Milei atrae inversiones, pero hay dudas sobre su futuro…
París. Milei se reunió allí con Jamie Khoo, CEO de DayOne Data Centers. Fotografía: CEDOC
Los anuncios en Francia conviven con la
preocupación por la economía y un panorama electoral cada vez más incierto.
Esta información circula en el exterior entre
las personas que deciden. Lo que los Milei no entienden es que no caen bien
entre sus eventuales interlocutores sus formas. Ya no se trata de un reclamo
doméstico maliciosamente atribuido por el poder a “periodistas ensobrados”. El
mundo de los negocios le está mostrando la realidad. Algo de esto ya había
ocurrido, con lujo de detalles, en su último viaje a Manhattan. “La violencia
de sus formas espanta no por su naturaleza soez sino porque quien apuesta a desembolsar
enormes cantidades de dinero busca un entorno de armonía y previsibilidad –al
menos a mediano plazo– aseguró una fuente que conoce la trastienda de lo
ocurrido cuando el presidente habló ante unos 170 altos ejecutivos en The
Economic Club of New York. El calificativo de soberbio hacia Milei es
recurrente. La insistencia en el uso de un lenguaje “quasi” patotero por parte
suya y de Luis Caputo no los ayuda. Decir que el Presidente va a ganar las
elecciones del año próximo en primera vuelta no le agrega a su credibilidad.
Por el contrario, más bien la daña. Los deseos no siempre saltan al plano de la
realidad. Un dato que es indiciario de las dudas que genera el gobierno lo dio
el aumento del riesgo país y el informe de JP Morgan que fue crítico sobre la
economía del país. En una semana, este banco –el más importante de los Estados
Unidos–, cambió sus pronósticos en tres ocasiones. El lunes 21 de septiembre
había señalado que, en este año, el crecimiento de la economía de la Argentina
rondaría el 2,6%. El miércoles 23 fue un paso más allá, señalando que nuestro
país podría lograr el Investment Grade.
Alcanzar este grado, permitiría tener acceso al
financiamiento internacional como lo tienen, por ejemplo, Chile, Paraguay y
Uruguay. Todo esto cambió repentina y drásticamente cuando el jueves 24 se
conocieron el índice de pobreza y el de caída de la actividad económica, datos que,
según el informe, “superaron nuestra previsión. La economía argentina registró
su peor rendimiento mensual desde el confinamiento de abril de 2020”. La alarma
es lo suficientemente fuerte como para que todo esto esté teniendo una
consecuencia directa sobre estrategias y personas del oficialismo. Claramente
las miradas se concentran en Patricia Bullrich. La jefa del Bloque de Senadores
del oficialismo está moviéndose en consecuencia: en cada reportaje es muy
precisa con el vocabulario que utiliza para marcar sus diferencias con los
hermanos Milei. “El proyecto merece ser reelegido”, responde cuando se le
pregunta si su aspiración es la de ser candidata a la presidencia. Es decisión
de Bullrich insistir con su postura crítica de las actitudes negadoras del
Presidente y de Caputo sobre los problemas de la economía que afectan
directamente el bolsillo de la gente. En el Coloquio de IDEA, entre cuyos
participantes hay afinidad con el rumbo pero críticas y preocupaciones sobre el
devenir del día a día, se interesaron en tener una reunión privada y extensa
con ella. En el clásico evento anual, Milei habló desde París. Dijo allí: “Lo
primero que hay que tener es paciencia. Los procesos de crecimiento no son
instantáneos, los procesos de crecimiento demandan mucho tiempo”. Esto es un
cambio en relación a aquella otra frase –“la economía va a crecer como pedo de
buzo”– que pronunció en abril de 2024 en un discurso en la Fundación Libertad.
¿Estará tomando conciencia de que esa frase debe ser entendida también por los
propios y fanáticos?
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Hoy ninguna encuesta muestra a Javier Milel en
condición de ganador claro en 2027
Las internas en el peronismo no le van en saga
a las que ocurren dentro del gobierno. La decisión de Cristina Fernández de
Kirchner de llenar de espinas y otros obstáculos el camino de Axel Kicillof a
la candidatura a la presidencia de la Nación es incesante y feroz. La decisión
de Máximo Kirchner de salir hablar sobre el tema, así como también la de Oscar
Parrilli, uno de los secuaces más fieles de la expresidenta presa para fogonear
su candidatura presidencial, tienen el objetivo de complicarle la vida al
gobernador de la provincia de Buenos Aires. Cuando se los escucha, se preocupan
en dejar en claro que el proyecto es reinstalar las peores prácticas del
kirchnerismo: reforma judicial, reforma de la Constitución Nacional, impunidad.
Lo curioso –para sus seguidores que intentan sostener el relato– es que siguen
apareciendo cajas fuertes e indicios de que la década ganada fue un festival de
corrupción aprovechado por quienes se llenaban la boca hablando de igualdad
social y redistribución de la riqueza.












































