El Gobierno tuvo una Navidad frenética con regalo al final…
© Escrito por Nelson Castro
el domingo 28/11/2025 y publicado por el Diario Perfil de la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.
Esta sesión significó un test match para Patricia Bullrich. En lo
formal, era su debut como jefa del bloque del oficialismo. Pero en los hechos,
su rol en el cuerpo va mucho más allá de eso. Ella ha pasado a ser la
articuladora entre la Cámara Alta y el Poder Ejecutivo. Esto es consecuencia
directa del aislamiento total en el que navega la gestión de Victoria
Villarruel. Emana hacia ella un profundo sentimiento de desprecio por parte de
los hermanos Milei. Aquella frase referida al Presidente que pronunció durante
el reportaje con Jonatan Viale le valió el destierro de las arenas del poder.
Por si alguien no lo recuerda, la vicepresidenta dijo que el pobre Milei era un
“jamoncito” entre su hermana Karina y ella.
La aprobación del presupuesto es una exigencia del Fondo Monetario
Internacional. Pero, antes de eso, hay que decir que es una necesidad del país.
El condimento extra es que se trata del primer presupuesto redactado de puño y
letra por la administración libertaria ya que, en los últimos dos años, Javier
Milei gobernó con presupuestos prácticamente ajenos y sin la aprobación del
Congreso. El presupuesto es una herramienta esencial que ordena y da
previsibilidad más allá de los errores y desvíos. Este es un punto que el
Presidente tuvo en cuenta en sus expresiones durante el reportaje que le
concedió a Luis Majul el domingo pasado. Claramente hubo una voz –o varias– que
le advirtió de la inconveniencia de aplicar un veto a lo votado por el
Congreso. Esas voces vinieron no sólo desde fuera sino también desde adentro
del Gobierno. Los votos conseguidos fueron producto de la negociación. De entre
ella, la más ardua fue la de Diego Santilli para quien, la aprobación del
proyecto de ley de Presupuesto representa una prueba interna y externa. En lo
interno está en juego su capacidad y eficacia en la negociación con los
sectores dialoguistas. En lo externo, por su parte, su credibilidad. El
problema más importante que tuvo Guillermo Francos a lo largo de toda su
gestión como jefe de Gabinete fue la validez de sus promesas. Para ponerlo
blanco sobre negro: Francos llegaba a acuerdos con los opositores en los que
enunciaba a sus eventuales interlocutores –en este caso, gobernadores– diversas
promesas que después nunca se cumplían. Santilli, quien estuvo presente en el
largo, tedioso y vacuo debate de los senadores, tiene el desafío de hacer que
sus promesas se transformen en hechos. En su mensaje en la red X se encargó de
resaltar “el coraje de los diputados, senadores y gobernadores que entendieron
que el país cambió”. Entre los senadores peronistas que votaron positivamente
estuvieron: Guillermo Andrada de Catamarca, y Sandra Mendoza, de Tucumán.
Habrán sido producto de un aporte del Grupo JaJa, integrado por los
gobernadores Osvaldo Jaldo y Raúl Jalil, como muy ocurrente y agudamente lo
definió nuestro colega Federico Mayol. El ministro del Interior es, desde el
punto de vista político, uno de los ganadores de este capítulo. “No dejó nada
librado al azar, una derrota lo hubiera dejado rengo dentro y fuera del
gabinete” –reconocieron en su entorno. La otra, claramente, es Patricia
Bullrich. El Presidente quien, consciente de lo que se jugaba, estuvo atento
durante todo el día, no demoró un minuto en celebrar en la red X lo que, sin
dudas, es un gran triunfo del Gobierno. “Somos una montaña rusa de emociones.
Hace menos de 10 días cuando Diputados le dio media sanción al proyecto, los
ánimos venían muy abajo por no haber podido derogar la ley de discapacidad y de
financiamiento universitario. Hoy la historia es otra, pero deberíamos ser un
poco menos ciclotímicos” –reconoció un libertario que no salía de su asombro.
No le falta razón, por aquellas horas hasta corrió la versión del veto como un
reguero de pólvora.
La aprobación de la Ley de Presupuesto 2026 en general y en particular
representa una nueva derrota para el peronismo en general, y para el
kirchnerismo en particular. El poder de Cristina Fernández de Kirchner,
afectada de una apendicitis complicada con una peritonitis local que la ha
tenido a mal traer durante toda esta semana, va menguando día a día. Esa mengua
incluye –y afecta– a su hijo Máximo –enfrentado en una interna que no para de
agravarse con Axel Kicillof y compañía. El último episodio de esta saga de
final abierto fue el enfrentamiento entre los trapitos y los intendentes de
Lanús, Julián Álvarez, y Quilmes, Mayra Mendoza. En medio de todo ese embrollo
apareció uno de los así denominados “gerentes de la pobreza”, Juan Grabois. El
polémico dirigente representa un clavo en el zapato para Kicillof y sus
secuaces. Grabois es CFK, por si alguien lo ha olvidado. “Hasta que el
peronismo no logre emanciparse definitivamente de la condenada, no tendrá
chances serias de reorganizarse y pelear por el poder real” –aseguraron cerca
de un intendente del Conurbano que la sufrió en carne propia.
El PRO es el otro espacio político que ha ido rifando parte de su
capital fagocitado por la ola violeta. Del radicalismo mejor ni hablar. La
falta de líderes capaces de ofrecer una alternativa seria al oficialismo es un
problema que, más pronto que tarde, afectará a la dirigencia responsable que
cree en la alternancia como llave para una democracia sana.

















































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