La vida es un tablero de ajedrez donde los cuadros blancos son los días y los cuadros negros son las noches. Nosotros, somos las piezas que vamos de aquí para allá para caer al final en el cuadro de la nada... De Alguna Manera... Una Alternativa…
La receta
es conocida y la jugó hasta el cansancio el kirchnerismo. La apelación a una
causa nacional que una al pueblo frente al enemigo externo, fueron las
pasteras, los fondos buitres y las Malvinas. En la hora más baja de su programa
económico, Milei descubrió el agujero del mate. Ante la traición de Rothbard y
Hayek, que demoran en entregar el paraíso en la tierra prometido por el culto
austriaco, no queda otra que apelar a una cuerda sensible para el pueblo
argentino, con la esperanza de sumar algunos votos el año que viene cuando se
juega la reelección.
El problema
es que octubre del 2027 queda muy lejos. Pero el verdadero problema es que el
recauchutado de la política kirchnerista para Malvinas que anunció Milei, es
una impostura en un gobierno que de manera más coherente con su ideario, había
decidido plantarse en la real politik menemista en este tema
delicado.
Milei se
pasó la vida elogiando a la criminal de guerra Thatcher y ahora mismo tiene en
marcha la organización de un Argentina Week en Londres, para seducir a los capitales que operan en la City de
Londres. Libras, no misiles, que igual no tenemos. Esa era su política. Pero
ante la caída en las encuestas, el manotazo populista. De cuestionar la bandera de la Scaloneta en el partido contra Inglaterra
por "populista" y "berreta", a esta cadena nacional con
redoble de tambores, banderas y gestos adustos.
Los
anuncios, pasados en limpio, son modestos: reponer las sanciones a las
petroleras inglesas e israelíes que operan en el Atlántico Sur, que él mismo
desmontó; y crear una base militar en Tierra del Fuego, objetivo de Estados Unidos.
La tercer
pata del programa es recomponer la capacidad militar de las Fuerzas Armadas.
Para eso hace falta plata y Milei es el presidente argentino que ubicó los
salarios de los militares por debajo de la línea de la pobreza y que llevó la
inversión del Estado a casi a cero. Buena suerte con esa promesa.
La causa de
Malvinas merece mejores razones que la búsqueda de un atajo para desviar la
vista del pantano económico. Pero pasó antes y pasa ahora. Desde el punto de
vista político, su agitación suele coincidir con momentos de debilidad de los
gobiernos. Es desgraciado, pero es lo que muestra la historia reciente.
El Milei
abanderado de la economía neoliberal tildaba de populista la apelación a las
Malvinas. Expresaba una línea histórica muy discutible y hasta cipaya, pero
coherente. Hay que ser realista, la Argentina es un país pobre con una economía
destartalada, no está en condiciones de enfrentar al Reino Unido. Primero, debe
concentrarse en recomponer su fortaleza económica. El Milei presidente, con la
reelección exigida, tira por la borda su pensamiento de años y se abraza a la
causa Malvinas.
"La causa de Malvinas merece mejores razones que la
búsqueda de un atajo para desviar la vista del pantano económico. Pero pasó
antes y pasa ahora. Desde el punto de vista político, su agitación suele
coincidir con momentos de debilidad de los gobiernos."
Lo hace, por supuesto, subido a dos declaraciones al pasar de Trump, en la que fiel a su estilo transaccional, digámoslo así, buscó presionar a los ingleses porque no lo acompañan en su fallida incursión contra Irán. Es decir, Milei se apresura a ofrecerse como una pieza menor de un juego mucho más grande, que no maneja.
Esas
declaraciones de Trump fueron aprovechadas al máximo por Santiago Caputo para
reponer su lugar en la centralidad del gobierno libertario, ofreciendo un
atajo, un espectáculo político calcado del manual del Mago del Kremlin,
Vladislav Surkov. Allá y entonces fue Chechenia acá y ahora es Malvinas. Al
asesor le sirve para mostrarle a Milei que es el único con ideas en un gobierno
que se quedó sin ideas, le sirve como insumo de activación de su apagado
aparato digital y le sirve para exhibirse como un interlocutor de peso en el
gobierno argentino, ante la administración Trump.
En
Inglaterra se tomaron el tema como de quien viene. El secretario de
Defensa, Wes Streeting, afirmó: "La declaración de Milei nos dice más
sobre la política interna en Argentina que sobre las Islas Malvinas".
Mientras que el parlamentario laborista James MacCleary, no se privó de pasarle
la factura al programa libertario: "No es más que un tigre de papel, que
intenta desviar la atención de sus propios fracasos internos".
El giro
promete incomodidades al gobierno de Milei. El más preocupado es el ministro
Toto Caputo, de muy buenos vínculos con el sistema financiero de Londres, al
que apeló para instrumentar la opaca extracción del oro de las reservas del
Banco Central, de la que sigue sin dar explicaciones claras, ante la complicidad
manifiesta de jueces y fiscales argentinos.
Pero no es
el único. Las petroleras que operan en Malvinas y ahora están sujetas a
sanciones son socias de la YPF de Horacio Marin, en el proyecto más importante
de la empresa de bandera argentina. Hay una línea que va de Rockhopper a Adnoc
UK a XRG, su brazo de inversión internacional, que es la compañía que firmó con
YPF el acuerdo para el proyecto de GNL en Vaca Muerta.
Es posible
que como muchas de las causas nacionales que se han esgrimido por motivos electorales,
los anuncios de este jueves se vayan oxidando con el paso del tiempo, cuando
baje la espuma de la retórica nacionalista y las dificultades de la vida
cotidiana vuelvan a prevalecer.
Y ahí vamos
al corazón del problema político que hay detrás de la puesta en escena de este
jueves: octubre queda muy lejos y la economía no muestra signos de recuperación
importantes.
"Una economía que ajusta por cuarto año consecutivo exige
al electorado una abnegación peligrosa de descontar. Por eso, Caputo quiere aflojar,
pero lo tiene que hacer en los muy estrechos límites que le marca el culto de
atarse al mástil de Milei."
Milei está
atrapado en una realidad que desafía sus dogmas económicos y entre la realidad
y los dogmas eligió los dogmas. Un político pragmático de derecha, como su
admirado Menem, cuando tuvo que entrar en déficit para asegurarse la reelección
lo hizo sin complejos. Primero el poder, después la teoría económica.
Pero para
Milei el superávit fiscal no es un dato de la macroeconomía, es un principio de
fe, como explicó en su delirante discurso a los alumnos de la ORT, en los que mezcló
neoliberalismo y religión, al punto de argumentar que el capitalismo es el
paraíso en la tierra.
Y como para
sorpresa de nadie la recaudación cae por la caída de la actividad, el gobierno
está ingresando al calendario electoral con una baja de ingresos que lo obliga
a ajustar aún más un gasto que ya tocó el hueso. Un informe del Iaraf de Nadin
Argañaraz revela que en agosto el gasto del Estado tuvo una baja real
interanual del 8%, con una brutal caída del 63% de las transferencias a las
provincias. Ese es el núcleo del modelo político de Milei, ajustar a las
provincias, total cuanto más pobres se vuelven los gobernadores, más dóciles
esperan la próxima migaja.
Pero una
economía que ajusta por cuarto año consecutivo exige al electorado una
abnegación peligrosa de descontar. Por eso, Caputo quiere aflojar, pero lo
tiene que hacer en los muy estrechos límites que le marca el culto de atarse al
mástil de Milei. Esa tensión explica el tortuoso camino de los módicos créditos hipotecarios de la Anses
-apenas 15 mil- que el ministro de Economía tuvo que negociar por meses.
Populismo
sin plata es como geopolítica sin armas. Difícil.
No deja de
ser llamativo que las dos iniciativas que ensayó el gobierno en las últimas
semanas para mejorar su vínculo con la sociedad sean remixados de recetas
kirchneristas. Malvinas y Procrear. Pero no hay que confundirse, no es una
política de Estado, o mejor dicho, la única política de Estado en la Argentina
es políticos en el poder, haciendo cualquier cosa para quedarse en el poder.
Cuando, durante la campaña electoral de 2023 y en su discurso de
asunción del 10 de diciembre de ese año, Javier Milei reafirmó con insistencia
el fin de la corrupción y de la casta, generó una expectativa real en la mayoría
de la ciudadanía harta de las conductas de funcionarios que llegan al poder con
el único propósito de acceder a privilegios y enriquecerse. El Adornigate ha
terminado de un modo brutal con toda esa esperanza, la que ha quedado reducida
–una vez más– a una vana ilusión.
Es menester decirlo con todas las letras: Manuel Adorni mintió y evadió
el pago de sus impuestos. Evadir el pago de los impuestos es un delito. Por lo
tanto, Manuel Adorni es un mentiroso y un delincuente. Recuérdese que el
empresario kirchnerista Cristóbal López fue preso por evadir. Y, más atrás en
la historia, sobresale el caso del famoso y temible capo mafia Alphonse Capone
–Al Capone– fue preso por evadir impuestos. Surge de la narración de los hechos
de Adorni, que su condición de evasor fue mantenida en el tiempo hasta llegar
al turno del gobierno del cual forma parte. Es decir que dejó pasar el blanqueo
decretado durante la presidencia de Mauricio Macri. Al blanqueo dispuesto por
el actual gobierno, el jefe de Gabinete no podía entrar porque se lo impedía su
condición de funcionario público, para quienes esa posibilidad estaba vedada.
Por eso, lo hizo recién el miércoles último –en el régimen de la Ley
2779 - Ley de Inocencia Fiscal– al cual se han acogido varios funcionarios.
Esto ha dado pie a una candente polémica que el Adornigate no ha hecho otra
cosa que recalentar. Entre los funcionarios beneficiados por esta ley están: el
Ministro de Desregulación y Transformación de Estado Federico Sturzenegger, el
documentalista oficialista Santiago Oría, empeñado en una cruzada fatua y sin
destino contra los periodistas; el jefe de la ARCA, Andrés Vázquez; el ex
titular del ARCA, Juan Pazos; el senador oficialista José Benegas Lynch; el
economista y senador libertario, que votó la ley, Agustín Monteverde y el
embajador ante la Unión Europea y Bélgica, Fernando Iglesias, el economista y
conductor de la TV Pública Antonio Aracre; el asesor presidencial Manuel Vidal;
el asesor del Ministerio de Economía y director del BICE, Felipe Núñez; y la titular
de la Unidad Gabinete de Asesores de Adorni, Aimé “Meme” Vázquez.
En un recordado mensaje en la Red Social X, el jefe de Gabinete expresó:
“La ley de inocencia fiscal probablemente sea una de las leyes que quede en la
historia grande de nuestro país: aún no se toma la real dimensión de todo lo
que implica. Dios bendiga a la República Argentina. Fin”. Se ve que estaba
necesitando esa bendición. “Todo lo que tiene que estar declarado está
correctamente declarado, está todo impecable, lo demás son coyunturas en las
que yo no voy a entrar, ni ahora ni nunca, porque tampoco lo he hecho antes.
Gracias”, había dicho en la conferencia de prensa del 25 de marzo. Ahora está
claro que era todo mentira.
Respecto del ministro de Desregulación, en su entorno aclaran que nada
de ilegal hay en lo que hizo, sino que decidió realizar la presentación de su
declaración de Ganancias a través de esta metodología permitida por esta
controvertida ley.
La incomodidad –por utilizar una palabra elegante– de los miembros del
gabinete es indisimulable. Su silencio cómplice, también. Nadie olvida que fueron
obligados por Karina a sentarse en primera fila durante la así llamada
conferencia de prensa de marzo. A ese elenco que integraron, entre otros, el
ministro de Economía, Luis Caputo, la ministra de Seguridad, Alejandra
Monteoliva, el ya citado Sturzenegger, el ministro de Relaciones Exteriores,
Pablo Quirno, el presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, el
secretario de Comunicación, Javier Lanari, y el asesor presidencial, Santiago
Caputo, Adorni también le mintió.
El silencio del PRO –principal aliado del Gobierno– se rompió finalmente
en la tarde del viernes. El pedido a Milei para que “defienda el cambio y no a
Adorni”, representa también el pensamiento de muchos dentro del oficialismo.
Patricia Bullrich –una de las más incómodas– lo dijo con todas las letras:
“Esto es más que un error, es una omisión ética”. Le faltó agregar algo: es,
además, un delito. Parte del peronismo cordobés ya avisó que no será tan
colaborativo si siguen sosteniendo al exvocero presidencial. El daño generado
hasta aquí puede seguir en aumento.
La incertidumbre crece en ese valle de pasiones abundante en
desconfianza y enconos personales que se vive en el Gobierno. Hay, asimismo, un
interrogante: quién podría suceder a Adorni. Y allí, se entra en el mundo de
las tinieblas en el que el enfrentamiento entre Karina Milei y Santiago Caputo
se hace más encarnizado.
En la Justicia las declaraciones y la presentación del jefe de Gabinete
no satisficieron. Prima facie, ninguno de los vinculados a la investigación de
la causa, le creyeron. “No le cierra el blanco”, explican muchos tras los
primeros análisis de lo presentado por el jefe de Gabinete. “Parece una
declaración armada de adelante hacia atrás. El primer punto es el origen de los
fondos. Eso constituye el núcleo a partir del cual se edificó esta historia con
ribetes de fábula.
Las buenas noticias de la macroeconomía –baja del índice de inflación al
2,1% y el descenso del riesgo país por debajo de los 500 puntos– se las llevó
puestas el Adornigate. Por si no quedó claro: Manuel Adorni demostró ser un
mentiroso y confesó ser un evasor, es decir, un delincuente, algo de lo cual
Javier Milei no parece querer anoticiarse. Qué disociación con la realidad.
Fin.
Las semanas pasan y el affaire Adorni no decae. Por el contrario, se
complica día tras día con nuevos capítulos que sorprenden a propios y ajenos.
Javier Milei ha decidido defenderlo a capa y espada. Ha dicho a quienes lo
escuchan que lo hace porque está convencido de que, si lo entregase a Adorni
luego vendrían por su hermana Karina y, finalmente, por él mismo. En su defensa
cerril, el presidente comete errores garrafales que demuestran su falta de
información. Es lo que ocurrió en la entrevista en LN+ con Luis Majul y Esteban
Trebuq –en la que se lo vio agresivo y dubitativo– cuando trató de “mentiroso y
kirchnerista” al arquitecto Matías Tabar, que tuvo a su cargo las obras de
refacción de la casa que el jefe de Gabinete posee en Exaltación de la Cruz. Eso
no es correcto.
La prolongación del caso ha disparado las internas en el gabinete donde
los apoyos empiezan a flaquear. El más preocupado – sin dudas – es el ministro
de Economía. Luis Caputo ha tomado nota del “ruido” que este culebrón provoca
en la marcha de la economía. Nada que sorprenda. En el medio de una situación
tan llena de contrastes entre el “Affaire Adorni” y los postulados éticos de La
Libertad Avanza, eso lo debilita políticamente. El gobierno se aísla en un
momento en el que necesita apoyos para consolidarse.
Patricia Bullrich debió salir a la palestra porque su silencio ya era
estrepitoso. Le sucedió lo mismo que con el ex – diputado José Luis Espert. Al
principio calló y trató de ser indulgente con él. Pero, cuando vio que la
debacle era inevitable, eligió salir a salvar la ropa. Esa declaración, en la
que pidió que el jefe de Gabinete adelantara la presentación de su declaración
jurada, molestó profundamente a Karina Milei y alimentó su encono contra la
actual senadora. Es un encono inconducente – como todo encono – pero imposible
de apaciguar. Hay que recordar que la hermana del Presidente albergaba la
esperanza de fomentar la candidatura del jefe de Gabinete a jefe de Gobierno de
la Ciudad de Buenos Aires. Ese proyecto caducó, tal como lo hizo saber el
mismísimo Adorni. No hay tiempo posible que haga olvidar lo que hasta aquí
viene ocurriendo.
Empecinado en la defensa de su ex – vocero y ahora jefe de Gabinete, el
presidente hizo su declaración en la reunión del viernes por la tarde en la
Casa Rosada. “Prefiero perder las elecciones antes que dejar ir a un honesto”,
expresó elevando el tono de voz. No hubo sonrisas durante la arenga del jefe de
Estado. De hecho, no se vieron fotos de ese encuentro en el que, luego de
hablar, se fue sin escuchar a nadie. Esa supuesta honestidad podría haberse
demostrado de inmediato con un puñado de decisiones simples. No se hizo y el
tema escaló.
La defensa cerril de Adorni se extendió a la conferencia que dieron Luis
Caputo y la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva. “Lo de Manuel no tiene
ningún impacto en la llegada” (se refería a las inversiones), dijo al contestar
la pregunta de uno de los periodistas que lo interrogaron en la ahora
controladísima Sala de Periodistas de la Casa Rosada. No es lo mismo que lo
escucharon decir en privado algunos de los que en estos días hablaron con él.
En esos ámbitos desprovistos de cámaras y micrófonos, el ministro reconoce la
preocupación que eso genera, no por el caso en sí, sino por el daño político
que eso le está ocasionando al gobierno, daño que hoy en día, ha empezado a
generar dudas sobre la viabilidad de la reelección de Milei. Y eso sí que hace
mucho, mucho ruido. Ningún inversor importante por fuera de la energía y la
minería, arriesgará su dinero y su esfuerzo invirtiendo en un país en el cual
el así llamado “riesgo kuka” siga latente y con chances de volver con Axel
Kicillof a la cabeza. Si bien, dentro del peronismo el Gobernador bonaerense no
termina de convencer y en el kirchnerismo camporista lo tildan de traidor,
nadie debe subestimar la habilidad de quienes huelen sangre y, de manera
sorprendente, vuelven a reorganizarse. Ya lo dijo Pepe Mujica en su célebre
frase con tintes mitológicos.
El oficialismo sufre sus propias internas y eso no es ninguna novedad.
Lo nuevo está en la configuración y ampliación de esa contienda. En su génesis
La Libertad Avanza no fue un movimiento unísono. Fue más bien un rejunte que, a
pesar de la falta de figuras propias, tuvo la habilidad de organizarse en
partido político en tiempo récord. Es imposible que un fenómeno de este tipo y
con personalidades tan fuertes como extravagantes, viva en la concordia. De
movida la interna entre la hermana Karina y el asesor estrella Santiago Caputo
–hoy venido a menos– sacudió toda la estructura. El Triángulo de hierro es cosa
del pasado y la patada que Patricia Bullrich le pegó al tablero político al
desafiar al propio Presidente en la defensa de su amigo abrió el juego a una
nueva posición. Nada que sorprenda: Bullrich siendo Bullrich pero esta vez
dotada de mayor peso político y con diputados y senadores propios. Hay quienes
dan por hecho que, contra los deseos de Karina, que nunca vio con buenos ojos
los aires de independencia de la actual senadora, tendrá un lugar asegurado
como candidata en la Ciudad de Buenos Aires. Si así fuera, Jorge Macri no
tendría nada para hacer frente a un electorado informado que ya detectó el
camuflaje libertario que utiliza de un tiempo a esta parte. ¿Por qué votar la
copia teniendo a mano un postulante original?
Sin embargo, quienes conocen a la ex Ministra de Seguridad sostienen en
el off the record: “a Patricia le importa poco la jefatura de Gobierno. Sabe
que no le queda mucho tiempo y quiere coronar su carrera llegando a la
presidencia”.
En política la paciencia es una virtud necesaria, sobre todo en un
contexto turbulento que no está exento de sorpresas.
Hay determinados comportamientos de los dirigentes políticos que, útiles
o no, adquieren características de clásicos. Uno de ellos es el que ocurre
cuando algún funcionario de un gobierno cae en desgracia y se lanza a la
búsqueda de apoyos con el fin de sostenerse en el cargo.
Una muestra de esos apoyos la constituyen, entre otras cosas, las fotos
y los videos del funcionario en cuestión al lado del Presidente o miembros de
su entorno. Un buen ejemplo de esto es lo que está pasando en estos días con el
caso de Manuel Adorni, caído en desgracia a causa de las operaciones de compra
de los inmuebles en los que habita y de los viajes que realizó durante el
tiempo en que se viene desempeñando como integrante conspicuo del Poder
Ejecutivo. Así se lo vio sucesivamente acompañado por ministros y secretarios
de Estado el día en que dio su fallida conferencia de prensa en la Casa de
Gobierno, o sus fotos tanto con Javier Milei como con su hermana Karina. Todo
esto en medio de una situación que es cada vez más confusa y, por ende,
sospechosa. Es, en definitiva, un comportamiento de casta. La casta política,
de la que el Presidente y el mismísimo Adorni tantas veces han abominado. Como
dice el proverbio, haz lo que yo digo, pero no lo que yo hago. En un gobierno,
los ministros son fusibles. Por eso es que, cuando enfrentan una circunstancia
que pone en juego su honestidad, su ética y/o la eficacia de su gestión, su
mejor aporte es el dar un paso al costado hasta que, por lo menos, su situación
se aclare.
Evidentemente las cosas están funcionando al revés en la Administración
Milei. Curiosa paradoja de La Libertad Avanza, que pregonó el valor de la
transparencia a modo de un mandamiento bíblico. En el recuerdo quedó la
conducta de la ministra de Capital Humano, Sandra Petovello, cuando cesó de su
cargo inmediatamente a una funcionaria de su staff por el hecho de haber
comprado con fondos públicos una cafetera eléctrica para su despacho. Lejos de
esclarecer los hechos, los testimonios de la escribana Adriana Nechevenko –cuyo
desempeño en las escrituraciones de las propiedades compradas por el jefe de
Gabinete– junto con las de las dos policías y las dos jubiladas que fueron los
prestamistas en las operaciones inmobiliarias en cuestión, han oscurecido y
complicado a Adorni.
Una de las consecuencias de todo esto es que la interna en el
oficialismo se recalienta día tras día. Lo que es evidencia de la existencia de
una ferocidad imparable. El campo de batalla de esa ferocidad agresiva y soez
son las redes sociales. En ese universo, los partidarios de Karina Milei por un
lado y los de Santiago Caputo se destrozan sin piedad a cielo abierto.
La
claudicación ética que representa el caso Adorni para La Libertad Avanza afecta
fuertemente la imagen de Milei y de su gobierno. No hace falta recurrir a las
encuestas para advertirlo. En la opinión pública se nota un sentimiento de
decepción.
La penuria económica era esperada. Las sospechas de corrupción y
privilegios de los funcionarios, no. La inflación de marzo golpeó a Milei. Lo
reconoció sin tapujos en su discurso en la reunión anual de la Cámara de
Comercio de los Estados Unidos en la Argentina (Amcham). Fue un discurso arduo
–abundante en tecnicismos– que a muchos de los asistentes se les hizo difícil
entender. Que el Presidente haya declarado que el dato fue malo es un buen
signo de reconocimiento de los hechos. Sin embargo, hay que decir que, a dos
años y cuatro meses de comenzada la gestión, ese gesto no alcanza. La paciencia
de la ciudadanía nunca es infinita y los propios empresarios albergan más dudas
que certezas. “La economía debería estabilizarse en un camino de crecimiento
que abarque a más sectores. El Presidente está haciendo las cosas bien pero el
tiempo es tirano”, reflexionó uno de los asistentes al Summit. No lo dijo con la
seguridad de otros tiempos y ante la repregunta de su interlocutor dijo con una
sonrisa algo impostada: “Elijo creer”.
Un dato preocupa a los hombres de
negocios: la inflación no cesa aun con un dólar a la baja y con salarios
planchados. Sin poder adquisitivo en manos de los consumidores sería inútil
intentar sostener un crecimiento productivo que no encuentre demanda en su
contraparte. En los industriales parece haber cierto nerviosismo por la
parsimonia de Caputo. A su vez, empresarios de otros sectores empiezan a mirar
con buenos ojos los intentos de Federico Sturzenegger por apurar los tiempos
del rumbo que se ha trazado. El problema toma mayor dimensión cuando la mirada
se aleja del círculo rojo y desciende al resto de los mortales. La gente de a
pie la está pasando mal. “El atraso en el pago de las cuotas es una constante
de todos los meses. Los padres no pueden pagar y eso que nuestra institución es
de las más baratas por esta zona”. Quien habla es el empleado administrativo de
un colegio parroquial de la Recoleta, que, además, aseguró: “Nosotros estamos
en una zona privilegiada de la Capital, sabemos que el panorama es crítico a
medida que te vas alejando un poco más del centro”. Entre tanto, el Gobierno
debería ser más cuidadoso en su imagen, el humor social no está para bollos ni
papelones. La pelea entre el Gordo Dan y la diputada Lemoine no contribuye a
nada. Ni hablar del ignífugo secretario de Turismo y Ambiente, Daniel Scioli,
miembro destacado de la casta política de todos los tiempos, que salió a
promocionar la temporada de invierno en los centros de esquí nacionales con un
spot vergonzoso con una lluvia de telgopor simula la caída de nieve sobre su
persona.
Un dato que se conoció en paralelo: el pase diario para acceder al Cerro
Catedral será de 160 mil pesos por persona. Otra muestra de que políticos y
algunos empresarios viven en un mundo de fantasía sin ningún tipo de anclaje en
la realidad.
Es ya bien sabido que, si hay algo que a Javier Milei le encanta, es la
confrontación. Para ser más precisos, la riña. Esto tiene que ver no solo con
su personalidad, sino también con su “expertise” mediático, que forjó a lo
largo de sus años como panelista tanto de Intratables, en la época que lo
condujo Santiago del Moro, como de Animales sueltos, el programa que supo
conducir Alejandro Fantino, ambos en el canal América. Por lo tanto, quien
piense que con insultos, descalificaciones o bravuconadas lo va a intimidar o
amedrentar se equivoca de acá a Marte o el planeta que se elija.
Eso fue lo que se vio el domingo pasado durante la apertura de sesiones
ordinarias del Congreso. El peronismo y la izquierda creyeron que con sus
bravuconadas iban a amilanar a Milei. Y lo que pasó fue todo lo contrario: la
circunstancia le permitió usar su lengua filosa descargando sus
descalificaciones contra adversarios con los que se siente cómodo –muy cómodo–
ya que ofrecen flancos débiles por doquier y le regalan oportunidades
permanentemente para hacer política fácil y diferenciarse del pasado que estos
representan.
Milei se mueve
cómodo en la confrontación y aprovecha cada choque para reforzar su narrativa.
Dicho esto, de los varios adjetivos calificativos que podrían corresponderle
a lo sucedido en la Asamblea Legislativa del domingo pasado, el que mejor lo
define es bochornoso. Lamentable también aplica. Una oportunidad perdida para
exponer sus logros de manera seria, contextualizarlos y hacer foco en lo que
vendrá. No es su estilo y no lo va a cambiar salvo que la opinión pública le dé
la espalda, cosa que en el corto plazo tampoco parece posible. La oposición
–prácticamente inexistente– ha perdido la brújula hace rato. Milei lo sabe y lo
disfruta. Un capítulo aparte dentro de este “espectáculo” merece la relación
entre el Presidente y su vicepresidenta, Victoria Villarruel, con quien los
puentes están absolutamente dinamitados. Milei ya la acusa directamente de
traidora. La sorprendente historia de los vicepresidentes argentinos se repite
una vez más. Por si alguien no lo tenía claro, Villarruel ya hizo saber que de
ninguna manera va a renunciar. Tiene carácter y está decidida a aguantar en un
lugar que, lógicamente, le sigue dando protagonismo. La última pincelada con sello
propio fue su presencia en la Fiesta de la Vendimia –ayer sábado– a pocos días
de su pelea verbal con el ministro de Defensa, Luis Petri, que, como buen
mendocino, se sabía que estaría allí.
Pero el clima de pelea interna del Gobierno no se limita a la mala
relación entre Milei y Villarruel. La disputa a matar o morir entre Karina
Milei y Santiago Caputo tampoco se detiene. Esta semana el foco del
enfrentamiento fue el Ministerio de Justicia. Las tantas veces anunciada salida
de Mariano Cúneo Libarona fue el origen de este nuevo capítulo. Caputo aspiraba
a colocar en ese puesto clave al viceministro Sebastián Amerio que, dicho sea
de paso, venía trabajando desde hace tiempo para ser el sucesor. Todos conocían
sus intenciones y sus aspiraciones políticas. “Se calzó el traje antes de
tiempo” –dicen con ironía sus detractores en el ámbito de la Justicia–. El
premio consuelo resultó ser su desembarco en la Procuración del Tesoro. En la
entrevista que Cúneo Libarona le dio a Marcelo Bonelli por Radio Mitre el día
de su renuncia fue lapidario con Amerio. No quedaron dudas, pues, de que el
designado sería producto de la decisión de Karina Milei. Y no solo del
ministro, sino también de su vice. Juan Bautista Mahiques fue clarísimo en su
mensaje en la red social X –cuando le agradeció taxativamente a la hermana del
Presidente, quien, además, nombró al número dos de la cartera, Santiago Viola–.
El nivel de enfrentamiento es tan profundo y, a la vez, absurdo, que en la
transmisión oficial que se hizo de la Asamblea Legislativa, a Caputo –el
asesor– no se lo mostró. Esa orden se extendió a Daniel Parisini –el Gordo
Dan–, uno de los militantes más ruidosos de la rama celestial de La Libertad
Avanza.
El nivel de
internismo es tan duro que la transmisión oficial de la apertura de sesiones no
mostró al superasesor.
Es preciso mencionar que, en momentos de enfrentamiento del Gobierno con
la cúpula de la AFA y con investigaciones judiciales en curso, la designación
de Mahiques despertó toda clase de suspicacias por los supuestos vínculos de
“la familia judicial” con los investigados. Daniel Vítolo, ahora extitular de
la IGJ, fue uno de los primeros –junto a los titulares de otros organismos– en
ser eyectado de su puesto. Vítolo había solicitado veedores para seguir de
cerca la escandalosa situación del organismo rector del fútbol con Tapia y
Toviggino a la cabeza. Para ser justos, el flamante ministro aseguró en
declaraciones a LN+ que sostendrá ese pedido, lo cierto es que casi nadie quedó
conforme. El Presidente habló de “la moral como política de Estado”, el
electorado espera que la tan mentada lucha contra la casta no sea selectiva. Un
giro empírico en su lucha contra la corrupción en el fútbol sería
injustificable y una desilusión para todos los que creyeron en su palabra.
Milei ya está en Miami para la reunión organizada por Trump para sus
aliados en la región. La guerra en Medio Oriente abre nuevos interrogantes
respecto a su impacto en la economía mundial. Un conflicto bélico nunca es
bueno para nadie. El líder libertario no debería envalentonarse por estar del
lado de las principales potencias. El rol de la Argentina en un conflicto que
le es ajeno es absolutamente secundario y nadie debería confundirse al
respecto. El poder nubla la mente y rodearse de los líderes más poderosos del
mundo requiere de una templanza y una conexión con la realidad muy fina para no
terminar dando pasos en falso.