La vida es un tablero de ajedrez donde los cuadros blancos son los días y los cuadros negros son las noches. Nosotros, somos las piezas que vamos de aquí para allá para caer al final en el cuadro de la nada... De Alguna Manera... Una Alternativa…
La homilía que pronunció el arzobispo de la ciudad
de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, durante el tedeum del 25
de mayo en la Catedral fue impecable. Su texto describió a la perfección la
esencia de la problemática de la dirigencia política argentina: la falta de
diálogo. Y, en esto, hay que ser preciso con lo que significa exactamente la
expresión “falta de diálogo”, en el contexto de la actividad política. Para
decirlo con claridad: dialogar no consiste sólo en conversar con alguien sino
en escucharlo. Esta es la base de la discusión, tomando la acepción segunda del
Diccionario de la Real Academia Española, que reza así: análisis o comparación
de los resultados de una investigación, a la luz de otros existentes o
posibles.
En la entrevista que al día siguiente le concedió a
Eduardo Feinmann en su programa de Radio Mitre, Javier Milei mostró haber
comprendido la dimensión de ese mensaje con las críticas que le incumben a su
gestión de gobierno. En consonancia con el reconocimiento de la importancia del
diálogo, se preguntó con quién hacerlo. Ese es un interrogante porque son
muchos los que desde otros sectores de la estructura dirigencial –con el kirchnerismo
a la cabeza– exhiben también una notable incapacidad para prestarle atención al
que piensa diferente. Un mal de estos y otros tiempos.
En la trastienda, hubo voces del oficialismo que se
encargaron de darle visibilidad a su propia molestia con el arzobispo. “No pude
estar presente en el Tedeum, pero seguramente García Cuerva se refería este
tipo de violencia en las redes”, señaló el ministro de Economía, haciendo
referencia a un mensaje en la red social X en el que un usuario profirió un
insulto contra el presidente a quien en una foto se lo ve portando un kipá y
una escarapela doble, es decir, de la Argentina y de Israel. Le asiste a Caputo
la razón en eso. Pero, para ser ecuánime y darle envergadura moral a su
señalamiento, debería tener igual actitud hacia aquellos que desde las filas de
La Libertad Avanza tienen las mismas actitudes con quienes no comparten su
pensamiento. Hay que recordarle que el mismísimo Milei le da aire en sus redes
a la expresión “No odiamos lo suficiente a los periodistas” y que la maquinaria
tuitera de las Fuerzas del cielo tampoco muestra muchas aptitudes para el
intercambio de opiniones y puntos de vista.
La inquina contra los periodistas tiene ya la
dimensión de una obsesión. Es lo mismo que hacía Cristina Fernández de Kirchner
en los días de su apogeo. Se ve que el oficialismo de hoy no aprendió nada de
aquel pasado de fracasos en los que se creyó que teniendo de enemigo al
periodismo honesto podrían tapar los problemas del país. Desaprovechan así las
buenas noticias en lo macroeconómico y el hecho de que, el propio Milei,
reconoce cuando lo atraviesa algún oasis de serenidad que esa bonanza no ha
llegado al bolsillo del ciudadano y ciudadana de a pie.
La falta de diálogo se extiende a la interna del
gobierno en la que Karina Milei no cesa en su empeño por generar inquina y
dividir aguas. Que el lunes no le haya permitido el ingreso al Cabildo a
Patricia Bullrich habla de por sí del enfermizo pensamiento de la hermana del
Presidente. Se nota que la ve a la senadora como una rival a alguno de sus
proyectos. Uno de ellos era Manuel Andorni como candidato a jefe de Gobierno.
Eso ya no corre más. ¿Será que la senadora es una potencial postulante a la que
no ve con buenos ojos? Sería más sencillo recriminarle –con razón– su propia
torpeza al ex vocero que no dejó error –y posibles delitos– por cometer. “Si no
lo echan por corrupto deberían correrlo por boludo”, se queja con ironía un
libertario de la primera hora –hoy en desgracia– que no termina de creer cómo
un problema que podría haberse resuelto en cuestión de días terminó dominando
la agenda pública de los últimos dos meses. ¡Alerta spoiler! Esta semana el
tema volverá fuerte a las portadas de los medios ya que, si bien los plazos
legales para la presentación de la declaración jurada aún no han vencido, desde
el gobierno habían señalado los primeros días de junio como plazo para hacerlo.
Ya no se trata sólo de un tema legal; es más bien un estándar moral y ético que
desafía los límites del sentido común. Manuel Adorni hizo las cosas mal y ya no
importa qué pueda pasar de aquí en más.
Hay, en el fondo, un problema de liderazgo que
afecta al propio Presidente. El caso Adorni como así también el tenor de las
discusiones y peleas internas que se ventilan a cielo abierto, son una muestra
de la incapacidad de Javier Milei para ponerles un punto final. Las peleas
entre los bandos de la hermana Karina y Santiago Caputo, han afectado
directamente la imagen presidencial y de gestión. La pericia macroeconómica del
líder libertario contrasta con su falta de apego a la conducción política. Eso,
a la larga, se ha convertido en un problema de magnitud. ¿Cómo podría
reaccionar un inversor que necesita previsibilidad y condiciones de estabilidad
en el tiempo, cuando escucha al primer mandatario decir que prefiere perder una
elección antes que entregar a un inocente? Más claro, agua. La personalidad
avasallante de Milei parece no aplicar cuando debe rescatarse a sí mismo
ordenando la tropa interna y las torpezas de sus propios funcionarios.
Históricamente, se ha dicho del electorado
argentino que cuando la economía va bien, termina siendo tolerante a los vicios
de la política tradicional. En este caso, no ocurre ni lo uno ni lo otro. Los
logros de orden fiscal y la baja de la inflación, son una buena noticia que no
termina de alcanzar para una mayoría todavía paciente que, con un esfuerzo
descomunal, hace malabares para llegar a fin de mes. El dato preocupante, es
que muchos de los que votaron a favor de un cambio, empiezan a perder esa paciencia
ante los desajustes en el manejo político. El votante que no desea volver al
pasado entiende que no se puede cambiar en dos años el deterioro de más de dos
décadas, pero está siendo más reactivo a los errores no forzados y a los
berrinches políticos de dos grupos que se pelean por el poder que a las
penurias que les impone la dura realidad.
Fue una alegría efímera. La celebración de la madrugada del jueves se
vio bruscamente interrumpida cuando en el Gobierno advirtieron que la Ley de
Discapacidad y la Ley de Financiamiento Universitario no habían sido derogadas.
Por lo tanto, la media sanción del proyecto de Ley de Presupuesto terminó
siendo una derrota para el oficialismo. Ni bien supo esto, Javier Milei
enfureció y amenazó con vetarla si es aprobada por el Senado. ¿Qué fue lo que
pasó?
“Pasó
de todo en esa madrugada”, comenta un legislador que estuvo allí, que
agrega: “Hubo traiciones de todo tipo. Gobernadores que habían sido
beneficiados con los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) que se dieron vuelta y,
para que no faltase nada, el acuerdo entre el oficialismo y el kirchnerismo por
los cargos en la Auditoría General de la Nación (AGN) que enfureció al PRO”
. “Acá nadie se salva; todos están manchados”, concluyó.
El diputado Cristian Ritondo bramaba de furia en esas horas en las que
reinaba la oscuridad. Ritondo, que fue uno de los más fervorosos a la hora de
apostar a una confluencia con La Libertad Avanza, debió “saborear” el amargor
de la traición ante la designación de los nuevos auditores de la AGN: Mónica
Almada, por LLA; Pamela Calletti, que responde al gobernador de Salta, Gustavo
Sáenz; y Juan Forlón, por Unión por la Patria. “La falta de códigos corre por
cuenta de La Libertad Avanza y de quien preside la Cámara”, expresó con un
indisimulable enojo que tenía como destinatario al presidente del cuerpo,
Martín Menem.
La
transa con el kirchnerismo a espalda de sus socios es una gran contradicción.
Esta transa con el kirchnerismo llevada adelante a espaldas de sus
socios naturales representa una gran contradicción con los principios del
oficialismo que, en este caso –como así también en otros– pasó de vituperar a
la casta a tener comportamientos similares a ella. Es decir –por si alguien no
lo entendiera–, a ser uno más de la casta.
Haber incluido en el capítulo XI del proyecto de Ley de Presupuesto la
derogación de la Ley de Financiamiento Universitario y de la Ley de Emergencia
en Discapacidad fue un grosero error político del funcionario que lo propició.
Quien lo hizo no asimiló lo que pasó hace pocos meses con estos temas tan
sensibles para la opinión pública: el Congreso los aprobó, el Presidente los vetó
y luego el Parlamento revirtió los vetos, para lo cual necesitó mayorías
especiales, o sea, más de los dos tercios de los votos de los legisladores.
¿Fue
Luis Caputo el “genio” que impulsó esa idea? ¿O fue Javier Milei
quien le dio luz verde al “mejor ministro de Economía de la historia de la
Argentina para avanzar con esta mala idea? ¿Fueron los gobernadores
dialoguistas, luego de obtener fondos por medio de los siempre famosos ATN? Los
señalados en este acápite son: el gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo; el
gobernador de Entre Ríos, Rogelio Frigerio; el gobernador de Chaco, Leandro
Zdero; el gobernador de Catamarca, Raúl Jalil; el gobernador de Salta, Gustavo
Sáenz; y el gobernador de Neuquén, Rolando Figueroa. Los que conocen al detalle
la trama de este ida y vuelta con destino de nada hablan de un amateurismo
fenomenal por parte de los “negociadores” de LLA. Milei ha hecho saber que, así
como está, la Ley de Presupuesto será vetada. Tal vez debería tomarse un minuto
para pensarlo bien porque el Fondo Monetario Internacional pide que haya Ley de
Presupuesto. Todos estos dilemas se dilucidarán el próximo viernes, cuando el
proyecto se tratará en la Cámara de Senadores.
El mal momento que representó para el Gobierno la aciaga madrugada del
jueves se vio compensado –y con creces– por el fiasco del acto organizado por
la Confederación General del Trabajo y asociados en la Plaza de Mayo en las
primeras horas de la tarde de ese mismo día. Ese acto que, en su esencia, duró
tan solo unos veinte minutos, fue una demostración acabada de la decadencia
imparable de la dirigencia sindical y del peronismo. De los 150 mil asistentes
con los que bravuconearon los organizadores quedó una sombra. Lo que abundó no
fue la gente sino los claros que mostraron con tanta nitidez los drones de los
canales de televisión. Los triunviros a cargo de la conducción de la CGT
estuvieron más preocupados en evitar encontronazos entre sus militantes tanto
con los militantes de La Cámpora –con los que se quieren cada vez menos– y con
las agrupaciones de izquierda. En definitiva, lo único que le interesaba a la
dirigencia sindical era salvar la ropa. Por eso recibieron con alivio el
anuncio hecho con una inusual serenidad por la senadora Patricia Bullrich de
que el tratamiento del proyecto de ley de reforma laboral pasa para febrero del
año próximo.
En el peronismo las tensiones internas escalan día a día. El centro de
la pelea es CFK.
En el peronismo las tensiones internas escalan día a día. La frase
estampada en la remera que usó Máximo Kirchner en la reunión del Consejo del
Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires lo dijo todo: “Juegan a
primero yo, y después también”. Como se ve, no los une ni siquiera el espanto.
El centro de la pelea y la puja por el poder menguante del justicialismo tiene
nombre y apellido: Cristina Fernández de Kirchner.
A propósito de la condenada: mientras los testimonios de los
involucrados en la causa de los cuadernos de Oscar Centeno la complican día a
día, consiguió que el juez le permita acceder a la terraza del edificio de San
José 1111 para tomar sol y permitir que su organismo genere las cantidades de
vitamina D necesarias para asegurar la fortaleza de su sistema óseo, su sistema
inmunitario y su salud en general, en vista de la larga estadía que, encerrada
en su prisión dorada, le depara el futuro.
El segundo tiempo de la gestión del actual gobierno ha comenzado. Fue el
miércoles pasado, 10 de diciembre. Ya, en el horizonte, despunta la primera
batalla: el proyecto de ley de reforma laboral. En ese escenario aprontan sus
soldados la desvaída CGT y el decadente peronismo. Esos son los adversarios de
siempre a los cuales el Gobierno confía en poder doblegar. Sin embargo, con eso
no alcanza, porque hay un actor que apareció en escena el viernes y produjo
estrépito: la Asociación de Magistrados y Funcionarios de la Justicia Nacional.
La Asociación salió con los tapones de punta a criticar duramente el proyecto
de ley, señalando por medio de un comunicado que, entre otras cosas, contiene
artículos que tiene por objetivo la disolución del fuero laboral. Esos artículos
son, en los hechos, el 90 y el 91.
El artículo 90 del proyecto señala: “Los jueces que resuelvan causas de
índole laboral deberán, de forma obligatoria, adecuar sus decisiones a los
precedentes establecidos por la Corte Suprema de Justicia de la Nación en la
materia. El apartamiento infundado de los magistrados respecto de dichos
criterios configurará una causal de mal desempeño en sus funciones”.
El artículo 91 habla de la “Vigencia transitoria de la Justicia Nacional
del Trabajo. La Justicia Nacional del Trabajo mantendrá su vigencia hasta tanto
se instrumente el acuerdo de transferencia de competencias de la Justicia
Nacional del Trabajo entre la Nación y el Gobierno de la Ciudad Autónoma de
Buenos Aires. Una vez formalizado dicho acuerdo, se dispondrán los actos
necesarios para su progresiva disolución conforme las previsiones y plazos que
surjan de dichos instrumentos”.
El Gobierno debería prestar atención a esta advertencia de los jueces,
quienes marcaron que están en estado de alerta. Hay que recordar que los
magistrados tienen la última palabra sobre la constitucionalidad o no de las
leyes, es decir –en definitiva– de su legalidad y, por ende, de su vigencia.
Recuérdese –a manera de ejemplo que, en junio de 2013, la Corte Suprema declaró
inconstitucional el proyecto de ley con el que la condenada expresidenta
Cristina Fernández de Kirchner quiso someter a la Justicia.
El tema judicial dará aún más tela para cortar. Un primer objetivo que
no debe ser olvidado es la necesidad de completar las dos vacantes existentes
en la Corte Suprema. A eso se le suma la necesidad imperiosa de cubrir las
vacantes existentes en todos los fueros.
Mientras tanto, la rosca política no se detiene. La Libertad Avanza
confía en que tendrá 33 votos garantizados para la primera parada legislativa
en el Senado: a sus 19 senadores más el apoyo de Luis Juez, le suma los diez
del radicalismo y los tres del PRO. Apuesta también por los apoyos que obtuvo
en su primer tiempo de gestión: los dos misioneros, el correntino Espínola y la
tucumana Ávila. Así el Gobierno tendría la media sanción asegurada en el
recinto donde tiene menor peso específico.
En el oficialismo repiten una
especie de consigna como un mantra: “No se tocan los derechos del laburante; se
reorganizan para tener reglas claras sin abusos y con menos burocracia
sindical”. En este último punto la realidad demuestra otra cosa. El Gobierno no
aceleró a fondo para desarticular a la casta sindical. La cuota solidaria que
hoy abonan todos los trabajadores como aporte a los sindicatos aunque no estén
afiliados a ninguno seguirá vigente. Se trata de una de las fuentes de
recaudación del establishment sindical más arraigada en el viejo sistema. Los
libertarios también aceptaron que los gremios con personería sean los que tengan
que firmar los convenios por empresa.
La pregunta es muy simple: ¿por qué una nueva etapa de “modernización
laboral” mantiene semejantes privilegios? En el Gobierno se justifican
enumerando los avances de la nueva ley y aseguran que el “paquete de leyes para
refundar la Argentina” va mucho más allá de la pelea con los sindicatos. “Vamos
a terminar con la industria del juicio y bajar los costos laborales para que
tanto las pymes como las grandes empresas puedan contratar más gente sin temor
a desfinanciarse” –aseguran. Es cierto, pero también es verdad que el Gobierno
y las centrales obreras exageran sus posturas para darle pasto a los propios.
Hay que mantener las formas.
A pesar de no haber sido golpeada en su línea de flotación, la CGT
saldrá a la calle contra la reforma laboral de Javier Milei. La movilización
será el 18 de diciembre hacia la Plaza de Mayo, como parte de un plan de lucha
que incluirá “medidas graduales” contra el Gobierno y la idea de sumar a las
dos CTA y a los movimientos sociales. El show debe continuar. En una dirigencia
sindical que atrasa 30 años, todavía reina la idea de “ganar la calle” como una
demostración de poder. La expectativa de la CGT es reunir unos 150 mil
manifestantes en la Plaza de Mayo. Gerardo Martínez (Uocra) dijo: “Analizaremos
un programa de acción.
Comienza una etapa de resistencia. Nada está descartado,
esperemos que podamos constituir una masa crítica. Todo puede pasar”. La falsa
épica ante todo. Como en los viejos tiempos del kirchnerismo que, dicho sea de paso,
está listo para conspirar dentro y fuera del Palacio Legislativo. Las primeras
voces de esa fuerza señalaron que el Consejo de Mayo –órgano consultivo que
trabajó en el paquete de leyes– no es vinculante y aseguraron que “no se
permitirá que el empresariado y un puñado de liberales borren de un plumazo las
conquistas laborales históricas de los trabajadores”. ¿A quién le importa
realmente la protección y generación de empleo? Si todo sale como anticipan la
mayoría de los analistas serios, el aumento del trabajo formal debería ser un
objetivo defendido por todos. Como siempre ocurre, cuesta demasiado soltar la
cartera de privilegios que hicieron de la Argentina un país inviable por muchos
años.
Día 660: Milei, miente,
miente, y nada de lo tuyo quedará…
Día 660: Milei, miente,
miente y nada de lo tuyo quedará. Fotografìa: CEDOC
Para habitar la misma realidad que el resto de los argentinos, Javier Milei
debería confrontar su tendencia a presentar al país como un éxito económico y a
su gestión como “el mejor gobierno de la historia”. Quizás necesita mentirse
para sostener la ilusión de su propio relato.
Es mundialmente conocida la frase del propagandista nazi Joseph
Goebbels: “Miente, miente, que algo quedará”. Goebbels fue el
arquitecto de un aparato de propaganda tan monstruoso como eficiente, que
sirvió para convencer a millones de personas de las teorías conspirativas más
absurdas y de las mentiras más flagrantes.
Tras la derrota militar
de Alemania en la Segunda Guerra Mundial, los juicios de Núremberg
y la política activa de derechos humanos de la comunidad internacional, se
puede decir que, durante la segunda mitad del siglo XX y el principio del siglo
XXI, no quedó nada de Goebbels y sus mentiras. Inclusive ahora, durante el auge
de la extrema derecha, este tipo de organizaciones tiene que esconder sus
vínculos con las ideas nazis, como sucede con Alternativa por Alemania.
En el caso de Javier Milei, salvando las enormes distancias, sí es
cierto que podemos hacer un paralelismo en la utilización permanente de la
mentira como herramienta de construcción de sentido. Al igual que Goebbels,
Milei, si sigue mintiendo y mintiendo como lo hace, no quedará nada de la
hegemonía que supo construir y que se empieza a desmoronar por todos lados.
A diferencia del
siniestro Goebbels es probable que el presidente padezca mitomanía y precise
mentirse a sí mismo creyendo lo que dice. Desarrollaremos en profundidad ese
desorden mental en esta columna que permite explicar, por ejemplo, por qué dice “sacamos
a 12 millones de personas de la pobreza”, entre otras. Pero primero vayamos
a algunas evidencias.
Este lunes vimos a un Presidente en otra realidad. Cantando a los gritos mientras la economía se sostiene
en base al endeudamiento externo y asediado por múltiples casos de corrupción,
con la renuncia de su principal candidato en el distrito más grande del país
renunciando por vínculos con el narcotráfico. Probablemente esta capacidad de
Milei para asilarse y construir una realidad paralela sea en parte lo que lo ha
ayudado a llegar hasta acá. Pero se puede mentir mucho tiempo a pocas personas,
a muchas personas poco tiempo, pero no a muchas personas mucho tiempo.
Tras naturalizar como
sociedad las terribles inconsistencias y mentiras de Milei, la caída de José
Luis Espert, quién nos mintió abiertamente en reiteradas ocasiones, hizo
notar más las mentiras del propio Milei y después de sintetizarlas,
explicaremos cómo se encuadra en lo que se denomina efecto Baader
Meinhof. Espert dijo primero que no tenía relación con Fred Machado,
que solo le había aceptado una vez un vuelo para presentar el libro. Luego,
dijo que en realidad voló 35 veces a diferentes lugares. Luego, dijo que lo del
pago de los 200 mil dólares era una “operación de
Grabois” y que no había pruebas, era solo un papel de una contabilidad
paralela.
Luego, cuando apareció
el documento del Bank of America con la transferencia que
había cobrado de una empresa minera que no era de Machado, luego que si era de
Machado. Siguiendo a eso, dijo que sí había estado en la pileta de Machado.
Desde el 2021 venía diciendo que no tenía ninguna relación con este narcotraficante
y llegamos en 2025 a que estuvo en su pileta, viajó con él en 35 vuelos,
recibió dinero de su empresa y todo lo que nos falta por descubrir.
De hecho, hace minutos
un par de horas habló Machado en Radio Rivadavia y reconoció
haberle “hecho un aporte de campaña a Espert por 200 mil dólares”. El acusado
de narcotráfico recordó de la siguiente manera el pedido de Espert y cito
textualmente: “¿Che, no me podés hacer un aporte monetario porque
estamos en bolas?”.
El efecto Espert, el
efecto del descubrimiento de una cadena de mentiras, nos hace ver las mentiras
de todo el Gobierno en genera y del presidente en particular. De hecho, este
fenómeno tiene un nombre. El efecto Baader-Meinhof, también conocido como ilusión
de frecuencia o sesgo de recurrencia, es un fenómeno cognitivo fascinante:
ocurre cuando se aprende algo nuevo —una palabra, una idea, una persona, un
símbolo— y, de pronto, esto se empieza a ver por todos lados.
No es que antes no
existiera, sino que la atención ahora está entrenada para detectarlo. El
cerebro, que no puede procesar todo lo que percibe, filtra la realidad
constantemente; al aparecer algo nuevo que considera relevante, lo marca como
importante y comienza a priorizarlo.
El nombre
“Baader-Meinhof” viene de un caso curioso. En 1994, un lector del diario St.
Paul Pioneer Press escribió al periódico contando que había escuchado mencionar
por primera vez a la organización terrorista alemana Baader-Meinhof. Y luego,
en cuestión de días, el nombre volvió a aparecer en todos lados. A partir de
ahí, los psicólogos adoptaron el término popular para describir ese tipo de
experiencia.
Las mentiras e
inconsistencias de este Gobierno estuvieron ahí, pero ahora hay mucha más
pregnancia para procesarlas y desarticularlas. Vamos a hacer un racconto de
algunas de las veces en las que Milei nos dijo una cosa y luego lo contrario.
Realmente es impactante.
Algo que no es tan
conocido es su cambio de opinión del kirchnerismo. En 2019, en una entrevista
enCanal 26, Milei dijo: "Esto te va a sorprender, pero
en términos históricos, Cristina Fernández de Kirchner es la mujer más
importante en la historia de la política argentina. Fue dos veces
presidente". En esa ocasión habló del entonces mandatario Alberto
Fernández y sostuvo: "Tengo una excelente opinión acerca del Presidente.
Es muy inteligente y extremadamente pragmático, digno de todo peronista".
Javier
Milei y Cristina Kirchner en la asunción presidencial de 2023.
En otro reportaje, incluso defendió al kirchnerismo. Muy enojado, dijo:
"Podés decir lo que quieras del kirchnerismo, pero la deuda la pagó y pagó
los intereses". En contraste, en la apertura de sesiones del Congreso el 1
de marzo del 2024, expresó: "Cristina ha sido responsable de uno
de los peores gobiernos de la historia".
Con los
propios también tuvo esa actitud. Recordemos los cambios de opinión sobre Patricia
Bullrich ya no en años, si no en semanas. "Sigue siendo una
montonera tirabombas que tiene las manos manchadas de sangre", dijo antes
de las elecciones generales de octubre del 2023. Luego, antes del balotaje,
declaró: "Bullrich ha sido exitosa combatiendo la seguridad. La tenemos
que llamar".
¿Entienden
que entre que Milei dijo que era una terrorista con las manos manchadas de
sangre y que había que incorporarla al Gobierno porque había sido una buena
ministra de Seguridad pasaron tres meses?
El
ministro Luis Caputo también fue objeto de polémica entre
Milei del pasado y el Milei del presente. "Caputó se fumó 15 mil millones
de dólares irresponsablemente", dijo el Presidente en 2018. EN la
actualidad, lo define como “el mejor ministro de economía de la historia”.
Increíble como no se ruboriza. Puede decir una cosa y lo contrario.
Recientemente
las redes se llenaron de comparaciones entre lo que Milei decía de su nuevo
candidato bonaerense Diego Santilli y lo que dice ahora.
"El chanta de Santilli es un pésimo candidato", dijo en 2023. Ahora,
lo describe como "alguien que sabe de seguridad" y que "ya ganó
en la provincia de Buenos Aires".
El
Presidente también mintió sobre los planes de dolarización antes de la campaña. "Hoy
es factible dolarizar. Podríamos hacer transacciones en dólares", dijo
en una entrevista con Alejandro Fantino en 2023. Se podía
dolarizar con el dólar a 320 pesos. Tenía un acuerdo para hacerlo en el que le
iban a dar 10 mil millones de dólares, ya estaba todo arreglado. Luego, Milei
asume y no hace nada de todo esto, de hecho, hizo una enorme devaluación de 118%.
¿Qué pasó con que se podía dolarizar con el dólar a 320 pesos?
Realmente
es increíble que todo este material haya estado publicado y hasta hace poco
tiempo a una importante cantidad de la población no le haya bastado para tratar
de comprender la cantidad de mentiras. Para tratar de entender esto hay que
tomarlo desde las ciencias políticas, la psicología y otras teorías
trasversales a varias disciplinas.
En La
mentira en política (1971), Hannah Arendt analiza
cómo la falsificación deliberada de la realidad se volvió una herramienta
estructural del poder moderno. A partir del caso de los Papeles del
Pentágono, muestra cómo los gobiernos fabrican “mundos ficticios” para
sostener su narrativa, y advierte que el mayor peligro no es la mentira misma,
sino la erosión de la verdad como base del juicio público y de la vida política
democrática.
Es decir,
las constantes mentiras de los políticos no solo destruyen su credibilidad, si
no que en algún punto destruyen el propio concepto de verdad. En ese sentido,
se puede analizar como el auge del posmodernismo, el cuestionamiento a los
grandes relatos y la post verdad son la causa de personajes como Milei.
Evidentemente fue avanzando un cinismo base en la sociedad en la que la mentira
es tolerada.
Ahora, Milei
en particular no es como cualquier político mentiroso. Realmente puede
decir cualquier cosa y lo contrario en cuestión de meses con la misma
vehemencia y emoción. De defender el kirchnerismo a los insultos a atacarlo a
los gritos. La misma emoción con un contenido antagónico. Nosotros no podemos
diagnosticar porque no tenemos matricula de psicólogo o psiquiatra, pero reúne
las condiciones de un mitómano.
La
mitomanía es un trastorno psicológico caracterizado por la tendencia patológica
a mentir de forma compulsiva o sistemática. El término fue introducido
por Ernest Dupré en 1905 para describir a individuos que
mienten no por beneficio inmediato, sino por una necesidad interna de fabular o
deformar la realidad. Según Dupré, el mitómano no busca engañar para obtener
ventajas, sino para sostener una identidad idealizada o escapar de una realidad
que le resulta insoportable.
Sigmund
Freud interpretó
el fenómeno como una expresión del deseo inconsciente: la mentira sería una
forma de “cumplimiento del deseo” donde el sujeto transforma
su frustración en relato. En esta línea, la mitomanía se vincula con mecanismos
de defensa como la negación y la proyección.
Por su
parte, Jean Bergeret y Jacques Lacan abordaron
la mitomanía como un síntoma del narcisismo patológico: el mentiroso crea una
versión mejorada de sí mismo para sostener una frágil estructura del yo. Lacan
señaló que el mitómano “miente para existir en la mirada del Otro”, es decir,
su mentira no busca solo convencer, sino ser reconocida como verdad por los
demás.
Autores
contemporáneos como Paul Ekman y Robert Feldman diferencian
la mentira común, instrumental y consciente, de la mitomanía, donde el sujeto
llega a creer en sus propias invenciones. En este sentido, la mitomanía no es
solo una conducta, sino una distorsión persistente del vínculo con la verdad,
que puede aparecer en contextos neuróticos, narcisistas o incluso psicopáticos.
Entre el
mentiroso instrumental y el mitómano hay un territorio ambiguo, donde la
mentira deja de ser solo una herramienta y empieza a convertirse en una forma
de habitar el mundo. Este “mentiroso intermedio” no miente por
compulsión total ni por cálculo frío, sino para mantener en pie una identidad
frágil. Paul Ekman lo describe como alguien que empieza
creyendo sus propias mentiras para reducir la disonancia cognitiva entre lo que
dice y lo que hace. De a poco, su mentira se vuelve una especie de refugio
narrativo: una historia que lo protege del fracaso, de la vergüenza o de la
falta de amor.
Robert
Feldman lo
llama self-deceiver (o autoengañador en su traducción al
español): no busca manipular, sino sostener su autoestima en contextos donde la
verdad lo dejaría desnudo. En este nivel, la mentira funciona como una prótesis
emocional: repara lo que el yo no puede tolerar.
Lacan
diría que el sujeto no miente “a” los otros, sino “a través” de los otros,
intentando que su ficción sea reconocida como verdad. Y Bergeret advierte que
en estas personalidades narcisistas compensatorias el límite entre la verdad y
la invención se vuelve maleable, según la necesidad de conservar una imagen
consistente ante los demás.
En
términos clínicos, este tipo de mentiroso representa la frontera viva entre el
narcisismo funcional y la mitomanía estructural: no ha perdido el
contacto con la realidad, pero necesita deformarla para sobrevivir en ella. Probablemente
nuestro Presidente esté más cerca de este caso, aunque esto lo decimos para
tratar de analizar la situación política, sin tener los elementos para un
diagnóstico, pero es necesario dotarnos de algunas herramientas de la
psicología porque el peso de personalidades como las de Milei en las
situaciones políticas es determinante.
Javier
Milei presentó su nuevo libro con un show musical en el Movistar Arena este
lunes 6 de octubre.
Milei
ayer que cantaba en el Movistar Arena estaba en plena deformación de la
realidad. Mientras su gobierno se desmorona y está asediado por varios frentes,
se dedica a festejar nadie sabe que de una manera patética.
Pinocho, de Carlo
Collodi, cuenta la historia de una marioneta de madera tallada por Gepetto,
un carpintero pobre que sueña con tener un hijo. Un hada azul da vida a Pinocho
y le promete que podrá convertirse en un niño de verdad si demuestra ser bueno,
valiente y sincero. Sin embargo, su curiosidad y desobediencia lo llevan por
caminos peligrosos: se une a malos compañeros, cae en trampas y cada vez que
miente, su nariz crece.
A lo
largo de sus aventuras, donde es engañado por el Gato y el Zorro, convertido en
burro y tragado por una ballena, Pinocho aprende a distinguir entre el placer
inmediato y la responsabilidad. Cuando finalmente arriesga su vida para salvar
a Gepetto, el hada lo recompensa transformándolo en un niño real.
Para
vivir en la misma realidad que todos nosotros, Milei debe enfrentar lo mismo
que Pinocho, su tendencia a la satisfacción inmediata creando una realidad
paralela en la que el país es un éxito económico y su Gobierno “el mejor de la
historia”. Milei debe enfrentar la realidad y trabajar codo a codo con el resto
de los sectores políticos y productivos del país para estabilizar la terrible
situación en la que estamos.
Es
probable que la suerte de su Gobierno esté echada y no haya más libertarios en
el próximo periodo presidencial, pero un presidente alejado de la realidad nos
puede hacer mucho daño. Hay que poder construir una transición ordenada hacia
la siguiente etapa política de la Argentina.
Producción
de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi