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jueves, 25 de marzo de 2021

Anacronismos… @dealgunamaneraok…

 El pasado que siempre vuelve… 

La hora de la justicia, Martín Soria. Dibujo: Pablo Temes 

Día a día se multiplican los episodios que confirman el regreso paulatino de la Argentina disfuncional del primer kirchnerato.

© Escrito por Nelson Castro el  sábado 20/03/2021 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos.


Cada vez resuenan con más fuerza los ecos de aquella Argentina disfuncional del primer kirchnerato, en la que ocurrían cosas que escapaban al sentido común de cualquier lógica de crecimiento económico. Las empresas debían presentar su curva de costos al gobierno  y pedirle permiso al secretario de Comercio Interior para fijar el precio de sus productos.

 

A la espera de la aprobación estatal, enviaban largas planillas de Excel con los aumentos que pretendían implementar. No podían remitir utilidades a sus casas matrices en el exterior y un ejército de militantes políticos recorría inútilmente las góndolas de los supermercados para supervisar y ejercer el control de precios. Con esa acción pretendían lograr bajas, objetivo que, como siempre, tuvo como resultado el fracaso.

 

Desde el Poder Ejecutivo se les echaba la culpa de la alta inflación a los empresarios y comerciantes. Nada se decía, en cambio, de las consecuencias negativas del desequilibrio fiscal y los gastos de la política. El hiperpresidencialismo caudillista de Cristina Fernández de Kirchner arremetía furibundamente contra la división de poderes y las autoridades atacaban a jueces y fiscales cuando sus fallos no se correspondían con sus deseos de poder perpetuo. Ese país está hoy más vigente que nunca.  

 

El 23 de mayo de 2013 el actual presidente, Alberto Fernández –un crítico implacable por aquel entonces de su actual vicepresidenta–, le dijo al periodista Julio Blanc en una entrevista que se emitió por TN: “El principal problema de Argentina es la inflación, y la solución de la inflación la Presidenta se la confía a los chicos de La Cámpora”, que eran los encargados de los controles de precios.

 

Enseguida le recomendó: “Hable con Mercedes Marcó del Pont –quien ejercía la presidencia del Central– porque el problema es que usted no tiene en cuenta la cantidad de dinero que ha emitido y que no ha tenido respaldo, y eso ha sido una causa generadora de inflación enorme”. En esa misma línea le preguntó a CFK: “¿Por qué no manda a la gente de La Cámpora a controlar cómo emite el Banco Central?”.

 

Críticas atinadas que el viento se llevó. La Argentina, nuevamente, inicia el mismo camino que fracasó de manera estrepitosa, ahora con AF de presidente y CFK de vice. Esta vez recargados. Más presión impositiva para el empresariado, más controles, más militancia y más medidas anacrónicas. Sin el respaldo del archivo cualquiera que escuche hoy al Presidente y se percate de las medidas que toma su gobierno bien podría no creer ni una sola palabra de lo expresado en esta columna.

 

“El proyecto de aumento del impuesto a las ganancias para las empresas así como está redactado no solo es poco razonable sino gravísimo. Mandarán a la quiebra a un montón de pymes y destruirán emprendimientos pequeños. Pagarán desde los kioscos hasta los almacenes. Es volver al pasado con la idea de que el empresario es el demonio. Pero acá la van a ligar todos”, graficó un reconocido tributarista.

 

Mientras tanto, los dineros públicos, que son producto de esta presión tributaria asfixiante, se dilapidan sin miramientos en hechos de corrupción bochornosos. He ahí los bolsos de los negocios espurios de la TV Pública –más de 11 millones de pesos– y los de los militantes del Movimiento Evita –1.400.000 pesos– para pagar micros en vez de alimentos, ropas y medicamentos para los millones de argentinos que no los tienen.    

 

Mambrú se va a la guerra. Habrá guerra contra la Justicia. La novela que disparó la salida de la ex ministra Marcela Losardo llegó a su fin al conocerse el nombre de su sucesor. Tardaron siete días para confirmar en el cargo a quien sonó como nuevo ministro desde el primer minuto: Martín Soria. Como ya se ha dicho, Soria es CFK. Se confirma así una regla de este gobierno: ministro/ministra que se va es reemplazado/a por alguien que responde directamente a la vicepresidenta.

 

En los ámbitos tribunalicios ya se tiene en claro lo que viene: Soria es una punta de lanza en los embates contra la Justicia para allanar el camino de la impunidad de CFK y sus secuaces y disciplinar a quien no se someta a los proyectos del kirchnerismo. Sus primeras declaraciones lo confirman plenamente. Su altisonante advertencia a la Corte, a la que le quiere pedir explicaciones por sus posturas, sonó a bravuconada.  Soria es un fusible que pretende como premio el apoyo del Gobierno para llegar a la gobernación de Río Negro. El que maneja los hilos de ese ministerio es el vice, Juan Martín Mena

 

La elección de Soria no es casualidad. Su temperamento ha sido objeto de discusión pública. En la semana llamaron la atención las declaraciones del senador y ex gobernador Alberto Weretilneck, de Juntos Somos Río Negro, que hizo hincapié en el mal genio de Soria, al señalar que el ex intendente de Roca “es un violento, un improvisado y una persona agresiva”.

 

La actual gobernadora, Arabela Carreras, se pronunció en el mismo sentido. ¿Son declaraciones de rivales políticos o se trata de una realidad inocultable? Fuentes inobjetables que conocen su pasado aseguran que ha sido protagonista de episodios de violencia verbal y física tanto en el mundo político como intrafamiliar. “Creció en un ambiente violento. La familia Soria –marcada por el trágico final de Carlos Soria, que fue asesinado por su esposa cuando acababa de ser electo gobernador– era un entorno violento”, afirma un conocedor de esa trama borrascosa.

 

El resultado de la gestión Soria no será otro que el fracaso. Ninguna de las reformas reales que se necesitan para lograr un mejor funcionamiento de la Justicia van a ser implementadas por este gobierno.

 

Los nombramientos que se vienen realizando en los juzgados claves son malos. La intención de colonizar los tribunales y las fiscalías con gente afín es evidente y burda  “Cristina quiere que la Justicia la absuelva en todas sus causas”, dijo Soria. Su lenguaje y su tono tuvieron el aire de una imposición.

 

Por si todo esto fuera poco, la agresión furibunda de Sergio Berni hacia el viceministro de Seguridad de la Nación, Eduardo Villalba, representó un grotesco y un paso más en el proceso de vilipendio de la ministra de Seguridad de la Nación, Sabrina Frederic.

 

Se sabe que –como no podía ser de otra manera– el Presidente no solo se fastidió con Berni sino que expresó su voluntad de echarlo. Pero, claro, no puede. Berni es un soldado de CFK, que es la que manda. Y, como bien dice el proverbio, “donde manda capitán, no manda marinero”.

 

Producción periodística: Santiago Serra.









domingo, 5 de julio de 2020

Berni es Cristina… @dealgunamanera...

Berni es Cristina…

Berni oliva. Dibujo: Pablo Temes

El kirchnerismo condiciona a AF, mientras trabaja para sofocar la causa de los cuadernos. 
Dice la leyenda que, en los tiempos en los que eran amigos, Mario Vargas Llosa le dijo a Gabriel García Márquez: “Querido Gabo, estamos en problemas: la realidad de nuestros países supera a cualquiera de nuestras novelas”.

© Escrito por Nelson Castro el sábado 04/07/2020 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos.


El asesinato de Fabián Gutiérrez, ex secretario privado del matrimonio Kirchner, se inscribe en esa dinámica letal. En medio de los intentos denodados y groseros del kirchnerismo de darle vuelo a la causa por actos de espionaje ocurridos durante el gobierno de Mauricio Macri, la muerte de Gutiérrez, sucedida en El Calafate, vuelve a poner en el centro de la escena a la corrupción galopante que existió durante los 12 años del kirchnerato. Gutiérrez era uno de los involucrados en la causa de los cuadernos de Centeno, quien, en su condición de arrepentido, aportó con minuciosidad un testimonio clave acerca de cómo funcionaba esa maquinaria armada con el objetivo de delinquir.

En su relato, habló de los bolsos que eran transportados desde Buenos Aires hacia El Calafate y de los “espacios destinados a guardar los bolsos que eran inaccesibles para todos” y a los que “solo ingresaba Néstor Kirchner”. No fue ese su único aporte. Tan significativa como la narración acerca de la mecánica utilizada para el transporte de los bolsos fue su descripción de las conductas y de la psicología del matrimonio Kirchner y de lo que se vivió a lo largo de esos años.

“Entre los secretarios la apodábamos ‘la loca’, ‘la yegua’ y otros términos que no quiero mencionar por razones de género”, declaró Gutiérrez, quien, al referirse a Néstor Kirchner, señaló que “Néstor era más humano, era diferente; a veces Néstor pegaba en broma pero hacía sangrar”.

La causa de los cuadernos –increíblemente adormilada por la misma Justicia– pierde así un eslabón importante. Recuérdese que tanto la vicepresidenta como el resto de los involucrados en este caso resonante y escandaloso comparten un único objetivo: la impunidad.

Los claroscuros de la cuarentena. Este ítem, que ya tiene rasgos de sección, tuvo en la semana hechos que produjeron estrépito. La pendencia entre el ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires, Sergio Berni, y su par de la Nación, Sabrina Frederic, erizó los ánimos en el gobierno nacional. “Alberto se enojó mucho”, señaló un miembro del Gabinete.

Está claro que a Berni no lo para nadie. “Cruzó una raya”, fue la frase con la cual lo fustigaron desde la Casa Rosada. Eso es así. Normalmente, en una circunstancia como esa, lo que hubiera sobrevenido habría sido la renuncia del ministro provincial. Pero quedó claro que a Alberto Fernández le está vedada esa determinación. Berni es CFK y, mientras ella lo sostenga, será intocable.    
   
El Gobierno también recogió adversidades en al caso Vicentin. La ratificación del juez Fabián Lorenzini por parte de la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial de Reconquista dejó sin aire al intento del kirchnerismo de quedarse con la empresa través de la intervención primero y la expropiación después.


Por otra parte, la interna del Gabinete tiene algunos rasgos inquietantes. Se sabe que CFK está insatisfecha con el desempeño de algunos ministros. El descontento abarca al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero. Por eso produjo inquietud la aparición de Aníbal Fernández hablando de los funcionarios que no acompañan al Presidente.

De ahí a los rumores sobre su incorporación al Gobierno no pasaron más que segundos. En los pasillos del poder, no son pocas las voces que en la semana hablaban del pedido que recibió el actual interventor de Yacimientos Carboníferos Fiscales a fin de estar preparado para eventualmente ocupar un cargo en el Gabinete.

El incorregible kirchnerismo.  Las obsesiones del kirchnnerismo son –como todas las obsesiones– permanentes. Al tope de ellas están los medios y los periodistas que son críticos de ese submundo de antinomias e intolerancia en el que habita buena parte de la dirigencia K. Por eso resulta siempre paradojal escuchar hablar a la vicepresidenta de “medios hegemónicos”. Si hay quienes, a través de la fallida Ley de Medios, intentaron imponer un modelo hegemónico, fueron CFK y Néstor Kirchner.

El caso de espionaje hacia dirigentes políticos del kirchnerismo, de Juntos por el Cambio, empresarios y periodistas ocurrido durante el gobierno de Mauricio Macri y denunciado por la actual interventora de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) está siendo usado por el kirchnerismo no solo para intimidar sino también para intentar llevar a prisión a periodistas. Luis Majul ha venido denunciando con todo detalle las maniobras que buscan someterlo a un proceso penal desgastante.

No hay ninguna evidencia de que Majul haya cometido un delito. Las tentativas del kirchnerismo de acceder a sus mails implican una flagrante violación del secreto profesional con el objetivo de acceder a sus fuentes de información. Hay que recordar que la reserva de las fuentes de un periodista es un derecho que está garantizado por la Constitución Nacional.

No es que sorprenda esta actitud persecutoria por parte del kirchnerismo hacia los periodistas. Lo inquietante es que, en este caso, se sumó a esa avanzada nada menos que un juez federal. Se trata de Federico Villena, juez federal de Lomas de Zamora, a quien la Cámara Federal de La Plata apartó del caso a través de un dictamen muy duro en el que lo acusó de parcialidad.

El juez Villena alcanzó su nombramiento con el padrinazgo de Silvia Majdalani, la número 2 de la AFI durante la presidencia de Mauricio Macri. Quienes en tiempo del anterior gobierno frecuentaban la Casa Rosada recuerdan haber escuchado a varios de sus miembros haciendo alusión a la funcionalidad del juez. El caso de Villena es un ejemplo más que debería hacer reflexionar a todos aquellos políticos que, una vez alcanzado el poder, batallan para designar jueces afines sin advertir que esos malos magistrados serán oficialistas de todos los turnos.

La avanzada del kirchnerismo contra un grupo de periodistas obliga a estar alerta no solo a quienes ejercemos la profesión sino también a la sociedad toda. “El periodismo honesto es un instrumento esencial para hacer a las sociedades democráticas más plurales y honestas”. Es esa condición fundamental, que al kirchnerismo le resulta intolerable, la que está en juego en esta hora de tribulaciones.