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domingo, 26 de abril de 2026

Los “18 meses de Caputo” - El derrame que no llega… @elprofesorcapomasi...

 Los “18 meses de Caputo” - El derrame que no llega…

Adorni Propiedades. Dibujo: Pablo Temes. 

Comienza a verse que el discurso oficial choca con una paciencia que se agota, incluso entre sus votantes.

© Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 26/04/2026 y Publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina,

El gobierno de Javier MIlei deja atrás una semana turbulenta. Las internas en el oficialismo no cesan y ponen en aprietos al ministro de Economía Luis Caputo. Fuentes cercanas a Economía aseguran que el “mejor de la historia” ya tiró toda la carne al asador y que está preocupado –molesto– por los vaivenes políticos y la caída en las últimas encuestas. Es lógico, siendo él quien tiene que negociar con el establishment nacional e internacional de cara a una reactivación de la economía que no termina de producirse y, encima, está asediada por los bajos salarios y el recalentamiento de los precios.

Como en tiempos del macrismo, la célebre frase de “los brotes verdes” que nunca terminaron de germinar es una sombra que persigue al actual gobierno. Sin embargo, el ministro soltó una sentencia bastante pretenciosa para el panorama actual: palabras más, palabras menos, dijo que los próximos 18 meses serán los mejores de las últimas décadas para el país. Esta proyección optimista se basa en la estabilización macroeconómica, la confianza internacional en el presidente Milei y la llegada de inversiones, impulsadas por instrumentos como el Régimen de Incentivo para las Grandes Inversiones (RIGI). Sin embargo, las grandes inversiones hasta el momento están vinculadas a sectores puntuales como minería, energía renovable e infraestructura portuaria. Para que el derrame pueda alcanzar a la gente de a pie, sin dudas habrá que esperar. El problema es que la paciencia está comenzando a agotarse y que la mayoría de la gente, entre la que se cuentan votantes libertarios que apostaron a un cambio, ya no puede esperar. No se trata de una cuestión de deseos; cuando el bolsillo aprieta, la necesidad se impone sobre los cálculos de cualquier color político.

Así las cosas, la semana que mañana comienza no estará exenta de ruido político. El Presidente adelantó que acompañará al cuestionado Manuel Adorni en la presentación de su informe de gestión en la Cámara de Diputados el día miércoles. Más allá del apoyo a su jefe de Gabinete y amigo, en la Rosada fantasean con que su presencia sirva como muro de contención ante la andanada de críticas que recibirá de la oposición de todos los colores políticos. A nadie le importa lo que pueda decir en lo que respecta a la gestión, el foco estará puesto en su situación personal y en lo que pueda aclarar –u oscurecer el exvocero– de los otros escándalos que tienen al Gobierno de protagonista, como el caso $Libra. No nos engañemos, el escenario será testigo de una riña sin precedentes.

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En el peronismo/kirchnerismo las cosas tampoco están para ilusionar a nadie. La pelea entre el gobernador Axel Kicillof y el sector ligado a Máximo Kirchner y La Cámpora continúa su escalada. La Cámara de Casación confirmó el pasado viernes el decomiso de los bienes de la expresidenta, de sus hijos y del empresario Lázaro Báez, para comenzar a cubrir los casi $ 685 mil millones por los que deben responder los condenados en la causa Vialidad. Se trata de una medida restitutiva para todos los argentinos que no tienen antecedentes. Más allá de la condena formal, devolver lo robado es indispensable para que la justicia sea completa.

Es imposible no analizar en esta columna la decisión de Javier Milei de no permitir a los periodistas acreditados ingresar a la Casa de Gobierno para cumplir sus tareas profesionales. Para poner en dimensión este hecho nunca visto –la única vez que ocurrió un cierre similar fue un día durante la pandemia– hay que recordar el tristemente célebre eslogan “No odiamos lo suficiente a los periodistas”, utilizado frecuentemente por el Presidente y sus acólitos. Escuchar a Milei fomentar el odio estremece.

Quienes supieron fomentarlo fueron los Kirchner. Tanto Néstor cuanto Cristina.

La memoria nos traer al presente la miríada de episodios en los cuales ambos tuvieron expresiones de desprecio y acciones de acoso hacia quienes pensaban distinto y los criticaban. En ese marco, la intimidación fue un instrumento utilizado intensamente contra los periodistas por todos los medios del Estado puestos a disposición del matrimonio presidencial. Ese vilipendio bajó a la calle, que se volvió insegura para muchos de los que sufrimos aquel embate que dio pie, entre otras cosas, a “juicios populares” llevados a cabo en plena Plaza de Mayo y encabezados por Hebe de Bonafini con total beneplácito de la expresidenta, hoy cumpliendo pena de prisión.

Según la definición dada por el mismísimo Javier Milei, los cimientos de la filosofía del “liberal-libertario”, que se basan en el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, son: la defensa absoluta de la vida, la libertad y la propiedad privada, fundamentados en el principio de no agresión (PNA) y un mercado libre sin intervención estatal.

Por lo que se aprecia en la vida diaria, el Presidente parece haber olvidado poner en práctica el principio de no agresión (PNA). Los periodistas no somos los únicos en sufrir las consecuencias de la falta de observancia de este postulado.

Los hermanos Milei muestran experimentar los rasgos más severos de la enfermedad del poder. Uno de ellos es la intolerancia a la crítica externa e interna.

El ataque al periodismo es propio de conductas antidemocráticas. La repetición de estos hechos es producto del rol clave que juega el periodismo en este momento del país ydel mundo. Los hechos más relevantes de corrupción de la Argentina de los últimos tiempos han sido revelados por la prensa y no por la Justicia. Una breve enumeración nos lleva a los “cuadernos de Centeno”, la causa Vialidad, los Panamá Papers, el caso $Libra, el caso Adorni, el caso de las irregularidades con el dólar durante el tiempo del cepo en el gobierno de Alberto Fernández, Sergio Massa y CFK, la campaña de desprestigio contra Milei por supuestos agentes rusos y un largo etcétera.

Como ya se ha repetido muchas veces en esta columna, “el periodismo es un instrumento esencial para hacer a las sociedades más honestas y democráticas”. Esto es lo que les molesta a Javier Milei y a su hermana.




lunes, 19 de enero de 2026

Un troll para representarnos ante la Unión Europea… @elprofesorcapomasi...

Un troll para representarnos ante la Unión Europea…

Un troll para representarnos ante la Unión Europea. Dibujo: CEDOC

El Gobierno designó a Fernando Iglesias como embajador argentino ante la Unión Europea, aunque su figura se asocia más al conflicto que a la mediación. Es una apuesta deliberada por trasladar el conflicto ideológico interno al plano internacional. 

© Escrito por Jorge Fontevecchia el lunes 19/01/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

La designación de Fernando Iglesias como embajador argentino ante la Unión Europea no es un dato administrativo ni un gesto menor de política exterior. Es una definición estratégica que condensa una concepción del mundo. En un momento en que el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea exige mesura, paciencia y oficio negociador, el Gobierno de Javier Milei opta por enviar a Bruselas a una figura asociada a la confrontación y la provocación.

No se trata de un error ni de una improvisación: es un mensaje político deliberado. La Argentina no busca adaptarse a la lógica diplomática europea, sino tensionarla. La elección de Iglesias expresa la voluntad de trasladar la batalla cultural interna al plano internacional, aun cuando ese escenario demanda exactamente lo contrario: pragmatismo, flexibilidad y una comprensión fina de las reglas no escritas del poder.

El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea volvió a poner a la Argentina en una escena que exige sutileza, paciencia y oficio. Tras más de dos décadas de negociaciones, el entendimiento reabre expectativas comerciales, pero también demanda una diplomacia activa para aprovechar las oportunidades con flexibilidad. No es un momento para improvisar ni para posiciones fundamentalistas.

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La diplomacia, en su sentido clásico, no es épica ni confrontación. Es negociación, escucha, construcción paciente de consensos mínimos y administración racional del desacuerdo. Es, como la definía Harold Nicolson, el diplomático británico, teórico central de las relaciones internacionales del siglo XX y partícipe directo del sistema de conferencias que modeló la posguerra europea, “el arte de conducir las relaciones entre Estados mediante métodos distintos a la guerra”.

Nicolson no hablaba desde la abstracción académica, sino desde la experiencia concreta de un continente devastado que comprendió que el conflicto permanente conduce al colapso y que la palabra, aun débil, suele ser más eficaz que la amenaza. En esa tradición se inscriben la diplomacia europea moderna, la lógica comunitaria de la Unión Europea y su cultura política basada en la moderación, el lenguaje medido y la búsqueda de acuerdos graduales.

La elección de Iglesias sugiere una concepción particular de la política exterior. Milei ha mostrado reiteradamente su desprecio por los mecanismos clásicos de mediación y consenso. Su estilo privilegia la confrontación, la claridad ideológica y el choque frontal. En ese marco, la diplomacia aparece menos como una herramienta y más como un obstáculo.

No es casual que el Presidente desconfíe de la diplomacia. Negociar implica ceder, y ceder contradice la lógica binaria que estructura su discurso público. La diplomacia busca acuerdos imperfectos; Milei proclama verdades absolutas. La diplomacia opera en grises; el mileísmo se mueve en blancos y negros.

El Gobierno argentino se prepara para abandonar entre 45 y 55 organismos y tratados internacionales, muchos de ellos vinculados directa o indirectamente a las Naciones Unidas, en una decisión que profundiza el alineamiento automático con Estados Unidos y replica la política exterior impulsada por Donald Trump.

La medida surge de un expediente interno de la Cancillería que justifica el retiro bajo un único argumento: la “alianza estratégica” con Washington, incluso cuando esa decisión implique aislar a la Argentina de los principales espacios multilaterales del sistema internacional. La decisión cuenta con el aval de altos funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores, y solo resta la firma final del canciller Pablo Quirno para concretarse.

Javier Milei nombró a Fernando Iglesias como embajador argentino en Bélgica.

Diplomáticos de carrera consultados describen la iniciativa como un sinsentido estratégico, dado que esos organismos son plataformas centrales para la política exterior, el financiamiento internacional y la articulación global. Aun así, el Gobierno resolvió imitar la retirada de Estados Unidos, aunque de manera parcial, para no poner en riesgo créditos y proyectos por miles de millones de dólares que dependen de esos mismos espacios.

El repliegue genera una contradicción política de fondo: mientras la Argentina se dispone a salir de organismos de la ONU, al mismo tiempo impulsa la candidatura del diplomático argentino Rafael Grossi para ocupar la Secretaría General del organismo.

Para resolver esa incoherencia, la Cancillería envió un cable secreto a sus embajadas, instruyendo a los diplomáticos a sostener, solo si son consultados, que el país mantiene un “compromiso histórico con el multilateralismo”, pese a que las decisiones concretas van en sentido opuesto.

Carl von Clausewitz escribió que la guerra es la continuación de la política por otros medios. La diplomacia podría pensarse como su reverso: la política que evita la guerra por medios más sutiles. Requiere cálculo, empatía estratégica y una comprensión fina del adversario. Nada más lejano al registro de la provocación permanente. Cada terreno tiene sus métodos específicos que le son propios.

Iglesias no es un diplomático de carrera ni un negociador silencioso. Es, ante todo, un polemista. Durante años construyó su capital político en la confrontación mediática, en las redes sociales y en un estilo deliberadamente provocador. Su figura se asocia más al conflicto que a la mediación.

Durante el gobierno de Alberto Fernández, cobró relevancia por la confrontación permanente en el Parlamento. Vamos a ver, a modo de ejemplo, algunos de estos episodios. Pero primero, un testimonio de Martín Soria, que actualmente es senador. La polémica era, en ese entonces, por la oposición a crear nuevas universidades de cercanía. “Que te insulte Fernando Iglesias es costumbre. Es un personaje infumable, insoportable. Es una cucaracha de la política”, decía Soria en ese momento.

Durante el discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso del 1.º de marzo de 2023, el entonces presidente Alberto Fernández generó un fuerte clima de tensión al cuestionar duramente a la Corte Suprema por el fallo que restituyó fondos coparticipables a la Ciudad de Buenos Aires.

En ese contexto se produjo el episodio más visible: el diputado del PRO, Iglesias, le dio la espalda al Presidente, lo increpó a los gritos y finalmente se retiró del recinto con su mochila, mientras Fernández le respondía con ironía desde el estrado. “Es un enorme honor que me insulte Fernando Iglesias, me enorgullece”, bromeó el entonces mandatario en el Congreso. En una entrevista posterior, el propio Iglesias relató lo sucedido y afirmó: “Se me debe haber escapado algún insulto”.

En otra ocasión, Iglesias profirió insultos contra la presidenta del cuerpo, Cecilia Moreau, mientras ella conducía la sesión. Lejos de dejar pasar el agravio, Moreau interrumpió el trámite parlamentario y lo confrontó a Iglesias, exponiendo lo que el diputado del PRO decía fuera del micrófono. "¿Qué pasa Iglesias? ¿Por qué no me decís de frente 'pelotuda' como me estás diciendo por lo bajo? Sos un misógino maleducado. Cobarde", expuso la diputada.

Otro de los hechos que causaron indignación ocurrió cuando, en una polémica con Hugo Moyano, Iglesias retuiteó una amenaza contra el dirigente sindical. El episodio se produjo en julio de 2020, cuando el entonces diputado nacional Iglesias replicó en su cuenta personal de Twitter un mensaje de un usuario anónimo que incluía la imagen de un rifle y una frase interpretada como una amenaza directa contra la familia Moyano.

El retuit se dio en el marco de un conflicto sindical entre el gremio de Camioneros y Mercado Libre, luego de que Iglesias publicara comentarios satíricos y críticas contra los Moyano por el reclamo de encuadramiento gremial de los trabajadores de la empresa.

En una entrevista para la revista Seúl, de julio de 2025, Iglesias habló de su estrategia de comunicación y sostuvo: “Aprendí mucho de algo que se aprende también en Twitter, que es a decir cosas en breve tiempo. Vos tenés tu equipo, están jugando horrible, cometen cuatro o cinco errores y tenés 30 segundos para arreglarlo. ¿Qué hacés? Elegís lo más importante y vas a eso”.

Y luego agrega: “Si vos das una instrucción, das una instrucción. Si das dos instrucciones, das media instrucción. Si das tres instrucciones, no dijiste nada. Porque cada cual agarra la que quiere, hace lo que le parece. Y eso es algo muy importante: focalizar, detectar en el sistema de juego cuál es lo principal que te puede ayudar a corregir el resto, hablar solamente de eso”.

Esa concepción de la comunicación, eficaz en el vértigo de las redes sociales o en la lógica binaria del debate político confrontativo de la era Milei, revela al mismo tiempo su límite estructural para el ejercicio de la diplomacia. La reducción extrema del mensaje, la idea de que solo puede existir una instrucción válida y que todo lo demás es ruido, puede funcionar en Twitter, donde la atención es escasa y el conflicto es el combustible del intercambio.

Pero la diplomacia opera en un registro exactamente inverso: acumula matices, superpone capas de sentido, admite ambigüedades en busca de la diagonal común, del consenso y, muchas veces, sugiere más de lo que dice. En definitiva, el perfil de Iglesias resulta problemático para un cargo que exige discreción, escucha activa y capacidad de administrar tensiones sin exacerbarlas.

Su trayectoria pública muestra una preferencia constante por la confrontación directa, el gesto provocador y la exposición del conflicto como capital político. Ese estilo puede haberle resultado eficaz en la arena doméstica, en el debate parlamentario o en la disputa mediática, pero choca frontalmente con la cultura política de la Unión Europea, donde la forma es fondo y donde cada palabra tiene peso diplomático.

Acuerdo UE–Mercosur: oportunidades y beneficios para la Argentina.

La designación de Iglesias no puede leerse como un error de cálculo ni como una casualidad. Milei envía a Bruselas a un representante que encarna la anti-diplomacia, alguien que no viene a tejer consensos sino a marcar posiciones, incluso a costa de incomodar. Es una apuesta deliberada por trasladar el conflicto ideológico interno al plano internacional, aun cuando el acuerdo Mercosur–Unión Europea exige exactamente lo contrario: paciencia, pragmatismo y flexibilidad negociadora.

La designación, además, llega acompañada de una anomalía institucional: la duplicación de cargos. Iglesias fue nombrado embajador ante Bélgica y, una semana después, ante la Unión Europea. El argumento del Gobierno fue el ahorro logístico y, además, sostiene que Iglesias ejercerá el cargo sin perjuicio de su función como embajador ante Bélgica.

El Gobierno destaca la experiencia de Iglesias en política exterior, su paso por la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores de Diputados y su participación en giras oficiales, pero la realidad es que, si hablamos de trayectoria y experiencia profesional, no parece ser la mejor opción.

¿Cuál fue la trayectoria de Fernando Iglesias? Su derrotero político está atravesado por desplazamientos ideológicos, pero con una constante: la confrontación como método. Su militancia comenzó en los años setenta en el trotskista Partido Socialista de los Trabajadores, en el clima de radicalización política previo al golpe de 1976.

Tras abandonar ese espacio, se vinculó al activismo en derechos humanos y luego desarrolló una carrera intelectual y periodística centrada en la crítica al peronismo y en la defensa de la globalización, un recorrido que lo fue alejando progresivamente de la izquierda tradicional.

Su ingreso formal a la política institucional se dio en 2007, como diputado nacional por la Coalición Cívica de Elisa Carrió. Allí se consolidó como una voz dura contra el kirchnerismo, con intervenciones orientadas más al debate ideológico que a la construcción de consensos legislativos. Durante ese período integró comisiones vinculadas a la libertad de expresión y se destacó por su retórica confrontativa, que lo convirtió en una figura mediática antes que en un articulador parlamentario.

Tras un impasse legislativo, Iglesias regresó a la Cámara de Diputados en 2017 de la mano de Cambiemos, ya alineado con el macrismo. En ese ciclo profundizó su perfil de polemista, especialmente en redes sociales, y se asumió como uno de los “halcones” del espacio. Defensor incondicional del gobierno de Mauricio Macri, incluso en sus momentos de mayor debilidad, su figura se asoció a la idea de batalla cultural y a una lectura binaria de la política argentina, con el peronismo como adversario central.

En los últimos años, su trayectoria volvió a mutar al alinearse con Milei y La Libertad Avanza, sin abandonar formalmente el PRO. Desde ese lugar respaldó el rumbo del gobierno libertario y justificó sus formas disruptivas en nombre de un cambio histórico.

Ursula von der Leyen prometió que el acuerdo traerá "oportunidades, empleo y prosperidad" a ambas partes.

Su reciente designación como embajador ante la Unión Europea puede leerse como la culminación de ese recorrido: de legislador combativo y polemista permanente a representante diplomático, en una transición que resume tanto su itinerario político personal como la concepción anti-diplomática del actual oficialismo.

Su visión del peronismo como “el enemigo” estructura gran parte de su discurso. Esa lectura interna, trasladada a la arena internacional, corre el riesgo de simplificar procesos complejos y de confundir disputas domésticas con alineamientos globales. Pero esta visión encaja con una matriz ideológica más amplia que hoy articula a Milei con Donald Trump y con sectores de la nueva derecha global.

El peronismo deja de ser un movimiento político nacional, con contradicciones internas y trayectorias diversas, para convertirse en una pieza local de un enemigo mayor: el “colectivismo”, el “estatismo” o el “comunismo”, entendido en sentido expansivo y casi metafísico.

Del mismo modo en que Trump condensó en el “socialismo” o en el “deep state” todas las amenazas al orden estadounidense, e igual que Milei sintetiza en el kirchnerismo una supuesta decadencia moral y económica, Iglesias proyecta sobre el peronismo la figura de un adversario absoluto, incompatible con la república y la libertad.

Ese paralelismo responde a la lógica de la batalla cultural como marco interpretativo total. Para Milei y Trump, la política ya no es una competencia entre programas, sino una guerra civil fría entre libertad y comunismo, entre Occidente y su disolución interna.

La política debe tornarse más agresiva porque, en su relato épico, el riesgo es la disolución de Occidente. El acuerdo Mercosur-UE exige una narrativa que combine apertura comercial con garantías ambientales y sociales. Exige diálogo con actores que no comparten la visión libertaria del mundo. Exige paciencia.

El nombramiento envía, entonces, un mensaje ambiguo a Europa. Por un lado, la Argentina celebra el acuerdo. Por otro, designa como representante a alguien conocido por su estilo pendenciero. Es difícil no leer allí una señal de provocación. Nada de esto parece accidental.

Milei construye su identidad política en oposición a “la casta”, a la diplomacia tradicional y a lo que considera consensos vacíos. Al nombrar a Iglesias, refuerza esa narrativa: no habrá diplomacia clásica, habrá confrontación ideológica. El problema es que la política exterior no se juega solo en la coherencia interna del relato. Se juega en mesas de negociación donde el estilo importa, donde una palabra mal dicha puede bloquear un expediente durante años.

La diplomacia cultural, además, requiere sensibilidad. Europa no es un bloque homogéneo ni un adversario ideológico. Es un entramado de intereses, valores y temores. Representar a la Argentina allí implica comprender esa complejidad para aprovechar las oportunidades de desarrollo que el acuerdo ofrece para nuestro país.

El riesgo es que la embajada se convierta en una tribuna de la batalla cultural libertaria; que el representante argentino hable más para las redes locales que para los despachos europeos; que la política exterior quede subordinada a la lógica del like y la polarización.

La pregunta que queda abierta es si ese estilo alcanzará para atravesar el complejo laberinto europeo o si, una vez más, la épica doméstica terminará chocando con la realidad internacional. Porque la diplomacia no perdona los gestos incendiarios. Y Europa, a diferencia de Twitter, no responde a provocaciones, sino a intereses y consensos.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi. TV/ff.






lunes, 5 de enero de 2026

Triunfos políticos, pero sin derrame en la economía… @elprofesorcapomasi...

Triunfos políticos, pero sin derrame en la economía…

Dibujo: Pablo Temes.

Luego de un 6 de septiembre fatídico, el oficialismo no dejó de tener victorias electorales y legislativas.

© Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 04/01/2026 y publicado por el © Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Fue el fin de año soñado para el Gobierno. Inimaginable tan solo tres meses y medio atrás. Aquel 6 de septiembre fue un día de pesadilla no solo para el oficialismo, sino también para el país. La aplastante victoria electoral del peronismo en las elecciones para la Legislatura provincial y los concejos deliberantes en las intendencias en la provincia de Buenos Aires representaron un golpe tremendo para La Libertad Avanza que dejó al desnudo los gruesos errores cometidos por Karina Milei tanto en el armado de las listas de candidatos como en la estrategia de campaña.

“Tenemos que aprender de los errores cometidos”, dijo con rostro adusto el Presidente en su discurso en el que reconoció la derrota. No está claro cuánto de ello –el reconocimiento de los errores propios– ocurrió en la campaña. Lo que quedó claro fue que ocurrieron dos cosas que permitieron revertir ese resultado de catástrofe para el oficialismo: la primera fue la soberbia que exhibió el kirchnerismo ante la posibilidad de su reverdecer, lo que generó el espanto de un sector de la sociedad que, habiendo decidido no ir a votar en la elección provincial, tuvo clara conciencia del abismo al que otra vez se asomaba la Argentina si el peronismo ganaba y, aun discrepando de muchas de las ideas y medidas adoptadas por el Gobierno, cambió de parecer y fue a sufragar en la elección del 26 de octubre para frenar cualquier posibilidad de una vuelta a esa espantosa gestión que terminó con una inflación anual del 211,4%.

Para completar ese alineamiento de los planetas favorable al Gobierno, es menester incluir el escándalo de corrupción que sacude los cimientos de la Asociación del Fútbol Argentino que, a la manera de un poderoso viento de cola, ha ayudado – y seguramente lo seguirá ayudando– al oficialismo a surfear diciembre y enero sin ningún sobresalto, a contramano de lo que habían predicho los líderes de la decadente CGT, algunos dirigentes de la izquierda y los gerentes de la pobreza En el peronismo, por su parte, son cada vez más los que empiezan a inquietarse con las revelaciones que sobre este asunto se van produciendo a diario. La trama permite enmarcar al “Afagate” como un caso de corrupción y lavado de dinero. Se ha abierto ante los ojos de la opinión pública un encadenamiento de hechos y personajes que muestran cómo esa máquina de generar dinero turbio y usarlo para objetivos también turbios –que se remonta a la época del Grondonato– continuó hasta el presente, con metodologías más sofisticadas y, hasta hoy, con lo misma impunidad.

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Las revelaciones de esta semana pusieron en el centro de la escena a Javier Faroni, que supo ser un exitoso productor teatral en Mar del Plata, quien, de la noche a la mañana, sorprendió apareciendo como miembro del directorio de Aerolíneas Argentinas en los albores de la presidencia de Alberto Fernández, siendo que no tenía ningún antecedente dentro de la actividad aerocomercial. Debió dejar este cargo en 2022 en medio de denuncias por bienes no declarados en el exterior y acrecentamientos patrimoniales. Se lo recuerda porque en los años de la pandemia se encargó de organizar los vuelos de repatriación de futbolistas. Ese fue el comienzo de su relación con Claudio Tapia.

La foto, pues, muestra una situación política absolutamente favorable para el Gobierno. La consolidación de su poder en las dos cámaras del Congreso le garantizan la gobernabilidad, es decir, la posibilidad de implementar las medidas necesarias para llevar adelante su gestión. Esta circunstancia tiene, en principio, dos consecuencias: la primera es que aparece otra vez la peligrosa tendencia del oficialismo a gobernar por decretos de necesidad y urgencia; la segunda, que Javier Milei no podrá adjudicar al kirchnerismo ser la causa de los eventuales problemas, errores, dificultades o malos resultados de su gestión.

Desde el punto de vista de la economía, el año que pasó dejó expuesta una dualidad cuya solución representa el principal desafío del Gobierno: la macroeconomía se ordenó, pero eso no representó en paralelo una mejoría para el bolsillo de la gente de a pie. Ese “derrame” aún no llegó.

La reforma de la ley de Inteligencia, formalizada el viernes a la mañana a través del decreto 941/2025 publicado en el Boletín Oficial, representa un ejemplo claro de lo arriba expresado. Es, claramente, una violación flagrante de los principios establecidos en la Constitución Nacional. Una reforma de este tipo debe hacerse exclusivamente por medio de una ley, es decir, debe ser aprobada por el Congreso. Constitucionalistas destacados de diversas corrientes ideológicas han coincidido en su crítica. Como muy bien lo señaló con absoluta contundencia y claridad el Prof. Dr. Daniel Sabsay, este decreto “concede facultades extraordinarias al Presidente. Entre otras aberraciones, un funcionario podrá detener a personas en la vía pública. Espero que la Justicia declare la inconstitucionalidad”. Si esto lo hubiera hecho el kirchnerismo, todos los integrantes de este gobierno, con Javier Milei a la cabeza, lo estarían criticando severamente.

El relativismo moral es uno de los grandes males de la política en la Argentina y en el mundo. Si Milei quisiera convertirse en un verdadero estadista, no debería permitir tales avasallamientos.





miércoles, 10 de diciembre de 2025

Día 730: Dos años de Milei y cómo los argentinos eligieron querer y creer… @dealgunamanera...

Día 730: Dos años de Milei y cómo los argentinos eligieron querer y creer…
 

Día 730: Dos años de Milei y cómo los argentinos eligieron querer y creer. Dibujo: CEDOC.

Si tuviéramos que reconocerle algo positivo a Javier Milei es que trajo la discusión del orden fiscal por fuera de los tabúes que había impuesto el kirchnerismo. Si tuviésemos que hacer una sola crítica, deberíamos decir que es el Gobierno que más allá llevó el concepto del adversario político.

© Escrito por Jorge Fontevecchia el miércoles 10/12/2025 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República.

Hace dos años, el presidente Javier Milei asumía con 36 diputados, sin ningún gobernador ni intendente. Tenía un partido en formación, minúsculo, con algunos armadores con experiencias fallidas venidos de otras fuerzas y un puñado de seguidores sin ninguna trayectoria política. Hoy tiene un crecimiento de diputados cercanos al 300% si contamos a los del PRO que deciden acompañarlo en todas las votaciones, algunos gobernadores e intendentes ya se pintaron de violeta y La Libertad Avanza es considerado el único proyecto político nacional. Esto solo en dos años. Y no fueron las fuerzas del cielo sino la de los argentinos que eligieron querer y creer, porque en cualquier otra situación similar hubiera sido inviable la gobernabilidad.

En el libro 
“Lo bueno, lo malo y lo feo, dos años de Milei”, el sociólogo Marcos Novaro reflexiona sobre este período diciendo que muchos argentinos lo tomaron como “el remedio amargo y desagradable que hay que soportar para curar una enfermedad que se arrastra desde hace demasiado tiempo, un costo que pagar”. Usa el ejemplo de “un clavo que saca otro clavo” refiriéndose al kirchnerismo sobre el que concluye no saber si los argentinos se merecen a Milei “pero sin duda el kirchnerismo se lo merece, ha hecho hasta lo inimaginable para convocarlo y hacerlo posible”.

Y sin “obnubilarse con el embalaje que muestra tanto como oculta”, estar atentos a “cómo lo feo puede convertirse en malo”. Porque “hay algo pero que una estrategia equivocada: una estrategia equivocada por malas razones porque si la estrategia falla, se corrige, pero si las razones son equivocadas, no se percibe el fallo”.

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Pero todo comenzó otro 10 de diciembre, hace cuatro años, cuando Milei asumió su banca junto a Victoria Villarruel, única compañera de bloque. Es decir, en cuatro años el bloque de LLA en el Congreso pasó de dos diputados a 95. Pasó de ser uno de los bloques más pequeños a ser la primera minoría en el Congreso.

Dos años de Javier Milei: el 34% cree que al país "le irá mejor" y el 52% piensa que va en dirección incorrecta

Al mismo tiempo, en estos dos años de Milei, según informes del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), cerraron 30 empresas por día y se perdieron 276 mil puestos de trabajo, es decir, 430 por día. Estamos hablando de empleos registrados que son más fáciles de registrar. No hay registros de la pérdida de empleos informales.

A la vez, que la inflación pasó de un promedio 65% anual en los cuatro años del gobierno de Alberto Fernández a la mitad, pero es justo decir que el último año fue 180% y descontado el propio generado en el mes de diciembre por el gobierno entrante fue alrededor del 150% a un quinto de eso, razón por la cual hay índices de pobreza que a pesar de la pérdida de empleos han demostrado mejoras.

A estos números, el experto en pobreza, el sociólogo Agustín Salvia planteó que la baja de la pobreza que muestra el Gobierno no refleja una mejora real, sino un efecto estadístico por la estabilización inflacionaria y ciertos aumentos puntuales de ingresos. Advierte que los salarios siguen por debajo de 2017, que la recuperación es “muy parcial” y que la pobreza estructural permanece igual o peor, porque justamente no hay creación de empleo ni reactivación económica.

A pesar de todo esto, Milei es por lejos el político más popular en el país medido por todas las encuestas. Evidentemente, hay algo en las placas tectónicas de la sociedad que se movió. Hay un relato, un conjunto de ideas que entraron y que, a pesar de la situación objetiva, de las penurias que pasa la mayoría social, la mayoría de los argentinos decidieron acompañar a este presidente, eligieron querer.

Punto por punto, el informe final del Consejo de Mayo: Adorni anunció el envío de los proyectos al Congreso

En voluntad de transformación legislativa, el gobierno de Milei no tiene igual. Desde su comienzo ha avanzado con dos grandes iniciativas legales que se concretaron entre fines de 2023 y 2024 y generaron importantes cambios en la estructura económica y política argentina. El DNU 70/2023, que originalmente contenía 366 artículos, sigue vigente en su mayor parte, a pesar de haber sido rechazado parcialmente por el Congreso en sus títulos.

La principal excepción es el título IV de la reforma laboral, cuyos artículos fueron suspendidos por vía judicial a principios de 2024 tras la acción de la CGT. Por su parte, la Ley Bases tuvo un primer intento de aprobación que fue la Ley Ómnibus de 644 artículos y terminó en una iniciativa recortada, de igual manera muy ambiciosa, con 238 artículos. Esto cambió disposiciones clave como la derogación de la Ley de Alquileres, la modificación del Código Civil y Comercial (particularmente en libertad de contratación y obligaciones en moneda extranjera), y la desregulación de leyes económicas como la de abastecimiento.

La posterior Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos (Ley 27.742), sancionada en julio de 2024, consolidó y reemplazó parcialmente el DNU, introduciendo cambios propios y decisivos que ya están aprobados. Estos incluyen la declaración de emergencia pública en varias materias (económica, financiera, energética y administrativa) por un año, delegando amplias facultades en el Poder Ejecutivo para actuar en esos campos.

En materia laboral, la Ley de Bases aprobó la modernización laboral (reduciendo el período de prueba a seis meses, ampliable, y eliminando multas por empleo no registrado), lo cual es un cambio ya reglamentado. En el ámbito de las empresas estatales, la ley aprobó la enajenación (privatización total, parcial o concesión) de varias compañías públicas como ENARSA, Corredores Viales e Intercargo. Si bien la aprobación está, el proceso de venta es lo que queda por hacerse mediante la ejecución del Poder Ejecutivo.

Finalmente, el RIGI (Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones), que otorga grandes beneficios fiscales y aduaneros a proyectos de inversión, fue aprobado en la Ley de Bases, pero su impacto en la economía real está pendiente de la puesta en marcha de los grandes emprendimientos que se adhieran.

Se definen los integrantes de la Comisión de Presupuesto y el Gobierno busca apurar el dictamen

Estas iniciativas del Gobierno fueron fuertemente resistidas por la oposición, el sindicalismo, los movimientos sociales y gran parte de la población que se movilizó de manera independiente. La llamada oposición dialoguista dirigida por figuras como Miguel Ángel Pichetto consiguió que se hicieran varias reformas y se quitaran artículos polémicos que restringían el derecho a la reunión o la manifestación, entre otros. Esto generó que gran parte de la Ley Bases generara empate en el Senado y la vicepresidenta Villarruel, ahora enfrentada con Milei, haya tenido que desempatar en un momento dramático de la política argentina.

Pero no solo hubo debate en torno a lo económico en estos dos años de Milei. El Gobierno impulsó lo que denominó la batalla cultural, una cruzada ideológico-discursiva contra todos los valores progresistas transversales de la democracia argentina y occidental. El respeto por la diversidad en la identidad de género y la orientación sexual, el respaldo a los derechos de igualdad de las mujeres y los hombres que sostiene el feminismo, la condena a los crímenes de la última dictadura militar en nuestro país y el concepto mismo de justicia social, impulsado por la doctrina social de la iglesia en el siglo XIX, fueron combatidos por Milei, el resto del Gobierno y un ejército de trolls oficialistas que, algunos pagos y otros militantes, inundaron las redes con mensajes de odio y propaganda ideológica de extrema derecha.

Si bien hubo varios momentos álgidos en esta disputa, entre los cuáles se encuentras videos oficiales prácticamente negacionistas de los crímenes de lesa humanidad generados por el gobierno militar entre 1976 y 1983 en nuestro país, el discurso de Milei en Davos, en los que planteó que “la ideología de género en sus facetas más extremas llevaba a la pedofilia”, fue la gota que rebalsó el vaso para buena parte de la sociedad argentina. Esto provocó una movilización antifascista contra Milei en febrero de 2025 de cientos de miles de personas en la Ciudad de Buenos Aires y probablemente más de un millón a nivel nacional. Junto con las movilizaciones en defensa del presupuesto de las universidades fueron las más importantes durante este Gobierno.

Con respecto a sus palabras en el Foro de Davos, Milei dijo que se había editado el video y con respecto al presupuesto universitario, si bien hubo recortes, se mostró dispuesto a revisar algunas partidas que dejaban a las universidades prácticamente al borde del cierre. Los docentes universitarios siguen en reclamo. Hoy un ayudante de trabajos prácticos gana cerca de 600 mil pesos mensuales y son los que sostienen la mayor cantidad de las clases.

Durante este año, el Gobierno vivió una verdadera montaña rusa política y económica. Por momentos parecía que se volvía totalmente hegemónico y que se quedaría más de un mandato y por otros, realmente corrió riesgos de caer y las palabras asamblea legislativa volvían a escucharse como nunca desde el 2001.

Entre marzo y octubre, Milei recibió una seguidilla de palizas legislativas que dejaron a su gobierno en completa minoría. La oposición encontró un conjunto de causas transversales como fueron los haberes jubilatorios, el presupuesto universitario, la protección a las personas con Discapacidad y el respaldo a los profesionales del Hospital Garrahan y además de impulsar amplias movilizaciones callejeras, se reflejó en fuertes mayorías en el Congreso. En dos ocasiones se consiguieron dos tercios en ambas cámaras para anular los vetos presidenciales sobre leyes opositoras que justamente cuidaban el presupuesto universitario y a las personas con discapacidad.

Milei, frente a estas enormes mayorías parlamentarias obtenidas por la oposición, decidió no cumplir estas leyes. Este quizás sea uno de los elementos más peligrosos del Gobierno: el hecho de que el poder Ejecutivo haya pasado por encima del Legislativo muestra una violación flagrante de la división de poderes y un paso por fuera de la democracia. Si esta tendencia continuara, ya estaríamos hablando de otro tipo de gobierno. Por ahora no lo ha hecho, pero es cierto que tampoco tuvo la necesidad porque las necesidades políticas fueron obtenidas por votaciones parlamentarias en buena ley. Sin embargo, llamamos la atención sobre este aspecto que no se discute lo suficiente en los medios de comunicación y no está lo suficientemente presente en el debate público.

Las continuas derrotas de Milei en el Congreso hicieron que los mercados, que estaban teniendo ganancias fenomenales gracias a las elevadas tasas de interés, empezaran a pensar que tal vez el Gobierno no podía garantizar la continuidad de este tipo de políticas debido a su debilidad institucional y hubo crisis macroeconómica. El dólar rompió la banda de 1500 pesos y se empezaron a vaciar las reservas.

Esta combinación de factores generó una estruendosa derrota en las elecciones bonaerenses del siete de septiembre. Milei perdió por trece puntos con el peronismo ordenado detrás del gobernador Axel Kicillof y la crisis continuó espiralándose. Esto parecía ubicar a Milei prácticamente fuera del Gobierno. Pero, como ya es conocido, una semana antes de las elecciones legislativas nacionales, el 21 de octubre de este año, el titular del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, publicó el siguiente tuit.

Solo con este tuit y otro de Donald Trump en el que planteó que el respaldo económico a la Argentina estaba condicionado a que Milei gane las elecciones, se produjo un sismo electoral y finalmente el Gobierno ganó en todo el país, inclusive en la Provincia de Buenos Aires.

Desde ese momento, Milei pasó a la ofensiva y ahora está impulsando la aprobación del presupuesto 2026 en el que continúa con el ajuste fiscal, la reforma laboral y la reforma tributaria. Con matices y discusiones, parece que todo saldrá a favor. Pero es Argentina, un país que siempre da sorpresas y nadie se puede confiar.

Es difícil hacer una columna objetiva sobre los dos años de este Gobierno. El presidente tiene un encono particular con el periodismo independiente y en particular contra Perfil. Sin embargo, tratamos de no tomarnos esto personal y entenderlo otro elemento de análisis de un Gobierno totalmente atípico en sus grados, aunque categóricamente populista como otras expresiones en el pasado.

Si tuviéramos que reconocerle algo positivo a Milei es que trajo la discusión de la necesidad del orden fiscal y la discusión macroeconómica por fuera de los tabúes que había impuesto el kirchnerismo. Si tuviésemos que hacer una sola crítica, deberíamos decir que es el Gobierno que más allá llevó el concepto del adversario político, del que piensa diferente como enemigo.

Esperemos que su tendencia antidemocrática sea disuadida por los dirigentes cercanos al gobierno más sensatos y democráticos y que la reciente moderación de los insultos sea la antesala a una convivencia democrática más resuelta. En lo que respecta a lo económico, es probable que un plan sostenido en base al endeudamiento y solo pensando en la exportación de minerales, productos agropecuarios y energía mientras se abren las importaciones, no genere un país para la mayoría de los argentinos.

Pero como siempre decimos, esperamos estar equivocados, le deseamos a Milei el mejor de los éxitos y, muy especialmente, que todos los argentinos que eligieron querer no sean defraudados.

Dos años de Milei, "el Loco", como el mismo admitió que lo llamaban en reiterados momentos de su vida. El loco, en las cartas de Tarot es el personaje que comienza una aventura de orígenes inciertos. Esperemos que esa aventura nos acerque a la solución de las muchas taras que tenemos como país.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

TV/ff