Mostrando las entradas con la etiqueta El Secreto de tus ojos. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta El Secreto de tus ojos. Mostrar todas las entradas

jueves, 20 de agosto de 2026

"Aviones en el Cielo". Un texto de Eduardo Sacheri... @elprofesorcapomasi...

"Aviones en el Cielo". Un texto de Eduardo Sacheri...

A partir de la edición de enero de 2010, el prestigioso escritor argentino se incorpora a la revista con textos exclusivos. Autor de múltiples cuentos y varias novelas, entre ellas la que apuntaló el Oscar ganado por "El secreto de sus ojos", Sacheri debuta en nuestras páginas con una vivencia deliciosa: "Aviones en el cielo".

© Escrito por la Redacción EG el lunes 28/02/2011 y publicada por la © Revista el Gráfico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina. (Nota publicada en la edición enero 2010 de la revista El Gráfico.)


El escritor se incorpora a la revista. Autor de la novela que apuntaló el Oscar ganado por "El secreto de sus ojos", debuta en nuestras páginas con una vivencia deliciosa: "Aviones en el cielo".

LA HISTORIA que me propongo contar empieza de noche, en un aeropuerto, mientras espero que se haga la hora de tomar un avión, el 18 de noviembre de 2010. Y termina también de noche, tres semanas después, el 8 de diciembre. Termina conmigo tirado boca arriba, en el pasto, con los ojos fijos en el cielo oscuro de la una de la mañana.

Por supuesto que las dos, las del principio y el final, son decisiones arbitrarias. Al fin y al cabo: ¿cuándo empiezan las cosas? ¿Cuándo terminan? Siempre que decidimos contar algo, cortamos la cadena del tiempo en un eslabón. Un eslabón cualquiera, visto desde afuera. Un eslabón esencial, visto por nosotros mismos.

Son las diez de la noche. Estoy en el aeropuerto de Ezeiza, sentado en una sala de embarque casi vacía, esperando que se haga la hora de subirme a un avión. A través del ventanal veo los aviones, alineados en la pista, y vuelvo a preguntarme cómo es posible que no se caigan mientras vuelan. Así de grandes, así de pesados. Y yo que me dispongo a subirme a uno por espacio de diez horas y nueve mil kilómetros. Yo sé que hago mal; sin embargo, les tengo pánico.

Pero esta noche lo del avión no es lo único que pasa. Ni lo más importante. Hay algo más. Juega Independiente. Por la Copa. Semifinal, partido de ida, contra la Liga, en la altura de Quito.

Pero tampoco eso es lo más importante que pasa. Lo más importante es que en casa está mi hijo, desesperado por ese partido. No me lo ha dicho, o no me lo ha dicho del todo, pero el tipo está como loco con la posibilidad de que el Rojo gane una Copa. Una Copa que, para él, sería la primera. Pobre hijo: flaco favor el mío, hacerlo del Rojo en esta época. Cuando mi viejo me pasó la posta, en los años setenta, me hizo un favor, un don, un regalo. Me dio un equipo que ganaba Copas como si fueran caramelos que uno se sirve de a puñados. Cuando yo, a Francisco lo enamoré de Independiente, en cambio, lo puse a sufrir una sequía que parece perpetua. Un campeonato en el 2002 y gracias. Nada antes, nada después. Un rey de Copas sin Copas, tapado de telarañas y de fotos amarillas.

Ahí, mientras miro los aviones estacionados, lo llamo por teléfono. Lo escucho optimista. Promedia el primer tiempo e Independiente aguanta bien en la altura de Quito. Juega mejor. Lo tiene controlado. Está lloviendo en Ecuador. Yo le digo que esa de la lluvia es una buena noticia. Que me dijeron, que alguna vez escuché, que con lluvia el efecto de la altura disminuye. No sé si es cierto, pero se lo digo igual porque lo quiero tranquilizar, acompañar de alguna manera, en semejante partido.

Antes de cortar la comunicación, de todos modos, le tiro algunas frases de alerta. No sé si hago bien, pero me da miedo el tamaño de su ilusión. Porque yo sé que lo más probable, es que Independiente no gane esta Copa. Y me gustaría evitarle a mi hijo ese dolor, ese desengaño. Por eso me propongo prepararlo: ojo que no somos ninguna maravilla, le digo. Ojo que la Liga es un equipazo, le digo. Ojo que con el Tolima pasamos raspando, le digo.

¿A quién estoy protegiendo? ¿A Francisco, que con sus 14 años me parece demasiado tierno como para cargar sobre las espaldas semejantes desengaño? ¿O a mí mismo, que a los 42 estoy tan indefenso como él frente a las inclemencias de la derrota?

A las diez y veinte recibo el primer mensaje. Mala señal. Si me manda un mensaje en lugar de llamarme, es que son malas noticias. “Perdemos 1 a 0”. Me tomo un minuto para pensar la respuesta. Le digo que no es tan grave. Perder por uno en la altura no es tan grave. Pasa un rato. Deambulo frente al ventanal. Ahí siguen los aviones, esperándome. Pero no les tengo miedo. No porque me haya vuelto valiente de repente, sino porque estoy mucho más preocupado por mi hijo y por mí cuadro. Me llega un segundo mensaje. “Otro más”, dice mi hijo. Pero eso no es lo peor. Porque agrega “Me cansé de perder. Me voy a dormir”. Me cuesta tragar cuando lo leo. Sé que miente con eso de que se va a dormir. Sé que va a seguir mirándolo hasta que termine. Pero no sé qué decirle. Yo sé que la vida es mucho más perder que otra cosa. ¿Pero vale la pena que se lo diga?

Le respondo que todavía queda alguna chance de darlo vuelta en Avellaneda. Pero que si nos meten otro más, ahí sí estamos al horno. Casi enseguida me responde. “Nos están matando. No hay forma. Ya caí en la realidad”. Y a mí, solo entre las hileras de asientos vacíos, me dan unas ganas de llorar que me cuesta contenerme. Porque no quiero que las cosas sean como son. No quiero que caiga en la realidad. No me consuela el hecho de comprobar que mi hijo, por detrás de su pasión, sabe ver el fútbol, y por eso comprende lo fritos que estamos, lo cerca que quedamos de estar fuera de la Copa.

Me sube una bronca ridícula desde las tripas hasta la piel. Unas ganas locas de agarrarme a trompadas con el responsable de todo esto. Pero ¿quién es el responsable? ¿Con quién me tengo que pelear? ¿A quién le tengo que cobrar la angustia de mi hijo? ¿A los jugadores? ¿A los dirigentes? Sospecho que no. Porque en el fondo, la culpa es mía. Yo lo eduqué así. Yo le inculqué ese amor inútil. Yo lo entusiasmé en estas hazañas improbables. Yo le contagié este amor sin fundamento ni contrapartida.

Y sin embargo, al escribir la respuesta, termino escribiéndole: “No te rindas”. Lo envío y sé que es una estupidez. Porque sería mejor que se rindiera. Que se entregara. Que dedicara sus energías y sus angustias a causas más nobles.

Y enseguida recibo otro mensaje. “3”. Ese es todo el contenido. Así de simple. Así de terminante. Perdemos 3 a 0. No hay modo de meterles 4 goles en Buenos Aires. Ahora sí, estamos listos para toda la cosecha. Yo lo sé. Francisco lo sabe. ¿Qué le contesto? “Mejor olvidate de todo lo que te enseñé. Este amor no sirve para nada” Eso debería responderle. Pero no me atrevo.

Jugueteo con el celular. No sé qué decirle. En esto estoy cuando recibo otro mensaje. Pobre de él. Pobre de mí. Abro el mensaje dispuesto a enterarme de que nos metieron el cuarto. Pero no. El mensaje dice “3 a 1. Silvera”. Eso es todo. Vuelvo a mirar hacia afuera. Sin querer, pienso lo que no debería. Hago cálculos. Ahora volvemos a necesitar dos goles en Avellaneda para pasar de ronda. No debería pensar en esa idiotez, pero igual la pienso.

Afuera siguen esperando los aviones. Recibo otro mensaje. Me digo que ahora sí, este debe ser el 4 a 1. Pero vuelvo a equivocarme: “Gol de Mareque de derecha al ángulo”. No lo puedo creer. Ahora nos alcanza con un gol en Avellaneda para ser finalistas. Me dejo ganar por la maravilla. Sigo ahí, solo en el embarque. Pero no estoy solo. Ni estoy ahí. 

SIENTO QUE DE NUEVO estamos en carrera. Pero sé que falta un rato largo de partido. No sé qué hacer. Cómo ayudar a mi hijo, cómo auxiliar a Independiente. Es la hora de las promesas. Le rezo a Dios y le prometo que, si el Rojo termina 2-3 en Quito, no me voy a quejar del vuelo que me espera. Ni a la ida ni a la vuelta. Me pregunto si con eso será suficiente valentía. Me respondo que no. Entonces le prometo a Dios que, aunque el maldito avión se mueva como una coctelera todo el camino, yo voy a seguir sereno y tranquilito. Pero que a cambio, por favor, no vuelvan a embocarnos. Es una promesa estúpida. ¿Para qué corchos querría Dios someterme a turbulencias severas a cambio de mis pruebas de templanza?

No me importa. Prometo igual. No puedo hacer otra cosa. Estoy tan entregado a esta transacción que Dios no me ha pedido, que me olvido de responder el mensaje. Recibo otro. “En el Libertadores les tiemblan las patas”. El mensaje me atraviesa como un viento, como un golpe, como una certeza que viene de lejos. Eso que dice mi hijo hoy, yo lo escribí hace diez años. Y eso que escribí hace diez años, lo escribí porque mi papá me lo dijo a mí hace más de treinta. Y esa cadena repentina de memoria y de lealtad me deja tieso. Acabo de entender que el fútbol no es ni más ni menos que eso.  Eso que me dio mi viejo, y que yo le paso a mi hijo. Ese amor gratuito, esa esperanza desbocada. Ese dolor, esa rabia, esa fe rotunda en que, alguna vez, habrá revancha.

Al final, me gasté cualquier cantidad de palabras contando el principio, y me quedé sin espacio para narrar el final. Ese final que adelanté de entrada, y que me tiene a mí, tres semanas después, tirado en el pasto, de cara al cielo de la noche.

Agrego un par de imágenes. Unas pocas, para que cualquier futbolero, sea del cuadro que sea, pueda entenderlo. Estoy tirado en el pasto, boca arriba. Tengo los brazos abiertos y las piernas abiertas, como si así pudiera abrazar mejor el sitio en el que estoy. No estoy solo. A mi lado, unos metros más allá, mi hijo hace lo mismo. Sé que siente el pasto húmedo de rocío debajo de la cabeza, de la espalda, de las piernas. No tuerzo la cabeza para verlo. Quiero que este premio lo disfrute a solas, aunque estemos a tres metros uno del otro. Sé que está profundamente dentro de sí mismo. Es como si yo no existiera. Es como si los otros miles de hinchas que dan vueltas por el césped, después de dar la vuelta olímpica, tampoco estuvieran.

Francisco está cobrándose todas las angustias, todos los dolores, todos los partidos perdidos, todas las gastadas que nos comimos, todas las amarguras que cosechamos, todos los nervios que nos chupamos. Está volviendo el contador a cero. Para volver a creer. Para volver a jugar. Y yo hago lo mismo. Esta noche, Independiente me paga todo lo que le di.

Arriba, los reflectores del estadio oscurecen la noche. Más arriba, hundido en la noche, tal vez, aunque no lo vea, algún avión esté cruzando el cielo alejándose de Ezeiza. Más arriba, más hundido en la noche, tal vez, aunque no lo vea, alguien nos esté viendo a los dos, las patas y los brazos abiertos, volviendo a nacer sobre el pasto húmedo de Avellaneda. 

EDUARDO SACHERI es autor de varios libros de cuentos ("Esperando a Tito", "Te conozco Mendizábal", "Lo raro empezó después", "Un viejo que se pone de pie") y novelas como "Aráoz y la verdad" y "La pregunta de sus ojos", que fue llevada al cine y ganó el Oscar bajo el título de "El secreto de sus ojos".



jueves, 17 de enero de 2013

El secreto de tu enojo… De Alguna Manera...


El secreto de tu enojo…

Pizza y champán… Asado y Fragata Libertad… No es lo mismo… Pero comienza a ser demasiado parecido… (Aforismo implicado)
              
(Carta de la Presidenta) Mire Ricardo, sin ir más lejos hoy otro diario, La Nación, propietario de la revista Brando donde usted formuló las declaraciones que llamaron mi atención, publica en su página 16 un reportaje al Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli. No sólo me enteré de que mantiene sus ahorros en dólares (está en todo su derecho a hacerlo) sino que cuando el periodista le preguntó por el monto de sus divisas, se rehusó a contestar y declaró que el monto figura en su Declaración Jurada, que es pública. En un apartado de la nota los periodistas se muestran luego sorprendidos porque además, cuando pretendieron acceder a la información, no se les permitió hacerlo.”

Este texto tiene la pretensión de ser una carta abierta. El tema es abierta a qué. Si a la estrategia del oficialismo o abierta a la travesía institucional del pensamiento crítico. Dime a que te abres y te diré quién eres, qué quieres y qué escondes. En ciencia, incluso en ciencias de la comunicación, podemos ser objetivos. Para eso es necesario poner en superficie algunos aspectos del análisis de nuestra implicación. Política en este caso.

Yo soy socialista. Y por serlo y además estarlo, fundé hace 26 años una cooperativa de trabajo. Un dispositivo de socialismo autogestionario. Casas más, casas menos, igualito que Santiago, si Santiago fuera socialista. El impacto en la subjetividad de la propiedad colectiva me ha permitido desarrollar ideas y vivenciar situaciones muy poco frecuentes, incluso totalmente ausentes, en los modos de producción del capitalismo. La propiedad privada organiza la subjetividad, de un modo tal que el ejercicio continuo del poder se enquista como una tercera naturaleza. Todas y Todos llegaron para quedarse por siempre jamás. Porque para ir “por todo” hay que intentar “quedarse para siempre”. Los votantes son accionistas de repúblicas perdidas, en las cuales los funcionarios, de acuerdo a su nivel, tienen la mayoría del capital accionario. La falacia de que el Estado somos todos, oculta que no lo somos de la misma manera. 

El Estado es una organización jerárquica, algo así como un gallinero 5 estrellas, y los destinos dependen del lugar objetivo y subjetivo que ocupemos en esa pirámide alimenticia y excrementicia. Hay momentos en que al CEO del Estado, que por convención llamamos Presidente/Presidenta, se le suelta alguna cadena. Se enoja. Pierde los estribos, pero sigue cabalgando con galanura y distinción. Aunque el baqueano observa, preocupado o divertido según su implicación, cierta contradicción insalvable entre jinete y el rocín.

Sin embargo, el capital accionario y financiero tiene límite, pero tan, tan lejano que más que límite es un horizonte. Y ese horizonte que siempre se aleja permite organizar la mega recepción de la Fragata Libertad cuyo mérito mayor es ser un buque de guerra y por lo tanto, impune a los embargos de los fondos buitres. No sé si impune a la historia, porque en esa misma fragata deben haber hecho sus viajes los marinos que respondían al “almirante cero”, el almirante Massera. Una fragata de Guerra, pero guerra sucia al fin. La marina sigue marcada por ese genocidio, pero endemientras la historia cercana siga siendo interpelada, ninguna fragata de guerra debería poder comprar impunidad. Curioso este inconciente colectivo que sigue sosteniendo la idealización del Militar.

Volonté cantando Aurora me estremece, pero no de emoción, sino de malos augurios. Y eso que ya quedó demostrado para siempre que de santos de la espada nada tienen. La majestuosa recepción de la fragata debería ser repetida cada vez que un tren de la línea ex Sarmiento llegara sin arrasar a la estación terminal. O que un subte sorteando sus aberraciones mecánicas finaliza en la estación Constitución. Los marinos que llegan de Ghana han tenido mucho más suerte que los familiares de la masacre de Once, que a casi un año, no fueron recibidos por la más alta jerarquía del Estado. Ni los integrantes de la etnia qom, por el asesinato de Imer Ilvencio Flores, que sufrió en cuerpo propio los efectos letales de otros embargos, racistas, económicos y políticos. En un modesto homenaje, transcribo unos versos de los cuales no tengo el autor, pero que merecen ser leídos:

“Lejos del mar están los niños qom, lejos del mar están los olvidados, navegando en sueños incumplidos gambeteando la vida en cada trazo. Cuando las velas blancas esperadas del ARA Libertad suenen a triunfo, el alma del niño asesinado reclamará su lugar en el mundo.”

Lo reclamará, pero ya no habrá lugar en este mundo donde para algunos todo es fácil, incluso el gatillo, y para tantísimos otros, todo es imposible. Para el actor Ricardo Darín fue fácil cartearse con la presidenta. Para mí es imposible. Y está bien que así sea, porque el arte tiene su propia legitimidad, que alguna llama cholulez. Que viene de Cholula, la loca por los astros, según el personaje que inventara Abel Santa Cruz. La banalización del debate, incluso el debate por la Trata, ha transformado la cholulez en Razón de Estado.

El vicepresidente, vecino de la Gran Manzana de Puerto Madero, pudo más que el último camporista (Righi) al que ni la Cámpora quiso defender. El debate político y cultural sobre la vigencia de los derechos humanos, su defensa irrestricta, ha sido desplazado sobre la conveniencia o no de un asado en la Esma. Para los que bajar un cuadro de Videla en el 2003 es más importante que haber enfrentado a las dictaduras en las calles, obviamente el asado es un acto de comunión colectiva con el Poder de turno. Porque de eso se trata, de ser Muchos con el Todo. Especialmente cuando se pretende que el Turno del Poder se renueve, se renueve, se renueve…

No hay aplausos para ese asador. Una verdadera comunión, aunque sea laica, es mucho más austera. El show off, que de eso se trata, achuras más, bondiolita menos, es una muestra de vida, pero de vida loca. La vida del despilfarro, del oportunismo, del careteo miserable, de la apología del peor de los pecados: la soberbia.1 Acompañado siempre, siempre, siempre de otro pecado político: el culto a la personalidad. La idealización que siempre es enemiga del Ideal. Justamente, cuando algo roza la idealización, cuando algún riesgo, aunque lejano, exista de salpicar al inmaculado traje de la novia, y de paso a la novia, el enojo es la reacción más benigna. Pero nunca se sabe de lo que es capaz un cuerpo, dijo Deleuze, y menos de lo que es capaz un cuerpo y una mente que se sienten mancillados.

En El secreto de sus Ojos, película emblemática, hay una afirmación de la justicia por mano propia. Explícita. Y desde ese desenlace se juega la ideología del autor y director. Inapelable, aunque pocos la hayan resaltado. Esa película muestra que más allá del Derecho está la Justicia. Pero en la racionalidad invertida que la cultura represora no sólo propone sino que además sostiene y amplía, Justicia es igual a Derecho y Derecho es igual a “llamen a mis abogados”. Por eso fue ejectado Righi, al pretender que haya un poco más de Justicia en tanto Derecho. Por eso en esta carta abierta me autorizo no a twittear, pero si a tutear a nuestra Presidenta. La amabilidad, la cordialidad, poco tienen que ver con el uso del nombre propio.

Tratar de usted da cuenta de un vínculo aristocratizante. Usted es un apócope de “vuesa merced”. El plebeyo no podía tratar en forma directa al noble. Por eso triangulaba hablándole en tercera persona. En una república democrática, el tuteo debería ser obligatorio. “Por eso Presidenta, te digo que en la respuesta a Darín hay una estrategia que encierra un peligro inminente. Cuando uno es interpelado no es bueno sostener, como lo hizo Felisa Miceli, que otros también lo hacen. No se podría hablar de nada, ni siquiera de violencia de género, porque es obvio que siempre habrá muchos que lo hacen. El enriquecimiento ilícito, primo hermano del empobrecimiento lícito, denunciado por el abogado Monner Sans, no fue investigado por Oyarbide. Sin investigación, no puede haber convicción alguna.

Lo que Darín dijo, o lo que nos llegó de lo que dijo que no es lo mismo pero es igual, porque por algo le contestaste, se refería a “los Kirchner”. Continuidad acuñada por ti y reafirmada en cada discurso, incluso el de hoy al recibir a la Fragata Libertad. Pero creo que “los Kirchner” no es lo mismo que el kirchnerismo. La devoción o la obsecuencia, no puedo hacer el diagnóstico diferencial, del ministro De Vido, que entre paréntesis, ya se llevó puesto a Jaime y a Schiavi pero ahí sigue, tu sabrás porque, lo llevó a decir, no sé si a pensar, que la única garante del modelo eres tú. Un abrazo de un oso enojado, quizá por el asesinato del oso polar en el zoológico, no sería más destructivo.

Este debate con Darín, está en el marco de la re-re-re elección, lo cual es una muestra de debilidad y no una evidencia de fortaleza. Hay afiches que anuncian “re re refeliz 2013”. Un amigo especialista en descifrar jeroglíficos me dijo que deben tener que ver con tu tercer mandato consecutivo. Es obvio que te importa más lo que dice Laclau que lo que pueda decirte (bueno, escribir, debo estar empezando a alucinar un diálogo) yo. Pero será un error letal. Como visitar a Chávez que lo merece, pero no visitar a la etnia Qom, que está siendo masacrada en la provincia de un gobernador del Frente para la Victoria. Lo que no puede serte indiferente. Pero lamentablemente, lo parece. Hablar de los dólares de Scioli, es casi de mal gusto. Está bien atacar a Magnetto, pero ¿a Scioli? ¿Al vicepresidente de Néstor? ¿Re electo gobernador de la provincia de Buenos Aires?

Una estrategia peligrosa de la cual la oposición de izquierda nada tiene que ver. Pero en algo tenés razón. Bueno, en varias cosas. No hay oposición, porque también la oposición la tienen ustedes. O sea: por la ambición de ir por todo, más tarde, más temprano, se quedarán sin nada. El tema que no me deja dormir es si podremos desde la izquierda clasista y no clasista, quedarnos con mucho. Hoy no lo sé, pero esta carta es también para decirte que es mi más fuerte deseo. Y para mí, las paradojas entre el relato y la realidad cotidiana, son la clave del secreto de tu enojo”. El discurso de la Presidenta al llegar la Fragata Libertad, que pertenece a nuestra gloriosa Armada Embargable, me demoró la escritura de este trabajo. Ella hablaba, yo escribía. Pero no me queda mucho para decir. Para sentir sí. Ilmer Ivencio Flores, hermanito qom: siempre te recordaremos como uno de los verdaderos mártires de nuestra patria. Y lo único que nos embargará es una congoja y dolor infinitos.

Miguel Bonasso escribe: “Me enteré hoy que el saltimbanqui Julio Alak -defensor en 2001 de Carlos Menem- se refirió a mí, presentándome en connivencia con “Clarín” y “La Nación” y, a través de estos medios, como presunto negador de los crímenes de la última dictadura. Alak, además, me califica de progre impostado, un insulto gratuito que a esta altura del partido no le voy a permitir a quien fue menemista, duhaldista delasotista y cristinista”.

© Escrito por Alfredo Grande el miércoles 16/01/2013 y publicado en http://www.plazademayo.com


martes, 15 de enero de 2013

Darín x Darín...


   Darín por Darín…    



© Reportaje de Jorge Lanata a Ricardo Darín el martes 14/01/2013 por LR6 Radio Mitre de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.