La vida es un tablero de ajedrez en donde los cuadros blancos son los días y los cuadros negros son las noches... Nosotros, somos las piezas que vamos de aquí para allá para caer al final en el cuadro de la nada... De Alguna Manera... Una Alternativa…
Hay Acuerdo: celebrando lo bueno del comienzo del
2026…
Histórico.
Dirigentes del Mercosur y de la UE celebran la firma del pacto comercial en
Paraguay. Fotografía: CEDOC.
El
2026 empezó con una buenísima noticia: después de alrededor de 25 años, la
Unión Europea votó a favor de firmar el Acuerdo entre ellos y el Mercosur. Era
una deuda que no se podía salvar, porque los países de Europa no lograban que
la mayoría lo aprobara. Incluso ahora se aprobó y se firmó, pero hay algunos
países como Francia, que no lo aprobaron, porque sus agricultores no lo
aceptan. Si bien son minoría, por eso se pudo aprobar la firma, sin embargo,
las dudas y reparos existen en ambos grupos.
No es casual que se definió ahora la aprobación primero, y luego la firma,
porque Europa está atravesando un período de gran inestabilidad respecto a sus
mercados tradicionales por la actitud cerrada de Trump, quien, ante la demanda
por anexar Groenlandia al territorio de Estados Unidos de América y la
resistencia, tanto de Dinamarca como de los habitantes de Groenlandia y el de
muchos países de Europa, se obstina más en lograr su voluntad. Frente a ello
Trump está amenazando a esos países con penalizarlos a través de la
implantación de aranceles para el intercambio comercial y generando todo tipo
de amenaza, incluso militar.
Todo esto produce una inestabilidad social, económica, política y
militar que mantiene a los países de la Unión Europea en una situación difícil.
Por eso asegurar este Acuerdo que implica un muy importante número de
habitantes involucrados a largo plazo, es realmente muy oportuno en este
momento.
A su vez para los países del Mercosur este Acuerdo también es de mucha
gravitación, en momentos en que Estados Unidos los está amenazando con la
implantación de aranceles y oscila entre el amor y el rechazo a nuestros
países,. Eesto constituye una garantía estable que actúa como un excelente
paraguas que los defienda de las oscilaciones temperamentales de Trump y su
conducta hacia ellos.
Lamentablemente la firma del Acuerdo ocurrió en un contexto de
distanciamiento entre los presidentes de Brasil y Argentina. El Mercosur fue
producto de la unión e interés común de los presidentes Sarney y Alfonsín y siguió
cultivándose en ese ambiente de cordialidad y de ideales comunes entre ambos
países. Ahora. Es evidente que Lula y Milei tienen posiciones diferentes en lo
relativo a la política exterior, no solo la interior y el manejo económico de
sus países. Mientras Milei sigue a Trump no solo personalmente, sino también el
país, porque desde enero del 2025 Argentina acompaña y adopta las mismas
actitudes y medidas que los Estados Unidos a nivel internacional. Lula, por el
contrario, no acuerda con Trump y la mayoría de sus ideas y políticas y así lo
expresa muy claramente en términos de política exterior. Por eso Brasil rechazó
y criticó abiertamente la invasión militar a Caracas que resultó en el
secuestro de Maduro y su esposa, por parte de los Estados Unidos. Esto fue
denunciado por Brasil, como un acto contra el derecho internacional y como tal,
independientemente de la valoración de Maduro, no puede aceptarse. Es por esto
que las diferencias entre Milei y Lula no son menores, ni pueden catalogarse
como algo circunstancial. Aparte de esto, la firma del Acuerdo es algo que
debemos celebrar y trabajar para que se pueda ratificar en el Congreso y se
implemente.
Pero, además, el 2026 nos trajo otras buenas noticias, aunque no tan
importantes como la antes comentada. Me refiero, por ejemplo, a la mejora en la
inserción de las mujeres en la agroindustria, algo que continúa creciendo y que
debido a la incorporación tecnológica permite que las mujeres ahora puedan
desarrollarse en un campo que hasta hace pocos años era casi exclusivo de los
varones. Esto no solo amplía los puestos laborales para las mujeres, también
permite que asciendan a posiciones de conducción, especialmente las más
jóvenes.
Es interesante que son las de hasta 30 años las más favorecidas. Su
crecimiento es mayor en las áreas de comercio e industria. Algo más moderado en
capital e insumos. En logística y transporte es menor. Un área en la que les es
más difícil progresar a las mujeres es en las actividades agrícolas; en estas
la dificultad de trabajar horario completo o a tiempo completo por parte de las
mujeres limita su participación. Es un área en la que se deberán ampliar las
posibilidades de acceso y sostenimiento de las mujeres en esta actividad. Por
ello además de la mayor inclusión tecnológica es necesario crear las
condiciones para que puedan compartir y/o contar con apoyo para las tareas de
cuidados, ya sea de niños, de personas dependientes como enfermas mentales,
discapacitadas y ancianas. Las áreas rurales requieren que se desarrollen las políticas
de cuidado.
A pesar de esto, es auspiciosa la mayor presencia de mujeres en la
agroindustria y abre nuevas posibilidades económicas para ellas. Es importante
pueda que pueda crecer y ampliarse. Una tarea para los próximos años que
debemos sostener y promover.
Argentina, atrapada en la
lógica de los dólares: exportar más para pagar deuda…
No soplen, por favor... Dibujo: Pablo Temes
La economía argentina vuelve a mostrar una de sus certezas
estructurales: sin dólares genuinos no hay estabilidad posible. El balance del
comercio exterior de 2025 dejó un superávit de US$ 11.286 millones, impulsado
por el agro, la energía y la minería, y confirmó que la acumulación de reservas
depende, cada vez más, de exportar más de lo que se importa. En un contexto de
fuertes vencimientos de deuda y con el FMI como observador permanente, el
desafío hacia 2026 será sostener saldos comerciales positivos que permitan
pagar compromisos externos sin volver a recurrir al endeudamiento. Vaca Muerta,
el campo y nuevos socios estratégicos aparecen como piezas centrales de ese
esquema.
La economía puede ser compleja.
Pero, a veces, muestra algunas certezas. Una de ellas, casi irrefutable, es que
Argentina tiene una sola manera de conseguir dólares genuinos, frescos,
sostenibles, importantes. Exportar más de lo que se importa. Y de manera
importante. Solo así podrá conseguir divisas para dos de las misiones más
centrales que debe cumplir el país para los próximos años. Quizá décadas.
Gobierne quien gobierne. Solo con dólares genuinos provenientes de una balanza
comercial positiva, Argentina podrá acumular reservas y pagar los compromisos
externos. Otra vez, gobierne quien gobierne. Y, quizá por los próximos veinte
años. Quizá treinta. Dependerá, nuevamente, del saldo de la balanza comercial.
En esta máxima puede considerarse el saldo de 2025 como el punto de partida, ya
que fue en abril del año pasado cuando se firmó el acuerdo de Facilidades
Extendidas con el Fondo Monetario Internacional (FMI), organismo al que el país
le debe casi 60 mil millones de dólares y que le impuso como una de las metas
fijas e irrenunciables (junto con el superávit fiscal y la no emisión
monetaria) la recuperación de las reservas en el Banco Central de la República
Argentina (BCRA). Y, para esto, solo hay dos opciones. Una sana y una virósica
y contagiosa para mal. La primera es conseguir un saldo comercial en verde y
respetable. La segunda es tomar deuda. Aun sea para rolear lo que se debe
pagar. Y esto último, inevitablemente, fue la opción de 2025. Para 2026, y
hacia delante, habrá que pensar en que sea el saldo de la balanza exterior la
que le otorgue al país las divisas necesarias para cumplir con los compromisos
de deuda. Por ejemplo, los pagos de los bonares y globales que, cada año, le
implican al país un gasto directo e ineludible (salvo que se quiera caer en
default) de unos US$ 18 mil millones. Este 2026 ya se pagó el vencimiento de
US$ 4.300 millones; en su mayoría, con toma de deuda vía REPO y similares. Esto
es, con poca acumulación de reservas. Habrá que decir que luego de ese pago del
9 de enero, el BCRA comenzó una política firme y sostenible de acumulación de
reservas, que podría llevar a un fin de mes con un ahorro de más de US$ 1.000
millones. Disponibles para el pago de unos US$ 4.200 del 9 de julio próximo. Si
la entidad que maneja Santiago Bausilli sigue así, podrá cumplir con ese
compromiso con saldos de compra de divisas, provenientes de las liquidaciones
de exportaciones. Esto es, se pagará el vencimiento con dólares sanos. Y sin
tomar deudas. Todo lo que el FMI y el Tesoro de los Estados Unidos recomiendan.
Y, vale el recuerdo, lo que el gremio de los economistas “mandriles” reclamaban
a los gritos de marzo a octubre del año pasado. No es tiempo de reproches. Sino
de decir que evidentemente el camino de acumulación de reservas era el recomendado.
Más si se tiene en cuenta que la buena performance compradora de enero por
parte del BCRA tendrá una ráfaga de oxígeno desde la última semana de febrero y
hasta junio; cuando se hagan presentes en el ejercicio 2026 los liquidadores
sojeros. Los que, aún sin estridencias, pueden anticipar un respetable
ejercicio vendedor de commodities y liquidación de impuestos correspondientes.
Toda la economía está a la expectativa de esto. Incluyendo el FMI.
Como aperitivo a lo
que se vivirá en febrero, están los datos finales del comercio exterior.
Como aperitivo a lo que se vivirá desde febrero, están los datos finales
del comercio exterior, correspondientes a los 12 meses acumulados de 2025.
Ejercicio que viene acompañado por la confirmación de una grata sorpresa
esperada por todos. Comenzó ya a tallar fuerte en el ejercicio pasado, la
balanza económica. Un eufemismo para decir que Vaca Muerta ya comenzó a dar
grandes satisfacciones. Junto con el campo, más el aporte de la minería y algún
otro rubro; son los responsables de haber mostrado en 2025 un muy buen
resultado positivo de la balanza cambiaria del año pasado. En total el
resultado positivo llegó a los US$ 11.286 millones, resultado de exportaciones
por US$ 87.077 millones e importaciones por US$ 75.791 millones. Habrá que
decir que la cifra es 40% menor al 2024 (cuando había sido US$ 18.928
millones), pero con un nivel de importaciones mucho más bajo que el de 2025.
Pero para conocer más la realidad es importante concentrarse en lo que
sucedió en diciembre. Con un saldo positivo de US$ 893 millones, la balanza
energética explicó el 47% del saldo de balanza comercial de diciembre, mientras
que este rubro (Vaca Muerta), tuvo un aporte extra de US$ 2.085 millones en
relación al 2024 y un saldo positivo de US$ 7.815 millones, explicando el 70%
del saldo de balanza comercial del año. Ese saldo del 2025 mejoró en unos
US$2.085 millones a lo que se había mostrado en diciembre de 2024, con un
aporte de dólares proveniente de mayores exportaciones por US$ 1.369 millones y
menores importaciones por US$ 716 millones. Esto implica que el país está
exportando más energía e importando menos, con lo que la balanza final
terminará siendo cada vez más superavitaria a medida que pasen los años.
Siempre y cuando, obviamente, Vaca Muerta siga en el mismo ritmo de crecimiento
exponencial, algo que, al menos por ahora (y por el largo plazo) nadie espera
que suceda.
Al descomponer la variación de la balanza de dólares de la energía de
diciembre, se tiene que el efecto precio generó una caída de US$ 119 millones.
En lo que va del año, el saldo es una caída de US$ 628 millones.
En 2025 se registraron varias curiosidades en cuanto a las relaciones
comerciales con los principales socios del país. Los dos primeros mercados para
las exportaciones locales y de proveniencia de importaciones, resultados
negativos para la Argentina. Tanto con China como con Brasil el saldo resultó a
favor de estos países y en contra de las exportaciones locales. En el caso del
país sudamericano, históricamente el principal socio argentino, el resultado
fue rojo en unos US$ 5.653 millones. Las importaciones provenientes de ese
mercado mostraron un incremento de 28,5%, mientras que las importaciones de
productos argentinos desde Brasil cayeron un 6,3%. La industria automotriz fue
la principal causa de este desbalance, además de una pérdida generalizada de
ventas de productos locales. Habrá que decir que probablemente este
desequilibrio se termine en dos años y pase a ser superavitario, cuando
comience a generarse un envío fluido y constante de gas desde Vaca Muerta hacia
el sur de Brasil, a partir del proceso de reconversión de los gasoductos que,
hace ya mucho tiempo, proveían del combustible desde Bolivia al país. Para
fines de 2026 terminarían las obras que le permitirían a la Argentina
aprovechar la infraestructura existente y utilizada hasta hace algunos años
para importar gas desde Bolivia, país al que, simplemente, se le acabó el
combustible. Y ya no puede venderlo a Brasil. Lo que se hará entonces es
aprovechar la red de tuberías para enviar gas desde Vaca Muerta hacia Brasil.
Esto provocará en unos años que el saldo de la balanza comercial termine siendo
favorable a la Argentina. Todo esto ocurre mientras Javier Milei y Luiz Inacio
“Lula” da Silva tienen la peor relación histórica de presidentes de ambos
países desde el retorno a la democracia.
El caso chino es diferente. En 2025 se registró un saldo negativo para
el país de unos US$ 8.155 millones. Y, lo más probable es que este resultado se
mantenga este año y, quizá, se profundice. No hay manera de contrarrestar esta
realidad, mientras se sostengan las políticas de apertura comercial, y mientras
el imperio de Shine y Temu continúe. Esto, además de la vigencia del préstamo
Swap por unos US$ 6 mil millones activos, que obliga al país a sostener un
intercambio comercial activo. Es esto o pagar esa deuda. Algo utópico para la
Argentina de estos tiempos.
Los datos de comercio exterior del país de 2025 traen la consolidación
de una sorpresa. Curiosamente, una de las pocas políticas de Estado que se
mantienen según pasan los años y los últimos gobiernos. La India se convirtió,
desde cero, en el principal socio del país en cuanto a la comparación de
importaciones y exportaciones. El saldo comercial bilateral resultó positivo
para el mercado local en unos US$ 5.472 millones positivos, provenientes en su
mayoría de las exportaciones argentinas de aceite de soja que llegaron a los
US$ 4.545 millones; con importaciones casi inexistentes. La India representa el
mejor socio que encontró el país en años, con un mercado que podría incluso
sumar, con el tiempo, el envío de combustible vía Vaca Muerta. Debería ser el
ejemplo para seguir.
Como última conclusión, queda claro en el panorama de comercio exterior
argentino del año pasado; que el país se consolida como exportador de
agroalimentos procesados y no tanto; que las ventas de energía aumentan y son
ya una realidad; que la minería ya aporta de manera considerable y que algunos
sectores dan pelea, como la pesca y las ventas de vehículos, fundamentalmente
camionetas. El resto de los sectores industriales, simplemente, la ven pasar.
Javier Milei se siente definitivamente muy cómodo y feliz en los
escenarios internacionales. Lo ayuda indiscutiblemente este momento particular
del mundo sometido a los deseos y las imposiciones de Donad Trump en su
presidencia imperial. No hay registro de un protagonismo semejante de un
presidente argentino en el Foro Económico Mundial de Davos.
Aquel gesto de Milei de ir a saludarlo y darle su apoyo al hoy presidente de
los Estados Unidos en febrero de 2024, en ocasión de su participación como
orador en la Conferencia de Acción Política Conservadora en Washington, cuando
su destino parecía estar más cerca de la cárcel que de la Casa Blanca, generó
en Trump una corriente de afecto que va más allá de los lazos generados por la
afinidad ideológica. Quienes saben lo que pasó en aquel encuentro resaltan
siempre que, además de la gratitud, a Trump le impresionó la decisión con la
que Milei estaba llevando adelante su gestión, implementando severas medidas de
reducción de la administración pública y de recortes presupuestarios en todos
los sectores del Estado. En suma, lo mismo que se viene produciendo en los
Estados Unidos desde el 20 de enero de 2025, el día en que tomó posesión del
cargo como su cuadragésimo sexto presidente.
Milei salió a apoyar de inmediato la operación militar que culminó con
la extracción de Nicolás Maduro de Venezuela. Ante el contexto que ofrece
América Latina, con Luiz Inácio Lula da Silva en Brasil, Gustavo Petro en
Colombia, Claudia Sheinbaum en México, Gabriel Boric en Chile –todos de
orientación izquierdista–, Milei se ha erigido en un protagonista muy
importante para la política exterior estadounidense en la región. El salvataje
económico que llegó desde Washington después de la catastrófica derrota del
Gobierno del 6 de septiembre a manos de Axel Kicillof en los comicios de la
provincia de Buenos Aires fue una muestra de esa decisión de la Casa Blanca de
darle al presidente argentino todos los apoyos necesarios para que su gestión
prospere. Y la decisión de Trump de darle participación –sin el aporte de los
mil millones de dólares exigidos a los otros países– en el controvertido
Consejo de la Paz es otro gesto que muestra la fuerte conexión existente entre
los dos hoy mandatarios. En lo particular de este caso, hasta el orden marcó esa
afinidad y predilección: Milei fue el primero de los signatarios que firmaron
el acta de creación del organismo.
Al respecto, es menester pasar la lupa por la integración de este
grandilocuente Consejo. Está allí Vladimir Putin, responsable de la invasión
rusa a Ucrania que fue el origen de una guerra que ya lleva casi cuatro años,
que se intensifica día a día y ha costado decenas de miles de vidas de civiles
y soldados, y causado daños que exigirán decenas de miles de millones de euros
para la reconstrucción. La participación del líder ruso es una contradicción
escandalosa. Por esto y por las amenazas sobre Groenlandia, salvo el caso de
Bulgaria, de Hungría y de Turquía –candidato a miembro de la Unión Europea no
aceptado por la falta de libertades políticas y las denuncias de violaciones a
los derechos humanos–, no hay países europeos en ese board. El resto incluye
varios países en los que la democracia y las libertades políticas brillan por
su ausencia.
Para cerrar el capítulo Davos, con Milei más moderado y con lenguaje más
apropiado, hubo un hecho no menor: el encuentro con foto incluida con Gianni
Infantino, en la que estuvo Karina Milei. Casualidad o no, pocas horas después
la Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA) hizo una presentación ante
la Justicia pidiendo que se investigue la emisión de facturas apócrifas
–truchas– por una cifra que alcanza los 375 millones de pesos. Esta es una
causa altamente delicada para Claudio Tapia y Pablo Toviggino, ya que la
evasión impositiva –que se agrega a una ya existente por presunta retención
ilegal y no pago de aportes previsionales, Ganancias e IVA por 19 mil millones
de pesos– está severamente penada, incluyendo la pena de prisión.
Mientras tanto, aquí se vive una cierta calma política a la espera de
que, finalizado enero, la rosca vuelva a entrar en acción. El escenario será el
Congreso y el debate girará en torno al proyecto de ley de reforma laboral. La
palabra debate no describe exactamente lo que ocurrirá. Negociaciones, tampoco.
Los mejores vocablos para definir mucho de lo que veremos son riña y transa.
En el peronismo, azotado por la feroz interna que no cesa entre Máximo
Kirchner –que en realidad es Cristina Fernández de Kirchner– y Axel Kicillof,
la preocupación es creciente. Vale la pena aquí hacer un pequeño alto: dónde
estaría Máximo si no fuera el hijo de CFK? ¿Habría llegado a ser el presidente
del Partido Justicialista bonaerense? ¿Sería diputado nacional? Llegará el día
en que el peronismo, necesitado por la fuerza de los hechos, deje de lado el
nepotismo que tanto daño le hizo y le hace al país y al mismo partido. Y de
esto no queda excluido el actual oficialismo, con las feroces peleas entre
Karina Milei y Santiago Caputo y compañía.
Volviendo a los próximos pasos de la cúpula kirchnerista, más la
desvaída conducción de la CGT y sectores de la izquierda, el objetivo es
bloquear la eventual aprobación del proyecto de reforma. No obstante, el
problema para ellos está en la pérdida de poder territorial, o sea, de
gobernadores. Eso ya se evidenció con lo sucedido con la votación parlamentaria
favorable a la Ley de Presupuesto 2026. Las provincias están necesitadas no
solo de los aportes provenientes del Estado nacional sino también de las
futuras posibles inversiones de empresas tanto nacionales como internacionales.
Y esto, con la legislación vigente, es y será difícil. Las intensas
negociaciones que viene llevando adelante Diego Santilli le permiten al
Gobierno ser optimista respecto a la aprobación de la ley. Dicho esto, hay que
subrayar siempre que la sola existencia de una nueva legislación no será
suficiente para crear nuevas fuentes de trabajo, sobre todo en las pequeñas y
medianas empresas. Sin reactivación económica, no hay posibilidad de crear
nuevas fuentes de trabajo.
Así como efectiva viene siendo la negociación política, también se
siguen evidenciando los problemas de gestión que hay en diversas áreas del
Gobierno. En la última semana fueron removidos de sus cargos cuatro
funcionarios: tres en el área de transporte y uno –el exfiscal Paul Starc– en
la Unidad de Información Financiera. El tema de transporte es de una
sensibilidad social enorme. El cesado secretario de Transporte, Luis Pierini,
venía siendo criticado por los problemas con Flybondi, por la falta de
implementación de las tareas de modernización del sistema ferroviario y por
denuncias de las empresas de colectivos contra La Nueva Metropol por presentar
rendiciones fraudulentas para acceder indebidamente a subsidios. En el Gobierno
se ufanan diciendo que la gestión marcha de maravillas. Estas renuncias
ocurridas en 24 horas están demostrando lo contrario. Fin.
Un
troll para representarnos ante la Unión Europea…
Un troll para representarnos ante la Unión Europea. Dibujo: CEDOC
El Gobierno designó a Fernando Iglesias como
embajador argentino ante la Unión Europea, aunque su figura se asocia más al
conflicto que a la mediación. Es una apuesta deliberada por trasladar el
conflicto ideológico interno al plano internacional.
La designación de Fernando Iglesias como embajador argentino ante la Unión Europea no es un dato
administrativo ni un gesto menor de política exterior. Es una definición
estratégica que condensa una concepción del mundo. En un momento en que
el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea exige
mesura, paciencia y oficio negociador, el Gobierno de Javier Milei opta
por enviar a Bruselas a una figura asociada a la confrontación y la provocación.
No se trata de un error ni de una improvisación: es un mensaje político
deliberado. La Argentina no busca adaptarse a la lógica diplomática europea,
sino tensionarla. La elección de Iglesias expresa la voluntad de trasladar la
batalla cultural interna al plano internacional, aun cuando ese escenario
demanda exactamente lo contrario: pragmatismo, flexibilidad y una
comprensión fina de las reglas no escritas del poder.
El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea volvió a poner a la
Argentina en una escena que exige sutileza, paciencia y oficio. Tras más de dos
décadas de negociaciones, el entendimiento reabre expectativas comerciales,
pero también demanda una diplomacia activa para aprovechar las oportunidades
con flexibilidad. No es un momento para improvisar ni para posiciones
fundamentalistas.
La diplomacia, en su sentido clásico, no es épica ni confrontación. Es
negociación, escucha, construcción paciente de consensos mínimos y
administración racional del desacuerdo. Es, como la definía Harold
Nicolson, el diplomático británico, teórico central de las relaciones
internacionales del siglo XX y partícipe directo del sistema de conferencias
que modeló la posguerra europea, “el arte de conducir las relaciones entre
Estados mediante métodos distintos a la guerra”.
Nicolson no hablaba desde la abstracción académica, sino desde la
experiencia concreta de un continente devastado que comprendió que el conflicto
permanente conduce al colapso y que la palabra, aun débil, suele ser más eficaz
que la amenaza. En esa tradición se inscriben la diplomacia europea moderna, la
lógica comunitaria de la Unión Europea y su cultura política basada en la moderación,
el lenguaje medido y la búsqueda de acuerdos graduales.
La elección de Iglesias sugiere una concepción particular de la política
exterior.Milei ha mostrado reiteradamente su desprecio por los
mecanismos clásicos de mediación y consenso. Su estilo privilegia la
confrontación, la claridad ideológica y el choque frontal. En ese marco, la
diplomacia aparece menos como una herramienta y más como un obstáculo.
No es casual que el Presidente desconfíe de la diplomacia. Negociar
implica ceder, y ceder contradice la lógica binaria que estructura su discurso
público. La diplomacia busca acuerdos imperfectos; Milei proclama verdades
absolutas. La diplomacia opera en grises; el mileísmo se mueve en blancos y
negros.
El Gobierno argentino se prepara para abandonar entre 45 y 55 organismos
y tratados internacionales, muchos de ellos vinculados directa o indirectamente
a las Naciones Unidas, en una decisión que profundiza el
alineamiento automático con Estados Unidos y replica la política exterior
impulsada por Donald Trump.
La medida surge de un expediente interno de la Cancillería que justifica
el retiro bajo un único argumento: la “alianza estratégica” con
Washington, incluso cuando esa decisión implique aislar a la Argentina de los
principales espacios multilaterales del sistema internacional. La decisión
cuenta con el aval de altos funcionarios del Ministerio de Relaciones
Exteriores, y solo resta la firma final del canciller Pablo Quirno para
concretarse.
Diplomáticos de carrera consultados describen la iniciativa como
un sinsentido estratégico, dado que esos organismos son plataformas
centrales para la política exterior, el financiamiento internacional y la
articulación global. Aun así, el Gobierno resolvió imitar la retirada de
Estados Unidos, aunque de manera parcial, para no poner en riesgo créditos y
proyectos por miles de millones de dólares que dependen de esos mismos
espacios.
El repliegue genera una contradicción política de fondo:
mientras la Argentina se dispone a salir de organismos de la ONU, al mismo
tiempo impulsa la candidatura del diplomático argentino Rafael Grossi para
ocupar la Secretaría General del organismo.
Para resolver esa incoherencia, la Cancillería envió un cable secreto a
sus embajadas, instruyendo a los diplomáticos a sostener, solo si son
consultados, que el país mantiene un “compromiso histórico con el
multilateralismo”, pese a que las decisiones concretas van en sentido
opuesto.
Carl von Clausewitz escribió que la guerra es la continuación de
la política por otros medios. La diplomacia podría pensarse como su reverso: la
política que evita la guerra por medios más sutiles. Requiere cálculo, empatía
estratégica y una comprensión fina del adversario. Nada más lejano al
registro de la provocación permanente. Cada terreno tiene sus métodos
específicos que le son propios.
Iglesias no es un diplomático de carrera ni un negociador silencioso.
Es, ante todo, un polemista. Durante años construyó su capital político en la
confrontación mediática, en las redes sociales y en un estilo deliberadamente
provocador. Su figura se asocia más al conflicto que a la mediación.
Durante el gobierno de Alberto Fernández, cobró relevancia por
la confrontación permanente en el Parlamento. Vamos a ver, a modo de ejemplo,
algunos de estos episodios. Pero primero, un testimonio de Martín Soria,
que actualmente es senador. La polémica era, en ese entonces, por la oposición
a crear nuevas universidades de cercanía. “Que te insulte Fernando Iglesias es
costumbre. Es un personaje infumable, insoportable. Es una cucaracha de la
política”, decía Soria en ese momento.
Durante el discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso del
1.º de marzo de 2023, el entonces presidente Alberto Fernández generó un fuerte
clima de tensión al cuestionar duramente a la Corte Suprema por el fallo que
restituyó fondos coparticipables a la Ciudad de Buenos Aires.
En ese contexto se produjo el episodio más visible: el diputado del PRO,Iglesias,
le dio la espalda al Presidente, lo increpó a los gritos y finalmente se retiró
del recinto con su mochila, mientras Fernández le respondía con ironía desde el
estrado. “Es un enorme honor que me insulte Fernando Iglesias, me enorgullece”,
bromeó el entonces mandatario en el Congreso. En una entrevista posterior, el
propio Iglesias relató lo sucedido y afirmó: “Se me debe haber escapado algún
insulto”.
En otra ocasión, Iglesias profirió insultos contra la presidenta del
cuerpo, Cecilia Moreau, mientras ella conducía la sesión. Lejos de
dejar pasar el agravio, Moreau interrumpió el trámite parlamentario y lo
confrontó a Iglesias, exponiendo lo que el diputado del PRO decía fuera del
micrófono. "¿Qué pasa Iglesias? ¿Por qué no me decís de frente 'pelotuda'
como me estás diciendo por lo bajo? Sos un misógino maleducado. Cobarde",
expuso la diputada.
Otro de los hechos que causaron indignación ocurrió cuando, en una
polémica con HugoMoyano, Iglesias retuiteó una amenaza
contra el dirigente sindical. El episodio se produjo en julio de 2020,
cuando el entonces diputado nacional Iglesias replicó en su cuenta personal de
Twitter un mensaje de un usuario anónimo que incluía la imagen de un rifle y
una frase interpretada como una amenaza directa contra la familia Moyano.
El retuit se dio en el marco de un conflicto sindical entre el gremio
de Camioneros y Mercado Libre, luego de que
Iglesias publicara comentarios satíricos y críticas contra los Moyano por el
reclamo de encuadramiento gremial de los trabajadores de la empresa.
En una entrevista para la revista Seúl, de julio de 2025,
Iglesias habló de su estrategia de comunicación y sostuvo: “Aprendí mucho de
algo que se aprende también en Twitter, que es a decir cosas en breve tiempo.
Vos tenés tu equipo, están jugando horrible, cometen cuatro o cinco errores y
tenés 30 segundos para arreglarlo. ¿Qué hacés? Elegís lo más importante
y vas a eso”.
Y luego agrega: “Si vos das una instrucción, das una instrucción. Si das
dos instrucciones, das media instrucción. Si das tres instrucciones, no dijiste
nada. Porque cada cual agarra la que quiere, hace lo que le parece. Y eso es
algo muy importante: focalizar, detectar en el sistema de juego cuál es lo
principal que te puede ayudar a corregir el resto, hablar solamente de eso”.
Esa concepción de la comunicación, eficaz en el vértigo de las redes
sociales o en la lógica binaria del debate político confrontativo de la era
Milei, revela al mismo tiempo su límite estructural para el ejercicio de la
diplomacia. La reducción extrema del mensaje, la idea de que solo puede existir
una instrucción válida y que todo lo demás es ruido, puede funcionar en
Twitter, donde la atención es escasa y el conflicto es el combustible del
intercambio.
Pero la diplomacia opera en un registro exactamente inverso: acumula
matices, superpone capas de sentido, admite ambigüedades en busca de la
diagonal común, del consenso y, muchas veces, sugiere más de lo que dice. En
definitiva, el perfil de Iglesias resulta problemático para un cargo que exige
discreción, escucha activa y capacidad de administrar tensiones sin
exacerbarlas.
Su trayectoria pública muestra una preferencia constante por la
confrontación directa, el gesto provocador y la exposición del conflicto como
capital político. Ese estilo puede haberle resultado eficaz en la arena
doméstica, en el debate parlamentario o en la disputa mediática, pero choca
frontalmente con la cultura política de la Unión Europea, donde la forma es
fondo y donde cada palabra tiene peso diplomático.
La designación de Iglesias no puede leerse como un error de cálculo ni
como una casualidad. Milei envía a Bruselas a un representante que
encarna la anti-diplomacia, alguien que no viene a tejer consensos sino a
marcar posiciones, incluso a costa de incomodar. Es una apuesta deliberada por
trasladar el conflicto ideológico interno al plano internacional, aun cuando el
acuerdo Mercosur–Unión Europea exige exactamente lo contrario: paciencia, pragmatismo
y flexibilidad negociadora.
La designación, además, llega acompañada de una anomalía institucional:
la duplicación de cargos. Iglesias fue nombrado embajador ante Bélgica y, una
semana después, ante la Unión Europea. El argumento del Gobierno fue el ahorro
logístico y, además, sostiene que Iglesias ejercerá el cargo sin perjuicio de
su función como embajador ante Bélgica.
El Gobierno destaca la experiencia de Iglesias en política exterior, su
paso por la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores de
Diputados y su participación en giras oficiales, pero la realidad es que, si
hablamos de trayectoria y experiencia profesional, no parece ser la mejor
opción.
¿Cuál fue la trayectoria de Fernando Iglesias? Su derrotero político
está atravesado por desplazamientos ideológicos, pero con una constante: la
confrontación como método. Su militancia comenzó en los años setenta en el
trotskista Partido Socialista de los Trabajadores, en el clima de
radicalización política previo al golpe de 1976.
Tras abandonar ese espacio, se vinculó al activismo en derechos humanos
y luego desarrolló una carrera intelectual y periodística centrada en la
crítica al peronismo y en la defensa de la globalización, un recorrido que lo
fue alejando progresivamente de la izquierda tradicional.
Su ingreso formal a la política institucional se dio en 2007, como
diputado nacional por la Coalición Cívica de Elisa Carrió.
Allí se consolidó como una voz dura contra el kirchnerismo, con intervenciones
orientadas más al debate ideológico que a la construcción de consensos
legislativos. Durante ese período integró comisiones vinculadas a la libertad
de expresión y se destacó por su retórica confrontativa, que lo convirtió en
una figura mediática antes que en un articulador parlamentario.
Tras un impasse legislativo, Iglesias regresó a la Cámara de Diputados
en 2017 de la mano de Cambiemos, ya alineado con el macrismo. En
ese ciclo profundizó su perfil de polemista, especialmente en redes sociales, y
se asumió como uno de los “halcones” del espacio. Defensor
incondicional del gobierno de Mauricio Macri, incluso en sus
momentos de mayor debilidad, su figura se asoció a la idea de batalla cultural
y a una lectura binaria de la política argentina, con el peronismo como
adversario central.
En los últimos años, su trayectoria volvió a mutar al alinearse con
Milei y La Libertad Avanza, sin abandonar formalmente el PRO. Desde
ese lugar respaldó el rumbo del gobierno libertario y justificó sus formas
disruptivas en nombre de un cambio histórico.
Su reciente designación como embajador ante la Unión Europea puede
leerse como la culminación de ese recorrido: de legislador combativo y
polemista permanente a representante diplomático, en una transición que resume
tanto su itinerario político personal como la concepción
anti-diplomática del actual oficialismo.
Su visión del peronismo como “el enemigo” estructura
gran parte de su discurso. Esa lectura interna, trasladada a la arena
internacional, corre el riesgo de simplificar procesos complejos y de confundir
disputas domésticas con alineamientos globales. Pero esta visión encaja con una
matriz ideológica más amplia que hoy articula a Milei con Donald Trump y
con sectores de la nueva derecha global.
El peronismo deja de ser un movimiento político nacional, con
contradicciones internas y trayectorias diversas, para convertirse en una pieza
local de un enemigo mayor: el “colectivismo”, el “estatismo” o
el “comunismo”, entendido en sentido expansivo y casi metafísico.
Del mismo modo en que Trump condensó en el “socialismo” o
en el “deep state” todas las amenazas al orden estadounidense,
e igual que Milei sintetiza en el kirchnerismo una supuesta decadencia moral y
económica, Iglesias proyecta sobre el peronismo la figura de un adversario
absoluto, incompatible con la república y la libertad.
Ese paralelismo responde a la lógica de la batalla cultural como marco
interpretativo total. Para Milei y Trump, la política ya no es una competencia
entre programas, sino una guerra civil fría entre libertad y comunismo, entre
Occidente y su disolución interna.
La política debe tornarse más agresiva porque, en su relato épico, el
riesgo es la disolución de Occidente. El acuerdo Mercosur-UE exige una
narrativa que combine apertura comercial con garantías ambientales y sociales.
Exige diálogo con actores que no comparten la visión libertaria del mundo.
Exige paciencia.
El nombramiento envía, entonces, un mensaje ambiguo a Europa. Por un
lado, la Argentina celebra el acuerdo. Por otro, designa como representante a
alguien conocido por su estilo pendenciero. Es difícil no leer allí una señal
de provocación. Nada de esto parece accidental.
Milei construye su identidad política en oposición a “la casta”, a la
diplomacia tradicional y a lo que considera consensos vacíos. Al nombrar a
Iglesias, refuerza esa narrativa: no habrá diplomacia clásica, habrá
confrontación ideológica. El problema es que la política exterior no se
juega solo en la coherencia interna del relato. Se juega en mesas de negociación
donde el estilo importa, donde una palabra mal dicha puede bloquear un
expediente durante años.
La diplomacia cultural, además, requiere sensibilidad. Europa no es un
bloque homogéneo ni un adversario ideológico. Es un entramado de intereses,
valores y temores. Representar a la Argentina allí implica comprender esa
complejidad para aprovechar las oportunidades de desarrollo que el acuerdo
ofrece para nuestro país.
El riesgo es que la embajada se convierta en una tribuna de la batalla
cultural libertaria; que el representante argentino hable más para las redes
locales que para los despachos europeos; que la política exterior quede
subordinada a la lógica del like y la polarización.
La pregunta que queda abierta es si ese estilo alcanzará para atravesar
el complejo laberinto europeo o si, una vez más, la épica doméstica terminará
chocando con la realidad internacional. Porque la diplomacia no perdona los
gestos incendiarios. Y Europa, a diferencia de Twitter, no responde a
provocaciones, sino a intereses y consensos.
Producción
de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi. TV/ff.