jueves, 10 de septiembre de 2026

El giro imposible de Milei... @elprofesorcapomasi...

 El giro imposible de Milei...

Cadena Nacional. Milei anunció una hasta ahora desconocida vocación malvinera. Foto: NA

El sorprendente episodio protagonizado por el presidente de la Nación, Javier Milei, quien se presentó en una inesperada cadena nacional anunciando un giro de su política exterior hacia una posición soberanista ante el conflicto por las Islas Malvinas, desnudó el propósito de confundir al pueblo con una iniciativa artificiosa, atendiendo a que todas las consultoras y encuestadoras indican una clara pérdida de aprobación y consenso de su gestión en una parte importante de la ciudadanía.

© Escrito por Juan Carlos Junio el lunes 07/09/2026 y publicado por la Revista Acción de la CIudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Las causas de este retroceso en el respaldo gubernamental son muy diversas. Se puede señalar, entre ellas, una fatiga y agotamiento por el estilo agresivo y descalificante del presidente, apuntado hacia periodistas, jóvenes artistas y diversas expresiones de la cultura, militantes de partidos políticos y organizaciones sociales, entre otros.

Sin embargo, el motivo principal del descontento, como siempre, está dado por el sufrimiento creciente que afecta a vastísimos sectores como consecuencia del plan económico anarcocapitalista que lleva adelante su equipo, liderado por el ministro Luis Caputo e integrado por un grupo de tecnócratas del JP Morgan.

Efecto Scaloneta

Es lógico pensar que se generó una recuperación del impulso malvinero de carácter identitario y nacionalista a partir de la vibración producida por el inolvidable «trapo de la Scaloneta», exhibido ante centenares de millones de personas que miraban el Mundial, tras el triunfo deportivo contra el equipo inglés en la semifinal.

Tampoco resulta fácil olvidar que en un primer momento la opinión de la Casa Rosada acerca de aquel episodio fue que los jugadores albicelestes estaban haciendo «populismo berreta».

Lo cierto es que el presidente realizó una voltereta con el propósito de cambiar la agenda, en estos días tomada irremediablemente por los seis millones de hogares endeudados, que no pueden pagar sus créditos, y la conciencia creciente de que esas angustias se deben a la caída de los salarios, las jubilaciones y los ingresos en general desde los sectores más humildes a los diversos estratos de la clase media. Todo como consecuencia de las políticas económicas vigentes. También resulta imparable la sensación manifiesta de que no se llega a fin de mes, más allá de que el presidente se burle de esa situación.

Paradójicamente, o no tanto, en su viaje a Chile Milei declaró su admiración por el dictador Augusto Pinochet y el actual presidente del país trasandino, José Antonio Kast, también simpatizante de la dictadura. El mandatario no trepidó en señalar que aquel Gobierno de facto, diseñado por el gran estratega del momento, Henry Kissinger, practicó un genocidio, con miles de muertos y desaparecidos. Parece que esa tragedia del pueblo chileno poco le importa al presidente argentino, quien en cambio valora que por entonces se inauguró en la práctica la aplicación del modelo económico neoliberal inspirado en los denominados «economistas de Chicago», antecedente ideológico principal de su actual modelo.

La impostura

Todo indica que resultará muy difícil sostener la credibilidad de esta campaña malvinera teniendo en cuenta que Milei desde siempre se declaró admirador de Margaret Thatcher, quien fuera la conductora política de la guerra de 1982. En ese marco, se deba añadir que el presidente hizo público su reconocimiento de la legitimidad de los kelpers, a contramano de la postura histórica en el reclamo soberano de nuestro país, y su política de conciliación con los ingleses a partir de la idea de que «ellos ganaron la guerra y nosotros la perdimos».

En síntesis, Milei generó con su mensaje en cadena nacional un enorme salto desde sus convicciones thatcherianas hacia una postura nacionalista, y soberanista, e inclusive se mostró crítico de sus amigos del consorcio israelí-británico que se propone explotar el petróleo circundante a las islas. Un giro virtualmente imposible de creer.

En todo caso, lo que puede resultar un hecho real es la tentación del presidente estadounidense, Donald Trump, como expresión del hegemonismo de la gran potencia hacia nuestro continente, de desplazar la presencia británica en la región, y transformarse en la potencia determinante en el Atlántico sur que, como es sabido, tiene una creciente importancia no solo por la territorialidad de las islas y la explotación ictícola y petrolera, sino por el control del paso interoceánico y la cercanía con la Antártida, principal fuente de agua dulce del planeta.

En síntesis, a partir de una declaración de Trump, Milei da un giro que se parece más a una impostura con objetivos electoralistas, que a una política soberana real, difícil de creer por parte de un Gobierno que, en sus dos años y medios de gestión, evidenció un claro desdén por los intereses nacionales que debería defender.




domingo, 6 de septiembre de 2026

Que no nos espere más la repetición de los fracasos… @elprofesorcapomasi...

 Que no nos espere más la repetición de los fracasos…

Olfato oficial. Dibujo: Pablo Temes. 

Lo que comenzó en 1974 terminó trágicamente en 1982. Por eso se necesita una estrategia coherente sobre las islas.

© Escrito por el Doctor Doctor Nelson Castro el domingo 06/09/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

La primera negociación importante acerca de la soberanía argentina sobre las islas Malvinas ocurrió en 1974. “Agarremos, ya que cuando pongamos un pie en las islas no nos saca nadie”, dijo un eufórico Juan Domingo Perón al instante de ser informado acerca de la voluntad del gobierno inglés de abrir conversaciones para el traspaso de las islas. El plan, que terminó siendo publicado por el Daily Mail, incluía una soberanía compartida y también el idioma, español e inglés.

En el documento presentado por el embajador del Reino Unido, James Hutton, que tiene fecha del 6 de junio de ese año se lee: “debo también informarle que una Sección conjunta del Ejecutivo y el Consejo Legislativo de las islas han informado al Gobernador que no hay objeciones verdaderas a las conversaciones con el gobierno argentino sobre las salvaguardas y garantías requeridas en un condominio. Sin embargo, debo dejar en claro que el Gobierno de Su Majestad podría sentirse libre de invitar a representantes de las islas a formar parte de la delegación británica y que antes del acuerdo final los isleños deberían ser consultados y buscada su aceptación por alguna forma de representación popular.”

“Sobre esta base, el Gobierno de Su Majestad propone que, si el gobierno argentino está de acuerdo, las conversaciones deberían tener lugar en Buenos Aires tan pronto como sea posible.”

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En otro párrafo de ese documento histórico se expresa: “Hay varias formas que podría tomar el condominio, pero sus elementos básicos podrían incluir los siguiente:

1) Las banderas británica y argentina serían enarboladas a la par y los idiomas oficiales serían inglés y español;

2) Todos los ‘nativos’ de las Islas poseerían doble nacionalidad;

3) Los pasaportes de la colonia existentes serían reemplazados por documentos de viaje emitidos por los condóminos;

4) La constitución, la administración y el sistema legal actuales tendrían que ser adaptados a las necesidades de un condominio. El gobernador podría ser designado alternativamente por La Reina y El Presidente de la Argentina;

5) Los demás cambios constitucionales requerirían el acuerdo de los condóminos”.

A esto, respondió el gobierno argentino con una contrapropuesta fechada el 19 de junio, cuyo contenido era el siguiente:

1) Las banderas de ambos países flamearán conjuntamente

2) Las monedas argentina, británica y local, tendrán curso legal en las Islas con el tipo de cambio fijado de común acuerdo

3) Los pasaportes y otros documentos para los “nativos” serán reemplazados por otro único que los administradores conjuntos determinen

4) Serán administradores conjuntos el Presidente de la Argentina y Su Majestad Británica.

5) Serán idiomas oficiales el español y el inglés, en los que serán redactados todos los documentos oficiales.

6) Se adaptarán a la administración conjunta las normas legales del territorio argentino y el británico en la isla.

7) Los “nativos” de las islas gozarán de los beneficios de doble nacionalidad a todos los efectos.

8) Alternativamente cada uno de los administradores conjuntos designarán por el término de tres años al gobernador de las islas: el primero será designado por la Argentina, y el secretario de la Gobernación será designado por Su Majestad Británica

9) Será propósito fundamental de la administración conjunta, facilitar la gradual integración de las islas a la vida política, social e institucional de la Argentina”.

Lamentablemente, la muerte de Perón, el 1 de julio de aquel año, tronchó todo este proyecto que hubiese significado la recuperación definitiva de las islas.

Una segunda oportunidad de abrir negociaciones para recuperar las Malvinas ocurrió nueve meses antes del desembarco argentino del 2 de abril de 1982. El 30 de junio de 1981, hubo un debate en el Parlamento británico en el que se analizó una posibilidad que incluía el reconocimiento de la soberanía argentina sobre las islas. La alternativa contemplaba el arriendo a Gran Bretaña durante un largo tiempo, que se consideraba debería ser de 100 años. Fue Lord David Trefgarne quien dijo que “Una de las ideas que, como saben sus señorías, fue discutida con los isleños el pasado noviembre es la del retroarriendo: la concesión a la Argentina del título de soberanía, junto con el arrendamiento simultáneo al Gobierno de Su Majestad de todos los territorios y zonas marítimas por un período sustancial”, según consta en un registro de la sesión de la Cámara de los Comunes del 30 de junio de 1981. La Primera Ministra Margaret Thatcher tomó la decisión de retirar el HMS Endurance a comienzos de 1982.

Toda esta posibilidad de negociación y recuperación de las islas se perdió con la trágica guerra de 1982. Desde entonces, la dirigencia política argentina ha usado el tema de la reivindicación de los derechos soberanos como un instrumento para asegurar su permanencia en el poder, hecho que ha impedido hasta aquí elaborar una verdadera política de Estado. Hasta que esto no cambie, lo que nos espera es la repetición del fracaso.