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domingo, 12 de julio de 2026

El plan de Donald Trump para redefinir el mapa de la Argentina… @elprofesorcapomasi...

 El plan de Trump para redefinir el mapa de la Argentina…

Retratos de Javier Milei y de Donald Trump, durante los festejos por los 250 años de la independencia norteamericana en la Embajada de EE.UU. Fotografía: Rodrigo Abd - AP.

Busca garantizar el control del Atlántico Sur, el paso transoceánico y la Antártida; impulsó un acuerdo de defensa que le abre la puerta a Peter Thiel; las diferencias con Brasil y el replanteo sobre Malvinas.

© Escrito por Jorge Liotti el sábado 04/07/2026 y publicado por el Diario La Nación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

El vínculo directo que forjó el presidente Javier Milei con su par Donald Trump generó una corriente de relación entre la Argentina y Estados Unidos inédita en la historia. Ni siquiera en el menemismo el alineamiento había sido tan profundo. El argumento más frecuente para explicar este grado de sintonía fue el de la empatía personal entre los mandatarios, sus afinidades ideológicas y estéticas, y la vocación común de generar una liga global de líderes de la derecha dura.

Pero de fondo subyace un factor mucho más consistente, cuyas implicancias reales todavía son difíciles de pronosticar: el cambio radical en la visión geoestratégica de Estados Unidos que impuso Trump, en la cual por primera vez en la historia América latina ocupa un papel de relevancia. La intervención en Venezuela, la presión sobre Cuba y los documentos de defensa y seguridad que difundió entre diciembre y enero pasados son una expresión elocuente. 


Javier Milei y Donald Trump en enero pasado, durante la firma del Board of Peace en Davos. Fotografía: Markus Schreiber - AP

En ese contexto, la Argentina se transformó en una pieza clave, especialmente por la relevancia que en la nueva doctrina norteamericana adquieren el Atlántico Sur, los pasos transoceánicos y la AntártidaEn alguna medida, el jefe de la Casa Blanca está redefiniendo el mapa del país. Como si fuera el planisferio invertido que tenía en su escritorio Raúl Alfonsín, y que retrató Pablo Gerchunoff.

Ese significativo reseteo se sostiene en tres replanteos conceptuales. El primero, que Estados Unidos asume que ya se agotó definitivamente la etapa de la unipolaridad que marcó la post Guerra Fría, por lo cual dejó de ser la potencia hegemónica. En consecuencia, debe prepararse para un mundo más caótico, en el cual emerge una nueva bipolaridad, ahora con China. Esta línea se viene edificando desde la gestión de Barack Obama, pero ahora adquirió una nueva intensidad. 

Joe Biden y Barack Obama. Fotografía: Lynne Sladky – AP 

El segundo, que en ese nuevo diseño global el mundo se distribuye en áreas de influencia, y la región donde Washington proyecta su ascendencia es inevitablemente el continente americano, por geografía, por historia y por razones de seguridad. Es la versión Trump de la vieja doctrina Monroe, con la diferencia de que la potencia a repeler no es Europa, como en 1823, sino China, que ya extiende su dominio por Asia.

Y el tercer replanteo, derivado de lo anterior, es que Estados Unidos reemplaza su histórica visión hemisférica horizontal, que la unía esencialmente a Europa, por una concepción hemisférica vertical, que va desde el Ártico hasta la Antártida. Desde la perspectiva trumpista, Europa ha dejado de ser confiable como aliado incondicional y sus prestaciones en materia militar han mermado. En consecuencia avanza hacia un desacople que se expresa en las tensiones dentro de la OTAN, aun cuando la amenaza de Rusia haya aumentado tras la invasión a Ucrania.

Pete Hegseth, secretario de Guerra, llega a una conferencia en el Comando Sur. Fotografía. Rebecca Blackwell - AP. 

Complementariamente el Pentágono analiza un cambio fuerte en su operatividad al evaluar la unificación del Comando Norte (cuya área de acción es América del Norte y el Caribe, donde se encaran los problemas más críticos: inmigración y narcotráfico) con el Comando Sur (para América del Sur), en un único Comando Hemisférico, avanzando hacia una seguridad continental integrada. También prevé una actualización de su doctrina, a partir del reciente recambio en el Colegio Interamericano de Defensa, que reúne a militares y diplomáticos de la región, bajo la órbita de la OEA. Allí acaban de dejar la conducción en manos de un general del Comando Sur que tiene como misión adaptar la orientación de la institución a la nueva cosmovisión.

Dentro de este marco conceptual, una obsesión recurrente de Trump son los pasos interoceánicos, porque son los que le permiten dominar los mares que rodean y protegen el continente americano, frente a un programa naval de China que ha venido creciendo sostenidamente en los últimos años. 

Un avión con Donald Trump Jr. aterriza en Nuuk, Groenlandia, en enero de 2025. Fotografía: Emil Stach - Ritzau Scanpix Foto. 

Por esa razón, amenazó con invadir Groenlandia, hasta que logró que le habilitaran la instalación de tres bases militares en la gigantesca isla. Después presionó fuertemente a Panamá para expulsar a las empresas asiáticas de la logística del canal y lo declaró una prioridad de seguridad nacional, aunque por ese cruce sólo pueden pasar embarcaciones comerciales, no buques de guerra, que por su dimensión y calado requieren de otra profundidad.

Y es allí en donde emerge la gravitación del último paso interoceánico, compuesto por el estrecho de Magallanes y el pasaje de Drake al sur de la isla de Tierra del Fuego, que no sólo es uno de los seis pases estratégicos a nivel global, sino que es uno de los mejores lugares para operar y esconder submarinos balísticos, en casos de crisis.


Cruce de camiones por el Estrecho de Magallanes. Fotografía: Hernan Zenteno - La Nacion.

Bajo esta lógica, para Estados Unidos se transformó en un objetivo garantizar la gobernabilidad del cono sur, que significa alejar la amenaza china, contar con socios confiables y establecer una presencia disuasiva más visible.

esta mirada no está atada exclusivamente a una dimensión militar, sino también a otro aspecto estratégico que es asegurar cadenas de suministro para las economías del futuro, en un contexto global que se ha vuelto demasiado inestable.

Por eso ahora incorpora un plano adicional a su mirada cuando transforma en un factor de seguridad a la energía y a los minerales críticos (la Argentina suministra hoy el 58,8% del carbonato de litio que importa EE.UU.), y cuando proyecta la importancia de la Patagonia como un lugar propicio para la instalación de empresas tecnológicas que son aliadas directas de la administración Trump, las que además del frío y el agua requieren también estar lejos de las zonas de conflicto. El que maneja la energía, la tecnología y los datos, gestiona un poder que ahora desafía la clásica prevalencia militarista.


La Base Marambio es la principal estación científica y militar permanente que Argentina mantiene en la Antártida. Fotografía: Instituto Antártico Argentino. 

En esta mirada más integral, opera un cambio fundamental: a diferencia de lo que ocurría hace 100 años, hoy la Argentina tiene objetivos mucho más complementarios con Estados Unidos, que requiere una provisión continua de energía, alimentos y minerales, sin importar al mismo tiempo el desorden que emana de proveedores tradicionales como Rusia o Medio Oriente. Todos estos tópicos vienen siendo motivo de conversación diplomática, a veces reservada.

Los acuerdos de Thiel.

Trump realizó en menos de un año tres gestos económicos muy fuertes de apoyo a la gestión de Milei. Intercedió para lograr un nuevo acuerdo con el FMI, lo rescató con un swap de urgencia antes de las elecciones y lo respaldó en el juicio por YPF. Ayudó al Gobierno en sus urgencias como ninguna otra administración norteamericana lo había hecho en su historia. Pero al mismo tiempo impulsó sus objetivos menos inmediatos y se movió para correr a China del proyecto de un puerto y una base integrada en Tierra del Fuego, profundizó una serie de ejercicios militares con la Argentina y avanzó en un esquema de cooperación que tuvo un punto culminante con la habilitación de la venta de los aviones F16.


Donald Trump y los presidentes aliados de la región firman el acuerdo antinarco conocido como Escudo de las Américas. Fotografía: AP. 

Además, en los últimos dos meses Estados Unidos avanzó en dos acuerdos de hondas implicancias para el país. El primero fue un pacto regional que se firmó en marzo en Doral, Florida, que se conoció como el “Escudo de las Américas”. Allí 12 países, incluida la Argentina, se comprometieron a disponer del uso de la fuerza militar para desmantelar organizaciones criminales transnacionales y el narcoterrorismo. En los hechos, es un puente de ingreso de las fuerzas norteamericanas, en coordinación con los gobiernos de la región, para poder intervenir frente a una amenaza creciente para la estabilidad hemisférica. La presencia allí del ministro de Defensa, Carlos Presti, pareció desbordar la discusión legal que existe en la Argentina sobre los límites de la acción militar en cuestiones de seguridad interna.

Este compromiso tiene un efecto colateral inevitable: enturbia el vínculo con Brasil, que no adhirió al convenio y que desconfía de las intenciones de Washington. En Itamaraty, la cancillería brasileña, ven con preocupación la apertura generosa que la Argentina le ofrece a Estados Unidos en la región, porque altera un equilibrio implícito en la relación bilateral.


Acuerdo que firmaron el ministro de Defensa, Carlos Presti, y el embajador de EEUU, Peter Lamelas. Fotografía: Ministerio de Defensa.
 

El segundo acuerdo se firmó hace un mes entre Presti y el embajador norteamericano, Peter Lamelas, y atañe específicamente a cuestiones de defensa. Argentina quedó en línea para participar de un programa de adquisición de drones, y al mismo tiempo se estableció un compromiso de abastecimiento de combustible para buques militares en condiciones preferenciales, que los estrategas relacionaron con el interés de EE.UU. en el Atlántico sur.

Pero en este entendimiento, se incluyó un párrafo que no se difundió públicamente. Es el que hace mención a que la cooperación de Estados Unidos va a ser canalizada a través de la empresa Arsoft US “junto a sus empresas asociadas” MeetKai, XRF.AI y el Grupo Arecco. Es decir que el acuerdo incluye a los contratistas designados, como suele imponer el Pentágono. Presti incluso participo de una exhibición de esas empresas hace más de un mes.

El Ministro @tgcarlospresti visitó la demostración de sistemas de Inteligencia Artificial para las Fuerzas Armadas, presentada en el marco de la cooperación con los Estados Unidos por Arsoft US, junto a sus empresas asociadas MeetKai y XRF.AI, y Grupo Arecco. 

Esas compañías son proveedoras de software específicos e inteligencia artificial del Pentágono y operan en el mismo ecosistema de tecnología para la defensa que aporta Palantir, la empresa del magnate Peter Thiel. “Thiel es el principal socio en tecnología militar de la administración Trump. Está claro que en el acuerdo de Defensa que se firmó tendrá un rol importante. De todos modos, lo más preocupante es su posible participación en el proyecto de gemelos digitales, porque eso le permitirá un acceso ilimitado a todos los datos personales”, explica un importante exfuncionario de la gestión libertaria. 


Peter Thiel, CEO de Palantir ingresa a la Casa Rosada para reunirse con el presidente Javier Milei. Fotografía: Hernan Zenteno - La Nacion.

Para algunos sectores militares y diplomáticos la eventual influencia de Thiel es una expresión de algunos problemas de fondo que rodean al vínculo privilegiado entre la Argentina y EE.UU. En primer lugar, la natural asimetría en los acuerdos, producto de la disparidad de capacidades de ambos países, que desde una mirada convencional marca una resignación de cuotas de soberanía por parte de la Casa Rosada.

Esto se complementa con cierta precariedad jurídica que envuelve este proceso. Por ejemplo, el pacto antinarco de Doral y el acuerdo bilateral de Defensa no pasaron por el Congreso. Tampoco tuvo debate legislativo el ingreso de tropas extranjeras para la realización de ejercicios militares, ya que sólo se habilitó por decreto. Estas limitaciones son las que hacen dudar de la continuidad de esta convergencia una vez que Trump y Milei no estén más en el poder.


La Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) reclama por la obra social de los militares. Fotografía: UPCN.

Y el tercer aspecto reside en las dificultades presupuestarias que tienen las Fuerzas Armadas, que contrastan con el nivel de integración que propone EE.UU. La Argentina destina menos del 1% de su presupuesto a la defensa (y el 80% se va en sueldos), muy por debajo de países como Chile o Brasil, y tiene graves problemas operativos, como haber dejado de contar con un portaaviones, haber perdido su capacidad submarina y haber resignado su potencial aéreo. Hoy se reproducen las bajas militares por los magros salarios y acecha una crisis en la obra social por una deuda abultada. Parece regir una disonancia entre estos problemas domésticos y la vocación por transformarse en un aliado preferencial de la principal potencia global.

Malvinas.

Nunca el gobierno y los medios británicos habían reaccionado en modo tan inmediato respecto de una noticia sobre las islas Malvinas como cuando a fines de abril se filtró un mail del Pentágono que hacía referencia a un posible cambio en la postura de EE.UU. sobre el conflicto. No sólo influyó el hecho de que se difundiera en una agencia de noticias de origen inglés, como Reuters, sino principalmente con que el mensaje partió del corazón de Washington, no de una embajada o una fuente periférica. El episodio fue interpretado con profunda seriedad en Londres, como pocas veces ocurre. 


Donald Trump con el primer ministro británico Keir Starmer, durante su última visita a Inglaterra. Fotografía: Evan Vucci – AP.
 

La razón evidente de ese mensaje, que después el secretario de Estado, Marco Rubio, intentó minimizar, fue expresar el malestar de Trump por la reticencia de Gran Bretaña a facilitar operaciones militares norteamericanas en la isla Diego García, en el marco de la guerra contra Irán. Por eso la mención a las Malvinas en este contexto pareció más un intento de provocación que un replanteo serio.

Sin embargo, algunos actores de la diplomacia militar, tanto argentina como estadounidense, sugieren no interpretarlo tan superficialmente, no porque haya un giro en ciernes, sino porque proponen enmarcarlo en el contexto de los nuevos lineamientos geoestratégicos de la Casa Blanca.


La base militar de Mount Pleasant, la fortaleza construida por Gran Bretaña tres años después de la Guerra de las Mavinas. Fotografía: Mauro V. Rizzi - LA NACION. 

Bajo esta óptica, la disputa por la soberanía de las islas es una cuestión menor en comparación con el objetivo de Estados Unidos de garantizar su dominio en el Atlántico Sur y replegar a China. Por eso Washington estaría inclinado a favorecer un acercamiento entre la Argentina y Gran Bretaña, bajo su paraguas. Por ahora sin más implicancias a futuro que la vocación por remover obstáculos y actuar en forma conjunta en cuestiones como la pesca ilegal, el paso seguro por Drake y la logística fluida hacia la Antártida (cuyo tratado debe ser revisado en 2048, en un contexto de revalorización de su potencial mineral).

La primera expresión de este cambio de prioridades se produjo con la venta de los aviones F16, a la que Gran Bretaña siempre se había opuesto, pero a la que ahora debió ceder por la presión de Trump. Algunos expertos incluso destacan que se trata de la versión más moderna y mejor equipada de esos cazas, un factor que siguieron atentamente en Londres y en Santiago (Chile realiza anualmente ejercicios militares con los británicos en el estrecho de Magallanes, por ahora sin generar quejas formales de la Argentina).


Javier Milei participo de ejercicios navales combinados a bordo del portaaviones USS Nimitz de los Estados Unidos. Fotografía: Presidencia. 

El conflicto por las islas Malvinas quedó así expuesto a un cambio de paradigma mucho más amplio que impulsa Trump, y que probablemente en algunos aspectos trasciendan a su gestión. El gran interrogante en este aspecto es: ¿está la Argentina en condiciones de interpretar el sentido más profundo del cambio geoestratégico que experimenta Estados Unidos? ¿O se contenta con los beneficios de corto plazo que ofrece la administración republicana?   



El juego de las diferencias… @elprofesorcapomasi...

 El juego de las diferencias…


Deidad criolla. Dibujo: Pablo Temes.


En un contexto político en el que el Gobierno exhibe altos niveles de euforia, es preciso entender el liderazgo del capitán del seleccionado y el del Presidente.


© Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 12/07/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Se vive dentro del Gobierno un estado de euforia, alimentado en estos días por el fenómeno psicológico – social que produce la marcha triunfal de la selección nacional de fútbol en la Copa del Mundo. La épica remontada que llevó al triunfo frente a la selección de Egipto se instaló como un ejemplo inspiracional de alto impacto interno y externo. En medio de una situación internacional convulsionada por las guerras en Medio Oriente y la de Ucrania que no cesan, destaca la admiración mundial por lo protagonizado por los jugadores en las primeras horas de la tarde del martes pasado en el Mercedes-Benz - Stadium de Atlanta. Volveremos sobre esto en el final de esta columna. Javier Milei – y su hermana Karina – tienen ya la mente puesta en la reelección.

Por eso es que la agenda del oficialismo ha pasado a incluir la reforma electoral como uno de los asuntos prioritarios. Es curioso lo que está ocurriendo: una de las medidas más trascendentales y positivas que logró hacer aprobar el Presidente fue el de la boleta única. Era una medida clave para terminar con toda una ingeniería de manipulación de la voluntad popular que se venía reclamando desde hace décadas. Por eso, llama mucho la atención que sea el mismo gobierno el que se embarque en esta cruzada con este afán por restablecer el tema de las colectoras, metodología usada claramente desde hace años para alterar la genuinidad del sufragio. Una vez más, asistimos a la reaparición de la casta y sus malas prácticas, algo que los hermanos Milei habían prometido erradicar y, hasta aquí, no han cumplido.

Esta tarea –la del engranaje electoral– constituye uno de los quehaceres fundamentales de Diego Santilli. El jefe de Gabinete tiene paño para ello: sabe cómo manejar la rosca política y se encuentra cómodo en ella. Conoce al peronismo –donde se “formó”– y, por supuesto, al PRO y a la UCR durante su paso por lo que supo ser el partido que fundó Mauricio Macri y por lo que después fue Juntos por el Cambio. Es, al final, alguien que pertenece a la “casta política”. Qué triste es ver que, cuando las papas queman, se vuelve a los artilugios de siempre con tal de sacar alguna ventaja.

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Con las colectoras hay cierta comodidad estratégica para los gobernadores. Concretamente les permite armar listas locales competitivas para retener su poder mientras garantizan el apoyo a la candidatura presidencial que mejor mide, evitando así cualquier efecto de arrastre negativo. En la ciudad de Buenos Aires ocurre algo singular. Jorge Macri, en contra de los deseos de su primo, quiere ser el candidato de La Libertad Avanza; por eso continúa tiñendo su discurso de violeta y fomentando las banderas de la ley y el orden y la mano dura. A su vez, la vicejefa de Gobierno Clara Muzzio salió a competirle y está jugando el mismo juego de seducción. La relación entre ellos no es buena. ¿Creerán que es fácil engañar al electorado porteño o simplemente corren detrás del poder a cualquier costo? Sea cual fuere la respuesta, será difícil que Karina Milei entregue los primeros lugares en la lista. Dentro de la Libertad Avanza ya reconocieron que el acuerdo es una opción viable pero bajo los términos y condiciones de la hermana presidencial. Mauricio, sabe bien las consecuencias.

Volviendo al triunfo épico de la Argentina sobre Egipto por 3 a 2, el Presidente –eufórico– sorprendió al aire con Alejandro Fantino en su canal de streaming Neura minutos después de haber terminado el partido. En el transcurso de la conversación que se originó, Milei –afectado por una fuerte disfonía luego de tanto gritar– expresó, entre otras cosas, su admiración por Lionel Scaloni. Refiriéndose al director técnico, dijo: “… es un líder extraordinario. Ha construido un grupo humano increíble”. Resulta muy interesante analizar que significa –en los hechos– esa afirmación que es la consecuencia de un hecho contundente: el director técnico ha sabido erigirse en un líder indiscutible. Cuáles son los rasgos que le dan ese liderazgo. El primero es su preparación. Después su capacidad autocrítica. Scaloni formó parte de un cuerpo técnico que fracasó rotundamente en el Mundial de 2018 en Rusia y también en la Copa América de 2019 en Brasil. De las derrotas y los fracasos aprendió – y mucho. Se preocupó por analizar y corregir lo que no funcionaba bien. Aprender de los errores es un acto de sabiduría. No creerse infalible, también. Eso le permitió entender a sus jugadores y saber qué hacer para potenciar sus rendimientos.

Un aspecto importante es su actitud de respeto hacia sus rivales. La descalificación del otro no forma parte de su repertorio. Por el contrario, se lo escucha a menudo reconocer el mérito del rival de turno. No hay soberbia en sus actitudes.

Liderar no es gritar. Liderar no es mandar. Liderar es conducir. Liderar es convencer. La defensa de las convicciones propias no implica la descalificación de las ajenas. La cortesía y los buenos modales no son sinónimos de debilidad.

Un aporte enorme a estos conceptos lo viene haciendo –hace ya mucho tiempo– Lionel Messi. El indiscutido mejor jugador de fútbol del Mundo, que derrocha humildad, nunca se pone por arriba del equipo. Y cuando se equivoca y falla –porque no es perfecto– reconoce el error y hasta pide disculpas.

Cuánto mejor estaría nuestro país si las dirigencias –todas– aprendieran las lecciones de esta selección. Se transformarían así en verdaderos líderes, algo que hoy no son.




domingo, 5 de julio de 2026

De Amarillo a Violeta. El momento de Diego… @elprofesorcapomasi...

 De Amarillo a Violeta. El momento de Diego…


Gramática visual. Dibujo: Pablo Temes.

El cambio en el gabinete es más que una variación de estilos: se trata de una nueva centralidad. 

© Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 05/07/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.


Con la renuncia de Manuel Adorni el gobierno se ha sacado de encima un enorme problema. Tan grande era el lastre que representaba la cada vez más indefendible figura del exjefe de Gabinete, que resulta increíble que Javier y Karina Milei no se hayan dado cuenta antes de lo dañino que era Adorni para ellos mismos. De hecho, la gestión gubernamental estaba literalmente paralizada, algo que muchas otras figuras de peso en el oficialismo reconocían. 

Era imposible pensar negociaciones políticas de cualquier tipo tanto con propios como con ajenos. El ahora exfuncionario se había transformado en una especie de mancha venenosa. Nadie quería reunirse con él. Recuérdese, como muestra, el fallido encuentro para la foto con los senadores propios, al cual faltó nada menos que la jefa del bloque, Patricia Bullrich quien, por otra parte, había advertido que en el Congreso estaban los votos para aprobar una moción de censura que hubiera llevado a la dimisión forzosa del jefe de Gabinete. Este hecho –de haberse producido– hubiera dañado fuertemente a los hermanos Milei y a todo el gobierno. 

A su vez, Luis Caputo venía viendo en carne propia el impacto negativo que en la economía estaba dejando toda la situación. En sus conversaciones con diferentes referentes del mundo económico, reinaba en ellos una combinación de sorpresa y preocupación: sorpresa, porque nadie entendía la causa del empecinamiento de Javier Milei en exponerse a los efectos negativos del “Adornigate” y preocupación porque esto complicaba el futuro electoral de La Libertad Avanza, circunstancia clave para definir muchas de las futuras posible inversiones de capitales internacionales. 


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Diego Santilli es exactamente lo opuesto de su predecesor. Posee aptitud para el diálogo y tiene experiencia en el manejo de la “rosca” política. Tiene también ambiciones: la más conocida es la gobernación de la provincia de Buenos Aires. Por lo tanto, si alguien no lo advirtió, hay que decir que es “casta pura”. Tiene, pues, un desafío enorme por delante. La eliminación del Ministerio del Interior es una clara muestra de la voluntad de los Milei de darle al jefe de Gabinete plenos poderes para erigirse en el protagonista exclusivo del diálogo y las negociaciones con los gobernadores. Esta centralidad en esa relación con los mandatarios provinciales ya la había llevado adelante Guillermo Francos durante su gestión como jefe de Gabinete. En ese período, se nombró ministro del Interior a Lisandro Catalán pero, el real pivote del manejo político con las provincias lo llevó adelante el mismo Francos.

Habrá, pues, dos vice jefaturas: una de Gabinete y otra de Interior: la primera la ocupará Ignacio Devitt, mientras que la segunda, estará a cargo de Gustavo Coria. Un detalle no menor: ambos responden a Karina MIlei. Es decir, serán sus comisarios políticos. Esto también es otra muestra de “casta pura” por parte del gobierno. Y, para ahondar aún más ese patrón de “casta”, véanse los primeros movimientos de Santilli que están vinculados al objetivo electoral del año próximo. He ahí, pues, la discusión por la eliminación de la Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) y, en su defecto, la reimplantación de las colectoras, un verdadero mecanismo de trampa destinado a burlar la voluntad del electorado tantas veces repudiado y tantas veces usado por el peronismo en sus distintas vertientes para perpetuarse en el poder. Ésta no será la excepción.

El ex hombre del PRO tiene además otra cualidad que le otorga cierto blindaje en sus aspiraciones bonaerenses: es, en su origen, peronista. Un caso bastante similar al de Cristian Ritondo de pasado amarillo pero raigambre en el PJ. Muchos recuerdan su paso –sin demasiados sobresaltos– como ministro de Seguridad de María Eugenia Vidal. Los muchachos peronistas si algo saben bien, es a quién apuntar –y a quién no.
 

La otra figura del momento es Patricia Bullrich. Su experiencia le sirvió para salir ilesa dentro y fuera de La Libertad Avanza mientras duró la trama de las penurias de Adorni. Avisó, se diferenció y manejó los tiempos a su antojo. “La opinión pública sabe que Patricia tiene un recorrido camaleónico, pero hoy valora su valentía y su carácter por haberse plantado ante los vaivenes y las dudas de los hermanos Milei. Es vista como la mujer fuerte frente a Karina” -reflexionó un analista político que camina la calle y conoce las encuestas. 

Mas allá del color amarillo en algunos miembros del gabinete, el oficialismo se mantiene firme en sus límites con el PRO. En la ciudad de Buenos Aires ven como una utopía las intenciones de Jorge Macri de ser cabeza de fórmula con la Libertaria Pilar Ramírez o cualquier otra figura. Además, el vínculo entre los primos Macri no atraviesa un buen momento. A nivel nacional la receta es exactamente la misma: puede haber alianzas, sí; pero con la misma dinámica que en la contienda pasada. Esto es, los libertarios ocupando los primeros lugares en las listas y los aliados sean del PRO o de cualquier otro color político como furgón de cola. 

Resulta increíble cómo, desde los dos espacios, no han aprendido nada de las lecciones del pasado. Los mileístas podrían asegurar una elección complicada sobre todo en la provincia de Buenos Aires; y los macristas vuelven como el cántaro a la fuente para ser ninguneados al borde de la humillación. Lo único que podría torcer el escenario es que la economía llegue todavía más ajustada a un 2027 definitorio.




domingo, 28 de junio de 2026

Un desenlace inevitable… @elprofesorcapomasi...

Un desenlace inevitable…

La puerta se cerró detrás de ti... ¿Se cerró?. Dibujo: Pablo Temes.

Milei tardó demasiado en actuar: el escándalo del ex vocero terminó fracturando el frente interno.

© Escrito  por el Doctor Nelson Castro el domingo 28/06/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

La salida de Manuel Adorni –más tarde que temprano– es la crónica de un desenlace inevitable. Es difícil entender por qué Javier Milei decidió enfrentar el costo político enorme de mantenerlo en el cargo durante tanto tiempo, especialmente a partir del momento en el reconoció que había mentido y había evadido el pago de sus obligaciones impositivas. Para un partido como La Libertad Avanza que pregona en sus bases una revolución moral, representó una fenomenal contradicción. No es el único partido político envuelto en una severa contradicción entre lo que dice y lo que hace. 

El PRO quedó envuelto esta semana en un aquelarre interno después de que el ex senador Esteban Bullrich presentó la renuncia a su afiliación. Lo hizo por medio de una carta, cuyo texto, de fuerte tono crítico, es demoledor. En la misiva, luego de recordar que fue uno de los fundadores del partido, señala: “Justamente por haber sido parte de esa construcción, siento hoy la obligación moral de ser coherente con aquellos valores fundacionales. Desde hace ya un tiempo me cuesta reconocer en muchas decisiones del partido el espíritu que nos dio origen. No se trata de diferencias tácticas, ni de matices propios de cualquier fuerza política. Se trata de una distancia cada vez mayor entre los principios que decimos defender y las decisiones que finalmente adoptamos”.

La carta de respuesta del PRO –definitivamente mala– dada por el diputado Fernando Andreis, que representa la voz de Mauricio Macri, no hace más que ahondar la falta de fundamentos para justificar un relativismo moral irrefutable. 

La crónica de lo sucedido en la semana que pasó mostró una realidad inocultable: el frente interno del gobierno está fracturado. La no concurrencia de Patricia Bullrich a la reunión –para la foto– convocada por el jefe de Gabinete fue una señal contundente de su disgusto con esta situación. A eso, se le agregó lo sucedido el martes. Ese día, la senadora había anunciado a los periodistas acreditados en el Congreso que Adorni no concurriría a cumplir con su obligación constitucional de presentar su informe ante los miembros de la Cámara alta el próximo jueves, 2 de julio. Su argumentación para justificar esta decisión no tuvo sinuosidades: “Lo iban a cachetear durante ocho horas”. 

En definitiva, terminaría siendo una carnicería política. Anoticiado de ello –y tras consultar con la hermana del presidente–, Adorni hizo saber que estaba dispuesto a concurrir al Senado a brindar su informe. Furiosa, la senadora oficialista estalló: “no se puede trabajar con pelotudos”, dijo a los cuatro vientos para que la escucharan bien.

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Las voces que conocen las entrañas del poder señalan que, finalmente, Javier Milei terminó dándose cuenta de cuán dañino estaba siendo para él en particular y para el gobierno en general la permanencia de Adorni. “Es un lastre que se hace cada día más pesado”, expresa una de esas voces. Otra, también cercana, señala que, en la semana, la imagen de Adorni quedó emparentada con la de Martín Insaurralde, haciendo referencia a los videos publicados por Diego Cabot en LN+ en los que Jesica Cirio se pasea por el vestidor de la casa que compartía con el ex intendente de Lomas de Zamora abriendo cajones y mostrando los muchos paquetes llenos de dólares en envoltorios termosellados.

Insaurralde es un personaje de alta significación dentro del kirchnerismo bonaerense, en especial de ese entramado con visos surrealistas a los que nos tiene acostumbrados el Gran Buenos Aires. Es un típico representante de los barones de ese baluarte del peronismo que ha sentado sus reales en ese territorio indómito para el resto de las fuerzas políticas vernáculas. 

El ex intendente de Lomas de Zamora es un protegido de Cristina Fernández de Kirchner y de su hijo Máximo, sustentado por La Campora. 

En ese universo de dispendio en el que se venía moviendo el exvocero presidencial, impactó al interior del oficialismo la información dada por Romina Manguel sobre la compra de un flipper de colección de Los Locos Adams, destinado a la casa de Adorni en el country Indio Cuá, valuado en 8.000 dólares. Vale recordar que el comportamiento del ex columnista económico ya había tocado el absurdo pocos días antes cuando se supo de sus gastos en sábanas y blanquería en general por otros cuantos millones de pesos. Adorni no dejó una por hacer. 

Así pues, la tarde-noche del viernes, la Casa Rosada fue un hervidero. La secretaria general de la Presidencia puso en marcha los mecanismos para acabar con este embrollo. Es lo que les comunicó a Diego Santilli y a Martín Menem en las reuniones que mantuvo con ellos, en la que se pergeñó la forma de darle al hecho un contenido almibarado. Se armó, pues, un relato según el cual, el motivo de la salida de Adorni es cuidarlo a él y a su familia. La verdad es que, si eso hubiera sido así, se debería haber procedido antes. Mucho antes. Si hay un daño evidente y profundo es a la esfera familiar del jefe de Gabinete, a la que, con sus inconductas, dejó expuesta no sólo a la crítica de la opinión pública sino también a la investigación de la Justicia. 

Al cierre de esta columna, el jefe de estado se encontraba reunido con Adorni para escucharlo –una vez más- y tomar una decisión final.

Aunque la salida fuera el camino elegido, el daño producido a la gestión es, a esta altura, irreparable.