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sábado, 29 de noviembre de 2025

Sobre el crédito de los bancos de Wall Street... @dealgunamanera...

 Sobre el crédito de los bancos de Wall Street: fue culpa del señor Bessent que no llegaran…

Scott Bessent. Dibujo: Pablo Temes

La activación del préstamo por US$ 20 mil millones que los bancos privados de Wall Street analizaban para asistir a la Argentina quedó frenada por las demoras y recelos del Tesoro estadounidense, que no logró garantizar un esquema financiero y político de largo plazo. La falta de respaldo obligó a recurrir a un REPO de apenas US$ 5 mil millones para cubrir el vencimiento de enero, mientras el gobierno de Milei enfrenta exigencias del FMI, del Tesoro y del mercado para acumular reservas y reducir el riesgo país.

© Escrito por Carlos Burgueño, Periodista. Lic. en Ciencia Política. Máster en Economía y Sociología, el sábado 29/11/2025 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

El problema de la demora en la activación del préstamo por US$ 20 mil millones que un grupo de bancos privados norteamericanos iba a otorgar a la Argentina no fue responsabilidad de las entidades comandadas por JP Morgan. Las dificultades principales provinieron de la falta de celeridad y claridad en la aplicación de las garantías necesarias para activar el crédito puente desde el Tesoro de los Estados Unidos. Fue la repartición que maneja Scott Bessent la que no logró, en tiempo y forma, generar el respaldo financiero y político indispensable para que los bancos privados de Wall Street diseñaran el mecanismo de activación del crédito. Por eso, el dinero disponible para la Argentina para afrontar los US$ 4.300 millones que el país debe pagar el 9 de enero próximo –por los vencimientos de los Bonares y Globales reestructurados en octubre de 2020– provendrá de un más modesto mecanismo de REPO (Repurchase Agreement) por unos US$ 5 mil millones. Sin intervención del Tesoro y con garantías propias de las entidades financieras.

El problema está en Buenos Aires, donde la posibilidad de un default es real.

Luego, y tal como adelantó este diario, habrá que negociar durante el segundo semestre del año si se puede reactivar el apoyo por los US$ 15 mil millones restantes, para garantizar los tres pagos que le quedarán al gobierno de Javier Milei en el resto de su gestión hasta diciembre de 2027. Y si este dinero provendrá de la reactivación del préstamo de los bancos privados que operan en Wall Street o si se deberá recurrir al mercado financiero internacional voluntario de colocación de deuda, para lo cual la Argentina deberá garantizar un riesgo país inferior a los 400 puntos básicos, como máximo.

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El problema de Bessent para ser garante de la emisión de deuda surgió a comienzos de noviembre, y es estrictamente político. La deuda negociada con los bancos privados estaba diseñada, en principio, para una duración de diez años. Esto quiere decir que vencería teóricamente en enero de 2036. Hasta ese momento debía coexistir el pasivo con garantía del Tesoro de los Estados Unidos. El problema técnico surgió cuando, legalmente, se debía implementar un esquema de garantías financieras que permaneciera durante veinte semestres, asegurando que el país cumpla con los pagos. Si no lo hiciera, sería el Tesoro el encargado de cubrir ese eventual default local.

Ese lapso excede la gestión de Javier Milei y de su equipo económico, aun cuando eventualmente fuera reelegido por otros cuatro años en 2027. En ese caso, su mandato se extendería hasta diciembre de 2031, cinco años antes del vencimiento de la vida útil del bono emitido por los bancos norteamericanos con la venia del Tesoro. Para entonces, las eventualidades políticas de ambos países son un misterio.

Aventurar si en Estados Unidos continuará un gobierno republicano que mantenga la garantía es relativamente más sencillo, dada su institucionalidad probada. El problema está en Buenos Aires, donde la posibilidad de un default –por el pésimo currículum financiero internacional criollo (tres desde 1983)– hace que la alternativa de un incumplimiento esté siempre al acecho. Y que la necesidad eventual de la presencia del Tesoro sea permanente. Si el país entrara en una crisis financiera y requiriera un rescate de esta deuda, debería dar explicaciones Bessent y su equipo, quienes además deberían diseñar un esquema de seguros para cubrirse monetaria y legalmente ante una eventual trapisonda local.

Para los períodos políticos futuros, nada asegura que un signo político contrario al actual –en cordial convivencia con los republicanos de Washington– se mantenga en el tiempo. Y, según trascendió, había cierta reacción negativa de Bessent y su equipo a garantizar por un período tan extenso la posibilidad de un default argentino motivado por un cambio de signo político o una crisis que impidiera cumplir con los compromisos diseñados con JP Morgan.

Este cruce de dudas retrasó el diseño del préstamo por US$ 20 mil millones y dio lugar a la creación de un REPO más modesto.

La idea de Caputo era presentar antes de fin de año el acuerdo con los bancos privados, mostrar que el temor al potencial default de la gestión Milei estaba disipado y que había llegado el momento de volver al mercado financiero internacional de deuda voluntaria. Sin embargo, no podrá ser. En el mejor de los casos, el pago de enero se concretará con dinero que solo alcanzará para cumplir ese vencimiento con los bonistas.

La estrategia del Ministerio de Economía era aún más optimista, y sostenía que tampoco sería necesario aceptar el préstamo securitizado por el Tesoro: que, con solo presentarlo, automáticamente se abrirían para Finanzas los “cielos celestes” de la colocación internacional de deuda. En definitiva, los US$ 20 mil millones de los bancos privados más los US$ 20 mil millones del swap con el Tesoro sumarían unos US$ 40 mil millones que Caputo exhibiría en la vidriera internacional, garantizando un interés bajo en una colocación voluntaria de bonos públicos; mejorando plazos y montos respecto de la reestructuración de Guzmán, en la que se negoció una tasa del 3,07%.

Para tener una referencia de lo lejos que se está hoy de aquel porcentaje, la Argentina pagaría algo más del 9% anual en dólares.

La estrategia de Economía era optimista: no era necesario aceptar el préstamo.

Ahora, Luis “Toto” Caputo deberá trabajar a destajo en una estrategia que incluya un cambio drástico en la política cambiaria del primer semestre. Para el período sojero de 2026 (entre marzo y julio), Economía deberá mostrar una clara tendencia a la compra de dólares y al aumento de reservas del Banco Central. Es un requisito tripartito e ineludible: lo exige el FMI, el Tesoro de los Estados Unidos y los mercados financieros. Tanto Kristalina Georgieva, como Bessent y los técnicos de J.P. Morgan que trabajaban en el préstamo, se lo dejaron en claro al Palacio de Hacienda.

Si aun así se necesitara todo o parte del dinero de Donald Trump para el segundo vencimiento, el del 9 de julio de 2026, habría dos opciones: un simple swap de monedas (intercambio de pesos por dólares sin registrar deuda en los pasivos del Estado) o una recompra de bonos en poder del Estado a través del Fondo de Garantía de Sustentabilidad.

Lo importante de ambas alternativas es que, según la visión oficial y la de la mayoría de los analistas, no requerirían una ley, ya que técnicamente no implican nueva deuda: solo recambio de vencimientos cortos por largos. Pero para eso, hay que replicar la tasa de Guzmán: 3,07%. De lo contrario, en términos reales habría mayor endeudamiento. Salvo que el 9 de enero se pague con reservas. Algo que no podrá ser.



domingo, 23 de noviembre de 2025

Negociaciones - Era de contradicciones en el seno del poder de LLA… @dealgunamanera...

Negociaciones - Era de contradicciones en el seno del poder de LLA…

No creo en las Karinas, pero que las hay, las hay. Dibujo: Pablo Temes.

La irrupción de Adorni y Santilli en un rol negociador no termina de hacer más fluido el diálogo con otros sectores. 

Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 23/11/25 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina. 

Son días de negociaciones políticas febriles. Es una dinámica poco vista a lo largo de los dos primeros años del gobierno de La Libertad Avanza. “Es distinto de lo que pasaba cuando hablábamos con Francos”, señalaba esta semana uno de los representantes provinciales que participan de esta ronda de conversaciones. En verdad, el problema no era el exjefe de Gabinete; el problema era Javier Milei.

Era él quien no cumplía con lo que se prometía en esos encuentros. Esa actitud del Presidente parece haber cambiado después del 26 de octubre. Es que el triunfo electoral lo dio no solo la reconfirmación de su poder sino también la comprensión de que el camino de la confrontación puede servir para ganar una elección, pero no para gobernar. No ha sido menor para arribar a esa conclusión la posición del gobierno de los Estados Unidos, cuyo apoyo fue clave para generar el marco de estabilidad económica que hizo posible superar un estado de zozobra que estaba poniendo en riesgo tanto la economía como la gobernabilidad. “Al Presidente no le quedaban muchas opciones: o cambiaba y abría la cancha o la gestión se le iba a hacer cuesta arriba, aun con el buen resultado electoral”, sentenció un allegado a un gobernador del Norte.

El rol de Guillermo Francos ha pasado ahora a ser desempeñado por el ministro del Interior, Diego Santilli. Por ahora, Manuel Adorni acompaña. Santilli, formado en el peronismo, tiene el know how que exige su cargo. Siempre ha sido un hombre hábil, con soltura política y capacidad de negociación. Los que conocen las internas del Gobierno señalan que esa capacidad de dialogar y de entender el quid de la negociación política está inquietando al ministro de Economía, Luis Caputo. Los gobernadores piden plata a cambio de apoyar las reformas que pretende implementar Milei. Es lo que hacen siempre, gobierne quien gobernare. Esa metodología disgusta profundamente a Caputo quien, en estas horas, salió fuerte en las redes a desmentir un artículo publicado en The Wall Street Journal en el que se informaba que la asistencia a la Argentina por parte de los bancos estadounidenses rondaría los 5 mil millones de dólares y no los 20 mil millones que se habían anunciado. “Nunca hablamos con los bancos de un rescate de 20 mil millones. Es una operación más, con la sola intención de generar confusión”, escribió. Ante tal manifestación, fue imposible no recordar que, hace tan solo un mes, el ministro dijo en LN+ que había “un swap de 20 mil millones. Y estamos trabajando en otra facilidad por otros 20 mil millones, y ya lo dijo el secretario del Tesoro” (sic). Caputo se siente con el poder suficiente como para aspirar a que toda negociación política esté lejos de incomodar o poner en riesgo sus objetivos. Es lógico, luego de tantos elogios derramados por el primer mandatario.

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Es decisiva la floja imagen del primogénito de los Kirchner en sus apariciones.

En medio de esta circunstancia, las internas dentro del oficialismo están lejos de haber cesado. Karina Milei avanza mientras Santiago Caputo retrocede. La hermana del Presidente está empeñada en moverse intensamente en lo que es su objetivo: la conformación del partido a nivel nacional. La prioridad absoluta es la elección presidencial de 2027. El Jefe necesita seguir acumulando poder a nivel federal para contar con apoyo local en cada una de las provincias. Hay quienes dicen que aprendió la lección y que ya no busca confrontar en aquellos territorios donde le resultaría más fácil apoyarse en aliados circunstanciales. Solo el tiempo se encargará de mostrar si este cambio de actitud es realmente cierto. “Karina aprendió muy rápido a construir y manejar el poder. Lo ejerce de forma bastante brutal y siempre se ha sentido más cómoda sin ceder un centímetro de terreno. Difícil que eso cambie”, aseguró un opositor moderado que tuvo que padecerla en carne propia.

La ventaja crucial con que cuenta el oficialismo a la hora de afianzar su poder es que tiene enfrente a un peronismo desmembrado e incapaz de encontrar una figura detrás de la cual encolumnarse. Axel Kicillof no termina de convencer y, a estas alturas, se parece más a una figura de transición que a una oportunidad de peso con chances reales de competir en 2027. Los problemas que atraviesa la Provincia y la necesidad de conseguir financiamiento para hacer frente a sus propios vencimientos desnudaron las internas que condicionan al gobernador; en primer lugar asediado por La Cámpora. El mandatario provincial no hace caso a los incrédulos y sigue adelante con su juego de confrontación directa con Milei. La interna entre los Kirchner y el ex mimado de la señora condenada sigue teniendo de rehén al peronismo bonaerense. “No podemos continuar viviendo del pasado; hasta que no nos saquemos de encima el relato de los tiempos grandiosos de Cristina, el partido no terminará de salir del pantano y no tendremos la oportunidad de ser competitivos ni ahora ni en el 27”, graficó uno de los intendentes que le sirven de soporte al gobernador. El territorio sigue siendo la apuesta más fuerte de Kicillof, dispuesto a enterrar a su otrora jefa política. La intrascendencia de Máximo Kirchner al frente del PJ local condiciona sus posibilidades en las próximas elecciones por el control del partido. La paciencia se terminó y la floja imagen del primogénito de los Kirchner en sus últimas apariciones públicas fue decisiva.

Hace solo algunos meses, La Libertad Avanza no imaginaba el cierre de año auspicioso que tendrá. Una oportunidad única que el presidente Milei no debería dejar pasar.



domingo, 16 de noviembre de 2025

Apoyo de Washignton - El acuerdo con EE.UU. y el optimismo de Milei…@dealgunamanera...

Apoyo de Washignton - El acuerdo con EE.UU. y el optimismo de Milei…

Mejor ni mirar, ni preguntar. Dibujo: Pablo Temes

El pacto comercial consolida el respaldo de Trump al Presidente mientras se abren disputas internas.

© Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 16/11/2025 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.


El Gobierno vive un momento de apogeo. El anuncio del acuerdo comercial entre nuestro país y los Estados Unidos es la confirmación del nivel inédito de apoyo que la administración de Donald Trump ha decidido darle a Javier Milei. El rescate que, en momentos dramáticos para la economía argentina, llevó la Casa Blanca salvó al oficialismo de una posible derrota a la que lo hubiera llevado una crisis producida por la escasez de dólares que se había acentuado después del triunfo electoral del peronismo en las elecciones en la provincia de Buenos Aires.

Como ocurre siempre a estos hechos los acompaña siempre la controversia. Están las generadas por los que siguen aferrados a ideologías y visiones políticas ancladas en el tiempo. Esta pasión por lo anacrónico es lo que exhibe hoy –como ayer– el peronismo. Esta idea de que “vienen por nuestra soberanía”, un cliché que le ha dado resultados políticos al justicialismo y ha traído el atraso del país. Eso sí, el ”vienen por nuestra soberanía” se aplica para los Estados Unidos y no a la hora de hacer concesiones a China o a Venezuela. El peronismo y sobre todo el kirchnerismo duro todo lo contaminan de su ideología con olor a naftalina y su desesperación para volver a servirse del poder cueste lo que cueste.

Más allá de los detalles que aún no se conocen de este acuerdo, cuyo anuncio se demoró a causa del cierre del gobierno federal ocurrido en los Estados Unidos que acaba de ser levantado, hay algunas cosas ciertas que van a suceder para que esto se ponga en práctica. Una de ellas –que es fundamental– es el levantamiento total del cepo. Se sabe que va a haber un desembarco de importantes empresarios estadounidenses ávidos de explorar nuevas posibilidades de negocios. A la cabeza de esta avanzada habrá muchos del sector energético. Con cepo, nadie pondrá un dólar más allá de oportunidades muy puntuales. Las inversiones no ingresan a donde no pueden salir. Otro asunto de peso es el de las reformas tanto laborales como impositivas.

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Para alcanzar las reformas hacen falta consensos políticos de la mano de Santilli.

Para alcanzar esas reformas hacen falta consensos políticos. En eso están trabajando Manuel Adorni y Diego Santilli para contener el desbande del peronismo y las necesidades económicas de los gobernadores. La CGT es hoy otro de los frentes de batalla abiertos para La Libertad Avanza. Nuevamente las posturas vetustas de los sindicalistas de turno chocan contra la necesidad de una renovación necesaria para las nuevas formas de trabajo y producción. Todo esto con un agravante que está –más que nunca– a la vista de todos: sindicalistas devenidos empresarios –algunos multimillonarios– que se resisten a soltar sus privilegios. La familia Moyano es el ejemplo perfecto de esta categoría que se sirve del sudor de los trabajadores para llenarse los bolsillos. El vaciamiento de la obra social de Camioneros habla por sí solo. Pero el caso de los Moyano no es el único. El modelo de sindicalistas ricos y trabajadores pobres se ha extendido demasiado en el tiempo y en el territorio. Modelo que enfrenta una severa crisis de liderazgo puesta de manifiesto en la elección del último triunvirato de la central obrera peronista, incapaces de encontrar una figura única de consenso que represente la voz real de los trabajadores. Ante esta combinación, el oficialismo exhala un optimismo excesivo. No es la primera vez que esto le pasa a un gobierno cuando todo parece ir viento en popa. La historia es una escuela realista aunque muchos se nieguen a mirar para atrás. Con buen tino, Jorge Macri advirtió de un exceso de optimismo, siempre nocivo. “No nos comamos la curva”, graficó el jefe de Gobierno porteño. Sin ir más lejos, eso fue lo que le pasó a su primo Mauricio después de haber ganado las elecciones de medio término en 2017. Se creyó que se “comía” la cancha y dos años después fue derrotado en forma contundente por el kirchnerismo. Claro que, para ese dramático final, influyó el hecho de haberse encerrado en un círculo cada vez más chico comandado por Marcos Peña y unos pocos leales, que lo llevaron a perder el contacto con la realidad. Ese es el peligro de los triángulos de hierro de la vida y de los magos y gurúes de turno.

Para amplios sectores de la Argentina también se abrirán oportunidades de exportar. Uno de esos sectores es el de la carne. El desafío –ahí– será ver cuál es la capacidad de abastecimiento que tengan los productores y la industria y la necesidad de cortar lazos con viejos zares salpicados por la falta de escrúpulos y los negocios espurios.

En medio de todo el ir y venir de la realidad, el jueves fue un buen día para la lucha contra la corrupción. Ese día Julio De Vido fue llevado otra vez a la cárcel –su futuro será una larga prisión domiciliaria– y, por acción de la Cámara de Casación Penal, se dispuso que las audiencias por el caso de los “Cuadernos de Centeno” sean dos por semana en vez de una como el Tribunal Oral Federal N° 7 había dispuesto en un principio. Los tiempos de la Justicia deben ajustarse a la realidad. Al final del camino, a todos los acusados los espera la seguridad de una condena y a éste y los gobiernos que vendrán la oportunidad única de terminar con el flagelo de los sobreprecios y retornos en la obra pública. Se trata de un viejo mecanismo que el kirchnerismo perfeccionó y que ha producido no sólo grandes pérdidas para las arcas del Estado sino que también se ha llevado vidas inocentes como en el caso de la tragedia de Once. La corrupción mata y esa es una lección que ningún gobierno debería olvidar.




domingo, 2 de noviembre de 2025

Francos cayó en la interna Milei-Karina-Caputo… @dealgunamanera...

Francos cayó en la interna Milei-Karina-Caputo…

No pudo con esta última granada, Guillermo Francos. Dibujo: Pablo Temes.

La renuncia del jefe de Gabinete expuso la guerra interna. Su salida fortalece a Karina y a Caputo, el joven.

© Escrito por Nelson Castro el sábado 01/11/2025 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.


No hubo tregua para Guillermo Francos. El protagonismo que Javier Milei le dio en la noche triunfal del domingo no fue más que el reconocimiento postrero que se le da a alguien en el medio de una despedida. Los que conocían al dedillo el devenir de las relaciones entre uno y otro marcaban con tono asertivo que ese lazo estaba roto.

Recuérdese que el ahora exjefe de Gabinete se había quejado por las desautorizaciones verbales y fácticas a las que lo venía sometiendo Santiago Caputo y hasta había reclamado públicamente –aunque sin nombrarlo– por la falta de responsabilidad que implica no estampar la firma en los actos de gobierno. Seguramente, al hacerlo, debió haber tenido la esperanza de que Javier Milei lo respaldara y acabara con esa situación. Pero nada de eso ocurrió. Fue una esperanza vana. Desde el lunes mismo las versiones alrededor de su salida del gabinete rodaron sin cesar en una especie de continuado. Esas versiones incluían los nombres posibles de sus sucesores. El nombre que más sonaba era el de Santiago Caputo. Sin embargo, algunas de esas murmuraciones de pasillo daban el nombre de Manuel Adorni como el del posible sucesor. A quienes sostuvieron esa posibilidad les cabe el reconocimiento de un acierto.

Es el mismo acierto que tuvieron los que, hace muchos meses, anticiparon que Adorni no asumiría su banca en la Legislatura porteña. Finalmente, entonces, la candidatura del ahora ex vocero fue testimonial.

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La interna del Gobierno le fue mostrando a Francos que sus días en el gabinete estaban contados. En su última entrevista con Eduardo Feinmann dijo con toda claridad que no se veía en ningún otro cargo que no fuese el de jefe de Gabinete. Jugó su pleno en un mensaje claro para el Presidente, para su hermana Karina y para el propio asesor estrella. Durante esas horas, también, buscó tener un diálogo directo con Milei, intento que no prosperó. Mientras tanto seguía estando en el centro de las especulaciones y, ante cada micrófono se veía obligado a tener que responder –una y otra vez– que nada sabía de su futuro. Ese hartazgo hizo eclosión el viernes por la tarde, cuando, finalmente, tuvo lugar la conversación final con el jefe de Estado. A los que conocían las internas en el entorno del Poder Ejecutivo, la noticia de la renuncia de Francos no los sorprendió. Tal vez sí los sorprendió el momento, al igual que su texto de renuncia. “Ante los persistentes trascendidos sobre modificaciones en el Gabinete Nacional, me dirijo a Usted con el objeto de presentarle mi renuncia al cargo de jefe de Gabinete de Ministros, para que pueda afrontar sin condicionamientos la etapa de gobierno que se inicia luego de las elecciones nacionales del pasado 26 de octubre”. Hay una entrelínea de reproche indisimulable al Presidente que, ante esos “persistentes trascendidos” no hubo por su parte –ni de su entorno– ningún movimiento para desmentirlos. Tampoco hubo ninguna acción para frenar la salida de Francos.

En el medio de todas estas tribulaciones, el desafío del Gobierno es uno: llevar adelante las transformaciones que la Argentina necesita para modernizar su legislación laboral y modificar su estructura impositiva en pos de crear las condiciones que permitan generar crecimiento y desarrollo para que haya más y mejores fuentes de trabajo genuino, bien remunerado y en blanco. Junto con ello está la necesidad de un Estado moderno que cumpla con su rol de brindar educación, salud, seguridad, justicia y defensa. Esto exige consensos. Es lo que desde todos los sectores de una sociedad que está harta de enfrentamientos estériles le reclaman a Javier Milei. ¿Lo comprenderá? ¿Lo comprenderá su hermana Karina? ¿Lo entenderá Santiago Caputo? En este contexto la salida de Francos está muy cerca de ser un gol en contra. Su cintura política y su capacidad para tender puentes en medio de los ataques de furia de Milei contra sus aliados y sus rivales han sido únicas dentro del equipo violeta. ¿Acaso Milei tuvo que sacrificar una de sus piezas más valiosas para zanjar las terribles internas en el seno del poder entre su hermana y el joven Caputo? Es probable. Lo seguro es que los tiempos se aceleraron y lo que parecía que tendría lugar luego del recambio legislativo estalló de repente.

Varios ministros dejaron trascender que el aire en la cima del poder era irrespirable. Rápido de reflejos, el Presidente optó por intentar equilibrar el poder puertas adentro del triángulo de hierro. Al dejar ir a Francos, le allanó el camino a Caputo. Al mismo tiempo, hay que tener en cuenta que Adorni es, junto a los Menem, uno de los mimados de la hermana Karina; con su nombramiento, se aseguró el control de la Jefatura de Gabinete para que no caiga en manos de su rival político interno. Volviendo al futuro del joven maravilla, aún no se conoce cuál será su nuevo rol pero ha trascendido que quedaría al frente de una supercartera que podría absorber interior, con amplias funciones de interlocutor político con los gobernadores, algo para lo que Manuel Adorni no parece tan habituado. “Ganó Karina” –aseguró una voz al tanto de esas luchas de poder–. Nadie puede asegurar que en la convivencia interna vuelva a reinar la concordia; lo único cierto es que el triunfo arrasador del Gobierno en las urnas le dio el poder suficiente para hundir aún más al peronismo en su crisis y le dio la oportunidad de poder avanzar con las reformas antes mencionadas para que el país arranque de una vez y para siempre. La contracara es que se acabaron las excusas, el momento de despegar es ahora o no lo será por un largo tiempo más.







lunes, 27 de octubre de 2025

Día 687: Es el antikirchnerismo, estúpido… @dealgunamanera...

 Día 687: Es el antikirchnerismo, estúpido…


Día 687: Es el antikirchnerismo, estúpido. Fotografía: CEDOC

El miedo a la inestabilidad económica, un patrón recurrente del voto argentino, volvió a hacerse presente. Esta vez, el gobierno de Javier Milei articuló su estrategia sobre tres ideas fuerza: “kirchnerismo”, “inestabilidad” y “caos”.

© Escrito por Jorge Fontevecchia el lunes 27/10/2025 y publicado por el © Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.


Esta columna de hoy también podría titularse como: “El kirchnerismo leyó mal a Ernesto Laclau". O, lo que decía Peter Drucker: “Se muere de éxito”, por aquello que dio resultado y se profundiza hasta lograr opuesto, en este caso la polarización. Pero comencemos con nuestro título.

En 1992, durante la campaña en la que Bill Clinton derrotó a George W. Bush padre, un asesor de Clinton, James Carville colocó carteles internos en las oficinas demócratas con los ejes de campaña. 1) Cambio vs. más de lo mismo. 2) No olvidar el sistema de salud. 3) Es la economía, estúpido. Este último apuntaba a que el problema de la gestión republicana se centraba en los dramas cotidianos de las personas en relación con económico. Esta frase pasó de ser un recordatorio interno y quedó instalado en la historia política internacional. Parafraseándola, podemos intentar explicar el triunfo libertario de ayer con: “Es el kirchnerismo, estúpido”.

La histórica recuperación luego de la derrota bonaerense de 14 puntos de La Libertad Avanza (LLA) en provincia de Buenos Aires, la mayor de todas las sorpresas de anoche, se puede explicar por varios factores, pero evidentemente lo más importante es que los ocho puntos que subieron los libertarios entre septiembre y ayer, fueron impulsados por un antiperonismo y más particularmente, un antikirchnerismo muy profundamente arraigado en la sociedad, inclusive en el bastión del peronismo, que es la provincia de Buenos Aires.

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Es decir, en las elecciones bonaerenses de septiembre hubo un 61% de participación y ayer fue a votar un 68%. Es decir, hay un 7% de personas votaron ayer y no en septiembre. Esas personas, masivamente fueron a votar por LLA, asustados por la potencial vuelta del kirchnerismo que se dedujo luego del importante triunfo de Fuerza Patria por catorce puntos. Esto llevó a LLA de 33% a 41%. El peronismo, por su parte, perdió 261 mil votos que probablemente se dispersaron en varias listas, el voto en blanco y el nulo que juntos sumaron un 4%.

Quien anticipó esta tendencia en este mismo programa fue Cristian Buttié, director de CB Consultora, siendo el único de los consultores que ubicada al oficialismo por encima del 40%. "La elección de provincia de Buenos Aires despertó un interés en ese segmento que no estaba yendo a votar, que no está enamorado de Milei. Pero al ver 14 puntos de diferencia a favor del peronismo, define ese votante apático cuál es su mal mayor y su mal menor en esta elección. Y ese votante está definiendo si va a votar. Si va a votar, acompañar a La Libertad Avanza porque su mal mayor es que se caiga el Gobierno y vuelva el kirchnerismo. Entonces, ese es el vector que hay que seguir de cerca", había anticipado en Modo Fontevecchia.

¿Cuánta crueldad y miseria puede tolerar la sociedad en nombre del antiperonismo?

La simplificación de la política como una actividad agonística donde la clave reside en la correcta elección de los enemigos fue una estrategia que pudo ser útil para Néstor Kirchner en 2003, permitiéndole confrontar y aumentar su escaso 20% inicial de votos hasta el 40%. Sin embargo, esta tesis resulta una estrategia deficiente para el peronismo en su conjunto, ya que en Argentina el antiperonismo es una fuerza mayor que el peronismo, y el sistema electoral incluye balotaje.

El kirchnerismo revivió el antiperonismo que Carlos Menem había logrado licuar en los años 90 con su corrimiento hacia la derecha. En la actualidad, el voto a favor de LLA se interpreta en gran medida como un voto contra el kirchnerismo. La idea de que "Sin Cristina no se puede, con Cristina no alcanza" ha evolucionado a la conclusión de que "Con Cristina no se puede".

Esta polarización fue auto-producida y la estrategia de Cristina Fernández de Kirchner de intentar cruzarla nominando a Daniel Scioli, luego a Alberto Fernández, y finalmente a Sergio Massa, no logró trascender el hecho de que cualquier candidato en alianza con ella termina siendo percibido como kirchnerista. El "pase de magia" de nominar a Alberto por haber sido crítico funcionó una vez, pero el truco ya no funcionará.

El problema electoral para el kirchnerismo no se resume únicamente en el 41% obtenido por LLA, sino en que el peronismo de Tucumán y el Frente Cívico de Santiago del Estero no son kirchneristas, y que más del 7% de los votos de Provincias Unidas es directamente antikirchnerista.

Aunque el kirchnerismo representa aproximadamente un 20% de los votos, sin los cuales el peronismo iría dividido y no llegaría a un balotaje, este dilema es aprovechado por fuerzas opositoras como LLA y, anteriormente, por Mauricio Macri. Además, se observa un corrimiento del electorado hacia la derecha, lo cual ya se había manifestado con la victoria de Sergio Massa sobre el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires en 2013, y con Macri en 2015.

El miedo es una emoción que se puede manipular en el terreno político si se realiza una lectura adecuada del contexto para identificar los temores de los ciudadanos. A partir de esto, se crean estrategias políticas que utilizan la propaganda para incitar al voto popular. La manipulación del miedo no es nueva en la cultura occidental, ya que desde la retórica se posicionó como un elemento esencial que un orador debía usar para conmover y ganar al auditorio. 

A través del tiempo, el miedo ha ganado espacio en la política, permitiendo la emergencia y difusión de imaginarios sociales dominantes en las ciudades. Estos imaginarios pueden incluir la inseguridad, la violencia o las situaciones experimentadas en los espacios públicos, aunque sus categorías varían según el lugar y evolucionan con el tiempo. 

Mientras que en el pasado se usaban figuras como el demonio o las brujas, hoy los prototipos de miedo difieren de acuerdo con cada país o cultura. En la cultura moderna, quienes buscan instrumentalizar el miedo se valen de los medios de comunicación, pues estos desempeñan un papel fundamental al producir y difundir información saturada de imágenes sobre, por ejemplo, la delincuencia urbana. 

El miedo político se entiende como el temor de la gente a que su bienestar colectivo resulte perjudicado -como el miedo al terrorismo, el crimen o la descomposición moral- o la intimidación ejercida por el gobierno. Además, es un tipo de miedo que emana de la sociedad y tiene consecuencias directas sobre ella. 

La naturaleza del miedo hace que las personas sean vulnerables a la manipulación, tanto individual como colectivamente. Los políticos conocen esta estrategia y utilizan los medios para fortalecer los discursos de miedo y alcanzar sus objetivos, a menudo mediante tácticas como el pánico moral. 

El voto del miedo es el acto de sufragar motivado por una serie de temores, amenazas, intimidaciones e incertidumbres sobre el presente y el futuro de una colectividad determinada. Para incitarlo, a los votantes se les suele plantear un dilema de pánico mediante discursos que advierten que, si ganan los candidatos opositores, se podría desestabilizar el Estado, poniendo en riesgo la paz, el bienestar, el progreso, la seguridad o los valores. Por lo tanto, se invita a votar para evitar esa desestabilización. 

Un ejemplo analizado es la campaña de reelección de George W. Bush en Estados Unidos en 2004, donde el miedo fue un elemento fundamental. Aunque los votantes expresaron que Bush no había sido eficaz en la economía y temían por el futuro económico del país -lo que inicialmente los inclinaba hacia el demócrata John Kerry-, el factor decisivo terminó siendo el miedo a la seguridad nacional y al terrorismo. Dado el ambiente tenso por el atentado del 11 de septiembre, se encontró que el presidente Bush generaba más confianza en el manejo del terrorismo, lo cual incidió directamente en el resultado final. 

En consecuencia, las emociones son fundamentales en el campo político, con una hegemonía sobre lo racional, y el miedo se utiliza como instrumento para persuadir a los votantes. La psicología política se ocupa de guiar estos temas, abordando la propaganda y las decisiones políticas basadas en emociones.   

Por ejemplo, en Argentina, un patrón de comportamiento electoral históricamente significativo se basa en el miedo a la inestabilidad económica. Este fenómeno se manifestó por primera vez en las elecciones de 1995 como el "voto cuota". En ese momento, a pesar de los efectos negativos de la convertibilidad, que ya venía demostrando pérdida de empleo, y la crisis del "efecto tequila", el temor a perder la estabilidad impulsó a las personas endeudadas por créditos y compras, como electrodomésticos o autos, a votar por la continuidad de la política económica del menemismo. 

Esta dinámica se repitió en 1999, cuando la coalición de la Alianza, compuesta por el radicalismo, parte del peronismo con Chacho Álvarez, que llevaba como presidente a Fernando de la Rúa, ganó las elecciones. Solo logró el triunfo presidencial asegurando que mantendría la convertibilidad y no devaluaría la moneda. El desafío político en aquel contexto era lograr votar a favor de la economía, pero al mismo tiempo manifestarse en contra de la corrupción.  

Hoy en día, este mismo fenómeno se estaría repitiendo, aunque con una nueva denominación: el "voto estabilidad". Ante este escenario, la oposición se enfrenta al desafío de encontrar un candidato que esté dispuesto a prometer la continuidad de dicha estabilidad económica. Su estrategia de éxito, además de ese mensaje, dependería de que el desgaste del oficialismo por la acumulación de casos de corrupción termine por afectar su base de apoyo y se creen las condiciones para votar a favor de la economía y en contra de la oposición, como sucedió dos veces en los noventa.   

El Gobierno logró conectar un conjunto de ideas fuerza: “kirchnerismo”, “inestabilidad” y “caos”. Para eso, contó con la ayuda inestimable de Estados Unidos y probablemente la amenaza de Donald Trump de que si perdía Milei, retiraría su apoyo terminó pesando más que el antiimperialismo en sangre de nuestra sociedad. Operó generando miedo y terminó definiendo a un sector que entendió que el triunfo del kirchnerismo significaba un estallido cambiario y un aumento de la inestabilidad política y económica. Algo que se expresó luego de las elecciones en la provincia de Buenos Aires. 

Otro de los datos es el magro resultado de Provincias Unidas.

En Córdoba, el cordobesismo, liderado por Juan Schiaretti, cayó frente a LLA con una diferencia de casi 14 puntos (42,39% para LLA frente a 28,28% para el exgobernador). La división del voto provincial con Natalia De La Sota (más del 8%) no es suficiente para explicar la magnitud de la derrota.

En Santa Fe, la vicegobernadora Gisela Scaglia obtuvo un pobre 18,66%, quedando tercera detrás de LLA (40,69%) y Fuerza Patria (28,69%), a pesar de su alta imagen positiva. 

En otros distritos, los candidatos de la coalición en la Provincia de Buenos Aires tuvieron un magrísimo resultado: Florencio Randazzo obtuvo el 2,5%, por debajo de candidatos que no tenían un partido importante detrás. En Ciudad de Buenos Aires, Martín Lousteau cosechó el 6%. Lo mismo sucedió en los espacios provinciales afines en Santa Cruz (poco más del 15%), Jujuy (19,52%) y Chubut (20%), que perdieron frente a LLA y/o el kirchnerismo.



La liga de gobernadores que se había expresado como una oposición racional y sensata no logró ser la expresión del sector que no está de acuerdo ni con el gobierno de Milei, ni volver al kirchnerismo. Ahora, estos gobernadores están en serio problemas. Por un lado, serán convocados por el Gobierno para apoyar las reformas estructurales. Si se oponen decididamente y siguen en su rol opositor, pueden correr el riesgo de enfrentarse con parte de su propio electorado que ayer votó por LLA y no recibir los fondos coparticipables necesarios para afrontar sus gestiones.  

Por el otro lado, si los mandatarios provinciales son demasiado condescendientes con el Gobierno, corren el riesgo ser absorbidos por LLA y que les suceda lo mismo que al PRO. Hoy, el macrismo teme por su bastión, la Capital Federal. Luego del triunfo de Patricia Bullrich con el 50% de los votos, Jorge Macri debe estar pensando mucho en su futuro como jefe de Gobierno porteño y la posibilidad de caer ante Bullrich, que como se admite off the record, quiere su lugar al frente de la Ciudad. 

Volviendo a los gobernadores y parafraseando el dilema hamletiano hoy deben pensar: “Ser oficialista u opositor, esa es la cuestión”. Probablemente, repitan la misma táctica, acompañar con matices ahora y esperar internamente, un nuevo cambio del viento político, algo que como pueden ver en este país se da bastante a menudo.  

Hablando de dramas shakesperianos, se viene uno muy fuerte dentro del peronismo. Cristina Kirchner ya le está pasando la factura a Axel Kicillof por desdoblar la elección y generar este miedo a la vuelta del kirchnerismo. Desde los intendentes cercanos al gobernador se quejaban de la conformación de las listas y la falta de representación territorial, algo que debe haber afectado en los 260 mil votos de diferencia entre septiembre y octubre. Por primera vez, en las cuasi-provincias La Matanza y Lomas de Zamora, que tienen más habitantes que muchas provincias, no tuvieron un solo candidato local en las listas a diputado nacional.


Además, el gobernador bonaerense podría recriminar que el miedo a la vuelta del kirchnerismo se centra fundamentalmente en la figura de Cristina Kirchner y que es ella la que bloqueó toda renovación posible. En definitiva, siguiendo con este diálogo hipotético entre Kicillof y Cristina, si el problema es adelantar la victoria bonaerense y generar una reacción por el miedo, si hubiese victoria en octubre, tal vez el miedo hubiera operado hacia 2027. Mejor que la derrota ocurra ahora y se genere la renovación. 

Este problema de concepción que analizamos en el kirchnerismo se expresó con nitidez en dos postales de ayer. Por un lado, Cristina se mostró bailando en su balcón sin entenderse exactamente lo que festejaba, una imagen que probablemente motivó a millones de personas a votar por LLA por la idea de ver a Cristina festejando en su balcón. Militantes de La Cámpora compartían el video con frases como “al final Cristina tenía razón, esto recién empieza”. Como si Cristina estaba festejando que tiene un argumento para derrotar en su pelea interna con Kicillof y en su mente, si se vuelve a hacer todo lo que dice “la jefa”, el triunfo del peronismo en 2027 estaría asegurado.

Demostrando que kirchnerismo y antikirchnerismo son dos caras de la misma moneda con pésimo gusto funerario la militancia libertaria festejaba cantando “saquen al pingüino del cajón”, otro triste momento de la política argentina a 15 años de la muerte de Néstor Kirchner.

Los libertarios si entendieron algo que el kirchnerismo no: que justamente el triunfo explica que “Cristina no tiene razón”, no sobre el desdoblamiento o no de una elección local, si no sobre su la posibilidad de kirchnerismo como alternativa de poder. Un tuit de la abogada y periodista Natalia Volosin que es contundente al respecto. “Les ganaron con corridas, corrupción, operaciones y candidatos chorros, narcos, desconocidos o analfabetos. Si no entienden que el problema no es el Gobierno, sino la oposición, en 2027 Milei va a arrasar”, escribió. 


Mayra Mendoza: "Cristina tenía razón"


En el fondo el problema es que hay un 60% de la sociedad que se opone a Milei, pero el peronismo representa solo la mitad de esta mayoría. La segunda mitad se divide en múltiples listas que ninguna alcanza los dos dígitos y no representan ningún proyecto de poder, pero tampoco quieren tener que ver nada con el kirchnerismo.

Gran parte de la derrota del peronismo se centra en que Cristina apuntó por su hijo, Máximo Kirchner, o por figuras de pura cepa como Wado de Pedro. Las discusiones con el resto del peronismo dieron lugar a soluciones de compromiso que no expresaron una renovación y la batalla interna los consumió tanto que terminaron haciendo una campaña completamente vacía, esperando que la sociedad los vote simplemente para castigar a Milei. Hoy la oposición está en crisis. Representa al 60% de la gente que fue a votar ayer, pero no tiene un proyecto claro de alternativa de poder a Milei.

Mención aparte merece que si el abstencionismo, más el voto en blanco y el nulo, fueran representados por una suerte de frente electoral, hubiesen sacado cerca de 35%, es decir más que el peronismo. Esta fue la elección nacional legislativa con menos participación desde la vuelta de la democracia. ¿Vendrá de este sector que no fue a votar el apoyo a un nuevo fenómeno político? No lo sabemos, lo que sí sabemos es que el peronismo no los motiva.

El miedo es la palabra clave para entender esta elección y miedo también de quienes no se sienten representados por el Gobierno y entienden que los rasgos más autoritarios y crueles de Milei pueden ser acrecentados por esta victoria. Esperemos no sea así.


Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi. 
TV/LT