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jueves, 19 de febrero de 2026

La Máquina de Destruir Periodistas... elprofesorcapomasi

La máquina de destruir periodistas...

Fotografìa: Cedoc

El Gobierno creó una "oficina" tuitera para perseguir voces críticas. Cómo el odio personal de Milei se transforma en política de Estado. La caja de YPF para premiar lealtades. Los ejemplos de Bukele y Orbán.

© Escrito por Juan Luis González el jueves 12/02/2026 y publicado por la Revista Noticias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

“No odiamos lo suficiente a los periodistas” ya es, a esta altura de su gestión, un mantra del Presidente Javier Milei. La creación de la Oficina de Respuesta Oficial es el último eslabón de esa estrategia de ataque a esta profesión. La oficina -en realidad una cuenta en redes comandada por un francotirador digital libertario- no limita su accionar a refutar informaciones erróneas, sino que condena bajo la etiqueta rápida de “opereta” cualquier expresión, opinión u observación de la realidad nacional que no sea del agrado presidencial. Milei califica a periodistas del más amplio espectro ideológico como “ensobrados”, mientras hace la vista gorda de los amigos beneficiados con pauta como la de YPF, los rebautiza con ironía no siempre fina y descalifica con el método de la erosión lenta. 

En la edición de NOTICIAS de esta semana, cuyo título de tapa es “La máquina de destruir periodistas”
 analizamos el singular fenómeno comunicacional del mileísmo y la sintonía con otros gobiernos afines como los de Bukele y Orbán.


Además, en la portada de esta semana. Bud Bunny, una sorpresa contracíclica. Consagrado con polémica en el Super Bowl de los Estados Unidos, el puertorriqueño que llevó la música latina al tope del ranking mundial hará estallar con su música el fin de semana largo en Buenos Aires.

Y también en la tapa el regreso de los bazares chinos, remake del noventoso “todo por dos pesos”. Y el parador de Pinamar que se convirtió en búnker de los políticos.

Guerra es paz, ignorancia es fuerza, libertad es esclavitud”. Esas eran las tres frases que Winston Smith leía todos los días en la fachada del ministerio de la Verdad, uno de los cuatro que componían el gobierno de Oceanía. Ahí Smith se desempeñaba en el departamento de Registros, el área que se encargaba de confeccionar el pasado a través de la edición de videos, diarios, películas, libros, o lo que sea. Un día cualquiera del trabajo del hombre en ese lugar se veía así: “En el Times del 19 de diciembre del año anterior se habían publicado los pronósticos oficiales sobre el consumo de ciertos productos en el cuarto trimestre de 1983. Pues bien, resultaba que los pronósticos se habían equivocado muchísimo. El trabajo de Winston consistía en cambiar las cifras originales haciéndolas coincidir con las posteriores. Eran noticias que por una razón u otra era necesario alterar, o, como decía la frase oficial, rectificar”.

A esta altura más de un lector se habrá dado cuenta de que Smith no era una persona real, ni el ministerio de la Verdad o el gobierno de Oceanía existieron jamás, sino que son parte de la famosa obra de George Orwell, “1984”. Sin embargo, la realidad se va pareciendo cada vez más a la ficción. En especial en Argentina, país gobernado por alguien que hace años no tiene muy en claro dónde termina una frontera y empieza la otra. La vocación mesiánica y autoritaria de Milei viene chocando desde el día uno con ese oficio que por definición cuestiona el relato único. Y, como le pasó a Smith cuando empezó a dudar del ministerio de la Verdad -“Que se encarga de la mentira”, dice Orwell en el libro-, el economista pretende usar el poder del Estado para callar a cualquier voz crítica o disidente. Y a su máquina de destruir periodistas ahora le sumó una controvertida “oficina de Respuesta Oficial” que, como en la novela, quiere imponer su propia versión de los hechos. El Gran Hermano libertario está al acecho.

Panóptico.

“La oficina de Respuesta Oficial de la República Argentina fue creada para desmentir activamente la mentira, señalar falsedades concretas y dejar en evidencia las operaciones de los medios y la casta política”. Este fue el primer tuit de la cuenta, en la cual se anunciaba su creación ante el mundo y enumeraba sus presuntos objetivos. Eso sucedió el 5 de febrero, a las 12:37 del mediodía. Javier Milei tardó algo más del minuto que pasó entre que la token $Libra se creó y que él la promocionó desde su cuenta, pero igualmente fue bastante rápido: 12 minutos después el Presidente estaba compartiendo la novedad en sus redes. “Para desenmascarar mentiras y operaciones de los medios, fin”, tuiteó el libertario, en mayúsculas.

Desde entonces -hasta el cierre de esta edición- la oficina de Respuesta oficial había sacado 16 comunicados con desmentidas. Tres de ellos -más el tuit del estreno- fueron amplificados por el propio Milei. “Aquí está el que confesó que ha sido parte de una red de espionaje ilegal al Ejecutivo”, subió el 6 de febrero, dedicado a Mauro Federico, a quien el mandatario acusa de haber sido parte de un intrincado plan para espiar a sus perros clonados. Ese día también compartió un tuit de la oficina contra Luis Novaresio, al que le agregó “acomodando al mentiroso y operador serial, algún día se sabrá lo que operaba desde España tratando de generar caos en Argentina”. El 11 de febrero reprodujo un mensaje contra  TN: “Aquí un periodista operando una mentira”.

La coordinación entre la oficina y las redes del mandatario revela mucho más que una adicción tuitera del Presidente. Como contó el diario La Nación, fue el propio Milei quien tuvo la idea de crear esta oficina. Como en otras áreas de su gestión, es más que probable que el libertario se haya copiado de Donald Trump, que en el comienzo de su segunda gestión como presidente número 47 de Estados Unidos lanzó “Rapid response 47” -por eso el número- para cruzar en las redes a periodistas críticos. De hecho, hasta los logos de ambas cuentas son muy similares.

Más allá de este nuevo plagio, el movimiento ilustra cómo funciona el oficialismo. Como viene contando esta revista desde que La Libertad Avanza llegó al poder, las estrategias y las políticas del Gobierno se acoplan a los deseos, necesidades o caprichos personales del mandatario, y no al revés. Si bien en el caso de esta oficina se puede encontrar un motivo racional atrás de su creación -como por ejemplo desviar la conversación pública de la intervención del INDEC, el escándalo nacional que ilustró la última tapa de este medio-, fue el propio odio de Milei al periodismo el que la hizo nacer. Crear en “X” una cuenta con el tilde gris, es decir que cuenta con el aval de la red social de Elon Musk de que pertenece efectivamente a un gobierno, tarda varios días sino semanas. La coincidencia con la renuncia de Marco Lavagna y el cambio en la nueva metodología de medición a unos días de publicarse es nada más que eso, una coincidencia. Lo que mueve montañas, en este caso, es la ira de Milei a la prensa.

Guerra.

La oficina cargó contra los periodistas Jorge Fontevecchia, Manuel Casado, Julián Maradeo, Federico, Novaresio, María O'Donnell, María Laura Santillán, Francisco Jueguen, las comunicadoras Marcela Feudale y Edith Hermida, la dirigente de izquierda Vanina Biasi y el abogado Félix Lonigro. 

En varios de esos cruces, la cuenta -que maneja Juan Pablo Carreira, un soldado de Santiago Caputo (ver recuadro)- hizo un paso en falso y demostró su verdadero rostro: a Maradeo le desmintió una información que el propio Milei había dado en una entrevista de octubre de 2025 -donde comentaba que estaban por comprar submarinos franceses, lo mismo que había publicado el periodista-, y a O'Donnell la cruzó por comentar que en casi ningún país del mundo la edad de imputabilidad es de 13 años. La oficina puso erróneamente como ejemplo a Uruguay, cuya ley indica que la edad es de 18 años. 

A Fontevecchia le “desmintieron” una editorial, cuando una opinión es, en todo caso, una opinión, no algo “desmentible”. La metodología revela el fondo: la intención es aleccionar a la prensa crítica, atacar a los periodistas para intimidarlos a ellos y a los que quisieran seguir su ejemplo.






domingo, 21 de abril de 2024

Decir vs. Hacer. Disonancia cognitiva... @dealgunamanera...

Decir vs. Hacer. Disonancia cognitiva...

Omato Manuel Adorni. Dibujo: Pablo Temes.

El Presidente la atribuye a la educación pública, pero él es el primero que la exhibe en sus actos de gobierno.

© Escrito por Nelson Castro el Sábado 20/04/2023 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. República Argentina.

“Pero después uno intenta modernizar las leyes laborales y se ponen como locos… La disonancia cognitiva que generó el lavado del cerebro en la educación pública es tremendo”, dijo Javier Milei a través de sus redes sociales. La intención era clara: la desacreditación de la educación pública en medio de los reclamos presupuestarios, que vienen haciendo las universidades nacionales.

La disonancia cognitiva es la incomodidad o desasosiego que padece una persona cuando sus convicciones o conductas entran en contradicción con sus actos. El término fue acuñado por el psicólogo social estadounidense Leo Festinger (quien vivió entre 1919 y 1989) y, en 1957 publicó su libro referencial “A Theory of Cognitive Disonance” (Teoría de la Disonancia Cognitiva). Uno de los casos que siempre se mencionan para ejemplificar la definición, es el de la persona que, sabiendo de lo comprobadamente nocivo que es el hábito de fumar para su salud, decide continuar haciéndolo con el argumento de que no es así. Otro ejemplo clásico es el del integrante de un matrimonio que, habiéndose comprometido a serle fiel a su cónyuge, finalmente lo engaña y trata de justificarse arguyendo que la culpa de su claudicación es del otro u otra.

De la definición de la afección y de los ejemplos recién citados, emerge claramente que la condición sine qua non para su existencia es la mentira, cuyas principales consecuencias son el autoengaño y la contradicción. Vayamos pues a los casos concretos.

¿Hay funcionarios del actual gobierno que hayan estudiado en universidades públicas? La respuesta es “sí”. De una primera y rápida mirada surgen los siguientes: Federico Sturzenegger, cerebro del proyecto de ley “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos” es graduado de la Universidad de Buenos Aires. Lo mismo acontece con el ministro de Economía, Luis Caputo. La canciller Diana Mondino es graduada de la Universidad Nacional de Córdoba y el ministro de Defensa, Luis Petri, es graduado de la Universidad Nacional de Cuyo. Y la lista sigue…. ¿Diría el Presidente que todas estas personas han sufrido un lavado de cerebro por haber estudiado en universidades públicas?

Vanidad e impericia.

Avancemos por este camino de ver las decisiones del Gobierno que representan un caso de disonancia cognitiva, o sea, decir una cosa y hacer otra.

Nos tropezamos ahí con el de las prepagas. Claramente, los aumentos exorbitantes que han impuesto en las cuotas a sus afiliados generan una enorme angustia en la totalidad de los usuarios, muchos de los cuales han debido darse de baja o adoptar planes inferiores a los que durante años sostuvieron. Ante esta situación –sumada a la convicción que tiene Milei de que el renunciado presidente de la Unión Argentina de Salud, Claudio Belocopitt, jugó decididamente a favor de Sergio Massa –en la elección presidencial del año pasado–, actitud que tuvo la mayoría del empresariado argentino, el Gobierno –o sea, el Estado–, decidió intervenir para acabar con lo que entiende es una situación de cartelización. Este accionar hace a las atribuciones del Estado al que, en sus declaraciones y pensamientos, el Presidente demoniza permanentemente.

Lo mismo aplica para el concepto de casta –pilar de la construcción de poder de Milei– para el cual, hay que reconocerlo, lo ha ayudado mucho el bochornoso espectáculo que dio la Cámara de Senadores el jueves pasado con el escandaloso aumento de dietas, gastos de representación y por desarraigo que se autootorgaron con un accionar furtivo, propio de bribones. Sin embargo, el hecho salpicó también a los senadores de la Libertad Avanza que, desde el punto de vista del reglamento de funcionamiento de la Cámara, terminaron avalando tal aumento. Para explicarlo con claridad: cuando un proyecto se vota a mano alzada, la forma de oponerse es pedir la palabra y expresar la oposición. Eso no ocurrió. Tampoco hubo una crítica por parte de la vicepresidenta, Victoria Villarruel –a quien no le gusta que se le diga vicepresidenta, sino vicepresidente– quien sólo se limitó a decir que todo lo ocurrido era perfectamente legal aun cuando le era ajeno. Lo que no dijo fue si le parecía correcto o no. El que calla, otorga.

La disfuncionalidad cognitiva es la manifestación de una conducta patológica, que se manifiesta en las personas de todas las clases sociales en todas partes del mundo. No es patrimonio exclusivo de los argentinos. El mismo Milei es un exponente de ello. La tildó a Patricia Bullrich de ser una montonera que ponía bombas en las escuelas, de lo que después debió disculparse, Lo mismo ocurrió con el papa Francisco, a quien llamó el representante del “Maligno” en la Tierra. Despotricó también contra el presidente de China, Xi Jinping, para luego asignarle a la canciller Mondino la tarea de disculparse, situación que se repitió en estos días con el presidente de Brasil, Luiz Inácio “Lula” da Silva.

La llamó montonera que ponía bombas en los jardines de infantes a Bullrich, y después la nombró ministra.

Y dos ejemplos finales para marcar estas contradicciones del Presidente. Hablando el viernes ante lo más conspicuo del empresariado vernáculo reunido en el Foro del Llao Llao dijo que los que habían fugado dólares eran “héroes” porque habían escapado de las “garras del Estado”.

Fue ésta una apología de la ilegalidad, porque en ese universo no sólo hubo pequeños ahorristas tratando de salvar sus pocos ahorros sino, principalmente, grandes evasores que se aprovecharon del uso de instrumentos financieros que están al alcance de unos pocos para incumplir la ley.  Si nos atenemos a la definición de liberalismo dada por Milei –“El liberalismo es el respeto irrestricto del proyecto de vida del prójimo, basado en el principio de no agresión y en defensa del derecho a la vida, a la libertad y a la propiedad”– esa conducta nada tuvo de “heroica”, porque quien evade impuestos perjudica al resto de la sociedad, es decir, el prójimo.

 Tampoco encaja en la definición de liberalismo dada por Milei su agresividad permanente, contra quienes no piensan como él. Los economistas que no piensan como él, son todos burros o delincuentes. Los periodistas que lo critican –esta semana les tocó a Jorge Lanata y María Laura Santillán, para quienes va la solidaridad de esta columna– son todos “ensobrados”. He ahí otro ejemplo de la disonancia cognitiva del Presidente. Y van…