La vida es un tablero de ajedrez en donde los cuadros blancos son los días y los cuadros negros son las noches... Nosotros, somos las piezas que vamos de aquí para allá para caer al final en el cuadro de la nada... De Alguna Manera... Una Alternativa…
En
Argentina se registran 120.000 casos de ACV por año: cada minuto puede cambiar
una vida…
Intenso. Cuando ocurre un ataque, el afectado sufre un dolor de
cabeza repentino y muy intenso. Fotografía: Shutterstock.
El Accidente
Cerebrovascular (ACV) es una de las principales causas de muerte y discapacidad
en el país. Especialistas advierten que el reconocimiento temprano de los
signos puede salvar miles de vidas cada año.
En Argentina, cerca de 120.000 personas sufren un Accidente
Cerebrovascular (ACV) cada año. De ellas, alrededor
de 40.000 pierden la vida, según datos del Observatorio del
Congreso de la Nación. Se trata de una emergencia médica que ocurre cuando
el flujo de sangre al cerebro se interrumpe o disminuye, impidiendo que las
células reciban oxígeno y nutrientes.
En cuestión de minutos,
el tejido cerebral comienza a dañarse, por lo que reconocer los
síntomas y actuar con rapidez puede marcar la diferencia entre la vida
y la muerte. Cuanto antes una persona reciba atención médica, mayores
son las posibilidades de recuperación y menores las secuelas.
El ACV
puede presentarse de dos formas principales. El isquémico, que
representa cerca del 80% de los casos, ocurre cuando una arteria que lleva
sangre al cerebro se obstruye. En cambio, el hemorrágico se
produce cuando un vaso sanguíneo se rompe y provoca sangrado dentro o alrededor
del cerebro, generando presión y daño neuronal.
Ambos requieren
atención médica inmediata. “Cada minuto sin atención, el cerebro pierde cerca
de 1,9 millones de neuronas”, explicó la Dra. Valeria El Haj,
directora médica de OSPEDYC, quien remarcó la importancia de actuar sin demora.
La cadena de vida:
reconocer, llamar y trasladar
El protocolo que sigue
un paciente ante un ACV se conoce como la “cadena de vida”.
Comienza con el reconocimiento de los síntomas, continúa con el llamado
inmediato al servicio de emergencias (107 o 911) y culmina con el
traslado a un centro médico preparado para diagnóstico y tratamiento
especializado.
“Todo comienza con
el reconocimiento de los signos de alarma. La rapidez con la que se actúe
puede definir el resultado del tratamiento”, señaló El Haj. Los estudios de
imágenes —como tomografías o resonancias— permiten determinar el tipo de ACV y
definir el abordaje médico adecuado.
HaBraSo: tres pasos que
pueden salvar vidas
Con el objetivo de
aumentar la conciencia social, en Argentina se impulsa la campaña “HaBraSo”,
una iniciativa que enseña a identificar los síntomas del ACV de forma simple:
- HA (Habla): pedirle a la
persona que repita una frase. Si tiene dificultad, podría ser un signo de
alerta.
- BRA (Brazos): solicitar que
levante ambos brazos. Si uno cae o no puede sostenerlo, hay que actuar rápido.
- SO (Sonrisa): pedirle que
sonría y observar si la sonrisa es simétrica. Si un lado del rostro se ve
caído, podría estar sufriendo un ACV.
“A veces, la diferencia
entre la vida y la muerte está en que alguien reconozca lo que ocurre y actúe
sin dudar”, afirmó “HaBraSo”, jefa de Comunicación Institucional
de OSPEDYC. “En salud, la información tiene poder: cuando una comunidad sabe
qué hacer, puede salvar vidas”.
Tratamiento y
rehabilitación: una carrera contra el tiempo
El tratamiento varía
según el tipo de ACV. En los casos isquémicos, el objetivo es restablecer
el flujo sanguíneo lo antes posible, mediante medicación trombolítica o
procedimientos como la trombectomía mecánica. En los hemorrágicos,
se busca controlar la presión arterial y reparar el vaso dañado.
La recuperación no
termina en el hospital. La rehabilitación temprana y el
acompañamiento de un equipo multidisciplinario son claves para
recuperar funciones motoras, cognitivas y del lenguaje. Cuanto antes se inicie
el proceso, mejores son los resultados.
Aunque el ACV puede
sorprender, la mayoría de los casos son prevenibles. Los principales factores
de riesgo incluyen la hipertensión arterial, el tabaquismo, la
diabetes, el colesterol elevado, el sobrepeso, la inactividad física y el
consumo de alcohol o drogas.
“Actuar a tiempo
salva vidas, pero prevenir es aún más poderoso”, destacó la Dra. El Haj.
Mantener una alimentación equilibrada, realizar actividad física y controlar la
presión arterial son medidas simples que pueden reducir drásticamente el
riesgo.
José María Sarasola tiene 37 años y en el 2005 creó la Fundación Mediapila, con el
objetivo de promover la inclusión laboral y social de mujeres en situación de
extrema vulnerabilidad. Regresó al país en el 2004, luego de haber estudiado
durante cinco años en Australia, para encontrarse con una la dura realidad
nacional de la Argentina post crisis del 2001. Esta le despertó la necesidad de
ayudar a los demás, enseñándoles oficios que puedan usar para prosperar.
La organización que creó trabaja junto a mujeres de distintos barrios
vulnerables de la Ciudad de Buenos Aires, enseñándoles a ser costureras a
través de distintos talleres, con la idea de que puedan confeccionar y vender
su propia ropa, independizándose. "La crisis de 2001 me golpeó muy duro: mi esposo estaba sin
trabajo y mis siete hijos necesitaban cosas para la escuela. A mí Mediapila me
devolvió la dignidad de trabajadora y junto con ella, la dignidad de madre que
trabajaba en la casa mientras cuida a sus hijos ", recuerda María Coronel,
que tiene 56 años y vive en José C. Paz, quien al año de haber conocido la
fundación, ya contaba con un taller en su propia casa.
Desde el 2005, fueron formadas más de 400 costureras y
actualmente, cada año llegan 80 mujeres al centro de capacitación que la
fundación tiene en el barrio de Villa Crespo, con la esperanza de poder cambiar
su realidad.
Programa de colaboradores:
Por el mes de julio, aquellos que se sumen con un aporte mensual
de $100 o más, se llevarán de regalo una remera marca Mediapila, hecha por
alumnas y egresadas de la fundación.
“Esto es una invitación a las personas que entienden la
necesidad de involucrarse en la creación de una sociedad con más oportunidades.
Con el compromiso de todos podemos llegar a más mujeres que lo necesitan”,
afirma Belén Murphy, directora ejecutiva de la organización.
Todo lo recaudado en esta campaña será destinado al centro de
capacitación que la fundación tiene en el barrio de Villa Crespo.
"Fue una gran
victoria en Argentina. Quiero felicitar al vencedor, que fue un gran vencedor y
contó con mucha ayuda por nuestra parte. Contó con mucha ayuda. Le di un
respaldo, un respaldo muy fuerte", sostuvo el presidente de Estados Unidos
ante un grupo de periodistas.
Trump se refirió así al
apoyo de su país al mandatario argentino semanas antes de las elecciones
legislativas del domingo, después de que el Tesoro abriera una línea de swap o
intercambio de monedas por US$20.000 millones.
Trump celebró los
resultados del partido del presidente argentino, La Libertad Avanza, que
calificó de "inesperados".
"Fue realmente
inesperado conseguir esa victoria, algunos pensaban que sería difícil ganar. Y
no solo ganó, sino que ganó mucho. Así que, fue algo fantástico", sostuvo.
El resultado de las
elecciones de mitad de mandato, en las que el Congreso argentino renueva parte
de ambas cámaras, le da a Milei más fuerza para avanzar con una serie de
reformas estructurales de la economía.
La Libertad Avanza, el partido de Milei, obtuvo más del 40% de
los votos en las elecciones legislativas del domingo 26 de octubre.
Por su parte, Trump
mencionó al secretario del Tesoro de EE.UU., Scott Bessent, quien supervisó la
asistencia financiera a Argentina; a Jamieson Greer, representante comercial de
Estados Unidos; y al secretario de Estado, Marco Rubio, no solo por su rol con
Argentina sino por la estrategia de Estados Unidos en la región.
"Estamos apoyando
a muchos países de Sudamérica. Nos centramos mucho en Sudamérica y estamos
consiguiendo un gran control en Sudamérica en muchos sentidos, incluyendo el
hecho de que no queremos sus drogas", declaró.
Día 687: Es el antikirchnerismo,
estúpido. Fotografía: CEDOC
El miedo a la inestabilidad económica, un patrón
recurrente del voto argentino, volvió a hacerse presente. Esta vez, el gobierno
de Javier Milei articuló su estrategia sobre tres ideas fuerza: “kirchnerismo”,
“inestabilidad” y “caos”.
Esta columna de hoy también podría titularse como:
“El kirchnerismo leyó mal a Ernesto Laclau". O, lo que decía Peter
Drucker: “Se muere de éxito”, por aquello que dio resultado y se profundiza
hasta lograr opuesto, en este caso la polarización. Pero comencemos con nuestro
título.
En 1992, durante la campaña en la que Bill Clinton derrotó
a George W. Bush padre, un asesor de Clinton, James
Carville colocó carteles internos en las oficinas demócratas con los
ejes de campaña. 1) Cambio vs. más de lo mismo. 2) No olvidar el
sistema de salud. 3) Es la economía, estúpido. Este último apuntaba a que
el problema de la gestión republicana se centraba en los dramas cotidianos de
las personas en relación con económico. Esta frase pasó de ser un recordatorio
interno y quedó instalado en la historia política internacional.
Parafraseándola, podemos intentar explicar el triunfo libertario de ayer
con: “Es el kirchnerismo, estúpido”.
La histórica recuperación luego de la derrota bonaerense de 14 puntos
de La Libertad Avanza (LLA) en provincia de Buenos Aires, la
mayor de todas las sorpresas de anoche, se puede explicar por varios factores,
pero evidentemente lo más importante es que los ocho puntos que subieron los
libertarios entre septiembre y ayer, fueron impulsados por un antiperonismo y
más particularmente, un antikirchnerismo muy profundamente
arraigado en la sociedad, inclusive en el bastión del peronismo, que es la
provincia de Buenos Aires.
Es decir, en las elecciones bonaerenses de septiembre hubo un 61%
de participación y ayer fue a votar un 68%. Es decir, hay
un 7% de personas votaron ayer y no en septiembre. Esas personas, masivamente
fueron a votar por LLA, asustados por la potencial vuelta del kirchnerismo que
se dedujo luego del importante triunfo de Fuerza Patria por catorce puntos.
Esto llevó a LLA de 33% a 41%. El peronismo, por
su parte, perdió 261 mil votos que probablemente se
dispersaron en varias listas, el voto en blanco y el nulo que juntos sumaron
un 4%.
Quien anticipó esta tendencia en este mismo programa fue Cristian
Buttié, director de CB Consultora, siendo el único de los consultores que
ubicada al oficialismo por encima del 40%. "La elección de provincia de
Buenos Aires despertó un interés en ese segmento que no estaba yendo a votar,
que no está enamorado de Milei. Pero al ver 14 puntos de diferencia a favor del
peronismo, define ese votante apático cuál es su mal mayor y su mal menor en
esta elección. Y ese votante está definiendo si va a votar. Si va a
votar, acompañar a La Libertad Avanza porque su mal mayor es que se caiga el
Gobierno y vuelva el kirchnerismo. Entonces, ese es el vector que hay que
seguir de cerca", había anticipado en Modo Fontevecchia.
La simplificación de la política como una actividad agonística donde la
clave reside en la correcta elección de los enemigos fue una estrategia que
pudo ser útil para Néstor Kirchner en 2003, permitiéndole
confrontar y aumentar su escaso 20% inicial de votos hasta el 40%. Sin embargo,
esta tesis resulta una estrategia deficiente para el peronismo en su conjunto,
ya que en Argentina el antiperonismo es una fuerza mayor que el peronismo, y el
sistema electoral incluye balotaje.
El kirchnerismo revivió el antiperonismo que Carlos Menem había
logrado licuar en los años 90 con su corrimiento hacia la derecha. En la
actualidad, el voto a favor de LLA se interpreta en gran medida como un voto
contra el kirchnerismo. La idea de que "Sin Cristina no se puede,
con Cristina no alcanza" ha evolucionado a la conclusión de
que "Con Cristina no se puede".
Esta polarización fue auto-producida y la estrategia de Cristina
Fernández de Kirchner de intentar cruzarla nominando a Daniel
Scioli, luego a Alberto Fernández, y finalmente a Sergio
Massa, no logró trascender el hecho de que cualquier candidato en alianza
con ella termina siendo percibido como kirchnerista. El "pase de
magia" de nominar a Alberto por haber sido crítico funcionó una vez, pero
el truco ya no funcionará.
El problema electoral para el kirchnerismo no se resume únicamente en el
41% obtenido por LLA, sino en que el peronismo de Tucumán y
el Frente Cívico de Santiago del Estero no
son kirchneristas, y que más del 7% de los votos de Provincias
Unidas es directamente antikirchnerista.
Aunque el kirchnerismo representa aproximadamente un 20% de los votos,
sin los cuales el peronismo iría dividido y no llegaría a un balotaje, este
dilema es aprovechado por fuerzas opositoras como LLA y, anteriormente,
por Mauricio Macri. Además, se observa un corrimiento del
electorado hacia la derecha, lo cual ya se había manifestado con la victoria de
Sergio Massa sobre el kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires en 2013, y
con Macri en 2015.
El miedo es una emoción que se
puede manipular en el terreno político si se realiza una lectura adecuada del
contexto para identificar los temores de los ciudadanos. A partir de esto, se
crean estrategias políticas que utilizan la propaganda para incitar al voto
popular. La manipulación del miedo no es nueva en la cultura occidental, ya que
desde la retórica se posicionó como un elemento esencial que un orador debía
usar para conmover y ganar al auditorio.
A
través del tiempo, el
miedo ha ganado espacio en la política, permitiendo la
emergencia y difusión de imaginarios sociales dominantes en las ciudades. Estos
imaginarios pueden incluir la inseguridad, la violencia o las situaciones
experimentadas en los espacios públicos, aunque sus categorías varían según el
lugar y evolucionan con el tiempo.
Mientras
que en el pasado se usaban figuras como el demonio o las brujas, hoy los
prototipos de miedo difieren de acuerdo con cada país o cultura. En la cultura
moderna, quienes buscan instrumentalizar el miedo se valen de los medios de
comunicación, pues estos desempeñan un papel fundamental al producir y difundir
información saturada de imágenes sobre, por ejemplo, la delincuencia urbana.
El
miedo político se entiende como el temor de la gente a que su bienestar
colectivo resulte perjudicado -como el miedo al terrorismo, el crimen o la
descomposición moral- o la intimidación ejercida por el gobierno. Además, es un
tipo de miedo que emana de la sociedad y tiene consecuencias directas sobre
ella.
La
naturaleza del miedo hace que las personas sean vulnerables a la manipulación, tanto
individual como colectivamente. Los políticos conocen esta estrategia y
utilizan los medios para fortalecer los discursos de miedo y alcanzar sus
objetivos, a menudo mediante tácticas como el pánico moral.
El
voto del miedo es el acto de sufragar motivado por una serie de temores,
amenazas, intimidaciones e incertidumbres sobre el presente y el futuro de una
colectividad determinada. Para incitarlo, a los votantes se les suele plantear
un dilema de pánico mediante discursos que advierten que, si ganan los
candidatos opositores, se podría desestabilizar el Estado, poniendo en riesgo
la paz, el bienestar, el progreso, la seguridad o los valores. Por lo tanto, se
invita a votar para evitar esa desestabilización.
Un
ejemplo analizado es la campaña de reelección de George W. Bush en Estados
Unidos en 2004, donde el miedo fue un elemento fundamental. Aunque los votantes
expresaron que Bush no había sido eficaz en la economía y temían por el futuro
económico del país -lo que inicialmente los inclinaba haciael demócrata John Kerry-, el factor
decisivo terminó siendo el miedo a la seguridad nacional y al terrorismo. Dado
el ambiente tenso por el atentado del 11 de septiembre, se encontró que el
presidente Bush generaba más confianza en el manejo del terrorismo, lo cual
incidió directamente en el resultado final.
En
consecuencia, las emociones son fundamentales en el campo político, con una
hegemonía sobre lo racional, y el miedo se utiliza como instrumento para
persuadir a los votantes. La psicología política se ocupa de guiar estos temas,
abordando la propaganda y las decisiones políticas basadas en emociones.
Por
ejemplo, en Argentina, un patrón de comportamiento electoral históricamente
significativo se basa en el miedo a la inestabilidad económica. Este
fenómeno se manifestó por primera vez en las elecciones de 1995 como el "voto cuota".
En ese momento, a pesar de los efectos negativos de la convertibilidad, que ya
venía demostrando pérdida de empleo, y la crisis del "efecto
tequila", el temor a perder la estabilidad impulsó a las personas
endeudadas por créditos y compras, como electrodomésticos o autos, a votar por
la continuidad de la política económica del menemismo.
Esta
dinámica se repitió en 1999, cuando la coalición de la Alianza, compuesta por
el radicalismo, parte del peronismo con Chacho Álvarez, que llevaba como presidente
a Fernando de la Rúa, ganó
las elecciones. Solo logró el triunfo presidencial asegurando que mantendría la
convertibilidad y no devaluaría la moneda. El desafío político en aquel
contexto era lograr votar a favor de la economía, pero al mismo tiempo
manifestarse en contra de la corrupción.
Hoy
en día, este mismo fenómeno se estaría repitiendo, aunque con una nueva
denominación: el "voto
estabilidad". Ante este escenario, la oposición se
enfrenta al desafío de encontrar un candidato que esté dispuesto a prometer la
continuidad de dicha estabilidad económica. Su estrategia de éxito, además de
ese mensaje, dependería de que el desgaste del oficialismo por la acumulación
de casos de corrupción termine por afectar su base de apoyo y se creen las condiciones
para votar a favor de la economía y en contra de la oposición, como sucedió dos
veces en los noventa.
El
Gobierno logró conectar un conjunto de ideas fuerza: “kirchnerismo”, “inestabilidad” y “caos”.
Para eso, contó con la ayuda inestimable de Estados Unidos y probablemente la
amenaza de Donald
Trump de que si perdía Milei, retiraría su apoyo terminó
pesando más que el antiimperialismo en sangre de nuestra sociedad. Operó
generando miedo y terminó definiendo a un sector que entendió que el triunfo
del kirchnerismo significaba un estallido cambiario y un aumento de la
inestabilidad política y económica. Algo que se expresó luego de las elecciones
en la provincia de Buenos Aires.
Otro
de los datos es el magro resultado de Provincias Unidas.
En Córdoba, el
cordobesismo, liderado por Juan Schiaretti, cayó frente a LLA con una
diferencia de casi 14 puntos (42,39% para LLA frente a 28,28% para el
exgobernador). La división del voto provincial con Natalia De La Sota (más
del 8%) no es suficiente para explicar la magnitud de la derrota.
En Santa Fe, la
vicegobernadora Gisela
Scaglia obtuvo un pobre 18,66%, quedando tercera detrás de
LLA (40,69%) y Fuerza Patria (28,69%), a pesar de su alta imagen positiva.
En
otros distritos, los candidatos de la coalición en la Provincia de Buenos Aires
tuvieron un magrísimo resultado: Florencio Randazzo obtuvo el 2,5%, por
debajo de candidatos que no tenían un partido importante detrás. En Ciudad de
Buenos Aires, Martín
Lousteau cosechó el 6%. Lo mismo sucedió en los espacios
provinciales afines en Santa
Cruz (poco más del 15%), Jujuy (19,52%) y Chubut (20%), que
perdieron frente a LLA y/o el kirchnerismo.
La liga de gobernadores que se había expresado como
una oposición racional y sensata no logró ser la expresión del sector que no
está de acuerdo ni con el gobierno de Milei, ni volver al kirchnerismo. Ahora,
estos gobernadores están en serio problemas. Por un lado, serán convocados por
el Gobierno para apoyar las reformas estructurales. Si se oponen decididamente
y siguen en su rol opositor, pueden correr el riesgo de enfrentarse con parte
de su propio electorado que ayer votó por LLA y no recibir los fondos
coparticipables necesarios para afrontar sus gestiones.
Por
el otro lado, si los mandatarios provinciales son demasiado condescendientes
con el Gobierno, corren el riesgo ser absorbidos por LLA y que les suceda lo
mismo que al PRO. Hoy, el macrismo teme por su bastión, la Capital Federal.
Luego del triunfo de Patricia
Bullrich con el 50% de los votos, Jorge Macri debe estar
pensando mucho en su futuro como jefe de Gobierno porteño y la posibilidad de
caer ante Bullrich, que como se admite off the record, quiere su lugar al frente de la
Ciudad.
Volviendo
a los gobernadores y parafraseando el dilema hamletiano hoy deben pensar: “Ser oficialista u opositor, esa
es la cuestión”. Probablemente, repitan la misma táctica,
acompañar con matices ahora y esperar internamente, un nuevo cambio del viento
político, algo que como pueden ver en este país se da bastante a menudo.
Hablando
de dramas shakesperianos, se viene uno muy fuerte dentro del peronismo.
Cristina Kirchner ya le está pasando la factura a Axel Kicillof por
desdoblar la elección y generar este miedo a la vuelta del kirchnerismo. Desde
los intendentes cercanos al gobernador se quejaban de la conformación de las
listas y la falta de representación territorial, algo que debe haber afectado
en los 260 mil votos de diferencia entre septiembre y octubre. Por primera vez,
en las cuasi-provincias La Matanza y Lomas de Zamora, que tienen más habitantes
que muchas provincias, no tuvieron un solo candidato local en las listas a
diputado nacional.
Además, el gobernador bonaerense podría recriminar
que el miedo a la vuelta del kirchnerismo se centra fundamentalmente en la
figura de Cristina Kirchner y que es ella la que bloqueó toda renovación
posible. En definitiva, siguiendo con este diálogo hipotético entre Kicillof y
Cristina, si el problema es adelantar la victoria bonaerense y generar una
reacción por el miedo, si hubiese victoria en octubre, tal vez el miedo hubiera
operado hacia 2027. Mejor que la derrota ocurra ahora y se genere la
renovación.
Este
problema de concepción que analizamos en el kirchnerismo se expresó con nitidez
en dos postales de ayer. Por un lado, Cristina se mostró bailando en su balcón
sin entenderse exactamente lo que festejaba, una imagen que probablemente
motivó a millones de personas a votar por LLA por la idea de ver a Cristina
festejando en su balcón. Militantes de La Cámpora compartían el video con frases
como “al final Cristina tenía razón, esto recién empieza”. Como si Cristina
estaba festejando que tiene un argumento para derrotar en su pelea interna con
Kicillof y en su mente, si se vuelve a hacer todo lo que dice “la jefa”, el
triunfo del peronismo en 2027 estaría asegurado.
Demostrando
que kirchnerismo y antikirchnerismo son dos caras de la misma moneda con pésimo
gusto funerario la militancia libertaria festejaba cantando “saquen al pingüino del cajón”,
otro triste momento de la política argentina a 15 años de la muerte de Néstor
Kirchner.
Los
libertarios si entendieron algo que el kirchnerismo no: que justamente el
triunfo explica que “Cristina no tiene razón”, no sobre el desdoblamiento o no
de una elección local, si no sobre su la posibilidad de kirchnerismo como
alternativa de poder. Un tuit de la abogada y periodista Natalia Volosin que
es contundente al respecto. “Les ganaron con corridas, corrupción, operaciones
y candidatos chorros, narcos, desconocidos o analfabetos. Si no entienden que el problema no es el
Gobierno, sino la oposición, en 2027 Milei va a arrasar”,
escribió.
En
el fondo el problema es que hay un 60% de la sociedad que se opone a Milei,
pero el peronismo representa solo la mitad de esta mayoría. La segunda mitad se
divide en múltiples listas que ninguna alcanza los dos dígitos y no representan
ningún proyecto de poder, pero tampoco quieren tener que ver nada con el
kirchnerismo.
Gran
parte de la derrota del peronismo se centra en que Cristina apuntó por su hijo, Máximo Kirchner, o por
figuras de pura cepa como Wado de Pedro. Las discusiones con el resto
del peronismo dieron lugar a soluciones de compromiso que no expresaron una
renovación y la batalla interna los consumió tanto que terminaron haciendo una
campaña completamente vacía, esperando que la sociedad los vote simplemente
para castigar a Milei. Hoy la oposición está en crisis. Representa al 60% de la
gente que fue a votar ayer, pero no tiene un proyecto claro de alternativa de
poder a Milei.
Mención
aparte merece que si el abstencionismo, más el voto en blanco y el nulo, fueran
representados por una suerte de frente electoral, hubiesen sacado cerca de 35%,
es decir más que el peronismo. Esta fue la elección nacional legislativa con menos
participación desde la vuelta de la democracia. ¿Vendrá de este
sector que no fue a votar el apoyo a un nuevo fenómeno político? No lo sabemos,
lo que sí sabemos es que el peronismo no los motiva.
El
miedo es la palabra clave para entender esta elección y miedo también de
quienes no se sienten representados por el Gobierno y entienden que los rasgos
más autoritarios y crueles de Milei pueden ser acrecentados por esta victoria.
Esperemos no sea así.
Producción de texto e imágenes:
Matías Rodríguez Ghrimoldi.
Milei gastó más de 7.400 millones de dólares para sostener el dólar antes de
las elecciones…
El "paisano" Benjamín. Dibujo: Pablo Temes.
Las elecciones legislativas del domingo llegan con
un costo histórico: el Gobierno utilizó una cifra que podría trepar a US$ 8.400
millones con el aporte del Tesoro de EE.UU. –para contener al dólar en los dos
meses previos al comicio–. Según el Banco Provincia, se trata del cuarto mayor
episodio de ventas desde 2003. En paralelo, un informe del J.P. Morgan advierte
que los mercados descuentan un resultado adverso para los libertarios, aunque
algunas acciones locales aún ofrecen margen de recuperación si el oficialismo
logra evitar una derrota contundente.
Las elecciones en la Argentina
cuestan caras. Quizá más que en cualquier otro país de la comarca
latinoamericana. Y, en particular, el acto eleccionario de mañana salió
carísimo. Concretamente, unos US$ 7.400 millones de dólares. Y podrían ser
7.500 millones de dólares. Ese es el dinero calculado que el Gobierno debió
utilizar para sostener el dólar en los complicados últimos dos meses, el tiempo
electoral previo al 26 de octubre. Y todo esto para llegar en una situación
casi terminal. Medido en términos del último informe del J.P. Morgan presentado el
miércoles pasado en sociedad en Buenos Aires, de la mano del propio CEO
plenipotenciario del banco a nivel mundial, Jamie Dimon, el “praiceo” de los
bonos y acciones argentinos navega cerca del 30% de los votos a los libertarios
de mañana. El informe, llamado “Estrategia
sobre Argentina. Perspectivas antes de las elecciones legislativas de medio
término”, no necesariamente es negativo. Presentado ante la
mirada de ilustres popes que visitaron Buenos Aires en las últimas horas, como
Dimon, Condoleezza Rice y Tony Blair (ambos políticos hoy militando para el
banco internacional), el trabajo del J.P. Morgan recomienda con mucha prudencia
y selectividad algunas acciones argentinas de los sectores de energía y bancos,
por su potencial de recuperación poselectoral y ante un panorama de posible
castigo injustificado de los mercados en las últimas semanas sobre estos
papeles; ante la visión de los operadores financieros de optar por el peor
escenario ante la suerte del Gobierno en las elecciones de mañana. Según la
visión del banco norteamericano, algunas acciones argentinas tienen cotización
de un nivel de votos del 30% para los libertarios, porcentaje que si finalmente
queda bajo y a las huestes de Javier Milei le va mejor, se convierten en
alternativas de alta rentabilidad potencial. Para el J.P. Morgan, si no hay una
nueva “paliza” electoral en la provincia de Buenos Aires, el mercado podría
reducir su nivel de preocupación. Mientras tanto, se llega a mañana con alto
temor por parte de los inversores. Muchos de ellos impulsados en el miedo por
el otro famoso informe del mismo J.P. Morgan del 31 de junio pasado, donde se
le recomendaba a sus clientes con posiciones en pesos, que abandonen ese barco
y se refugien en el dólar. Recomendación que los tenedores de papeles en moneda
criolla obedecieron.
Desde ese informe, muchos operadores encuentran el momento del inicio de
las plagas de Egipto para la estrategia cambiaria, financiera y electoral de
los libertarios. A partir de los primeros días de julio, y ante el hecho
inocultable había fracasado cualquiera que haya sido la estrategia del
oficialismo para acumular reservas, comenzó una primero lenta y luego acelerada
carrera para posicionarse en la verdadera moneda fuerte del país: el dólar.
Nada nuevo. Ni nada que no se pudiera prever. Pero sí sorpresivo para un
esquema libertario, donde lo que se debería haber respirado es confianza, en
aquellos días de fines del primer semestre del 2025. Comenzaron así las
políticas de intervención indirecta y después directa para intervenir en el
mercado cambiario; lo que determina luego lo caro que salió la política de no
dejar escapar al dólar para tener más chances electorales. Lo primero no se
pudo lograr. El dólar terminó peleando los 1.500 pesos. Lo segundo se verá
mañana.
El fenómeno fue tratado por otro informe. Según el trabajo “Semana Económica. Cuántos dólares necesitará la economía
argentina en 2026 y 2027: haciendo cuentas raras para economías normales”, elaborado
por la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia, se llega a la
conclusión que el período de mayor intervención fue el de septiembre y octubre,
donde se usaron unos US$ 7.400 millones para sostener la divisa. Que igualmente
llegó a las elecciones peleando el tope de gama del sistema de bandas negociado
con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para el Facilidades Extendidas
firmado el 11 de abril. Según el trabajo, “entre septiembre y octubre, se
usaron US$ 7.400 millones de fuentes exógenas –ajenas a la dinámica propia de
mercado– para contener al tipo de cambio: el Banco Central vendió US$ 1.100
millones en el MULC, el sector agropecuario adelantó US$ 5.700 millones y el
Tesoro vendió US$ 440 millones netos (US$ –550 millones en la primera semana de
septiembre, luego le compró US$ 2.120 millones al sector agropecuario y
finalmente vendió poco más de US$ 2 mil millones en octubre)”. A este dinero
habría que sumar el glorioso aporte del Tesoro de los Estados Unidos, cuya
cifra final es algo vidriosa, pero que podría haber al alcanzado los US$ mil
millones, contabilizando el aporte inconmensurable de unos US$ 450 millones del
miércoles 22 de octubre. Aporte que permitió cerrar la semana con más
tranquilidad cambiaria que la proyectada por las fuerzas cambiarias locales.
El trabajo del Banco Provincia hace historia, y evalúa que “sin incluir
las eventuales compras de pesos del Tesoro de Estados Unidos, este sería el
cuarto mayor episodio de ventas desde 2003: la primera fue entre agosto y
diciembre de 2015, cuando el Banco Central vendió US$ 9.900 millones, la
segunda entre abril y mayo de 2018, cuando se sacrificaron US$ 7.750 millones
de reservas y la tercera entre agosto y octubre de 2019, con US$ 7.650
millones”.
Habrá que ver desde el lunes, si este aporte de US$ 7.400 millones (que
podrían ser más de 8.400 si contabilizamos al Tesoro de los Estados Unidos), resultó
un buen negocio. Esto sucederá si se cumple la premisa que el ministro de
Economía Luis “Toto” Caputo lanzó el jueves pasado, donde aseguraba que desde
el lunes 27 nada se modificará, que la política cambiaria no sufrirá alteraciones,
que continuará el sistema de bandas y que, incluso, el valor del dólar
retrocederá. Habrá que tomarle la palabra.
En algún momento de comienzos del 2023 pensaba el Gobierno que el
trayecto económico a las elecciones del domingo serían una especie de desfile.
Se pensaba en una inflación a septiembre del 2025 con un cero por delante (fue
de 2,2%), un dólar dominado (pelea los 1.500 pesos con una devaluación
acumulada de 40%), una actividad altiva (quizá estemos en proceso de recesión)
y un consumo reactivado (entre septiembre y agosto cayó 0,2%). Se llega además,
con un salvataje de los Estados Unidos y un FMI esperando que se terminen de
contar los votos para presionar por las reservas.
Sin embargo, en la economía como en el fútbol, siempre hay revancha.
Mañana se sabrá si Javier Milei y Luis “Toto” Caputo la tendrán. Y el lunes, los que votarán serán los mercados.