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martes, 20 de octubre de 2026

Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes... @elprofesorcapomasi...

Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes, por María Elena Walsh…

El 24 de marzo de 1976, una junta militar integrada por los tres comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas derrocó al gobierno constitucional de Isabel Perón. Pronto el jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla, fue designado presidente de la Junta y presentado por la prensa oficial como “un profesional moderado y militante católico”.

© Escrito por Felipe Pigna y Publicado por sito El Historiador de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina. 

El 24 de marzo de 1976, una junta militar integrada por los tres comandantes en jefe de las Fuerzas Armadas derrocó al gobierno constitucional de Isabel Perón. Pronto el jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla, fue designado presidente de la Junta y presentado por la prensa oficial como “un profesional moderado y militante católico”.

Este nuevo golpe a la democracia, el sexto que tuvo lugar en menos de cincuenta años, fue la dictadura más sangrienta de la historia del país, con miles de muertos y desaparecidos, decenas de miles de exiliados, la derrota del Ejército argentino en Malvinas, la multiplicación por cinco de la deuda externa, el vaciamiento de empresas públicas y la destrucción de gran parte del aparato productivo del país.

Los crímenes cometidos por los militares son hoy denominados en el derecho internacional como “delitos de lesa humanidad”. Treinta mil desaparecidos, 400 niños robados y un país destruido fue el saldo más grave de la ocupación militar.

En el ámbito cultural, la censura -a la que el gobierno de facto llamó “servicio gratuito de lectura previa”- fue moneda corriente. Llegó a todos los órdenes, desde los medios masivos de comunicación hasta la vida cotidiana. Fueron cerradas las carreras universitarias de Psicología y Antropología y, en la provincia de Córdoba, llegó a prohibirse la enseñanza de la matemática moderna por considerársela subversiva. Las proscripciones iban desde la música de Mercedes Sosa hasta la lectura de Saint-Éxupery, autor de El Principito. También “desaparecieron” escritores, como Haroldo Conti y Roberto Santoro, el cineasta Raymundo Gleyzer y el historietista Héctor Oesterheld. Muchos otros se vieron obligados a exiliarse.

La escritora, música y poetisa María Elena Walsh se refería a esta situación en un artículo publicado en Clarín en agosto de 1979, en el que comparaba a la Argentina de la dictadura con un jardín de infantes. “Hace tiempo que somos como niños y no podemos decir lo que pensamos o imaginamos. (…) El ubicuo y diligente censor transforma uno de los más lúcidos centros culturales del mundo en un Jardín-de-Infantes fabricador de embelecos que sólo pueden abordar lo pueril, lo procaz, lo frívolo o lo histórico pasado por agua bendita. Ha convertido nuestro llamado ambiente cultural en un pestilente hervidero de sospechas, denuncias, intrigas, presunciones y anatemas”, resumía la autora de tantos clásicos infantiles, que se instaló con su música y su poesía en el corazón de varias generaciones de argentinos.

Fuente: “Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes”, por María Elena Walsh, Diario Clarín, 16 de agosto de 1979; en  María Elena Walsh, Desventuras en el País Jardín-de-Infantes, Buenos Aires, Sudamericana, 1993, págs. 13-18.

Si alguien quisiera recitar el clásico «Como amado en el amante / uno en otro residía…» por los medios de difusión del País-Jardín, el celador de turno se lo prohibiría, espantado de la palabra amante, mucho más en tan ambiguo sentido.

Imposible alegar que esos versos los escribió el insospechable San Juan de la Cruz y se refieren a Personas de la Santísima Trinidad. Primero, porque el celador no suele tener cara (ni ceca). Segundo, porque el celador no repara en contextos ni significados. Tercero, porque veta palabras a la bartola, conceptos al tuntún y autores porque están en capilla.

Atenuante: como el celador suele ser flexible con el material importado, quizás dejara pasar «por esa única vez» los sublimes versos porque son de un poeta español.

Agravante: en ese caso los vetaría sólo por ser poesía, cosa muy tranquilizadora.

El celador, a quien en adelante llamaremos censor para abreviar, suele mantenerse en el anonimato, salvo un famoso calificador de cine jubilado que alcanzó envidiable grado de notoriedad y adhesión popular.

El censor no exhibe documentos ni obras como exhibimos todos a cada paso. Suele ignorarse su currículum y en qué necrópolis se doctoró. Sólo sabemos, por tradición oral, que fue capaz de incinerar La historia del cubismo o las Memorias de (Groucho) Marx. Que su cultura puede ser ancha y ajena como para recordar que Stendhal escribió dos novelas: El rojo y El negro, y que ambas son sospechosas es dato folklórico y nos resultaría temerario atribuírselo.

Tampoco sabemos, salvo excepciones, si trabaja a sueldo, por vocación, porque la vida lo engañó o por mandato de Satanás.

Lo que sí sabemos es que existe desde que tenemos uso de razón y ganas de usarla, y que de un modo u otro sobrevive a todos los gobiernos y renace siempre de sus cenizas, como el Gato Félix. Y que fueron ¡ay! efímeros los períodos en que se mantuvo entre paréntesis.

La mayoría de los autores somos moralistas. Queremos —debemos— denunciar para sanear, informar para corregir, saber para transmitir, analizar para optar. Y decirlo todo con nuestras palabras, que son las del diccionario. Y con nuestras ideas, que son por lo menos las del siglo XX y no las de Khomeini.

El productor-consumidor de cultura necesita saber qué pasa en el mundo, pero sólo accede a libros extranjeros preseleccionados, a un cine mutilado, a noticias veladas, a dramatizaciones mojigatas. Se suscribe entonces a revistas europeas (…) que significativamente el correo no distribuye.

Un autor tiene derecho a comunicarse por los medios de difusión, pero antes de ser convocado se lo busca en una lista como las que consultan las Aduanas, con delincuentes o «desaconsejables».  (…)

Hace tiempo que somos como niños y no podemos decir lo que pensamos o imaginamos. Cuando el censor desaparezca ¡porque alguna vez sucumbirá demolido por una autopista! estaremos decrépitos y sin saber ya qué decir. Habremos olvidado el cómo, el dónde y el cuándo y nos sentaremos en una plaza como la pareja de viejitos del dibujo de Quino que se preguntaban: «¿Nosotros qué éramos…?»

El ubicuo y diligente censor transforma uno de los más lúcidos centros culturales del mundo en un Jardín-de-Infantes fabricador de embelecos que sólo pueden abordar lo pueril, lo procaz, lo frívolo o lo histórico pasado por agua bendita. Ha convertido nuestro llamado ambiente cultural en un pestilente hervidero de sospechas, denuncias, intrigas, presunciones y anatemas. Es, en definitiva, un estafador de energías, un ladrón de nuestro derecho a la imaginación, que debería ser constitucional.

La autora firmante cree haber defendido siempre principios éticos y/o patrióticos en todos los medios en que incursionó. Creyó y cree en la protección de la infancia y por lo tanto en el robustecimiento del núcleo familiar. Pero la autora también y gracias a Dios no es ciega, aunque quieran vendarle los ojos a trompadas, y mira a su alrededor. Mira con amor la realidad de su país, por fea y sucia que parezca a veces, así como una madre ama a su crío con sus llantos, sus sonrisas y su caca (¿se podrá publicar esta palabra?). Y ve multitud de familias ilegalmente desarticuladas porque el divorcio no existe porque no se lo nombra, y viceversa. (…)

Si incursiona en la TV —da lo mismo que sea como espectador, autor o «invitado»— hablará del prêt-à-porter, la nostalgia, el cultivo de begonias. Contemplará a ejemplares enamorados que leen Anteojito en lugar de besarse. Asistirá a debates sobre temas urticantes como el tratamiento del pie de atleta, etcétera.

El público ha respondido a este escamoteo apagando los televisores. En este caso, el que calla —o apaga— no otorga. En otros casos tampoco: el que calla es porque está muerto, generalmente de miedo.

Cuando ya nos creíamos libres de brujos, nuestra cultura parece regida por un conjuro mágico; no nombrar para que no exista. A ese orden pertenece la más famosa frase de los últimos tiempos: «La inflación ha muerto» (por lo tanto no existe). Como uno la ve muerta quizás pero cada vez más rozagante, da ganas de sugerirle cariñosamente a su autor, el doctor Zimmermann, que se limite a ser bello y callar.

Sí, la firmante se preocupó por la infancia, pero jamás pensó que iba a vivir en un País-Jardín-de-Infantes. Menos imaginó que ese país podría llegar a parecerse peligrosamente a la España de Franco, si seguimos apañando a sus celadores. Esa triste España donde había que someter a censura previa las letras de canciones, como sucede hoy aquí y nadie denuncia; donde el doblaje de las películas convertía a los amantes en hermanos, legalizando grotescamente el incesto.

Que las autoridades hayan librado una dura guerra contra la subversión y procuren mantener la paz social son hechos unánimemente reconocidos. No sería justo erigirnos a nuestra vez en censores de una tarea que sabemos intrincada y de la que somos beneficiarios. Pero eso ya no justifica que a los honrados sobrevivientes del caos se nos encierre en una escuela de monjas preconciliares, amenazados de caer en penitencia en cualquier momento y sin saber bien por qué.

Nuestra historia —con sus cabezas en picas, sus eternos enconos y sus viejas o recientes guerras civiles— nos ha estigmatizado quizás con una propensión latente represiva-intervecinal que explota al menor estímulo y transforma la convivencia en un perpetuo intercambio de agravios y rencores. (…)

Quienes desempeñan la peliaguda misión de gobernarnos, así como desterraron —y agradecemos— aquellas metralletas que nos apuntaban por doquier en razón de bien atendibles medidas de seguridad, deberían aliviar ya la cuarentena que siguen aplicando sobre la madurez de un pueblo (¿se acuerdan del Mundial?) con el pretexto de que la libertad lo sumiría en el libertinaje, la insurrección armada o el marxismo frenético. (…)

Creo necesario aunque obvio advertir que en las democracias donde la libertad de expresión es absoluta la comunidad no es más viciosa ni la familia está más mutilada ni la juventud más corrompida que bajo los regímenes de exagerado paternalismo. Más bien todo lo contrario. Delito e irregularidad son desgraciadamente productos de nuestra época (y de otras) y se dan en casi todos los países excepto los comunistas. ¿Son ellos nuestro ideal? (…)

El abuso puede ser controlable mediante una coherente reglamentación, pero es preferible mil veces correr los riesgos que entraña la libertad, por lo mucho de positivo que engendra, que asustarnos a priori para ser pobres pero honrados, niños pero atrasados, que no es lo mismo que puros.

En cambio los tortuosos mecanismos que paralizan preventivamente la cultura sí contaminan y achatan a toda la familia social y no sólo le vedan el acceso a las grandes ideas sino que generan fracaso, reyertas e hipocresía… vicios poco recomendables para una familia.

En lugar de presentar certificados de buena conducta o temblar por si figuramos en alguna «lista» creo que deberíamos confesar gandhianamente: sí, somos veinticinco millones de sospechosos de querer pensar por nuestra cuenta, asumir la adultez y actualizarnos creativamente, por peligroso que les parezca a bienintencionados guardianes. (…)

Veinticinco millones, sí, porque los niños por fortuna no se salvan del pecado. Aunque se han prohibido libros infantiles, los pequeños monstruos siguen consumiendo historias con madrastras-harpías, brujas que comen niños, hombres que asesinan a siete esposas, padres que abandonan a sus hijos en el bosque, Alicias que viajan bajo tierra sin permiso de mamá. Entonces ellos, como nosotros, corren el riesgo de perder ese «sentido de familia» que se nos quiere inculcar escolarmente… y con interminables avisos de vinos.

Ésta no es una bravuconada, es el anhelo, la súplica de una ciudadana productora-consumidora de cultura. Es un ruego a quienes tienen el honor de gobernarnos (y a sus esposas, que quizás influyan en alguna decisión así como contribuyen al bienestar público con sus admirables tareas benéficas): déjennos crecer. Es la primera condición para preservar la paz, para no fundar otra vez un futuro de adolescentes dementes o estériles.

Como aquella pobre modista negra llamada Rosa Parks, encarcelada por haberse negado a cederle el asiento a un pasajero blanco en un autobús según la obligaba la ley, la autora declararía a quien la acusara de sediciosa: «No soy una revolucionaria, es que estaba muy cansada».

Pero Rosa Parks, en un país y una época (reciente) donde regían tales leyes en materia de «derechos humanos», era adulta y, ayudada por sus hermanos de raza, pudo apelar a otro ámbito de la justicia para derrotar a la larga la opresión y contribuir a desenmascarar al Ku Klux Klan.

Nosotros, pobres niños, a qué justicia apelaremos para desenmascarar a nuestros encapuchados y fascistas espontáneos, para desbaratar listas que vienen de arriba, de abajo y del medio, para derogar fantasmales reglamentos dictados quizás por ignorancia o exceso de celo de sacristanes más papistas que el Papa.

Sólo podemos expresar nuestra impotencia, nuestra santa furia, como los chicos: pataleando y llorando sin que nadie nos haga caso.

La autora «está muy cansada», no por los recortes que haya sufrido porque volverán a crecerle como el pelo y porque de ellos la compensa el infinito privilegio de integrar la honorable familia de sus compatriotas, sino por compartir el peso de la frustración generalizada. Porque es célula de todo un organismo social y no aislada partícula. (…)

Y porque no es una revolucionaria pero está muy cansada, no se exilia sino que se va a llorar sentada en el cordón de la vereda, con un único consuelo: el de los zonzos. Está rodeada de compañeritos de impecable delantal y conducta sobresaliente (salvo una que otra travesura). De coeficiente aceptable, pero persuadidos a conducirse como retardados y, pese a su corta edad, muñidos de anticonceptivos mentales.

Todos tenemos el lápiz roto y una descomunal goma de borrar ya incrustada en el cerebro. Pataleamos y lloramos hasta formar un inmenso río de mocos que va a dar a la mar de lágrimas y sangre que supimos conseguir en esta castigadora tierra.

Fuente: www.elhistoriador.com.ar




domingo, 10 de enero de 2021

A 10 años de la muerte María Elena Walsh... @dealgunamanera...

 A 10 años de la muerte María Elena Walsh, la inigualable artista argentina…

 

Un día como hoy nos dejaba una de las referentes de la cultura nacional que plasmó en su arte su pasión por la vida, su militancia feminista y su inalterable compromiso social.

© Publicado el domingo 10/010/2021 por Filo News de la Ciudad Autónoma de los Buenos Aires, República de los Argentinos.   

Un día como hoy, hace diez años, fallecía la gran María Elena Walsh, una de las mayores exponentes de la cultura argentina. Se dedicó a las letras en múltiples formas: fue poetisa, escritora, cantautora, dramaturga y compositora. 

Si bien ganó enorme popularidad por ser escritora de cuentos y canciones infantiles que marcaron a varias generaciones y aún viven en la memoria popular -como "El Reino del Revés" o "Cuentopos de Gulubú"- María Elena fue mucho más que eso.

 

Nació el 1 de febrero de 1930 en Ramos Mejía, provincia de Buenos Aires. Estudió en la Escuela de Bellas Artes Manuel Belgrano, en Buenos Aires y desde los catorce años comenzó a publicar sus poemas en el diario La Nación, Los Anales de Buenos Aires, que dirigía Jorge Luis Borges, o Sur, de Victoria Ocampo. 

A sus 17 años publicó su primer libro "Otoño imperdonable" (1947), consagrándose como una de las voces más importantes de su generación. El mismísimo Pablo Neruda estuvo entre sus primeros lectores entusiastas.

 

En la década del 50 emigró a Europa junto a su amiga tucumana, Leda Valladares, también poeta, con la que formaron el dúo vocal "Leda y María". Juntas lograron convertirse en una de las propuestas artísticas más originales de esos años y tocaron música argentina en los clubes más importantes del viejo continente. 

La enorme Mercedes Sosa se encargó de llevar a lo más alto del repertorio nacional las letras de María Elena que, interpretadas por la voz de "La Negra", se convirtieron en símbolos de la cultura argentina. "Serenata para la tierra de uno" y "Como la cigarra" son piezas de folclore que lograron conjugar a dos de las más grandes artistas nacionales. 

Mercedes Sosa. Serenata para la tierra de uno.

También se dedicó al teatro y escribió grandiosas obras en las que plasmó su militancia feminista y su protesta contra la injusticia social. En 1978, en plena dictadura cívico militar, harta de la censura y la persecución decidió dejar definitivamente el teatro. Pero su compromiso con el cambio social no iba a terminar allí. 

Refugiada en el periodismo gráfico, durante los años más oscuros de la reciente historia de nuestro país, escribió artículos como "Desventuras en el País-Jardín-de-Infantes" (1979) en el que, a pesar de la nula libertad de expresión, comparaba al régimen dictatorial de Argentina con un jardín de infantes.

 

En 1981 enfermó de cáncer, por lo que tuvo que enfrentar un largo tratamiento que duró hasta 1983, justo cuando la democracia retornaba en nuestro país. Fue una nueva etapa para la Argentina y también para María Elena que se comprometió, a través de su arte, a restaurar la democracia en los ámbitos más diversos. 

Durante la década del 90 siguió publicando muchas obras como "Novios de antaño" (1991), una novela autobiográfica sobre la niñez en época de la década infame. Entre 1997 y 2004 presenta los libros infantiles: "Manuelita, ¿dónde vas?"; "Hotel Pioho’s Palace" y "¡Cuánto cuento!" y en 2008 publica su último libro: "Fantasmas en el parque".

 

Recibió innumerables reconocimientos nacionales e internacionales: Ciudadana Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, Premio Konex de Platino y de Honor en Letras; Highly Commended del Premio Hans Christian Andersen de la IBBY (Dinamarca), el Premio Honor del FNA; Doctor Honoris Causa de la Universidad de Córdoba, entre otros. 

Falleció el 10 de enero de 2011 en Buenos Aires, dejando un legado inabarcable de obras, poemas, libros y canciones que ya son parte definitiva de la memoria colectiva y constituyen un tesoro invaluable para la cultura nacional.





domingo, 20 de abril de 2014

El misterio del vuelo MH370... De Alguna Manera...


El misterio del vuelo MH370...


¡Adivinador adivina / adivina adivinador! Así comienza una de las más hermosas canciones que compusiera María Elena Walsh. A poco más de un mes de la desaparición del Boeing 777/200 ER de Malaysia Airlines ocurrida el 8 de marzo pasado, lo único que oficialmente comunicaron las autoridades malayas es la caída del avión en el Océano Índico.

Lo demás pareciera tratarse de una adivinanza. ¿Por qué cambió de rumbo a poco de alcanzar la altura crucero y no llegó a Pekín? ¿Por qué no se declaró en emergencia? ¿Por qué no se comunicaron los pilotos con el control de transito aéreo? Si bien por estas horas la búsqueda de los restos del avión siniestrado y de su caja negra continúa en el Índico, esta historia y esta búsqueda tienen un principio. Por razones aun desconocidas se ocultó información valiosa y precisa que de haberse conseguido a tiempo hubiera permitido acercarnos más a la verdad y evitar adivinanzas, hipótesis y teorías conspirativas que tiñeron toda la información de los diarios y la televisión a escala global.

La confusión sobre el destino del vuelo MH370 que despegó en la madrugada del sábado 8 de marzo desde Kuala Lumpur rumbo a Pekín, con 227 pasajeros y 12 tripulantes a bordo, se disipó en parte en estos últimos 15 días. Hay algo ya confirmado: cayó en el Índico. Pero, más allá de este destino fatal, lo cierto es que tanto Malaysia Airlines como las autoridades aeronáuticas malayas ocultaron información valiosa desde el principio.

Veamos qué datos vitales dejaron de informar:

1. La empresa estatal malaya no informó que sus aviones carecían del servicio de información satélite Acars.

2. La autoridad aeronáutica escondió durante tres días información satelital Acars suministrada por la firma inglesa Inmarsat.

Ambos ocultamientos generaron que durante los primeros tres días, la búsqueda del Boeing por parte de los equipos de rastrillaje se convirtiera en una adivinanza.

¿Qué es el Acars? Se trata de un sistema satelital que hoy forma parte de la seguridad operacional aeronáutica y que permite el seguimiento en tiempo real de todos los sistemas operativos de un avión. Quien contrata y paga este servicio obtiene los datos reales del funcionamiento de turbinas, sistemas eléctricos e hidráulicos con el objetivo de optimizar la performance del avión y de prevenir fallos. Además tiene la ventaja de detectar fallas en pleno vuelo, permitiendo así que la tripulación informe a su base de destino que necesita cambiar una pieza o efectuar una reparación cuando aterrice. A través del Acars, mediante cálculos matemáticos, se puede conocer con un aceptable grado de certeza el curso o el lugar aproximado donde se encuentra un avión.

Malaysia Airlines no tenía contratado el servicio Acars, no sólo en el avión siniestrado sino en ninguna de las aeronaves de su flota. Lo grave fue que lo ocultó. Y, peor aún, sin importarles la angustia de los familiares de quienes viajaban en el avión y sólo para generar más intriga y misterio, la autoridad aeronáutica malaya ocultó información Acars durante los tres primeros días de búsqueda.

Es decir, un gobierno decidió ser cómplice y parte del silencio. La autoridad del país, Malasia, que debía sancionar y denunciar a Malaysia Airlines por operar sin la máxima seguridad operacional, eligió esconderse frente a las autoridades aeronáuticas de todos los países que comenzaron la búsqueda.

Las hipótesis. Así, con la información satelital escondida bajo una alfombra malaya, creció en primer término la hipótesis del secuestro a manos de dos pasajeros que abordaron el avión con pasaportes falsos. Eso fue creíble durante unos días, y se disipó cuando la propia Interpol aseguró que no había vínculos entre esas dos personas y grupos terroristas. 
Agotada la primera hipótesis, surgió la segunda, que aseguraba un posible cambio de rumbo del Boeing 777. Según la CNN, un militar malayo que pidió reserva de identidad daba a conocer un contacto radar con un avión comercial que presuntamente podría ser la aeronave siniestrada. La fuente militar y la CNN no revelaron las coordenadas precisas en la cuales el presunto avión habría sido detectado. Conclusión, esta segunda hipótesis duro menos que un contacto radar.

Ahora bien, ¿cómo se llegó a oficializar la noticia que confirmó el siniestro y que no había sobrevivientes si Malaysia Airlines nunca tuvo información satelital y la autoridad de aviación malaya ocultaba los datos satelitales de los cuales disponía? Respuesta: por distintos factores de presión internacional que no hicieron ni harán pública la presión ejercida.

¿Quiénes ejercieron presión?

1. Inmarsat. La empresa inglesa que brindó al Estado malayo la información satelital a través del sistema Acars. Se trata de una compañía considerada entre las más serias del mundo aeronáutico y en ese ambiente se la tiene como una empresa creada y controlada por las Naciones Unidas con sede en Inglaterra que además brinda información satelital marítima.

2. Boeing y Estados Unidos. El fabricante del B-777/200 siniestrado tiene y tuvo en todo momento información satelital y es el primer interesado en que los restos del avión aparezcan para comenzar la investigación imprescindible y así conocer qué sucedió con una de las aeronaves comerciales más seguras o la más segura que dio la industria aérea.

3. Rolls Roys. El fabricante inglés de las turbinas que impulsaban al Boeing de Malaysia Airlines y que monitorea en tiempo real el funcionamiento de todas las turbinas de su fabricación que funcionan en cientos de aviones alrededor del mundo.

4. China. El gigante asiático tenía a bordo del avión siniestrado 153 ciudadanos.

En la industria aeroespacial y en el ambiente aerocomercial nadie duda de que la información suministrada por estos cuatro actores es la que orientó la búsqueda y el rastrillaje aéreo y naval hacia el Océano Índico. El lugar de búsqueda hoy abarca un área de 57.923 kilómetros cuadrados, algo más que la superficie de Costa Rica, a 2.280 kilómetros al noroeste de Perth, en la costa occidental de Australia.

Aviones de la patrulla marítima australiana detectaron días pasados señales acústicas provenientes del fondo marino emitidas con la frecuencia que emiten las señales de rastreo que poseen las cajas negras. Luego de los estudios acústicos se confirmó que las mismas no tenían relación con el avión siniestrado.

A estas búsquedas se sumaron dos misiones por parte de un submarino no tripulado que tampoco tuvo éxito. Lo concreto es que, a más de un mes de la desaparición del avión, no se ha encontrado aún ni la caja negra, ni nada que pertenezca al Boeing 777/200 de Malaysia Airlines que permita iniciar la investigación para acabar con las hipótesis y las adivinanzas que tanto mal le hacen a la industria y principalmente a los familiares de las víctimas que el 8 de marzo pasado despegaron de Kuala Lumpur y no llegaron a Pekín.

© Escrito por Diego Dominelli el Domingo 20/04/2014 y publicado por Miradas al Sur de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


lunes, 30 de enero de 2012

El reino del revés... De Alguna Manera...

El milagro, el príncipe Moreno y las ballenas famatinenses...


Un reino del revés en el último discurso de Cristina Fernández de Kiirchner.

“Yo noté en estos 20 y pico de días una reiteración de lo que yo llamo... y me acordaba de mi queridísima amiga María Elena Walsh, que se fue, por esa canción que se llama El reino del revés, ¿se acuerdan?”.

Príncipe Moreno...

“Estaba, por ejemplo, mirando hoy el allanamiento a esta consultora internacional Fitch, por parte de la policía tributaria italiana. ¿Dónde está Moreno? Un príncipe usted al lado de los italianos.”

Ballenas famatinenses...

“La verdad me gustaría que con la misma fuerza, con el mismo sentimiento que defienden tantas causas nobles, defendieran también. Porque es raro, ¿no?, no escuchar, es raro, explotación petrolera sin control, puede haber un derrame, depredación pesquera. O sea, me encanta que defiendan las ballenas porque son divinas, pero sería bueno que también defendieran todos los calamares y todas las cosas que se están llevando de allí que están realmente depredando.”
 

El loco Aníbal...

“El otro día creo que Aníbal Fernández en un reportaje decía ‘si Cristina perdía las elecciones se acaban las convenciones colectivas’. Siempre Aníbal al borde, un border total, me encanta.”

Datos del… Indec...

“Y creo que estos resultados que tenemos hoy, este crecimiento del 9,2, esta perforación que hacemos por primera vez de ese 7, queda mal decir rompimos el 7, queda horrible...”
“Creo que cuando uno observa en determinados lugares como te recibe la gente más humilde, los trabajadores más humildes, creo que en realidad todo lo que hemos generado en estos años, más de 5 millones de puestos de trabajo”.
“Y yo quiero decirles también que ese 9,2 no es un 9,2 frío de los números, sino que se compadece también con el número de desocupación que se dará a conocer próximamente y que va a ser para el último trimestre del año 2011 del 6,7.”

El milagro…

“Él cuando se sienta en ese momento, me dice: ‘La verdad que estoy como conmocionado –me dice, porque todas las pruebas habían dado inclusive las que hicieron obviamente en el Hospital Austral, pero como explican todos los médicos que saben realmente, que saben, dicen que hasta que no se abre no se puede verificar y él en un momento dado me dice- porque es increíble lo que pasó, parece –no se animaba- un milagro, yo no puedo decir eso porque soy un científico –me dice-'. 'Bueno, está bien, lo digo yo, no se haga problema’."

 

Infografía con las palabras más usadas en el  último discurso de Cristina Kirchner.


© Publicado por Tribuna de Periodistas el jueves 26 de Enero de 2012.