La vida es un tablero de ajedrez en donde los cuadros blancos son los días y los cuadros negros son las noches... Nosotros, somos las piezas que vamos de aquí para allá para caer al final en el cuadro de la nada... De Alguna Manera... Una Alternativa…
Sobre el crédito de los bancos de Wall Street: fue
culpa del señor Bessent que no llegaran…
Scott Bessent. Dibujo: Pablo Temes
La activación del
préstamo por US$ 20 mil millones que los bancos privados de Wall Street
analizaban para asistir a la Argentina quedó frenada por las demoras y recelos
del Tesoro estadounidense, que no logró garantizar un esquema financiero y
político de largo plazo. La falta de respaldo obligó a recurrir a un REPO de
apenas US$ 5 mil millones para cubrir el vencimiento de enero, mientras el
gobierno de Milei enfrenta exigencias del FMI, del Tesoro y del mercado para
acumular reservas y reducir el riesgo país.
El problema de la demora en la activación del préstamo por US$ 20 mil
millones que un grupo de bancos privados norteamericanos iba a otorgar a la
Argentina no fue responsabilidad de las entidades
comandadas por JP Morgan. Las dificultades principales provinieron
de la falta de celeridad y claridad en la aplicación de las garantías necesarias
para activar el crédito puente desde el Tesoro de los Estados Unidos. Fue la
repartición que maneja Scott Bessent la
que no logró, en tiempo y forma, generar el respaldo financiero y político
indispensable para que los bancos privados de Wall Street diseñaran el
mecanismo de activación del crédito. Por eso, el dinero disponible para la
Argentina para afrontar los US$ 4.300 millones que el país debe pagar el 9 de
enero próximo –por los vencimientos de los Bonares y Globales reestructurados
en octubre de 2020– provendrá de un más modesto mecanismo de REPO (Repurchase
Agreement) por unos US$ 5 mil millones. Sin intervención del Tesoro y con
garantías propias de las entidades financieras.
El problema está en
Buenos Aires, donde la posibilidad de un default es real.
Luego, y tal como adelantó este diario, habrá que negociar durante el
segundo semestre del año si se puede reactivar el apoyo por los US$ 15 mil
millones restantes, para garantizar los tres pagos que le quedarán al gobierno
de Javier Milei en el resto de su gestión hasta diciembre de 2027. Y si este
dinero provendrá de la reactivación del préstamo de los bancos privados que
operan en Wall Street o si se deberá recurrir al mercado financiero
internacional voluntario de colocación de deuda, para lo cual la Argentina
deberá garantizar un riesgo país inferior a los 400 puntos básicos, como
máximo.
El problema de Bessent para ser garante de la emisión de deuda surgió a
comienzos de noviembre, y es estrictamente político. La deuda negociada con los
bancos privados estaba diseñada, en principio, para una duración de diez años.
Esto quiere decir que vencería teóricamente en enero de 2036. Hasta ese momento
debía coexistir el pasivo con garantía del Tesoro de los Estados Unidos. El
problema técnico surgió cuando, legalmente, se debía implementar un esquema de
garantías financieras que permaneciera durante veinte semestres, asegurando que
el país cumpla con los pagos. Si no lo hiciera, sería el Tesoro el encargado de
cubrir ese eventual default local.
Ese lapso excede la gestión de Javier Milei y de su equipo económico,
aun cuando eventualmente fuera reelegido por otros cuatro años en 2027. En ese
caso, su mandato se extendería hasta diciembre de 2031, cinco años antes del
vencimiento de la vida útil del bono emitido por los bancos norteamericanos con
la venia del Tesoro. Para entonces, las eventualidades políticas de ambos
países son un misterio.
Aventurar si en Estados Unidos continuará un gobierno republicano que
mantenga la garantía es relativamente más sencillo, dada su institucionalidad
probada. El problema está en Buenos Aires, donde la posibilidad de un default
–por el pésimo currículum financiero internacional criollo (tres desde 1983)–
hace que la alternativa de un incumplimiento esté siempre al acecho. Y que la
necesidad eventual de la presencia del Tesoro sea permanente. Si el país
entrara en una crisis financiera y requiriera un rescate de esta deuda, debería
dar explicaciones Bessent y su equipo, quienes además deberían diseñar un
esquema de seguros para cubrirse monetaria y legalmente ante una eventual
trapisonda local.
Para los períodos políticos futuros, nada asegura que un signo político
contrario al actual –en cordial convivencia con los republicanos de Washington–
se mantenga en el tiempo. Y, según trascendió, había cierta reacción negativa
de Bessent y su equipo a garantizar por un período tan extenso la posibilidad
de un default argentino motivado por un cambio de signo político o una crisis
que impidiera cumplir con los compromisos diseñados con JP Morgan.
Este cruce de dudas retrasó el diseño del préstamo por US$ 20 mil
millones y dio lugar a la creación de un REPO más modesto.
La idea de Caputo era presentar antes de fin de año el acuerdo con los
bancos privados, mostrar que el temor al potencial default de la gestión Milei
estaba disipado y que había llegado el momento de volver al mercado financiero
internacional de deuda voluntaria. Sin embargo, no podrá ser. En el mejor de
los casos, el pago de enero se concretará con dinero que solo alcanzará para
cumplir ese vencimiento con los bonistas.
La estrategia del Ministerio de Economía era aún más optimista, y
sostenía que tampoco sería necesario aceptar el préstamo securitizado por el
Tesoro: que, con solo presentarlo, automáticamente se abrirían para Finanzas
los “cielos celestes” de la colocación internacional de deuda. En definitiva,
los US$ 20 mil millones de los bancos privados más los US$ 20 mil millones del
swap con el Tesoro sumarían unos US$ 40 mil millones que Caputo exhibiría en la
vidriera internacional, garantizando un interés bajo en una colocación
voluntaria de bonos públicos; mejorando plazos y montos respecto de la
reestructuración de Guzmán, en la que se negoció una tasa del 3,07%.
Para tener una referencia de lo lejos que se está hoy de aquel
porcentaje, la Argentina pagaría algo más del 9% anual en dólares.
La estrategia de
Economía era optimista: no era necesario aceptar el préstamo.
Ahora, Luis “Toto” Caputo deberá trabajar a destajo en una estrategia
que incluya un cambio drástico en la política cambiaria del primer semestre.
Para el período sojero de 2026 (entre marzo y julio), Economía deberá mostrar
una clara tendencia a la compra de dólares y al aumento de reservas del Banco
Central. Es un requisito tripartito e ineludible: lo exige el FMI, el Tesoro de
los Estados Unidos y los mercados financieros. Tanto Kristalina Georgieva, como
Bessent y los técnicos de J.P. Morgan que trabajaban en el préstamo, se lo
dejaron en claro al Palacio de Hacienda.
Si aun así se necesitara todo o parte del dinero de Donald Trump para el
segundo vencimiento, el del 9 de julio de 2026, habría dos opciones: un simple
swap de monedas (intercambio de pesos por dólares sin registrar deuda en los
pasivos del Estado) o una recompra de bonos en poder del Estado a través del
Fondo de Garantía de Sustentabilidad.
Lo importante de ambas alternativas es que, según la visión oficial y la
de la mayoría de los analistas, no requerirían una ley, ya que técnicamente no
implican nueva deuda: solo recambio de vencimientos cortos por largos. Pero
para eso, hay que replicar la tasa de Guzmán: 3,07%. De lo contrario, en
términos reales habría mayor endeudamiento. Salvo que el 9 de enero se pague
con reservas. Algo que no podrá ser.
Negociaciones - Era de contradicciones en el seno del poder de LLA…
No
creo en las Karinas, pero que las hay, las hay. Dibujo: Pablo Temes.
La irrupción de Adorni y Santilli en un rol negociador no termina de hacer más
fluido el diálogo con otros sectores.
Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 23/11/25 y publicado por el
Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.
Son días de negociaciones políticas febriles. Es una dinámica poco vista
a lo largo de los dos primeros años del gobierno de La Libertad Avanza. “Es
distinto de lo que pasaba cuando hablábamos con Francos”, señalaba esta semana
uno de los representantes provinciales que participan de esta ronda de conversaciones.
En verdad, el problema no era el exjefe de Gabinete; el problema era Javier
Milei.
Era él quien no cumplía con lo que se prometía en esos encuentros. Esa
actitud del Presidente parece haber cambiado después del 26 de octubre. Es que
el triunfo electoral lo dio no solo la reconfirmación de su poder sino también
la comprensión de que el camino de la confrontación puede servir para ganar una
elección, pero no para gobernar. No ha sido menor para arribar a esa conclusión
la posición del gobierno de los Estados Unidos, cuyo apoyo fue clave para
generar el marco de estabilidad económica que hizo posible superar un estado de
zozobra que estaba poniendo en riesgo tanto la economía como la gobernabilidad.
“Al Presidente no le quedaban muchas opciones: o cambiaba y abría la cancha o
la gestión se le iba a hacer cuesta arriba, aun con el buen resultado
electoral”, sentenció un allegado a un gobernador del Norte.
El rol de Guillermo Francos ha pasado ahora a ser desempeñado por el
ministro del Interior, Diego Santilli. Por ahora, Manuel Adorni acompaña.
Santilli, formado en el peronismo, tiene el know how que exige su cargo.
Siempre ha sido un hombre hábil, con soltura política y capacidad de
negociación. Los que conocen las internas del Gobierno señalan que esa
capacidad de dialogar y de entender el quid de la negociación política está
inquietando al ministro de Economía, Luis Caputo. Los gobernadores piden plata
a cambio de apoyar las reformas que pretende implementar Milei. Es lo que hacen
siempre, gobierne quien gobernare. Esa metodología disgusta profundamente a
Caputo quien, en estas horas, salió fuerte en las redes a desmentir un artículo
publicado en The Wall Street Journal en el que se informaba que la asistencia a
la Argentina por parte de los bancos estadounidenses rondaría los 5 mil
millones de dólares y no los 20 mil millones que se habían anunciado. “Nunca
hablamos con los bancos de un rescate de 20 mil millones. Es una operación más,
con la sola intención de generar confusión”, escribió. Ante tal manifestación,
fue imposible no recordar que, hace tan solo un mes, el ministro dijo en LN+
que había “un swap de 20 mil millones. Y estamos trabajando en otra facilidad
por otros 20 mil millones, y ya lo dijo el secretario del Tesoro” (sic). Caputo
se siente con el poder suficiente como para aspirar a que toda negociación
política esté lejos de incomodar o poner en riesgo sus objetivos. Es lógico,
luego de tantos elogios derramados por el primer mandatario.
Es decisiva la
floja imagen del primogénito de los Kirchner en sus apariciones.
En medio de esta circunstancia, las internas dentro del oficialismo
están lejos de haber cesado. Karina Milei avanza mientras Santiago Caputo
retrocede. La hermana del Presidente está empeñada en moverse intensamente en
lo que es su objetivo: la conformación del partido a nivel nacional. La
prioridad absoluta es la elección presidencial de 2027. El Jefe necesita seguir
acumulando poder a nivel federal para contar con apoyo local en cada una de las
provincias. Hay quienes dicen que aprendió la lección y que ya no busca
confrontar en aquellos territorios donde le resultaría más fácil apoyarse en
aliados circunstanciales. Solo el tiempo se encargará de mostrar si este cambio
de actitud es realmente cierto. “Karina aprendió muy rápido a construir y
manejar el poder. Lo ejerce de forma bastante brutal y siempre se ha sentido
más cómoda sin ceder un centímetro de terreno. Difícil que eso cambie”, aseguró
un opositor moderado que tuvo que padecerla en carne propia.
La ventaja crucial con que cuenta el oficialismo a la hora de afianzar
su poder es que tiene enfrente a un peronismo desmembrado e incapaz de
encontrar una figura detrás de la cual encolumnarse. Axel Kicillof no termina
de convencer y, a estas alturas, se parece más a una figura de transición que a
una oportunidad de peso con chances reales de competir en 2027. Los problemas
que atraviesa la Provincia y la necesidad de conseguir financiamiento para
hacer frente a sus propios vencimientos desnudaron las internas que condicionan
al gobernador; en primer lugar asediado por La Cámpora. El mandatario
provincial no hace caso a los incrédulos y sigue adelante con su juego de
confrontación directa con Milei. La interna entre los Kirchner y el ex mimado
de la señora condenada sigue teniendo de rehén al peronismo bonaerense. “No
podemos continuar viviendo del pasado; hasta que no nos saquemos de encima el
relato de los tiempos grandiosos de Cristina, el partido no terminará de salir
del pantano y no tendremos la oportunidad de ser competitivos ni ahora ni en el
27”, graficó uno de los intendentes que le sirven de soporte al gobernador. El
territorio sigue siendo la apuesta más fuerte de Kicillof, dispuesto a enterrar
a su otrora jefa política. La intrascendencia de Máximo Kirchner al frente del
PJ local condiciona sus posibilidades en las próximas elecciones por el control
del partido. La paciencia se terminó y la floja imagen del primogénito de los
Kirchner en sus últimas apariciones públicas fue decisiva.
Hace solo algunos meses, La Libertad Avanza no imaginaba el cierre de
año auspicioso que tendrá. Una oportunidad única que el presidente Milei no
debería dejar pasar.
El
Gobierno vive un momento de apogeo. El anuncio del acuerdo comercial entre
nuestro país y los Estados Unidos es la confirmación del nivel inédito de apoyo
que la administración de Donald Trump ha decidido darle a Javier Milei. El
rescate que, en momentos dramáticos para la economía argentina, llevó la Casa
Blanca salvó al oficialismo de una posible derrota a la que lo hubiera llevado
una crisis producida por la escasez de dólares que se había acentuado después
del triunfo electoral del peronismo en las elecciones en la provincia de Buenos
Aires.
Como ocurre siempre a estos hechos los acompaña siempre la controversia.
Están las generadas por los que siguen aferrados a ideologías y visiones
políticas ancladas en el tiempo. Esta pasión por lo anacrónico es lo que exhibe
hoy –como ayer– el peronismo. Esta idea de que “vienen por nuestra soberanía”,
un cliché que le ha dado resultados políticos al justicialismo y ha traído el
atraso del país. Eso sí, el ”vienen por nuestra soberanía” se aplica para los
Estados Unidos y no a la hora de hacer concesiones a China o a Venezuela. El
peronismo y sobre todo el kirchnerismo duro todo lo contaminan de su ideología
con olor a naftalina y su desesperación para volver a servirse del poder cueste
lo que cueste.
Más allá de los detalles que aún no se conocen de este acuerdo, cuyo
anuncio se demoró a causa del cierre del gobierno federal ocurrido en los
Estados Unidos que acaba de ser levantado, hay algunas cosas ciertas que van a
suceder para que esto se ponga en práctica. Una de ellas –que es fundamental–
es el levantamiento total del cepo. Se sabe que va a haber un desembarco de
importantes empresarios estadounidenses ávidos de explorar nuevas posibilidades
de negocios. A la cabeza de esta avanzada habrá muchos del sector energético.
Con cepo, nadie pondrá un dólar más allá de oportunidades muy puntuales. Las
inversiones no ingresan a donde no pueden salir. Otro asunto de peso es el de
las reformas tanto laborales como impositivas.
Para alcanzar las
reformas hacen falta consensos políticos de la mano de Santilli.
Para alcanzar esas reformas hacen falta consensos políticos. En eso
están trabajando Manuel Adorni y Diego Santilli para contener el desbande del
peronismo y las necesidades económicas de los gobernadores. La CGT es hoy otro
de los frentes de batalla abiertos para La Libertad Avanza. Nuevamente las
posturas vetustas de los sindicalistas de turno chocan contra la necesidad de
una renovación necesaria para las nuevas formas de trabajo y producción. Todo
esto con un agravante que está –más que nunca– a la vista de todos:
sindicalistas devenidos empresarios –algunos multimillonarios– que se resisten
a soltar sus privilegios. La familia Moyano es el ejemplo perfecto de esta
categoría que se sirve del sudor de los trabajadores para llenarse los
bolsillos. El vaciamiento de la obra social de Camioneros habla por sí solo.
Pero el caso de los Moyano no es el único. El modelo de sindicalistas ricos y
trabajadores pobres se ha extendido demasiado en el tiempo y en el territorio.
Modelo que enfrenta una severa crisis de liderazgo puesta de manifiesto en la
elección del último triunvirato de la central obrera peronista, incapaces de
encontrar una figura única de consenso que represente la voz real de los
trabajadores. Ante esta combinación, el oficialismo exhala un optimismo
excesivo. No es la primera vez que esto le pasa a un gobierno cuando todo
parece ir viento en popa. La historia es una escuela realista aunque muchos se
nieguen a mirar para atrás. Con buen tino, Jorge Macri advirtió de un exceso de
optimismo, siempre nocivo. “No nos comamos la curva”, graficó el jefe de
Gobierno porteño. Sin ir más lejos, eso fue lo que le pasó a su primo Mauricio
después de haber ganado las elecciones de medio término en 2017. Se creyó que
se “comía” la cancha y dos años después fue derrotado en forma contundente por
el kirchnerismo. Claro que, para ese dramático final, influyó el hecho de
haberse encerrado en un círculo cada vez más chico comandado por Marcos Peña y
unos pocos leales, que lo llevaron a perder el contacto con la realidad. Ese es
el peligro de los triángulos de hierro de la vida y de los magos y gurúes de
turno.
Para amplios sectores de la Argentina también se abrirán oportunidades
de exportar. Uno de esos sectores es el de la carne. El desafío –ahí– será ver
cuál es la capacidad de abastecimiento que tengan los productores y la
industria y la necesidad de cortar lazos con viejos zares salpicados por la
falta de escrúpulos y los negocios espurios.
En medio de todo el ir y venir de la realidad, el jueves fue un buen día
para la lucha contra la corrupción. Ese día Julio De Vido fue llevado otra vez
a la cárcel –su futuro será una larga prisión domiciliaria– y, por acción de la
Cámara de Casación Penal, se dispuso que las audiencias por el caso de los
“Cuadernos de Centeno” sean dos por semana en vez de una como el Tribunal Oral
Federal N° 7 había dispuesto en un principio. Los tiempos de la Justicia deben
ajustarse a la realidad. Al final del camino, a todos los acusados los espera
la seguridad de una condena y a éste y los gobiernos que vendrán la oportunidad
única de terminar con el flagelo de los sobreprecios y retornos en la obra
pública. Se trata de un viejo mecanismo que el kirchnerismo perfeccionó y que
ha producido no sólo grandes pérdidas para las arcas del Estado sino que
también se ha llevado vidas inocentes como en el caso de la tragedia de Once.
La corrupción mata y esa es una lección que ningún gobierno debería olvidar.
No hubo tregua para Guillermo
Francos. El protagonismo que Javier Milei le dio en la noche triunfal del
domingo no fue más que el reconocimiento postrero que se le da a alguien en el
medio de una despedida. Los que conocían al dedillo el devenir de las relaciones
entre uno y otro marcaban con tono asertivo que ese lazo estaba roto.
Recuérdese que el ahora exjefe de Gabinete se había quejado por las
desautorizaciones verbales y fácticas a las que lo venía sometiendo Santiago
Caputo y hasta había reclamado públicamente –aunque sin nombrarlo– por la falta
de responsabilidad que implica no estampar la firma en los actos de gobierno.
Seguramente, al hacerlo, debió haber tenido la esperanza de que Javier Milei lo
respaldara y acabara con esa situación. Pero nada de eso ocurrió. Fue una
esperanza vana. Desde el lunes mismo las versiones alrededor de su salida del
gabinete rodaron sin cesar en una especie de continuado. Esas versiones
incluían los nombres posibles de sus sucesores. El nombre que más sonaba era el
de Santiago Caputo. Sin embargo, algunas de esas murmuraciones de pasillo daban
el nombre de Manuel Adorni como el del posible sucesor. A quienes sostuvieron
esa posibilidad les cabe el reconocimiento de un acierto.
Es el mismo acierto que tuvieron los que, hace muchos meses, anticiparon
que Adorni no asumiría su banca en la Legislatura porteña. Finalmente,
entonces, la candidatura del ahora ex vocero fue testimonial.
La interna del Gobierno le fue mostrando a Francos que sus días en el
gabinete estaban contados. En su última entrevista con Eduardo Feinmann dijo
con toda claridad que no se veía en ningún otro cargo que no fuese el de jefe
de Gabinete. Jugó su pleno en un mensaje claro para el Presidente, para su
hermana Karina y para el propio asesor estrella. Durante esas horas, también,
buscó tener un diálogo directo con Milei, intento que no prosperó. Mientras
tanto seguía estando en el centro de las especulaciones y, ante cada micrófono
se veía obligado a tener que responder –una y otra vez– que nada sabía de su
futuro. Ese hartazgo hizo eclosión el viernes por la tarde, cuando, finalmente,
tuvo lugar la conversación final con el jefe de Estado. A los que conocían las
internas en el entorno del Poder Ejecutivo, la noticia de la renuncia de
Francos no los sorprendió. Tal vez sí los sorprendió el momento, al igual que
su texto de renuncia. “Ante los persistentes trascendidos sobre modificaciones
en el Gabinete Nacional, me dirijo a Usted con el objeto de presentarle mi
renuncia al cargo de jefe de Gabinete de Ministros, para que pueda afrontar sin
condicionamientos la etapa de gobierno que se inicia luego de las elecciones
nacionales del pasado 26 de octubre”. Hay una entrelínea de reproche
indisimulable al Presidente que, ante esos “persistentes trascendidos” no hubo
por su parte –ni de su entorno– ningún movimiento para desmentirlos. Tampoco
hubo ninguna acción para frenar la salida de Francos.
En el medio de todas estas tribulaciones, el desafío del Gobierno es
uno: llevar adelante las transformaciones que la Argentina necesita para
modernizar su legislación laboral y modificar su estructura impositiva en pos
de crear las condiciones que permitan generar crecimiento y desarrollo para que
haya más y mejores fuentes de trabajo genuino, bien remunerado y en blanco.
Junto con ello está la necesidad de un Estado moderno que cumpla con su rol de
brindar educación, salud, seguridad, justicia y defensa. Esto exige consensos.
Es lo que desde todos los sectores de una sociedad que está harta de
enfrentamientos estériles le reclaman a Javier Milei. ¿Lo comprenderá? ¿Lo
comprenderá su hermana Karina? ¿Lo entenderá Santiago Caputo? En este contexto
la salida de Francos está muy cerca de ser un gol en contra. Su cintura
política y su capacidad para tender puentes en medio de los ataques de furia de
Milei contra sus aliados y sus rivales han sido únicas dentro del equipo
violeta. ¿Acaso Milei tuvo que sacrificar una de sus piezas más valiosas para
zanjar las terribles internas en el seno del poder entre su hermana y el joven
Caputo? Es probable. Lo seguro es que los tiempos se aceleraron y lo que
parecía que tendría lugar luego del recambio legislativo estalló de repente.
Varios ministros dejaron trascender que el aire en la cima del poder era
irrespirable. Rápido de reflejos, el Presidente optó por intentar equilibrar el
poder puertas adentro del triángulo de hierro. Al dejar ir a Francos, le allanó
el camino a Caputo. Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que Adorni es,
junto a los Menem, uno de los mimados de la hermana Karina; con su
nombramiento, se aseguró el control de la Jefatura de Gabinete para que no
caiga en manos de su rival político interno. Volviendo al futuro del joven
maravilla, aún no se conoce cuál será su nuevo rol pero ha trascendido que
quedaría al frente de una supercartera que podría absorber interior, con
amplias funciones de interlocutor político con los gobernadores, algo para lo
que Manuel Adorni no parece tan habituado. “Ganó Karina” –aseguró una voz al
tanto de esas luchas de poder–. Nadie puede asegurar que en la convivencia
interna vuelva a reinar la concordia; lo único cierto es que el triunfo
arrasador del Gobierno en las urnas le dio el poder suficiente para hundir aún
más al peronismo en su crisis y le dio la oportunidad de poder avanzar con las reformas
antes mencionadas para que el país arranque de una vez y para siempre. La
contracara es que se acabaron las excusas, el momento de despegar es ahora o no
lo será por un largo tiempo más.
Día 687: Es el antikirchnerismo,
estúpido. Fotografía: CEDOC
El miedo a la inestabilidad económica, un patrón
recurrente del voto argentino, volvió a hacerse presente. Esta vez, el gobierno
de Javier Milei articuló su estrategia sobre tres ideas fuerza: “kirchnerismo”,
“inestabilidad” y “caos”.
Esta columna de hoy también podría titularse como:
“El kirchnerismo leyó mal a Ernesto Laclau". O, lo que decía Peter
Drucker: “Se muere de éxito”, por aquello que dio resultado y se profundiza
hasta lograr opuesto, en este caso la polarización. Pero comencemos con nuestro
título.
En 1992, durante la campaña en la que Bill Clinton derrotó
a George W. Bush padre, un asesor de Clinton, James
Carville colocó carteles internos en las oficinas demócratas con los
ejes de campaña. 1) Cambio vs. más de lo mismo. 2) No olvidar el
sistema de salud. 3) Es la economía, estúpido. Este último apuntaba a que
el problema de la gestión republicana se centraba en los dramas cotidianos de
las personas en relación con económico. Esta frase pasó de ser un recordatorio
interno y quedó instalado en la historia política internacional.
Parafraseándola, podemos intentar explicar el triunfo libertario de ayer
con: “Es el kirchnerismo, estúpido”.
La histórica recuperación luego de la derrota bonaerense de 14 puntos
de La Libertad Avanza (LLA) en provincia de Buenos Aires, la
mayor de todas las sorpresas de anoche, se puede explicar por varios factores,
pero evidentemente lo más importante es que los ocho puntos que subieron los
libertarios entre septiembre y ayer, fueron impulsados por un antiperonismo y
más particularmente, un antikirchnerismo muy profundamente
arraigado en la sociedad, inclusive en el bastión del peronismo, que es la
provincia de Buenos Aires.
Es decir, en las elecciones bonaerenses de septiembre hubo un 61%
de participación y ayer fue a votar un 68%. Es decir, hay
un 7% de personas votaron ayer y no en septiembre. Esas personas, masivamente
fueron a votar por LLA, asustados por la potencial vuelta del kirchnerismo que
se dedujo luego del importante triunfo de Fuerza Patria por catorce puntos.
Esto llevó a LLA de 33% a 41%. El peronismo, por
su parte, perdió 261 mil votos que probablemente se
dispersaron en varias listas, el voto en blanco y el nulo que juntos sumaron
un 4%.
Quien anticipó esta tendencia en este mismo programa fue Cristian
Buttié, director de CB Consultora, siendo el único de los consultores que
ubicada al oficialismo por encima del 40%. "La elección de provincia de
Buenos Aires despertó un interés en ese segmento que no estaba yendo a votar,
que no está enamorado de Milei. Pero al ver 14 puntos de diferencia a favor del
peronismo, define ese votante apático cuál es su mal mayor y su mal menor en
esta elección. Y ese votante está definiendo si va a votar. Si va a
votar, acompañar a La Libertad Avanza porque su mal mayor es que se caiga el
Gobierno y vuelva el kirchnerismo. Entonces, ese es el vector que hay que
seguir de cerca", había anticipado en Modo Fontevecchia.
La simplificación de la política como una actividad agonística donde la
clave reside en la correcta elección de los enemigos fue una estrategia que
pudo ser útil para Néstor Kirchner en 2003, permitiéndole
confrontar y aumentar su escaso 20% inicial de votos hasta el 40%. Sin embargo,
esta tesis resulta una estrategia deficiente para el peronismo en su conjunto,
ya que en Argentina el antiperonismo es una fuerza mayor que el peronismo, y el
sistema electoral incluye balotaje.
El kirchnerismo revivió el antiperonismo que Carlos Menem había
logrado licuar en los años 90 con su corrimiento hacia la derecha. En la
actualidad, el voto a favor de LLA se interpreta en gran medida como un voto
contra el kirchnerismo. La idea de que "Sin Cristina no se puede,
con Cristina no alcanza" ha evolucionado a la conclusión de
que "Con Cristina no se puede".
Esta polarización fue auto-producida y la estrategia de Cristina
Fernández de Kirchner de intentar cruzarla nominando a Daniel
Scioli, luego a Alberto Fernández, y finalmente a Sergio
Massa, no logró trascender el hecho de que cualquier candidato en alianza
con ella termina siendo percibido como kirchnerista. El "pase de
magia" de nominar a Alberto por haber sido crítico funcionó una vez, pero
el truco ya no funcionará.
El problema electoral para el kirchnerismo no se resume únicamente en el
41% obtenido por LLA, sino en que el peronismo de Tucumán y
el Frente Cívico de Santiago del Estero no
son kirchneristas, y que más del 7% de los votos de Provincias
Unidas es directamente antikirchnerista.
Aunque el kirchnerismo representa aproximadamente un 20% de los votos,
sin los cuales el peronismo iría dividido y no llegaría a un balotaje, este
dilema es aprovechado por fuerzas opositoras como LLA y, anteriormente,
por Mauricio Macri. Además, se observa un corrimiento del
electorado hacia la derecha, lo cual ya se había manifestado con la victoria de
Sergio Massa sobre el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires en 2013, y
con Macri en 2015.
El miedo es una emoción que se
puede manipular en el terreno político si se realiza una lectura adecuada del
contexto para identificar los temores de los ciudadanos. A partir de esto, se
crean estrategias políticas que utilizan la propaganda para incitar al voto
popular. La manipulación del miedo no es nueva en la cultura occidental, ya que
desde la retórica se posicionó como un elemento esencial que un orador debía
usar para conmover y ganar al auditorio.
A
través del tiempo, el
miedo ha ganado espacio en la política, permitiendo la
emergencia y difusión de imaginarios sociales dominantes en las ciudades. Estos
imaginarios pueden incluir la inseguridad, la violencia o las situaciones
experimentadas en los espacios públicos, aunque sus categorías varían según el
lugar y evolucionan con el tiempo.
Mientras
que en el pasado se usaban figuras como el demonio o las brujas, hoy los
prototipos de miedo difieren de acuerdo con cada país o cultura. En la cultura
moderna, quienes buscan instrumentalizar el miedo se valen de los medios de
comunicación, pues estos desempeñan un papel fundamental al producir y difundir
información saturada de imágenes sobre, por ejemplo, la delincuencia urbana.
El
miedo político se entiende como el temor de la gente a que su bienestar
colectivo resulte perjudicado -como el miedo al terrorismo, el crimen o la
descomposición moral- o la intimidación ejercida por el gobierno. Además, es un
tipo de miedo que emana de la sociedad y tiene consecuencias directas sobre
ella.
La
naturaleza del miedo hace que las personas sean vulnerables a la manipulación, tanto
individual como colectivamente. Los políticos conocen esta estrategia y
utilizan los medios para fortalecer los discursos de miedo y alcanzar sus
objetivos, a menudo mediante tácticas como el pánico moral.
El
voto del miedo es el acto de sufragar motivado por una serie de temores,
amenazas, intimidaciones e incertidumbres sobre el presente y el futuro de una
colectividad determinada. Para incitarlo, a los votantes se les suele plantear
un dilema de pánico mediante discursos que advierten que, si ganan los
candidatos opositores, se podría desestabilizar el Estado, poniendo en riesgo
la paz, el bienestar, el progreso, la seguridad o los valores. Por lo tanto, se
invita a votar para evitar esa desestabilización.
Un
ejemplo analizado es la campaña de reelección de George W. Bush en Estados
Unidos en 2004, donde el miedo fue un elemento fundamental. Aunque los votantes
expresaron que Bush no había sido eficaz en la economía y temían por el futuro
económico del país -lo que inicialmente los inclinaba haciael demócrata John Kerry-, el factor
decisivo terminó siendo el miedo a la seguridad nacional y al terrorismo. Dado
el ambiente tenso por el atentado del 11 de septiembre, se encontró que el
presidente Bush generaba más confianza en el manejo del terrorismo, lo cual
incidió directamente en el resultado final.
En
consecuencia, las emociones son fundamentales en el campo político, con una
hegemonía sobre lo racional, y el miedo se utiliza como instrumento para
persuadir a los votantes. La psicología política se ocupa de guiar estos temas,
abordando la propaganda y las decisiones políticas basadas en emociones.
Por
ejemplo, en Argentina, un patrón de comportamiento electoral históricamente
significativo se basa en el miedo a la inestabilidad económica. Este
fenómeno se manifestó por primera vez en las elecciones de 1995 como el "voto cuota".
En ese momento, a pesar de los efectos negativos de la convertibilidad, que ya
venía demostrando pérdida de empleo, y la crisis del "efecto
tequila", el temor a perder la estabilidad impulsó a las personas
endeudadas por créditos y compras, como electrodomésticos o autos, a votar por
la continuidad de la política económica del menemismo.
Esta
dinámica se repitió en 1999, cuando la coalición de la Alianza, compuesta por
el radicalismo, parte del peronismo con Chacho Álvarez, que llevaba como presidente
a Fernando de la Rúa, ganó
las elecciones. Solo logró el triunfo presidencial asegurando que mantendría la
convertibilidad y no devaluaría la moneda. El desafío político en aquel
contexto era lograr votar a favor de la economía, pero al mismo tiempo
manifestarse en contra de la corrupción.
Hoy
en día, este mismo fenómeno se estaría repitiendo, aunque con una nueva
denominación: el "voto
estabilidad". Ante este escenario, la oposición se
enfrenta al desafío de encontrar un candidato que esté dispuesto a prometer la
continuidad de dicha estabilidad económica. Su estrategia de éxito, además de
ese mensaje, dependería de que el desgaste del oficialismo por la acumulación
de casos de corrupción termine por afectar su base de apoyo y se creen las condiciones
para votar a favor de la economía y en contra de la oposición, como sucedió dos
veces en los noventa.
El
Gobierno logró conectar un conjunto de ideas fuerza: “kirchnerismo”, “inestabilidad” y “caos”.
Para eso, contó con la ayuda inestimable de Estados Unidos y probablemente la
amenaza de Donald
Trump de que si perdía Milei, retiraría su apoyo terminó
pesando más que el antiimperialismo en sangre de nuestra sociedad. Operó
generando miedo y terminó definiendo a un sector que entendió que el triunfo
del kirchnerismo significaba un estallido cambiario y un aumento de la
inestabilidad política y económica. Algo que se expresó luego de las elecciones
en la provincia de Buenos Aires.
Otro
de los datos es el magro resultado de Provincias Unidas.
En Córdoba, el
cordobesismo, liderado por Juan Schiaretti, cayó frente a LLA con una
diferencia de casi 14 puntos (42,39% para LLA frente a 28,28% para el
exgobernador). La división del voto provincial con Natalia De La Sota (más
del 8%) no es suficiente para explicar la magnitud de la derrota.
En Santa Fe, la
vicegobernadora Gisela
Scaglia obtuvo un pobre 18,66%, quedando tercera detrás de
LLA (40,69%) y Fuerza Patria (28,69%), a pesar de su alta imagen positiva.
En
otros distritos, los candidatos de la coalición en la Provincia de Buenos Aires
tuvieron un magrísimo resultado: Florencio Randazzo obtuvo el 2,5%, por
debajo de candidatos que no tenían un partido importante detrás. En Ciudad de
Buenos Aires, Martín
Lousteau cosechó el 6%. Lo mismo sucedió en los espacios
provinciales afines en Santa
Cruz (poco más del 15%), Jujuy (19,52%) y Chubut (20%), que
perdieron frente a LLA y/o el kirchnerismo.
La liga de gobernadores que se había expresado como
una oposición racional y sensata no logró ser la expresión del sector que no
está de acuerdo ni con el gobierno de Milei, ni volver al kirchnerismo. Ahora,
estos gobernadores están en serio problemas. Por un lado, serán convocados por
el Gobierno para apoyar las reformas estructurales. Si se oponen decididamente
y siguen en su rol opositor, pueden correr el riesgo de enfrentarse con parte
de su propio electorado que ayer votó por LLA y no recibir los fondos
coparticipables necesarios para afrontar sus gestiones.
Por
el otro lado, si los mandatarios provinciales son demasiado condescendientes
con el Gobierno, corren el riesgo ser absorbidos por LLA y que les suceda lo
mismo que al PRO. Hoy, el macrismo teme por su bastión, la Capital Federal.
Luego del triunfo de Patricia
Bullrich con el 50% de los votos, Jorge Macri debe estar
pensando mucho en su futuro como jefe de Gobierno porteño y la posibilidad de
caer ante Bullrich, que como se admite off the record, quiere su lugar al frente de la
Ciudad.
Volviendo
a los gobernadores y parafraseando el dilema hamletiano hoy deben pensar: “Ser oficialista u opositor, esa
es la cuestión”. Probablemente, repitan la misma táctica,
acompañar con matices ahora y esperar internamente, un nuevo cambio del viento
político, algo que como pueden ver en este país se da bastante a menudo.
Hablando
de dramas shakesperianos, se viene uno muy fuerte dentro del peronismo.
Cristina Kirchner ya le está pasando la factura a Axel Kicillof por
desdoblar la elección y generar este miedo a la vuelta del kirchnerismo. Desde
los intendentes cercanos al gobernador se quejaban de la conformación de las
listas y la falta de representación territorial, algo que debe haber afectado
en los 260 mil votos de diferencia entre septiembre y octubre. Por primera vez,
en las cuasi-provincias La Matanza y Lomas de Zamora, que tienen más habitantes
que muchas provincias, no tuvieron un solo candidato local en las listas a
diputado nacional.
Además, el gobernador bonaerense podría recriminar
que el miedo a la vuelta del kirchnerismo se centra fundamentalmente en la
figura de Cristina Kirchner y que es ella la que bloqueó toda renovación
posible. En definitiva, siguiendo con este diálogo hipotético entre Kicillof y
Cristina, si el problema es adelantar la victoria bonaerense y generar una
reacción por el miedo, si hubiese victoria en octubre, tal vez el miedo hubiera
operado hacia 2027. Mejor que la derrota ocurra ahora y se genere la
renovación.
Este
problema de concepción que analizamos en el kirchnerismo se expresó con nitidez
en dos postales de ayer. Por un lado, Cristina se mostró bailando en su balcón
sin entenderse exactamente lo que festejaba, una imagen que probablemente
motivó a millones de personas a votar por LLA por la idea de ver a Cristina
festejando en su balcón. Militantes de La Cámpora compartían el video con frases
como “al final Cristina tenía razón, esto recién empieza”. Como si Cristina
estaba festejando que tiene un argumento para derrotar en su pelea interna con
Kicillof y en su mente, si se vuelve a hacer todo lo que dice “la jefa”, el
triunfo del peronismo en 2027 estaría asegurado.
Demostrando
que kirchnerismo y antikirchnerismo son dos caras de la misma moneda con pésimo
gusto funerario la militancia libertaria festejaba cantando “saquen al pingüino del cajón”,
otro triste momento de la política argentina a 15 años de la muerte de Néstor
Kirchner.
Los
libertarios si entendieron algo que el kirchnerismo no: que justamente el
triunfo explica que “Cristina no tiene razón”, no sobre el desdoblamiento o no
de una elección local, si no sobre su la posibilidad de kirchnerismo como
alternativa de poder. Un tuit de la abogada y periodista Natalia Volosin que
es contundente al respecto. “Les ganaron con corridas, corrupción, operaciones
y candidatos chorros, narcos, desconocidos o analfabetos. Si no entienden que el problema no es el
Gobierno, sino la oposición, en 2027 Milei va a arrasar”,
escribió.
En
el fondo el problema es que hay un 60% de la sociedad que se opone a Milei,
pero el peronismo representa solo la mitad de esta mayoría. La segunda mitad se
divide en múltiples listas que ninguna alcanza los dos dígitos y no representan
ningún proyecto de poder, pero tampoco quieren tener que ver nada con el
kirchnerismo.
Gran
parte de la derrota del peronismo se centra en que Cristina apuntó por su hijo, Máximo Kirchner, o por
figuras de pura cepa como Wado de Pedro. Las discusiones con el resto
del peronismo dieron lugar a soluciones de compromiso que no expresaron una
renovación y la batalla interna los consumió tanto que terminaron haciendo una
campaña completamente vacía, esperando que la sociedad los vote simplemente
para castigar a Milei. Hoy la oposición está en crisis. Representa al 60% de la
gente que fue a votar ayer, pero no tiene un proyecto claro de alternativa de
poder a Milei.
Mención
aparte merece que si el abstencionismo, más el voto en blanco y el nulo, fueran
representados por una suerte de frente electoral, hubiesen sacado cerca de 35%,
es decir más que el peronismo. Esta fue la elección nacional legislativa con menos
participación desde la vuelta de la democracia. ¿Vendrá de este
sector que no fue a votar el apoyo a un nuevo fenómeno político? No lo sabemos,
lo que sí sabemos es que el peronismo no los motiva.
El
miedo es la palabra clave para entender esta elección y miedo también de
quienes no se sienten representados por el Gobierno y entienden que los rasgos
más autoritarios y crueles de Milei pueden ser acrecentados por esta victoria.
Esperemos no sea así.
Producción de texto e imágenes:
Matías Rodríguez Ghrimoldi.