Los “18 meses de Caputo” - El derrame que no llega…
Adorni Propiedades. Dibujo: Pablo Temes.
Comienza a verse que el discurso
oficial choca con una paciencia que se agota, incluso entre sus votantes.
© Escrito por el Doctor
Nelson Castro el domingo 26/04/2026 y Publicado por el Diario
Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina,
El gobierno de Javier MIlei deja atrás una semana turbulenta. Las
internas en el oficialismo no cesan y ponen en aprietos al ministro de Economía
Luis Caputo. Fuentes cercanas a Economía aseguran que el “mejor de la historia”
ya tiró toda la carne al asador y que está preocupado –molesto– por los
vaivenes políticos y la caída en las últimas encuestas. Es lógico, siendo él
quien tiene que negociar con el establishment nacional e internacional de cara
a una reactivación de la economía que no termina de producirse y, encima, está
asediada por los bajos salarios y el recalentamiento de los precios.
Como en tiempos del macrismo, la célebre frase de “los brotes verdes”
que nunca terminaron de germinar es una sombra que persigue al actual gobierno.
Sin embargo, el ministro soltó una sentencia bastante pretenciosa para el
panorama actual: palabras más, palabras menos, dijo que los próximos 18 meses
serán los mejores de las últimas décadas para el país. Esta proyección
optimista se basa en la estabilización macroeconómica, la confianza
internacional en el presidente Milei y la llegada de inversiones, impulsadas
por instrumentos como el Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones
(RIGI). Sin embargo, las grandes inversiones hasta el momento están vinculadas
a sectores puntuales como minería, energía renovable e infraestructura
portuaria. Para que el derrame pueda alcanzar a la gente de a pie, sin dudas
habrá que esperar. El problema es que la paciencia está comenzando a agotarse y
que la mayoría de la gente, entre la que se cuentan votantes libertarios que
apostaron a un cambio, ya no puede esperar. No se trata de una cuestión de
deseos; cuando el bolsillo aprieta, la necesidad se impone sobre los cálculos
de cualquier color político.
Así las cosas, la semana que mañana comienza no estará exenta de ruido
político. El Presidente adelantó que acompañará al cuestionado Manuel Adorni en
la presentación de su informe de gestión en la Cámara de Diputados el día
miércoles. Más allá del apoyo a su jefe de Gabinete y amigo, en la Rosada
fantasean con que su presencia sirva como muro de contención ante la andanada
de críticas que recibirá de la oposición de todos los colores políticos. A
nadie le importa lo que pueda decir en lo que respecta a la gestión, el foco
estará puesto en su situación personal y en lo que pueda aclarar –u oscurecer
el exvocero– de los otros escándalos que tienen al Gobierno de protagonista,
como el caso $Libra. No nos engañemos, el escenario será testigo de una riña
sin precedentes.
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En el peronismo/kirchnerismo las cosas tampoco están para ilusionar a
nadie. La pelea entre el gobernador Axel Kicillof y el sector ligado a Máximo
Kirchner y La Cámpora continúa su escalada. La Cámara de Casación confirmó el
pasado viernes el decomiso de los bienes de la expresidenta, de sus hijos y del
empresario Lázaro Báez, para comenzar a cubrir los casi $ 685 mil millones por
los que deben responder los condenados en la causa Vialidad. Se trata de una
medida restitutiva para todos los argentinos que no tienen antecedentes. Más
allá de la condena formal, devolver lo robado es indispensable para que la
justicia sea completa.
Es imposible no analizar en esta columna la decisión de Javier Milei de
no permitir a los periodistas acreditados ingresar a la Casa de Gobierno para
cumplir sus tareas profesionales. Para poner en dimensión este hecho nunca
visto –la única vez que ocurrió un cierre similar fue un día durante la
pandemia– hay que recordar el tristemente célebre eslogan “No odiamos lo
suficiente a los periodistas”, utilizado frecuentemente por el Presidente y sus
acólitos. Escuchar a Milei fomentar el odio estremece.
Quienes supieron fomentarlo fueron los Kirchner. Tanto Néstor cuanto
Cristina.
La memoria nos traer al presente la miríada de episodios en los cuales
ambos tuvieron expresiones de desprecio y acciones de acoso hacia quienes
pensaban distinto y los criticaban. En ese marco, la intimidación fue un
instrumento utilizado intensamente contra los periodistas por todos los medios
del Estado puestos a disposición del matrimonio presidencial. Ese vilipendio
bajó a la calle, que se volvió insegura para muchos de los que sufrimos aquel
embate que dio pie, entre otras cosas, a “juicios populares” llevados a cabo en
plena Plaza de Mayo y encabezados por Hebe de Bonafini con total beneplácito de
la expresidenta, hoy cumpliendo pena de prisión.
Según la definición dada por el mismísimo Javier Milei, los cimientos de
la filosofía del “liberal-libertario”, que se basan en el respeto irrestricto
del proyecto de vida del prójimo, son: la defensa absoluta de la vida, la
libertad y la propiedad privada, fundamentados en el principio de no agresión
(PNA) y un mercado libre sin intervención estatal.
Por lo que se aprecia en la vida diaria, el Presidente parece haber
olvidado poner en práctica el principio de no agresión (PNA). Los periodistas
no somos los únicos en sufrir las consecuencias de la falta de observancia de
este postulado.
Los hermanos Milei muestran experimentar los rasgos más severos de la
enfermedad del poder. Uno de ellos es la intolerancia a la crítica externa e
interna.
El ataque al periodismo es propio de conductas antidemocráticas. La
repetición de estos hechos es producto del rol clave que juega el periodismo en
este momento del país ydel mundo. Los hechos más relevantes de corrupción de la
Argentina de los últimos tiempos han sido revelados por la prensa y no por la
Justicia. Una breve enumeración nos lleva a los “cuadernos de Centeno”, la
causa Vialidad, los Panamá Papers, el caso $Libra, el caso Adorni, el caso de las
irregularidades con el dólar durante el tiempo del cepo en el gobierno de
Alberto Fernández, Sergio Massa y CFK, la campaña de desprestigio contra Milei
por supuestos agentes rusos y un largo etcétera.
Como ya se ha repetido muchas veces en esta columna, “el periodismo es
un instrumento esencial para hacer a las sociedades más honestas y
democráticas”. Esto es lo que les molesta a Javier Milei y a su hermana.

















