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domingo, 8 de mayo de 2022

CFK en Acción... @dealgunamaneraok...

¿Quién se quiere llevar el Gobierno a la mesita de luz?


"El" Cámpora. Dibujo: Pablo Temes.

Se acabó la discusión, si es que alguna vez hubo dudas sobre el tema: manda la vicepresidenta.

© Escrito por Nelson Castro el sábado 07/04/2022 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos.

La pregunta –que parece infantil– en verdad demuestra que la interna dentro del Frente de Todos Contra Todos está al rojo vivo. El Cuervo Andrés Larroque, referente de La Cámpora y uno de los alfiles de la vicepresidenta en funciones fue el encargado de escalar la discusión: “El Gobierno es nuestro (...) Alberto no se va a llevar el Gobierno a la mesita de luz”. Esa fue la frase que marcó una de las semanas más duras de la coalición bifronte.

“Alberto no va a delegar en nadie la toma de decisiones, ni lo sueñen. En un equipo normal las cosas se discuten y se buscan consensos. Este dejó de ser un equipo normal porque ellos lo rompieron y quieren todo el poder para hacer lo que se les antoje” –dijo un hombre cercano a la Rosada, 24 horas después de la reunión de Gabinete.

Los emisarios van y vienen, pero todavía no hay fumata blanca para las negociaciones de las que participan al menos, dos ministros y el presidente de la Cámara de Diputados Sergio Massa. El operativo interno de “desgaste” de la figura presidencial sigue en marcha. “Está claro que el problema dejó de ser el ministro de Economía Martín Guzmán, van por Alberto y el control absoluto del Gobierno, de eso no tenemos dudas” –espetó un diputado de JXC para sumar dramatismo a la situación.

La parálisis reinante no afecta solo a los funcionarios de primera y segunda línea de ambos bandos del FdT. El desgobierno ya puso en alerta a diferentes sectores de la política, la producción y el trabajo. “Hoy no es posible poner en marcha ninguna iniciativa que salga del cortísimo plazo. No hay interlocutores válidos en casi ningún sector del Gobierno. No podemos avanzar o negociar tranquilos con nadie, porque no sabemos si cuando se da vuelta le van a mover el piso del otro lado” –resumió con preocupación un hombre de negocios del sector Pyme.

La vicepresidenta viajó a Resistencia para recibir un título de Doctora Honoris Causa. Está claro que este tipo de distinciones que provienen de acólitos y militantes, están flojas de papeles. Un doctorado Honoris Causa se le entrega a una persona a la cual se la distingue por sus logros. Cada universidad tiene sus propios procedimientos para elegir a los candidatos al doctorado Honoris Causa. Dicho esto, lo habitual es que una vez que se presenta una candidatura, sea por decisión de una mayoría o por parte del rector –ella se adjunta con documentación sobre las razones y lo méritos que avalan la nominación– y ante el Comisionado de Doctorado, que se aboca entonces a analizar los fundamentos de tal reconocimiento.

¿Se habrá analizado también el cúmulo de causas judiciales por hechos de corrupción por los que la vicepresidenta está siendo juzgada?  

La larga perorata de CFK, que hizo acordar a sus Aló Presidente con los que semanalmente fatigó la Cadena Nacional de Radio y Televisión a lo largo de sus dos mandatos presidenciales, abundó en imprecisiones, definiciones falaces, contradicciones, narcisismo y falta de autocrítica. Pero, desde el punto de vista de lo que sucede hoy en día, el objetivo más importante fue uno: despreciar a Alberto Fernández, minimizar su figura política y personal y despegarse de un gobierno que no siente propio. Primero volvió a recordar por enésima vez que ella lo eligió para que sea Presidente; en el mismo pasaje del discurso aseguró que era una persona que “no representaba a ninguna fuerza política” y terminó de definir el conflicto interno de manera brutal diciendo que solo podría tener “una disputa de poder” con Sergio Massa, quien lidera el Frente Renovador; Héctor Daer, de la CGT; o Emilio Pérsico, del Movimiento Evita. Léase: el poder lo tengo yo; es mío; Alberto es un don nadie que me debe todo y encima no me hace caso.

A partir de este discurso se acabó la discusión, si es que alguna vez hubo dudas: quien manda es la vicepresidenta. Ella es la dadora de poder. Y, está claro, que está dispuesto a ejercerlo. Por eso, por medio de Sergio Massa, le hizo llegar al Presidente su propuesta –de tono imperativo– de cómo pretende que se organice el Gobierno de ahora en más. Esa propuesta habla de una comisión integrada por ella, su hijo Máximo, Massa, Axel Kicillof y AF que se haga cargo de la gestión gubernamental. Es decir, dicho sin disimulo, una intervención de facto del Poder Ejecutivo que, dejaría de ser unipersonal –como lo dispone la Constitución Nacional– para quedar a cargo de esta comisión de cinco miembros. La iniciativa – un verdadero disparate– fue rechazada por el Presidente y generó incomodidad en Kicillof, cuya relación con el hijo de CFK no pasa por un buen momento. Massa, cuya sintonía con el diputado Kirchner es cada vez mayor, se siente como ganador en medio de todas estas disputas. Su sueño presidencial está siempre ahí.

Todo esto tendrá consecuencias muy concretas y malas sobre la administración gubernamental. Hasta la semana pasada, el objetivo principal de toda la andanada de críticas y acciones de desgaste iban dirigidas al ministro de Economía, Martín Guzmán. Desde ahora en más el sujeto de todo este aquelarre es otro: Alberto Fernández.

Esto y buscar que el Presidente se vaya es exactamente lo mismo. Por muchísimo menos que esto, el kirchnerismo se la pasó calificando de destituyente a Julio Cobos y de traidor a Daniel Scioli durante el primer año del gobierno de Néstor Kirchner. Hasta le llegaron a prohibir la entrada a la Casa de Gobierno por haber sugerido una actualización de las tarifas de los servicios públicos. Escribió Nicolás Maquiavelo: “Si quien gobierna no reconoce los males hasta que los tiene encima, no es realmente sabio”. Alberto Fernández debería haber leído esta frase hace tiempo. Ahora es tarde: CFK va por él.




domingo, 29 de agosto de 2021

Contradicciones. Peleas en el Frente contra Todos... @dealgunamaneraok...

 Contradicciones. Peleas en el Frente contra Todos... 

Mexicanews. Dibujo: Pablo Temes

El Presidente y su vice están furiosos uno con la otra. Reina el desamor en la coalición oficialista, entre acusaciones mutuas. 

© Escrito por Nelson Castro el sábado 27/08/2021 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos.


Nadie de su entorno sabe bien a qué atribuir lo que le está pasando a Alberto Fernández. Lo único cierto es la constatación de un comportamiento que ha terminado de hacer de él una caricatura. Sus actitudes, sus dichos y sus contradicciones son cosas de todos los días. A ello hay que agregarle la ausencia de gestión y el entuerto legal de creciente voltaje político que representa la fiesta de Olivos –el Olivosgate– y sus circunstancias. La autodefensa pergeñada por el Presidente, presentada ante el fiscal Ramiro González horas antes de que lo imputara, contiene falacias y argumentaciones disparatadas.

El jefe de Estado pretende ampararse en el hecho de que no hubo contagios detectados entre los asistentes a la “fiesta inolvidable” para eludir su responsabilidad penal. Curiosa postura de un docente de Derecho Penal de la Universidad de Buenos Aires. En el artículo 205 del Código Penal se lee lo siguiente: “Será reprimido con prisión de seis meses a dos años el que violare las medidas adoptadas por las autoridades competentes para impedir la introducción o propagación de una epidemia”. 

De la lectura surge claramente que no hay ninguna mención a la existencia de contagios como condición sine qua non para configurar la existencia de un delito. Los profesores de Derecho Penal explican el significado de esta situación con un ejemplo muy claro: si una persona tuviera en su poder un arma que no está registrada, estaría cometiendo un delito por el hecho en sí e independientemente de si esa arma la utilizó o no para matar o dañar a alguien.

Arguye el Presidente que la fiesta constituyó un acto privado. Como se advierte en el texto del artículo 205, no hay ninguna alusión referida a que la pena a la violación de la norma se halle condicionada al ámbito –público o privado– en el que se hubiera producido.

Otro de los argumentos falaces expuestos por AF es que, en su calidad de presidente, estaba exceptuado de cumplir las normas del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO). En realidad, las excepciones al ASPO se establecían con la finalidad de que las personas esenciales pudieran acudir a sus lugares de trabajo a fin de desarrollar sus tareas. La excepción no se aplicaba a la posibilidad de organizar y/o participar de fiestas.

En otro de los párrafos del escrito por él redactado, el Presidente expresa: “Se puede advertir la inexistencia de delito, más allá del reproche moral o ético que pueda merecer, pero eso ya no es cuestión ni ámbito de la Justicia Penal”. Es impactante leer esta minimización de lo que representa una conducta antiética o inmoral. A Alberto Fernández lo tiene sin cuidado la inmoralidad de sus conductas. Pocas veces se ha visto a un mandatario denigrarse a sí mismo de una manera tan flagrante.

“Cuando estalló el tema de la foto, se decidió que Leandro Santoro y Victoria Tolosa Paz carguen con la defensa pública después de lo dicho por Cafiero y las declaraciones del propio Alberto. Ahora no sé qué van a hacer, la tienen cada vez más difícil”, señala con preocupación una voz del entorno albertista.

Cristina Fernández de Kirchner está enojada con AF. En verdad, la palabra que mejor define los sentimientos de la ex presidenta en funciones no es enojo sino furia. Sin embargo, el Presidente no es ajeno a esos sentimientos. En las conversaciones que tiene con los interlocutores a los que suele llamar en las tardes-noches de sus largos días, hace conocer su enojo y sus diatribas hacia CFK. Es que en el Frente contra Todos reina el desamor.

Los disparates de Alberto Fernández. El jueves por la noche balearon al diputado provincial Miguel Arias, del Frente de Todos, en pleno acto de campaña en la provincia de Corrientes. Más allá de lo repudiable del hecho por lo que representa como muestra de violencia política y/o de alguna otra causa, el Presidente cometió un nuevo error desde su cuenta de Twitter.

 

 

El furcio derivó en la rápida respuesta de Gabriel Arias, hijo del dirigente del Frente de Todos, quien desde su usuario replicó a Fernández: “Hola Alberto, mi viejo no es candidato. Ya es diputado hace casi 2 años, en el partido que VOS encabezás. Me parece una total falta de respeto y atención para nosotros que ni siquiera hayan verificado quién era”. A las pocas horas, el tuit fue corregido y el comentario eliminado.

Respecto al tremendo episodio de la maestra de la Escuela Técnica N° 2 de Ciudad Evita Laura Radetich, Fernández dijo a Radio 10: “Ayer escuchaba un enorme cuestionamiento a una maestra que se tensa en un debate con un alumno. Yo soy profesor de la Universidad de Buenos Aires hace 37 años y siempre he dicho que lo más importante que un profesor tiene que hacer es sembrarles dudas a los alumnos”.

El encubrimiento del Presidente es aún más grave que lo ocurrido en el aula. En primer lugar, avaló la violencia con la que la responsable de guiar el proceso de aprendizaje y no de adoctrinamiento se dirige al estudiante a los gritos, utilizando insultos e interrumpiéndolo cuando intenta manifestar una postura distinta a la suya. En segundo lugar, avaló la descalificación en forma despectiva de los ingresos del padre del alumno y sus posibilidades de darle un presente mejor. En tercer lugar, el Presidente tergiversa la realidad al calificar como “debate que hace sembrar dudas a los alumnos” a un acto de adoctrinamiento que obliga al pensamiento único y lo único que puede sembrar es frustración y temor. Para coronar este cúmulo de actitudes cínicas, el Presidente repitió –una vez más– que es profesor de Derecho de la Universidad de Buenos Aires hace 37 años. Un presidente sin conocimiento del derecho penal (que viola las normas que él mismo redacta), sin sentido común y sin altura moral para desempeñar el cargo luego de quedar preso de sus propias mentiras.

El otro descolocado es el ministro de Educación, Nicolás Trotta, “que volvió a quedar de la vereda de enfrente con sus declaraciones aunque esta vez se lo nota más tranquilo”, aseguró una fuente que frecuenta la Rosada. En el entorno del ministro dicen que “primó el sentido común en sus declaraciones” y que “no sintió un desaire pero sí sorpresa” por la defensa del Presidente a la docente militante.

“Debe estimarse en muy poco vivir en un país donde las leyes pueden menos que los hombres”, escribió Nicolás Maquiavelo. Es el país que está construyendo Alberto Fernández.



domingo, 13 de septiembre de 2020

Crece la Grieta. Otra vez La Bonaerense…@dealgunamanera...

Otra vez La Bonaerense…


Hoy, más que nunca... Codo a codo. Alberto Fernández - Horacio Rodríguez Larreta. Dibujo: Pablo Temes

Fue una rebelión, que iluminó zonas oscuras. El Presidente, lejos del diálogo y cerca de Cristina.

© Escrito por Nelson Castro el sábado 12/09/2020 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos.


La crisis que se desató en la policía de la provincia de Buenos Aires puede ser definida como la crónica de un conflicto anunciado. Para decirlo con todas las letras: fue una rebelión. Como tal, es reprochable. El asedio a la residencia presidencial y del gobernador fueron hechos inaceptables. Fue fuerte ver a miembros de la policía manifestando por las calles al son de bombos y redoblantes. Las imágenes que se vieron en los distintos puntos de la protesta parecían extraídas de uno de los tantos piquetes que forman parte de la geografía política y social de la Argentina.

Dicho esto, es menester analizar la causa de los reclamos. Allí aparece una enumeración de demandas que pasan por la miseria de los salarios del personal policial, la falta de equipamiento –se deben pagar ellos mismos el uniforme–, la falta de entrenamiento, la falta de protección, el calamitoso estado de los patrulleros, y un largo etcétera de carencias.

El detonador del conflicto fue el anuncio del plan de seguridad que hizo el Presidente el viernes 4 de septiembre. Cuando se lo examina en detalle, se aprecia claramente que, en verdad, más que un plan de seguridad de lo que se trata es de un plan de compras. Como tal, le faltó atender las necesidades de un factor clave: el personal policial. “Hay que entender la idiosincrasia del policía. No está del todo cuerdo quien se bate a tiros por un sueldo de 35 mil pesos al mes”, señala con toda crudeza un ex jefe policial.

Estos reclamos vienen desde hace años. Tampoco hubo mejoras significativas en la gestión de María Eugenia Vidal en la que, más allá del slogan “tenemos que cuidar al que nos cuida”, poco y nada se hizo para mejorar las condiciones laborales y salariales de los policías.

El conflicto desnudó la falta de información y de gestión de Axel Kicillof. Sólo una lectura endogámica de la crisis -algo que abunda en el kirchnerismo- puede hacer creer que el gobernador salió bien parado de este entuerto. Que el problema haya llegado sin escalas a las puertas de la quinta de Olivos habla de las falencias del gobierno bonaerense.     

En un municipio del conurbano gobernado por un kirchnerista de paladar negro, los policías le avisaron de la protesta al secretario de Seguridad, y le pidieron permiso para ir al “sirenazo”.

El silencio de los intendentes peronistas del conurbano fue otro de los datos políticos del conflicto. Ninguno salió a apoyar de viva voz ni al gobernador ni al ministro de Seguridad.

Sergio Berni ha quedado indiscutiblemente dañado por esta crisis, independientemente de lo que se pretenda hacer creer desde las esferas del oficialismo. La relación del ministro con los intendentes kirchneristas del conurbano es cada vez peor. Se lleva mejor con los intendentes opositores. Las diferencias vienen desde hace tiempo y, lejos de zanjarse, se ahondan día a día. “Dice cosas que la gente quiere escuchar pero que nosotros no compartimos”, señala lapidariamente una voz que expresa el pensamiento de uno de los jefes comunales de rancia estirpe K, quien agrega: “En verdad no se sabe cómo se termina de bancar a Sergio, porque él dice que es de Cristina pero uno no sabe hasta dónde. ¿Es orgánico o se corta solo?”

Las mentiras del Presidente. 

“Fue una jugada a tres bandas. Primero porque ratifica la centralidad de Alberto y le devuelve gobernabilidad, frente a las dudas de los que decían de que no podíamos gobernar; segundo porque ratifica su alianza inquebrantable con Cristina a través de Axel, a quien le da una mano muy grande al resolver el conflicto; y tercero, porque le da un cachetazo a Rodríguez Larreta. Es una jugada arriesgada pero para valorar”.

Los dichos, que corresponden a un colaborador estrecho del jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, describen el ánimo imperante en el Gobierno y sirven para dejar al desnudo las falacias del Presidente. No es verdad que Alberto Fernández sea un hombre interesado en dialogar. En su incesante proceso de kirchnerización ha perdido esa capacidad. Tal como lo hace su jefa, Cristina Kirchner, AF impone.

En política, las formas tienen un enorme valor y hacen al fondo de los asuntos de su concernimiento. Este es un concepto que el Presidente conoce perfectamente, por lo que pudo haber encarado el espinoso tema de los fondos asignados a la Ciudad de Buenos Aires de una manera absolutamente distinta, con clase y jerarquía. Una determinación de semejante envergadura y consecuencias políticas y económicas no se comunica a través de un WhatsApp un minuto antes de ser anunciada. AF pudo haber convocado a Horacio Rodríguez Larreta para hacerle conocer la decisión que estaba a punto de tomar.

En esa reunión podría haberle informado acerca de las compensaciones que –según prometió– le dará a la Capital Federal. Sin embargo, nada de esto hizo. Optó en cambio por una decisión tipo manu militari. Así es como hacía las cosas CFK durante sus presidencias. Así es como las sigue haciendo ahora.

Más allá de la validez de la discusión sobre la repartición de fondos entre la Nación y las provincias –vale recordar que María Eugenia Vidal supo presentar un recurso ante la Corte Suprema para reclamar por una reasignación de fondos a la provincia de Buenos Aires– la apertura de este foco de conflictividad entre Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta tiene consecuencias dañinas para la Argentina.

Nadie se siente atraído hoy en día a invertir en un país atravesado por este nivel de división política y social. No deja de sorprender que el Presidente no lo advierta. Es por eso que ni siquiera la muy buena noticia del arreglo con los acreedores privados ha podido regenerar un clima de expectativas económicas favorables. Todos los días el Banco Central pierde dólares. Todos los días algún argentino busca irse a probar suerte a otras orillas.  

En el fondo del conflicto entre la Nación y la Ciudad de Buenos Aires, despunta, además, una razón fundamental: desde su llegada al poder, CFK viene desplegando un accionar destinado a dañar a Rodríguez Larreta a fin de perjudicar sus chances electorales ante su eventual candidatura presidencial.

El proyecto de la vicepresidenta es muy obvio: empoderar a Axel Kicillof para hacer de la provincia de Buenos Aires el bastión desde el cual el kirchnerismo pretende alimentar su proyecto político de permanencia indefinida en el poder.

Y para esos fines, cualquier medio es válido, tal como lo decía Nicolás Maquiavelo.

Video de Horacio R. Larreta. © Diario La Nación