La vida es un tablero de ajedrez donde los cuadros blancos son los días y los cuadros negros son las noches. Nosotros, somos las piezas que vamos de aquí para allá para caer al final en el cuadro de la nada... De Alguna Manera... Una Alternativa…
Al Gobierno se le está haciendo cada vez más difícil
defender a Manuel Adorni, cuya situación se complica día tras día. Lo que
resulta increíble es que el Presidente no se dé cuenta de que el Adornigate lo
está afectando principalmente a él, ya que, al defenderlo, termina deteriorando
su figura. “Adorni no mintió”, expresó Milei en un posteo de estos días. Esta
es una afirmación falsa. Adorni no sólo reconoció que mintió. También confesó
que evadió el pago de impuestos, es decir, que admitió haber cometido un
delito.
Nada de esto parece alterar la férrea postura del jefe de
Estado que redobló la apuesta primero invitándolo a Adorni a una reunión en la
Residencia de Olivos el viernes, y luego a participar en el acto que, por el
Día de la Bandera, ayer se llevó a cabo en Rosario. El elenco estable de
funcionarios que tuvieron que posar junto al exvocero se mantuvo a pesar del
disgusto de varios de ellos. Sólo la Vicepresidenta Victoria Villarruel se
diferenció con una declaración tajante: “Es un acto patrio, no es un acto para
apoyar a Adorni y no hay nadie más peleado con los valores de Belgrano que
Adorni. Me parece que no era el lugar para hacer ningún apoyo”, aseguró.
La situación interna es explosiva ya que involucra
prácticamente a todo el Gabinete. En el Congreso, defenderlo es cada vez más
difícil para el oficialismo. Ya no es sólo la vicepresidenta. Hay más
legisladores que tienen una postura crítica hacia el jefe de Gabinete. Una de
los que alerta sobre esto es Patricia Bullrich, cuyo desagrado con Adorni es
total. La jefa del Bloque de la Libertad Avanza viene advirtiendo sobre las
posibilidades cada vez más ciertas de que se lleve adelante un proceso de censura
contra el jefe de Gabinete. Este recurso está contemplado en el artículo 101 de
la Constitución aprobada y sancionada en 1994. Se lee allí: “El jefe de
gabinete de ministros debe concurrir al Congreso al menos una vez por mes,
alternativamente a cada una de sus Cámaras, para informar de la marcha del
gobierno, sin perjuicio de lo dispuesto en el artículo 71. Puede ser
interpelado a los efectos del tratamiento de una moción de censura, por el voto
de la mayoría absoluta de la totalidad de los miembros de cualquiera de las
Cámaras, y ser removido por el voto de la mayoría absoluta de los miembros de
cada una de las Cámaras”. De prosperar una moción de censura contra el jefe de
Gabinete, sería la primera vez en la historia argentina que acontecería un
hecho de tamaña envergadura institucional. Un detalle relevante: el término
mayoría absoluta es importante porque representa la mitad más uno de los
miembros de un cuerpo legislativo. En el Senado el número mínimo para
alcanzarla es 37. Y, hoy en día, la oposición podría alcanzar ese número de
votos. Esto es lo que advirtió la senadora Bullrich a los hermanos Milei.
A propósito de los hermanos Milei, si algo faltaba para
recalentar el ambiente de mala onda y desprecio del Presidente, estuvo la
declaración de la madre de la vicepresidenta, Dian de Stefani, quien señaló: me
dijo que (al país) lo gobierna la hermana (sic).
El viernes, el jefe de Gabinete de Ministros dejó de ser el
vocero presidencial. En su reemplazo fue designado Adrián Ravier. El
nombramiento causó sorpresa en algunos y estupor en otros aliados. En la
oposición kirchnerista, en cambio, produjo delectación. Fue cuestión de minutos
la que le tomó al universo K reflotar las disputas que supieron tener Milei y
Ravier en los tiempos en los cuales, el hoy Presidente, fatigaba los estudios
de televisión en calidad de panelista. “Diego, el caso del excelentísimo Dr.
Ravier es la combinación del uso de la falacia del hombre de paja, poco rigor
académico por sus falencias matemáticas que llevan a que sea inconsistente en
sus afirmaciones y contaminación emocional en las críticas. Da mucha pena…”, le
decía a su exsocio Diego Giacomini en este mensaje del 1 de mayo de 2018.
“Ravier carece de velocidad mental para ser parte de un debate de TV. Es lento
y poco formado. Mirás sus videos y tarda mucho tiempo para dar argumentos
básicos. Eso denota además poco conocimiento. De hecho, es flojo en
microeconomía y matemáticas y se nota mucho”, agregó.
“Dice Milei que fui oficinista de Macri. Jamás pisé sus
oficinas. Lo defendí desde afuera cuando entendí que su propuesta era superior
que la alternativa. Milei sí se sentó con Sturzenegger, responsable técnico del
fracaso. También se sentó con la gente de Alberto. Ignorado siempre”, dijo
Ravier en un texto del 7 de marzo de 2020. Luego se amigaron y escribieron un
libro juntos: “La batalla por la macroeconomía: El debate entre Keynes,
Friedman, Lucas y Hayek”.
Los que conocen las entrañas de este gobierno expresan que
el objetivo del flamante vocero es ayudar a cerrar la feroz pelea entre Karina
Milei y Santiago Caputo. ¿Podrá? ¿O terminará siendo una misión imposible? El
presidente delegó una tarea que él mismo no pudo o no quiso resolver.
Los vaivenes de las relaciones amor-odio no son propiedad
exclusiva de Javier Milei. Muy por el contrario, abundan en todo el arco
político. La más notable de estas semanas ha sido la de Miguel Ángel Pichetto
visitando a CFK y, entre las más resonantes de los últimos años, imposible
dejar de mencionar la sucedida entre Alberto Fernández y Cristina Fernández de
Kirchner quienes, luego de decirse de todo, terminaron “reconciliándose” y
conformando la desastrosa fórmula que ganó las elecciones presidenciales en
2019. Sí, Milei- Patricia Bullrich es otro ejemplo reciente de la magia de la
política. La política mal entendida, claro está.
Si el Adornigate duró demasiado tiempo a un costo demasiado
alto, ¿qué decir de la interna madre que arrastra el gobierno prácticamente
desde sus inicios?
La economía doméstica no capitaliza el derrame
–insuficiente– que debería desparramar la macro como para que funcionarios de
peso sigan dándose el gusto de perder tiempo y energía en internas banales.
Una gran parte de la sociedad que está haciendo un esfuerzo
titánico para sostenerse, ha demostrado una madurez muy superior a la de sus
dirigentes. La paciencia no es infinita.
El
peronismo escribió su carta de suicidio en Parque Lezama…
El peronismo escribió su carta de suicidio en
Parque Lezama.
El acto dejó al descubierto la profundidad de
la interna peronista y la estrategia del kirchnerismo para reordenar el
espacio. A casi un año de la detención de Cristina Kirchner, la disputa por el
liderazgo opositor volvió a ocupar el centro de la escena.
La novela "Sobre héroes y tumbas" escrita por Ernesto Sábato y
publicada en 1961 está compuesta por tres historias que se alternan dentro del
mismo libro. Un paranoico que escribe una extraña teoría en la que los ciegos
realizan una conspiración para conquistar el mundo, su hija que tiene un
tortuoso romance con un joven que va camino al desastre y una crónica histórica
sobre el traslado de los restos del general Juan Lavalle que
inscribe la historia de perpetuo enfrentamiento de nuestro país. Todas las
líneas narrativas se unen en un crimen que sintetiza una visión trágica que la
obra transmite sobre el país y las relaciones humanas. Gran parte de la novela
sucede en Parque Lezama, frente a los “pensativos leones” según los describe
Sábato. Esta novela, la del kirchnerismo dirigiéndose a toda velocidad
a su autodestrucción y, de paso, arrastrando al resto del peronismo,
tiene el mismo tema que la obra cumbre de Sábato y por las piruetas de la
relación entre ficción y realidad, tuvo en el mismo Parque Lezama su arena
donde los personajes cavan su propia tumba.
Al cumplirse un año de ladetención de Cristina Kirchner,
La Cámpora impulsó un acto del peronismo del que participaron gobernadores,
intendentes y dirigentes nacionales de diferentes vertientes justicialistas,
como Guillermo Moreno y Juan Grabois. El acto, en el que el único
orador fue Máximo Kirchner, terminó expresando que Cristina Kirchner no
solo debería estar libre, sino que debería ser la candidata del PJ. Desde el
entorno de Máximo Kirchner plantean que no descartan que el candidato
presidencial del peronismo sea el propio hijo de Cristina, que una vez asumido
se dedicaría a indultar a su madre para que luego se presente ella y gane las
elecciones. Justamente, Máximo Kirchner, el líder de La Cámpora, se propone
como una reedición de lo hecho por el Cámpora original, reeditando las palabras
de aquella elección. El eslogan sería: "Máximo al Gobierno (y al
indulto), Cristina al poder".
Pero estos no son los tiempos de la vuelta de Perón y la
presidencia de Cámpora. En aquellos años el peronismo era imbatible: nunca
había perdido una elección. Ahora acarrea varias derrotas, y prácticamente la
mitad del país opina que Cristina está detenida correctamente porque el período
kirchnerista estuvo signado por la corrupción. Una lista que haga foco en la
libertad de Cristina y en la figura de Máximo Kirchner como la de un delegado
aspira a retener solo el núcleo duro del kirchnerismo: no dialoga con otros
sectores de la sociedad que tienen una agenda de centro o centroderecha y que hoy
no están conformes con Milei.
En resumidas cuentas, una candidatura camporista con el eje
en "Cristina Libre" es dividir al peronismo, ya que ni el
kicillofismo ni el peronismo federal reunido en Parque Norte piensan así y, por
consiguiente, es regalarle la reelección a Milei, quien gracias a la
estabilidad de la inflación y a la baja del riesgo país puede endeudarse para
meter su propio plan platita de cara al 2027. Y si Milei ya tiene una
aprobación del 40% y el peronismo sigue dividido, se acerca a ganar,
incluso en primera vuelta.
Esto aniquilaría al peronismo frente a todos sus
seguidores, que entenderían que el PJ ya no sirve para tratar de defender sus
intereses o aspiraciones sociales.
Ya vimos cómo la UCR, un partido centenario que se
fragmentó por solo defender sus posiciones ocupadas en el Estado, perdió todo
el rumbo y la identidad. Esto mismo puede pasarle al peronismo, un partido que
se habla solo a sí mismo y lo único que discute es quién es la conducción, los
lugares en listas o la libertad de una líder que paga por el carácter
inexplicable del creciente patrimonio matrimonial y el de allegados como Lázaro
Báez, a todas luces un testaferro de Néstor Kirchner. Esto no significa que el
proceso judicial que culminó con Cristina presa haya estado exento de
controversias. Sin embargo, desde el sentido común de los argentinos, es
difícil sostener que no hubo un aceitado sistema de corrupción en el
kirchnerismo y que la sociedad acepte que eso debe mirarse a un lado para que
el peronismo le gane a Milei no parece ser el pensamiento de la mayoría de la
sociedad necesaria para ganar la elección.
Del otro lado, Milei le plantea al sector no kirchnerista
de los argentinos que deben tolerar sus avances antidemocráticos y evidentes
casos de corrupción para que no gane el kirchnerismo. Una patria extorsionada y
avanzando a una tragedia, digna cuna de "Sobre héroes y tumbas", una
novela que describe con maestría.
La falta de debates sobre cómo resolver los problemas
económicos o siquiera construir la mayoría electoral para ganarle a Milei se
vio en el acto de Parque Lezama, fundamentalmente cuando Máximo
cruzó duramente al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, vamos a escucharlo.
Si durante el kirchnerismo, Cristina había publicado
“Sinceramente”, que reivindicaba sus mandatos y se autocritica por no haber
apoyado al feminismo en sus orígenes, vinculándose al movimiento masivo por el
derecho al aborto que ella bloqueó durante sus ocho años de mandato y La
Cámpora estaba enfocada en construir la alquimia electoral para ganarle a
Macri, ahora se retrocedió a una noción aún más elemental: Cristina libre. Esa
es la consigna que para ellos sintetiza la salida del país. Si Cristina está libre, podrá
conducir al peronismo hacia una victoria y al país hacia su
recuperación. La realidad es que Cristina estaba libre hasta hace muy poco y
postuló a Alberto Fernández, luego le hizo una interna permanente y la
conclusión fue un gobierno que frustró a la mayoría y finalmente ganó Milei.
“Cristina libre” es una consigna que solo contiene al
núcleo duro del kirchnerismo y a nadie más, y las elecciones se tratan de
contener a la mayoría.
De la otra vereda de la interna en el kicillofismo,
la legisladora porteña Berenice Iañez en una charla llamada
“Cátedra Libre Hebe Bonafini” dijo que el peronismo no puede conducirse desde
el “balcón shakesperiano” de San José 1111 y los militantes peronistas no
pueden ser Romeos y Julietas intentando un imposible. De vuelta, la alusión a
la literatura trágica.
Escuchemos el tramo final del discurso de la legisladora
kicillofista.
Kicillof tiene desafíos muy grandes por delante. Si rompe
con el kirchnerismo, puede ser visto como quien destruyó las posibilidades
del PJ para ganarle a Milei y si sigue unido a la Cámpora deberá
pelear hasta último momento por ser el candidato del peronismo y se le
complicará para atraer a otros sectores que representen a los argentinos que no
son ni mileistas ni kirchneristas, sin los cuales no se le gana a Milei. Desde
el entorno del gobernador se piensa en Llaryora o algún
gobernador del peronismo no kirchnerista como candidato a vicepresidente en la
fórmula.
Por otro lado, el kirchnerismo no plantea ir a unas
PASO. Quiere que el resto se subordine, algo que no tiene forma de
imponer, aunque siempre puede romper el peronismo y así generar su derrota.
La gran pregunta es: ¿el kirchnerismo realmente entiende lo
que está sucediendo y tiene un as bajo la manga o están tan aislados de la
realidad y en su propia narrativa que no perciben el daño político que le
infligen al peronismo? Difícil saberlo, pero es probable que la prisión de
Cristina esté generando un proceso de aislamiento en ese espacio político que
los haga sacar conclusiones alejadas de la realidad. Algo peligroso para el
conjunto de la oposición dado el peso que aún tienen.
En 1897, Émile Durkheim publicó "El suicidio",
uno de los textos fundacionales de la sociología moderna. Su gesto fue
revolucionario: tomó un acto que parecía el más íntimo y personal de todos
—quitarse la propia vida— y demostró que obedecía a causas sociales
mensurables. Detrás de cada suicidio individual, Durkheim encontró estructuras
colectivas: el grado de integración de una persona en su comunidad, el nivel de
regulación que esa comunidad ejercía sobre ella. Así construyó su célebre tipología:
el suicidio egoísta, el altruista, el anómico y el fatalista, cada uno
revelando una forma distinta en que la tensión entre individuo y sociedad puede
volverse insoportable.
Lo que sigue es un ejercicio de transposición conceptual.
Utilizamos las categorías de Durkheim en sentido estrictamente metafórico y con
fines analíticos: no para hablar de muerte literal, sino de destrucción
simbólica de carreras, liderazgos, partidos y proyectos políticos. Durkheim
nunca aplicó su tipología de esta manera, y sería un error metodológico
confundir ambos planos. Pero si se acepta la metáfora del
"suicidio político" —la autodestrucción voluntaria o
semivoluntaria de un proyecto colectivo—, su esquema resulta notablemente
sugerente.
El suicidio político egoísta: sería el caso de líderes que
terminan aislándose de su propia base social, pierden contacto con sus aliados
y toman decisiones que destruyen el proyecto. La analogía con Durkheim es
directa: una pérdida de integración, el dirigente deja de estar conectado con
la comunidad política que le daba sustento. Richard Nixon durante el escándalo
Watergate es el ejemplo más citado; también ciertos líderes
revolucionarios que, una vez en el poder, se distanciaron de las organizaciones
que los habían sostenido.
El suicidio político anómico: probablemente el más
frecuente. Se produce cuando un partido o liderazgo pierde las reglas que le
daban identidad: las contradicciones internas se vuelven tan grandes que el
proyecto termina desintegrándose. La analogía con Durkheim es muy directa: las
normas que organizaban la acción colectiva dejan de ser creíbles. La crisis
final de la Unión Soviética bajo Gorbachov suele interpretarse en esta clave
—las viejas reglas habían dejado de funcionar y las nuevas aún no existían—, al
igual que numerosos partidos tradicionales europeos que perdieron identidad
ideológica tras cambios sociales acelerados.
El suicidio político fatalista, el caso opuesto:
organizaciones tan rígidas que terminan destruyéndose por incapacidad de
adaptación. Regímenes autoritarios incapaces de reformarse, partidos
excesivamente disciplinados que expulsan toda renovación y terminan
marginalizados. La sobreabundancia de reglas asfixia la vitalidad del proyecto.
El suicidio político por líder carismático: aquí aparece
algo que Durkheim no desarrolló y que se acerca más a Max Weber. Algunos
líderes construyen un movimiento tan dependiente de su propia figura que
impiden la aparición de sucesores. Mientras viven parecen fortalecer el
proyecto, pero a largo plazo lo debilitan. Perón en algunos análisis sobre la
sucesión del peronismo, Chávez respecto de la dependencia del liderazgo
personal, De Gaulle respecto del gaullismo clásico. Paradójicamente, el líder
no destruye el movimiento por falta de autoridad, sino por exceso de
centralidad.
De alguna manera, todas estas categorías están presentes en
el paciente kirchnerista. Está aislado de la realidad, pierde el sentido que le
da identidad, que es pelear por los que menos tienen. Es una organización
demasiado rígida y verticalista y tiene una líder carismática que está presa y
no puede ser candidata. Todos estos elementos hacen síntesis y los proyectan a
una política suicida para sí mismos y al tener peso dentro del peronismo, para
el conjunto del PJ. A su vez, como el justicialismo es la porción más
importante de la oposición, la posibilidad de que haya un gobierno que no sea
de extrema derecha se aleja cada vez que ellos avanzan trágicamente a su final.
El acto en Parque Lezama son esos hechos de la historia que pasan bajo el
radar, que tienen poco impacto en la opinión pública pero son decisivos.
Haciendo otra transposición conceptual, reiteramos, solo a
fines de explicar nuestro punto, en el psicoanálisis parte de la conducta del
suicida antes de su acto se denomina acting out. Para Lacan, el acting out es
un mensaje dirigido al Otro: el sujeto actúa, pero hay un destinatario
implícito, una demanda cifrada que pide ser leída. "El acting out es una
transferencia salvaje", sostuvo en el Seminario X sobre la Angustia. ¿Lo
del kirchnerismo es una suerte de acting out en el que le señalan al resto de
la oposición que son capaces de permitir el triunfo de Milei si no se los
contiene en un proyecto que les dé lugar? Es decir, ¿finalmente el kirchnerismo
amenaza con la creciente destrucción del país que implicaría un nuevo gobierno
de Milei para evitar ser desplazados totalmente de la política nacional? En ese
caso, Kicillof debe probarse como un verdadero líder y
contener al kirchnerismo para que no arrastre al conjunto del país a un nuevo
período mileísta, pero debe hacerlo de tal manera, que Cristina no lo vuelva un
nuevo Alberto, porque en ese caso ni siquiera podría ganar las elecciones.
Siempre puede haber nuevas opciones y el pueblo argentino,
incluso parte del que apoya al kirchnerismo puede advertir que se avanza
inexorablemente a un desastre y apoyar a otros candidatos. Esperemos que así
sea. Hoy la consigna que se repite en La Cámpora de “Nada sin Cristina”
significa en lo concreto un “Todo con Milei”.
Sabemos bien que muchas personas pueden estar atravesando
problemas que generen la idea de terminar con su vida, en ningún momento de
esta columna la intención fue faltarle el respeto al dolor de nadie. La
realidad es que la dirección que toma el kirchnerismo y el destino que puede
llevar al conjunto de la oposición y en alguna medida al país hace que no
hayamos encontrado otra palabra mejor que explique el carácter trágico del
momento político.
Producción de texto e imágenes: Matías
Rodríguez Ghrimoldi
Cuando, durante la campaña electoral de 2023 y en su discurso de
asunción del 10 de diciembre de ese año, Javier Milei reafirmó con insistencia
el fin de la corrupción y de la casta, generó una expectativa real en la mayoría
de la ciudadanía harta de las conductas de funcionarios que llegan al poder con
el único propósito de acceder a privilegios y enriquecerse. El Adornigate ha
terminado de un modo brutal con toda esa esperanza, la que ha quedado reducida
–una vez más– a una vana ilusión.
Es menester decirlo con todas las letras: Manuel Adorni mintió y evadió
el pago de sus impuestos. Evadir el pago de los impuestos es un delito. Por lo
tanto, Manuel Adorni es un mentiroso y un delincuente. Recuérdese que el
empresario kirchnerista Cristóbal López fue preso por evadir. Y, más atrás en
la historia, sobresale el caso del famoso y temible capo mafia Alphonse Capone
–Al Capone– fue preso por evadir impuestos. Surge de la narración de los hechos
de Adorni, que su condición de evasor fue mantenida en el tiempo hasta llegar
al turno del gobierno del cual forma parte. Es decir que dejó pasar el blanqueo
decretado durante la presidencia de Mauricio Macri. Al blanqueo dispuesto por
el actual gobierno, el jefe de Gabinete no podía entrar porque se lo impedía su
condición de funcionario público, para quienes esa posibilidad estaba vedada.
Por eso, lo hizo recién el miércoles último –en el régimen de la Ley
2779 - Ley de Inocencia Fiscal– al cual se han acogido varios funcionarios.
Esto ha dado pie a una candente polémica que el Adornigate no ha hecho otra
cosa que recalentar. Entre los funcionarios beneficiados por esta ley están: el
Ministro de Desregulación y Transformación de Estado Federico Sturzenegger, el
documentalista oficialista Santiago Oría, empeñado en una cruzada fatua y sin
destino contra los periodistas; el jefe de la ARCA, Andrés Vázquez; el ex
titular del ARCA, Juan Pazos; el senador oficialista José Benegas Lynch; el
economista y senador libertario, que votó la ley, Agustín Monteverde y el
embajador ante la Unión Europea y Bélgica, Fernando Iglesias, el economista y
conductor de la TV Pública Antonio Aracre; el asesor presidencial Manuel Vidal;
el asesor del Ministerio de Economía y director del BICE, Felipe Núñez; y la titular
de la Unidad Gabinete de Asesores de Adorni, Aimé “Meme” Vázquez.
En un recordado mensaje en la Red Social X, el jefe de Gabinete expresó:
“La ley de inocencia fiscal probablemente sea una de las leyes que quede en la
historia grande de nuestro país: aún no se toma la real dimensión de todo lo
que implica. Dios bendiga a la República Argentina. Fin”. Se ve que estaba
necesitando esa bendición. “Todo lo que tiene que estar declarado está
correctamente declarado, está todo impecable, lo demás son coyunturas en las
que yo no voy a entrar, ni ahora ni nunca, porque tampoco lo he hecho antes.
Gracias”, había dicho en la conferencia de prensa del 25 de marzo. Ahora está
claro que era todo mentira.
Respecto del ministro de Desregulación, en su entorno aclaran que nada
de ilegal hay en lo que hizo, sino que decidió realizar la presentación de su
declaración de Ganancias a través de esta metodología permitida por esta
controvertida ley.
La incomodidad –por utilizar una palabra elegante– de los miembros del
gabinete es indisimulable. Su silencio cómplice, también. Nadie olvida que fueron
obligados por Karina a sentarse en primera fila durante la así llamada
conferencia de prensa de marzo. A ese elenco que integraron, entre otros, el
ministro de Economía, Luis Caputo, la ministra de Seguridad, Alejandra
Monteoliva, el ya citado Sturzenegger, el ministro de Relaciones Exteriores,
Pablo Quirno, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, el
secretario de Comunicación, Javier Lanari, y el asesor presidencial, Santiago
Caputo, Adorni también le mintió.
El silencio del PRO –principal aliado del Gobierno– se rompió finalmente
en la tarde del viernes. El pedido a Milei para que “defienda el cambio y no a
Adorni”, representa también el pensamiento de muchos dentro del oficialismo.
Patricia Bullrich –una de las más incómodas– lo dijo con todas las letras:
“Esto es más que un error, es una omisión ética”. Le faltó agregar algo: es,
además, un delito. Parte del peronismo cordobés ya avisó que no será tan
colaborativo si siguen sosteniendo al exvocero presidencial. El daño generado
hasta aquí puede seguir en aumento.
La incertidumbre crece en ese valle de pasiones abundante en
desconfianza y enconos personales que se vive en el Gobierno. Hay, asimismo, un
interrogante: quién podría suceder a Adorni. Y allí, se entra en el mundo de
las tinieblas en el que el enfrentamiento entre Karina Milei y Santiago Caputo
se hace más encarnizado.
En la Justicia las declaraciones y la presentación del jefe de Gabinete
no satisficieron. Prima facie, ninguno de los vinculados a la investigación de
la causa, le creyeron. “No le cierra el blanco”, explican muchos tras los
primeros análisis de lo presentado por el jefe de Gabinete. “Parece una
declaración armada de adelante hacia atrás. El primer punto es el origen de los
fondos. Eso constituye el núcleo a partir del cual se edificó esta historia con
ribetes de fábula.
Las buenas noticias de la macroeconomía –baja del índice de inflación al
2,1% y el descenso del riesgo país por debajo de los 500 puntos– se las llevó
puestas el Adornigate. Por si no quedó claro: Manuel Adorni demostró ser un
mentiroso y confesó ser un evasor, es decir, un delincuente, algo de lo cual
Javier Milei no parece querer anoticiarse. Qué disociación con la realidad.
Fin.
“Otra semana cuesta arriba apagando incendios. Ya vendrá la calma” –reflexionó
un libertario acostumbrado a los vaivenes internos–. La foto que el miércoles
se hizo pública desde el Gobierno mostraba juntas a Patricia Bullrich y a
Karina Milei, un recurso utilizado en otros casos –también por otros gobiernos–
en la antesala de rupturas prácticamente anunciadas. Nadie sabe con certeza qué
ocurrirá con la senadora nacional que, al día de hoy, desvela a una parte del
oficialismo. Sin embargo, lo que no deja lugar a dudas, es el ensañamiento de
la hermana del presidente con quien ve desde hace ya bastante tiempo como una
posible competidora con poder de fuego suficiente para alimentar un electorado
propio.
Repasemos. Declaración jurada de Manuel Adorni. Bullrich exigió
públicamente que el jefe de Gabinete presentara de inmediato su declaración
jurada patrimonial. No sólo eso, ella misma lo hizo en un gesto evidente de
desacuerdo con el manejo que la Casa Rosada estaba haciendo del tema. Las PASO.
La exministra de Seguridad, al ver que no se reunirían los votos suficientes
para la eliminación definitiva de las primarias o la suspensión temporal,
habría explorado un postura intermedia que no era del agrado de Karina Milei
quien prefería ir por todo mas allá de que la política -y la matemática- le
indicaba lo contrario. Pliego de la jueza María Verónica Michelli. Un paso
decisivo. El Gobierno pidió retirar el pliego de Michelli –candidata a jueza y
cuñada del periodista Hugo Alconada Mon, que investigó a fondo el escándalo
$Libra– por razones políticas. Bullrich se negó a acompañar el pedido, invocando
“objeción de conciencia”. Ofreció –incluso– su renuncia a la jefatura de
bloque, acto que fue rechazado por el propio presidente para no escalar el
conflicto. En plena sesión, Patricia Bullrich se abstuvo y explicó ante el
micrófono su accionar. La oposición, envalentonada y con el oportunismo
kirchnerista, aprobó sobre tablas el expediente por 44 votos a favor, 18 en
contra y apenas 2 abstenciones. Un sapo que para muchos fue difícil de digerir.
En el medio de la vorágine de los
avatares de las internas del gobierno, la corrupción sigue ocupando un lugar
importante en la agenda política vernácula. Esta semana estuvo marcada por dos
hechos significativos. Uno de ellos, pertenece al más estricto presente: el
caso Arsat; el otro, al pasado: La causa Cuadernos.
El caso Arsat tiene como principal
acusado a Facundo Leal, extitular de Arsat a lo largo del gobierno de Alberto
Fernández, quien fue designado increíblemente como titular del Organismo
Regular del Sistema Nacional Aeroportuario (Orsna), cargo que ocupó hasta enero
pasado. Cuando se allanaron sus domicilios, como consecuencia de una
investigación abierta por el robo de cables de los depósitos de Arsat, los
efectivos policiales se encontraron con más de 2.400.000 dólares, monedas
extranjeras, equipamiento sofisticado para espionaje y drogas. ¿Cómo es que
este individuo pudo formar parte de un Gobierno que dice hacer de la decencia
un evangelio?
El otro hecho muy importante y de valor decisivo, sucedió en la causa de los cuadernos de Centeno: fue la declaración de Roberto Lavagana, quien fuera ministro de Economía de los primeros dos años del gobierno de Néstor Kirchner. Frente al tribunal integrado por los jueces, Lavagna denunció que se pagaron sobreprecios del 20% en las obras de vialidad, confirmando así algo que había denunciado hace 21 años en un discurso ante unos 500 empresarios que se habían reunido en la convención anual de la Cámara Argentina de la Construcción, a los que en los corrillos del mundo de los poderes políticos y económicos ya entonces se la aludía como la Cámara Argentina de la Corrupción. “Hay un cierto grado de cartelización entre las empresas que construyen las obras públicas que hace el Estado, con los sobreprecios que ello implica”, dijo el en aquel tiempo ministro ante quienes lo escuchaban y miraban impertérritos. Y, para que quedara bien claro, agregó: El caso de Vialidad es bien conocido por ustedes y saben que está siendo investigado por Defensa de la Competencia e incluso por el Banco Mundial. Ese discurso fue un mazazo para Néstor Kirchner quien, tres días después –y sin ningún tipo de disimulo– le pidió la renuncia a Lavagna a quien echó del gobierno. Habrá que preguntarle al ex-ministro por qué calló esta confirmación durante 21 años.
No es casual que la columna de hoy 7 de junio, Día del Periodista, cierre con la mención de dos hechos de corrupción, el primero del presente y el segundo del pasado. En el caso Arsat, viene siendo el periodismo el que lo está develando y ampliando en toda su dimensión. En la causa Cuadernos ha sido Diego Cabot con su equipo de investigación integrado por Candela Ini, y Santiago Nasara, los que descubrieron el caso. Como reza la famosa frase: “El periodismo honesto es un instrumento clave para hacer a las sociedades más plurales y transparentes”. Es algo de lo que la Argentina tiene una desesperante necesidad –le guste o no– a los que habitan los rincones del poder.
La homilía que pronunció el arzobispo de la ciudad
de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, durante el tedeum del 25
de mayo en la Catedral fue impecable. Su texto describió a la perfección la
esencia de la problemática de la dirigencia política argentina: la falta de
diálogo. Y, en esto, hay que ser preciso con lo que significa exactamente la
expresión “falta de diálogo”, en el contexto de la actividad política. Para
decirlo con claridad: dialogar no consiste sólo en conversar con alguien sino
en escucharlo. Esta es la base de la discusión, tomando la acepción segunda del
Diccionario de la Real Academia Española, que reza así: análisis o comparación
de los resultados de una investigación, a la luz de otros existentes o
posibles.
En la entrevista que al día siguiente le concedió a
Eduardo Feinmann en su programa de Radio Mitre, Javier Milei mostró haber
comprendido la dimensión de ese mensaje con las críticas que le incumben a su
gestión de gobierno. En consonancia con el reconocimiento de la importancia del
diálogo, se preguntó con quién hacerlo. Ese es un interrogante porque son
muchos los que desde otros sectores de la estructura dirigencial –con el kirchnerismo
a la cabeza– exhiben también una notable incapacidad para prestarle atención al
que piensa diferente. Un mal de estos y otros tiempos.
En la trastienda, hubo voces del oficialismo que se
encargaron de darle visibilidad a su propia molestia con el arzobispo. “No pude
estar presente en el Tedeum, pero seguramente García Cuerva se refería este
tipo de violencia en las redes”, señaló el ministro de Economía, haciendo
referencia a un mensaje en la red social X en el que un usuario profirió un
insulto contra el presidente a quien en una foto se lo ve portando un kipá y
una escarapela doble, es decir, de la Argentina y de Israel. Le asiste a Caputo
la razón en eso. Pero, para ser ecuánime y darle envergadura moral a su
señalamiento, debería tener igual actitud hacia aquellos que desde las filas de
La Libertad Avanza tienen las mismas actitudes con quienes no comparten su
pensamiento. Hay que recordarle que el mismísimo Milei le da aire en sus redes
a la expresión “No odiamos lo suficiente a los periodistas” y que la maquinaria
tuitera de las Fuerzas del cielo tampoco muestra muchas aptitudes para el
intercambio de opiniones y puntos de vista.
La inquina contra los periodistas tiene ya la
dimensión de una obsesión. Es lo mismo que hacía Cristina Fernández de Kirchner
en los días de su apogeo. Se ve que el oficialismo de hoy no aprendió nada de
aquel pasado de fracasos en los que se creyó que teniendo de enemigo al
periodismo honesto podrían tapar los problemas del país. Desaprovechan así las
buenas noticias en lo macroeconómico y el hecho de que, el propio Milei,
reconoce cuando lo atraviesa algún oasis de serenidad que esa bonanza no ha
llegado al bolsillo del ciudadano y ciudadana de a pie.
La falta de diálogo se extiende a la interna del
gobierno en la que Karina Milei no cesa en su empeño por generar inquina y
dividir aguas. Que el lunes no le haya permitido el ingreso al Cabildo a
Patricia Bullrich habla de por sí del enfermizo pensamiento de la hermana del
Presidente. Se nota que la ve a la senadora como una rival a alguno de sus
proyectos. Uno de ellos era Manuel Andorni como candidato a jefe de Gobierno.
Eso ya no corre más. ¿Será que la senadora es una potencial postulante a la que
no ve con buenos ojos? Sería más sencillo recriminarle –con razón– su propia
torpeza al ex vocero que no dejó error –y posibles delitos– por cometer. “Si no
lo echan por corrupto deberían correrlo por boludo”, se queja con ironía un
libertario de la primera hora –hoy en desgracia– que no termina de creer cómo
un problema que podría haberse resuelto en cuestión de días terminó dominando
la agenda pública de los últimos dos meses. ¡Alerta spoiler! Esta semana el
tema volverá fuerte a las portadas de los medios ya que, si bien los plazos
legales para la presentación de la declaración jurada aún no han vencido, desde
el gobierno habían señalado los primeros días de junio como plazo para hacerlo.
Ya no se trata sólo de un tema legal; es más bien un estándar moral y ético que
desafía los límites del sentido común. Manuel Adorni hizo las cosas mal y ya no
importa qué pueda pasar de aquí en más.
Hay, en el fondo, un problema de liderazgo que
afecta al propio Presidente. El caso Adorni como así también el tenor de las
discusiones y peleas internas que se ventilan a cielo abierto, son una muestra
de la incapacidad de Javier Milei para ponerles un punto final. Las peleas
entre los bandos de la hermana Karina y Santiago Caputo, han afectado
directamente la imagen presidencial y de gestión. La pericia macroeconómica del
líder libertario contrasta con su falta de apego a la conducción política. Eso,
a la larga, se ha convertido en un problema de magnitud. ¿Cómo podría
reaccionar un inversor que necesita previsibilidad y condiciones de estabilidad
en el tiempo, cuando escucha al primer mandatario decir que prefiere perder una
elección antes que entregar a un inocente? Más claro, agua. La personalidad
avasallante de Milei parece no aplicar cuando debe rescatarse a sí mismo
ordenando la tropa interna y las torpezas de sus propios funcionarios.
Históricamente, se ha dicho del electorado
argentino que cuando la economía va bien, termina siendo tolerante a los vicios
de la política tradicional. En este caso, no ocurre ni lo uno ni lo otro. Los
logros de orden fiscal y la baja de la inflación, son una buena noticia que no
termina de alcanzar para una mayoría todavía paciente que, con un esfuerzo
descomunal, hace malabares para llegar a fin de mes. El dato preocupante, es
que muchos de los que votaron a favor de un cambio, empiezan a perder esa paciencia
ante los desajustes en el manejo político. El votante que no desea volver al
pasado entiende que no se puede cambiar en dos años el deterioro de más de dos
décadas, pero está siendo más reactivo a los errores no forzados y a los
berrinches políticos de dos grupos que se pelean por el poder que a las
penurias que les impone la dura realidad.