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domingo, 18 de octubre de 2026

La salud de los papas como política de Estado: del alta sorprendente de León XIV a las muertes misteriosas… @elprofesorcapomasi...

La salud de los papas como política de Estado: del alta sorprendente de León XIV a las muertes misteriosas…

Alta médica. El papa León XIV sale de la clínica Gemelli tras la operación, acompañado del cirujano Stefano Margaritora. Fotografía:  Gza Metrotel.

Por pedido de Francisco, el periodista, médico y escritor escribió un libro esencial sobre el tema. Hoy, ante la decisión de su salida del hospital, comenta que el posoperatorio de este tipo de situaciones suele ser doloroso y que la voluntad de Robert Francis Prevost podría ser un hecho relevante. Además, hace una historia de cómo los diferentes pontífices vivieron situaciones complejas y la reacción de la Santa Sede en cada caso. Desde la muerte misteriosa de Juan Pablo I hasta la de Jorge Bergoglio, que quiso “contarle de mis neurosis”, según sus propias palabras.

El alta de León XIV fue una decisión sorpresiva. A apenas cinco días de una compleja operación de pulmón, que incluyó la extirpación de una parte del órgano, quienes siguieron el caso, aun desde Italia, no esperaban que todo sucediera tan rápido. Los protocolos médicos sugieren otra conducta: hay protocolos ingleses que hablan de posoperatorios de muchos más días. Y quienes hayan atravesado una situación como la del Pontífice saben que es algo muy doloroso y que requiere cuidados. Pero también es cierto que quienes lo conocen saben que su voluntad de hacer el viaje de más de diez días a Sudamérica es esencial para él. Aun así, hay que esperar la evolución más allá de esta novedad.

No hay que olvidar lo que dijimos hace unos días: la operación fue un éxito; el diagnóstico, no. Tiene un cáncer, un tumor maligno de pulmón que se le extirpó en un estadio muy inicial, lo que le da una perspectiva muy buena.

Sin duda habrá novedades sobre cómo continúa la evolución. La cirugía ha sido curativa, aunque todavía faltan detalles. Le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho, es decir: una cirugía que anduvo bien, pero que exige una recuperación con cuidado y tranquilidad. Por eso también es importante revisar cómo trató la Santa Sede, a lo largo del tiempo, la salud de los pontífices.
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La operación de León XIV fue un éxito; el diagnóstico, no

Dudas. Sucesores de Pedro en la Tierra, por siglos los papas murieron ocupando su trono. Por eso, siempre un halo de misterio rodeó su salud y su aptitud física y psíquica para gobernar. Sin embargo, en los últimos años distintas circunstancias pusieron en duda que la capacidad para llevar adelante el complejísimo gobierno de la Iglesia se mantuviera hasta el último minuto de sus vidas. Que no se hablara públicamente del asunto no significa que la salud de los papas no fuera un factor primordial en la dinámica del poder dentro de la Iglesia.

Después del largo papado de Pío IX –duró 31 años–, los cardenales del cónclave determinaron que su sucesor debía ser alguien con una expectativa de vida mucho menor, para propiciar una renovación más activa y evitar los males del poder ejercido en administraciones tan prolongadas. Así eligieron a Gioacchino Pecci, que adoptó el nombre de León XIII. Al ser elegido, en 1878, tenía 67 años, una edad avanzada para la expectativa de vida de la época. Pero esa norma no se cumplió: el papa vivió 25 años más y murió el 20 de julio de 1903, a los 93. Durante su pontificado hubo una infinidad de rumores sobre su salud. Para desmentirlos se lo filmó caminando: fue el primer papa registrado por una cámara de cine.

Pío XII fue un hipocondríaco incorregible, rasgo que se acentuó con los años; seguía los temas médicos de forma obsesiva. Designó como médico personal a Riccardo Galeazzi-Lisi, cuyo comportamiento absolutamente antiético generó uno de los escándalos más resonantes de la historia del Vaticano: la venta a la revista Paris Match de fotos del papa agonizante en su lecho.

Juan XXIII tuvo un pontificado breve: apenas cinco años. El 23 de mayo de 1963, tras muchos cabildeos y rumores, la Santa Sede comunicó al mundo que padecía un cáncer de estómago. Fue su secretario, Loris Capovilla, quien hizo saber que la enfermedad había sido diagnosticada en septiembre de 1962. Se le propuso operarse, opción que rechazó por temor a que sus adversarios internos aprovecharan para frenar el Concilio Vaticano II.

Tumor de próstata. Pablo VI debió someterse a una cirugía por un tumor de próstata. La operación, exitosa, se realizó el 4 de noviembre de 1967. Se planteó entonces dónde hacerla: no había antecedentes de una situación así en la historia del papado, y para evitar cualquier exposición del ilustre paciente se improvisó un quirófano en el Palacio Apostólico, lo que lo expuso a un riesgo absolutamente evitable. Antes de la cirugía, el pontífice dejó cartas con indicaciones por si no se recuperaba de la anestesia o quedaba con alguna secuela física o mental.

El misterioso final de Juan Pablo I.

La muerte súbita de Juan Pablo I dio pie a una de las historias de intriga más intensas y novelescas dentro y fuera del Vaticano. En la madrugada del 29 de septiembre de 1978, apenas 33 días después de su elección, fue encontrado sin vida en su cama por las religiosas Margherita Marin y Vincenza Taffarel. Como se consideró inconveniente –y hasta escandaloso– que dos monjas hubiesen entrado a la habitación papal, se falsearon los hechos y se les ordenó guardar silencio absoluto. Eso, sumado a la negativa a realizar una autopsia, dejó un sinfín de rumores y sospechas que nunca se aclararon.

Juan Pablo II, en su larga agonía, marcó un primer cambio. Todos vimos ese calvario que el propio pontífice quiso que fuese visto por el mundo. Hubo conferencias de prensa de sus voceros y explicaciones profusas que, de todos modos, no siempre fueron consonantes con el cuadro clínico. Tal vez para evitar esa penuria, Benedicto XVI decidió renunciar cuando sintió que le faltaban fuerzas para seguir con las obligaciones de su cargo.

El caso de Francisco.

La salud fue un tema central en la elección de Francisco. Cuando Jorge Mario Bergoglio quedó como máximo favorito desde las primeras votaciones del cónclave de marzo de 2013, sus adversarios argumentaron que le faltaba un pulmón. Tras la fragilidad que habían exhibido Juan Pablo II y Benedicto XVI, se imponía alguien con buena salud. Fue el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, quien le preguntó directamente por su salud. Cuando Bergoglio respondió que lo que le habían extirpado hacía más de cincuenta años era un lóbulo del pulmón derecho, la cuestión quedó zanjada, y también la elección.

En agosto de 2013 recibí en mi casa una carta manuscrita de Francisco en la que, entre otras cosas, me decía que sería interesante que escribiese un libro sobre la salud de los papas. Lo tomé como un comentario gentil de quien sabía que había leído mi libro “Enfermos de poder”. Y ahí quedó. Nunca imaginé que cuatro años después, el 25 de octubre de 2017, en plena plaza de San Pedro, me diría: “Usted tiene una deuda conmigo. Ya le dije que debe escribir un libro sobre la salud de los papas, empezando por mí, para contarle de mis neurosis”.

Lo que siguió fue un torbellino hasta el momento único –que aún hoy me parece increíble– de estar sentado en el despacho papal del Palacio Apostólico para la entrevista en la que, por primera vez en la historia, un pontífice hablaba clara y abiertamente sobre su salud física y psíquica, abriendo una puerta sin retorno.

La salud de los papas, libro que sigue dando la vuelta al mundo, representa un hito en la historia del papado no por mí, sino por quien me pidió que lo hiciera: Francisco. Sin eso, tal vez no hubiésemos visto lo que sucedió el domingo pasado, cuando León XIV sorprendió al mundo al anunciar que debía operarse de un nódulo en el pulmón. Fue escueto pero preciso. Era un cuadro delicado, y la cirugía y la biopsia intraoperatoria confirmaron las sospechas: el papa tenía un cáncer de pulmón. Es una noticia impactante. León XIV es ahora un paciente oncológico que deberá someterse a controles periódicos durante los próximos cinco años.

“Cuando un papa se enferma de algo delicado, siempre hay aires de cónclave”, dijo Francisco en 2021 en una entrevista con la COPE. La frase, que refleja el clima de intriga permanente que se vive en el Vaticano, cobra en estas horas una notable y cruel vigencia.

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Los problemas de salud de los pontífices.

Juan XXIII

Fue diagnosticado con cáncer de estómago en 1962, cuando la enfermedad ya se encontraba en un estadio avanzado.

Mantuvo su actividad al frente de la Iglesia mientras su estado de salud permanecía en reserva.

Murió en 1963 a causa de una peritonitis provocada por la perforación del tumor gástrico.

Pablo VI

En 1967 fue sometido a una intervención quirúrgica por un agrandamiento de la próstata. Durante la década siguiente, una artrosis crónica que afectaba especialmente la rodilla derecha y las vértebras cervicales redujo progresivamente su movilidad. Murió en 1978, tras apartarse de la vida pública.

Juan Pablo I

Tuvo antecedentes de hipertensión arterial y problemas circulatorios. Durante su juventud padeció tuberculosis, lo que le dejó secuelas.

Fue encontrado sin vida en su dormitorio tras apenas 33 días de pontificado.

El diagnóstico del equipo médico oficial del Vaticano atribuyó su muerte a un infarto agudo de miocardio.

Juan Pablo II

Soportó varias secuelas físicas por el intento de asesinato de 1981. En 1992 le extirpación de un tumor de colon benigno. Además, soportó múltiples fracturas y cirugías de cadera y rodilla.

La enfermedad de Parkinson progresiva que mermó de manera notable su capacidad motora y del habla en sus últimos años.

Benedicto XVI

Experimentó dificultad para caminar y dolores articulares asociados a la edad, lo que influyó decisivamente en su renuncia histórica en 2013. Un mes después, el Vaticano confirmó que llevaba un marcapasos. Ya como papa emérito, padeció una infección facial identificada como erisipela.

Francisco

La resección parcial de pulmón en la juventud le acarreó algunas secuelas. Sufrió ciática crónica y problemas en la rodilla derecha, requiriendo uso de silla de ruedas y bastón en los últimos años. En 2021 padeció diverticulitis y una operación de colon. Cuadros agudos de bronquitis y neumonía bilateral en sus últimos años.





sábado, 30 de agosto de 2025

El problema… @dealgunamanera...

 El problema…

Foto Oficial. Con banda presidencial, Javier Milei en el sillón de Rivadavia. Fotografía: Presidencia.

Siempre pensé que no se alcanza a saber bien lo que no se ama.

Es el corazón el que decide a qué temas dedicará el cerebro la energía de pensar.

Y quien no ama la política y –peor aún– odia al Estado no es el adecuado para el cargo político más importante, que es presidir un país. 

© Escrito por Jorge Fontevecchia el viernes 29/08/2025 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Siempre pensé que no se alcanza a saber bien lo que no se ama.

Es el corazón el que decide a qué temas dedicará el cerebro la energía de pensar.

Y quien no ama la política y –peor aún– odia al Estado no es el adecuado para el cargo político más importante, que es presidir un país.

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Este es el problema irreductible de Javier Milei: no puede y no sabe porque no quiere ser lo que debe ser un presidente: un político. Una persona con capacidad de convencer y llegar a acuerdos para que se instrumenten las decisiones necesarias para avanzar en alguna dirección.

Nuevamente la etimología nos dice mucho: acordar deriva de cordis, corazón en latín, es unir corazones, querer al otro (querer algo del otro).

Dice el refrán: “Hace más quien quiere que quien puede”. Entonces, ¿qué quiere Milei?

En una de las mejores columnas del año, que publicó el jueves en el diario El Cronista (y republicamos hoy en PERFIL con expresa recomendación de lectura completa), el director de la consultora Synopsis, Lucas Romero, escribió lo siguiente: “¿Quiere Milei producir decisiones colectivas o simplemente quiere que le den la razón? ¿Quiere Milei ser un político o simplemente quiere seguir siendo un economista? (...) No se es presidente para demostrar que se tienen ideas, se es presidente para producir decisiones colectivas que se crean necesarias para resolver los problemas. Si lo que se busca es reconocimiento intelectual o premios, el ámbito para buscarlos es otro”.

No es necesario ni conveniente esperar a convencer a todos ni acordar con casi todos (lo que es imposible) sino con la cantidad necesaria para que se puedan ejecutar las decisiones que precisan consensos.

¿Quiere Milei producir decisiones colectivas o simplemente quiere que le den la razón?, se preguntó Lucas Romero, director de Synopsis.

Y la decisión de Milei de confrontar y enemistarse con todos demuestra que no quiere ser político, o sea presidente. Que usa la presidencia como herramienta para otros fines personales.

El problema no es que las ideas del presidente sean malas, muchas de las cuales lo son. El problema de Milei no es su doctrina además de que en parte lo sea.

El problema es anterior a sus ideas o doctrina, el problema de Milei es existencial. ¿Cuál es el ser-para-sí de Javier Milei? Ser un profeta que cambie la cultura argentina por décadas no es el propósito de un presidente.

Cuando habla de la Argentina potencia de 2045, huye hacia un futuro incomprobable de un presente impracticable. Y evidencia su predilección por el mundo de las razones teóricas cuando la función de un presidente es el mundo de las razones prácticas.

El problema de Milei, antes que ideológico, es metodológico y antes que metodológico es psicológico. No hubiese aprobado un test laboral para el cargo para el que se presentó. Carece de la inteligencia emocional necesaria que requiere la función.


Escribió también Lucas Romero: “Este ciclo nos ha dado sobradas muestras de que este es un gobierno que carece de praxis política, es decir, de capacidad de llevar adelante el conjunto de acciones necesarias para producir decisiones. Esa carencia no debería sorprender, Javier Milei llegó al poder con dos diputados, sin ninguna experiencia ejecutiva en la administración de la cosa pública y sin un equipo de personas y profesionales que tengan experiencia en administrar el Estado. (...) De todos los candidatos a presidentes de 2023, Milei era el único que al desafío económico le iba a agregar un desafío político. Porque era el único que iba a quedar muy lejos de garantizar condiciones mínimas de gobernabilidad para tomar decisiones. Esa dificultad quedaba agravada por el hecho de que se trataba de un presidente sin experiencia política. (...)Por más enojados que estemos con el piloto del avión, a ninguno de los pasajeros de la aeronave en su sano juicio se le podría ocurrir sacar al piloto de la cabina y poner allí a un pasajero que sin ser piloto nos dijera que cree que puede pilotar el avión”.

Cuando el problema es la conducta de quien conduce, el rumbo y el destino pasan a segundo plano.

“Sano juicio”. Ya se escribió lo suficiente sobre cómo la pandemia afectó el juicio de una parte significativa de la población. Y sobre cómo pudo haber empatizado esa afección de la sociedad con la afección del propio Milei.

Lo que ahora se precisa son copilotos que colaboren para aterrizar el avión sin estrellarse.

Las elecciones del domingo próximo en la provincia de Buenos Aires funcionarán como una especie de primera vuelta y las nacionales de octubre, como un balotaje. La sociedad tiene la posibilidad de confirmar o reformular la autonomía del piloto. No solo el rumbo y el destino, también el modo de conducir, con o sin turbulencias adicionales, consensualista o divisionista, aplacando la intranquilidad innata de nuestro conductor.

Conducir y conducta comparten su misma raíz lingüística referida a guiar, a dirigir (dirección). Cuando el problema es la conducta de quien conduce, el rumbo y el destino pasan a segundo plano.

En psicología, la neurosis de destino se asocia a la compulsión al fracaso, a la repetición de conductas inapropiadas para los fines y autoimpuestas inconscientemente como una forma de autocastigo.

Siempre somos responsables de nuestras elecciones. Siempre podemos hacer otras elecciones. No estamos determinados al autoboicot y continuar perpetuando la decadencia.

La democracia no pone a salvo de elecciones erradas a los votantes pero la democracia permite corregirlas de manera pacífica. Nosotros, los ciudadanos, somos los actores.

Milei retroalimenta la crisis de representación que creó a Milei. Él no puede superarla porque es parte de ella. Pero como decía el papa Francisco, no hay que personalizar los conflictos y cosificar los vínculos sino cosificar los conflictos y personalizar los vínculos. El problema Milei fuimos nosotros con nuestras elecciones y si no lo solucionamos con nuestro voto el problema Milei volveremos a ser nosotros.




jueves, 12 de junio de 2025

Francisco. El enemigo de los Kirchner... @dealgunamanera...

 El enemigo de los Kirchner...

¡Hagan lío... pero no tanto!” Papa Francisco-RIP. Dibujo: Pablo Temes.

De los micrófonos ocultos al “diablo con sotana”: el detrás de escena de una guerra silenciosa que terminó en derrota.


© Escrito por el Doctor Nelson Castro el sábado 07/06/2025 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.



Si hay algo que ha caracterizado a Cristina y a Néstor Kirchner es la corrupción, la mentira y el egoísmo. A eso hay que agregarle el transfuguismo: estuvieron al lado de Carlos Menem, con Domingo Cavallo y con Eduardo Duhalde, a quienes traicionaron y denostaron.   

En este marco de mentiras y de uso de las personas para su propia conveniencia se ubica la relación del matrimonio Kirchner con Jorge Mario Bergoglio. “El mundo extraña a Francisco”, dijo CFK durante el reportaje con Gustavo Sylvestre por C5N en el que anunció su candidatura a diputada provincial por la tercera sección electoral del primer estado argentino, para agregar que “no había lugar para dos grandes hombres como su esposo, y el entonces arzobispo de Buenos Aires”. La verdad es absolutamente diferente: los Kirchner consideraron a Bergoglio un enemigo al que persiguieron en forma sistemática y obsesiva. Néstor Kirchner –un corrupto y un déspota– lo llamó “el diablo con sotana”.    

La inquina de los Kirchner se hizo manifiesta en toda su dimensión cuando en 2005 decidieron no asistir al tradicional Te Deum del 25 de mayo para no escuchar la homilía crítica del arzobispo de Buenos Aires. Tanto lo detestaban que, durante el cónclave que eligió Papa a Joseph Ratzinger, habían intentado operar para bloquear las chances de Bergoglio quien, siendo uno de los más votados, decidió declinar su postulación en aras de la unidad de la Iglesia.   

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A pesar de los embates que recibía desde la Casa Rosada, el entonces cardenal que, como todo jesuita era un cerebro político, siguió alzando la voz crítica contra las conductas autoritarias del expresidente y de su esposa. Por lo tanto, decidió no permanecer indiferente ante el proyecto de reforma de la Constitución de la provincia de Misiones presentado en 2006 para habilitar la reelección indefinida del entonces gobernador Carlos Rovira. Ese proyecto era fuertemente apoyado por Kirchner quien buscaba posibilitar una segunda reelección del gobernador de la provincia de Buenos Aires Felipe Solá. Así, el 29 de octubre se desarrollaron los comicios para elegir la Convención Constituyente que debatiría la modificación de un solo artículo de la Constitución provincial: el que impedía la reelección indefinida del gobernador. Fue en ese momento que irrumpió en la escena política monseñor Joaquín Piña, un jesuita español que fue el primer obispo de la Diócesis de Puerto Iguazú, quien se puso al frente de una coalición que se opuso a ese proyecto. El arzobispo de Buenos Aires avaló la candidatura de Piña quien terminó ganando la elección por amplio margen, sepultando así no sólo las aspiraciones de perpetuación en el poder de Rovira sino también, por carácter transitivo, el proyecto de reelección indefinida no sólo de Solá y el del gobernador jujeño Eduardo Fellner. El hecho ahondó aún más la bronca del kirchnerismo contra Bergoglio.  

En medio de esas tensiones crecientes se llegó así en 2008 a la crisis con el campo desencadenada por la Resolución 125. Allí se alzó nuevamente la voz del arzobispo quien tuvo una postura absolutamente crítica hacia el Gobierno. Tras la derrota del kirchnerismo producida por el voto no positivo de Julio Cobos, sobrevino una tormenta política que forzó la renuncia de Alberto Fernández a su cargo de jefe de Gabinete. Su reemplazante fue Sergio Massa, quien convocó como colaborador a Jorge O’Reilly, abogado y empresario, miembro supernumerario del Opus Dei quien, obviamente, era opuesto a Bergoglio. Corría el mes de agosto de 2008 y la relación con la Iglesia atravesaba un momento crítico que se veía agravado por el hecho de que El Vaticano no terminaba de conceder el plácet para la designación del Dr. Alberto Iribarren como embajador ante la Santa Sede a causa de su condición de divorciado. En ese contexto, Massa y O’Reilly pergeñaron un plan para mejorar la relación con Roma que incluía un acuerdo de desplazamiento del arzobispo de Buenos Aires, iniciativa que contó con el apoyo de sectores conservadores de la Iglesia en la Argentina y en El Vaticano. Los que conocen al detalle esta maniobra coinciden en señalar que el elegido por el kirchnerismo para sustituir a Bergoglio era el obispo de Zárate-Campana, monseñor Oscar Domingo Sarlinga. La orden de llevar adelante esa intrépida maniobra fue de Néstor Kirchner. La embestida contra el futuro Papa –que estaba convencido de que tenía todos los teléfonos pinchados y de que la SIDE, manejada en ese tiempo por Antonio Jaime Stiuso había colocado micrófonos ocultos en todo el edificio del arzobispado– fue brutal. Los que lo visitaban en su despacho recuerdan que ponía música para que los micrófonos no captaran el contenido de las conversaciones.  

Como se dijo más arriba, los sectores conservadores de la Iglesia de la Argentina y del Vaticano también tuvieron un protagonismo relevante en este episodio. Entre los mencionados como partícipes de esta maniobra aparecen Esteban Caselli y el ex-Nuncio Apostólico, monseñor Adriano Bernardini.   

Cuando Bergoglio se enteró de esto reaccionó con su típico buen humor y con acción. Entre los que lo anoticiaron de esta maniobra estuvieron el canciller Jorge Taiana y el secretario de Culto, Guillermo Oliveri. Testigos privilegiados de esta historia indican que, ante esta circunstancia, el arzobispo le hizo llegar a Massa, quien nunca terminó por desmentir el hecho en forma contundente, documentación comprometedora acerca de monseñor Sarlinga quien, en 2015, debió renunciar a su cargo ante numerosas acusaciones que incluían malversación de fondos, abuso de poder e inconductas.    

Ante estas complicaciones, la maniobra fue abortada. Bergoglio nunca olvidó esto y por ello no asistió a la despedida de monseñor Benardini, quien fue trasladado a Roma en diciembre de 2011 –ni tampoco recibió, ya siendo Papa, a Massa. El 13 de marzo de 2013, día de la elección de Bergoglio como Sumo Pontífice, fue para el kirchnerismo una gran derrota. El 20 de marzo CFK, luego de asistir a la Misa de Iniciación, fue recibida por el papa Francisco. En esa larga reunión, en la que ridículamente pretendió explicarle cómo usar el cuero de ante que le había llevado de regalo, le pidió ayuda. Fue ese el momento en que el Santo Padre, que nunca la quiso, la perdonó.





domingo, 11 de mayo de 2025

Un nuevo Papa sorprende… @dealgunamanera...

Un nuevo Papa sorprende…

Oremus León XIV. Dibujo: Pablo Temes

León XIV inaugura una etapa en la Iglesia Católica que ilusiona. Y que podría completar el legado de Francisco.

© Escrito por el Doctor Nelson Castro el sábado 10/05/2025 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.


Un nuevo Papa sorprende al mundo. El estadounidense Robert Prevost se convirtió en el 267° Sumo Pontífice de la Iglesia Católica. Fue elegido en un Cónclave rodeado de conjeturas e intrigas políticas con arduas negociaciones y otro mensaje para Latinoamérica; porque Prevost vivió y realizó la mayor parte de su tarea pastoral en Perú más allá de cualquier interpretación tirada de los pelos que implique un guiño hacia el país del Norte. 

El recién elegido papa León XIV ofreció su primer mensaje en el que dedicó unas palabras en español a Chiclayo, su querida diócesis. Había obtenido la nacionalidad peruana en 2015 y ese mismo año, el papa Francisco –a quien mencionó en su discurso recordando su voz “siempre valiente”– lo nombró obispo de esa ciudad que rápidamente lo adoptó como uno de los suyos. Su cercanía con Francisco es palpable, no sólo por su vínculo formal sino por una relación más cercana que supieron cultivar en Roma; ambos se reunían al menos una vez por semana e intercambiaban largas charlas pastorales. Es una señal de continuidad que haya sido elegido para un nuevo papado como jefe de la Iglesia. 

Invito al lector a sumergirse en la trastienda de un Cónclave tan esperado como apasionante. Lo primero que hay que decir es que la fumata blanca se hizo visible luego de cuatro rondas de votación de los 133 cardenales en el Vaticano. Esto implica cierta celeridad y consenso que resulta vital para contrarrestar la imagen de una Iglesia dividida que hubiera significado un proceso más duradero. Tras el fallecimiento de Francisco, todas las especulaciones estaban puestas en la profundización de la grieta entre el ala dura y el grupo más progresista de los cardenales. Esto quedó desarticulado prácticamente desde el principio y una ayuda providencial me ayudó a dar con los primeros indicios de este desenlace. Veamos.

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Era la una de la mañana del jueves 8 cuando me encontraba terminando mis tareas luego de salir al aire para Telenoche desde Roma. Una persona con atuendo religioso se acercó y me invitó a caminar diciendo que tenía algo para compartir conmigo: “Parolin va adelante con cuarenta votos y, en esta noche, habrá negociaciones intensas”. La fuente se refería al italiano Pietro Parolin, actual secretario de Estado que varias fuentes citaban como favorito de la Curia romana en abierta competencia con el cardenal filipino Luis Antonio Tagle. Sonaba el canto de las gaviotas mientras caminábamos por la Via della Conciliazione –que es la avenida que conduce a la Basílica de San Pedro– cuando sobrevino una segunda revelación: “El decano del Colegio Cardenalicio, Giovanni Battista Re, omitió mencionar a Francisco en su homilía en la misa “Pro eligiendo Pontifice” considerada la antesala del Cónclave. No es casual.
Definitivamente esto cayó muy mal entre los presentes” –sentenció. Efectivamente los cardenales que tienen simpatía por Francisco dentro del Colegio Cardenalicio son más que sus detractores. “Los conservadores apenas llegan a treinta y no tienen posibilidades de elegir ningún candidato –por ende– olvídese de Péter Erdó” –agregó en referencia al húngaro de doctrina dura y tradicional con fuerte aval europeo.

El segundo día amaneció radiante. A las 10 de la mañana la misma fuente proporcionó nuevos vaticinios que posteriormente se cumplieron a rajatabla:


—“Si esta mañana no hay Papa, habrá que descartar a Monseñor Parolin y comenzar a ponerle atención a otro cardenal que empieza con P. . ..”   

—¡Prevost! –atiné a decir.   

—No olvide ese nombre –replicó– y dijo con voz firme: “El Cónclave termina hoy”.   

Efectivamente, el humo negro del mediodía terminó con las chances de Parolin y amplió la expectativa a medida que avanzaba la tarde. Otras fuentes confirmaron a cuentagotas lo relatado por mi nuevo interlocutor que, a esas alturas, ya era para mí un enviado divino. Imagínense mi felicidad cuando escuché el nombre de Robert Prevost luego de la fumata blanca. Una mezcla de sorpresa y satisfacción que quedará en mi memoria para siempre.  

Pasaron muchas cosas durante el Cónclave. Hubo un gran lobby a favor de Parolín de parte de la prensa y del gobierno italiano. No solo de ellos. Grandes actores políticos de Europa jugaron el mismo partido. La mayoría de los cardenales detectó esta movida y coincidió con que no era el hombre adecuado por su falta de contacto con la gente y su falta de experiencia pastoral y parroquial. Así se elevó el nombre de Prevost, no por su origen estadounidense sino por su perfil y condición de misionero en Perú y su trabajo en favor de los pobres. Cada sector del establishment dibujará la interpretación que más le convenga; lo cierto es que –más pronto que tarde– aparecerán señales inequívocas que habrá que saber mirar y escuchar.   

La juventud volvió a decir presente en la Plaza de San Pedro. Los fieles le dieron la bienvenida a su nuevo guía. Así las cosas, una nueva página ha comenzado a escribirse en la historia de la Iglesia Católica. Una etapa que ilusiona y que podría completar el legado del querido papa Francisco. Que así sea.