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sábado, 18 de abril de 2026

Como el de Asís, Francisco también se acercó al pueblo y "se desnudó" frente a la gente... @elprofesorcapomasi...

 Como el de Asís, Francisco también se acercó al pueblo y "se desnudó" frente a la gente...

Papa Francisco camina por la ciudad del Vaticano. Imagen: Shutterstock.


Aunque su formación fue jesuita, los gestos de Jorge Bergoglio fueron franciscanos ni bien comenzó a transitar por el Vaticano y su estilo lo llevó incluso a la tapa de Rolling Stones. Lo que más sorprendió.

© Escrito por Mónica Martin, Editora Cultura, turismo, espectáculos, arte, sociedad. Publicado el 23/04/2025 por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Cuando el 13 de marzo de 2013, el argentino Jorge Bergoglio fue el elegido para suceder a Benedicto XVI, que había renunciado al papado, una de las primeras cosas que dijo fue que quería ser llamado Francisco, en honor al santo italiano de Asís.

Su formación y estirpe jesuita lo ligaban ya a la austeridad y la entrega, pero el componente franciscano le agregó un nuevo matiz a su perfil. Bergoglio, que ha sido el primer papa jesuita de la historia, también eligió ser Francisco como un gesto de despojo. Cabe recordar también que su bisabuelo italiano se llamaba Francesco.


Papa Francisco. Como Francisco de Asís, su humildad lo acercó al pueblo.

“Cristo está al lado de los pobres; no a través de la violencia, de los juegos de poder, de los sistemas políticos, sino por medio de la verdad sobre el hombre, camino hacia un futuro mejor” decía el documento firmado en 1979, en Puebla, por los adeptos a la Teología de la Liberación, cuyos principales popes se habían reunido en esa ciudad mexicana, en el marco de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

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¿Qué mensaje quería entonces enviar el primer Papa de la historia que había alumbrado el hemisferio sur? El del despojamiento.

San Francisco, el creador de la orden Franciscana, la orden de las Hermanas Clarisas y la Orden Franciscana Seglar, había venido al mundo en 1181, en plena edad Media, como Giovanni di Pietro Bernardone. Su padre era uno de los comerciantes de telas más prósperos y ricos de esa ciudad de la provincia de Perugia y tanto ornato terminó por sobrarle al hijo.

Su gesto fue acompañado por otro más contundente: desvestirse delante de los jueces para entregarle hasta la última de sus posesiones"


San Francisco, según el fresco de Giotto.

Francisco rechazaba los lujos innecesarios de los ministros de la Iglesia de su tiempo, cuando los señores feudales seguían siendo un instrumento de poder paralelo a la Iglesia. Eran los albores de las Cruzadas, esa extensa y oscura épica de heroísmo, caballería y cristiandad.


Lejos de todo eso, Francisco de Asís era literalmente un mendigo, un monje mendicante que había extremado los votos de pobreza, sin posesiones, sin tierras, ni propiedades terrenales de ninguna especia. Su influencia fue enorme en la mayoría de los católicos e incluso fue el marco de una nueva ética cristiana, en contraste con la exuberancia que venía demostrando impúdicamente la Iglesia. Esa línea franciscana de despojamiento continuó hasta el siglo XIV.


Si bien Francisco era el típico joven hijo de un burgués rico (hablaba latín, despilfarraba, tuvo buena educación e incluso soldado que participó en los enfrentamientos contra las tropas del Sacro Imperio Romano Germánico), un viaje por Apulia, en 1205, le cambió su percepción del mundo. Sobre todo, dicen, cuando estuvo en contacto con los leprosos.

Asís, en la provincia italiana de Perugia. Francisco fue soldado y defendió su ciudad con las armas antes de abrazar la fe.


Se dijo incluso que fue en ese mismo viaje cuando un crucifijo de la capilla de San Damián “le habló” para decirle: “Francisco, vete y repara mi iglesia, que se está cayendo en ruinas”. Cosa que hizo, tras vender su caballo y las telas de su padre, quien inmediatamente comenzó a creer que su hijo estaba loco. Entonces lo hizo apalear y lo encerró.

La madre liberó a Francisco, pero cuando el padre se enteró el doble castigo no se hizo esperar y el joven terminó en una corte eclesiástica. 

El tribunal le solicitó que devolviera el dinero de su padre, cosa que hizo delante de él y del obispo de Asís, Guido.


Dice la leyenda que su gesto fue acompañado por otro más contundente: desvestirse delante de los jueces para entregarle hasta la última de sus posesiones. Proclamó entonces a Dios como su Padre verdadero a partir de entonces. El obispo lo abrazó y envolvió su desnudez con su ropa episcopal. Desde entonces, su vestimenta fue extremadamente sencilla, casi harapienta.

Se dice que la iglesia de Porciúncula era su preferida. Allí, probablemente en 1208, escuchó las palabras del Evangelio de San Lucas“No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos..." el mensaje divino que lo inspiró a reconstruir iglesias desvencijadas, además de seguir predicando la austeridad.


San Francisco, según Francisco de Zurbarán (1660).

Contra lo que pensaron algunos poderosos de su tiempo, Francisco de Asís tenía gente que lo escuchara y en cuestión de meses, su orden sumó otros devotos fervientes como él.


Los frailes atendían a los leprosos –con los que nadie quería tener contacto- y no pedían donaciones a los poderosos. En grupos de a dos iban por la calle pidiendo una limosna y también de a dos predicaban el Evangelio. Para subsistir, trabajaban en huertos o hacían faenas pesadas en los monasterios y casas de familias. Para las necesidades cotidianas hacían una colecta de limosna.


En esa dirección fue Francisco, el Papa número 266 de la historia política de la Santa Sede.

Empezó su pontificado dando misa, rezando y pidiendo residir en la Casa de Santa Marta y no en el Palacio Apostólico, morada de todos los Papas anteriores desde 1903.

En las primeras audiencias públicas no recibió mandatarios sino chicos de pueblos pobres de Italia. Como los de Voltura Irpinia, que llegaron desde el sur con el cartel "¡Tutti pazzi per Francesco!” (Todos fascinados por Francisco).

La casa de San Francisco. El Papa Francisco vivió y será velado en Santa Marta (izq.), en vez de seguir la tradición de residir en el pretensioso Palacio Apostólico tradicional (der.).

Asís, la ciudad de Perugia en donde nació Giovanni di Pietro Bernardone, San Francisco de Asís, en 1182.


Francisco inspiró confianza desde el primer día, en el 84% de los italianos, según una encuesta de 2013 e incluso entre el 62% de los no católicos. No solamente en Italia sino en iglesias de otros países, ir a misa empezó a ser una salida familiar e incluso entre jóvenes, gracias a su famoso “hagan lío”, que trajo un aire juvenil en los sombríos claustros romanos.


La sencillez cotidiana que caracterizó a San Francisco, también Bergoglio quiso trasladarla a la compleja estructura de la administración vaticana.

Cuando asumió, ese día lluvioso del 13 de marzo de 2013, tenía detrás de sí la renuncia de Benedicto XVI, un Papa tildado de conservador que ejerció su cargo entre crisis económicas, sospechas de manejos fraudulentos del Banco del Vaticano (IOR), los Vati Leaks, las acusaciones de pedofilia al clero y las luchas e intrigas por el poder dentro del estado Vaticano.

Austeridad. El Papa Francisco visitó leprosos y lavó pies, como el monje franciscano.
 

A pesar de esa pesada carga, si bien no se sacó la ropa delante de quienes iban a juzgarlo (el mundo entero), como hizo Francisco en Asís, en su primer saludo público en la Plaza San Pedro, el Francisco sudamericano salió a saludar a la multitud con un sencillo “buenas noches”, sin la tradicional capa roja papal ni la enorme cruz dorada sobre el pecho, insignias pastorales. En vez del oro, como Francisco, prefirió su propia cruz de hierro y en vez de bendecir a los feligreses, se hizo bendecir por la multitud, un gesto nunca antes visto que abrió el camino de una nueva era ecuménica de a dos, como hacían por la calle los franciscanos.

El primero saludo público del Papa sudamericano fue a la multitud y con un sencillo “buenas noches”, sin la tradicional capa roja papal ni la enorme cruz dorada sobre el pecho, insignias pastorales".

El Papa Francisco impulsó reformas que impactaron en los tribunales eclesiásticos, la burocracia interna, la comunicación, la atención médica, la ayuda de la Iglesia en catástrofes naturales, los inmigrantes, la economía y las finanzas, los menores y desde luego los pobres.

Sus gestos pastorales llamaron la atención del mundo entero que, en diversas coberturas, intentaba retratar “el fenómeno Francisco”, el de “un Papa que empuja”, como refería la prensa francesa. El mismo año de su elección, en 2013, la revista Time lo incluyó entre las 100 personalidades más influyentes del año y, algo histórico, su perfil de enviado de Dios que venía a revolucionar lo hizo portada de la revista Rolling Stone, que nada tiene que ver con el mundo sacro.

LV/FL






jueves, 24 de abril de 2025

Adiós al papa Francisco… @dealgunamanera...

Adiós al papa Francisco. Referente religioso, político y cultural…

Francisco instaló desde el Vaticano una agenda destinada a exponer los problemas del mundo, entre ellos, las migraciones, el cambio climático, las guerras y la deuda externa. El legado del papa argentino y los interrogantes sobre su sucesión en la nota de la semana de Revista Acción. 

© Escrito el miércoles 23/04/2025 por Washington Uranga y publicado por la Revista Acción de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Murió el papa Francisco. Difícil habría sido imaginar el 13 de marzo de 2013, cuando Jorge Bergoglio fue proclamado como máxima autoridad de la Iglesia católica, que este porteño nacido en el barrio de Flores y que siempre se siguió reivindicando como «cuervo» por su identificación futbolística con San Lorenzo, se convertiría en poco tiempo en uno de los máximos referentes del universo político, religioso y cultural a nivel mundial. Podrá decirse que esto sucedió –sin duda– en un escenario en el que la crisis de referentes es evidente, y el avance de las ideas conservadoras es notoria en buena parte de los países, mientras el poder económico se concentra en el capitalismo de plataformas y la sobreexplotación de los recursos naturales no se detiene ante la voracidad de la acumulación de riquezas.

Pero habrá que reconocer también que el papa argentino instaló desde el Vaticano una agenda destinada a exponer los problemas y las atrocidades del mundo presente. Por eso su primera salida de Roma fue a Lampedusa, para encontrarse allí con los inmigrantes ilegales que llegan hasta Europa buscando una tabla de salvación. Fue el primer gesto de Bergoglio para con «los descartados» del sistema, como él los ha denominado en varias oportunidades.

La posición de Francisco –que se podría considerar, de alguna manera, su «plan de gobierno» al frente de la Iglesia católica– quedó expresada en sus discursos y alocuciones públicas, también en sus gestos, pero estuvo condensada y sistematizada en dos de sus encíclicas: Laudato si, sobre el cuidado de «la casa común» y Fratelli tutti, sobre la sociedad y la convivencia humanas.

En medio de conflictos. 

En la primera, Bergoglio planteó la corresponsabilidad de todas y todos en el cuidado del mundo en que vivimos. Denunció las consecuencias del cambio climático ocasionado por el modelo económico dominante, al que criticó con dureza basado en fundamentos y precisión técnica. En la segunda se centró en la necesidad de la fraternidad entre las personas, la advertencia sobre las migraciones masivas, los pobres y descartados del mundo, condenando las guerras y su infinita capacidad destructora. 

En todos los casos el papa propuso «la cultura del encuentro», que definió como diálogo en la diferencia y entre diferentes, como manera de crear y definir alternativas al costado de los modelos económicos y políticos dominantes.


A lo largo de su pontificado, Francisco repitió estas mismas ideas en centenares de encuentros con dirigentes, autoridades y jefes de Estado de todo el mundo. También lo hizo con los líderes de las religiones monoteístas a partir del convencimiento de que estas tradiciones religiosas tienen que contribuir a la construcción de alternativas de paz en un escenario en el que –según sus propias palabras– asistimos a una guerra mundial montada en pequeños o medianos conflictos armados de orden regional por motivos territoriales, étnicos, raciales o económicos. 

En esta búsqueda, Bergoglio decidió involucrar a la estructura institucional de la Iglesia católica. Para hacerlo tuvo que cambiar reglas de juego y también personas en el Vaticano. La Santa Sede desempeñó un papel más activo en los foros internacionales y en los organismos multilaterales donde se debatió sobre el cambio climático, pero también sobre migraciones o sobre la deuda externa. El propio Vaticano, a través de la Academia Pontificia de Ciencias, se ofreció como escenario para estos intercambios. La Iglesia se comprometió –no siempre con éxito– en mediaciones frente a conflictos tales como el de Rusia y Ucrania e Israel y Palestina, para mencionar tan solo dos. Y fue el propio Francisco el que intervino para acercar posiciones entre Estados Unidos y Cuba buscando disminuir el impacto de la agresión que implica el bloqueo al país caribeño.

En Bolivia. Francisco en su visita de julio de 2015, donde ofreció un recordado mensaje en favor de la justicia social. Fotografía: Getty Images


Las tres T.

No contento con lo anterior, Francisco se convirtió en un líder en defensa de los derechos humanos y vocero de los pobres y descartados. Para ello buscó una alianza con los movimientos sociales de todo el mundo, empoderándolos en sus reclamos. Un hecho sumamente significativo, en lo simbólico y en lo político, ocurrió con ocasión de su visita a Cochabamba (Bolivia), el 9 de julio de 2015. Allí el papa se presentó ante un auditorio plural de los movimientos sociales y los animó a ser protagonistas del cambio social sobre la base de su consigna de «las tres T: tierra, techo y trabajo». De allí en más, sin distinción de tipo religioso, los movimientos sociales fueron asiduos invitados a los debates y las iniciativas en favor de la justicia social promovidas por el sumo pontífice.

Fue su permanente defensa de la justicia social lo que llevó a Bergoglio a los mayores enfrentamientos discursivos con el presidente Javier Milei, quien rechaza ese concepto como categoría y como práctica, por considerarlo una aberración y un robo para quienes tendrían que ceder parte de las riquezas acumuladas para garantizar la sobrevivencia de los más pobres.


También puso en práctica cambios en la institución católica, cuya credibilidad estaba seriamente afectada por los casos de abusos, de pedofilia y de corrupción financiera. Francisco reformó el funcionamiento de la curia y estableció sanciones. Ydio el debate definiendo una «iglesia de puertas abiertas», incorporando a las mujeres a los puestos de mando y acogiendo también a los homosexuales y a las diversidades de género. En este frente interno encontró resistencias de todo tipo: de los ultraconservadores en lo doctrinario, pero también de quienes delinquieron amparados en el poder eclesiástico. 

Una pregunta que resuena en el aire y que se hace mucha gente, católicos o no, es si la renovación y la perspectiva humanista basada en derechos de la que ha sido abanderado Francisco tendrá continuidad en la Iglesia católica tras la elección de un nuevo pontífice. Es un interrogante que hoy no tiene respuesta, porque a pesar de las previsiones tomadas por Bergoglio para asegurar en el cónclave elector a un grupo de cardenales afines a su perspectiva, esto no resulta hoy asegurado. Habrá que esperar entonces que las ideas y las propuestas sembradas por Francisco florezcan no solo en la Iglesia, sino más allá de sus límites, en otros espacios de la sociedad y para bien de la humanidad.



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lunes, 21 de abril de 2025

El Papa Francisco - Fotografías... @delagunamanera...

El adiós al Papa Francisco en fotos…



Las oraciones de los fieles católicos por el pontífice argentino se replican en distintas ciudades del mundo mientras Roma se prepara para recibir a miles que participarán de las exequias.






El adiós al Papa Francisco en fotos…

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