Como el de Asís, Francisco también se acercó al pueblo y "se
desnudó" frente a la gente...
Papa
Francisco camina por la ciudad del Vaticano. Imagen: Shutterstock.
Aunque su formación fue jesuita, los gestos de
Jorge Bergoglio fueron franciscanos ni bien comenzó a transitar por el Vaticano
y su estilo lo llevó incluso a la tapa de Rolling Stones. Lo que más
sorprendió.
© Escrito por Mónica Martin,
Editora Cultura, turismo, espectáculos,
arte, sociedad. Publicado el 23/04/2025 por el Diario Perfil de la Ciudad
Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.
Cuando el 13 de marzo de 2013, el argentino Jorge Bergoglio fue el
elegido para suceder a Benedicto XVI, que había renunciado al papado, una de
las primeras cosas que dijo fue que quería ser llamado Francisco,
en honor al santo italiano de Asís.
Su
formación y estirpe jesuita lo ligaban ya a la
austeridad y la entrega, pero el componente franciscano le agregó un nuevo
matiz a su perfil.
Bergoglio, que ha sido el
primer papa jesuita de la historia, también
eligió ser Francisco como
un gesto de despojo. Cabe recordar también que su bisabuelo italiano se llamaba
Francesco.
Papa Francisco. Como Francisco de Asís, su humildad
lo acercó al pueblo.
“Cristo está al lado de los pobres; no a través de la violencia, de los juegos de poder, de los
sistemas políticos, sino por medio de la verdad sobre el hombre, camino hacia
un futuro mejor” decía el documento firmado en 1979, en Puebla, por los adeptos
a la Teología de la Liberación, cuyos principales popes se habían reunido en
esa ciudad mexicana, en el marco de la III Conferencia General del Episcopado
Latinoamericano.
¿Qué mensaje quería entonces enviar el primer Papa de la historia que
había alumbrado el hemisferio sur? El del despojamiento.
San
Francisco, el creador de la orden Franciscana, la orden de las Hermanas Clarisas y la Orden Franciscana Seglar,
había venido al mundo en 1181, en plena edad Media, como Giovanni di Pietro
Bernardone. Su padre era uno de los comerciantes de telas más prósperos y ricos
de esa ciudad de la provincia de Perugia y tanto ornato terminó por sobrarle al
hijo.
Su
gesto fue acompañado por otro más contundente: desvestirse delante de
los jueces para entregarle hasta la última de sus posesiones"
San Francisco, según el fresco de Giotto.
Francisco rechazaba los lujos
innecesarios de los ministros de la Iglesia de su tiempo, cuando los señores
feudales seguían siendo un instrumento de poder paralelo a la Iglesia. Eran los albores
de las Cruzadas, esa extensa y oscura épica de heroísmo, caballería
y cristiandad.
Lejos de todo eso, Francisco de Asís era literalmente un
mendigo, un monje mendicante que había extremado los votos de
pobreza, sin posesiones, sin tierras, ni propiedades terrenales
de ninguna especia. Su influencia fue enorme en la mayoría de los católicos e
incluso fue el marco de una nueva ética cristiana, en contraste con la
exuberancia que venía demostrando impúdicamente la Iglesia. Esa línea
franciscana de despojamiento continuó hasta el siglo XIV.
Si bien Francisco era el típico joven hijo de un burgués rico (hablaba
latín, despilfarraba, tuvo buena educación e incluso soldado que participó en
los enfrentamientos contra las tropas del Sacro Imperio Romano Germánico), un
viaje por Apulia, en 1205, le cambió su percepción del mundo. Sobre todo,
dicen, cuando estuvo en contacto con los leprosos.
Asís, en la provincia italiana de
Perugia. Francisco fue soldado y defendió su ciudad con las armas antes de
abrazar la fe.
Se dijo incluso que fue en ese
mismo viaje cuando un crucifijo de la
capilla de San Damián “le habló” para decirle:
“Francisco, vete y repara mi iglesia, que se está cayendo en ruinas”. Cosa que
hizo, tras vender su caballo y las telas de su padre, quien inmediatamente
comenzó a creer que su hijo estaba loco. Entonces lo hizo apalear y lo encerró.
La madre liberó a Francisco, pero cuando el padre se enteró el
doble castigo no se hizo esperar y el joven terminó en una corte eclesiástica.
El tribunal le solicitó que devolviera el dinero de su padre, cosa
que hizo delante de él y del obispo de Asís, Guido.
Dice la
leyenda que su gesto fue acompañado por otro más contundente: desvestirse delante
de los jueces para entregarle hasta la última de sus posesiones. Proclamó
entonces a Dios como su Padre verdadero a partir de entonces. El obispo lo
abrazó y envolvió su desnudez con su ropa episcopal. Desde
entonces, su vestimenta fue extremadamente sencilla, casi harapienta.
Se dice que la iglesia de Porciúncula era su preferida. Allí,
probablemente en 1208, escuchó las palabras del Evangelio de San Lucas: “No
lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a
conocidos..." el mensaje divino que lo inspiró a
reconstruir iglesias desvencijadas, además de seguir predicando la austeridad.
San Francisco, según Francisco de
Zurbarán (1660).
Contra lo que pensaron algunos
poderosos de su tiempo, Francisco de Asís tenía gente que lo escuchara y
en cuestión de meses, su orden sumó otros devotos fervientes como él.
Los frailes atendían a los leprosos –con los que
nadie quería tener contacto- y no pedían donaciones a los poderosos. En grupos
de a dos iban por la calle pidiendo una limosna y también de a dos predicaban
el Evangelio. Para subsistir, trabajaban en huertos o
hacían faenas pesadas en los monasterios y casas de familias. Para las
necesidades cotidianas hacían una colecta de limosna.
En esa dirección fue Francisco, el Papa número 266 de
la historia política de la Santa Sede.
Empezó su pontificado dando misa, rezando y pidiendo residir en la Casa
de Santa Marta y no en el Palacio Apostólico, morada de
todos los Papas anteriores desde 1903.
En las primeras audiencias públicas no recibió mandatarios sino
chicos de pueblos pobres de Italia. Como los de Voltura Irpinia, que llegaron
desde el sur con el cartel "¡Tutti pazzi per Francesco!” (Todos
fascinados por Francisco).
La casa
de San Francisco. El Papa Francisco vivió y será velado en Santa
Marta (izq.), en vez de seguir la tradición de residir en el pretensioso
Palacio Apostólico tradicional (der.).
Asís, la
ciudad de Perugia en donde nació Giovanni di Pietro Bernardone, San Francisco
de Asís, en 1182.
Francisco inspiró confianza desde
el primer día, en el 84% de los italianos, según
una encuesta de 2013 e incluso entre el 62% de los no católicos. No solamente
en Italia sino en iglesias de otros países, ir a misa empezó a ser una salida
familiar e incluso entre jóvenes, gracias a su famoso “hagan lío”, que trajo un aire
juvenil en los sombríos claustros romanos.
La sencillez cotidiana que caracterizó a San
Francisco, también Bergoglio quiso trasladarla a la compleja estructura de la
administración vaticana.
Cuando asumió, ese día lluvioso del 13 de marzo de 2013, tenía
detrás de sí la renuncia de Benedicto XVI, un Papa tildado de conservador que
ejerció su cargo entre crisis económicas, sospechas de manejos fraudulentos del
Banco del Vaticano (IOR), los Vati Leaks, las acusaciones de pedofilia al clero
y las luchas e intrigas por el poder dentro del estado Vaticano.
Austeridad. El Papa
Francisco visitó leprosos y lavó pies, como el monje
franciscano.
A pesar de esa pesada carga, si
bien no se sacó la ropa delante de quienes iban a juzgarlo (el mundo entero),
como hizo Francisco en Asís, en su primer saludo público en la Plaza San Pedro,
el Francisco sudamericano salió a saludar a la multitud con un sencillo “buenas noches”, sin
la tradicional capa roja papal ni la enorme cruz dorada sobre el pecho,
insignias pastorales. En vez del oro, como Francisco, prefirió
su propia cruz de hierro y en vez de bendecir a los
feligreses, se hizo bendecir por la multitud, un gesto nunca antes visto que
abrió el camino de una nueva era ecuménica de a dos, como hacían por la calle los franciscanos.
El Papa Francisco impulsó reformas que impactaron en los
tribunales eclesiásticos, la burocracia interna, la comunicación, la atención
médica, la ayuda de la Iglesia en catástrofes naturales, los inmigrantes, la
economía y las finanzas, los menores y desde luego los pobres.
Sus gestos pastorales llamaron la atención del mundo entero que,
en diversas coberturas, intentaba retratar “el fenómeno Francisco”, el de “un
Papa que empuja”, como refería la prensa francesa. El mismo año
de su elección, en 2013, la revista Time lo incluyó entre las 100
personalidades más influyentes del año y, algo histórico, su perfil de enviado
de Dios que venía a revolucionar lo hizo portada de la revista Rolling
Stone, que nada tiene que ver con el mundo sacro.
LV/FL
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