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jueves, 10 de septiembre de 2026

El giro imposible de Milei... @elprofesorcapomasi...

 El giro imposible de Milei...

Cadena Nacional. Milei anunció una hasta ahora desconocida vocación malvinera. Foto: NA

El sorprendente episodio protagonizado por el presidente de la Nación, Javier Milei, quien se presentó en una inesperada cadena nacional anunciando un giro de su política exterior hacia una posición soberanista ante el conflicto por las Islas Malvinas, desnudó el propósito de confundir al pueblo con una iniciativa artificiosa, atendiendo a que todas las consultoras y encuestadoras indican una clara pérdida de aprobación y consenso de su gestión en una parte importante de la ciudadanía.

© Escrito por Juan Carlos Junio el lunes 07/09/2026 y publicado por la Revista Acción de la CIudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Las causas de este retroceso en el respaldo gubernamental son muy diversas. Se puede señalar, entre ellas, una fatiga y agotamiento por el estilo agresivo y descalificante del presidente, apuntado hacia periodistas, jóvenes artistas y diversas expresiones de la cultura, militantes de partidos políticos y organizaciones sociales, entre otros.

Sin embargo, el motivo principal del descontento, como siempre, está dado por el sufrimiento creciente que afecta a vastísimos sectores como consecuencia del plan económico anarcocapitalista que lleva adelante su equipo, liderado por el ministro Luis Caputo e integrado por un grupo de tecnócratas del JP Morgan.

Efecto Scaloneta

Es lógico pensar que se generó una recuperación del impulso malvinero de carácter identitario y nacionalista a partir de la vibración producida por el inolvidable «trapo de la Scaloneta», exhibido ante centenares de millones de personas que miraban el Mundial, tras el triunfo deportivo contra el equipo inglés en la semifinal.

Tampoco resulta fácil olvidar que en un primer momento la opinión de la Casa Rosada acerca de aquel episodio fue que los jugadores albicelestes estaban haciendo «populismo berreta».

Lo cierto es que el presidente realizó una voltereta con el propósito de cambiar la agenda, en estos días tomada irremediablemente por los seis millones de hogares endeudados, que no pueden pagar sus créditos, y la conciencia creciente de que esas angustias se deben a la caída de los salarios, las jubilaciones y los ingresos en general desde los sectores más humildes a los diversos estratos de la clase media. Todo como consecuencia de las políticas económicas vigentes. También resulta imparable la sensación manifiesta de que no se llega a fin de mes, más allá de que el presidente se burle de esa situación.

Paradójicamente, o no tanto, en su viaje a Chile Milei declaró su admiración por el dictador Augusto Pinochet y el actual presidente del país trasandino, José Antonio Kast, también simpatizante de la dictadura. El mandatario no trepidó en señalar que aquel Gobierno de facto, diseñado por el gran estratega del momento, Henry Kissinger, practicó un genocidio, con miles de muertos y desaparecidos. Parece que esa tragedia del pueblo chileno poco le importa al presidente argentino, quien en cambio valora que por entonces se inauguró en la práctica la aplicación del modelo económico neoliberal inspirado en los denominados «economistas de Chicago», antecedente ideológico principal de su actual modelo.

La impostura

Todo indica que resultará muy difícil sostener la credibilidad de esta campaña malvinera teniendo en cuenta que Milei desde siempre se declaró admirador de Margaret Thatcher, quien fuera la conductora política de la guerra de 1982. En ese marco, se deba añadir que el presidente hizo público su reconocimiento de la legitimidad de los kelpers, a contramano de la postura histórica en el reclamo soberano de nuestro país, y su política de conciliación con los ingleses a partir de la idea de que «ellos ganaron la guerra y nosotros la perdimos».

En síntesis, Milei generó con su mensaje en cadena nacional un enorme salto desde sus convicciones thatcherianas hacia una postura nacionalista, y soberanista, e inclusive se mostró crítico de sus amigos del consorcio israelí-británico que se propone explotar el petróleo circundante a las islas. Un giro virtualmente imposible de creer.

En todo caso, lo que puede resultar un hecho real es la tentación del presidente estadounidense, Donald Trump, como expresión del hegemonismo de la gran potencia hacia nuestro continente, de desplazar la presencia británica en la región, y transformarse en la potencia determinante en el Atlántico sur que, como es sabido, tiene una creciente importancia no solo por la territorialidad de las islas y la explotación ictícola y petrolera, sino por el control del paso interoceánico y la cercanía con la Antártida, principal fuente de agua dulce del planeta.

En síntesis, a partir de una declaración de Trump, Milei da un giro que se parece más a una impostura con objetivos electoralistas, que a una política soberana real, difícil de creer por parte de un Gobierno que, en sus dos años y medios de gestión, evidenció un claro desdén por los intereses nacionales que debería defender.




sábado, 5 de septiembre de 2026

Yo quiero a mi bandera... @elprofesorcapomasi

Yo quiero a mi bandera....

El Gabinete.

Milei se subió a la causa de Malvinas después de pasarse una vida elogiando a Thatcher. Causa nacional para tapar la crisis económica.

© Escrito por Ignacio Fidanza el viernes 04/09/2026 y publicado por el Periódico Digital La Política On Line On Line de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

SUMO. Que me Pisen

La receta es conocida y la jugó hasta el cansancio el kirchnerismo. La apelación a una causa nacional que una al pueblo frente al enemigo externo, fueron las pasteras, los fondos buitres y las Malvinas. En la hora más baja de su programa económico, Milei descubrió el agujero del mate. Ante la traición de Rothbard y Hayek, que demoran en entregar el paraíso en la tierra prometido por el culto austriaco, no queda otra que apelar a una cuerda sensible para el pueblo argentino, con la esperanza de sumar algunos votos el año que viene cuando se juega la reelección.

El problema es que octubre del 2027 queda muy lejos. Pero el verdadero problema es que el recauchutado de la política kirchnerista para Malvinas que anunció Milei, es una impostura en un gobierno que de manera más coherente con su ideario, había decidido plantarse en la real politik menemista en este tema delicado.


Milei se pasó la vida elogiando a la criminal de guerra Thatcher y ahora mismo tiene en marcha la organización de un Argentina Week en Londres, para seducir a los capitales que operan en la City de Londres. Libras, no misiles, que igual no tenemos. Esa era su política. Pero ante la caída en las encuestas, el manotazo populista. De cuestionar la bandera de la Scaloneta en el partido contra Inglaterra por "populista" y "berreta", a esta cadena nacional con redoble de tambores, banderas y gestos adustos. 

Los anuncios, pasados en limpio, son modestos: reponer las sanciones a las petroleras inglesas e israelíes que operan en el Atlántico Sur, que él mismo desmontó; y crear una base militar en Tierra del Fuego, objetivo de Estados Unidos.

La tercer pata del programa es recomponer la capacidad militar de las Fuerzas Armadas. Para eso hace falta plata y Milei es el presidente argentino que ubicó los salarios de los militares por debajo de la línea de la pobreza y que llevó la inversión del Estado a casi a cero. Buena suerte con esa promesa.


La causa de Malvinas merece mejores razones que la búsqueda de un atajo para desviar la vista del pantano económico. Pero pasó antes y pasa ahora. Desde el punto de vista político, su agitación suele coincidir con momentos de debilidad de los gobiernos. Es desgraciado, pero es lo que muestra la historia reciente.

El Milei abanderado de la economía neoliberal tildaba de populista la apelación a las Malvinas. Expresaba una línea histórica muy discutible y hasta cipaya, pero coherente. Hay que ser realista, la Argentina es un país pobre con una economía destartalada, no está en condiciones de enfrentar al Reino Unido. Primero, debe concentrarse en recomponer su fortaleza económica. El Milei presidente, con la reelección exigida, tira por la borda su pensamiento de años y se abraza a la causa Malvinas.

"La causa de Malvinas merece mejores razones que la búsqueda de un atajo para desviar la vista del pantano económico. Pero pasó antes y pasa ahora. Desde el punto de vista político, su agitación suele coincidir con momentos de debilidad de los gobiernos."


Lo hace, por supuesto, subido a dos declaraciones al pasar de Trump, en la que fiel a su estilo transaccional, digámoslo así, buscó presionar a los ingleses porque no lo acompañan en su fallida incursión contra Irán. Es decir, Milei se apresura a ofrecerse como una pieza menor de un juego mucho más grande, que no maneja.

Esas declaraciones de Trump fueron aprovechadas al máximo por Santiago Caputo para reponer su lugar en la centralidad del gobierno libertario, ofreciendo un atajo, un espectáculo político calcado del manual del Mago del Kremlin, Vladislav Surkov. Allá y entonces fue Chechenia acá y ahora es Malvinas. Al asesor le sirve para mostrarle a Milei que es el único con ideas en un gobierno que se quedó sin ideas, le sirve como insumo de activación de su apagado aparato digital y le sirve para exhibirse como un interlocutor de peso en el gobierno argentino, ante la administración Trump.

En Inglaterra se tomaron el tema como de quien viene. El secretario de Defensa, Wes Streeting, afirmó: "La declaración de Milei nos dice más sobre la política interna en Argentina que sobre las Islas Malvinas". Mientras que el parlamentario laborista James MacCleary, no se privó de pasarle la factura al programa libertario: "No es más que un tigre de papel, que intenta desviar la atención de sus propios fracasos internos".

El giro promete incomodidades al gobierno de Milei. El más preocupado es el ministro Toto Caputo, de muy buenos vínculos con el sistema financiero de Londres, al que apeló para instrumentar la opaca extracción del oro de las reservas del Banco Central, de la que sigue sin dar explicaciones claras, ante la complicidad manifiesta de jueces y fiscales argentinos.

Pero no es el único. Las petroleras que operan en Malvinas y ahora están sujetas a sanciones son socias de la YPF de Horacio Marin, en el proyecto más importante de la empresa de bandera argentina. Hay una línea que va de Rockhopper a Adnoc UK a XRG, su brazo de inversión internacional, que es la compañía que firmó con YPF el acuerdo para el proyecto de GNL en Vaca Muerta.

Es posible que como muchas de las causas nacionales que se han esgrimido por motivos electorales, los anuncios de este jueves se vayan oxidando con el paso del tiempo, cuando baje la espuma de la retórica nacionalista y las dificultades de la vida cotidiana vuelvan a prevalecer.

Y ahí vamos al corazón del problema político que hay detrás de la puesta en escena de este jueves: octubre queda muy lejos y la economía no muestra signos de recuperación importantes.

"Una economía que ajusta por cuarto año consecutivo exige al electorado una abnegación peligrosa de descontar. Por eso, Caputo quiere aflojar, pero lo tiene que hacer en los muy estrechos límites que le marca el culto de atarse al mástil de Milei."


Milei está atrapado en una realidad que desafía sus dogmas económicos y entre la realidad y los dogmas eligió los dogmas. Un político pragmático de derecha, como su admirado Menem, cuando tuvo que entrar en déficit para asegurarse la reelección lo hizo sin complejos. Primero el poder, después la teoría económica.

Pero para Milei el superávit fiscal no es un dato de la macroeconomía, es un principio de fe, como explicó en su delirante discurso a los alumnos de la ORT, en los que mezcló neoliberalismo y religión, al punto de argumentar que el capitalismo es el paraíso en la tierra.


Y como para sorpresa de nadie la recaudación cae por la caída de la actividad, el gobierno está ingresando al calendario electoral con una baja de ingresos que lo obliga a ajustar aún más un gasto que ya tocó el hueso. Un informe del Iaraf de Nadin Argañaraz revela que en agosto el gasto del Estado tuvo una baja real interanual del 8%, con una brutal caída del 63% de las transferencias a las provincias. Ese es el núcleo del modelo político de Milei, ajustar a las provincias, total cuanto más pobres se vuelven los gobernadores, más dóciles esperan la próxima migaja.

Pero una economía que ajusta por cuarto año consecutivo exige al electorado una abnegación peligrosa de descontar. Por eso, Caputo quiere aflojar, pero lo tiene que hacer en los muy estrechos límites que le marca el culto de atarse al mástil de Milei. Esa tensión explica el tortuoso camino de los módicos créditos hipotecarios de la Anses -apenas 15 mil- que el ministro de Economía tuvo que negociar por meses.

Populismo sin plata es como geopolítica sin armas. Difícil.

No deja de ser llamativo que las dos iniciativas que ensayó el gobierno en las últimas semanas para mejorar su vínculo con la sociedad sean remixados de recetas kirchneristas. Malvinas y Procrear. Pero no hay que confundirse, no es una política de Estado, o mejor dicho, la única política de Estado en la Argentina es políticos en el poder, haciendo cualquier cosa para quedarse en el poder. 



domingo, 19 de julio de 2026

Fútbol, política y memoria - Con Malvinas no se juega… @elprofesorcapomasi...

 Fútbol, política y memoria - Con Malvinas no se juega…

Trapos. Pablo Temes.

La victoria argentina sobre Inglaterra volvió a poner la gran causa nacional en el centro de la escena y expuso, una vez más, su utilización política.

© Escrito el domingo 19/07/2026 por el Doctor Nelson Castro y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina. 


Hoy, todo en la Argentina gira alrededor de la Copa Mundial de fútbol que se define en el Met Life Stadium de New Jersey. Si algún acontecimiento terminó de evidenciar en forma contundente la conexidad del fútbol con la política, ha sido el torneo que hoy termina. La imagen del presidente de la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA) entregándole un premio de la paz a Donald Trump gráfica en forma indubitable la existencia de esos vasos comunicantes.
 

El poder de la FIFA es impactante. Traigo al recuerdo una anécdota inolvidable para ilustración. Estaba terminando la Copa del Mundo de 1978 y en un pasillo del estadio de River entrevisté a Joao Havelange, a la sazón presidente de la FIFA. En aquellos días había toda una discusión política en Brasil acerca de la posibilidad de que el gobierno militar de entonces pusiera al frente de la presidencia de la república a un civil, en un intento de ablandar un poco su mala imagen interna y externa. El nombre que con más fuerza había surgido en esos días de los mentideros políticos, era el de Havelange. Por lo tanto, una de mis preguntas fue si, de existir esa propuesta, él la aceptaría. Su respuesta –textual– no la olvidaré jamás. “Meu filho –me dijo en tono paternal–, jamás aceptaría esa propuesta. Siendo presidente de la FIFA tengo acceso a los despachos de todos los gobiernos del mundo. Hablo y me entrevisto con presidentes, primeros ministros, reyes, príncipes, los más empinados representantes de la banca internacional, además de la elite deportiva del orbe. Quién, en su sano juicio, querría dejar de ocupar este sillón para ser presidente de un gobierno militar al que se le cierran la mayoría de todas estas puertas que a mi se me abren?” 

Esta introducción es importante para poner en contexto todo lo que sucedió antes, durante y después del emocionante partido que la Argentina le ganó a Inglaterra el miércoles pasado. Como ocurrió en 1986, en 1998 y en 2002, la disputa por las Islas Malvinas se instaló como un asunto ineludible en nuestro país. En Inglaterra el volumen del tema es mucho menor y, especialmente, para quienes nacieron del 90 para acá.

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Para la Argentina, aquella guerra sigue representando un asunto absolutamente traumático, no sólo por lo que pasó en los aspectos bélicos del conflicto, sino también por lo que pasó después con el olvido y el maltrato a los excombatientes, y también por el uso que –hasta hoy– la dirigencia política sigue haciendo de la causa Malvinas en pos de sus propios intereses. Esto último, es decir, el uso político de las Malvinas estuvo en el origen de aquella contienda trágica. La Junta Militar de entonces, integrada por el teniente general Leopoldo Fortunato Galtieri, el almirante Issac Anaya y el brigadier general Ignacio Lami Dozo –infamantes personajes todos– vio en la recuperación de las islas Malvinas una posibilidad –la única– de prorrogar la duración de aquella agonizante dictadura cruel y, así, de asegurar su permanencia en el poder por años. 

El desprecio por la vida de nuestros soldados lo hizo explícito el mismo Galtieri en una entrevista a la televisión de México: “Tengo sobre mis espaldas la sangre derramada de más de 400 muertos. El pueblo argentino –no yo– estoy seguro de que está dispuesto no a 400 sino a 4.000, 40.000 o más muertos”, dijo sin inmutarse. 

En una de las tantas paradojas crueles de la historia, aquella derrota –que dejó un saldo de 649 argentinos muertos, 255 ingleses y tres isleños– llevó a la dictadura a su fin y abrió el camino a la democracia. Han pasado 44 años de aquella guerra y a lo largo de los 43 años transcurridos desde la reiniciación de la democracia, la clase política no tenido la capacidad ni la voluntad de elaborar una estrategia común para acometer la enorme y dificilísima tarea de llevar adelante negociaciones con el Reino Unido basadas en fundamentos sólidos y sostenidos. 

En todo este tiempo, lamentablemente, la causa de las Malvinas se transformó en una causa electoral de la que cada sector quiere sacar rédito. Esto se vio confirmado –una vez más– con el partido del miércoles pasado. La Cámpora, dirigentes del radicalismo, del peronismo y hasta la mismísima vicepresidenta, aprovecharon la oportunidad para hacer gala de una demagogia barata sin destino. 

En aquellos días de fines de junio de 1982 me tocó atender a soldados héroes recién llegados del campo de batalla. Escuché sus relatos que hablaban de la precariedad con la que debieron combatir, de la falta de pertrechos, de calzado adecuado, de comida y el maltrato al que varios de sus jefes los habían sometido. También recibí sus relatos en primera persona de la forma ignominiosa en la que llegaron a Buenos Aires, en el medio de la noche y su obscuridad, siendo ocultados como si, en lugar de héroes, se tratase de delincuentes. 

Estuve en Malvinas en abril de 2012. Conduje el primer programa de radio desde Puerto Argentino. Fue por Radio Mitre. Me acompañaron Guido Baistrocchi y Guido Valeri en la producción y Adrián Ajón en la operación técnica. Estuve frente a las tumbas de nuestros caídos. El sentimiento de argentinidad emana ahí como un sentimiento potente y estremecedor. 

Ese sentimiento es el que compartieron los jugadores al mostrar la bandera con la leyenda “Las Islas Malvinas son argentinas”. Es un sentimiento absolutamente genuino que compartimos todos. Pero está claro que no es ganando un partido de fútbol contra Inglaterra que las islas volverán a ser parte de la Argentina. Esa es la tarea de las dirigencias políticas que tienen una gigantesca deuda con aquellos soldados muertos que dieron sus vidas por la patria y por los que sobrevivieron, todos héroes.




domingo, 12 de julio de 2026

El plan de Donald Trump para redefinir el mapa de la Argentina… @elprofesorcapomasi...

 El plan de Trump para redefinir el mapa de la Argentina…

Retratos de Javier Milei y de Donald Trump, durante los festejos por los 250 años de la independencia norteamericana en la Embajada de EE.UU. Fotografía: Rodrigo Abd - AP.

Busca garantizar el control del Atlántico Sur, el paso transoceánico y la Antártida; impulsó un acuerdo de defensa que le abre la puerta a Peter Thiel; las diferencias con Brasil y el replanteo sobre Malvinas.

© Escrito por Jorge Liotti el sábado 04/07/2026 y publicado por el Diario La Nación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

El vínculo directo que forjó el presidente Javier Milei con su par Donald Trump generó una corriente de relación entre la Argentina y Estados Unidos inédita en la historia. Ni siquiera en el menemismo el alineamiento había sido tan profundo. El argumento más frecuente para explicar este grado de sintonía fue el de la empatía personal entre los mandatarios, sus afinidades ideológicas y estéticas, y la vocación común de generar una liga global de líderes de la derecha dura.

Pero de fondo subyace un factor mucho más consistente, cuyas implicancias reales todavía son difíciles de pronosticar: el cambio radical en la visión geoestratégica de Estados Unidos que impuso Trump, en la cual por primera vez en la historia América latina ocupa un papel de relevancia. La intervención en Venezuela, la presión sobre Cuba y los documentos de defensa y seguridad que difundió entre diciembre y enero pasados son una expresión elocuente. 


Javier Milei y Donald Trump en enero pasado, durante la firma del Board of Peace en Davos. Fotografía: Markus Schreiber - AP

En ese contexto, la Argentina se transformó en una pieza clave, especialmente por la relevancia que en la nueva doctrina norteamericana adquieren el Atlántico Sur, los pasos transoceánicos y la AntártidaEn alguna medida, el jefe de la Casa Blanca está redefiniendo el mapa del país. Como si fuera el planisferio invertido que tenía en su escritorio Raúl Alfonsín, y que retrató Pablo Gerchunoff.

Ese significativo reseteo se sostiene en tres replanteos conceptuales. El primero, que Estados Unidos asume que ya se agotó definitivamente la etapa de la unipolaridad que marcó la post Guerra Fría, por lo cual dejó de ser la potencia hegemónica. En consecuencia, debe prepararse para un mundo más caótico, en el cual emerge una nueva bipolaridad, ahora con China. Esta línea se viene edificando desde la gestión de Barack Obama, pero ahora adquirió una nueva intensidad. 

Joe Biden y Barack Obama. Fotografía: Lynne Sladky – AP 

El segundo, que en ese nuevo diseño global el mundo se distribuye en áreas de influencia, y la región donde Washington proyecta su ascendencia es inevitablemente el continente americano, por geografía, por historia y por razones de seguridad. Es la versión Trump de la vieja doctrina Monroe, con la diferencia de que la potencia a repeler no es Europa, como en 1823, sino China, que ya extiende su dominio por Asia.

Y el tercer replanteo, derivado de lo anterior, es que Estados Unidos reemplaza su histórica visión hemisférica horizontal, que la unía esencialmente a Europa, por una concepción hemisférica vertical, que va desde el Ártico hasta la Antártida. Desde la perspectiva trumpista, Europa ha dejado de ser confiable como aliado incondicional y sus prestaciones en materia militar han mermado. En consecuencia avanza hacia un desacople que se expresa en las tensiones dentro de la OTAN, aun cuando la amenaza de Rusia haya aumentado tras la invasión a Ucrania.

Pete Hegseth, secretario de Guerra, llega a una conferencia en el Comando Sur. Fotografía. Rebecca Blackwell - AP. 

Complementariamente el Pentágono analiza un cambio fuerte en su operatividad al evaluar la unificación del Comando Norte (cuya área de acción es América del Norte y el Caribe, donde se encaran los problemas más críticos: inmigración y narcotráfico) con el Comando Sur (para América del Sur), en un único Comando Hemisférico, avanzando hacia una seguridad continental integrada. También prevé una actualización de su doctrina, a partir del reciente recambio en el Colegio Interamericano de Defensa, que reúne a militares y diplomáticos de la región, bajo la órbita de la OEA. Allí acaban de dejar la conducción en manos de un general del Comando Sur que tiene como misión adaptar la orientación de la institución a la nueva cosmovisión.

Dentro de este marco conceptual, una obsesión recurrente de Trump son los pasos interoceánicos, porque son los que le permiten dominar los mares que rodean y protegen el continente americano, frente a un programa naval de China que ha venido creciendo sostenidamente en los últimos años. 

Un avión con Donald Trump Jr. aterriza en Nuuk, Groenlandia, en enero de 2025. Fotografía: Emil Stach - Ritzau Scanpix Foto. 

Por esa razón, amenazó con invadir Groenlandia, hasta que logró que le habilitaran la instalación de tres bases militares en la gigantesca isla. Después presionó fuertemente a Panamá para expulsar a las empresas asiáticas de la logística del canal y lo declaró una prioridad de seguridad nacional, aunque por ese cruce sólo pueden pasar embarcaciones comerciales, no buques de guerra, que por su dimensión y calado requieren de otra profundidad.

Y es allí en donde emerge la gravitación del último paso interoceánico, compuesto por el estrecho de Magallanes y el pasaje de Drake al sur de la isla de Tierra del Fuego, que no sólo es uno de los seis pases estratégicos a nivel global, sino que es uno de los mejores lugares para operar y esconder submarinos balísticos, en casos de crisis.


Cruce de camiones por el Estrecho de Magallanes. Fotografía: Hernan Zenteno - La Nacion.

Bajo esta lógica, para Estados Unidos se transformó en un objetivo garantizar la gobernabilidad del cono sur, que significa alejar la amenaza china, contar con socios confiables y establecer una presencia disuasiva más visible.

esta mirada no está atada exclusivamente a una dimensión militar, sino también a otro aspecto estratégico que es asegurar cadenas de suministro para las economías del futuro, en un contexto global que se ha vuelto demasiado inestable.

Por eso ahora incorpora un plano adicional a su mirada cuando transforma en un factor de seguridad a la energía y a los minerales críticos (la Argentina suministra hoy el 58,8% del carbonato de litio que importa EE.UU.), y cuando proyecta la importancia de la Patagonia como un lugar propicio para la instalación de empresas tecnológicas que son aliadas directas de la administración Trump, las que además del frío y el agua requieren también estar lejos de las zonas de conflicto. El que maneja la energía, la tecnología y los datos, gestiona un poder que ahora desafía la clásica prevalencia militarista.


La Base Marambio es la principal estación científica y militar permanente que Argentina mantiene en la Antártida. Fotografía: Instituto Antártico Argentino. 

En esta mirada más integral, opera un cambio fundamental: a diferencia de lo que ocurría hace 100 años, hoy la Argentina tiene objetivos mucho más complementarios con Estados Unidos, que requiere una provisión continua de energía, alimentos y minerales, sin importar al mismo tiempo el desorden que emana de proveedores tradicionales como Rusia o Medio Oriente. Todos estos tópicos vienen siendo motivo de conversación diplomática, a veces reservada.

Los acuerdos de Thiel.

Trump realizó en menos de un año tres gestos económicos muy fuertes de apoyo a la gestión de Milei. Intercedió para lograr un nuevo acuerdo con el FMI, lo rescató con un swap de urgencia antes de las elecciones y lo respaldó en el juicio por YPF. Ayudó al Gobierno en sus urgencias como ninguna otra administración norteamericana lo había hecho en su historia. Pero al mismo tiempo impulsó sus objetivos menos inmediatos y se movió para correr a China del proyecto de un puerto y una base integrada en Tierra del Fuego, profundizó una serie de ejercicios militares con la Argentina y avanzó en un esquema de cooperación que tuvo un punto culminante con la habilitación de la venta de los aviones F16.


Donald Trump y los presidentes aliados de la región firman el acuerdo antinarco conocido como Escudo de las Américas. Fotografía: AP. 

Además, en los últimos dos meses Estados Unidos avanzó en dos acuerdos de hondas implicancias para el país. El primero fue un pacto regional que se firmó en marzo en Doral, Florida, que se conoció como el “Escudo de las Américas”. Allí 12 países, incluida la Argentina, se comprometieron a disponer del uso de la fuerza militar para desmantelar organizaciones criminales transnacionales y el narcoterrorismo. En los hechos, es un puente de ingreso de las fuerzas norteamericanas, en coordinación con los gobiernos de la región, para poder intervenir frente a una amenaza creciente para la estabilidad hemisférica. La presencia allí del ministro de Defensa, Carlos Presti, pareció desbordar la discusión legal que existe en la Argentina sobre los límites de la acción militar en cuestiones de seguridad interna.

Este compromiso tiene un efecto colateral inevitable: enturbia el vínculo con Brasil, que no adhirió al convenio y que desconfía de las intenciones de Washington. En Itamaraty, la cancillería brasileña, ven con preocupación la apertura generosa que la Argentina le ofrece a Estados Unidos en la región, porque altera un equilibrio implícito en la relación bilateral.


Acuerdo que firmaron el ministro de Defensa, Carlos Presti, y el embajador de EEUU, Peter Lamelas. Fotografía: Ministerio de Defensa.
 

El segundo acuerdo se firmó hace un mes entre Presti y el embajador norteamericano, Peter Lamelas, y atañe específicamente a cuestiones de defensa. Argentina quedó en línea para participar de un programa de adquisición de drones, y al mismo tiempo se estableció un compromiso de abastecimiento de combustible para buques militares en condiciones preferenciales, que los estrategas relacionaron con el interés de EE.UU. en el Atlántico sur.

Pero en este entendimiento, se incluyó un párrafo que no se difundió públicamente. Es el que hace mención a que la cooperación de Estados Unidos va a ser canalizada a través de la empresa Arsoft US “junto a sus empresas asociadas” MeetKai, XRF.AI y el Grupo Arecco. Es decir que el acuerdo incluye a los contratistas designados, como suele imponer el Pentágono. Presti incluso participo de una exhibición de esas empresas hace más de un mes.

El Ministro @tgcarlospresti visitó la demostración de sistemas de Inteligencia Artificial para las Fuerzas Armadas, presentada en el marco de la cooperación con los Estados Unidos por Arsoft US, junto a sus empresas asociadas MeetKai y XRF.AI, y Grupo Arecco. 

Esas compañías son proveedoras de software específicos e inteligencia artificial del Pentágono y operan en el mismo ecosistema de tecnología para la defensa que aporta Palantir, la empresa del magnate Peter Thiel. “Thiel es el principal socio en tecnología militar de la administración Trump. Está claro que en el acuerdo de Defensa que se firmó tendrá un rol importante. De todos modos, lo más preocupante es su posible participación en el proyecto de gemelos digitales, porque eso le permitirá un acceso ilimitado a todos los datos personales”, explica un importante exfuncionario de la gestión libertaria. 


Peter Thiel, CEO de Palantir ingresa a la Casa Rosada para reunirse con el presidente Javier Milei. Fotografía: Hernan Zenteno - La Nacion.

Para algunos sectores militares y diplomáticos la eventual influencia de Thiel es una expresión de algunos problemas de fondo que rodean al vínculo privilegiado entre la Argentina y EE.UU. En primer lugar, la natural asimetría en los acuerdos, producto de la disparidad de capacidades de ambos países, que desde una mirada convencional marca una resignación de cuotas de soberanía por parte de la Casa Rosada.

Esto se complementa con cierta precariedad jurídica que envuelve este proceso. Por ejemplo, el pacto antinarco de Doral y el acuerdo bilateral de Defensa no pasaron por el Congreso. Tampoco tuvo debate legislativo el ingreso de tropas extranjeras para la realización de ejercicios militares, ya que sólo se habilitó por decreto. Estas limitaciones son las que hacen dudar de la continuidad de esta convergencia una vez que Trump y Milei no estén más en el poder.


La Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) reclama por la obra social de los militares. Fotografía: UPCN.

Y el tercer aspecto reside en las dificultades presupuestarias que tienen las Fuerzas Armadas, que contrastan con el nivel de integración que propone EE.UU. La Argentina destina menos del 1% de su presupuesto a la defensa (y el 80% se va en sueldos), muy por debajo de países como Chile o Brasil, y tiene graves problemas operativos, como haber dejado de contar con un portaaviones, haber perdido su capacidad submarina y haber resignado su potencial aéreo. Hoy se reproducen las bajas militares por los magros salarios y acecha una crisis en la obra social por una deuda abultada. Parece regir una disonancia entre estos problemas domésticos y la vocación por transformarse en un aliado preferencial de la principal potencia global.

Malvinas.

Nunca el gobierno y los medios británicos habían reaccionado en modo tan inmediato respecto de una noticia sobre las islas Malvinas como cuando a fines de abril se filtró un mail del Pentágono que hacía referencia a un posible cambio en la postura de EE.UU. sobre el conflicto. No sólo influyó el hecho de que se difundiera en una agencia de noticias de origen inglés, como Reuters, sino principalmente con que el mensaje partió del corazón de Washington, no de una embajada o una fuente periférica. El episodio fue interpretado con profunda seriedad en Londres, como pocas veces ocurre. 


Donald Trump con el primer ministro británico Keir Starmer, durante su última visita a Inglaterra. Fotografía: Evan Vucci – AP.
 

La razón evidente de ese mensaje, que después el secretario de Estado, Marco Rubio, intentó minimizar, fue expresar el malestar de Trump por la reticencia de Gran Bretaña a facilitar operaciones militares norteamericanas en la isla Diego García, en el marco de la guerra contra Irán. Por eso la mención a las Malvinas en este contexto pareció más un intento de provocación que un replanteo serio.

Sin embargo, algunos actores de la diplomacia militar, tanto argentina como estadounidense, sugieren no interpretarlo tan superficialmente, no porque haya un giro en ciernes, sino porque proponen enmarcarlo en el contexto de los nuevos lineamientos geoestratégicos de la Casa Blanca.


La base militar de Mount Pleasant, la fortaleza construida por Gran Bretaña tres años después de la Guerra de las Mavinas. Fotografía: Mauro V. Rizzi - LA NACION. 

Bajo esta óptica, la disputa por la soberanía de las islas es una cuestión menor en comparación con el objetivo de Estados Unidos de garantizar su dominio en el Atlántico Sur y replegar a China. Por eso Washington estaría inclinado a favorecer un acercamiento entre la Argentina y Gran Bretaña, bajo su paraguas. Por ahora sin más implicancias a futuro que la vocación por remover obstáculos y actuar en forma conjunta en cuestiones como la pesca ilegal, el paso seguro por Drake y la logística fluida hacia la Antártida (cuyo tratado debe ser revisado en 2048, en un contexto de revalorización de su potencial mineral).

La primera expresión de este cambio de prioridades se produjo con la venta de los aviones F16, a la que Gran Bretaña siempre se había opuesto, pero a la que ahora debió ceder por la presión de Trump. Algunos expertos incluso destacan que se trata de la versión más moderna y mejor equipada de esos cazas, un factor que siguieron atentamente en Londres y en Santiago (Chile realiza anualmente ejercicios militares con los británicos en el estrecho de Magallanes, por ahora sin generar quejas formales de la Argentina).


Javier Milei participo de ejercicios navales combinados a bordo del portaaviones USS Nimitz de los Estados Unidos. Fotografía: Presidencia. 

El conflicto por las islas Malvinas quedó así expuesto a un cambio de paradigma mucho más amplio que impulsa Trump, y que probablemente en algunos aspectos trasciendan a su gestión. El gran interrogante en este aspecto es: ¿está la Argentina en condiciones de interpretar el sentido más profundo del cambio geoestratégico que experimenta Estados Unidos? ¿O se contenta con los beneficios de corto plazo que ofrece la administración republicana?