no mintió”, expresó Milei en un posteo de estos días. Esta
es una afirmación falsa. Adorni no sólo reconoció que mintió. También confesó
que evadió el pago de impuestos, es decir, que admitió haber cometido un
delito.
Nada de esto parece alterar la férrea postura del jefe de
Estado que redobló la apuesta primero invitándolo a Adorni a una reunión en la
Residencia de Olivos el viernes, y luego a participar en el acto que, por el
Día de la Bandera, ayer se llevó a cabo en Rosario. El elenco estable de
funcionarios que tuvieron que posar junto al exvocero se mantuvo a pesar del
disgusto de varios de ellos. Sólo la Vicepresidenta Victoria Villarruel se
diferenció con una declaración tajante: “Es un acto patrio, no es un acto para
apoyar a Adorni y no hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que
Adorni. Me parece que no era el lugar para hacer ningún apoyo”, aseguró.
La situación interna es explosiva ya que involucra
prácticamente a todo el Gabinete. En el Congreso, defenderlo es cada vez más
difícil para el oficialismo. Ya no es sólo la vicepresidenta. Hay más
legisladores que tienen una postura crítica hacia el jefe de Gabinete. Una de
los que alerta sobre esto es Patricia Bullrich, cuyo desagrado con Adorni es
total. La jefa del Bloque de la Libertad Avanza viene advirtiendo sobre las
posibilidades cada vez más ciertas de que se lleve adelante un proceso de censura
contra el jefe de Gabinete. Este recurso está contemplado en el artículo 101 de
la Constitución aprobada y sancionada en 1994. Se lee allí: “El jefe de
gabinete de ministros debe concurrir al Congreso al menos una vez por mes,
alternativamente a cada una de sus Cámaras, para informar de la marcha del
gobierno, sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 71. Puede ser
interpelado a los efectos del tratamiento de una moción de censura, por el voto
de la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cualquiera de las
Cámaras, y ser removido por el voto de la mayoría absoluta de los miembros de
cada una de las Cámaras”. De prosperar una moción de censura contra el jefe de
Gabinete, sería la primera vez en la historia argentina que acontecería un
hecho de tamaña envergadura institucional. Un detalle relevante: el término
mayoría absoluta es importante porque representa la mitad más uno de los
miembros de un cuerpo legislativo. En el Senado el número mínimo para
alcanzarla es 37. Y, hoy en día, la oposición podría alcanzar ese número de
votos. Esto es lo que advirtió la senadora Bullrich a los hermanos Milei.
A propósito de los hermanos Milei, si algo faltaba para
recalentar el ambiente de mala onda y desprecio del Presidente, estuvo la
declaración de la madre de la vicepresidenta, Dian de Stefani, quien señaló: me
dijo que (al país) lo gobierna la hermana (sic).
El viernes, el jefe de Gabinete de Ministros dejó de ser el
vocero presidencial. En su reemplazo fue designado Adrián Ravier. El
nombramiento causó sorpresa en algunos y estupor en otros aliados. En la
oposición kirchnerista, en cambio, produjo delectación. Fue cuestión de minutos
la que le tomó al universo K reflotar las disputas que supieron tener Milei y
Ravier en los tiempos en los cuales, el hoy Presidente, fatigaba los estudios
de televisión en calidad de panelista. “Diego, el caso del excelentísimo Dr.
Ravier es la combinación del uso de la falacia del hombre de paja, poco rigor
académico por sus falencias matemáticas que llevan a que sea inconsistente en
sus afirmaciones y contaminación emocional en las críticas. Da mucha pena…”, le
decía a su exsocio Diego Giacomini en este mensaje del 1 de mayo de 2018.
“Ravier carece de velocidad mental para ser parte de un debate de TV. Es lento
y poco formado. Mirás sus videos y tarda mucho tiempo para dar argumentos
básicos. Eso denota además poco conocimiento. De hecho, es flojo en
microeconomía y matemáticas y se nota mucho”, agregó.
“Dice Milei que fui oficinista de Macri. Jamás pisé sus
oficinas. Lo defendí desde afuera cuando entendí que su propuesta era superior
que la alternativa. Milei sí se sentó con Sturzenegger, responsable técnico del
fracaso. También se sentó con la gente de Alberto. Ignorado siempre”, dijo
Ravier en un texto del 7 de marzo de 2020. Luego se amigaron y escribieron un
libro juntos: “La batalla por la macroeconomía: El debate entre Keynes,
Friedman, Lucas y Hayek”.
Los que conocen las entrañas de este gobierno expresan que
el objetivo del flamante vocero es ayudar a cerrar la feroz pelea entre Karina
Milei y Santiago Caputo. ¿Podrá? ¿O terminará siendo una misión imposible? El
presidente delegó una tarea que él mismo no pudo o no quiso resolver.
Los vaivenes de las relaciones amor-odio no son propiedad
exclusiva de Javier Milei. Muy por el contrario, abundan en todo el arco
político. La más notable de estas semanas ha sido la de Miguel Ángel Pichetto
visitando a CFK y, entre las más resonantes de los últimos años, imposible
dejar de mencionar la sucedida entre Alberto Fernández y Cristina Fernández de
Kirchner quienes, luego de decirse de todo, terminaron “reconciliándose” y
conformando la desastrosa fórmula que ganó las elecciones presidenciales en
2019. Sí, Milei- Patricia Bullrich es otro ejemplo reciente de la magia de la
política. La política mal entendida, claro está.
Si el Adornigate duró demasiado tiempo a un costo demasiado
alto, ¿qué decir de la interna madre que arrastra el gobierno prácticamente
desde sus inicios?
La economía doméstica no capitaliza el derrame
–insuficiente– que debería desparramar la macro como para que funcionarios de
peso sigan dándose el gusto de perder tiempo y energía en internas banales.
Una gran parte de la sociedad que está haciendo un esfuerzo
titánico para sostenerse, ha demostrado una madurez muy superior a la de sus
dirigentes. La paciencia no es infinita.
El
peronismo escribió su carta de suicidio en Parque Lezama…
El peronismo escribió su carta de suicidio en
Parque Lezama.
El acto dejó al descubierto la profundidad de
la interna peronista y la estrategia del kirchnerismo para reordenar el
espacio. A casi un año de la detención de Cristina Kirchner, la disputa por el
liderazgo opositor volvió a ocupar el centro de la escena.
La novela "Sobre héroes y tumbas" escrita por Ernesto Sábato y
publicada en 1961 está compuesta por tres historias que se alternan dentro del
mismo libro. Un paranoico que escribe una extraña teoría en la que los ciegos
realizan una conspiración para conquistar el mundo, su hija que tiene un
tortuoso romance con un joven que va camino al desastre y una crónica histórica
sobre el traslado de los restos del general Juan Lavalle que
inscribe la historia de perpetuo enfrentamiento de nuestro país. Todas las
líneas narrativas se unen en un crimen que sintetiza una visión trágica que la
obra transmite sobre el país y las relaciones humanas. Gran parte de la novela
sucede en Parque Lezama, frente a los “pensativos leones” según los describe
Sábato. Esta novela, la del kirchnerismo dirigiéndose a toda velocidad
a su autodestrucción y, de paso, arrastrando al resto del peronismo,
tiene el mismo tema que la obra cumbre de Sábato y por las piruetas de la
relación entre ficción y realidad, tuvo en el mismo Parque Lezama su arena
donde los personajes cavan su propia tumba.
Al cumplirse un año de ladetención de Cristina Kirchner,
La Cámpora impulsó un acto del peronismo del que participaron gobernadores,
intendentes y dirigentes nacionales de diferentes vertientes justicialistas,
como Guillermo Moreno y Juan Grabois. El acto, en el que el único
orador fue Máximo Kirchner, terminó expresando que Cristina Kirchner no
solo debería estar libre, sino que debería ser la candidata del PJ. Desde el
entorno de Máximo Kirchner plantean que no descartan que el candidato
presidencial del peronismo sea el propio hijo de Cristina, que una vez asumido
se dedicaría a indultar a su madre para que luego se presente ella y gane las
elecciones. Justamente, Máximo Kirchner, el líder de La Cámpora, se propone
como una reedición de lo hecho por el Cámpora original, reeditando las palabras
de aquella elección. El eslogan sería: "Máximo al Gobierno (y al
indulto), Cristina al poder".
Pero estos no son los tiempos de la vuelta de Perón y la
presidencia de Cámpora. En aquellos años el peronismo era imbatible: nunca
había perdido una elección. Ahora acarrea varias derrotas, y prácticamente la
mitad del país opina que Cristina está detenida correctamente porque el período
kirchnerista estuvo signado por la corrupción. Una lista que haga foco en la
libertad de Cristina y en la figura de Máximo Kirchner como la de un delegado
aspira a retener solo el núcleo duro del kirchnerismo: no dialoga con otros
sectores de la sociedad que tienen una agenda de centro o centroderecha y que hoy
no están conformes con Milei.
En resumidas cuentas, una candidatura camporista con el eje
en "Cristina Libre" es dividir al peronismo, ya que ni el
kicillofismo ni el peronismo federal reunido en Parque Norte piensan así y, por
consiguiente, es regalarle la reelección a Milei, quien gracias a la
estabilidad de la inflación y a la baja del riesgo país puede endeudarse para
meter su propio plan platita de cara al 2027. Y si Milei ya tiene una
aprobación del 40% y el peronismo sigue dividido, se acerca a ganar,
incluso en primera vuelta.
Esto aniquilaría al peronismo frente a todos sus
seguidores, que entenderían que el PJ ya no sirve para tratar de defender sus
intereses o aspiraciones sociales.
Ya vimos cómo la UCR, un partido centenario que se
fragmentó por solo defender sus posiciones ocupadas en el Estado, perdió todo
el rumbo y la identidad. Esto mismo puede pasarle al peronismo, un partido que
se habla solo a sí mismo y lo único que discute es quién es la conducción, los
lugares en listas o la libertad de una líder que paga por el carácter
inexplicable del creciente patrimonio matrimonial y el de allegados como Lázaro
Báez, a todas luces un testaferro de Néstor Kirchner. Esto no significa que el
proceso judicial que culminó con Cristina presa haya estado exento de
controversias. Sin embargo, desde el sentido común de los argentinos, es
difícil sostener que no hubo un aceitado sistema de corrupción en el
kirchnerismo y que la sociedad acepte que eso debe mirarse a un lado para que
el peronismo le gane a Milei no parece ser el pensamiento de la mayoría de la
sociedad necesaria para ganar la elección.
Del otro lado, Milei le plantea al sector no kirchnerista
de los argentinos que deben tolerar sus avances antidemocráticos y evidentes
casos de corrupción para que no gane el kirchnerismo. Una patria extorsionada y
avanzando a una tragedia, digna cuna de "Sobre héroes y tumbas", una
novela que describe con maestría.
La falta de debates sobre cómo resolver los problemas
económicos o siquiera construir la mayoría electoral para ganarle a Milei se
vio en el acto de Parque Lezama, fundamentalmente cuando Máximo
cruzó duramente al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, vamos a escucharlo.
Si durante el kirchnerismo, Cristina había publicado
“Sinceramente”, que reivindicaba sus mandatos y se autocritica por no haber
apoyado al feminismo en sus orígenes, vinculándose al movimiento masivo por el
derecho al aborto que ella bloqueó durante sus ocho años de mandato y La
Cámpora estaba enfocada en construir la alquimia electoral para ganarle a
Macri, ahora se retrocedió a una noción aún más elemental: Cristina libre. Esa
es la consigna que para ellos sintetiza la salida del país. Si Cristina está libre, podrá
conducir al peronismo hacia una victoria y al país hacia su
recuperación. La realidad es que Cristina estaba libre hasta hace muy poco y
postuló a Alberto Fernández, luego le hizo una interna permanente y la
conclusión fue un gobierno que frustró a la mayoría y finalmente ganó Milei.
“Cristina libre” es una consigna que solo contiene al
núcleo duro del kirchnerismo y a nadie más, y las elecciones se tratan de
contener a la mayoría.
De la otra vereda de la interna en el kicillofismo,
la legisladora porteña Berenice Iañez en una charla llamada
“Cátedra Libre Hebe Bonafini” dijo que el peronismo no puede conducirse desde
el “balcón shakesperiano” de San José 1111 y los militantes peronistas no
pueden ser Romeos y Julietas intentando un imposible. De vuelta, la alusión a
la literatura trágica.
Escuchemos el tramo final del discurso de la legisladora
kicillofista.
Kicillof tiene desafíos muy grandes por delante. Si rompe
con el kirchnerismo, puede ser visto como quien destruyó las posibilidades
del PJ para ganarle a Milei y si sigue unido a la Cámpora deberá
pelear hasta último momento por ser el candidato del peronismo y se le
complicará para atraer a otros sectores que representen a los argentinos que no
son ni mileistas ni kirchneristas, sin los cuales no se le gana a Milei. Desde
el entorno del gobernador se piensa en Llaryora o algún
gobernador del peronismo no kirchnerista como candidato a vicepresidente en la
fórmula.
Por otro lado, el kirchnerismo no plantea ir a unas
PASO. Quiere que el resto se subordine, algo que no tiene forma de
imponer, aunque siempre puede romper el peronismo y así generar su derrota.
La gran pregunta es: ¿el kirchnerismo realmente entiende lo
que está sucediendo y tiene un as bajo la manga o están tan aislados de la
realidad y en su propia narrativa que no perciben el daño político que le
infligen al peronismo? Difícil saberlo, pero es probable que la prisión de
Cristina esté generando un proceso de aislamiento en ese espacio político que
los haga sacar conclusiones alejadas de la realidad. Algo peligroso para el
conjunto de la oposición dado el peso que aún tienen.
En 1897, Émile Durkheim publicó "El suicidio",
uno de los textos fundacionales de la sociología moderna. Su gesto fue
revolucionario: tomó un acto que parecía el más íntimo y personal de todos
—quitarse la propia vida— y demostró que obedecía a causas sociales
mensurables. Detrás de cada suicidio individual, Durkheim encontró estructuras
colectivas: el grado de integración de una persona en su comunidad, el nivel de
regulación que esa comunidad ejercía sobre ella. Así construyó su célebre tipología:
el suicidio egoísta, el altruista, el anómico y el fatalista, cada uno
revelando una forma distinta en que la tensión entre individuo y sociedad puede
volverse insoportable.
Lo que sigue es un ejercicio de transposición conceptual.
Utilizamos las categorías de Durkheim en sentido estrictamente metafórico y con
fines analíticos: no para hablar de muerte literal, sino de destrucción
simbólica de carreras, liderazgos, partidos y proyectos políticos. Durkheim
nunca aplicó su tipología de esta manera, y sería un error metodológico
confundir ambos planos. Pero si se acepta la metáfora del
"suicidio político" —la autodestrucción voluntaria o
semivoluntaria de un proyecto colectivo—, su esquema resulta notablemente
sugerente.
El suicidio político egoísta: sería el caso de líderes que
terminan aislándose de su propia base social, pierden contacto con sus aliados
y toman decisiones que destruyen el proyecto. La analogía con Durkheim es
directa: una pérdida de integración, el dirigente deja de estar conectado con
la comunidad política que le daba sustento. Richard Nixon durante el escándalo
Watergate es el ejemplo más citado; también ciertos líderes
revolucionarios que, una vez en el poder, se distanciaron de las organizaciones
que los habían sostenido.
El suicidio político anómico: probablemente el más
frecuente. Se produce cuando un partido o liderazgo pierde las reglas que le
daban identidad: las contradicciones internas se vuelven tan grandes que el
proyecto termina desintegrándose. La analogía con Durkheim es muy directa: las
normas que organizaban la acción colectiva dejan de ser creíbles. La crisis
final de la Unión Soviética bajo Gorbachov suele interpretarse en esta clave
—las viejas reglas habían dejado de funcionar y las nuevas aún no existían—, al
igual que numerosos partidos tradicionales europeos que perdieron identidad
ideológica tras cambios sociales acelerados.
El suicidio político fatalista, el caso opuesto:
organizaciones tan rígidas que terminan destruyéndose por incapacidad de
adaptación. Regímenes autoritarios incapaces de reformarse, partidos
excesivamente disciplinados que expulsan toda renovación y terminan
marginalizados. La sobreabundancia de reglas asfixia la vitalidad del proyecto.
El suicidio político por líder carismático: aquí aparece
algo que Durkheim no desarrolló y que se acerca más a Max Weber. Algunos
líderes construyen un movimiento tan dependiente de su propia figura que
impiden la aparición de sucesores. Mientras viven parecen fortalecer el
proyecto, pero a largo plazo lo debilitan. Perón en algunos análisis sobre la
sucesión del peronismo, Chávez respecto de la dependencia del liderazgo
personal, De Gaulle respecto del gaullismo clásico. Paradójicamente, el líder
no destruye el movimiento por falta de autoridad, sino por exceso de
centralidad.
De alguna manera, todas estas categorías están presentes en
el paciente kirchnerista. Está aislado de la realidad, pierde el sentido que le
da identidad, que es pelear por los que menos tienen. Es una organización
demasiado rígida y verticalista y tiene una líder carismática que está presa y
no puede ser candidata. Todos estos elementos hacen síntesis y los proyectan a
una política suicida para sí mismos y al tener peso dentro del peronismo, para
el conjunto del PJ. A su vez, como el justicialismo es la porción más
importante de la oposición, la posibilidad de que haya un gobierno que no sea
de extrema derecha se aleja cada vez que ellos avanzan trágicamente a su final.
El acto en Parque Lezama son esos hechos de la historia que pasan bajo el
radar, que tienen poco impacto en la opinión pública pero son decisivos.
Haciendo otra transposición conceptual, reiteramos, solo a
fines de explicar nuestro punto, en el psicoanálisis parte de la conducta del
suicida antes de su acto se denomina acting out. Para Lacan, el acting out es
un mensaje dirigido al Otro: el sujeto actúa, pero hay un destinatario
implícito, una demanda cifrada que pide ser leída. "El acting out es una
transferencia salvaje", sostuvo en el Seminario X sobre la Angustia. ¿Lo
del kirchnerismo es una suerte de acting out en el que le señalan al resto de
la oposición que son capaces de permitir el triunfo de Milei si no se los
contiene en un proyecto que les dé lugar? Es decir, ¿finalmente el kirchnerismo
amenaza con la creciente destrucción del país que implicaría un nuevo gobierno
de Milei para evitar ser desplazados totalmente de la política nacional? En ese
caso, Kicillof debe probarse como un verdadero líder y
contener al kirchnerismo para que no arrastre al conjunto del país a un nuevo
período mileísta, pero debe hacerlo de tal manera, que Cristina no lo vuelva un
nuevo Alberto, porque en ese caso ni siquiera podría ganar las elecciones.
Siempre puede haber nuevas opciones y el pueblo argentino,
incluso parte del que apoya al kirchnerismo puede advertir que se avanza
inexorablemente a un desastre y apoyar a otros candidatos. Esperemos que así
sea. Hoy la consigna que se repite en La Cámpora de “Nada sin Cristina”
significa en lo concreto un “Todo con Milei”.
Sabemos bien que muchas personas pueden estar atravesando
problemas que generen la idea de terminar con su vida, en ningún momento de
esta columna la intención fue faltarle el respeto al dolor de nadie. La
realidad es que la dirección que toma el kirchnerismo y el destino que puede
llevar al conjunto de la oposición y en alguna medida al país hace que no
hayamos encontrado otra palabra mejor que explique el carácter trágico del
momento político.
Producción de texto e imágenes: Matías
Rodríguez Ghrimoldi
Durante años, los autos chinos
cargaron con una reputación difícil de revertir. Eran vistos como vehículos
económicos, con calidad cuestionable, poca seguridad y una gran incógnita
respecto a su durabilidad. Sin embargo, esa percepción comenzó a cambiar de
manera acelerada y hoy las marcas provenientes del gigante asiático están
protagonizando una de las mayores transformaciones que haya vivido la industria
automotriz global.
Lo que hasta hace poco parecía
impensado, actualmente es una realidad: miles de consumidores argentinos
consideran a los vehículos chinos como una alternativa seria frente a
fabricantes tradicionales de Europa, Japón, Corea del Sur e incluso Estados
Unidos. Pero, ¿qué ocurrió para que el mercado cambiara de opinión en tan
poco tiempo?
El gran cambio que pocos vieron venir.
La historia de los autos chinos suele analizarse desde el
presente, pero para comprender el fenómeno hay que remontarse varias décadas
atrás.
A comienzos de los años 2000, China era considerada principalmente una enorme
plataforma de producción mundial. Fabricaba para terceros, producía a gran
escala y competía casi exclusivamente por precio. En la industria automotriz,
esa estrategia permitió el surgimiento de numerosas marcas que comenzaron a
exportar vehículos a mercados emergentes de América Latina, África y Asia.
Sin embargo, aquellos primeros productos estaban lejos de los
estándares que ofrecían fabricantes consolidados. Los
materiales utilizados en el interior eran básicos, los niveles de seguridad
resultaban limitados, la ingeniería todavía mostraba una importante curva de
aprendizaje y la percepción de calidad estaba varios escalones por debajo de
las marcas tradicionales.
Esa primera generación de
vehículos fue la que construyó la imagen
negativa que durante años acompañó a los autos chinos.
CHERY TIGGO.
La
estrategia que cambió el rumbo de la industria.
Mientras gran parte del mundo seguía viendo a China como una
fábrica de bajo costo, el país asiático puso en marcha uno de los planes
industriales más ambiciosos de la historia moderna.
Lejos de conformarse con producir vehículos económicos, los grupos automotores
chinos comenzaron a invertir miles de millones de dólares en investigación,
desarrollo, tecnología y adquisición de conocimiento.
La estrategia fue simple pero extremadamente efectiva: incorporar experiencia
internacional en lugar de esperar décadas para desarrollarla internamente.
De esta manera, fabricantes chinos comenzaron a comprar marcas históricas, centros
de ingeniería, estudios de diseño y empresas vinculadas a la tecnología
automotriz. Al mismo tiempo, contrataron especialistas provenientes de
compañías premium europeas, incorporando talento con experiencia en el
desarrollo de vehículos de alta gama.
El resultado fue una transformación que en pocos años modificó por completo el
nivel de los productos fabricados en China.
HAVAL.
Tecnología, diseño y calidad: las nuevas fortalezas.
Uno de los factores que más sorprendió a los consumidores fue el salto
en calidad percibida. Los vehículos chinos actuales ya
no compiten únicamente por precio.
Hoy destacan por ofrecer diseños modernos, materiales de mejor terminación,
sistemas multimedia avanzados, pantallas de gran tamaño, tableros digitales,
asistentes de conducción y elevados niveles de equipamiento que en muchos casos
superan a los de competidores tradicionales.
Para el comprador, la ecuación comenzó a cambiar. Mientras
algunos modelos de marcas históricas ofrecían equipamientos cada vez más
ajustados para contener costos, los fabricantes chinos apostaban por brindar
una experiencia más completa, incorporando tecnología que hasta hace pocos años
estaba reservada para segmentos superiores.
La sensación de obtener más producto por el mismo dinero se convirtió en uno de
los principales motores de crecimiento.
BYD.
La revolución eléctrica aceleró todo.
Si existe un momento que marcó un antes y un después para la
industria automotriz china, ese fue el surgimiento de la movilidad eléctrica.
Mientras gran parte de los fabricantes occidentales todavía debatían cómo
afrontar la transición energética, China decidió
posicionarse como líder global del sector.
Las inversiones fueron gigantescas y abarcaron toda la cadena de valor:
producción de baterías, motores eléctricos, software, electrónica de potencia y
materias primas estratégicas.
Gracias a esa visión de largo plazo, muchas de las marcas chinas que hoy
desembarcan en distintos mercados llegan con una ventaja tecnológica
considerable en materia de electrificación.
La consecuencia fue inmediata: millones de consumidores comenzaron a asociar a
China no con vehículos económicos, sino con innovación, tecnología y futuro.
FOTON.
Más allá de la tecnología o el diseño, hubo un elemento decisivo
para cambiar la percepción del mercado: la experiencia real
de los usuarios. A medida que creció el parque automotor
de origen chino, también aumentaron los testimonios positivos de propietarios
satisfechos.
Los usuarios comprobaron que los vehículos ofrecían buenos niveles de
confiabilidad, consumos competitivos, confort de marcha, equipamiento abundante
y una experiencia general que muchas veces superaba las expectativas iniciales.
El boca a boca comenzó a jugar un papel fundamental. Las recomendaciones de
familiares, amigos y propietarios reales generaron una confianza que ninguna
campaña publicitaria podía lograr por sí sola.
BAIC.
El
consumidor argentino también evolucionó.
Otro aspecto clave para entender el fenómeno es el cambio
de mentalidad del comprador argentino. Durante décadas,
gran parte de las decisiones de compra estaban vinculadas al prestigio de la
marca. Sin embargo, el mercado actual es mucho más racional.
Hoy los consumidores comparan equipamiento, seguridad, garantía, tecnología,
eficiencia y relación precio-producto antes de tomar una decisión. En ese
escenario, muchas marcas chinas lograron destacarse gracias a propuestas
sumamente competitivas.
La llegada de nuevos SUV, pick-ups y vehículos electrificados permitió que una
parte importante del público comenzara a evaluar alternativas que anteriormente
ni siquiera consideraba.
GWM.
Por qué las marcas tradicionales ya no las subestiman.
La mejor prueba del crecimiento de la industria china no se
encuentra únicamente en las ventas. También se observa en la reacción
de los fabricantes históricos.
Las principales automotrices del mundo ya no consideran a las marcas chinas
como actores secundarios. Hoy las estudian, analizan sus tecnologías, observan
sus estrategias de producto y reconocen su capacidad de innovación.
La velocidad con la
que evolucionaron los fabricantes chinos modificó el equilibrio competitivo de
la industria global y obligó a muchas compañías tradicionales a acelerar sus
propios procesos de transformación.
El
futuro ya llegó.
Lo que está ocurriendo en Argentina forma parte de una tendencia
global mucho más amplia. Los autos chinos dejaron atrás la etapa en la que
competían exclusivamente por precio y pasaron a disputar el liderazgo
en áreas clave como tecnología, electrificación,
conectividad, equipamiento y experiencia de usuario.
Por eso, la creciente confianza de los
consumidores no responde a una moda pasajera. Es la consecuencia
directa de años de inversión, desarrollo industrial y mejora continua.
La pregunta ya no es si los autos chinos lograrán consolidarse
en el mercado argentino. La verdadera incógnita es qué
participación alcanzarán en los próximos años y cómo
responderán las marcas tradicionales frente a un
competidor que dejó de ser una promesa para convertirse en una realidad.
Cuando, durante la campaña electoral de 2023 y en su discurso de
asunción del 10 de diciembre de ese año, Javier Milei reafirmó con insistencia
el fin de la corrupción y de la casta, generó una expectativa real en la mayoría
de la ciudadanía harta de las conductas de funcionarios que llegan al poder con
el único propósito de acceder a privilegios y enriquecerse. El Adornigate ha
terminado de un modo brutal con toda esa esperanza, la que ha quedado reducida
–una vez más– a una vana ilusión.
Es menester decirlo con todas las letras: Manuel Adorni mintió y evadió
el pago de sus impuestos. Evadir el pago de los impuestos es un delito. Por lo
tanto, Manuel Adorni es un mentiroso y un delincuente. Recuérdese que el
empresario kirchnerista Cristóbal López fue preso por evadir. Y, más atrás en
la historia, sobresale el caso del famoso y temible capo mafia Alphonse Capone
–Al Capone– fue preso por evadir impuestos. Surge de la narración de los hechos
de Adorni, que su condición de evasor fue mantenida en el tiempo hasta llegar
al turno del gobierno del cual forma parte. Es decir que dejó pasar el blanqueo
decretado durante la presidencia de Mauricio Macri. Al blanqueo dispuesto por
el actual gobierno, el jefe de Gabinete no podía entrar porque se lo impedía su
condición de funcionario público, para quienes esa posibilidad estaba vedada.
Por eso, lo hizo recién el miércoles último –en el régimen de la Ley
2779 - Ley de Inocencia Fiscal– al cual se han acogido varios funcionarios.
Esto ha dado pie a una candente polémica que el Adornigate no ha hecho otra
cosa que recalentar. Entre los funcionarios beneficiados por esta ley están: el
Ministro de Desregulación y Transformación de Estado Federico Sturzenegger, el
documentalista oficialista Santiago Oría, empeñado en una cruzada fatua y sin
destino contra los periodistas; el jefe de la ARCA, Andrés Vázquez; el ex
titular del ARCA, Juan Pazos; el senador oficialista José Benegas Lynch; el
economista y senador libertario, que votó la ley, Agustín Monteverde y el
embajador ante la Unión Europea y Bélgica, Fernando Iglesias, el economista y
conductor de la TV Pública Antonio Aracre; el asesor presidencial Manuel Vidal;
el asesor del Ministerio de Economía y director del BICE, Felipe Núñez; y la titular
de la Unidad Gabinete de Asesores de Adorni, Aimé “Meme” Vázquez.
En un recordado mensaje en la Red Social X, el jefe de Gabinete expresó:
“La ley de inocencia fiscal probablemente sea una de las leyes que quede en la
historia grande de nuestro país: aún no se toma la real dimensión de todo lo
que implica. Dios bendiga a la República Argentina. Fin”. Se ve que estaba
necesitando esa bendición. “Todo lo que tiene que estar declarado está
correctamente declarado, está todo impecable, lo demás son coyunturas en las
que yo no voy a entrar, ni ahora ni nunca, porque tampoco lo he hecho antes.
Gracias”, había dicho en la conferencia de prensa del 25 de marzo. Ahora está
claro que era todo mentira.
Respecto del ministro de Desregulación, en su entorno aclaran que nada
de ilegal hay en lo que hizo, sino que decidió realizar la presentación de su
declaración de Ganancias a través de esta metodología permitida por esta
controvertida ley.
La incomodidad –por utilizar una palabra elegante– de los miembros del
gabinete es indisimulable. Su silencio cómplice, también. Nadie olvida que fueron
obligados por Karina a sentarse en primera fila durante la así llamada
conferencia de prensa de marzo. A ese elenco que integraron, entre otros, el
ministro de Economía, Luis Caputo, la ministra de Seguridad, Alejandra
Monteoliva, el ya citado Sturzenegger, el ministro de Relaciones Exteriores,
Pablo Quirno, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, el
secretario de Comunicación, Javier Lanari, y el asesor presidencial, Santiago
Caputo, Adorni también le mintió.
El silencio del PRO –principal aliado del Gobierno– se rompió finalmente
en la tarde del viernes. El pedido a Milei para que “defienda el cambio y no a
Adorni”, representa también el pensamiento de muchos dentro del oficialismo.
Patricia Bullrich –una de las más incómodas– lo dijo con todas las letras:
“Esto es más que un error, es una omisión ética”. Le faltó agregar algo: es,
además, un delito. Parte del peronismo cordobés ya avisó que no será tan
colaborativo si siguen sosteniendo al exvocero presidencial. El daño generado
hasta aquí puede seguir en aumento.
La incertidumbre crece en ese valle de pasiones abundante en
desconfianza y enconos personales que se vive en el Gobierno. Hay, asimismo, un
interrogante: quién podría suceder a Adorni. Y allí, se entra en el mundo de
las tinieblas en el que el enfrentamiento entre Karina Milei y Santiago Caputo
se hace más encarnizado.
En la Justicia las declaraciones y la presentación del jefe de Gabinete
no satisficieron. Prima facie, ninguno de los vinculados a la investigación de
la causa, le creyeron. “No le cierra el blanco”, explican muchos tras los
primeros análisis de lo presentado por el jefe de Gabinete. “Parece una
declaración armada de adelante hacia atrás. El primer punto es el origen de los
fondos. Eso constituye el núcleo a partir del cual se edificó esta historia con
ribetes de fábula.
Las buenas noticias de la macroeconomía –baja del índice de inflación al
2,1% y el descenso del riesgo país por debajo de los 500 puntos– se las llevó
puestas el Adornigate. Por si no quedó claro: Manuel Adorni demostró ser un
mentiroso y confesó ser un evasor, es decir, un delincuente, algo de lo cual
Javier Milei no parece querer anoticiarse. Qué disociación con la realidad.
Fin.