sábado, 19 de mayo de 2018

El país entre la espada y la pared… @dealgunamanera...

El país entre la espada y la pared… 


Desgraciadamente para el presidente Macri, la realidad política, es decir, lo que la gente está dispuesta a soportar, acaba de chocar contra la lamentable realidad económica.

© Escrito por Jaime Neilson el sábado 19/05/2018 y publicado en la Revista Noticias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Tiene razón Mauricio Macri cuando dice que “el Estado no puede gastar más de lo que tiene”. También la tiene cuando insiste en que no hay ninguna alternativa aceptable al “gradualismo”, o sea, de permitir que el Estado siga gastando mucho más de lo que tendrá en los años próximos con la esperanza de que, de un modo u otro, una marejada de dinero fresco llegue a tiempo para evitar una catástrofe. Acaso sueña con un golpe de suerte parecido al boom de la soja y otras commodities que tanto benefició a Néstor Kirchner, pero en tal caso le convendría recordar que, antes de producirse aquel milagro, el país se había visto sometido a un ajuste extraordinariamente brutal que hizo factible una etapa no muy larga de crecimiento rápido con superávits gemelos que Cristina no pudo prolongar.

Desgraciadamente para el presidente Macri, la realidad política, es decir, lo que la gente está dispuesta a soportar, acaba de chocar contra la lamentable realidad económica como ha sucedido tantas veces en la aún breve historia nacional. Aunque la Argentina dista de ser el único país en que las expectativas populares se han alejado de las posibilidades genuinas, ya que algo similar está provocando tensiones crecientes en América del Norte y Europa, aquí la brecha es mucho mayor que en otras partes, motivo por el que el país siempre figura entre los favoritos para ganar el campeonato mundial de inflación. Es tan fuerte el deseo de los sectores dominantes de convencerse de que la sociedad está en condiciones de darse ciertos lujos que a menudo el país se asemeja a la rana de la fábula de Esopo que, para hacerse tan grande como un buey, se hinchó hasta tal punto que explotó.

Desde hace ochenta años o más, la clase política nacional se comporta como sí la Argentina fuera mucho más rica de lo que haría pensar la evidencia. Para convivir con la disparidad creciente entre las pretensiones en tal sentido de dicha clase y el país que efectivamente existe, sus líderes de turno han probado suerte con distintas fórmulas.

Una, la populista, se basa en dar a entender que el país está desempeñando un papel heroico en un gran drama cósmico e imaginar que la mejor forma de solucionar problemas concretos es organizar protestas callejeras multitudinarias. Por indignante que parezca a quienes prefieren cierta racionalidad, las fantasías confeccionadas por demagogos e ideólogos imaginativos pueden ayudar a hacer más tolerable la miseria en que viven millones de familias.


Otra fórmula, la que se ensaya cuando mucha gente llega a la conclusión de que desahogarse así sólo sirve para agravar todavía más la situación del país, consiste en tratar de convencer al mundo de que por fin los dirigentes políticos han sentado cabeza y que en adelante se esforzarán por respetar las reglas imperantes en los países avanzados. Apuestan a que estos, debidamente impresionados por el cambio así supuesto, darán al Gobierno relativamente cuerdo que acaba de reemplazar a otro populista toda la plata que necesita para perpetuar la ilusión de riqueza.

Es esta la opción elegida por Macri. A la luz de lo sucedido en las semanas últimas, parece cada vez más probable que sufra el destino de tantos otros intentos de “normalizar” el país sin violar los “derechos adquiridos” de quienes podrían ocasionarle dificultades. Reza para que el Fondo Monetario Internacional lo ayude en la misión imposible que ha emprendido. La mayoría no comparte el optimismo que tanto el Presidente como los integrantes más conspicuos de su equipo están procurando difundir. Sabe que pedirle algo al Fondo es una noticia muy mala.

Puede que la reacción pavloviana de muchos frente al regreso del Fondo se haya inspirado en la noción poco seria de que sea una institución congénitamente maligna cuyos técnicos anteponen los números a la gente, pero es comprensible que piensan así ya que la experiencia les ha enseñado que sólo aparece cuando el país se encuentra en graves apuros. Si bien por motivos prácticos quienes manejan el Fondo han aprendido que cometerían un error si pasaran por alto los factores políticos, saben que sería aún peor cohonestar estrategias que, andando el tiempo, tendrían consecuencias desastrosas.

No es culpa del FMI que, una vez más, la Argentina está pasando bajo las horcas caudinas. Tampoco lo es de Macri y, aunque el aporte de Cristina y sus socios a lo que está ocurriendo a más de dos años de su salida del poder ha sido enorme, sería escapista atribuir al gobierno kirchnerista toda la responsabilidad por la incapacidad del país para adaptarse a lo que ha sucedido en el mundo a partir de la Gran Depresión de los años treinta del siglo pasado. Ya antes de aquella calamidad mundial, el país había comenzado a estructurarse de tal manera que no le sería dado aprovechar las oportunidades brindadas por el desarrollo, como hicieron tantos otros de cultura equiparable en los años que siguieron a la Segunda Guerra Mundial, o soslayar las trampas que se abrirían ante los tentados por el facilismo.

A esta altura, es evidente que el modelo al que el país se ha acostumbrado ha dejado de ser viable. Como hace poco nos recordó el senador peronista Miguel Ángel Pichetto, “acá hay 10 millones de personas que trabajan y 17 millones que cobran un cheque del Estado”. Entre aquellos 17 millones están 11 millones que reciben la Asignación Universal por Hijo. Es una locura, claro está, pero dejar de pagarles lo que muchos precisan para sobrevivir y todos ya toman por un derecho irrenunciable no podría sino desatar una tormenta social y humanitaria de proporciones muy peligrosas.

También dinamitaría el proyecto oficial de seducir a los más pobres del conurbano bonaerense para que pueda prescindir del apoyo de la franja de la clase media que creía que Macri defendería sus intereses sectoriales y que, de sentirse agredida por los tarifazos y la inflación, estaría dispuesta a castigarlo votando por virtualmente cualquier alternativa. Puede entenderse, pues, la voluntad oficial de aferrarse al “gradualismo” –mejor dicho, al asistencialismo–, aun cuando no cuenten con los recursos necesarios.

No es ningún consuelo, pero a su modo la Argentina es un país pionero, porque muchos otros gobiernos se ven frente a los mismos dilemas. En Europa y Estados Unidos, están procurando reducir los costos de programas sociales que se instalaron cuando las circunstancias eran propicias pero que, en la actualidad, están resultando antieconómicas. Si bien los cambios demográficos han sido mucho menos negativos en la Argentina que en los países aún ricos que están envejeciendo a una velocidad alarmante, aquí también propende a ampliarse la diferencia entre una minoría menguante que está en condiciones de prosperar en el mundo feliz posibilitado por una serie de revoluciones tecnológicas y la mayoría que ha visto estancarse o disminuir sus ingresos.

Tal y como están las cosas, abundan los motivos para prever que el futuro de buena parte de la clase media norteamericana y europea se parezca mucho al presente de la argentina, de ahí la irrupción de Donald Trump en Estados Unidos y el auge de movimientos habitualmente calificados de derechistas, como la Liga italiana, en casi todos los países de Europa. No extrañaría, pues, que el eventual fracaso del “gradualismo” de Cambiemos provocara el reordenamiento del tablero político o que peronistas “racionales” como Pichetto y Juan Manuel Urtubey terminaran asumiendo posturas que, según la geometría ideológica convencional, los ubicaría bien a “la derecha” de Macri, ya que la alternativa sería resignarse a que el país se hundiera en el caos.




martes, 15 de mayo de 2018

El Fondo, la estanflación y la “adicción” a las Lebac… @dealgunamanera...

El Fondo, la estanflación y la “adicción” a las Lebac…


¿El FMI es de verdad distinto al de hace 20 años? Mientras Dujovne negocia en Washington, la incertidumbre se extiende.

© Escrito por Marcelo Zlotogwiazda el viernes 11/05/2018 y publicado por  el Portal Nuestras Voces de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Habrá que esperar a conocer el resultado de la negociación que Nicolás Dujovne está llevando adelante en Washington para terminar de verificar que no es cierto que el Fondo Monetario Internacional sea “muy distinto al de hace veinte años”, tal como afirmó el ministro al anunciar el pedido de asistencia financiera. Hay abundante evidencia para sostener que la institución que conduce Christine Lagarde mantiene su esencia histórica, y que lo más probable es que cualquier préstamo que conceda a la Argentina va a estar sujeto a las clásicas condiciones de ajuste que caracterizaron a cada uno de los acuerdos anteriores.

Basta repasar el párrafo sobre la Argentina en el Panorama Económico Regional que el Fondo publicó en octubre del año pasado, que bajo el título “Prioridades de Política: reducir la inflación y el déficit fiscal”, recomendaba acelerar la reducción del desequilibrio fiscal, mantener una política monetaria restrictiva de altas tasas de interés, racionalizar el gasto público incluyendo salarios, flexibilizar el mercado laboral, rebajar impuestos y abrir más la economía.

Con más detalle, el informe que elaboró en diciembre pasado la misión del Fondo que auditó las cuentas de la Argentina insistió en la misma línea. Entre otras cosas, dejó por escrito que “bajar el gasto público es esencial, especialmente salarios, jubilaciones y transferencias sociales” y que “para impulsar la productividad y el crecimiento a largo plazo se requiere acelerar la apertura importadora”.

Más de lo mismo de siempre
Es cierto que discursivamente la institución se ha renovado. Lagarde suele referirse críticamente a la excesiva desigualdad, reivindica instrumentos del tipo la Asignación Universal por Hijo, habla a favor de que los impuestos sean más progresivos, de la conveniencia de aumentar fuertemente la presión impositiva sobre los más ricos. Incluso sobre esto último los técnicos del organismo han publicado un extenso manual sobre cómo implementar un impuesto a los individuos de elevada riqueza.

Pero a la hora de los bifes, las recomendaciones no se apartan de la tradicional línea ortodoxa, y toda lleva a pensar que si algún acuerdo prospera tendrá las condicionalidades acostumbradas.

Las causas de la crisis
Otra falsedad del discurso oficial de estos días es que la causa del temporal cambiario fue la suba de la tasa de interés en Estados Unidos. En todo caso, eso pudo haber sido el disparador.

Pero una cosa es ser un disparador y otra muy distinta es ser causa. Como señalan economistas de todo el arco ideológico, la causa de esta crisis es el creciente desequilibrio de su sector externo, que entre el déficit de cuenta corriente (balanza comercial, turismo, intereses de deuda, remisión de utilidades, fletes y seguros) y la dolarización y fuga de excedentes, suma

50.000 millones de dólares.

Es esa fragilidad la que explica por qué una leve modificación en el contexto internacional desató aquí un temporal pero en casi todo el resto del mundo apenas un viento molesto. Es esa debilidad estructural que empeoró durante este gobierno la que explica que el riesgo país haya subido aquí el triple que en el promedio de los países emergentes y que la devaluación del peso respecto a noviembre pasado haya triplicado la de las monedas de Rusia o Brasil.

La realidad les cayó como un balde de agua helada a los funcionarios a cargo de la economía que estaban empecinados en minimizar el problema del sector externo con el argumento de que la libre movilidad de capitales y el tipo de cambio flotante se encargarían de nivelar los desequilibrios.

Ingenuidades ideológicas y desconocimiento de la historia
Mientras Dujovne y su equipo negocian en Washington y la incertidumbre y el susto se extienden entre la gente, las gerencias de las grandes compañías formadoras de precios están por estas horas definiendo las nuevas listas luego de la devaluación. La situación es muy heterogénea entre empresas y productos, pero no cabe ninguna duda de que habrá fuertes remarcaciones y que la inflación de mayo no será muy diferente al número de abril que el Indec difundirá el próximo martes.

Como adelanto, el Instituto Estadístico de los Trabajadores calculó que la inflación para los asalariados registrados fue del 2,9 por ciento en abril, y elevó su pronóstico para todo el año al 24,5 por ciento. Lo mismo hicieron Ecolatina y Macroview: la primera al 24 por ciento y la consultora de Carlos Melconian y Rodolfo Santángelo al 25.

La meta oficial del 15 por ciento quedará enterrada a varios metros de profundidad, y las cláusulas de revisión de las paritarias se activarán como bomberos ante el sonido de la alarma.

También se están recortando los pronósticos de crecimiento, que ya se habían rebajado por la sequía. Las nuevas correcciones son la respuesta lógica a que el salto inflacionario va a deteriorar el salario real y el consumo, y al fuerte recorte en la obra pública que ya anunció Dujovne. A eso habrá que agregar el efecto de la suba de la tasa de interés, de la mayor incertidumbre y del creciente malestar, sobre las decisiones de compra, demanda de crédito y de inversión.

Al respecto, el índice de expectativas que elabora Thomson Reuters junto con Ipsos Argentina arrojó una fuerte caída de 62,4 en abril a 54,8 en mayo, y se ubica casi 13 puntos por debajo del pico de octubre pasado. Esa misma encuesta revela que el índice de clima de inversión percibido retrocedió de 42,9 a 37,6 de abril a mayo, y se ubica casi 12 puntos por debajo del máximo registrado en noviembre.

Para Ecolatina el PBI crecerá este año menos del 2 por ciento. Parecido al informe de Macroview de esta semana que incluye como un escenario probable una suba inferior al 2 por ciento.

A una economía con una inflación del orden del 25 por ciento anual y un crecimiento inferior al 2 por ciento bien le cabe el calificativo de estanflación.

El vicio de las Lebacs
Y se viene el martes próximo el vencimiento de Lebac por más de 600.000 millones de pesos, equivalentes a más de 50.000 millones de dólares. Como un adicto a una droga, el programa económico se envició de Lebac, el título que el Banco Central ofrece para reabsorber los pesos que el mismo Banco Central emite para comprarle a Dujovne los dólares que pide prestado el ministro Luis Caputo.

Desde que gobierna Cambiemos el stock de Lebac se cuadruplicó hasta alcanzar 1.224.300 millones de pesos. Es la contrapartida de las reservas que acumuló Federico Sturzenegger por el endeudamiento en dólares tomado para cubrir el déficit fiscal y el agujero externo.
Como un adicto al consumo de droga, el gobierno depende de que se renueve el grueso de las Lebac que vencen el martes, porque de lo contrario se corre el serio riesgo de que quienes no renueven destinen los pesos a la compra de dólares.

Para intentar evitarlo el Banco Central subió la tasa de interés hasta niveles exorbitantes como estímulo para mantener la adicción.

La abstinencia sería muy difícil de soportar.





lunes, 14 de mayo de 2018

Buscan desclasificar documentos secretos alemanes sobre la dictadura argentina… @dealgunamanera...

Buscan desclasificar documentos secretos alemanes sobre la dictadura argentina…


Una periodista quiere esclarecer el caso de desapariciones de obreros de la filial argentina de la automotriz alemana Mercedes Benz y la apropiación ilegal de niños.


© Publicado el domingo 13/05/2018 por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La justicia de la ciudad alemana de Münster analizará esta semana el pedido de la periodista Gabriele Weber de tener acceso a documentos clasificados del servicio alemán de inteligencia, el  sobre la época de la dictadura militar en Argentina, ocurrida entre los años 1976 y 1983. La historiadora y corresponsal alemana intenta desde el año 2014 que se desclasifiquen los expedientes del Servicio Federal de Protección de la Constitución (Bundesamtes für Verfassungsschutz), algo que es posible pasado un plazo de 30 años.

La periodista presume que el servicio secreto interior alemán tiene en su poder registros del intercambio de mensajes con la embajada alemana en Buenos Aires entre 1975 y 1983 y datos sobre secuestrados y asesinados durante la dictadura.

Weber se dedica desde hace años a esclarecer el caso de desapariciones de obreros de la filial argentina de la automotriz alemana Mercedes Benz y la apropiación ilegal de niños durante el último régimen de facto de nuestro país.


El servicio de inteligencia alemán dice que no niega a Weber el acceso a sus documentos clasificados, pero sostiene que no tiene material sobre este tema y que la búsqueda en actas no digitalizadas supondría un esfuerzo administrativo desmedido. Un tribunal de primera instancia de Colonia aceptó los reparos del servicio y rechazó la demanda en 20016 y recordó también que el Servicio Federal había cooperado en un caso anterior con Weber cuando puso a su disposición el expediente sobre Eichmann años atrás.



¿Cómo ayudar a una persona "tóxica"?... @dealgunamanera

¿Cómo ayudar a una persona "tóxica"?


En 1995 salió a la luz un libro que cambiaría la manera en que las personas entienden y asumen las relaciones interpersonales más cercanas. En ese libro, obra de Lillian Glass, especialista en comunicación interpersonal y lenguaje corporal, se hacía referencia el término “personas tóxicas”.


© Escrito por Jennifer Delgado Suárez y publicado el martes 17/10/2017 por Rincón de la Psicología  

A partir de ese momento el concepto de personas tóxicas se popularizó para indicar a todos aquellos cuyo estilo relacional resulta dañino para los demás, ya sea porque recurren a la manipulación emocional, son excesivamente críticos o tienen actitudes egocéntricas y narcisistas. 

El principal problema es que todos somos personas tóxicas en ciertas circunstancias, nadie está a salvo de estos comportamientos. Por eso, si bien es cierto que en algunos casos no queda más remedio que alejarse de esos contextos de interacción, para proteger nuestro equilibrio psicológico, no es menos cierto que el primer paso siempre debería ser intentar ayudar a la persona tóxica.

¿Cómo ayudar a una persona tóxica a desarrollar una actitud más asertiva? 

1. Escúchale, de verdad

Todos necesitamos ser escuchados, sentir que existe alguien que se preocupa realmente por lo que nos sucede y saber que podemos contar con una persona que no nos criticará. De hecho, en algunos casos detrás de esa “toxicidad” se encuentra una actitud defensiva, el miedo al rechazo y la sensación de soledad.

Por eso, para ayudar a una persona tóxica a menudo hay que aprender a escuchar, no debemos centrarnos en sus palabras sino en lo que estas esconden, en lo que no se dice pero está latente. Se trata de una escucha activa en la que nos hacemos depositarios de sus miedos y preocupaciones, para brindarle un alivio momentáneo y aligerar sus tensiones.

2. Relaciónate desde el amor y la comprensión

Las personas tóxicas suelen tener tras de sí una historia difícil, normalmente han tenido que vivir experiencias adversas que han moldeado su personalidad y las han convertido en lo que son hoy. Por supuesto, no se trata de una excusa para soportar sus desplantes y críticas, pero a veces estas personas solo necesitan saber que el mundo no es tan gris como piensan.

Debemos recordar que calificar a alguien como “tóxico” ya implica juzgar y puede hacer que la persona se sienta atacada. Sin embargo, no se puede juzgar a nadie si antes no hemos caminado con sus zapatos, dice un proverbio budista. Al contrario, la aceptación y el amor pueden obrar milagros. Para ello debemos tomarnos el tiempo necesario para conectar con esa persona, conocer sus experiencias de vida y comprender cómo impactaron en ella.

3. Aconseja solo cuando te lo pidan

Uno de los peores errores que podemos cometer si deseamos ayudar a una persona tóxica consiste en dar “lecciones de moral”. A nadie le gusta que le den consejos cuando estos no son solicitados porque los asumimos como una intromisión y lo usual es que nos pongamos a la defensiva. 

Por tanto, lo más inteligente es esperar el momento oportuno, y dar consejos valiosos que no encierren juicios de valor en el momento en que la persona pida nuestra opinión. Además, es importante elegir sabiamente las palabras porque las personas tóxicas a menudo son muy sensibles y fácilmente irritables.

4. Evita las críticas y la culpabilización

Culpabilizar implica atribuirle toda la responsabilidad de la situación problemática a la persona tóxica. Sin embargo, debemos recordar que en toda relación interpersonal hay dos partes, por lo que, de cierta forma, nosotros también estamos contribuyendo a mantener ese equilibrio malsano. 

Lo mejor para todos es asumir una actitud madura y positiva evitando las críticas y la culpabilización de cualquiera de las partes. Por ejemplo, no es lo mismo decir “estoy harto de tu manipulación, eres una persona tóxica” a “cuando adoptas esa actitud me siento mal, me gustaría que habláramos para solucionarlo”. De esta forma no atacas a la persona sino que pones el énfasis en su comportamiento y te implicas en una posible solución. Nadie es simplemente una "persona tóxica", todos somos seres humanos complejos con múltiples facetas, algunas más oscuras y otras más luminosas.

5. Anímale a buscar ayuda psicológica

En algunas ocasiones la mejor manera para ayudar a una persona tóxica consiste en animarle a que se ponga en manos de un psicólogo. Debemos tener en cuenta que por muy buenas intenciones que tengamos, a veces nuestra ayuda puede causar más daño que bien o incluso puede hacer que carguemos con un peso que no podemos soportar ya que no tenemos las herramientas psicológicas adecuadas. En esos casos, lo mejor es animar a la persona a pedir ayuda psicológica.

Es importante que no presiones a la persona sino que aproveches los momentos de insight en los que reconoce que algo no funciona bien, para proponerle la idea. También ayuda hacerle comprender que el psicólogo no es un profesional que se limita a atender las psicopatologías sino que puede ayudarnos a superar ciertas dificultades en la vida o a sacar la mejor versión de nosotros mismos. Convencer a alguien para ir al psicólogo no siempre es fácil, pero el resultado suele valer la pena.



domingo, 13 de mayo de 2018

Se la creyeron… @dealgunamanera...

Se la creyeron…

Sin anestesia. Christine Lagarde. Dibujo: Pablo Temes.

El triunfo de octubre hizo que el PRO no escuchara. Y esa ceguera nos llevó al FMI.

© Escrito por Nelson Castro el domingo 13/05/2018 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Un ministro con despacho en la Casa Rosada da detalles: “quien tuvo la idea de recurrir al Fondo Monetario Internacional (FMI) fue Luis Caputo. Eso fue allá por febrero-  marzo. El Presidente lo sacó carpiendo. Eran otros días” concluye el funcionario con tono de pesadumbre. ¿Qué es lo que le pasó al Gobierno? Es la pregunta de la hora. La respuesta es compleja. Para explicarla hay que retrotraerse al después de la elección del 22 de octubre pasado, el día de la contundente victoria del Gobierno. Tanto el Presidente como su entorno político más cercano hicieron una mala lectura. 

Se la creyeron. El eje Marcos Peña –y sus adláteres Mario Quintana y Gustavo Lopetegui– y Jaime Duran Barba se sintieron dueños de ese triunfo. Eso se tradujo en una actitud endogámica que llevó al Gobierno a encerrarse sobre sí mismo y prescindir, entre otras cosas,  de las opiniones de sus socios políticos: la Unión Cívica Radical y la Coalición Cívica.

Ya la implementación de la reforma previsional había generado un ruido interno que el aumento de la tarifa del gas acrecentó, a tal punto que fue la mismísima Elisa Carrió la primera que alzó su voz contra el modo en que se quería aplicar esa suba. El Gobierno se confió en que con las Audiencias  Públicas –a las que la concurrencia de la oposición, salvo excepciones, fue casi nula– alcanzaría para frenar cualquier turbulencia que obstaculizara su implementación. La evidencia habla a las claras: se equivocó. “Subestimamos el impacto que produciría este ajuste en la población”, reconoció otro funcionario con rango ministerial. ¿Dónde viven?

Aprendizaje. 

Además, el Gobierno demostró no haber aprendido nada de lo ocurrido en 2016. Como la comunicación interna también es mala, cuando la diputada Carrió alzó su voz para criticar el modo de implementación del ajuste tarifario, en la Casa Rosada no avizoraron que ésa sería la punta de lanza que aprovecharía la oposición para avanzar con el proyecto de freno a la medida al que le dio media sanción la Cámara de Diputados el miércoles que pasó. El agujero fiscal que significaría de ser convertido en ley  lo vuelve absolutamente inviable. “Nos llamaron recién cuando teníamos el agua al cuello. Así no es como debe funcionar una coalición”, se quejaba amargamente un diputado del radicalismo en un intervalo de la sesión. Esa endogamia PRO tuvo –hay que recordar– otro coletazo relevante: la renuncia del presidente de la Cámara Baja, Emilio Monzó, quien demostró todo su peso político en la sesión de marras, cuando reunió a los jefes de las bancadas opositoras para asegurar un debate ordenado y sin desbandes que dañara todavía más al Gobierno.

Pero volvamos al relato de lo que pasó con la ruidosa determinación del Presidente de recurrir al FMI. Una vez tomada la decisión de enviar a Washington una delegación negociadora, no quedó claro por qué no viajó el ministro de Finanzas, Luis Caputo. Al fin y al cabo, él es el ministro del área específica y el hombre con los contactos internacionales necesarios para abordar precisamente el tema del financiamiento de la Argentina. El argumento de que estaba afónico no sonó creíble. El miércoles se lo vio y se lo escuchó en A Dos Voces con una disfonía que para nada dificultaba su capacidad para hablar lo que se habla en reuniones como las que hubo en Washington.

Se sabe que Caputo le advirtió al Presidente hace unos meses del impacto negativo que para la Argentina produciría la elevación de la tasa de interés dispuesta por la Reserva Federal de los Estados Unidos. El 3% que devengan los bonos del Tesoro norteamericano representa un atractivo insuperable para los fondos especulativos que pululan por el mundo. Hecha esta advertencia, la pregunta es qué evaluación se hizo de tal advertencia. Lo cierto es que lo que se hizo evidenció las consecuencias negativas de la falta de una conducción económica sólida y clara en la gestión. No es bueno que el ministro de Economía sea el Presidente. Con un equipo económico tan atomizado y con visiones y acciones diferentes entre sus distintos miembros, lo que ocurrió no sorprende.

Apurado.

El viaje del ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, tuvo un aire de improvisación llamativo. “Se viajó sin un plan, y eso es malo porque, si no hay plan del Gobierno, entonces lo arman en Washington los integrantes del staff del FMI que lo único que saben hacer son planes duros”, señalaba en la mañana del viernes Guillermo Nielsen, el hombre que fue clave en la reestructuración de la deuda que se logró durante la presidencia de Néstor Kirchner. Un detalle de forma  subraya además lo deshilachado del procedimiento: es de forma que el Presidente sea quien anuncie el logro del acuerdo con el FMI, no el comienzo de la negociación.

Cuando todo sea pasado, Macri deberá recapacitar y comprender que la manera de su gobierno de gestionar la economía es inconveniente. Está claro, que no quiso repetir la experiencia que representó el conflicto entre Menem y Cavallo. La idea de un presidente sometido a un ministro de Economía poderoso ha querido ser evitada desde entonces por todos los presidentes. La repetición más calcada se dio entre Kirchner y Lavagna. Pero sirve para momentos de bonanza. Cuando hay una crisis lo que hace falta es  un Ministerio de Economía fuerte –que sea a su vez fusible– con ideas y capacidad de ejecución. Es lo que no ha pasado en el actual gobierno.   

Las desavenencias entre el ministro de Energía, Juan José Aranguren, y los otros ministros del área económica son harto conocidas. Las que existen entre Federico Sturzenegger con Caputo, Dujovne, Peña y Quintana, también. Liberar el precio de los combustibles en un contexto de aumento del petróleo no parece haber sido una medida feliz. Permitir que el JP Morgan comprara más de 850 millones de dólares a 20,50; tampoco.
Y así sucesivamente.

El Presidente, que hasta hace tres semanas se sentía pensando en la reelección, se ha visto enfrentado a una realidad que, hasta aquí, lo ha desbordado. De una corrida cambiaria inadvertida y minimizada se ha pasado a una crisis de credibilidad de su gobierno que nadie previó. Es éste, pues, un buen momento para escuchar y darse cuenta de que debe, más que nunca, escuchar. “La democracia es darle, al menos por una vez, la razón al otro” (Winston Churchill).