sábado, 22 de agosto de 2026

Nuevo estallido en la interna barra de Huracán: balazos, facas y detenidos… @elprofesorcapomasi...

Nuevo estallido en la interna barra de Huracán: balazos, facas y detenidos… 

En la previa del duelo ante Riestra, una facción disidente atacó a tiros a la oficial, que respondió con más disparos a plena luz del día en una plaza cercana al Ducó. Nuevo capítulo de una batalla a sangre y fuego por el poder.

© Escrito por Gustavo Grabia el viernes 22/08/2026 y publicado por TyC Sports de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.      
 

Otra vez los barras. Otra vez los tiros. Otra vez el aviso 24 horas antes y la sospecha de una inacción policial que favorece a uno de los dos grupos en pugna. Otra vez, como en los últimos dos años, la interna de la barra brava de Huracán estalla en pleno Parque Patricios con balazos, facas y detenidos. Una historia de nunca acabar entre la facción dominante de los hermanos De Respinis que tienen por lugar de reunión la plaza José C. Paz, ubicada en la calle que lleva ese nombre y Pepirí, justo detrás del hospital Penna, y el grupo del Gordo Pablo Centurión y Cristian Travieso, que quieren desbancarlos y su teatro de operaciones es Plaza España, en Caseros y Baigorri, justo detrás de otro hospital, el Británico.

La historia viene de larga data pero lo de esta tarde de sábado rompió todos los esquemas. Desde ayer viernes se rumoreaba que el bando de Plaza España tenía decidido tomar por asalto la tribuna del Globito en la previa del partido de esta noche frente a Riestra. Para eso estaba juntando gente de distintos lugares y barras: de la facción Lomas de Zamora de Boca, de algunos grupos de la barra de Independiente y también de equipos del Ascenso. Pero parece que la suma de voluntades no daba como para ir a una pelea mano a mano ante la histórica facción que tiene de su lado también a la gente del bando de El Pueblito y de los históricos como Golín Tucci y El Bocón Tagliarino. Entonces buscaron una línea en la dirigencia del club, pero la respuesta fue negativa: según averiguó este medio la comisión directiva encabezada por Abel Poza, el presidente y que por su pasado de tribuna conoce el paño, ni los atendió.

Con ese contexto en vez de desensillar y ver cómo seguían adelante en las próximas semanas, la decisión fue actuar igual. Lo extraño es que ayer por la noche ya circulaba por todo Parque Patricios el rumor de que podía haber algún encuentro feroz entre las barras.

Por eso pareció extraño que la comisaría Cuarta que tiene jurisdicción en la zona no tuviera información de inteligencia
. Porque un rato antes de las 17 horas, cuando había muchas familias en la zona disfrutando la tarde soleada y mientras el grupo dominante empezaba a reunirse en el lugar de siempre para esperar allí al resto e ir en caravana hacia el Palacio Ducó para ver el partido contra Deportivo Riestra pautado para las 21, dos motos aparecieron como de la nada, cada una con dos hombres a bordo, con casco y bufanda. Por el frío imperante alguno podría suponer que era una vestimenta adecuada pero la realidad era otra: tapar sus rostros sobre lo que iba a suceder. Que fue una ráfaga: desde los motovehículos salieron disparos sobre los barras reunidos en el lugar, que estaban precavidos y todos se tiraron al piso. E inmediatamente respondieron los que estaban en la plaza con otros balazos.

La Policía que estaba en la zona del Penna, alertada por los estruendos, fue hasta el lugar de los acontecimientos. Y hubo un enfrentamiento con los de la José C. Paz, quienes acusan que en vez de ir sobre los agresores buscaron directamente provocarlos a ellos. Sea como fuere, la Plaza se convirtió en un pandemónium y con los refuerzos que llegaron y a puro balazo de goma, los hombres de azul pudieron controlar la situación. Terminaron llevándose 14 barras detenidos y entre lo que secuestraron había un revólver calibre 32, desde el cual presuntamente salieron los disparos de la barra oficial cuando fue atacada por la disidente, varias facas y otras armas blancas dispuestas como para una guerra a todo o nada.


Si bien los detenidos quedaron a disposición de la fiscalía de flagrancia de turno pero pasarán a la de eventos masivos que dirige el doctor Maximiliano Vence, los líderes de la barra de Huracán aseguran que entre los que tiraron estaban dos “enemigos” de siempre a los que identificaron como Luquitas y Dragone, que según sus palabras son quienes secundan al Gordo Pablo. Y que detrás de ambas motos venía un Chevrolet Onix donde presuntamente pudieron observar a otros líderes de Plaza España. Al no tener la Policía imágenes de esa situación, todo queda en los dichos de la parte oficial de los violentos.  

El que no estaba en el lugar era el jefe de la barra del Globo, Claudio De Respinis, alias Cone, quien ya terminó su prisión domiciliaria pero sigue con prohibición de concurrencia para ir a los estadios. Probablemente
si el ataque se hubiese producido dos horas después, estaríamos hablando de varios heridos ya que el grueso de la barra, no menos de 300 violentos, se juntan habitualmente a esa hora.


Este es el tercer ataque a balazos desde que comenzó la interna allá por 2024. Todo empezó en el carnaval de ese año cuando un enfrentamiento en pleno corso de la avenida Caseros con armas blancas obligó a suspender el desfile de comparsas. Desde entonces, el Cone de Respinis y su hermano, el Narigón Pablo, se pusieron más estrictos con los beneficios y el reparto de entradas. A eso se sumó que el Globito empezó a hacer muy buena campaña y los beneficios empezaron a duplicarse pero no a derramarse. En julio de 2024 hubo un planteo de la gente de Villa Zabaleta, con el Gordo Pablo a la cabeza, para emparejar la cuestión.

La respuesta fue negativa y lo que vino fue peor: un mes después a metros de la cancha de Independiente minutos antes del comienzo del partido contra Argentinos Juniors por la Copa Argentina se produjo el primer enfrentamiento a balazos que dejó un herido. 

Ahí hubo un repliegue de la disidente sabiendo que la Policía y el club jugaban con la facción oficial, que aprovechó la situación para copar otra institución, el histórico club Piraña, para quedarse con lo producido de los torneos amateurs que se juegan allí más lo que se recauda en el bar. Insólito.

Pero con el comienzo del 2025 empezaron los problemas otra vez. Huracán fue convocado para jugar en Uruguay el torneo de verano Serie Río de La Plata y se suponía que viajaría toda la barra. Pero el bando de José C. Paz acaparó los micros puestos por el club y las entradas y dejó un cupo menor para sus rivales. El bando de Zavaleta decidió no aceptar las condiciones y quedarse en Buenos Aires preparando la batalla.

Primero pintó todo el barrio con frases contra los De Respinis. Después hubo una pelea con el grupo de Pagola cerca de la avenida Saénz y fueron a por todo en el partido contra San Lorenzo. Ese día hubo una batalla que terminó con más de 80 detenidos y muchísimos barras en derecho de admisión, sobre todo de la facción disidente.

Que poco tiempo después atacó a balazos la casa del Cone, cuya gente mantuvo el poder. Eso provocó otro repliegue hasta esta tarde, cuando las balas empezaron a surcar de nuevo el cielo de Parque Patricios y sólo porque Dios decidió congraciarse con esta ciudad al Sur del planeta, no hubo víctimas fatales.




 

jueves, 20 de agosto de 2026

"Aviones en el Cielo". Un texto de Eduardo Sacheri... @elprofesorcapomasi...

"Aviones en el Cielo". Un texto de Eduardo Sacheri...

A partir de la edición de enero de 2010, el prestigioso escritor argentino se incorpora a la revista con textos exclusivos. Autor de múltiples cuentos y varias novelas, entre ellas la que apuntaló el Oscar ganado por "El secreto de sus ojos", Sacheri debuta en nuestras páginas con una vivencia deliciosa: "Aviones en el cielo".

© Escrito por la Redacción EG el lunes 28/02/2011 y publicada por la © Revista el Gráfico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina. (Nota publicada en la edición enero 2010 de la revista El Gráfico.)


El escritor se incorpora a la revista. Autor de la novela que apuntaló el Oscar ganado por "El secreto de sus ojos", debuta en nuestras páginas con una vivencia deliciosa: "Aviones en el cielo".

LA HISTORIA que me propongo contar empieza de noche, en un aeropuerto, mientras espero que se haga la hora de tomar un avión, el 18 de noviembre de 2010. Y termina también de noche, tres semanas después, el 8 de diciembre. Termina conmigo tirado boca arriba, en el pasto, con los ojos fijos en el cielo oscuro de la una de la mañana.

Por supuesto que las dos, las del principio y el final, son decisiones arbitrarias. Al fin y al cabo: ¿cuándo empiezan las cosas? ¿Cuándo terminan? Siempre que decidimos contar algo, cortamos la cadena del tiempo en un eslabón. Un eslabón cualquiera, visto desde afuera. Un eslabón esencial, visto por nosotros mismos.

Son las diez de la noche. Estoy en el aeropuerto de Ezeiza, sentado en una sala de embarque casi vacía, esperando que se haga la hora de subirme a un avión. A través del ventanal veo los aviones, alineados en la pista, y vuelvo a preguntarme cómo es posible que no se caigan mientras vuelan. Así de grandes, así de pesados. Y yo que me dispongo a subirme a uno por espacio de diez horas y nueve mil kilómetros. Yo sé que hago mal; sin embargo, les tengo pánico.

Pero esta noche lo del avión no es lo único que pasa. Ni lo más importante. Hay algo más. Juega Independiente. Por la Copa. Semifinal, partido de ida, contra la Liga, en la altura de Quito.

Pero tampoco eso es lo más importante que pasa. Lo más importante es que en casa está mi hijo, desesperado por ese partido. No me lo ha dicho, o no me lo ha dicho del todo, pero el tipo está como loco con la posibilidad de que el Rojo gane una Copa. Una Copa que, para él, sería la primera. Pobre hijo: flaco favor el mío, hacerlo del Rojo en esta época. Cuando mi viejo me pasó la posta, en los años setenta, me hizo un favor, un don, un regalo. Me dio un equipo que ganaba Copas como si fueran caramelos que uno se sirve de a puñados. Cuando yo, a Francisco lo enamoré de Independiente, en cambio, lo puse a sufrir una sequía que parece perpetua. Un campeonato en el 2002 y gracias. Nada antes, nada después. Un rey de Copas sin Copas, tapado de telarañas y de fotos amarillas.

Ahí, mientras miro los aviones estacionados, lo llamo por teléfono. Lo escucho optimista. Promedia el primer tiempo e Independiente aguanta bien en la altura de Quito. Juega mejor. Lo tiene controlado. Está lloviendo en Ecuador. Yo le digo que esa de la lluvia es una buena noticia. Que me dijeron, que alguna vez escuché, que con lluvia el efecto de la altura disminuye. No sé si es cierto, pero se lo digo igual porque lo quiero tranquilizar, acompañar de alguna manera, en semejante partido.

Antes de cortar la comunicación, de todos modos, le tiro algunas frases de alerta. No sé si hago bien, pero me da miedo el tamaño de su ilusión. Porque yo sé que lo más probable, es que Independiente no gane esta Copa. Y me gustaría evitarle a mi hijo ese dolor, ese desengaño. Por eso me propongo prepararlo: ojo que no somos ninguna maravilla, le digo. Ojo que la Liga es un equipazo, le digo. Ojo que con el Tolima pasamos raspando, le digo.

¿A quién estoy protegiendo? ¿A Francisco, que con sus 14 años me parece demasiado tierno como para cargar sobre las espaldas semejantes desengaño? ¿O a mí mismo, que a los 42 estoy tan indefenso como él frente a las inclemencias de la derrota?

A las diez y veinte recibo el primer mensaje. Mala señal. Si me manda un mensaje en lugar de llamarme, es que son malas noticias. “Perdemos 1 a 0”. Me tomo un minuto para pensar la respuesta. Le digo que no es tan grave. Perder por uno en la altura no es tan grave. Pasa un rato. Deambulo frente al ventanal. Ahí siguen los aviones, esperándome. Pero no les tengo miedo. No porque me haya vuelto valiente de repente, sino porque estoy mucho más preocupado por mi hijo y por mí cuadro. Me llega un segundo mensaje. “Otro más”, dice mi hijo. Pero eso no es lo peor. Porque agrega “Me cansé de perder. Me voy a dormir”. Me cuesta tragar cuando lo leo. Sé que miente con eso de que se va a dormir. Sé que va a seguir mirándolo hasta que termine. Pero no sé qué decirle. Yo sé que la vida es mucho más perder que otra cosa. ¿Pero vale la pena que se lo diga?

Le respondo que todavía queda alguna chance de darlo vuelta en Avellaneda. Pero que si nos meten otro más, ahí sí estamos al horno. Casi enseguida me responde. “Nos están matando. No hay forma. Ya caí en la realidad”. Y a mí, solo entre las hileras de asientos vacíos, me dan unas ganas de llorar que me cuesta contenerme. Porque no quiero que las cosas sean como son. No quiero que caiga en la realidad. No me consuela el hecho de comprobar que mi hijo, por detrás de su pasión, sabe ver el fútbol, y por eso comprende lo fritos que estamos, lo cerca que quedamos de estar fuera de la Copa.

Me sube una bronca ridícula desde las tripas hasta la piel. Unas ganas locas de agarrarme a trompadas con el responsable de todo esto. Pero ¿quién es el responsable? ¿Con quién me tengo que pelear? ¿A quién le tengo que cobrar la angustia de mi hijo? ¿A los jugadores? ¿A los dirigentes? Sospecho que no. Porque en el fondo, la culpa es mía. Yo lo eduqué así. Yo le inculqué ese amor inútil. Yo lo entusiasmé en estas hazañas improbables. Yo le contagié este amor sin fundamento ni contrapartida.

Y sin embargo, al escribir la respuesta, termino escribiéndole: “No te rindas”. Lo envío y sé que es una estupidez. Porque sería mejor que se rindiera. Que se entregara. Que dedicara sus energías y sus angustias a causas más nobles.

Y enseguida recibo otro mensaje. “3”. Ese es todo el contenido. Así de simple. Así de terminante. Perdemos 3 a 0. No hay modo de meterles 4 goles en Buenos Aires. Ahora sí, estamos listos para toda la cosecha. Yo lo sé. Francisco lo sabe. ¿Qué le contesto? “Mejor olvidate de todo lo que te enseñé. Este amor no sirve para nada” Eso debería responderle. Pero no me atrevo.

Jugueteo con el celular. No sé qué decirle. En esto estoy cuando recibo otro mensaje. Pobre de él. Pobre de mí. Abro el mensaje dispuesto a enterarme de que nos metieron el cuarto. Pero no. El mensaje dice “3 a 1. Silvera”. Eso es todo. Vuelvo a mirar hacia afuera. Sin querer, pienso lo que no debería. Hago cálculos. Ahora volvemos a necesitar dos goles en Avellaneda para pasar de ronda. No debería pensar en esa idiotez, pero igual la pienso.

Afuera siguen esperando los aviones. Recibo otro mensaje. Me digo que ahora sí, este debe ser el 4 a 1. Pero vuelvo a equivocarme: “Gol de Mareque de derecha al ángulo”. No lo puedo creer. Ahora nos alcanza con un gol en Avellaneda para ser finalistas. Me dejo ganar por la maravilla. Sigo ahí, solo en el embarque. Pero no estoy solo. Ni estoy ahí. 

SIENTO QUE DE NUEVO estamos en carrera. Pero sé que falta un rato largo de partido. No sé qué hacer. Cómo ayudar a mi hijo, cómo auxiliar a Independiente. Es la hora de las promesas. Le rezo a Dios y le prometo que, si el Rojo termina 2-3 en Quito, no me voy a quejar del vuelo que me espera. Ni a la ida ni a la vuelta. Me pregunto si con eso será suficiente valentía. Me respondo que no. Entonces le prometo a Dios que, aunque el maldito avión se mueva como una coctelera todo el camino, yo voy a seguir sereno y tranquilito. Pero que a cambio, por favor, no vuelvan a embocarnos. Es una promesa estúpida. ¿Para qué corchos querría Dios someterme a turbulencias severas a cambio de mis pruebas de templanza?

No me importa. Prometo igual. No puedo hacer otra cosa. Estoy tan entregado a esta transacción que Dios no me ha pedido, que me olvido de responder el mensaje. Recibo otro. “En el Libertadores les tiemblan las patas”. El mensaje me atraviesa como un viento, como un golpe, como una certeza que viene de lejos. Eso que dice mi hijo hoy, yo lo escribí hace diez años. Y eso que escribí hace diez años, lo escribí porque mi papá me lo dijo a mí hace más de treinta. Y esa cadena repentina de memoria y de lealtad me deja tieso. Acabo de entender que el fútbol no es ni más ni menos que eso.  Eso que me dio mi viejo, y que yo le paso a mi hijo. Ese amor gratuito, esa esperanza desbocada. Ese dolor, esa rabia, esa fe rotunda en que, alguna vez, habrá revancha.

Al final, me gasté cualquier cantidad de palabras contando el principio, y me quedé sin espacio para narrar el final. Ese final que adelanté de entrada, y que me tiene a mí, tres semanas después, tirado en el pasto, de cara al cielo de la noche.

Agrego un par de imágenes. Unas pocas, para que cualquier futbolero, sea del cuadro que sea, pueda entenderlo. Estoy tirado en el pasto, boca arriba. Tengo los brazos abiertos y las piernas abiertas, como si así pudiera abrazar mejor el sitio en el que estoy. No estoy solo. A mi lado, unos metros más allá, mi hijo hace lo mismo. Sé que siente el pasto húmedo de rocío debajo de la cabeza, de la espalda, de las piernas. No tuerzo la cabeza para verlo. Quiero que este premio lo disfrute a solas, aunque estemos a tres metros uno del otro. Sé que está profundamente dentro de sí mismo. Es como si yo no existiera. Es como si los otros miles de hinchas que dan vueltas por el césped, después de dar la vuelta olímpica, tampoco estuvieran.

Francisco está cobrándose todas las angustias, todos los dolores, todos los partidos perdidos, todas las gastadas que nos comimos, todas las amarguras que cosechamos, todos los nervios que nos chupamos. Está volviendo el contador a cero. Para volver a creer. Para volver a jugar. Y yo hago lo mismo. Esta noche, Independiente me paga todo lo que le di.

Arriba, los reflectores del estadio oscurecen la noche. Más arriba, hundido en la noche, tal vez, aunque no lo vea, algún avión esté cruzando el cielo alejándose de Ezeiza. Más arriba, más hundido en la noche, tal vez, aunque no lo vea, alguien nos esté viendo a los dos, las patas y los brazos abiertos, volviendo a nacer sobre el pasto húmedo de Avellaneda. 

EDUARDO SACHERI es autor de varios libros de cuentos ("Esperando a Tito", "Te conozco Mendizábal", "Lo raro empezó después", "Un viejo que se pone de pie") y novelas como "Aráoz y la verdad" y "La pregunta de sus ojos", que fue llevada al cine y ganó el Oscar bajo el título de "El secreto de sus ojos".



lunes, 17 de agosto de 2026

Torneo Clausura 2026 - Sarmiento de Junín 2 vs. Huracán 0... @Elprofesorcapomasi...

Sarmiento superó con Claridad a Huracán y se prendió en la Zona B...


El Verde sumó su tercera victoria al hilo con un contundente 2-0 ante el Globo.

© Escrito por lar Redacción EG el domingo 16/08/2026 y publicado por la Revista El Gráfico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


SARMIENTO le ganó con claridad 2-0 a HURACÁN en el Eva Perón de Junín y sumó su tercera victoria al hilo en el Torneo Clausura. 

El Globo llegaba entonado después de la victoria en el clásico con San Lorenzo pero no pudo conquistar otro triunfo.

Desde el arranque, los de Facundo Sava se pusieron en ventaja con el tanto de Junior Marabel, que captó un rebote de un remate de Julián Mavilla que pegó en el palo.

Minutos después, Elian Giménez marcó un golazo pero la jugada no subió al marcador por una falta previa de Lucas Suárez, cuanto menos, polémica. Mastrángelo lo anuló tras el llamado del VAR.

En el complemento, se fue expulsado Jordy Caicedo por un fuerte cabezazo  a Juan Insaurralde y la sentencia al partido, después de muchas ocasiones desperdiciadas, la puso Lucas Suárez de cabeza.

Los juninenses acumulan tres triunfos al hilo en el certamen y se subieron al lote de los de arriba de la zona B.


Síntesis:

EL MINUTO A MINUTO:







Por qué gobierna Karina… @elprofesorcapomasi

Por qué gobierna Karina…

Ella. Comanda la agenda política, legislativa y electoral, mientras en la última semana su hermano se recluyó en la soledad de Olivos. Fotografía: CEDOC.

¿Qué hubiese pasado si en lugar de Norberto “Beto” Milei, el padre de Javier hubiera sido Jorge Messi?

© Escrito por Gustavo González, Presidente y CEO de Editorial Perfil, el domingo 16/08/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.



Según el astro deportivo y todos los que conocieron al papá de Messi, Jorge se caracterizó por el afecto, el acompañamiento y la contención que siempre le dedicó a quien se convertiría en el mejor futbolista de su tiempo.

Darle amor a un hijo no garantiza que ese hijo vaya a ser exitoso en su actividad laboral, pero suele ser un buen punto de partida para que sea feliz y luego comparta ese amor con otros.

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La historia de Milei fue dolorosamente distinta. Lo suyo fueron golpizas y humillaciones desde pequeño, según lo contó reiteradas veces. Y así como Lionel Messi se convirtió en una persona empática y cuidadosa con los demás, reproduciendo de grande lo que vivió de chico; Javier Milei se transformó en este hombre que destrata por igual a los que más tienen y a los que sufren por no poder pagar sus deudas.

Sorprende la flexibilidad de políticos, medios y sociedad para seguir naturalizando que...

Creo que lo que habría pasado si Milei no hubiera tenido los padres que tuvo, es que no habría llegado a ser Presidente de la Argentina.

Si no hubieran destruido desde pequeño su seguridad y amor propio, si no lo hubieran convertido en un ser solitario, desconfiado de los demás y con dificultades para generar relaciones personales duraderas, Milei no sería como es. No sería este hombre que aplica en otros la crueldad que recibió de niño y se muestra infalible para no revelarse roto. Ajeno a cualquier racionalidad política, siempre al borde de traspasar los límites del relacionamiento democrático, agresivo y extravagante.

“Es exactamente lo que voté”, repiten en las redes sus seguidores. Representan a ese 30% que lo fue a buscar en las PASO y en las generales de 2023 y fue la base de su triunfo. El 30% que, según las encuestas, sigue siendo su núcleo duro de apoyo.

Difícil que ese tercio extremo de la sociedad se hubiese sentido bien representada por un líder formado en un hogar como el de los Messi.

El origen del poder. Contra el dolor recibido, Milei desarrolló insensibilidad. Contra ese poder paternal que lo destruyó psicológicamente, se aferró a una ideología que promueve la destrucción del Estado paterno.

... la hermana de quien fue elegido como Presidente, maneje los hilos del Gobierno

Y contra el desamparo, buscó la protección sobrenatural de su hermana menor que, como él dice, es la única –con a su perro Conan–, que nunca lo traicionó y siempre permaneció a su lado.

Karina está empoderada por un hermano que le atribuye poderes que los humanos no poseen, como la capacidad de comunicarlo con su perro muerto y con el mismo Dios.

Quienes conocen esa relación esotérica, no están seguros de si ella de verdad cree tener tales capacidades o si sólo trata de hacérselo creer a él. No necesariamente para controlarlo, sino para contenerlo emocionalmente y brindarle supuestas palabras desde el más allá que lo alienten y lo justifiquen.

Por eso, el poder de la mujer más poderosa de la Argentina es la segunda consecuencia de la educación que esos padres le dieron a sus hijos.

A la dureza que ella misma debió forjar para intentar resguardarse de las palizas que recibía su hermano, le sumó su inquebrantable aptitud para ayudarlo a sobrevivir a través de los años. Que es lo que hoy sigue haciendo.

Difícilmente Karina hubiera ocupado un rol protagónico en otra administración, pero la explicación de por qué gobierna el país está en el poder que ejerce sobre quien había sido elegido para ocupar ese lugar. No hay otro secreto, ni triángulos ni cuadraturas de poder: sólo hay un hombre elegido para manejar el poder y una mujer que controla a ese hombre.

Si en estos años se hizo evidente esa centralidad, a medida que se acercan las elecciones su protagonismo crece más. Lo que en estos días quedó en evidencia, mientras el Presidente se recluía en Olivos casi sin recibir visitas, como señalan los informes de ingreso de la quinta presidencial.

Como hacía cuando eran niños, ella adquiere más relevancia cuando los peligros acechan a su hermano mayor. Los peligros actuales son esta preocupante combinación de una economía que no termina de arrancar, una inflación que no termina de bajar y encuestas que confirman la incertidumbre social.

Objetivo reelección. Karina siempre fue la que puso y sacó funcionarios (al único que no logra echar, por ahora, es a Santiago Caputo), la que monitoreó los acuerdos legislativos y la encargada del armado electoral que enfrentó con éxito las elecciones de 2023 y 2025.

Su hermano es el responsable de la macroeconomía y de la política internacional. Ella, del resto.

En el medio sólo hay funcionarios que obedecen, a tiro de ser reemplazados ante el menor desliz. Sólo casos específicos como los Caputo, Santilli y Pettovello, conservan ciertos márgenes de maniobra, que nunca son amplios. Como lo acaba de sufrir Sturzenegger, condicionado a partir de ahora a rendirle cuentas a la mesa política que ella comanda.

Con la reelección como objetivo, todas las decisiones deben estar orientadas en esa dirección y pasar por ella.

Cerró filas con Patricia Bullrich, haciendo de cuenta de que le cree cuando la senadora jura que brega por la reelección de Milei. La secretaria general necesita que Bullrich sume votos en el Senado con la misma vocación con que Martín Menem lo hace en Diputados.

Karina no se preocupa tanto por su mala imagen en un 70% de la sociedad, sino porque la de su hermano es, apenas, diez puntos menos negativa que la suya.

Javier Milei es dogmático por origen divino (sostiene que Dios le dio una misión que los humanos no deben cuestionar), pero Karina por las dudas opera para garantizar que ese designio se haga realidad.

De ahí el apuro de las últimas horas para recrear alianzas legislativas, darle herramientas (dinero) a Santilli para que pueda ofrecer algo a los gobernadores a cambio de apoyo (los que antes apoyaron no lo volverán a hacer sin alguna contraprestación para sus provincias) y reflotar la nunca formalizada alianza con el PRO.

Cerca de Mauricio Macri se entendió que Karina debía estar muy preocupada con los números de las encuestas como para tener que llamarlo. Se sabe del desprecio mutuo que se dispensan.

Ella cree que el primer acuerdo con el macrismo debería ser por la postergación o eliminación de las PASO, para no darle esa herramienta a un peronismo que necesita de las primarias para saldar sus diferencias internas. Recién después llegaría el momento de hablar de candidaturas.

El razonable temor de Macri es que, de apoyar esa iniciativa, lo que sobrevenga sea la fábula del escorpión por la cual la naturaleza de los Milei los haga ir por todos los cargos de relevancia. Aún a riesgo de que ambos pierdan, LLA y el PRO.

Naturalizar a Karina. En cualquier caso, lo que sorprende es la flexibilidad de políticos, medios y sociedad para seguir naturalizando la trascendencia de una mujer que poco tiempo atrás perdió en un programa de Guido Kaczka la oportunidad de ganarse un televisor, pero que en 2023 ganó una elección presidencial en la que no había sido candidata.

El paso de Karina Milei del tarot y la pastelería a manejar los hilos de un país, será uno de los episodios más fascinantes que los historiadores del futuro deberán desentrañar y juzgar.

Es probable que, cuando eso ocurra, la sociedad ya haya dado su veredicto declarándola culpable.

Como si no hubiera sido la propia sociedad (o una mayor parte de ella) la que fue a buscar a los hijos que educó Norberto Milei para que la represente.