Lo dice el Doctor José Abásolo, perito psiquiatra, ex director del BORDA, luego de analizar, según él, más de 100 videos del Presidente.
© Publicado el jueves 02/10/2025 por la Revista Digital Politicar de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.
La Psicosis Crónica es una alteración mental grave y prolongada en la que la persona pierde el contacto con la realidad. Se caracteriza por la presencia constante de delirios, alucinaciones y desorganización en el pensamiento, afectando la vida diaria, las emociones y la convivencia social a largo plazo.
Síntomas principales
Alucinaciones: Ver, oír o sentir cosas que no
existen en el mundo real.
Delirios: Creencias falsas e fijas que no
cambian a pesar de las pruebas lógicas.
Pensamiento
desorganizado: Habla
confusa, cambios bruscos de temas o dificultad para comunicarse.
Aislamiento
social: Falta
de motivación y pérdida de interés en las actividades cotidianas.
Causas
comunes
Esquizofrenia: El origen más frecuente de los
cuadros psicóticos crónicos.
Trastorno
esquizoafectivo:
Combinación de síntomas de esquizofrenia y trastornos del estado de ánimo.
Trastorno
bipolar: En sus
fases más graves puede incluir síntomas psicóticos persistentes.
Daño
cerebral o factores neuroquímicos: Alteraciones biológicas profundas o consumo
prolongado de sustancias.
Tratamiento
y manejo
Medicamentos
antipsicóticos: Ayudan
a controlar las alucinaciones y los delirios.
Psicoterapia: Apoyo psicológico para mejorar
las habilidades sociales y el manejo del estrés.
Rehabilitación
psicosocial:
Programas para integrar al paciente a la comunidad y mejorar su autonomía.
El Dr. José Antonio Abásolo es un reconocido
médico psiquiatra argentino, famoso por su destacada carrera de 50 años en la
salud mental y su labor como perito psiquiatra forense en la justicia de la Provincia de Buenos Aires.
Trayectoria Destacada
Rol en el
Caso Cabezas: Su
intervención fue clave en el juicio por el asesinato del fotógrafo José Luis Cabezas.
Diagnosticó con mitomanía (Síndrome de Duprés) al testigo falso Carlos
Redruello. Esto ayudó a que la investigación apuntara al empresario Alfredo
Yabrán.
Servicio Público: Trabajó más de 30 años en el Poder Judicial
argentino antes de jubilarse. Su padre y su familia también han estado
fuertemente ligados a la psiquiatría y al Hospital Borda.
Análisis
Políticos: Ha
cobrado notoriedad pública reciente por dar su opinión médica profesional sobre
la salud mental de figuras públicas, incluyendo análisis sobre el presidente
Javier Milei.
Javier Milei.
Abásolo: “El
Presidente no está bien y su salud mental debe ser evaluada”…
Forense de trayectoria y docente universitario, José Abásolo repasa su carrera —del Borda a su pericia clave en el caso Cabezas— y explica por qué, desde la psiquiatría forense, pidió una evaluación clínica del presidente Javier Milei. En una entrevista coproducida por Politicar Magazine y Los Dos Lados Psicosis, plantea un debate público sobre salud mental, lenguaje y responsabilidad institucional.
© Escrito por la Licenciada Karina Agüero (Los Dos Lados Psicosis)
KA: Nos parece muy importante comenzar la entrevista con su trabajo, su desempeño profesional, que es muy extenso y que se desempeñó como perito en psiquiatría forense.
JA: -Me recibí
de médico en 1976, especializado en psiquiatría en 1980, disciplina a la que
siempre estuve vinculado. Mi padre fue médico psiquiatra y fue director del
Hospital Borda. Con orgullo digo que mis hijos tienen padre, abuelo y bisabuelo
psiquiatra. Porque por parte de mi señora, el abuelo de ella era un psiquiatra
de Río de Janeiro, Antonio Xavier de Oliveira, que escribió muchos libros y fue
diputado en su época. Mi especialidad es lo que más me gustó. Conocí el Borda
en el año 1959. Era otro Borda, se llamaba todavía Hospicio de las Mercedes.
Tengo casi 74 años y voy a cumplir 50 de psiquiatra. Después me casé,
tengo cinco hijos también médicos y abogados, y casi 13 nietos porque hay uno
en camino también. Siempre quise formar una familia, era un desafío glorioso.
Lo viví siempre de esa manera y gracias a Dios ocurrió.
-Es
maravilloso lo que está diciendo porque la familia fue perdiendo lugar en los
últimos tiempos.
-La familia no son solo células de la sociedad, es una comunidad
de vida, de amor y escuela de virtudes. En realidad, si la educación es
conducir a una persona hacia el lado de la virtud, ¿qué mejores docentes que
los padres? Docentes afectivos, docentes intelectivos y volitivos también,
porque en general el padre y la madre, ambos, en su compromiso con lo familiar,
constituyen un modo de convivencia que después los hijos seguramente lo tengan
internalizado y puedan con eso iniciar sus propias familias. Y yo lo he podido
experimentar. Trabajé 23 años en el Poder Judicial hasta que me jubilé y muchos
años en el Hospital Borda como médico interno y jefe de guardia. Ingresé por
concurso en el Poder Judicial, donde me tocó todo: esfera laboral, civil y
penal. Mi vida se vinculó con homicidios, violaciones, problemas laborales que
generan, por ejemplo, trauma físico, evaluar en qué estado se encuentra a los
efectos de informarle al Juez o la Cámara sobre qué patología tiene el
individuo, qué grado de deterioro, qué grado de incapacidad. Si la gravedad de
la enfermedad mental demanda una tramitación de insania y que el Juez nombre un
curador. Es el universo en el que más me dediqué, pero empecé por el hospital
psiquiátrico.
-Es
interesante escucharlo porque siempre se refiere a los pacientes con palabras
muy amorosas, de acompañamiento, y es bastante poco común, aunque debería
serlo.
-Los que nos formamos en hospitales sabemos que la esencia dice:
"no curas, mejoras; no mejoras, acompañas". Siempre me gustó estar
cerca del enfermo, si así no fuera no podría hacer nada para sanarlo. Los
acompañaba, tocaba la guitarra con ellos, cantábamos, hacíamos terapias de
apoyo, porque en un esquizofrénico que lleva 30 años internado, como me pasó a
mí encontrar expedientes de 30 años e incluso 40 o 50 años, con médicos que los
atendieron que ya habían muerto, pacientes que alcancé a tratar que hacía desde
los años 1930 que estaban internados. La compañía es fundamental: los cuidamos,
cobijamos, los acompañamos y nos reímos con ellos. Esa es la posición humana
del espíritu del médico. La empatía es captar el sentido de una vivencia ajena
y hacerla propia. Es poder decir, en manos de un poeta: "ya no hay dolor
que al mío no responda, ni corazón que en mí no esté latiendo, ni lágrima de
amor que se me esconda". Cuando ocurre eso en el espacio vivencial es que
estoy sintiendo capacidad afectiva que no todo el mundo tiene. Por ejemplo, los
psicópatas. Los psicópatas carecen de empatía: conocen el precio de todas las
cosas, pero el valor de ninguna. Sensualistas sin corazón, razonadores sin
espíritu.
-A mí lo
que guio toda mi práctica y todo lo que yo pude pensar y hacer con mi esposo
fueron a partir de palabras de Lacan, como por ejemplo “no retroceder ante la
psicosis”, cada persona es un universo.
-Hay psicosis que pueden tratarse con ese abordaje. Los que son
impermeables a la terapia son los psicópatas, que son la pesadilla de la
psiquiatría forense. Buscan poder, riqueza, lo poco lírico que son, manipulan
al otro, pasan desapercibidos, incluso tienen lo que se llama un atractivo
superficial, digamos, son embaucadores. Pero son psicópatas. Antiguamente no
los llamaban psicópatas, eran los perversos. Después, en Inglaterra, se los
llamó “insanos morales”. No deliran, pero carecen de orden valorativo: el otro
es un objeto, no es un prójimo. Luego los americanos comienzan el DSM buscando
tipificar, pero somos seres que vivimos en un devenir constante. No es que
somos una foto, somos una biografía, estamos siendo, somos ser y tiempo.
-En la psicosis muchas veces ocurre que cuando la persona está muy descompensada también los demás son como objetos. Recuerdo una escena de Javier Milei, donde un niño se cae desmayado en el escenario y el presidente, lejos de sostenerlo, lanza una broma al público. Para mí, un perverso hubiera sobre actuado la ayuda, agarrando al niño, conteniéndolo para quedar valorado ante los demás y ser el centro de atención. Milei ni siquiera registró la caída del chico, donde un perverso hubiera visto una oportunidad de destacarse, para él no representó nada. La lectura que hizo de la situación también es extraña: hay un pibe en el piso y él expresa “dije zurdos y se desmayó, ¿no?”. Una broma, pero además un registro extraño, delirante con respecto a la situación, donde el otro no es otro. Pero no como en el perverso que usa la situación para manipular y llevarse provecho.
-Bueno, él seguramente será producto de su biografía también. Él denunció a sus padres con un término: progenitores. A este hombre le faltó ternura para no llamarlos papá y mamá o padre. Eran gente mala, sin dudas, pero progenitores me parece una extravagancia del lenguaje. ¿Por qué insisto en el lenguaje? Porque somos lo que decimos y cómo lo decimos. El lenguaje es lo que habitamos, es el pensamiento interior. Por eso, degradar el idioma es degradar lo humano. Noto en el lenguaje de los políticos el insulto, la descalificación. Hay patologías mentales que no tienen frenos inhibitorios en su verbo y esa falta hace que digan cualquier cosa, sin medir las consecuencias de sus acciones. Por eso siempre me gustaron nuestros escritores. La poesía cura por belleza, mejora por belleza.
-¿Sabe que no pude dejar de pensar? Estuve leyendo el Escrito 1 de Lacan que empieza con una frase de Buffon que él retoma: “Le style, c'est l'homme même”, “el estilo es el hombre mismo” o sea, “el lenguaje es el hombre mismo. Y me pareció una frase que no se suele escuchar, maravillosa y no me la podía parar de repetir. En las clases más vulnerables hay más violencia física, menos uso del lenguaje y más cuerpo comprometido.
-Exactamente, tal cual usted lo dice. Por eso la importancia de las palabras: inculcarlas no por ilustración, sino para que lo vivan en experiencia.
-Dentro de la psicosis hay síntomas que se llaman negativos, donde hay un aplanamiento del lenguaje y un aplanamiento afectivo, donde el lenguaje deja de tener sonoridad, de tener entonación, de tener ese ritmo que le da justamente la emoción, ¿no? Y esto es lo que usted recupera. Qué interesante recuperar eso por medio de la poesía en la psicosis, por ejemplo.
-La mejor definición de locura no la dijo precisamente un psiquiatra, la dijo Chesterton: "el loco ha perdido todo menos la razón". Lo que pasa es que su razón fue arrancada de la raigambre vital. Es una razón que opera en vacío, es una razón desafectada, en la forma grave de la locura. Porque les vuelvo a decir: no hay una locura, hay muchas, hay gente que está en puntos intermedios. Una persona paranoide, un poco desconfiada, no es una psicosis paranoica. Entonces, no es fácil tampoco, porque una persona que verifica si la puerta está cerrada una vez, ya es un neurótico obsesivo que es complejo. Es lo mismo que cuando una idea se solidifica y es sobrevalorada, se convierte en una idea delirante.
-Usted fue muy valiente realmente al decir algo que nadie se anima, como que todos rodean, todos lo saben, todos lo ven, pero nadie lo quiere decir.
-El Quijote, en los diálogos con Sancho, insiste mucho en esos monstruos que hay que combatir, que son el miedo, la injusticia, la mentira. Y nos apartamos de la verdad por esos cuatro caminos: por la mentira, por el error, por la confusión y por la ignorancia. Si no lo dijera sería una omisión. Milei no es mi paciente, pero ejerce la primera magistratura de la República, es el representante de los argentinos. No todos tienen el entrenamiento, el tino, el ojo para reconocer si tiene un problema en su personalidad. En este caso, yo lo hago para advertir. Entonces sugiero que se lo vea, que se haga un diagnóstico, que se lo evalúe para seguridad propia y de terceros, porque él, como enfermo, es vulnerable a los inescrupulosos. Pero yo no le veo otra salida más que se lo examine. Esto no es una falta de respeto: lo digo como médico psiquiatra que conoce de trastornos mentales. Siempre tuve que ver gente y examinar a pedido de juez y sin pedido de juez. En este caso, él tiene una gran responsabilidad.
La relación médico-paciente no es la relación del psiquiatra forense con la
cosa pública. El señor Milei no es un paciente mío porque en ese caso existe el
secreto profesional, pero como forense no me puedo omitir: tengo la obligación
de decir lo que yo veo como irregular, que se evalúe y se corrobore por otros
médicos. Secreto profesional en el orden jurídico no existe: es información
pública. En el consultorio es otro mundo. No obstante, él también ventila su
interioridad, cuenta con quién se acuesta, que si hizo un trío, como esos
personajes de la escena que orbitan a su lado. Se siente en un escenario, se
subió a una actuación y no baja a la realidad.
-Yo noté
que se fueron sumando síntomas: desde que asumió aumentó el nivel de
intolerancia, los insultos, el estado de ánimo siempre alterado. Se publicaron
dos biografías donde se habla de delirios, síntomas negativos que le habían
visto, como que no se bañaba, cuestiones que están en relación con un cuadro
psiquiátrico. Uno de los amigos salió a decir que tomaba medicación, todas
cosas que empañan y no aportan claridad. ¿Es posible esto?
-A mí no me extrañaría que esté recibiendo psicofármacos. Yo, como médico, no lo sé. Por eso en la pericia psiquiátrico-forense se estudia psicopatobiografía. Entonces, hay auxiliares, asistentes sociales que van a su casa, se estudian sus antecedentes clínicos y mentales, si estuvo o no estuvo internado. Toda esa información un Juez puede conseguirla. Un psiquiatra privado puede ampararse en el secreto profesional. Entonces, en ese caso no. Pero puede haber testimonios de gente que lo ve con comportamientos anormales. Los mismos padres pueden contar sobre su biografía y así se va armando un psicodiagnóstico. ¿Por qué puedo ver y puedo opinar sobre la personalidad? Porque los psiquiatras tomamos el discurso y el comportamiento, las acciones, los modos afectivos, la forma de relación, la grandilocuencia: “Yo vengo a liberar al pueblo judío desde acá”, “el Papa es un imbécil, es el representante del maligno”. Carece de moderación. Hay síntomas visibles como la megalomanía, una sobrevaloración de sí mismo, autorreferencialidad, desconfianza, narcisismo, histrionismo, falta de empatía.
Karina Agüero es psicopedagoga, especializada en psicoanalisis y psicoeducadora.
-Si lo diagnosticaran, tuviera un trastorno psiquiátrico y lo compensaran, ¿podría seguir siendo presidente?
-No lo creo, pero no soy el médico actuante. Otro rasgo es el misticismo exacerbado, por eso dije que mi diagnostico presuntivo es que padece una psicosis crónica con delirio polimorfo y que aclaro debe ser corroborado. Milei tiene un convencimiento casi impermeable a la crítica. La gente lo tomará como un chiste porque está acostumbrada a la televisión, al Gran Hermano donde aparece cualquier cosa, donde hay lenguaje, pero no hay contenido. La sociedad se acostumbra al espectáculo de circo, en todos lados se grita, se insulta, hasta en los programas periodísticos. ¿Cómo disimula un elefante en la calle Florida? Soltando 1000 elefantes, y entonces no se sabe cuál es el que buscamos. Cuando aparece un personaje así, disruptivo, no es extraño que sea aceptado, porque hay una naturalización del estado de cosas.
-Desde aquí decidimos
psicoeducar reconociendo síntomas, y que eso no es diagnosticar, pero es una
forma: reconociendo síntomas pueden llevar, por ejemplo, a un familiar a que
sea evaluado, porque si no llegan cuando la persona ya está muy descompensada y
la tienen que internar involuntariamente. Por eso, la importancia de reconocer
las alarmas de forma temprana.
-Esas son las experiencias psicóticas primarias, por ejemplo, la
alucinación: un hombre que escucha voces internas, o empieza a decir que lo
persiguen, o se lo ve retraído, que no quiere hablar con nadie, que no se
muestra afectivo, que no come. Todo lo que es cambio de conducta que llama la
atención, que empieza a intuir cosas que no existen, pérdida de concentración.
Es decir, a mí me tocó aparecer por fuerza mayor por el Caso Cabezas y ahora
con usted. Después no estoy en los medios. Me gustó lo de psicoeducación
porque, en el fondo, mucha gente ignora las cosas y si no se la informa, no se
la educa, a algunos no les gustará. Muchos amigos míos me dicen: "Pero
¿por qué hablas así del presidente? Sos Kuka". Yo también veía en la
señora que está presa rasgos en su personalidad que no condecían con lo que uno
entiende como estabilidad.
-Exacto, me
parece muy bien, porque muchas veces cuando subí los videos me decían: “Sos
Kuka, ¿por qué no hablaste cuando estaba?". Eso es lo más leve que recibí.
-Por eso cambié: Kirchner es una realidad carcelaria y Milei es una realidad psiquiátrica para estudiar. Punto. El que se enoja y dice: "No, pero usted lo que pasa es que parece un discurso político más que un psiquiatra", yo me remito a la realidad. La realidad es esa: que ella está en la cárcel y que él necesita asistencia. Comienza el ataque, la falacia ad hominem para refutar argumentos. Contrarguméntenme si no hay en Milei narcisismo, si no hay megalomanía, si no hay ideas autorreferenciales y demás síntomas que expresé y si lo pueden refutar. El Presidente de la Nación no está bien. Tampoco me gusta el que lo insulta por televisión, lo usa para pegarle golpes. No es así. Los políticos cambiaron también.
-¿Cómo es el mecanismo para solicitar una pericia?
-Hay un proceso que ya se solicitó, que es un juicio político por
insania, pero no prospera todavía en la Comisión y es muy difícil que avance.
Miren todo lo que tardó la expresidenta en ser condenada desde las primeras
imputaciones que empezaron en 2014. Imaginen esto. Ya está advertida la
sociedad: en un juicio político por insanía se le va a pedir un examen, creo
que tienen que intervenir cinco psiquiatras reconocidos, dan el informe sobre
si está en condiciones de ejercer cargos de alta responsabilidad institucional.
Punto final. Pero todo se va a ir diluyendo con el tiempo en función de los
resultados de la política. Ahora fue un golpe de agua fría con el sacudimiento
de votos, quizá haya una rectificación. Lo dudo por experiencia: él va a seguir
así. A veces pienso —opinión— que lo menos doloroso para él tal vez sea un
diagnóstico, porque la otra que le puede tocar es un juicio penal y cárcel. A
mí me acusan de que lo digo para que sea declarado inimputable. No es así. Solo
advierto lo que observo como psiquiatra forense. Para mí es una obligación
moral solicitar que sea evaluado.



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