Mostrando las entradas con la etiqueta Jorge Fontevecchia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Jorge Fontevecchia. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de junio de 2026

El peronismo escribió su carta de suicidio en Parque Lezama… @elprofesorcapomasi...

 El peronismo escribió su carta de suicidio en Parque Lezama…

El peronismo escribió su carta de suicidio en Parque Lezama.

El acto dejó al descubierto la profundidad de la interna peronista y la estrategia del kirchnerismo para reordenar el espacio. A casi un año de la detención de Cristina Kirchner, la disputa por el liderazgo opositor volvió a ocupar el centro de la escena.

© Escrito por Jorge Fontevecchia el lunes 22/06/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina. 

La novela "Sobre héroes y tumbas" escrita por Ernesto Sábato y publicada en 1961 está compuesta por tres historias que se alternan dentro del mismo libro. Un paranoico que escribe una extraña teoría en la que los ciegos realizan una conspiración para conquistar el mundo, su hija que tiene un tortuoso romance con un joven que va camino al desastre y una crónica histórica sobre el traslado de los restos del general Juan Lavalle que inscribe la historia de perpetuo enfrentamiento de nuestro país. Todas las líneas narrativas se unen en un crimen que sintetiza una visión trágica que la obra transmite sobre el país y las relaciones humanas. Gran parte de la novela sucede en Parque Lezama, frente a los “pensativos leones” según los describe Sábato. Esta novela, la del kirchnerismo dirigiéndose a toda velocidad a su autodestrucción y, de paso, arrastrando al resto del peronismo, tiene el mismo tema que la obra cumbre de Sábato y por las piruetas de la relación entre ficción y realidad, tuvo en el mismo Parque Lezama su arena donde los personajes cavan su propia tumba.

Al cumplirse un año de la detención de Cristina Kirchner, La Cámpora impulsó un acto del peronismo del que participaron gobernadores, intendentes y dirigentes nacionales de diferentes vertientes justicialistas, como Guillermo Moreno y Juan Grabois. El acto, en el que el único orador fue Máximo Kirchner, terminó expresando que Cristina Kirchner no solo debería estar libre, sino que debería ser la candidata del PJ. Desde el entorno de Máximo Kirchner plantean que no descartan que el candidato presidencial del peronismo sea el propio hijo de Cristina, que una vez asumido se dedicaría a indultar a su madre para que luego se presente ella y gane las elecciones. Justamente, Máximo Kirchner, el líder de La Cámpora, se propone como una reedición de lo hecho por el Cámpora original, reeditando las palabras de aquella elección. El eslogan sería: "Máximo al Gobierno (y al indulto), Cristina al poder".

Pero estos no son los tiempos de la vuelta de Perón y la presidencia de Cámpora. En aquellos años el peronismo era imbatible: nunca había perdido una elección. Ahora acarrea varias derrotas, y prácticamente la mitad del país opina que Cristina está detenida correctamente porque el período kirchnerista estuvo signado por la corrupción. Una lista que haga foco en la libertad de Cristina y en la figura de Máximo Kirchner como la de un delegado aspira a retener solo el núcleo duro del kirchnerismo: no dialoga con otros sectores de la sociedad que tienen una agenda de centro o centroderecha y que hoy no están conformes con Milei.

Hoy más que nunca Suscribite

En resumidas cuentas, una candidatura camporista con el eje en "Cristina Libre" es dividir al peronismo, ya que ni el kicillofismo ni el peronismo federal reunido en Parque Norte piensan así y, por consiguiente, es regalarle la reelección a Milei, quien gracias a la estabilidad de la inflación y a la baja del riesgo país puede endeudarse para meter su propio plan platita de cara al 2027. Y si Milei ya tiene una aprobación del 40% y el peronismo sigue dividido, se acerca a ganar, incluso en primera vuelta.

Esto aniquilaría al peronismo frente a todos sus seguidores, que entenderían que el PJ ya no sirve para tratar de defender sus intereses o aspiraciones sociales.

Ya vimos cómo la UCR, un partido centenario que se fragmentó por solo defender sus posiciones ocupadas en el Estado, perdió todo el rumbo y la identidad. Esto mismo puede pasarle al peronismo, un partido que se habla solo a sí mismo y lo único que discute es quién es la conducción, los lugares en listas o la libertad de una líder que paga por el carácter inexplicable del creciente patrimonio matrimonial y el de allegados como Lázaro Báez, a todas luces un testaferro de Néstor Kirchner. Esto no significa que el proceso judicial que culminó con Cristina presa haya estado exento de controversias. Sin embargo, desde el sentido común de los argentinos, es difícil sostener que no hubo un aceitado sistema de corrupción en el kirchnerismo y que la sociedad acepte que eso debe mirarse a un lado para que el peronismo le gane a Milei no parece ser el pensamiento de la mayoría de la sociedad necesaria para ganar la elección.

Del otro lado, Milei le plantea al sector no kirchnerista de los argentinos que deben tolerar sus avances antidemocráticos y evidentes casos de corrupción para que no gane el kirchnerismo. Una patria extorsionada y avanzando a una tragedia, digna cuna de "Sobre héroes y tumbas", una novela que describe con maestría.

La falta de debates sobre cómo resolver los problemas económicos o siquiera construir la mayoría electoral para ganarle a Milei se vio en el acto de Parque Lezama, fundamentalmente cuando Máximo cruzó duramente al gobernador bonaerense, Axel Kicillof, vamos a escucharlo.

Si durante el kirchnerismo, Cristina había publicado “Sinceramente”, que reivindicaba sus mandatos y se autocritica por no haber apoyado al feminismo en sus orígenes, vinculándose al movimiento masivo por el derecho al aborto que ella bloqueó durante sus ocho años de mandato y La Cámpora estaba enfocada en construir la alquimia electoral para ganarle a Macri, ahora se retrocedió a una noción aún más elemental: Cristina libre. Esa es la consigna que para ellos sintetiza la salida del país. Si Cristina está libre, podrá conducir al peronismo hacia una victoria y al país hacia su recuperación. La realidad es que Cristina estaba libre hasta hace muy poco y postuló a Alberto Fernández, luego le hizo una interna permanente y la conclusión fue un gobierno que frustró a la mayoría y finalmente ganó Milei.

“Cristina libre” es una consigna que solo contiene al núcleo duro del kirchnerismo y a nadie más, y las elecciones se tratan de contener a la mayoría.

De la otra vereda de la interna en el kicillofismo, la legisladora porteña Berenice Iañez en una charla llamada “Cátedra Libre Hebe Bonafini” dijo que el peronismo no puede conducirse desde el “balcón shakesperiano” de San José 1111 y los militantes peronistas no pueden ser Romeos y Julietas intentando un imposible. De vuelta, la alusión a la literatura trágica.

Escuchemos el tramo final del discurso de la legisladora kicillofista.

Kicillof tiene desafíos muy grandes por delante. Si rompe con el kirchnerismo, puede ser visto como quien destruyó las posibilidades del PJ para ganarle a Milei y si sigue unido a la Cámpora deberá pelear hasta último momento por ser el candidato del peronismo y se le complicará para atraer a otros sectores que representen a los argentinos que no son ni mileistas ni kirchneristas, sin los cuales no se le gana a Milei. Desde el entorno del gobernador se piensa en Llaryora o algún gobernador del peronismo no kirchnerista como candidato a vicepresidente en la fórmula.

Por otro lado, el kirchnerismo no plantea ir a unas PASO. Quiere que el resto se subordine, algo que no tiene forma de imponer, aunque siempre puede romper el peronismo y así generar su derrota.

La gran pregunta es: ¿el kirchnerismo realmente entiende lo que está sucediendo y tiene un as bajo la manga o están tan aislados de la realidad y en su propia narrativa que no perciben el daño político que le infligen al peronismo? Difícil saberlo, pero es probable que la prisión de Cristina esté generando un proceso de aislamiento en ese espacio político que los haga sacar conclusiones alejadas de la realidad. Algo peligroso para el conjunto de la oposición dado el peso que aún tienen.

En 1897, Émile Durkheim publicó "El suicidio", uno de los textos fundacionales de la sociología moderna. Su gesto fue revolucionario: tomó un acto que parecía el más íntimo y personal de todos —quitarse la propia vida— y demostró que obedecía a causas sociales mensurables. Detrás de cada suicidio individual, Durkheim encontró estructuras colectivas: el grado de integración de una persona en su comunidad, el nivel de regulación que esa comunidad ejercía sobre ella. Así construyó su célebre tipología: el suicidio egoísta, el altruista, el anómico y el fatalista, cada uno revelando una forma distinta en que la tensión entre individuo y sociedad puede volverse insoportable.

Lo que sigue es un ejercicio de transposición conceptual. Utilizamos las categorías de Durkheim en sentido estrictamente metafórico y con fines analíticos: no para hablar de muerte literal, sino de destrucción simbólica de carreras, liderazgos, partidos y proyectos políticos. Durkheim nunca aplicó su tipología de esta manera, y sería un error metodológico confundir ambos planos. Pero si se acepta la metáfora del "suicidio político" —la autodestrucción voluntaria o semivoluntaria de un proyecto colectivo—, su esquema resulta notablemente sugerente.

El suicidio político egoísta: sería el caso de líderes que terminan aislándose de su propia base social, pierden contacto con sus aliados y toman decisiones que destruyen el proyecto. La analogía con Durkheim es directa: una pérdida de integración, el dirigente deja de estar conectado con la comunidad política que le daba sustento. Richard Nixon durante el escándalo Watergate es el ejemplo más citado; también ciertos líderes revolucionarios que, una vez en el poder, se distanciaron de las organizaciones que los habían sostenido.

Máximo Kirchner en Parque Lezama: "No terminemos con un presidente peor que el actual"

El suicidio político anómico: probablemente el más frecuente. Se produce cuando un partido o liderazgo pierde las reglas que le daban identidad: las contradicciones internas se vuelven tan grandes que el proyecto termina desintegrándose. La analogía con Durkheim es muy directa: las normas que organizaban la acción colectiva dejan de ser creíbles. La crisis final de la Unión Soviética bajo Gorbachov suele interpretarse en esta clave —las viejas reglas habían dejado de funcionar y las nuevas aún no existían—, al igual que numerosos partidos tradicionales europeos que perdieron identidad ideológica tras cambios sociales acelerados.

El suicidio político fatalista, el caso opuesto: organizaciones tan rígidas que terminan destruyéndose por incapacidad de adaptación. Regímenes autoritarios incapaces de reformarse, partidos excesivamente disciplinados que expulsan toda renovación y terminan marginalizados. La sobreabundancia de reglas asfixia la vitalidad del proyecto.

El suicidio político por líder carismático: aquí aparece algo que Durkheim no desarrolló y que se acerca más a Max Weber. Algunos líderes construyen un movimiento tan dependiente de su propia figura que impiden la aparición de sucesores. Mientras viven parecen fortalecer el proyecto, pero a largo plazo lo debilitan. Perón en algunos análisis sobre la sucesión del peronismo, Chávez respecto de la dependencia del liderazgo personal, De Gaulle respecto del gaullismo clásico. Paradójicamente, el líder no destruye el movimiento por falta de autoridad, sino por exceso de centralidad.

De alguna manera, todas estas categorías están presentes en el paciente kirchnerista. Está aislado de la realidad, pierde el sentido que le da identidad, que es pelear por los que menos tienen. Es una organización demasiado rígida y verticalista y tiene una líder carismática que está presa y no puede ser candidata. Todos estos elementos hacen síntesis y los proyectan a una política suicida para sí mismos y al tener peso dentro del peronismo, para el conjunto del PJ. A su vez, como el justicialismo es la porción más importante de la oposición, la posibilidad de que haya un gobierno que no sea de extrema derecha se aleja cada vez que ellos avanzan trágicamente a su final. El acto en Parque Lezama son esos hechos de la historia que pasan bajo el radar, que tienen poco impacto en la opinión pública pero son decisivos.

Haciendo otra transposición conceptual, reiteramos, solo a fines de explicar nuestro punto, en el psicoanálisis parte de la conducta del suicida antes de su acto se denomina acting out. Para Lacan, el acting out es un mensaje dirigido al Otro: el sujeto actúa, pero hay un destinatario implícito, una demanda cifrada que pide ser leída. "El acting out es una transferencia salvaje", sostuvo en el Seminario X sobre la Angustia. ¿Lo del kirchnerismo es una suerte de acting out en el que le señalan al resto de la oposición que son capaces de permitir el triunfo de Milei si no se los contiene en un proyecto que les dé lugar? Es decir, ¿finalmente el kirchnerismo amenaza con la creciente destrucción del país que implicaría un nuevo gobierno de Milei para evitar ser desplazados totalmente de la política nacional? En ese caso, Kicillof debe probarse como un verdadero líder y contener al kirchnerismo para que no arrastre al conjunto del país a un nuevo período mileísta, pero debe hacerlo de tal manera, que Cristina no lo vuelva un nuevo Alberto, porque en ese caso ni siquiera podría ganar las elecciones.

Siempre puede haber nuevas opciones y el pueblo argentino, incluso parte del que apoya al kirchnerismo puede advertir que se avanza inexorablemente a un desastre y apoyar a otros candidatos. Esperemos que así sea. Hoy la consigna que se repite en La Cámpora de “Nada sin Cristina” significa en lo concreto un “Todo con Milei”.

Encuesta: el peronismo bonaerense ya tiene un candidato favorito de cara a 2027

Sabemos bien que muchas personas pueden estar atravesando problemas que generen la idea de terminar con su vida, en ningún momento de esta columna la intención fue faltarle el respeto al dolor de nadie. La realidad es que la dirección que toma el kirchnerismo y el destino que puede llevar al conjunto de la oposición y en alguna medida al país hace que no hayamos encontrado otra palabra mejor que explique el carácter trágico del momento político.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi

MV/ff.




jueves, 19 de febrero de 2026

La Máquina de Destruir Periodistas... elprofesorcapomasi

La máquina de destruir periodistas...

Fotografìa: Cedoc

El Gobierno creó una "oficina" tuitera para perseguir voces críticas. Cómo el odio personal de Milei se transforma en política de Estado. La caja de YPF para premiar lealtades. Los ejemplos de Bukele y Orbán.

© Escrito por Juan Luis González el jueves 12/02/2026 y publicado por la Revista Noticias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

“No odiamos lo suficiente a los periodistas” ya es, a esta altura de su gestión, un mantra del Presidente Javier Milei. La creación de la Oficina de Respuesta Oficial es el último eslabón de esa estrategia de ataque a esta profesión. La oficina -en realidad una cuenta en redes comandada por un francotirador digital libertario- no limita su accionar a refutar informaciones erróneas, sino que condena bajo la etiqueta rápida de “opereta” cualquier expresión, opinión u observación de la realidad nacional que no sea del agrado presidencial. Milei califica a periodistas del más amplio espectro ideológico como “ensobrados”, mientras hace la vista gorda de los amigos beneficiados con pauta como la de YPF, los rebautiza con ironía no siempre fina y descalifica con el método de la erosión lenta. 

En la edición de NOTICIAS de esta semana, cuyo título de tapa es “La máquina de destruir periodistas”
 analizamos el singular fenómeno comunicacional del mileísmo y la sintonía con otros gobiernos afines como los de Bukele y Orbán.


Además, en la portada de esta semana. Bud Bunny, una sorpresa contracíclica. Consagrado con polémica en el Super Bowl de los Estados Unidos, el puertorriqueño que llevó la música latina al tope del ranking mundial hará estallar con su música el fin de semana largo en Buenos Aires.

Y también en la tapa el regreso de los bazares chinos, remake del noventoso “todo por dos pesos”. Y el parador de Pinamar que se convirtió en búnker de los políticos.

Guerra es paz, ignorancia es fuerza, libertad es esclavitud”. Esas eran las tres frases que Winston Smith leía todos los días en la fachada del ministerio de la Verdad, uno de los cuatro que componían el gobierno de Oceanía. Ahí Smith se desempeñaba en el departamento de Registros, el área que se encargaba de confeccionar el pasado a través de la edición de videos, diarios, películas, libros, o lo que sea. Un día cualquiera del trabajo del hombre en ese lugar se veía así: “En el Times del 19 de diciembre del año anterior se habían publicado los pronósticos oficiales sobre el consumo de ciertos productos en el cuarto trimestre de 1983. Pues bien, resultaba que los pronósticos se habían equivocado muchísimo. El trabajo de Winston consistía en cambiar las cifras originales haciéndolas coincidir con las posteriores. Eran noticias que por una razón u otra era necesario alterar, o, como decía la frase oficial, rectificar”.

A esta altura más de un lector se habrá dado cuenta de que Smith no era una persona real, ni el ministerio de la Verdad o el gobierno de Oceanía existieron jamás, sino que son parte de la famosa obra de George Orwell, “1984”. Sin embargo, la realidad se va pareciendo cada vez más a la ficción. En especial en Argentina, país gobernado por alguien que hace años no tiene muy en claro dónde termina una frontera y empieza la otra. La vocación mesiánica y autoritaria de Milei viene chocando desde el día uno con ese oficio que por definición cuestiona el relato único. Y, como le pasó a Smith cuando empezó a dudar del ministerio de la Verdad -“Que se encarga de la mentira”, dice Orwell en el libro-, el economista pretende usar el poder del Estado para callar a cualquier voz crítica o disidente. Y a su máquina de destruir periodistas ahora le sumó una controvertida “oficina de Respuesta Oficial” que, como en la novela, quiere imponer su propia versión de los hechos. El Gran Hermano libertario está al acecho.

Panóptico.

“La oficina de Respuesta Oficial de la República Argentina fue creada para desmentir activamente la mentira, señalar falsedades concretas y dejar en evidencia las operaciones de los medios y la casta política”. Este fue el primer tuit de la cuenta, en la cual se anunciaba su creación ante el mundo y enumeraba sus presuntos objetivos. Eso sucedió el 5 de febrero, a las 12:37 del mediodía. Javier Milei tardó algo más del minuto que pasó entre que la token $Libra se creó y que él la promocionó desde su cuenta, pero igualmente fue bastante rápido: 12 minutos después el Presidente estaba compartiendo la novedad en sus redes. “Para desenmascarar mentiras y operaciones de los medios, fin”, tuiteó el libertario, en mayúsculas.

Desde entonces -hasta el cierre de esta edición- la oficina de Respuesta oficial había sacado 16 comunicados con desmentidas. Tres de ellos -más el tuit del estreno- fueron amplificados por el propio Milei. “Aquí está el que confesó que ha sido parte de una red de espionaje ilegal al Ejecutivo”, subió el 6 de febrero, dedicado a Mauro Federico, a quien el mandatario acusa de haber sido parte de un intrincado plan para espiar a sus perros clonados. Ese día también compartió un tuit de la oficina contra Luis Novaresio, al que le agregó “acomodando al mentiroso y operador serial, algún día se sabrá lo que operaba desde España tratando de generar caos en Argentina”. El 11 de febrero reprodujo un mensaje contra  TN: “Aquí un periodista operando una mentira”.

La coordinación entre la oficina y las redes del mandatario revela mucho más que una adicción tuitera del Presidente. Como contó el diario La Nación, fue el propio Milei quien tuvo la idea de crear esta oficina. Como en otras áreas de su gestión, es más que probable que el libertario se haya copiado de Donald Trump, que en el comienzo de su segunda gestión como presidente número 47 de Estados Unidos lanzó “Rapid response 47” -por eso el número- para cruzar en las redes a periodistas críticos. De hecho, hasta los logos de ambas cuentas son muy similares.

Más allá de este nuevo plagio, el movimiento ilustra cómo funciona el oficialismo. Como viene contando esta revista desde que La Libertad Avanza llegó al poder, las estrategias y las políticas del Gobierno se acoplan a los deseos, necesidades o caprichos personales del mandatario, y no al revés. Si bien en el caso de esta oficina se puede encontrar un motivo racional atrás de su creación -como por ejemplo desviar la conversación pública de la intervención del INDEC, el escándalo nacional que ilustró la última tapa de este medio-, fue el propio odio de Milei al periodismo el que la hizo nacer. Crear en “X” una cuenta con el tilde gris, es decir que cuenta con el aval de la red social de Elon Musk de que pertenece efectivamente a un gobierno, tarda varios días sino semanas. La coincidencia con la renuncia de Marco Lavagna y el cambio en la nueva metodología de medición a unos días de publicarse es nada más que eso, una coincidencia. Lo que mueve montañas, en este caso, es la ira de Milei a la prensa.

Guerra.

La oficina cargó contra los periodistas Jorge Fontevecchia, Manuel Casado, Julián Maradeo, Federico, Novaresio, María O'Donnell, María Laura Santillán, Francisco Jueguen, las comunicadoras Marcela Feudale y Edith Hermida, la dirigente de izquierda Vanina Biasi y el abogado Félix Lonigro. 

En varios de esos cruces, la cuenta -que maneja Juan Pablo Carreira, un soldado de Santiago Caputo (ver recuadro)- hizo un paso en falso y demostró su verdadero rostro: a Maradeo le desmintió una información que el propio Milei había dado en una entrevista de octubre de 2025 -donde comentaba que estaban por comprar submarinos franceses, lo mismo que había publicado el periodista-, y a O'Donnell la cruzó por comentar que en casi ningún país del mundo la edad de imputabilidad es de 13 años. La oficina puso erróneamente como ejemplo a Uruguay, cuya ley indica que la edad es de 18 años. 

A Fontevecchia le “desmintieron” una editorial, cuando una opinión es, en todo caso, una opinión, no algo “desmentible”. La metodología revela el fondo: la intención es aleccionar a la prensa crítica, atacar a los periodistas para intimidarlos a ellos y a los que quisieran seguir su ejemplo.






lunes, 19 de enero de 2026

Un troll para representarnos ante la Unión Europea… @elprofesorcapomasi...

Un troll para representarnos ante la Unión Europea…

Un troll para representarnos ante la Unión Europea. Dibujo: CEDOC

El Gobierno designó a Fernando Iglesias como embajador argentino ante la Unión Europea, aunque su figura se asocia más al conflicto que a la mediación. Es una apuesta deliberada por trasladar el conflicto ideológico interno al plano internacional. 

© Escrito por Jorge Fontevecchia el lunes 19/01/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

La designación de Fernando Iglesias como embajador argentino ante la Unión Europea no es un dato administrativo ni un gesto menor de política exterior. Es una definición estratégica que condensa una concepción del mundo. En un momento en que el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea exige mesura, paciencia y oficio negociador, el Gobierno de Javier Milei opta por enviar a Bruselas a una figura asociada a la confrontación y la provocación.

No se trata de un error ni de una improvisación: es un mensaje político deliberado. La Argentina no busca adaptarse a la lógica diplomática europea, sino tensionarla. La elección de Iglesias expresa la voluntad de trasladar la batalla cultural interna al plano internacional, aun cuando ese escenario demanda exactamente lo contrario: pragmatismo, flexibilidad y una comprensión fina de las reglas no escritas del poder.

El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea volvió a poner a la Argentina en una escena que exige sutileza, paciencia y oficio. Tras más de dos décadas de negociaciones, el entendimiento reabre expectativas comerciales, pero también demanda una diplomacia activa para aprovechar las oportunidades con flexibilidad. No es un momento para improvisar ni para posiciones fundamentalistas.

Hoy más que nunca Suscribite

La diplomacia, en su sentido clásico, no es épica ni confrontación. Es negociación, escucha, construcción paciente de consensos mínimos y administración racional del desacuerdo. Es, como la definía Harold Nicolson, el diplomático británico, teórico central de las relaciones internacionales del siglo XX y partícipe directo del sistema de conferencias que modeló la posguerra europea, “el arte de conducir las relaciones entre Estados mediante métodos distintos a la guerra”.

Nicolson no hablaba desde la abstracción académica, sino desde la experiencia concreta de un continente devastado que comprendió que el conflicto permanente conduce al colapso y que la palabra, aun débil, suele ser más eficaz que la amenaza. En esa tradición se inscriben la diplomacia europea moderna, la lógica comunitaria de la Unión Europea y su cultura política basada en la moderación, el lenguaje medido y la búsqueda de acuerdos graduales.

La elección de Iglesias sugiere una concepción particular de la política exterior. Milei ha mostrado reiteradamente su desprecio por los mecanismos clásicos de mediación y consenso. Su estilo privilegia la confrontación, la claridad ideológica y el choque frontal. En ese marco, la diplomacia aparece menos como una herramienta y más como un obstáculo.

No es casual que el Presidente desconfíe de la diplomacia. Negociar implica ceder, y ceder contradice la lógica binaria que estructura su discurso público. La diplomacia busca acuerdos imperfectos; Milei proclama verdades absolutas. La diplomacia opera en grises; el mileísmo se mueve en blancos y negros.

El Gobierno argentino se prepara para abandonar entre 45 y 55 organismos y tratados internacionales, muchos de ellos vinculados directa o indirectamente a las Naciones Unidas, en una decisión que profundiza el alineamiento automático con Estados Unidos y replica la política exterior impulsada por Donald Trump.

La medida surge de un expediente interno de la Cancillería que justifica el retiro bajo un único argumento: la “alianza estratégica” con Washington, incluso cuando esa decisión implique aislar a la Argentina de los principales espacios multilaterales del sistema internacional. La decisión cuenta con el aval de altos funcionarios del Ministerio de Relaciones Exteriores, y solo resta la firma final del canciller Pablo Quirno para concretarse.

Javier Milei nombró a Fernando Iglesias como embajador argentino en Bélgica.

Diplomáticos de carrera consultados describen la iniciativa como un sinsentido estratégico, dado que esos organismos son plataformas centrales para la política exterior, el financiamiento internacional y la articulación global. Aun así, el Gobierno resolvió imitar la retirada de Estados Unidos, aunque de manera parcial, para no poner en riesgo créditos y proyectos por miles de millones de dólares que dependen de esos mismos espacios.

El repliegue genera una contradicción política de fondo: mientras la Argentina se dispone a salir de organismos de la ONU, al mismo tiempo impulsa la candidatura del diplomático argentino Rafael Grossi para ocupar la Secretaría General del organismo.

Para resolver esa incoherencia, la Cancillería envió un cable secreto a sus embajadas, instruyendo a los diplomáticos a sostener, solo si son consultados, que el país mantiene un “compromiso histórico con el multilateralismo”, pese a que las decisiones concretas van en sentido opuesto.

Carl von Clausewitz escribió que la guerra es la continuación de la política por otros medios. La diplomacia podría pensarse como su reverso: la política que evita la guerra por medios más sutiles. Requiere cálculo, empatía estratégica y una comprensión fina del adversario. Nada más lejano al registro de la provocación permanente. Cada terreno tiene sus métodos específicos que le son propios.

Iglesias no es un diplomático de carrera ni un negociador silencioso. Es, ante todo, un polemista. Durante años construyó su capital político en la confrontación mediática, en las redes sociales y en un estilo deliberadamente provocador. Su figura se asocia más al conflicto que a la mediación.

Durante el gobierno de Alberto Fernández, cobró relevancia por la confrontación permanente en el Parlamento. Vamos a ver, a modo de ejemplo, algunos de estos episodios. Pero primero, un testimonio de Martín Soria, que actualmente es senador. La polémica era, en ese entonces, por la oposición a crear nuevas universidades de cercanía. “Que te insulte Fernando Iglesias es costumbre. Es un personaje infumable, insoportable. Es una cucaracha de la política”, decía Soria en ese momento.

Durante el discurso de apertura de sesiones ordinarias del Congreso del 1.º de marzo de 2023, el entonces presidente Alberto Fernández generó un fuerte clima de tensión al cuestionar duramente a la Corte Suprema por el fallo que restituyó fondos coparticipables a la Ciudad de Buenos Aires.

En ese contexto se produjo el episodio más visible: el diputado del PRO, Iglesias, le dio la espalda al Presidente, lo increpó a los gritos y finalmente se retiró del recinto con su mochila, mientras Fernández le respondía con ironía desde el estrado. “Es un enorme honor que me insulte Fernando Iglesias, me enorgullece”, bromeó el entonces mandatario en el Congreso. En una entrevista posterior, el propio Iglesias relató lo sucedido y afirmó: “Se me debe haber escapado algún insulto”.

En otra ocasión, Iglesias profirió insultos contra la presidenta del cuerpo, Cecilia Moreau, mientras ella conducía la sesión. Lejos de dejar pasar el agravio, Moreau interrumpió el trámite parlamentario y lo confrontó a Iglesias, exponiendo lo que el diputado del PRO decía fuera del micrófono. "¿Qué pasa Iglesias? ¿Por qué no me decís de frente 'pelotuda' como me estás diciendo por lo bajo? Sos un misógino maleducado. Cobarde", expuso la diputada.

Otro de los hechos que causaron indignación ocurrió cuando, en una polémica con Hugo Moyano, Iglesias retuiteó una amenaza contra el dirigente sindical. El episodio se produjo en julio de 2020, cuando el entonces diputado nacional Iglesias replicó en su cuenta personal de Twitter un mensaje de un usuario anónimo que incluía la imagen de un rifle y una frase interpretada como una amenaza directa contra la familia Moyano.

El retuit se dio en el marco de un conflicto sindical entre el gremio de Camioneros y Mercado Libre, luego de que Iglesias publicara comentarios satíricos y críticas contra los Moyano por el reclamo de encuadramiento gremial de los trabajadores de la empresa.

En una entrevista para la revista Seúl, de julio de 2025, Iglesias habló de su estrategia de comunicación y sostuvo: “Aprendí mucho de algo que se aprende también en Twitter, que es a decir cosas en breve tiempo. Vos tenés tu equipo, están jugando horrible, cometen cuatro o cinco errores y tenés 30 segundos para arreglarlo. ¿Qué hacés? Elegís lo más importante y vas a eso”.

Y luego agrega: “Si vos das una instrucción, das una instrucción. Si das dos instrucciones, das media instrucción. Si das tres instrucciones, no dijiste nada. Porque cada cual agarra la que quiere, hace lo que le parece. Y eso es algo muy importante: focalizar, detectar en el sistema de juego cuál es lo principal que te puede ayudar a corregir el resto, hablar solamente de eso”.

Esa concepción de la comunicación, eficaz en el vértigo de las redes sociales o en la lógica binaria del debate político confrontativo de la era Milei, revela al mismo tiempo su límite estructural para el ejercicio de la diplomacia. La reducción extrema del mensaje, la idea de que solo puede existir una instrucción válida y que todo lo demás es ruido, puede funcionar en Twitter, donde la atención es escasa y el conflicto es el combustible del intercambio.

Pero la diplomacia opera en un registro exactamente inverso: acumula matices, superpone capas de sentido, admite ambigüedades en busca de la diagonal común, del consenso y, muchas veces, sugiere más de lo que dice. En definitiva, el perfil de Iglesias resulta problemático para un cargo que exige discreción, escucha activa y capacidad de administrar tensiones sin exacerbarlas.

Su trayectoria pública muestra una preferencia constante por la confrontación directa, el gesto provocador y la exposición del conflicto como capital político. Ese estilo puede haberle resultado eficaz en la arena doméstica, en el debate parlamentario o en la disputa mediática, pero choca frontalmente con la cultura política de la Unión Europea, donde la forma es fondo y donde cada palabra tiene peso diplomático.

Acuerdo UE–Mercosur: oportunidades y beneficios para la Argentina.

La designación de Iglesias no puede leerse como un error de cálculo ni como una casualidad. Milei envía a Bruselas a un representante que encarna la anti-diplomacia, alguien que no viene a tejer consensos sino a marcar posiciones, incluso a costa de incomodar. Es una apuesta deliberada por trasladar el conflicto ideológico interno al plano internacional, aun cuando el acuerdo Mercosur–Unión Europea exige exactamente lo contrario: paciencia, pragmatismo y flexibilidad negociadora.

La designación, además, llega acompañada de una anomalía institucional: la duplicación de cargos. Iglesias fue nombrado embajador ante Bélgica y, una semana después, ante la Unión Europea. El argumento del Gobierno fue el ahorro logístico y, además, sostiene que Iglesias ejercerá el cargo sin perjuicio de su función como embajador ante Bélgica.

El Gobierno destaca la experiencia de Iglesias en política exterior, su paso por la presidencia de la Comisión de Relaciones Exteriores de Diputados y su participación en giras oficiales, pero la realidad es que, si hablamos de trayectoria y experiencia profesional, no parece ser la mejor opción.

¿Cuál fue la trayectoria de Fernando Iglesias? Su derrotero político está atravesado por desplazamientos ideológicos, pero con una constante: la confrontación como método. Su militancia comenzó en los años setenta en el trotskista Partido Socialista de los Trabajadores, en el clima de radicalización política previo al golpe de 1976.

Tras abandonar ese espacio, se vinculó al activismo en derechos humanos y luego desarrolló una carrera intelectual y periodística centrada en la crítica al peronismo y en la defensa de la globalización, un recorrido que lo fue alejando progresivamente de la izquierda tradicional.

Su ingreso formal a la política institucional se dio en 2007, como diputado nacional por la Coalición Cívica de Elisa Carrió. Allí se consolidó como una voz dura contra el kirchnerismo, con intervenciones orientadas más al debate ideológico que a la construcción de consensos legislativos. Durante ese período integró comisiones vinculadas a la libertad de expresión y se destacó por su retórica confrontativa, que lo convirtió en una figura mediática antes que en un articulador parlamentario.

Tras un impasse legislativo, Iglesias regresó a la Cámara de Diputados en 2017 de la mano de Cambiemos, ya alineado con el macrismo. En ese ciclo profundizó su perfil de polemista, especialmente en redes sociales, y se asumió como uno de los “halcones” del espacio. Defensor incondicional del gobierno de Mauricio Macri, incluso en sus momentos de mayor debilidad, su figura se asoció a la idea de batalla cultural y a una lectura binaria de la política argentina, con el peronismo como adversario central.

En los últimos años, su trayectoria volvió a mutar al alinearse con Milei y La Libertad Avanza, sin abandonar formalmente el PRO. Desde ese lugar respaldó el rumbo del gobierno libertario y justificó sus formas disruptivas en nombre de un cambio histórico.

Ursula von der Leyen prometió que el acuerdo traerá "oportunidades, empleo y prosperidad" a ambas partes.

Su reciente designación como embajador ante la Unión Europea puede leerse como la culminación de ese recorrido: de legislador combativo y polemista permanente a representante diplomático, en una transición que resume tanto su itinerario político personal como la concepción anti-diplomática del actual oficialismo.

Su visión del peronismo como “el enemigo” estructura gran parte de su discurso. Esa lectura interna, trasladada a la arena internacional, corre el riesgo de simplificar procesos complejos y de confundir disputas domésticas con alineamientos globales. Pero esta visión encaja con una matriz ideológica más amplia que hoy articula a Milei con Donald Trump y con sectores de la nueva derecha global.

El peronismo deja de ser un movimiento político nacional, con contradicciones internas y trayectorias diversas, para convertirse en una pieza local de un enemigo mayor: el “colectivismo”, el “estatismo” o el “comunismo”, entendido en sentido expansivo y casi metafísico.

Del mismo modo en que Trump condensó en el “socialismo” o en el “deep state” todas las amenazas al orden estadounidense, e igual que Milei sintetiza en el kirchnerismo una supuesta decadencia moral y económica, Iglesias proyecta sobre el peronismo la figura de un adversario absoluto, incompatible con la república y la libertad.

Ese paralelismo responde a la lógica de la batalla cultural como marco interpretativo total. Para Milei y Trump, la política ya no es una competencia entre programas, sino una guerra civil fría entre libertad y comunismo, entre Occidente y su disolución interna.

La política debe tornarse más agresiva porque, en su relato épico, el riesgo es la disolución de Occidente. El acuerdo Mercosur-UE exige una narrativa que combine apertura comercial con garantías ambientales y sociales. Exige diálogo con actores que no comparten la visión libertaria del mundo. Exige paciencia.

El nombramiento envía, entonces, un mensaje ambiguo a Europa. Por un lado, la Argentina celebra el acuerdo. Por otro, designa como representante a alguien conocido por su estilo pendenciero. Es difícil no leer allí una señal de provocación. Nada de esto parece accidental.

Milei construye su identidad política en oposición a “la casta”, a la diplomacia tradicional y a lo que considera consensos vacíos. Al nombrar a Iglesias, refuerza esa narrativa: no habrá diplomacia clásica, habrá confrontación ideológica. El problema es que la política exterior no se juega solo en la coherencia interna del relato. Se juega en mesas de negociación donde el estilo importa, donde una palabra mal dicha puede bloquear un expediente durante años.

La diplomacia cultural, además, requiere sensibilidad. Europa no es un bloque homogéneo ni un adversario ideológico. Es un entramado de intereses, valores y temores. Representar a la Argentina allí implica comprender esa complejidad para aprovechar las oportunidades de desarrollo que el acuerdo ofrece para nuestro país.

El riesgo es que la embajada se convierta en una tribuna de la batalla cultural libertaria; que el representante argentino hable más para las redes locales que para los despachos europeos; que la política exterior quede subordinada a la lógica del like y la polarización.

La pregunta que queda abierta es si ese estilo alcanzará para atravesar el complejo laberinto europeo o si, una vez más, la épica doméstica terminará chocando con la realidad internacional. Porque la diplomacia no perdona los gestos incendiarios. Y Europa, a diferencia de Twitter, no responde a provocaciones, sino a intereses y consensos.

Producción de texto e imágenes: Matías Rodríguez Ghrimoldi. TV/ff.