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vernáculo. Imagen: Pablo Temes.
El debate que se viene
no solo es un desafío para Milei: también lo es para otros miembros de su
equipo de gobierno.
© Escrito por el Doctor
Nelson Castro el domingo
01/02/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires, República Argentina.
Ha llegado febrero. Esto quiere decir que ha llegado la hora de la verdad respecto de los desafíos de implementación de los proyectos clave del programa de gobierno de Javier Milei. Ese próximo desafío lo representa el proyecto de ley de Reforma Laboral. Trajinando el país está Diego Santilli. Su labor es ardua, muy ardua. Del éxito de su negociación dependerá que el oficialismo tenga los votos suficientes para lograr la susodicha aprobación. El resultado final de la votación en las Cámaras del Congreso marcará también el futuro del ministro del Interior.
Y será también una
prueba de fuego para Patricia Bullrich, cuyo debut en el Senado fue rutilante
en la sesión del viernes 27 de diciembre pasado, que culminó con la aprobación
del proyecto de Ley de Presupuesto.
En el Partido
Justicialista se vive una especie de condena alrededor de una degradación y
disgregación incesante, producto de las conductas endogámicas de esta
dirigencia del ocaso. El kirchnerismo continúa enfrascado en la disputa interna
en la provincia de Buenos Aires. Es lo único que le queda y el problema es que
la está perdiendo tanto Cristina F. de Kirchner como su maltrecho delfín,
Máximo. La expresidenta vive en carne propia lo que pasa en todos los partidos
políticos en general y en el peronismo –en particular– mucho más. Cuando se
tiene –el poder–, su poseedor es el centro de todo. Es como un sol: todo gira
alrededor de esa persona que, cuando es atacada por la enfermedad del poder, se
cree poco menos que una deidad. “Hay que temerle a Dios, y un poquito a mí”,
llegó a decir CFK en sus días de apogeo que creyó que nunca terminarían. Cuando
se lo pierde –al poder–, todo se desvanece hacia un ocaso inexorable que se
precipita cuando quien lo ejerció carece de valores morales y está bajo el
imperio del miedo y la imposición.
Hoy más que nunca Suscribite
La interna en PBA entre
el hijo de CFK y Axel Kicillof no cesa. El primogénito de la expresidenta no
termina de entender el final al que lo ha arrastrado el momento crepuscular de
su mamá. El gobernador está haciéndoselo entender en forma clara y con estilo
peronista.
Ahora volvamos al
Gobierno. Mientras el ministro fatiga despachos y dedica horas a esas
negociaciones arduas, pasan otras cosas. El pasaje del Presidente por Mar del
Plata fue rico en un anecdotario decididamente malo. Todos tenemos en el
recuerdo aquella aparición absolutamente reprochable de CFK bailando sobre el
escenario el 10 de diciembre de 2013, mientras se producían en varias
provincias del norte saqueos y moría gente producto de la represión. Por lo
tanto, ¿cómo no criticar la presencia en el escenario de Javier Milei
compartiendo un momento del espectáculo que encabeza con su inigualable talento
Fátima Florez? Cómo no hacerlo cuando el Presidente no se molestó en viajar a
la zona cordillerana de Chubut tan duramente castigada por los incendios forestales.
Ese contacto de un presidente con la realidad es irremplazable y de un enorme
valor anímico para la gente que está en riesgo de perder todo y/o directamente
de morir. La tardía declaración del estado de emergencia decretado por el
Gobierno y la tardía ayuda de cien mil millones de pesos para todas las
asociaciones de bomberos del país son una marca de la indiferencia frente al
sufrimiento de quienes habitan allí y necesitan sí o sí que el Estado se haga
presente para combatir el fuego y para protegerlos y ayudarlos.
Nada de esto fue
suficiente para convencerlo a Milei no ya de suspender su raid y show en Mar
del Plata, sino para acercarse a ver y a conocer esa realidad.
El raid marplatense
mostró una vez más a Milei en su esencia, genio y figura de una persona que ama
el show y hace un culto de la intolerancia. Ya está dicho hasta el cansancio:
objetos de esa fascinación por la descalificación han sido –y son– artistas,
periodistas, economistas y políticos. A esa lista acaba de incorporarse el
líder del Grupo Techint, Paolo Rocca. Es verdad que el empresariado prebendario
ha tenido un rol importante en el fracaso de la Argentina. En definitiva, ha
sido parte de la consolidación del modelo peronista tan dañino para nuestro
país. En pos de la defensa de sus intereses han convalidado las conductas
abusivas y el sistema de corrupción que ha sido –y es– norma del justicialismo.
He ahí, como muestra palmaria de esa conducta, la causa de los cuadernos de
Centeno. En el caso de la provisión de caños para el gasoducto de Vaca Muerta
llama la atención que la firma presentó una oferta con un valor un 40% mayor
que la empresa india Welspun a la que después igualó. La pregunta es por qué no
presentó ese valor más barato de entrada. Para describir con la mayor precisión
posible la complejidad del caso, los conocedores del medio no dejan de señalar
una vieja disputa entre los propietarios del consorcio Southern Energy – más
concretamente la familia Bulgheroni– con Paolo Rocca. Los registros sobre
Welspun hablan de una empresa excesivamente rigurosa con el control de sus
costos.
Resumido así el caso,
le cabe al Presidente el derecho de criticar a Rocca o a cualquiera. Nadie es
ningún santo. Y cuando critica al empresariado prebendario que usó la
protección para inflar precios y asegurarse los beneficios de un mercado
cautivo tiene razón. Lo reprochable –como siempre– son los modos y, además,
algo poco entendible: el solazarse con el hecho de que las aperturas
indiscriminadas siempre tienen una consecuencia social grave: la pérdida de
fuentes de trabajo. Donald Trump está aplicando políticas arancelarias
diametralmente opuestas.
El Festival de la
Derecha Fest en La Feliz dejó expuestas además la internas que se viven al
interior del Gobierno. Como no podría ser de otra manera, son internas
virulentas. Los buenos modales no forman parte de la cultura cívica de muchos
de los referentes de La Libertad Avanza. Es algo que viene desde Milei y baja
casi como un evangelio. Es también lo que transmiten los otros dos integrantes
de la así llamada cúpula de hierro, es decir Karina y Santiago Caputo. En estas
circunstancias, la víctima fue Sebastián Pareja, el armador bonaerense a quien
se le adjudica la responsabilidad de la catastrófica derrota electoral del
oficialismo en la provincia de Buenos Aires en la elección del 6 de septiembre
del año pasado. En verdad, la responsable última fue la hermana del Presidente,
que fue quien manejó a dedo y con absoluta intransigencia el armado de las
horribles listas que presentó LLA. Pareja es un dirigente muy cuestionado
dentro y fuera del partido de gobierno. “No se confundan, los enemigos no están
adentro, sino afuera”, atinó a decir en medio de los abucheos de la militancia.
No parece que ese sea el problema exclusivo de la militancia, sino también de
varios dirigentes pintorescos –por recurrir a un término abarcador– del
partido.
“Hay que tener en
cuenta que no hay nada más difícil de llevar a cabo, ni más dudoso en cuanto a
su éxito, ni más peligroso de manejar, que iniciar un nuevo orden de cosas”
(Nicolás Maquiavelo).








