Mostrando las entradas con la etiqueta Fernanda Vallejos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Fernanda Vallejos. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de septiembre de 2021

La desigual batalla de Cristina Kirchner contra la suma, la resta y la multiplicación… @dealgunamaneraok...

 La desigual batalla de Cristina Kirchner contra la suma, la resta y la multiplicación… 

Cristina Kirchner en Lomas de Zamora 

La Vicepresidenta acusó a Martín Guzmán de haber implementado un plan de ajuste. Pero la respuesta del ministro invalida el principal argumento de la carta que puso en crisis al Gobierno. 

© Escrito por Ernesto Tenembaum el domingo 26/09/2021 y publicado por el Diario Digital Infobae de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos. 

En diciembre del año pasado, Cristina Kirchner humilló a los ministros de Alberto Fernández. “Búsquense otro laburo”, les gritó, durante un acto en la ciudad de La Plata. En ese momento, todos los asistentes la aplaudieron menos uno: Juan Pablo Biondi, vocero y hombre de confianza del Presidente. Alguien fotografió la imagen televisiva donde se veía a Biondi de brazos cruzados. Inmediatamente Alicia Castro, la ex embajadora de CFK ante el régimen venezolano, marcó con un fibrón rojo al desobediente, difundió la foto marcada en sus redes y reclamó escarmiento. Meses después, como se sabe, Kirchner pidió la renuncia de Biondi: era a ella, en realidad, a quien le había parecido una insolencia que no la aplaudiera. Biondi, en estos días, se está buscando otro laburo. 

Esta semana dio comienzo otra historia similar. El jueves 16, la poderosa vicepresidenta emitió una carta donde acusaba al gobierno de Alberto Fernández de haber implementado un programa de ajuste. El ministro de Economía, Martín Guzmán explicó que estaba equivocada. Un ajuste implica que el Estado gaste menos que un año antes. Eso no ocurrió en la Argentina. La política fiscal ha sido muy expansiva. En agosto de 2021, por ejemplo, se gastó 66 por ciento más que el mismo mes del año anterior, una diferencia que supera con creces a la inflación. Al mismo tiempo, se redujo el déficit pero no por un ajuste del gasto sino por el crecimiento de los ingresos fiscales. Eso mismo hacía Néstor Kirchner en los buenos años de su mandato presidencial: achicaba el déficit por medio de la suba de ingresos. 

Dos días después de la aclaración de Guzmán, la cuenta de Twitter de Alicia Castro volvió a vibrar. “Estimado Martín Guzmán. Durante los 8 años que Cristina Kirchner gobernó exitosamente la Argentina, los que acompañó a Néstor Kirchner, los que fue diputada de la Nación y senadora; calculo que usted habrá estado haciendo el secundario y su master en EEUU. Si ella dice ajuste, ajústese”. Hay muchas evidencias de que el mecanismo de desgaste y castigo se ha puesto en marcha, desde hace mucho tiempo, contra Guzmán. Horacio Verbitsky empezó con ese proceso unos días antes de que conmoviera al país con el relato de su vacunación: lo acusaba de haber estudiado en la misma universidad que Ricardo López Murphy (sic). Esta semana, Andrés Larroque le reclamó a Guzmán que no sea amarrete. Larroque fue el mismo que pidió cambios de Gabinete pocas horas después de la derrota electoral. Máximo Kirchner justificó que no aprobaría el presupuesto de Guzmán con otra reflexión fascinante: “Una cosa son los números y otra el bolsillo de la gente”.

 

Martín Guzmán y Cristina Kirchner (Franco Fafasuli) 

El atrevimiento de Guzmán es muy contracultural. Nunca nadie, en un gobierno donde estuviera Cristina, se animó a sostener que la vicepresidenta estuviera equivocada en algo, aunque fuera tan evidente que estaba equivocada. Castro se ocupó de recordarle cómo son las cosas. “Si ella dice ajuste, ajústese”, escribió. En este esquema, todo lo que dice Cristina es correcto, por la mera razón de que lo dice ella, aun cuando diga que dos más dos es cinco, que es más o menos lo que dijo en este caso. Un militante -o un ministro- no está autorizado para tener ideas propias: sus ideas deben ser, siempre, las de la Jefa. Una semana atrás, la diputada cristinista Fernanda Vallejos lo dijo de otra manera: “Por la boca de Cristina se escucha la voz del pueblo”. Hay una leve reminiscencia a Jim Jones en algunas culturas políticas. 

El debate entre CFK y Guzmán generó, sin embargo, muchas reacciones dentro del esquema kirchnerista. El ministro no es el único preocupado por semejantes imprecisiones. El mismo día de la carta, el ex viceministro de Economía de Axel Kicillof, Emmanuel Álvarez Agis, emitió un informe donde explicaba que el gasto creció fuertemente en la Argentina durante el último año. Cristina en su carta había dicho que este Gobierno tiene más reservas que el suyo para enfrentar la presión cambiaria. Álvarez Agis explicó que en 2009 Cristina disponía de 45 mil millones de dólares de reservas que podía gastar para enfrentar la demanda creciente de dólares. Ahora, hay solo 9 mil millones. ¡Cinco veces menos! De esa magnitud son los errores de la Vicepresidenta. En el año 2016 CFK había elogiado a Álvarez Agis por sus informes críticos de distintas medidas del macrismo. Alfredo Zaiat, jefe de Economía de Página 12, tal vez el periodista más citado por Cristina, fue categórico: “Tiene razón Guzmán. No hubo ajuste”, declaró. No fueron los únicos. 

La relación de Cristina Kirchner con los números siempre fue complicada. Esa fue su principal diferencia con la gestión del fallecido Néstor Kirchner y, tal vez, explica por qué recibió una Argentina con indicadores pujantes en 2007 y la entregó exhausta en 2015. El ejemplo que mejor permite entender este problema es lo que ocurrió con la resolución 125. Esa medida reestructuró el esquema de relaciones políticas y humanas en la Argentina. Muchas familias y amistades se rompieron en ese momento. El peronismo se dividió. Cristina aplicó la terquedad que, hace pocos días, les reclamó a todos los funcionarios. 

En el año 2015, siete años después, durante la campaña electoral por la jefatura de Gobierno porteño, Cristina admitió que la resolución 125 tenía un problema de cálculos. En esa campaña, Martín Lousteau encabezaba una lista opositora. “Ahí está el que nos hacía mal los números de la 125, dijo Cristina. Durante sus ocho años de mandato, además, el gobierno manipuló las estadísticas oficiales, otro desprecio por los números, y por la realidad, que la Vicepresidenta nunca ha aclarado. 

Los problemas de Cristina con las matemáticas podrían ser un tema personal. Se trata, al fin y al cabo, de una limitación habitual en muchas personas. Pero resulta que la Vicepresidenta es la personalidad con mayor poder político dentro del Gobierno. Ni Fernández, ni Guzmán, ni nadie puede imponer su voluntad, en ningún sentido, si ella se opone. Entonces, esos errores se transforman en un problema para el país. Guzmán suma, resta y multiplica según los criterios tradicionales y, en base a eso, propone un plan. Cristina hace sus propios cálculos y le quiere imponer otro. La economía argentina se desplaza en un angosto desfiladero rodeado de abismos. ¿Qué le sucede a un auto que anda en zigzag, y por momentos a ciegas? En ese auto van subidos millones de argentinos. 

La situación de Guzmán, luego de su insolencia, es muy delicada. En parte, porque fue muy certero. Si no hubo ajuste, los argumentos de Cristina en su carta se desmoronan y pierde todo sentido el ataque más tremendo que sufrió un presidente democrático, desde 1983, por parte de su propio vicepresidente y del sector más poderoso del Gobierno, estaba mal fundamentado.

Hasta ahora, todas las peleas que dio Cristina desde el 10 de diciembre de 2019, terminaron igual: tarde o temprano impuso su voluntad. Si ella dice ajuste, al final, todos se ajustan. 

Cuando alguien poderoso se equivoca, es mejor no tener razón. 

E pur si muove.



  

lunes, 15 de febrero de 2021

Perro que ladra no muerde… @dealgunamaneraok...

 Perro que ladra no muerde… 


Can militante Dylan. Dibujo: Pablo Temes.

Una incógnita que se va extendiendo cada vez más. ¿Qué presidente nos gobierna? ¿El buscapleitos o el dialoguista?

 

© Escrito por Nelson Castro el  domingo 14/02/2021 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República e los Argentinos.




En el Gobierno hay preocupación –y mucha– por la suba de precios en el mercado interno. La inflación en enero fue del 4% con una particularidad que encendió las alarmas: el incremento en alimentos fue del 4,8% traccionado por la carne, entre otros productos de consumo regular.

 

El pasado se hizo presente una vez más. El recuerdo de la 125, que es un puñal clavado que aún hoy atiza las mentes atribuladas de gran parte del kirchnerismo, fue inevitable. Primero fue la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, quien aseguró que no se descarta una suba en las retenciones al campo como mecanismo para poner freno a los aumentos. Enseguida el presidente Alberto Fernández volvió sobre esa posibilidad o la de “establecer cupos” a la exportación. “Si no lo entienden, me obligan a resolver el problema”, dijo en tono amenazante. A solo cuatro días de aquella sentencia se reunió en Casa de Gobierno con los dirigentes de las entidades del campo que conforman la Mesa de Enlace. Resultado: el gobierno nacional se comprometió a no aumentar las retenciones ni intervenir los mercados, mediante los cupos de exportación.  En esa reunión tuvieron un importante rol el ministro de Relaciones Exteriores, Felipe Solá, y el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Beliz. Sus aportes ayudaron a crear un clima de conciliación. Si algo conoce Solá, es la problemática del campo. Nadie sabe por qué no fue ministro de Agricultura y recaló en la Cancillería, donde su papel es una lágrima.

 

Ante la marcha atrás del Gobierno, cabe preguntarse: ¿qué presidente nos gobierna? ¿El buscapleitos o el dialoguista?

 

El Ministro de Economía, Martín Guzmán, también mostró una inusual beligerancia cuando el jueves disertó en la Casa Rosada ante una decena de hombres de negocios para exponer sus argumentos y convencerlos de aceptar los números del presupuesto, entre ellos las metas inflacionarias. Criticó a sus colegas y consultores en duros términos por pronosticar una inflación mayor al 30% que defiende. 


El lote de los aludidos por el ministro está encabezado por Miguel Ángel Broda, Carlos Melconian y Javier Milei. “Lo de Guzmán no se entiende. Dice cosas que no le gustan y muestra un enojo impostado que no es acorde a su estilo. No sabe para dónde ir. Es un hombre que comprende la economía pero está en medio de dos grupos que se disputan el poder y no sabe para dónde correr. No es claro, no define”,  señaló uno de los economistas que fueron blanco de las diatribas del ministro. A este ritmo todos los especialistas consultados insisten en que el costo de vida estará más cerca del 45 que del 30.

 

Los empresarios que asistieron a la reunión aplaudieron a Guzmán. Según ellos, esto fue producto de la sorpresa que se llevaron cuando escucharon hablar al ministro y al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, acerca de la compleja situación socioeconómica del país y excluyéndolos del centro de sus críticas. “Junto con la sorpresa, el aplauso fue para apoyar a Guzmán ante los embates internos de Cristina”, agregó uno de los empresarios que participaron del encuentro. En efecto, ese discurso no cayó para nada bien al interior del kirchnerismo, donde persiste la concepción estatista de la economía. He ahí, como muestra, las brigadas de controladores de precios pertenecientes a los movimientos sociales que se esparcirán por los negocios del país y que, como ocurrió siempre, fracasarán.    

 

La interna dentro del Gobierno es persistente y creciente a medida que se acercan las elecciones y que la Justicia produce fallos adversos a Cristina Fernández de Kirchner y sus secuaces. En ese marco, la confirmación por parte de la Corte Suprema de uno de los fallos condenatorios a Milagro Sala fue un cachetazo para la vicepresidenta.

 

“La interna política está a la vista. Pero por ahora este es el mejor equilibrio al que podemos aspirar. Nos tildan de blandos. El problema es cuando nosotros nos queremos disfrazar de lobos. No hay que perder la identidad porque así nos van a rechazar los duros y los moderados. La gente está cansada”, dijo una mujer de la línea albertista con llegada a la Casa Rosada.

 

Todo esto tiene una consecuencia negativa inevitable sobre la economía.  

 

La diputada Fernanda Vallejos, férrea defensora de la concepción intervencionista y estatista de CFK, dijo que la inflación era importada. El ministro Guzmán, por su parte, afirmó que era un problema de emisión monetaria. “Ante dos versiones del problema en un mismo gobierno el resultado es la falta de inversiones. ¿Quién va a venir a poner plata acá si tratás con un gobierno bipolar?”, se preguntó un hombre de negocios.

 

No es casual que el gremio bancario haya sido puesto de ejemplo por cerrar una paritaria del 29%. Ese es el número con el que se siente cómodo el Gobierno.

 

Un hombre vinculado al sector del retail señaló un dato que no es menor: “Los precios suben porque no utilizan las herramientas que tienen o lo hacen a medias para no perjudicar a los amigos. Hay falta de profesionalismo. Un ejemplo es la ley de góndolas, que es un instrumento importante para equilibrar los precios del mercado de alimentos y artículos de primera necesidad promoviendo la competencia al permitir el ingreso de nuevos jugadores a las tiendas. Su reglamentación se viene haciendo con cuentagotas y en lugar de utilizarla en su totalidad mandan un grupo de inspectores sin experiencia a controlar precios y hacer multas sin una visión global del tema”, sentenció.

 

¿Ahora la educación? Hubo un tiempo en que, desde el oficialismo, se lo trató a Horacio Rodríguez Larreta de asesino a causa de su insistencia en la reanudación de las clases presenciales. Fue un tiempo en que, desde el gobierno nacional, se buscó obstaculizar la presencialidad en las aulas en la Capital Federal para no dejar desairado a Axel Kicillof, que no tenía ninguna intención de romper con los gremios docentes que sistemáticamente se oponían a la presencialidad.

 

El viernes pasado, en un artículo de amplia circulación internacional publicado en The New York Times, el Centro para el Control de las Enfermedades de los Estados Unidos (CDC) volvió a insistir acerca de la necesidad de implementar la presencialidad en las escuelas de manera urgente. La Sociedad Argentina de Pediatría también lo dijo con toda claridad: es fundamental que los chicos retornen a las aulas cuanto antes.

 

El regreso a las clases presenciales es un imperativo que exige protocolos de estricto cumplimiento. La discusión no debió haber sido la presencialidad, sino cómo lograrla. La política lo impidió.

 

Alberto Fenández intenta ahora apoderarse de la vuelta a las clases presenciales para lo que tan poco hizo durante los largos meses de la cuarentena. Kirchnerismo puro.

 

Producción periodística: Santiago Serra.






domingo, 17 de enero de 2021

Carrió y Vallejos traducen (al revés) la enciclopedia del fracaso… @dealgunamanera...

Carrió y Vallejos traducen (al revés) la enciclopedia del fracaso…

 


La semana empezó con paro rural y termina, una vez más, con polémica sobre el campo: 

• La ultra kirchnerista Fernanda Vallejos, traicionada por una visión supuestamente híper ideológica, lamenta que vivamos del agro. 

• Desde el otro polo, la chaqueña Elisa Carrió, anclada en la defensa del statu quo, defiende a las corporaciones agropecuarias, curiosamente, por la misma razón que Vallejos las odia. 

© Escrito por Edi Zunino el viernes 15/01/2021 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. 

Empecinadas en afirmarse electoralmente de un lado de la polarización que siempre promueven, ambas rivales se equivocan, si bien, a la vez, las dos tienen algo de razón. Porque sin el campo la Argentina no existe. Y sólo con el campo, tampoco. 

El asunto es que ver sólo una parte del problema nos deja siempre sin un plan productivo maestro. Si no nos proponemos combinar buenas materias primas con buenas manufacturas, con buena tecnología, con buenos servicios, con buena salud, con buena educación y con buena seguridad, la Argentina va a seguir siendo una entelequia. O un botín a la espera del próximo corsario.

Pongamos el foco en nuestra situación poblacional. Ahí se demuestra que el bendito “país rural” que repetimos como loros dejó de existir hace rato. Lástima que la pandemia nos dejó también sin censo el año pasado, pero los datos reunidos hasta el de 2010 alcanzan para sostener lo que digo. 

Veamos. En el período censal 1980-1991, la tasa de crecimiento anual medio de la población fue del 14,7 por mil (1,47%), en el decenio 1991-2001 del 10,1 por mil (1,01%) y entre 2001-2010 del 11,4 por mil (1,14%). Hacia 2011 el 92% de la población argentina vivía en ciudades, convirtiéndose en uno de los países más urbanizados del mundo.  En contraste, el 40% de los pueblos rurales está en riesgo de extinción.

Traduzco: el campo no es negocio para millones de personas que migran a ciudades desindustrializadas sin capacidad de dar trabajo ni servicios suficientes. Eso es la pobreza estructural, una dimensión que cuestiona el futuro si el 65% de los niños y los jóvenes son pobres.  

Las causales mayores del éxodo rural son la tenencia de la tierra y la falta de servicios ya que “los costos tan elevados de la tierra han hecho que muchos productores no hayan podido acceder a ella y por eso migraron; primero,  a las pequeñas localidades, y después,  a las más grandes. A eso hay que sumarle la falta de servicios (caminos, electricidad, comunicaciones), factores que provocan el éxodo de los pobladores que abandonan el lugar en busca de un futuro mejor en las ciudades”. 

Pero esa situación sólo acarrea un problema mayor. Muchas veces, los productores que emigran a las ciudades solo encuentran desarraigo y marginalidad. Los datos indican que una fracción importante de ellos se ubica en asentamientos que no reúnen las condiciones mínimas.

Decíamos que, según el censo 2010, el 40 por ciento de los pueblos rurales está en riesgo de extinción. Hablamos de lugares con menos de 2.000 habitantes. La mayoría de los que emigran son jóvenes que buscan trabajo o viajan para estudiar.

La población de los pueblos “en crisis o riesgo de extinción” disminuyó más del 10 por ciento entre el censo de 2001 y el de 2010, y nada indica que la tendencia haya cambiado. Más bien, parece todo lo contrario.  Estudios del INDEC y el Conicet sostienen que la merma comenzó en 1960 y se agudizó con los años, luego que el censo nacional de 1991 registró 430 pueblos “en crisis”. En 2001 la cifra ascendió a 602, en tanto 128 poblaciones crecieron menos del 10 por ciento y 90 desaparecieron, hasta llegar a los 800 pueblos en riesgo de extinción hace una década.

Urge un plan. Salirse ya del chiquitaje corporativo y partidario. De la pelea pretenciosa sin sustancia.  Está demostrado: la grieta es un negocio para súper minorías económicas y políticas. 

El presidente Alberto Fernández debería estar menos ansioso por las elecciones de medio término que por no claudicar en su propuesta de Unidad Nacional que le hizo ganar las elecciones con al menos un 15% de votos más que los aportados por Cristina Kirchner. 

Si claudica, la frustración no va a ser suya. Será nomás -ni menos- que un nuevo capítulo en la voluminosa Enciclopedia del Fracaso Nacional que venimos hace décadas empecinados en escribir.

 Radio Perfil (escuchar el audio de la nota)






domingo, 24 de mayo de 2020

Laberintos de la pandemia…@dealgunamanera...

Laberintos de la pandemia…

El tenedor de Bono. Dibujo: Pablo Temes

La iniciativa de la diputada Vallejos produjo espanto en sectores empresarios. El silencio presidencial aumentó la incertidumbre.

© Escrito por Nelson Castro el sábado 23/05/2020 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos.


En la Capital Federal y el conurbano bonaerense hay cuarentena para rato. A la ampliación de ayer hasta el 8 de junio seguirá seguramente otra que se extenderá hasta fin de mes. Los especialistas que asesoran al Presidente han dicho ya que se espera que los casos positivos de coronavirus comiencen a bajar recién hacia la segunda mitad del mes de agosto.

Los números de la última semana acentuaron la centralidad absoluta del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA). Pero no solo eso fue lo que generaron esas cifras; también marcaron el comienzo de un enfrentamiento entre los gobiernos de Horacio Rodríguez Larreta y de Axel Kicillof. El dedo acusador partió desde la Provincia de Buenos Aires.

Las diferencias de criterio en el manejo de situaciones tan complejas como las del presente siempre existen y es válido discutir sobre ellas; pero lo que sucedió en estos días fue otra cosa: una acusación al jefe de Gobierno porteño de generar las condiciones para que la pandemia se expanda a ambos lados de la avenida General Paz.

Las cifras muestran que el aumento de casos en CABA es producto del incremento en la cantidad de testeos que se están haciendo, predominantemente en las villas 31, 1-11-14 y 21. Las condiciones de hacinamiento en las que viven sus habitantes hacen de imposible cumplimiento las recomendaciones del aislamiento social preventivo. Es verdad que el gobierno porteño demoró su llegada a esos lugares. Grueso error. Pero hay que decir que lo mismo le cabe al gobierno bonaerense: los testeos en los llamados barrios populares empezaron tarde.

Resulta desconcertante que, ante esta circunstancia, el Presidente y el ministro de Salud de la Nación, Ginés González García, no hayan buscado amalgamar un criterio de trabajo común. Argentina es la nación que tiene una de las cuarentenas más largas del mundo. Eso es consecuencia de la acertada decisión de AF de imponer el aislamiento social preventivo tempranamente.

Ahora, lo que está faltando son las medidas concomitantes para hacer la cuarentena vivible. Y esto es algo que el Presidente minimiza permanentemente. Lo hace con pose de ofendido. Parece que hablar de los efectos colaterales de la pandemia es una apostasía.

Efectos colaterales. Este acápite corresponde a un rubro de creciente impacto psicofísico, socioeconómico, sanitario y político. Ansiedad, depresión, insomnio, irritabilidad y mayor consumo de alcohol son algunas de las consecuencias psíquicas de la cuarentena. Las socioeconómicas –cierre de comercios y fábricas, caída de los salarios e impagos, falta de comida en las zonas marginales– son producto de la brutal caída de la actividad económica.

Las afectaciones médicas tienen que ver con una combinación muy riesgosa en la que se observan situaciones de gente que tiene miedo de concurrir a los hospitales y centros médicos privados y, a su vez, de indicaciones desde esas mismas instituciones para que los pacientes no concurran a la consulta en caso de que los síntomas que experimentan no correspondan a los del coronavirus.

Esto es algo que debe ser modificado de inmediato. He aquí, pues, el desafío: qué hacer para compatibilizar la cuarentena con estos hechos que forman parte de la vida misma. Es propio de esta Argentina atravesada por la grieta pensar este desafío en términos de procuarentena y anticuarentena. La antinomia anula cualquier posibilidad de discusión y de evolución. Esto ha sido ya repetido hasta el cansancio. Por eso es increíble que no se aprenda.

Al borde del default.

La renegociación de la deuda navega por aguas procelosas. El Gobierno está convencido de que está haciendo todo bien. Sus acólitos, también. Cree que la pandemia le juega a su favor. La actitud del gobierno de los Estados Unidos y del Fondo Monetario Internacional de un supuesto apoyo a la Argentina da vuelo a esas ilusiones.

La actitud y la estrategia del ministro de Economía, Martín Guzmán, son objeto de controversias no solo desde sectores opositores e independientes. Se lo critica desde las entrañas del oficialismo por su dogmatismo, al que agrega cierta cuota de soberbia. Sin embargo, su poltrona es intocable. El Presidente lo sostiene con convicción y firmeza.

Muchos de los que conocen al detalle los números y los vericuetos de la negociación sostienen que el Gobierno no lo está haciendo bien. Observan que hay una buena predisposición de los acreedores de antemano que está siendo desaprovechada, circunstancia que achacan a la existencia de restricciones internas políticas dentro del oficialismo que dificultan peligrosamente las gestiones.

La oferta que se hizo es de 46 dólares cada 100, mientras los acreedores reclaman entre 58 y 62 cada 100. No se está tan lejos, a pesar de que esas diferencias representan miles de millones de dólares.

No es ese aspecto de la economía el único en el que reina un estado de confusión. En lo que respecta a lo vernáculo, las cosas no son muy diferentes. El proyecto de la diputada Fernanda Vallejos –apoyada por el ministro de Trabajo, Claudio Moroni– de incorporar la participación del Estado en las empresas que pidieron ayuda al Gobierno es producto de la miopía intelectual que producen los ideologismos. “Espanto” es la palabra que define la reacción que la sola enunciación de esta iniciativa produjo en todos los sectores empresariales.

Algunos ya han hecho saber que, si esto prospera, procederán a cerrar dejando un tendal de gente en la calle. ¿Imagina alguien al Estado manejando las decenas de miles de empresas que han pedido ayuda al Gobierno para poder subsistir? La diputada ha dicho que esto nada tiene que ver con la confiscación. Nadie le cree.

Lo grave no es solo que existan iniciativas como estas sino también el silencio del Presidente, que no hace más que generar mayor incertidumbre acerca del presente y el futuro de Argentina, el país del mañana mejor que nunca llega.