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lunes, 19 de enero de 2026

Un troll para representarnos ante la Unión Europea… @elprofesorcapomasi...

Un troll para representarnos ante la Unión Europea…

Un troll para representarnos ante la Unión Europea. Dibujo: CEDOC

El Gobierno designó a Fernando Iglesias como embajador argentino ante la Unión Europea, aunque su figura se asocia más al conflicto que a la mediación. Es una apuesta deliberada por trasladar el conflicto ideológico interno al plano internacional. 

© Escrito por Jorge Fontevecchia el lunes 19/01/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

La designación de Fernando Iglesias como embajador argentino ante la Unión Europea no es un dato administrativo ni un gesto menor de política exterior. Es una definición estratégica que condensa una concepción del mundo. En un momento en que el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea exige mesura, paciencia y oficio negociador, el Gobierno de Javier Milei opta por enviar a Bruselas a una figura asociada a la confrontación y la provocación.

No se trata de un error ni de una improvisación: es un mensaje político deliberado. La Argentina no busca adaptarse a la lógica diplomática europea, sino tensionarla. La elección de Iglesias expresa la voluntad de trasladar la batalla cultural interna al plano internacional, aun cuando ese escenario demanda exactamente lo contrario: pragmatismo, flexibilidad y una comprensión fina de las reglas no escritas del poder.

El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea volvió a poner a la Argentina en una escena que exige sutileza, paciencia y oficio. Tras más de dos décadas de negociaciones, el entendimiento reabre expectativas comerciales, pero también demanda una diplomacia activa para aprovechar las oportunidades con flexibilidad. No es un momento para improvisar ni para posiciones fundamentalistas.

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La diplomacia, en su sentido clásico, no es épica ni confrontación. Es negociación, escucha, construcción paciente de consensos mínimos y administración racional del desacuerdo. Es, como la definía Harold Nicolson, el diplomático británico, teórico central de las relaciones internacionales del siglo XX y partícipe directo del sistema de conferencias que modeló la posguerra europea, “el arte de conducir las relaciones entre Estados mediante métodos distintos a la guerra”.

Nicolson no hablaba desde la abstracción académica, sino desde la experiencia concreta de un continente devastado que comprendió que el conflicto permanente conduce al colapso y que la palabra, aun débil, suele ser más eficaz que la amenaza. En esa tradición se inscriben la diplomacia europea moderna, la lógica comunitaria de la Unión Europea y su cultura política basada en la moderación, el lenguaje medido y la búsqueda de acuerdos graduales.

La elección de Iglesias sugiere una concepción particular de la política exterior. Milei ha mostrado reiteradamente su desprecio por los mecanismos clásicos de mediación y consenso. Su estilo privilegia la confrontación, la claridad ideológica y el choque frontal. En ese marco, la diplomacia aparece menos como una herramienta y más como un obstáculo.

No es casual que el Presidente desconfíe de la diplomacia. Negociar implica ceder, y ceder contradice la lógica binaria que estructura su discurso público. La diplomacia busca acuerdos imperfectos; Milei proclama verdades absolutas. La diplomacia opera en grises; el mileísmo se mueve en blancos y negros.

El Gobierno argentino se prepara para abandonar entre 45 y 55 organismos y tratados internacionales, muchos de ellos vinculados directa o indirectamente a las Naciones Unidas, en una decisión que profundiza el alineamiento automático con Estados Unidos y replica la política exterior impulsada por Donald Trump.

La medida surge de un expediente interno de la Cancillería que justifica el retiro bajo un único argumento: la “alianza estratégica” con Washington, incluso cuando esa decisión implique aislar a la Argentina de los principales espacios multilaterales del sistema internacional. La decisión cuenta con el aval de altos funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores, y solo resta la firma final del canciller Pablo Quirno para concretarse.

Javier Milei nombró a Fernando Iglesias como embajador argentino en Bélgica.

Diplomáticos de carrera consultados describen la iniciativa como un sinsentido estratégico, dado que esos organismos son plataformas centrales para la política exterior, el financiamiento internacional y la articulación global. Aun así, el Gobierno resolvió imitar la retirada de Estados Unidos, aunque de manera parcial, para no poner en riesgo créditos y proyectos por miles de millones de dólares que dependen de esos mismos espacios.

El repliegue genera una contradicción política de fondo: mientras la Argentina se dispone a salir de organismos de la ONU, al mismo tiempo impulsa la candidatura del diplomático argentino Rafael Grossi para ocupar la Secretaría General del organismo.

Para resolver esa incoherencia, la Cancillería envió un cable secreto a sus embajadas, instruyendo a los diplomáticos a sostener, solo si son consultados, que el país mantiene un “compromiso histórico con el multilateralismo”, pese a que las decisiones concretas van en sentido opuesto.

Carl von Clausewitz escribió que la guerra es la continuación de la política por otros medios. La diplomacia podría pensarse como su reverso: la política que evita la guerra por medios más sutiles. Requiere cálculo, empatía estratégica y una comprensión fina del adversario. Nada más lejano al registro de la provocación permanente. Cada terreno tiene sus métodos específicos que le son propios.

Iglesias no es un diplomático de carrera ni un negociador silencioso. Es, ante todo, un polemista. Durante años construyó su capital político en la confrontación mediática, en las redes sociales y en un estilo deliberadamente provocador. Su figura se asocia más al conflicto que a la mediación.

Durante el gobierno de Alberto Fernández, cobró relevancia por la confrontación permanente en el Parlamento. Vamos a ver, a modo de ejemplo, algunos de estos episodios. Pero primero, un testimonio de Martín Soria, que actualmente es senador. La polémica era, en ese entonces, por la oposición a crear nuevas universidades de cercanía. “Que te insulte Fernando Iglesias es costumbre. Es un personaje infumable, insoportable. Es una cucaracha de la política”, decía Soria en ese momento.

Durante el discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso del 1.º de marzo de 2023, el entonces presidente Alberto Fernández generó un fuerte clima de tensión al cuestionar duramente a la Corte Suprema por el fallo que restituyó fondos coparticipables a la Ciudad de Buenos Aires.

En ese contexto se produjo el episodio más visible: el diputado del PRO, Iglesias, le dio la espalda al Presidente, lo increpó a los gritos y finalmente se retiró del recinto con su mochila, mientras Fernández le respondía con ironía desde el estrado. “Es un enorme honor que me insulte Fernando Iglesias, me enorgullece”, bromeó el entonces mandatario en el Congreso. En una entrevista posterior, el propio Iglesias relató lo sucedido y afirmó: “Se me debe haber escapado algún insulto”.

En otra ocasión, Iglesias profirió insultos contra la presidenta del cuerpo, Cecilia Moreau, mientras ella conducía la sesión. Lejos de dejar pasar el agravio, Moreau interrumpió el trámite parlamentario y lo confrontó a Iglesias, exponiendo lo que el diputado del PRO decía fuera del micrófono. "¿Qué pasa Iglesias? ¿Por qué no me decís de frente 'pelotuda' como me estás diciendo por lo bajo? Sos un misógino maleducado. Cobarde", expuso la diputada.

Otro de los hechos que causaron indignación ocurrió cuando, en una polémica con Hugo Moyano, Iglesias retuiteó una amenaza contra el dirigente sindical. El episodio se produjo en julio de 2020, cuando el entonces diputado nacional Iglesias replicó en su cuenta personal de Twitter un mensaje de un usuario anónimo que incluía la imagen de un rifle y una frase interpretada como una amenaza directa contra la familia Moyano.

El retuit se dio en el marco de un conflicto sindical entre el gremio de Camioneros y Mercado Libre, luego de que Iglesias publicara comentarios satíricos y críticas contra los Moyano por el reclamo de encuadramiento gremial de los trabajadores de la empresa.

En una entrevista para la revista Seúl, de julio de 2025, Iglesias habló de su estrategia de comunicación y sostuvo: “Aprendí mucho de algo que se aprende también en Twitter, que es a decir cosas en breve tiempo. Vos tenés tu equipo, están jugando horrible, cometen cuatro o cinco errores y tenés 30 segundos para arreglarlo. ¿Qué hacés? Elegís lo más importante y vas a eso”.

Y luego agrega: “Si vos das una instrucción, das una instrucción. Si das dos instrucciones, das media instrucción. Si das tres instrucciones, no dijiste nada. Porque cada cual agarra la que quiere, hace lo que le parece. Y eso es algo muy importante: focalizar, detectar en el sistema de juego cuál es lo principal que te puede ayudar a corregir el resto, hablar solamente de eso”.

Esa concepción de la comunicación, eficaz en el vértigo de las redes sociales o en la lógica binaria del debate político confrontativo de la era Milei, revela al mismo tiempo su límite estructural para el ejercicio de la diplomacia. La reducción extrema del mensaje, la idea de que solo puede existir una instrucción válida y que todo lo demás es ruido, puede funcionar en Twitter, donde la atención es escasa y el conflicto es el combustible del intercambio.

Pero la diplomacia opera en un registro exactamente inverso: acumula matices, superpone capas de sentido, admite ambigüedades en busca de la diagonal común, del consenso y, muchas veces, sugiere más de lo que dice. En definitiva, el perfil de Iglesias resulta problemático para un cargo que exige discreción, escucha activa y capacidad de administrar tensiones sin exacerbarlas.

Su trayectoria pública muestra una preferencia constante por la confrontación directa, el gesto provocador y la exposición del conflicto como capital político. Ese estilo puede haberle resultado eficaz en la arena doméstica, en el debate parlamentario o en la disputa mediática, pero choca frontalmente con la cultura política de la Unión Europea, donde la forma es fondo y donde cada palabra tiene peso diplomático.

Acuerdo UE–Mercosur: oportunidades y beneficios para la Argentina.

La designación de Iglesias no puede leerse como un error de cálculo ni como una casualidad. Milei envía a Bruselas a un representante que encarna la anti-diplomacia, alguien que no viene a tejer consensos sino a marcar posiciones, incluso a costa de incomodar. Es una apuesta deliberada por trasladar el conflicto ideológico interno al plano internacional, aun cuando el acuerdo Mercosur–Unión Europea exige exactamente lo contrario: paciencia, pragmatismo y flexibilidad negociadora.

La designación, además, llega acompañada de una anomalía institucional: la duplicación de cargos. Iglesias fue nombrado embajador ante Bélgica y, una semana después, ante la Unión Europea. El argumento del Gobierno fue el ahorro logístico y, además, sostiene que Iglesias ejercerá el cargo sin perjuicio de su función como embajador ante Bélgica.

El Gobierno destaca la experiencia de Iglesias en política exterior, su paso por la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores de Diputados y su participación en giras oficiales, pero la realidad es que, si hablamos de trayectoria y experiencia profesional, no parece ser la mejor opción.

¿Cuál fue la trayectoria de Fernando Iglesias? Su derrotero político está atravesado por desplazamientos ideológicos, pero con una constante: la confrontación como método. Su militancia comenzó en los años setenta en el trotskista Partido Socialista de los Trabajadores, en el clima de radicalización política previo al golpe de 1976.

Tras abandonar ese espacio, se vinculó al activismo en derechos humanos y luego desarrolló una carrera intelectual y periodística centrada en la crítica al peronismo y en la defensa de la globalización, un recorrido que lo fue alejando progresivamente de la izquierda tradicional.

Su ingreso formal a la política institucional se dio en 2007, como diputado nacional por la Coalición Cívica de Elisa Carrió. Allí se consolidó como una voz dura contra el kirchnerismo, con intervenciones orientadas más al debate ideológico que a la construcción de consensos legislativos. Durante ese período integró comisiones vinculadas a la libertad de expresión y se destacó por su retórica confrontativa, que lo convirtió en una figura mediática antes que en un articulador parlamentario.

Tras un impasse legislativo, Iglesias regresó a la Cámara de Diputados en 2017 de la mano de Cambiemos, ya alineado con el macrismo. En ese ciclo profundizó su perfil de polemista, especialmente en redes sociales, y se asumió como uno de los “halcones” del espacio. Defensor incondicional del gobierno de Mauricio Macri, incluso en sus momentos de mayor debilidad, su figura se asoció a la idea de batalla cultural y a una lectura binaria de la política argentina, con el peronismo como adversario central.

En los últimos años, su trayectoria volvió a mutar al alinearse con Milei y La Libertad Avanza, sin abandonar formalmente el PRO. Desde ese lugar respaldó el rumbo del gobierno libertario y justificó sus formas disruptivas en nombre de un cambio histórico.

Ursula von der Leyen prometió que el acuerdo traerá "oportunidades, empleo y prosperidad" a ambas partes.

Su reciente designación como embajador ante la Unión Europea puede leerse como la culminación de ese recorrido: de legislador combativo y polemista permanente a representante diplomático, en una transición que resume tanto su itinerario político personal como la concepción anti-diplomática del actual oficialismo.

Su visión del peronismo como “el enemigo” estructura gran parte de su discurso. Esa lectura interna, trasladada a la arena internacional, corre el riesgo de simplificar procesos complejos y de confundir disputas domésticas con alineamientos globales. Pero esta visión encaja con una matriz ideológica más amplia que hoy articula a Milei con Donald Trump y con sectores de la nueva derecha global.

El peronismo deja de ser un movimiento político nacional, con contradicciones internas y trayectorias diversas, para convertirse en una pieza local de un enemigo mayor: el “colectivismo”, el “estatismo” o el “comunismo”, entendido en sentido expansivo y casi metafísico.

Del mismo modo en que Trump condensó en el “socialismo” o en el “deep state” todas las amenazas al orden estadounidense, e igual que Milei sintetiza en el kirchnerismo una supuesta decadencia moral y económica, Iglesias proyecta sobre el peronismo la figura de un adversario absoluto, incompatible con la república y la libertad.

Ese paralelismo responde a la lógica de la batalla cultural como marco interpretativo total. Para Milei y Trump, la política ya no es una competencia entre programas, sino una guerra civil fría entre libertad y comunismo, entre Occidente y su disolución interna.

La política debe tornarse más agresiva porque, en su relato épico, el riesgo es la disolución de Occidente. El acuerdo Mercosur-UE exige una narrativa que combine apertura comercial con garantías ambientales y sociales. Exige diálogo con actores que no comparten la visión libertaria del mundo. Exige paciencia.

El nombramiento envía, entonces, un mensaje ambiguo a Europa. Por un lado, la Argentina celebra el acuerdo. Por otro, designa como representante a alguien conocido por su estilo pendenciero. Es difícil no leer allí una señal de provocación. Nada de esto parece accidental.

Milei construye su identidad política en oposición a “la casta”, a la diplomacia tradicional y a lo que considera consensos vacíos. Al nombrar a Iglesias, refuerza esa narrativa: no habrá diplomacia clásica, habrá confrontación ideológica. El problema es que la política exterior no se juega solo en la coherencia interna del relato. Se juega en mesas de negociación donde el estilo importa, donde una palabra mal dicha puede bloquear un expediente durante años.

La diplomacia cultural, además, requiere sensibilidad. Europa no es un bloque homogéneo ni un adversario ideológico. Es un entramado de intereses, valores y temores. Representar a la Argentina allí implica comprender esa complejidad para aprovechar las oportunidades de desarrollo que el acuerdo ofrece para nuestro país.

El riesgo es que la embajada se convierta en una tribuna de la batalla cultural libertaria; que el representante argentino hable más para las redes locales que para los despachos europeos; que la política exterior quede subordinada a la lógica del like y la polarización.

La pregunta que queda abierta es si ese estilo alcanzará para atravesar el complejo laberinto europeo o si, una vez más, la épica doméstica terminará chocando con la realidad internacional. Porque la diplomacia no perdona los gestos incendiarios. Y Europa, a diferencia de Twitter, no responde a provocaciones, sino a intereses y consensos.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi. TV/ff.






lunes, 12 de enero de 2026

Todavía contamos… @elprofesorcapomasi...

Todavía contamos…

Revista Acción

Es difícil creerlo, pero el calendario ya nos empuja hacia 2026. Termina un año muy duro para los sectores populares y no solo por las políticas del Gobierno nacional. Hace apenas un año, pocos –muy pocos– imaginaban la velocidad y la profundidad con la que el nuevo Gobierno de Estados Unidos iba a sacudir el tablero global. El regreso de Donald Trump no fue solo un cambio de nombres en la Casa Blanca: fue la consolidación de un giro ultraderechista que volvió a marcar la agenda internacional, habilitó discursos que creíamos más o menos saldados y reordenó, una vez más, el campo mediático a escala planetaria.

© Escrito por Ulises Gorini, Director de la Revista Acción, el miércoles 31/12/2025 y publicado por la © Revista Acción de las Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Desde este lado del mundo, en la Argentina, ese temblor no se sintió como algo lejano. Al contrario: ya estaba instalado por Milei y, con Trump, solo se amplificó. En un país atravesado por una crisis económica persistente, con un Gobierno que hace una bandera del desprecio y la agresión al periodismo –como en el caso extremo del reportero gráfico Pablo Grillo–, el clima global funciona como legitimación y combustible. Si Trump insulta a la prensa y acusa de «enemigos» a los medios críticos, acá tiene ejecutores propios. Si las grandes plataformas tecnológicas ajustan algoritmos, monetización y reglas según sus intereses y los de un puñado de multimillonarios, los medios hegemónicos locales hacen lo suyo. 

El periodismo alternativo atraviesa hoy desafíos enormes: financieros, políticos, judiciales y también culturales. Las audiencias se achican y se fragmentan, la precarización avanza y la presión –explícita o solapada– desde el poder se vuelve moneda corriente. En un escenario dominado por las decisiones opacas de big techs y por empresarios que conciben a los medios como herramientas de disciplinamiento o negocios personales, sostener una voz crítica no es fácil. Pero sigue siendo imprescindible. 

En ese contexto, cada mensaje de apoyo, cada suscripción nueva, cada lector que decide bancar un proyecto periodístico serio y honesto funciona como un recordatorio potente: aquí estamos. Hay una parte de la sociedad que entiende que sin información confiable, sin investigación, sin preguntas incómodas, la democracia se vacía rápido. Que el periodismo no es un lujo ni un capricho corporativo, sino un bien público. 

A lo largo de este año cubrimos la Argentina real: la de los ajustes que no cierran, la de los conflictos sociales, la de las discusiones culturales, la de las resistencias pequeñas y grandes, las de la economía social y cooperativa. Y también miramos al mundo, porque lo que pasa afuera importa, condiciona y muchas veces anticipa lo que después aterriza acá. El avance de la ultraderecha no es un fenómeno aislado ni una excentricidad ajena: es parte del mismo clima de época que nos atraviesa. 

Cerrar el año es, inevitablemente, un ejercicio de balance. Y en medio de tanta incertidumbre, hay algo que vale la pena subrayar: el periodismo alternativo sigue en pie porque hay lectores que lo sostienen. Porque hay quienes, incluso cansados, incluso golpeados, eligen no resignarse a la desinformación, al grito fácil o al cinismo. 

Gracias por haber estado del otro lado en 2025. Por leer, compartir, criticar y apoyar. Si estás festejando, o simplemente intentando descansar un poco en medio del ruido, ojalá tengas un buen cierre de año y un respiro merecido. El año que viene nos volveremos a encontrar, con los mismos desafíos –y la misma convicción– de que contar lo que pasa sigue valiendo la pena.





domingo, 19 de octubre de 2025

Salvataje y Turbulencias - El auxilio de Trump no logra disipar las dudas…

 Salvataje y Turbulencias - El auxilio de Trump no logra disipar las dudas…

“Le pertenezco Mr., Donald...” Dibujo: Pablo Temes

La ayuda del amigo americano no alcanzó para calmar los mercados. Crecen las tensiones internas.


© Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 19/10/2025 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.


Nunca se vio algo igual. La dimensión de la ayuda del gobierno de los Estados Unidos a la Argentina no tiene parangón en la historia de las relaciones entre los dos países. Es producto no sólo de la afinidad ideológica entre sus dos presidentes sino también del afecto personal que Donald Trump siente por Javier Milei. Ese afecto nació en aquella visita que en mayo de 2024 Milei le hizo a Trump cuando sus chances de ganar la elección parecían un imposible.

Trump –en su apogeo, tras su paso relámpago y fulgurante por Medio Oriente como hacedor de la ansiada paz en esa convulsionada región – decidió mantener en su agenda la reunión con el presidente argentino a pesar de las opiniones de algunos de sus asesores que le sugirieron cancelarla. El traspié generado por la respuesta de Trump ante la pregunta de Nieves Zuberbühler, enviada especial de TN y Canal 13, desnudó la falta de preparación de la reunión por parte del gobierno argentino.

La euforia con que se vivió en el oficialismo todo el apoyo recibido desde la Casa Blanca se fue desvaneciendo con el correr de los días. Esa primera reacción de optimismo desbordante no se tradujo a los llamados mercados. El dólar cerró la semana con tendencia alcista a pesar de los muchos billetes inyectados a la plaza por los bancos que están actuando como ejecutores de esta decisión del Tesoro de los Estados Unidos. Esto es producto de algo denominado incertidumbre. Esa incertidumbre es provocada no sólo por el difícil escenario electoral que debe enfrentar el oficialismo sino también por sus muchos problemas internos y de gestión. “Cuando la confianza no termina de afianzarse ocurren estas cosas. El problema de fondo sigue siendo político” –aseguró un economista que supo ser cercano a La Libertad Avanza.

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Una de las tantas disputas internas es la que vienen sosteniendo el jefe de Gabinete, Guillermo Francos, y Santiago Caputo. Hoy por hoy, nadie sabe cómo pude terminar eso. Lo que sí se sabe es que la tensión entre ellos crece día tras día. En la entrevista que le concedió a Esteban Trebucq, el Presidente – a quien se lo vio tenso y enojado– reconoció que después de las elecciones habrá un cargo para el asesor estrella que, hay que señalar, tuvo mucha injerencia a través de sus contactos clave en la administración Trump para destrabar la instrumentación de los acuerdos de ayuda, en una negociación que tuvo ribetes muy intensos por la urgencia que el Gobierno tenía de frenar –sí o sí– la escalada del dólar. Una corrida previa a las elecciones hubiera herido gravemente la performance del oficialismo.

Javier Milei afirmó que podría sumar a exfuncionarios de Macri al gabinete y comparó a los kirchneristas con los Gremlins.

Lo que es claro que la seguidilla de contrarios sucesos que le vienen ocurriendo al Gobierno –el caso Spagnuolo, el caso Espert, la reversión de los vetos presidenciales por parte del Congreso– han fortalecido a Caputo quien, a su manera, bregó siempre por generar canales de diálogo y cooperación entre el oficialismo y sectores de la oposición que le son afines. Precisamente, la implementación de esos acuerdos representa otro factor de incerteza. Evidencia acabada de ello fue el intercambio de mensajes sucedidos el jueves entre Mauricio Macri y el asesor. El expresidente señaló que “la gente necesita dejar atrás rápidamente el estancamiento y pasar de la estabilidad al crecimiento”, para después agregar que se necesitará que “después del 26 el Gobierno convoque al diálogo, con humildad y honestidad” y “que acepte eventualmente una oposición constructiva que traerá propuestas desde cada rincón del país para realizar las reformas necesarias que nos harán cambiar”.

La contestación de Santiago Caputo no se hizo esperar: “Esto que dijo Macri lo venimos planteando hace un año y medio, no es el oráculo; estamos de acuerdo, pero los cambios y las reformas las lidera Milei”. El mensaje fue claro: todos de acuerdo, pero lo que plantea el ex presidente ya lo había propuesto el oficialismo y que quede claro que, más allá de cualquier acuerdo, el que manda es Milei, nada de compartir cartel o poder con otro u otros.

En la vereda de enfrente el peronismo luce cada vez más desvaído y anacrónico. El 17 de octubre encontró a sus dirigentes separados, como tantas otras veces. Otra muestra de esto fue la escuálida concurrencia que alteró la tranquilidad del vecindario de Monserrat adyacente a la prisión de San José 1111, en donde Cristina Fernández de Kirchner intentó investirse con ropajes de heroína, algo que claramente no es. Las diferencias de la expresidenta con Axel Kicillof se agrandan día a día. En estas horas, las confesiones del ex general venezolano Hugo Armando Carvajal, quien fue jefe de contrainteligencia de los gobiernos de Hugo Chávez y de Nicolás Maduro, indicando que hubo dinero que a través de Pdvsa el régimen bolivariano destinó para apoyar las campañas electorales del kirchnerismo, reflota toda la trama de corrupción implementada para permanecer en el poder indefinidamente. Un pecado que nadie que se considere democrático debería olvidar.

La campaña del peronismo/kirchnerismo se vio sostenida únicamente por los errores antes mencionados de los libertarios. Los candidatos del PJ se limitaron a poner el piloto automático, no hacer nada para no cometer errores y repetir como loros algún que otro eslogan de campaña. Nada nuevo para ofrecer a un electorado desorientado y cada vez más desilusionado de la clase política que lo conmina a vivir peor y con menores perspectivas de crecimiento.





Entre Washington y Buenos Aires - La pulseada que sacudió al dólar y reavivó la desconfianza inversora… @dealgunamanera...

Entre Washington y Buenos Aires - La pulseada que sacudió al dólar y reavivó la desconfianza inversora…

El séptimo de caballería. Dibujo; Pablo Temes.

El 16 de octubre marcó un hecho sin precedentes: el Tesoro de Estados Unidos intervino en el mercado argentino para sostener el peso, pero los operadores locales le hicieron frente comprando dólares. La maniobra, ejecutada a través del Citi, no logró frenar la suba de la divisa. Mientras tanto, el gobierno de Milei espera con ansiedad la activación del swap de 20 mil millones de dólares prometido por Donald Trump, Scott Bessent y el propio FMI para evitar un default entre 2026 y 2027.


© Escrito por Carlos Burgueño, Periodista. Lic. en Ciencia Política. Máster en Economía y Sociología, el sábado 18/10/2025 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad de Buenos Aires, República Argentina.

Los mercados tienen una metáfora que los describe con exactitud: el capital tiene la valentía de un ciervo y la velocidad de una liebre. Llevado a la realidad, el dinero invertido y manejado por profesionales de ocasión (los famosos traders) tiene una atención permanente al 100% mirando las circunstancias que rodean la apuesta, huelen a distancia el riesgo cuando este es demasiado alto y una opción que una vez produjo rentabilidades importantes ya tiene aroma a peligro y, finalmente, están a una tecla directa de huir de ahí hasta nuevo aviso. Se podría agregar que el capital no es rencoroso, y que ante una nueva oportunidad de negocios y renta, el ciervo volverá por los sabrosos líquenes que comió en el lugar de peligro y a estar atento para huir con la velocidad de una liebre en forma.

Y nada como el mercado argentino para demostrar esta teoría. El jueves se vivió una jornada vibrante y para la historia. Por primera vez desde que el jueves 9 comenzó a ejecutarse el plan de salvataje de los Estados Unidos a la Argentina, en su versión intervención del Tesoro en el mercado cambiario, el 16 de octubre las fuerzas locales (que no son las del Cielo) enfrentaron la embestida desde Washington, y compraron dólares al mismo tiempo que desde los Estados Unidos se compraban pesos. Se especuló con que el Tesoro compró ayer unos 100 millones de pesos más, y que ya completa un total de casi mil millones. La operación de ayer se realizó a través del Citi, que al cierre de esa rueda informó a sus clientes lo siguiente: “Acabamos de ejecutar operaciones al contado de USD/ARS en nombre del Departamento del Tesoro de Estados Unidos en el mercado local”. No obstante, el dólar mayorista volvió a subir ese día, igual que lo ocurrido en la rueda anterior. El tipo de cambio comercial ganó 22 pesos o un 1,6% este jueves, a $ 1.402 para la venta, el precio más alto desde el jueves 9, justamente cuando inició la intervención directa de la administración de Donald Trump en la plaza local.

Evidentemente, y por primera vez, hubo una decisión de los tenedores de pesos de desafiar la intervención del Tesoro de los Estados Unidos, de la misma manera que hasta el jueves de la semana pasada se desafiaba al Tesoro, pero argentino. Aquellos días tan lejanos (siete días atrás en realidad), y hasta el miércoles de la semana pasada el Ministerio de Economía, a través del Tesoro, había vendido unos 1.200 millones de dólares, y le quedaban poder de fuego por unos US$ 600 millones. Advirtiéndose además que antes de fin de mes, habría que pagar unos 300 millones a organismos financieros internacionales. Fue entonces cuando aparecieron las fuerzas de Washington mostrándoles a los operadores locales del mercado cambiario, que el Tesoro estaba dispuesto a comprar pesos (obviamente a pérdida), para sostener al gobierno local en su marcha hacia las elecciones legislativas del 26 de octubre. La situación se ordenó ese jueves al cerrar la rueda, se mantuvo controlada el lunes, se complicó el martes con las poco claras declaraciones de Donald Trump, pero, a fuerza de una nueva intervención del Tesoro norteamericano, se ubicaron en tiempo y forma ayer, con un dólar que cerró a 1.475, por debajo de la frontera psicológica de los 1.500 pesos.

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Sin embargo el 16, se registró el primer enfrentamiento directo entre el Tesoro de los Estados Unidos (el de la Argentina está fuera de juego) y los mercados locales, una batalla inédita en la historia de las finanzas y la política cambiaria criolla. Y quizá mundial. Se podría decir que este primer combate resultó positivo para las fuerzas criollas que lograron sostener el precio de la divisa por arriba de los 1.400 pesos, aun con la intervención del Tesoro a través del Citi.

Evidentemente, el hecho de haber quedado liberados luego de la licitación del miércoles de Letras del Tesoro unos 1,4 millones de dólares en pesos en moneda local que antes estaban en papeles no renovados, y que demandan dólares, no quedarse en pesos, fue una fuerza demasiado potente, aun para la intervención simbólica de Scott Bessent y sus muchachos.

El ciervo no se contentó con la seguridad teórica del Tesoro versión EE.UU., y eligió correr rápido como una liebre a los dólares de ocasión. Venciendo incluso al efecto confianza que intentaron mostrar las fuerzas de Bessent.

Algo quedó claro ese día. Los mercados solo esperan una noticia concreta y exacta: cómo será la activación del swap por unos US$ 20 mil millones que el gobierno norteamericano asegura, reafirma y repite se pondrá a disposición de la Argentina con un único objetivo simple, claro y concreto: que el país no caiga en default entre 2026 y 2027. Según lo negociado, divulgado pero no confirmado, Estados Unidos sería a disposición del país en alguna cuenta del Tesoro argentino en el Banco Central de la República Argentina (BCRA), se activará cada vez que llegue un vencimiento importante de los bonares y globales; y, también, los bopreales. Los dólares que pondrá a disposición del gobierno norteamericano a través de los DEG del Fondo Monetario Internacional (FMI), se activarán y podrán a disposición del país días antes de concretar los pagos correspondientes al 9 de enero y 9 de julio de 2026 y 2027. Serían unos 4.224 millones en el primer caso, y otros 4.213 en el segundo. En total, US$ 8.437 millones que se replican en ambos períodos sumando finalmente 16.874 millones. A este dinero hay que sumar 1.005 millones de bopreales (bonos emitidos para cancelar la deuda con los importadores incurrida durante el gobierno de Alberto Fernández) en febrero y otros 1.028 millones en mayo, con un total de 2.033 millones de dólares, en ambos casos solo para el ejercicio 2025. Los dos capítulos suman US$ 18.907 millones; unos US$ 1.093 millones menos que el dinero que los US$ 20 mil comprometidos en la ayuda de Estados Unidos y el FMI.

Los dólares se activarían unos días antes del pago, quizá, sin que la Argentina deba pedir autorización. Simplemente el país deberá anunciar al Fondo Monetario Internacional (FMI), que activará una cantidad predeterminada de Derechos Especiales de Giro (DEG, la moneda del organismo cotizante en dólares), los que se descontarán de los casi 110 mil millones de dólares que Estados Unidos aporta anualmente al organismo que maneja Kristalina Giorgieva. El dinero se utilizará exclusivamente para cumplir con el vencimiento de los bonares y globales o los bopreales. Solo para este motivo. Ni una divisa para sostener tipos de cambio o compromisos varios existentes o por inventar. Concretamente, la intención puntual y exclusiva, es que la Argentina no caiga en default durante los dos años que restan de gestión de Javier Milei. Luego, se verá.

Como se instrumentarían a través del FMI vía swap, piensan en ambos costados de las orillas donde se diseñó el plan; no se requerirá ni una ley en la Argentina ni una autorización del Congreso de los Estados Unidos. En el primer caso, porque significaría cambio de pasivos, ya que la deuda con bonistas muta en pasivo con el FMI; con lo cual, al no haber nuevo endeudamiento, se surfearía la necesidad de pasar por el Congreso. Al menos en la visión del oficialismo. Por el lado del gobierno de Donald Turmp, no hay dinero de la administración nacional para la Argentina, sino un giro de dólares desde el FMI con plata que, sí o sí, con o sin ayuda al país sudamericano, EE.UU. habría destinado al Fondo. Trump salvaría las críticas demócratas. Y mantendría a su aliado en sintonía con el capitalismo mundial.

Hasta que este anuncio no se concrete. Se anuncie. Se ponga en funcionamiento. Y, en lo posible, se muestren los papeles firmados por los dos gobiernos, el peso argentino será un ciervo atento y cobarde, a punto de huir al dólar como una liebre.