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miércoles, 14 de octubre de 2026

Enrique Vázquez (+) - El periodismo sigue siendo un oficio apasionante… @elprofesorcapomasi...

El periodismo sigue siendo un oficio apasionante…


Personaje polémico, inclasificable, oficialista en la etapa del ‘83 y muy crítico en la abierta en el ‘89, hoy se muestra equidistante en tiempos bravos para el periodismo, donde las internas del oficio son tapa de diarios. En 2007 se vino a vivir a Maschwitz.  

© Escrito por
Jorge Bonfanti el lunes 26/11/2012 en la Revista Día>32 de la Ciudad de Escobar, Provincia de Buenos Aires, República Argentina.

Fui hasta los estudios de Radio del Plata, en Palermo Viejo, pensando en encontrarme con un “duro”, porque solamente un tipo con los atributos en su sitio puede soportar la polarización Gobierno-Clarín y seguir haciendo periodismo, que siempre fue, ni más ni menos, tener una visión crítica y reflexiva de cualquier proceso examinado.

Pero como casi siempre ocurre con los preconceptos, estaban equivocados: me encontré con un hombre amable y con un costado tierno que le debe haber facilitado el acceso a lugares ansiados por muchos.

Enrique Vázquez, el que conduce La otra mañana en Del Plata (AM 1030), de 6 a 9, y por las tardes participa de Con sentido público, desde las 16, en Canal 7, vive en Ingeniero Maschwitz.

-¿Es cierto que a veces se va de Palermo a Maschwitz después de hacer su programa de radio y a la tarde vuelve a Canal 7?, fue mi primera pregunta, mientras íbamos hacia un boliche a tomar un café.
-Sí, porque extraño a mis perros, tengo dos labradores hermosos de distinto color, uno negro y uno arena, y dos junta-pulgas que rescaté del “asilo”. Los perros me contagian energía, entusiasmo. Me hago 80 kilómetros nada más que para verlos un rato.

-¿Cuánto hace que anda por nuestro pago?
-Hace más o menos cinco años: vi un aviso de venta de una casa y yo quería rajar de la Capital, del  ruido. Buenos Aires es una ciudad con un altísimo índice de contaminación sonora, que me molestaba, me hacía mal. Le debe hacer mal a todos, pero yo me pude ir y estoy muy contento de vivir en un lugar así, aunque haya que hacer algún sacrificio porque las distancias son importantes.

-¿Cómo se le dio por el periodismo? ¿A qué edad y con cuál mandato?
-Mi abuelo por parte de madre era periodista, y mi viejo también, pero cuando terminé la secundaria quería ser geólogo. Justo ese año en la universidad, allá en Córdoba, abrieron la carrera de Comunicación, y acá estoy.

-¿De qué parte de Córdoba es?
-De la capital, del barrio de Alta Córdoba, y por lo tanto hincha furioso de Instituto.

-¿Está relacionado con el periodismo desde que terminó el secundario?
-Salvo de los 21 a los 24 años, que viví en Londres estudiando Ciencias Políticas, y cuando no me dejaron laburar, siempre.   

-Y a esta altura de una larga carrera, ¿qué pone en el debe y en el haber?
-Lo más negativo que veo es que hay una presión muy grande de las empresas para condicionar al periodista e impedirle desarrollar a fondo su labor al darle una orientación definida. Es lo mismo que le pasa a todas las profesiones liberales: al abogado que trabaja en un gran estudio y tiene que defender o atacar a tal de acuerdo a los intereses corporativos, o al médico que trabaja en una clínica y tiene que recetar determinados medicamentos. Lo bueno es que, superando estos problemas, sigue siendo un oficio apasionante.

Hay una presión muy grande de las empresas para condicionar al periodista e impedirle desarrollar a fondo su labor al darle una orientación definida. Es lo mismo que le pasa a todas las profesiones liberales”.

-¿Cuáles periodistas le parecen un ejemplo a seguir?
-El número uno es Rogelio García Lupo. Entre los jóvenes hay un cordobés, Sergio Carreras, que hace muy buenos trabajos de investigación.

-¿Está de acuerdo con la ley de medios audiovisuales?
-Podría haber sido mucho mejor, ahora ha quedado como la expresión concentrada de una pelea del gobierno contra un monopolio, cuando hay otras empresas que también se pasan en la concentración: Vila-Manzano, Prisa, Ick, y debe haber más. Lo preocupante es que se generó esta situación en donde lo empujan a uno a ubicarse detrás de uno o de otro bando.

-¿No le parece una señal a futuro de la Presidenta la designación de Martín Sabbatella al frente de la AFSCA?
-Sí estoy muy de acuerdo con el nombramiento, es mentira que no sabe de medios, pero lo más importante es que sabe mucho de la pelea contra las corporaciones, las derrotó en Morón.

-Al sacarle la gestión al peronismo y dársela a la izquierda democrática, ¿está anunciando que la continuidad del modelo viene por ese lado?
-Yo no soy optimista en cuanto a la perdurabilidad del modelo, nadie de izquierda o progresista tendría que serlo, porque quienes aparecen hoy con capacidad de ganar en 2015 son todas expresiones de derecha; tampoco soy simpatizante de este gobierno, donde están contenidos algunos gobernadores que ¡madre mía! O personajes como Othacehé o Ishii. Lo que pasa es que uno ve a los que están enfrente y está todo dicho.    

-Usted fue un periodista militante en la época del Alfonsinismo ¿qué balance hace de aquella época?
-Alfonsín nos engañó, nos hizo creer que el radicalismo era una fuerza progresista, y los únicos progresistas eran él y un grupito de amigos. El radicalismo es conservador como Angeloz, como De la Rúa, como Aguad o como Gustavo Posse.    


-¿Fuera del periodismo tiene alguna otra actividad?
-No tengo mucho tiempo. Hacer un programa de tres horas de lunes a viernes es agotador. Estoy haciendo un documental sobre la historia de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), de la que formo parte, que me implica hacer dos o tres entrevistas semanales.

-¿Tiene laburo la APDH?
-Sí que tiene, tiene mucho laburo, porque se siguen violando los derechos humanos. El caso más grave es el de los presos, de todo el país pero principalmente en la provincia de Buenos Aires, con la aplicación sistemática de torturas y la reducción a la esclavitud de los internos.

-¿Es de los que piensan que la Policía y el Servicio Penitenciario regulan el delito?
-Absolutamente, creo que hay que volver a la reforma de Arslanián, que le puso freno a la corrupción policial al dividirla en varias policías y desarmó la estructura piramidal que hace que todo se resuelva en el famoso “Hoy por mí, mañana por ti”.

"Yo no soy optimista en cuanto a la perdurabilidad del modelo, nadie de izquierda o progresista tendría que serlo, porque quienes aparecen hoy con capacidad de ganar en 2015 son todas expresiones de derecha”.

-Fue pareja de Sandra Russo, ¿leyó su libro sobre CFK?
-Sí, lo leí, me parece que se dejó tragar por el personaje, debió tener una mirada más crítica que hubiera mejorado el producto final. Igualmente, es mi muy buena amiga Sandra.

-¿Tiene otros amigos en el periodismo o en la política?
-En el periodismo no muchos, porque soy bastante chúcaro. Lo mismo en el barrio: saludo al que me saluda, pero hasta ahí nomás. Puedo nombrar a Nora Vieyras y un par más. En política tuve dos padres postizos, Alfonsín y Alfredo Bravo; amigos del alma: Ricardo Gil Lavedra y León Arslanián.

-¿Está al tanto de la política escobarense?
-Nada, cero conocimiento. Pero tuve participación en el juicio a Patti: notas mías en Humor formaron parte de las pruebas en su contra.   

-¿No se integra a la vida de la ciudad?
-En un sentido sí, tengo mi carnicería, mi verdulería, soy asiduo comensal de Hans y de los restaurantes que hay en el mercado nuevo de Maschwitz, hago las compras semanales en el Jumbo. Pero soy bastante casero, me gusta estar en casa, recibir amigos y a mis tres hijos, que vienen a su vez con sus parejas y otros amigos y terminan siendo una especie de tribu muy numerosa.

-¿Alguno heredó la pasión por el periodismo?
-Ninguno, la mayor es gestora cultural, el del medio es campeón de kung fu y el más chico hace hockey subacuático.

-¿Un libro o un escritor para recomendar?
-Hay varios escritores que me gustan mucho. De los más conocidos, Vargas Llosa y Borges, que dentro de cincuenta años va a estar en el nivel de un Shakespeare o un Homero.

-¿Una comida irresistible?
– Los canelones de espinaca.

-¿Un jugador de Instituto?
-La delantera del ‘73, donde jugaban Beltrán, Kempes y Ardiles, entre otros.

-¿Mira los años que le quedan y se pone objetivos a cumplir?
-Cumplo 60 en enero y naturalmente uno hace un balance, estoy conforme, cumplí conmigo y lo sigo haciendo, rescatando el hedonismo, quiero seguir gozando de la buena música, de la buena lectura, de la buena comida y de las mujeres, desde ya.

-¿Hasta qué parte de la casa pueden entrar las mujeres y cuánto tiempo pueden quedarse?
-Esa es la pregunta clave que tenemos que resolver, cada caso es una historia, muy buena cuestión. Me voy a quedar pensándola.  

Reportaje polémico.

En 1977 Enrique Vázquez viajó a Chile para entrevistar al presidente Augusto Pinochet. La nota se publicó en la revista Somos, de la que era secretario de redacción. Es hasta hoy que aquella cobertura le sigue valiendo duras críticas de algunos colegas. Pero él defiende lo que hizo: “En las dos páginas siguientes hay dos páginas de una nota a monseñor Hutton (la gran oposición al gobierno de Pinochet). O sea, dos páginas de reportaje a Pinochet y dos páginas de monseñor Hutton. Como cobertura periodística me pareció impecable”, sostiene.



domingo, 12 de julio de 2026

El plan de Donald Trump para redefinir el mapa de la Argentina… @elprofesorcapomasi...

 El plan de Trump para redefinir el mapa de la Argentina…

Retratos de Javier Milei y de Donald Trump, durante los festejos por los 250 años de la independencia norteamericana en la Embajada de EE.UU. Fotografía: Rodrigo Abd - AP.

Busca garantizar el control del Atlántico Sur, el paso transoceánico y la Antártida; impulsó un acuerdo de defensa que le abre la puerta a Peter Thiel; las diferencias con Brasil y el replanteo sobre Malvinas.

© Escrito por Jorge Liotti el sábado 04/07/2026 y publicado por el Diario La Nación de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

El vínculo directo que forjó el presidente Javier Milei con su par Donald Trump generó una corriente de relación entre la Argentina y Estados Unidos inédita en la historia. Ni siquiera en el menemismo el alineamiento había sido tan profundo. El argumento más frecuente para explicar este grado de sintonía fue el de la empatía personal entre los mandatarios, sus afinidades ideológicas y estéticas, y la vocación común de generar una liga global de líderes de la derecha dura.

Pero de fondo subyace un factor mucho más consistente, cuyas implicancias reales todavía son difíciles de pronosticar: el cambio radical en la visión geoestratégica de Estados Unidos que impuso Trump, en la cual por primera vez en la historia América latina ocupa un papel de relevancia. La intervención en Venezuela, la presión sobre Cuba y los documentos de defensa y seguridad que difundió entre diciembre y enero pasados son una expresión elocuente. 


Javier Milei y Donald Trump en enero pasado, durante la firma del Board of Peace en Davos. Fotografía: Markus Schreiber - AP

En ese contexto, la Argentina se transformó en una pieza clave, especialmente por la relevancia que en la nueva doctrina norteamericana adquieren el Atlántico Sur, los pasos transoceánicos y la Antártida. En alguna medida, el jefe de la Casa Blanca está redefiniendo el mapa del país. Como si fuera el planisferio invertido que tenía en su escritorio Raúl Alfonsín, y que retrató Pablo Gerchunoff.

Ese significativo reseteo se sostiene en tres replanteos conceptuales. El primero, que Estados Unidos asume que ya se agotó definitivamente la etapa de la unipolaridad que marcó la post Guerra Fría, por lo cual dejó de ser la potencia hegemónica. En consecuencia, debe prepararse para un mundo más caótico, en el cual emerge una nueva bipolaridad, ahora con China. Esta línea se viene edificando desde la gestión de Barack Obama, pero ahora adquirió una nueva intensidad. 

Joe Biden y Barack Obama. Fotografía: Lynne Sladky – AP 

El segundo, que en ese nuevo diseño global el mundo se distribuye en áreas de influencia, y la región donde Washington proyecta su ascendencia es inevitablemente el continente americano, por geografía, por historia y por razones de seguridad. Es la versión Trump de la vieja doctrina Monroe, con la diferencia de que la potencia a repeler no es Europa, como en 1823, sino China, que ya extiende su dominio por Asia.

Y el tercer replanteo, derivado de lo anterior, es que Estados Unidos reemplaza su histórica visión hemisférica horizontal, que la unía esencialmente a Europa, por una concepción hemisférica vertical, que va desde el Ártico hasta la Antártida. Desde la perspectiva trumpista, Europa ha dejado de ser confiable como aliado incondicional y sus prestaciones en materia militar han mermado. En consecuencia avanza hacia un desacople que se expresa en las tensiones dentro de la OTAN, aun cuando la amenaza de Rusia haya aumentado tras la invasión a Ucrania.

Pete Hegseth, secretario de Guerra, llega a una conferencia en el Comando Sur. Fotografía. Rebecca Blackwell - AP. 

Complementariamente el Pentágono analiza un cambio fuerte en su operatividad al evaluar la unificación del Comando Norte (cuya área de acción es América del Norte y el Caribe, donde se encaran los problemas más críticos: inmigración y narcotráfico) con el Comando Sur (para América del Sur), en un único Comando Hemisférico, avanzando hacia una seguridad continental integrada. También prevé una actualización de su doctrina, a partir del reciente recambio en el Colegio Interamericano de Defensa, que reúne a militares y diplomáticos de la región, bajo la órbita de la OEA. Allí acaban de dejar la conducción en manos de un general del Comando Sur que tiene como misión adaptar la orientación de la institución a la nueva cosmovisión.

Dentro de este marco conceptual, una obsesión recurrente de Trump son los pasos interoceánicos, porque son los que le permiten dominar los mares que rodean y protegen el continente americano, frente a un programa naval de China que ha venido creciendo sostenidamente en los últimos años. 

Un avión con Donald Trump Jr. aterriza en Nuuk, Groenlandia, en enero de 2025. Fotografía: Emil Stach - Ritzau Scanpix Foto. 

Por esa razón, amenazó con invadir Groenlandia, hasta que logró que le habilitaran la instalación de tres bases militares en la gigantesca isla. Después presionó fuertemente a Panamá para expulsar a las empresas asiáticas de la logística del canal y lo declaró una prioridad de seguridad nacional, aunque por ese cruce sólo pueden pasar embarcaciones comerciales, no buques de guerra, que por su dimensión y calado requieren de otra profundidad.

Y es allí en donde emerge la gravitación del último paso interoceánico, compuesto por el estrecho de Magallanes y el pasaje de Drake al sur de la isla de Tierra del Fuego, que no sólo es uno de los seis pases estratégicos a nivel global, sino que es uno de los mejores lugares para operar y esconder submarinos balísticos, en casos de crisis.


Cruce de camiones por el Estrecho de Magallanes. Fotografía: Hernan Zenteno - La Nacion.

Bajo esta lógica, para Estados Unidos se transformó en un objetivo garantizar la gobernabilidad del cono sur, que significa alejar la amenaza china, contar con socios confiables y establecer una presencia disuasiva más visible.

Y esta mirada no está atada exclusivamente a una dimensión militar, sino también a otro aspecto estratégico que es asegurar cadenas de suministro para las economías del futuro, en un contexto global que se ha vuelto demasiado inestable.

Por eso ahora incorpora un plano adicional a su mirada cuando transforma en un factor de seguridad a la energía y a los minerales críticos (la Argentina suministra hoy el 58,8% del carbonato de litio que importa EE.UU.), y cuando proyecta la importancia de la Patagonia como un lugar propicio para la instalación de empresas tecnológicas que son aliadas directas de la administración Trump, las que además del frío y el agua requieren también estar lejos de las zonas de conflicto. El que maneja la energía, la tecnología y los datos, gestiona un poder que ahora desafía la clásica prevalencia militarista.


La Base Marambio es la principal estación científica y militar permanente que Argentina mantiene en la Antártida. Fotografía: Instituto Antártico Argentino. 

En esta mirada más integral, opera un cambio fundamental: a diferencia de lo que ocurría hace 100 años, hoy la Argentina tiene objetivos mucho más complementarios con Estados Unidos, que requiere una provisión continua de energía, alimentos y minerales, sin importar al mismo tiempo el desorden que emana de proveedores tradicionales como Rusia o Medio Oriente. Todos estos tópicos vienen siendo motivo de conversación diplomática, a veces reservada.

Los acuerdos de Thiel.

Trump realizó en menos de un año tres gestos económicos muy fuertes de apoyo a la gestión de Milei. Intercedió para lograr un nuevo acuerdo con el FMI, lo rescató con un swap de urgencia antes de las elecciones y lo respaldó en el juicio por YPF. Ayudó al Gobierno en sus urgencias como ninguna otra administración norteamericana lo había hecho en su historia. Pero al mismo tiempo impulsó sus objetivos menos inmediatos y se movió para correr a China del proyecto de un puerto y una base integrada en Tierra del Fuego, profundizó una serie de ejercicios militares con la Argentina y avanzó en un esquema de cooperación que tuvo un punto culminante con la habilitación de la venta de los aviones F16.


Donald Trump y los presidentes aliados de la región firman el acuerdo antinarco conocido como Escudo de las Américas. Fotografía: AP. 

Además, en los últimos dos meses Estados Unidos avanzó en dos acuerdos de hondas implicancias para el país. El primero fue un pacto regional que se firmó en marzo en Doral, Florida, que se conoció como el “Escudo de las Américas”. Allí 12 países, incluida la Argentina, se comprometieron a disponer del uso de la fuerza militar para desmantelar organizaciones criminales transnacionales y el narcoterrorismo. En los hechos, es un puente de ingreso de las fuerzas norteamericanas, en coordinación con los gobiernos de la región, para poder intervenir frente a una amenaza creciente para la estabilidad hemisférica. La presencia allí del ministro de Defensa, Carlos Presti, pareció desbordar la discusión legal que existe en la Argentina sobre los límites de la acción militar en cuestiones de seguridad interna.

Este compromiso tiene un efecto colateral inevitable: enturbia el vínculo con Brasil, que no adhirió al convenio y que desconfía de las intenciones de Washington. En Itamaraty, la cancillería brasileña, ven con preocupación la apertura generosa que la Argentina le ofrece a Estados Unidos en la región, porque altera un equilibrio implícito en la relación bilateral.


Acuerdo que firmaron el ministro de Defensa, Carlos Presti, y el embajador de EEUU, Peter Lamelas. Fotografía: Ministerio de Defensa.
 

El segundo acuerdo se firmó hace un mes entre Presti y el embajador norteamericano, Peter Lamelas, y atañe específicamente a cuestiones de defensa. Argentina quedó en línea para participar de un programa de adquisición de drones, y al mismo tiempo se estableció un compromiso de abastecimiento de combustible para buques militares en condiciones preferenciales, que los estrategas relacionaron con el interés de EE.UU. en el Atlántico sur.

Pero en este entendimiento, se incluyó un párrafo que no se difundió públicamente. Es el que hace mención a que la cooperación de Estados Unidos va a ser canalizada a través de la empresa Arsoft US “junto a sus empresas asociadas” MeetKai, XRF.AI y el Grupo Arecco. Es decir que el acuerdo incluye a los contratistas designados, como suele imponer el Pentágono. Presti incluso participo de una exhibición de esas empresas hace más de un mes.

El Ministro @tgcarlospresti visitó la demostración de sistemas de Inteligencia Artificial para las Fuerzas Armadas, presentada en el marco de la cooperación con los Estados Unidos por Arsoft US, junto a sus empresas asociadas MeetKai y XRF.AI, y Grupo Arecco. 

Esas compañías son proveedoras de software específicos e inteligencia artificial del Pentágono y operan en el mismo ecosistema de tecnología para la defensa que aporta Palantir, la empresa del magnate Peter Thiel. “Thiel es el principal socio en tecnología militar de la administración Trump. Está claro que en el acuerdo de Defensa que se firmó tendrá un rol importante. De todos modos, lo más preocupante es su posible participación en el proyecto de gemelos digitales, porque eso le permitirá un acceso ilimitado a todos los datos personales”, explica un importante exfuncionario de la gestión libertaria. 


Peter Thiel, CEO de Palantir ingresa a la Casa Rosada para reunirse con el presidente Javier Milei. Fotografía: Hernan Zenteno - La Nacion.

Para algunos sectores militares y diplomáticos la eventual influencia de Thiel es una expresión de algunos problemas de fondo que rodean al vínculo privilegiado entre la Argentina y EE.UU. En primer lugar, la natural asimetría en los acuerdos, producto de la disparidad de capacidades de ambos países, que desde una mirada convencional marca una resignación de cuotas de soberanía por parte de la Casa Rosada.

Esto se complementa con cierta precariedad jurídica que envuelve este proceso. Por ejemplo, el pacto antinarco de Doral y el acuerdo bilateral de Defensa no pasaron por el Congreso. Tampoco tuvo debate legislativo el ingreso de tropas extranjeras para la realización de ejercicios militares, ya que sólo se habilitó por decreto. Estas limitaciones son las que hacen dudar de la continuidad de esta convergencia una vez que Trump y Milei no estén más en el poder.


La Unión del Personal Civil de la Nación (UPCN) reclama por la obra social de los militares. Fotografía: UPCN.

Y el tercer aspecto reside en las dificultades presupuestarias que tienen las Fuerzas Armadas, que contrastan con el nivel de integración que propone EE.UU. La Argentina destina menos del 1% de su presupuesto a la defensa (y el 80% se va en sueldos), muy por debajo de países como Chile o Brasil, y tiene graves problemas operativos, como haber dejado de contar con un portaaviones, haber perdido su capacidad submarina y haber resignado su potencial aéreo. Hoy se reproducen las bajas militares por los magros salarios y acecha una crisis en la obra social por una deuda abultada. Parece regir una disonancia entre estos problemas domésticos y la vocación por transformarse en un aliado preferencial de la principal potencia global.

Malvinas.

Nunca el gobierno y los medios británicos habían reaccionado en modo tan inmediato respecto de una noticia sobre las islas Malvinas como cuando a fines de abril se filtró un mail del Pentágono que hacía referencia a un posible cambio en la postura de EE.UU. sobre el conflicto. No sólo influyó el hecho de que se difundiera en una agencia de noticias de origen inglés, como Reuters, sino principalmente con que el mensaje partió del corazón de Washington, no de una embajada o una fuente periférica. El episodio fue interpretado con profunda seriedad en Londres, como pocas veces ocurre. 


Donald Trump con el primer ministro británico Keir Starmer, durante su última visita a Inglaterra. Fotografía: Evan Vucci – AP.
 

La razón evidente de ese mensaje, que después el secretario de Estado, Marco Rubio, intentó minimizar, fue expresar el malestar de Trump por la reticencia de Gran Bretaña a facilitar operaciones militares norteamericanas en la isla Diego García, en el marco de la guerra contra Irán. Por eso la mención a las Malvinas en este contexto pareció más un intento de provocación que un replanteo serio.

Sin embargo, algunos actores de la diplomacia militar, tanto argentina como estadounidense, sugieren no interpretarlo tan superficialmente, no porque haya un giro en ciernes, sino porque proponen enmarcarlo en el contexto de los nuevos lineamientos geoestratégicos de la Casa Blanca.


La base militar de Mount Pleasant, la fortaleza construida por Gran Bretaña tres años después de la Guerra de las Mavinas. Fotografía: Mauro V. Rizzi - LA NACION. 

Bajo esta óptica, la disputa por la soberanía de las islas es una cuestión menor en comparación con el objetivo de Estados Unidos de garantizar su dominio en el Atlántico Sur y replegar a China. Por eso Washington estaría inclinado a favorecer un acercamiento entre la Argentina y Gran Bretaña, bajo su paraguas. Por ahora sin más implicancias a futuro que la vocación por remover obstáculos y actuar en forma conjunta en cuestiones como la pesca ilegal, el paso seguro por Drake y la logística fluida hacia la Antártida (cuyo tratado debe ser revisado en 2048, en un contexto de revalorización de su potencial mineral).

La primera expresión de este cambio de prioridades se produjo con la venta de los aviones F16, a la que Gran Bretaña siempre se había opuesto, pero a la que ahora debió ceder por la presión de Trump. Algunos expertos incluso destacan que se trata de la versión más moderna y mejor equipada de esos cazas, un factor que siguieron atentamente en Londres y en Santiago (Chile realiza anualmente ejercicios militares con los británicos en el estrecho de Magallanes, por ahora sin generar quejas formales de la Argentina).


Javier Milei participo de ejercicios navales combinados a bordo del portaaviones USS Nimitz de los Estados Unidos. Fotografía: Presidencia. 

El conflicto por las islas Malvinas quedó así expuesto a un cambio de paradigma mucho más amplio que impulsa Trump, y que probablemente en algunos aspectos trasciendan a su gestión. El gran interrogante en este aspecto es: ¿está la Argentina en condiciones de interpretar el sentido más profundo del cambio geoestratégico que experimenta Estados Unidos? ¿O se contenta con los beneficios de corto plazo que ofrece la administración republicana?   



domingo, 5 de mayo de 2024

El Gobierno. Vieja casta, viejos vicios… @dealgunamanera...

El Gobierno. Vieja casta, viejos vicios…

La ‘voz’ de los libertarios, Nicolás Posse. Dibujo: Pablo Temes.

Los primeros meses de gestión tuvieron elementos en común: falta de operatividad y destrato a los profesionales que se incorporaron.

© Escrito por Nelson Castro el sábado 04/05/2024 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Hubo aplausos en la reunión de gabinete del jueves pasado que formalmente encabezó el jefe de Gabinete, Nicolás Posse –más conocido como “el Mudo”, según el apelativo de amplia circulación por los pasillos del poder– pero que, en los hechos, fue manejada por “el Jefe”, es decir Karina Milei. Las internas en el seno del Gobierno se incrementan día a día.

Las críticas al jefe de Gabinete son continuas. Habrá que prestarle atención a la exposición que hará en los próximos días en la presentación del informe que debe hacer ante los senadores. Su figura se ve opacada por la intensidad de Santiago Caputo, que ha conformado un tándem con el ministro del Interior, Guillermo Francos. Ambos tuvieron un rol destacado en las conversaciones con los sectores dialoguistas de la Cámara baja. Las internas no solo se viven en el seno del Poder Ejecutivo. En el Congreso, el oficialismo muestra pujas por doquier. Por eso el bloque está tan deshilachado como producto de relaciones humanas muy complejas. “Todo se hace más difícil cuando la cúpula del poder parece estar blindada por dos o tres personas y las órdenes se bajan verticalmente, como si fuésemos soldados. Está claro que alguien debe tener la última palabra pero el ejercicio de la cohesión y la camaradería sigue estando ausente”, graficaron en el despacho de un legislador. Esto no será un problema mayor mientras los resultados sigan siendo positivos pero puede resultar un boomerang en época de vacas flacas.

Algo más que discursos

El motivo de la euforia actual fue la media sanción que la Cámara de Diputados le dio al proyecto de ley Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos. La así llamada “ley ómnibus”, devenida en “ley minibús”, constituye el instrumento esencial que necesita el Gobierno para avanzar con su gestión. “Lo que se aprobó es lo posible”, reconoció un conspicuo miembro del Poder Ejecutivo. Ese es un dato de la realidad política que refleja los límites que tiene Javier Milei. La expresión más brutal de ese hecho la reflejó Federico Sturzenegger –el padre del mamotreto hecho proyecto de ley–, que puso blanco sobre negro lo que representa lo aprobado en la maratónica sesión legislativa del martes: sindicatos 1-Milei 0.

Efectivamente, el corazón de la reforma laboral se fue a la basura. Los sindicatos festejaron en silencio la continuidad de los aportes solidarios que cada trabajador debe hacer a su gremio aunque no esté afiliado. Lo mismo ocurrió con la ausencia de sanciones a los bloqueos empresariales. Entre otras cosas, la llamada caja sindical ha quedado intacta. “Ese era el límite para garantizar la paz en la calle. Más allá del paro agitado por Pablo Moyano, los muchachos se quedaron más tranquilos”, atinó a decir una fuente cercana a la CGT sin ponerse colorada. Para que se vea con mayor claridad. El último borrador incluía un capítulo laboral muy parecido al DNU 70, por eso los sindicalistas exigieron encontrarse con Santiago Caputo y con el diputado Miguel Ángel Pichetto, y acordaron la marcha atrás del oficialismo. Los artículos de modernización laboral eran 58 y quedaron solo 16, sin la presencia de los puntos objetados por la CGT. No significa que lo que quedó no sea importante. Lo que sobrevivió fue el intento de quitarles a esos dirigentes sindicales el privilegio y el poder que les da el manejo de las multimillonarias cajas de las cuales viven y con la cuales mantienen su poder. Ese era un objetivo importante de la reforma que, una vez más, quedó archivado. Es lo mismo que les pasó a los expresidentes Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa.

La media sanción del proyecto de ley fue producto de la negociación. Es otra de las moralejas que dejó el trámite parlamentario. El agradecimiento del presidente a Miguel Ángel Pichetto, a Cristian Ritondo y a Rodrigo De Loredo es una muestra inequívoca de ello. Pichetto está llamado a tener un creciente protagonismo a lo largo del mandato de Milei. Por las dudas, ya se ocupó de quitarle dramatismo a la posible vuelta a Diputados del proyecto de ley si es que en el Senado se aprueba con modificaciones.

Disonancia cognitiva

La negociación en la Cámara alta será ardua. El kirchnerismo se juega una carta clave: si alguno de sus integrantes no cumple con la orden de cerrar filas que ha bajado Cristina Fernández de Kirchner, la mengua de su poder se acentuará. Su reaparición en Quilmes mostró esa decadencia y una necesidad, cuya consecuencia es la interna que crece con Axel Kicillof, a quien se encargaron de ningunear, impidiéndole estar en el escenario para que no pueda ganar protagonismo. El kirchnerismo duro está malherido y sus movimientos internos apuntan a la cristalización de una nueva figura que, por ahora, se parece bastante al gobernador de la provincia de Buenos Aires. No está dicha la última palabra pero la puja con Máximo Kirchner sigue abierta y las desprolijidades en el seno de núcleo K continúan a la orden del día.

Tampoco en el oficialismo son demasiado puntillosos. Los primeros meses de mandato han dejado un denominador común en distintos ministerios: falta de operatividad y destrato por los profesionales que se han incorporado. En algunos casos las mañas de la política sucia propia de la casta que se dice combatir recayeron en gente calificada a quien se utilizó deliberadamente para ajustar personal, ordenar secretarías y direcciones, y luego fue dejada en la calle para que sus puestos sean ocupados por los amigos del poder. Más casta no se consigue.

Cuando la política se humanice, los viejos vicios podrán empezar a cambiar de verdad.