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domingo, 18 de octubre de 2026

La salud de los papas como política de Estado: del alta sorprendente de León XIV a las muertes misteriosas… @elprofesorcapomasi...

La salud de los papas como política de Estado: del alta sorprendente de León XIV a las muertes misteriosas…

Alta médica. El papa León XIV sale de la clínica Gemelli tras la operación, acompañado del cirujano Stefano Margaritora. Fotografía:  Gza Metrotel.

Por pedido de Francisco, el periodista, médico y escritor escribió un libro esencial sobre el tema. Hoy, ante la decisión de su salida del hospital, comenta que el posoperatorio de este tipo de situaciones suele ser doloroso y que la voluntad de Robert Francis Prevost podría ser un hecho relevante. Además, hace una historia de cómo los diferentes pontífices vivieron situaciones complejas y la reacción de la Santa Sede en cada caso. Desde la muerte misteriosa de Juan Pablo I hasta la de Jorge Bergoglio, que quiso “contarle de mis neurosis”, según sus propias palabras.

El alta de León XIV fue una decisión sorpresiva. A apenas cinco días de una compleja operación de pulmón, que incluyó la extirpación de una parte del órgano, quienes siguieron el caso, aun desde Italia, no esperaban que todo sucediera tan rápido. Los protocolos médicos sugieren otra conducta: hay protocolos ingleses que hablan de posoperatorios de muchos más días. Y quienes hayan atravesado una situación como la del Pontífice saben que es algo muy doloroso y que requiere cuidados. Pero también es cierto que quienes lo conocen saben que su voluntad de hacer el viaje de más de diez días a Sudamérica es esencial para él. Aun así, hay que esperar la evolución más allá de esta novedad.

No hay que olvidar lo que dijimos hace unos días: la operación fue un éxito; el diagnóstico, no. Tiene un cáncer, un tumor maligno de pulmón que se le extirpó en un estadio muy inicial, lo que le da una perspectiva muy buena.

Sin duda habrá novedades sobre cómo continúa la evolución. La cirugía ha sido curativa, aunque todavía faltan detalles. Le extirparon el lóbulo inferior del pulmón derecho, es decir: una cirugía que anduvo bien, pero que exige una recuperación con cuidado y tranquilidad. Por eso también es importante revisar cómo trató la Santa Sede, a lo largo del tiempo, la salud de los pontífices.
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La operación de León XIV fue un éxito; el diagnóstico, no

Dudas. Sucesores de Pedro en la Tierra, por siglos los papas murieron ocupando su trono. Por eso, siempre un halo de misterio rodeó su salud y su aptitud física y psíquica para gobernar. Sin embargo, en los últimos años distintas circunstancias pusieron en duda que la capacidad para llevar adelante el complejísimo gobierno de la Iglesia se mantuviera hasta el último minuto de sus vidas. Que no se hablara públicamente del asunto no significa que la salud de los papas no fuera un factor primordial en la dinámica del poder dentro de la Iglesia.

Después del largo papado de Pío IX –duró 31 años–, los cardenales del cónclave determinaron que su sucesor debía ser alguien con una expectativa de vida mucho menor, para propiciar una renovación más activa y evitar los males del poder ejercido en administraciones tan prolongadas. Así eligieron a Gioacchino Pecci, que adoptó el nombre de León XIII. Al ser elegido, en 1878, tenía 67 años, una edad avanzada para la expectativa de vida de la época. Pero esa norma no se cumplió: el papa vivió 25 años más y murió el 20 de julio de 1903, a los 93. Durante su pontificado hubo una infinidad de rumores sobre su salud. Para desmentirlos se lo filmó caminando: fue el primer papa registrado por una cámara de cine.

Pío XII fue un hipocondríaco incorregible, rasgo que se acentuó con los años; seguía los temas médicos de forma obsesiva. Designó como médico personal a Riccardo Galeazzi-Lisi, cuyo comportamiento absolutamente antiético generó uno de los escándalos más resonantes de la historia del Vaticano: la venta a la revista Paris Match de fotos del papa agonizante en su lecho.

Juan XXIII tuvo un pontificado breve: apenas cinco años. El 23 de mayo de 1963, tras muchos cabildeos y rumores, la Santa Sede comunicó al mundo que padecía un cáncer de estómago. Fue su secretario, Loris Capovilla, quien hizo saber que la enfermedad había sido diagnosticada en septiembre de 1962. Se le propuso operarse, opción que rechazó por temor a que sus adversarios internos aprovecharan para frenar el Concilio Vaticano II.

Tumor de próstata. Pablo VI debió someterse a una cirugía por un tumor de próstata. La operación, exitosa, se realizó el 4 de noviembre de 1967. Se planteó entonces dónde hacerla: no había antecedentes de una situación así en la historia del papado, y para evitar cualquier exposición del ilustre paciente se improvisó un quirófano en el Palacio Apostólico, lo que lo expuso a un riesgo absolutamente evitable. Antes de la cirugía, el pontífice dejó cartas con indicaciones por si no se recuperaba de la anestesia o quedaba con alguna secuela física o mental.

El misterioso final de Juan Pablo I.

La muerte súbita de Juan Pablo I dio pie a una de las historias de intriga más intensas y novelescas dentro y fuera del Vaticano. En la madrugada del 29 de septiembre de 1978, apenas 33 días después de su elección, fue encontrado sin vida en su cama por las religiosas Margherita Marin y Vincenza Taffarel. Como se consideró inconveniente –y hasta escandaloso– que dos monjas hubiesen entrado a la habitación papal, se falsearon los hechos y se les ordenó guardar silencio absoluto. Eso, sumado a la negativa a realizar una autopsia, dejó un sinfín de rumores y sospechas que nunca se aclararon.

Juan Pablo II, en su larga agonía, marcó un primer cambio. Todos vimos ese calvario que el propio pontífice quiso que fuese visto por el mundo. Hubo conferencias de prensa de sus voceros y explicaciones profusas que, de todos modos, no siempre fueron consonantes con el cuadro clínico. Tal vez para evitar esa penuria, Benedicto XVI decidió renunciar cuando sintió que le faltaban fuerzas para seguir con las obligaciones de su cargo.

El caso de Francisco.

La salud fue un tema central en la elección de Francisco. Cuando Jorge Mario Bergoglio quedó como máximo favorito desde las primeras votaciones del cónclave de marzo de 2013, sus adversarios argumentaron que le faltaba un pulmón. Tras la fragilidad que habían exhibido Juan Pablo II y Benedicto XVI, se imponía alguien con buena salud. Fue el cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga, arzobispo de Tegucigalpa, quien le preguntó directamente por su salud. Cuando Bergoglio respondió que lo que le habían extirpado hacía más de cincuenta años era un lóbulo del pulmón derecho, la cuestión quedó zanjada, y también la elección.

En agosto de 2013 recibí en mi casa una carta manuscrita de Francisco en la que, entre otras cosas, me decía que sería interesante que escribiese un libro sobre la salud de los papas. Lo tomé como un comentario gentil de quien sabía que había leído mi libro “Enfermos de poder”. Y ahí quedó. Nunca imaginé que cuatro años después, el 25 de octubre de 2017, en plena plaza de San Pedro, me diría: “Usted tiene una deuda conmigo. Ya le dije que debe escribir un libro sobre la salud de los papas, empezando por mí, para contarle de mis neurosis”.

Lo que siguió fue un torbellino hasta el momento único –que aún hoy me parece increíble– de estar sentado en el despacho papal del Palacio Apostólico para la entrevista en la que, por primera vez en la historia, un pontífice hablaba clara y abiertamente sobre su salud física y psíquica, abriendo una puerta sin retorno.

La salud de los papas, libro que sigue dando la vuelta al mundo, representa un hito en la historia del papado no por mí, sino por quien me pidió que lo hiciera: Francisco. Sin eso, tal vez no hubiésemos visto lo que sucedió el domingo pasado, cuando León XIV sorprendió al mundo al anunciar que debía operarse de un nódulo en el pulmón. Fue escueto pero preciso. Era un cuadro delicado, y la cirugía y la biopsia intraoperatoria confirmaron las sospechas: el papa tenía un cáncer de pulmón. Es una noticia impactante. León XIV es ahora un paciente oncológico que deberá someterse a controles periódicos durante los próximos cinco años.

“Cuando un papa se enferma de algo delicado, siempre hay aires de cónclave”, dijo Francisco en 2021 en una entrevista con la COPE. La frase, que refleja el clima de intriga permanente que se vive en el Vaticano, cobra en estas horas una notable y cruel vigencia.

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Los problemas de salud de los pontífices.

Juan XXIII

Fue diagnosticado con cáncer de estómago en 1962, cuando la enfermedad ya se encontraba en un estadio avanzado.

Mantuvo su actividad al frente de la Iglesia mientras su estado de salud permanecía en reserva.

Murió en 1963 a causa de una peritonitis provocada por la perforación del tumor gástrico.

Pablo VI

En 1967 fue sometido a una intervención quirúrgica por un agrandamiento de la próstata. Durante la década siguiente, una artrosis crónica que afectaba especialmente la rodilla derecha y las vértebras cervicales redujo progresivamente su movilidad. Murió en 1978, tras apartarse de la vida pública.

Juan Pablo I

Tuvo antecedentes de hipertensión arterial y problemas circulatorios. Durante su juventud padeció tuberculosis, lo que le dejó secuelas.

Fue encontrado sin vida en su dormitorio tras apenas 33 días de pontificado.

El diagnóstico del equipo médico oficial del Vaticano atribuyó su muerte a un infarto agudo de miocardio.

Juan Pablo II

Soportó varias secuelas físicas por el intento de asesinato de 1981. En 1992 le extirpación de un tumor de colon benigno. Además, soportó múltiples fracturas y cirugías de cadera y rodilla.

La enfermedad de Parkinson progresiva que mermó de manera notable su capacidad motora y del habla en sus últimos años.

Benedicto XVI

Experimentó dificultad para caminar y dolores articulares asociados a la edad, lo que influyó decisivamente en su renuncia histórica en 2013. Un mes después, el Vaticano confirmó que llevaba un marcapasos. Ya como papa emérito, padeció una infección facial identificada como erisipela.

Francisco

La resección parcial de pulmón en la juventud le acarreó algunas secuelas. Sufrió ciática crónica y problemas en la rodilla derecha, requiriendo uso de silla de ruedas y bastón en los últimos años. En 2021 padeció diverticulitis y una operación de colon. Cuadros agudos de bronquitis y neumonía bilateral en sus últimos años.





sábado, 18 de abril de 2026

Como el de Asís, Francisco también se acercó al pueblo y "se desnudó" frente a la gente... @elprofesorcapomasi...

 Como el de Asís, Francisco también se acercó al pueblo y "se desnudó" frente a la gente...

Papa Francisco camina por la ciudad del Vaticano. Imagen: Shutterstock.


Aunque su formación fue jesuita, los gestos de Jorge Bergoglio fueron franciscanos ni bien comenzó a transitar por el Vaticano y su estilo lo llevó incluso a la tapa de Rolling Stones. Lo que más sorprendió.

© Escrito por Mónica Martin, Editora Cultura, turismo, espectáculos, arte, sociedad. Publicado el 23/04/2025 por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Cuando el 13 de marzo de 2013, el argentino Jorge Bergoglio fue el elegido para suceder a Benedicto XVI, que había renunciado al papado, una de las primeras cosas que dijo fue que quería ser llamado Francisco, en honor al santo italiano de Asís.

Su formación y estirpe jesuita lo ligaban ya a la austeridad y la entrega, pero el componente franciscano le agregó un nuevo matiz a su perfil. Bergoglio, que ha sido el primer papa jesuita de la historia, también eligió ser Francisco como un gesto de despojo. Cabe recordar también que su bisabuelo italiano se llamaba Francesco.


Papa Francisco. Como Francisco de Asís, su humildad lo acercó al pueblo.

“Cristo está al lado de los pobres; no a través de la violencia, de los juegos de poder, de los sistemas políticos, sino por medio de la verdad sobre el hombre, camino hacia un futuro mejor” decía el documento firmado en 1979, en Puebla, por los adeptos a la Teología de la Liberación, cuyos principales popes se habían reunido en esa ciudad mexicana, en el marco de la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano.

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¿Qué mensaje quería entonces enviar el primer Papa de la historia que había alumbrado el hemisferio sur? El del despojamiento.

San Francisco, el creador de la orden Franciscana, la orden de las Hermanas Clarisas y la Orden Franciscana Seglar, había venido al mundo en 1181, en plena edad Media, como Giovanni di Pietro Bernardone. Su padre era uno de los comerciantes de telas más prósperos y ricos de esa ciudad de la provincia de Perugia y tanto ornato terminó por sobrarle al hijo.

Su gesto fue acompañado por otro más contundente: desvestirse delante de los jueces para entregarle hasta la última de sus posesiones"


San Francisco, según el fresco de Giotto.

Francisco rechazaba los lujos innecesarios de los ministros de la Iglesia de su tiempo, cuando los señores feudales seguían siendo un instrumento de poder paralelo a la Iglesia. Eran los albores de las Cruzadas, esa extensa y oscura épica de heroísmo, caballería y cristiandad.


Lejos de todo eso, Francisco de Asís era literalmente un mendigo, un monje mendicante que había extremado los votos de pobreza, sin posesiones, sin tierras, ni propiedades terrenales de ninguna especia. Su influencia fue enorme en la mayoría de los católicos e incluso fue el marco de una nueva ética cristiana, en contraste con la exuberancia que venía demostrando impúdicamente la Iglesia. Esa línea franciscana de despojamiento continuó hasta el siglo XIV.


Si bien Francisco era el típico joven hijo de un burgués rico (hablaba latín, despilfarraba, tuvo buena educación e incluso soldado que participó en los enfrentamientos contra las tropas del Sacro Imperio Romano Germánico), un viaje por Apulia, en 1205, le cambió su percepción del mundo. Sobre todo, dicen, cuando estuvo en contacto con los leprosos.

Asís, en la provincia italiana de Perugia. Francisco fue soldado y defendió su ciudad con las armas antes de abrazar la fe.


Se dijo incluso que fue en ese mismo viaje cuando un crucifijo de la capilla de San Damián “le habló” para decirle: “Francisco, vete y repara mi iglesia, que se está cayendo en ruinas”. Cosa que hizo, tras vender su caballo y las telas de su padre, quien inmediatamente comenzó a creer que su hijo estaba loco. Entonces lo hizo apalear y lo encerró.

La madre liberó a Francisco, pero cuando el padre se enteró el doble castigo no se hizo esperar y el joven terminó en una corte eclesiástica. 

El tribunal le solicitó que devolviera el dinero de su padre, cosa que hizo delante de él y del obispo de Asís, Guido.


Dice la leyenda que su gesto fue acompañado por otro más contundente: desvestirse delante de los jueces para entregarle hasta la última de sus posesiones. Proclamó entonces a Dios como su Padre verdadero a partir de entonces. El obispo lo abrazó y envolvió su desnudez con su ropa episcopal. Desde entonces, su vestimenta fue extremadamente sencilla, casi harapienta.

Se dice que la iglesia de Porciúncula era su preferida. Allí, probablemente en 1208, escuchó las palabras del Evangelio de San Lucas: “No lleven monedero, ni bolsón, ni sandalias, ni se detengan a visitar a conocidos..." el mensaje divino que lo inspiró a reconstruir iglesias desvencijadas, además de seguir predicando la austeridad.


San Francisco, según Francisco de Zurbarán (1660).

Contra lo que pensaron algunos poderosos de su tiempo, Francisco de Asís tenía gente que lo escuchara y en cuestión de meses, su orden sumó otros devotos fervientes como él.


Los frailes atendían a los leprosos –con los que nadie quería tener contacto- y no pedían donaciones a los poderosos. En grupos de a dos iban por la calle pidiendo una limosna y también de a dos predicaban el Evangelio. Para subsistir, trabajaban en huertos o hacían faenas pesadas en los monasterios y casas de familias. Para las necesidades cotidianas hacían una colecta de limosna.


En esa dirección fue Francisco, el Papa número 266 de la historia política de la Santa Sede.

Empezó su pontificado dando misa, rezando y pidiendo residir en la Casa de Santa Marta y no en el Palacio Apostólico, morada de todos los Papas anteriores desde 1903.

En las primeras audiencias públicas no recibió mandatarios sino chicos de pueblos pobres de Italia. Como los de Voltura Irpinia, que llegaron desde el sur con el cartel "¡Tutti pazzi per Francesco!” (Todos fascinados por Francisco).

La casa de San Francisco. El Papa Francisco vivió y será velado en Santa Marta (izq.), en vez de seguir la tradición de residir en el pretensioso Palacio Apostólico tradicional (der.).

Asís, la ciudad de Perugia en donde nació Giovanni di Pietro Bernardone, San Francisco de Asís, en 1182.


Francisco inspiró confianza desde el primer día, en el 84% de los italianos, según una encuesta de 2013 e incluso entre el 62% de los no católicos. No solamente en Italia sino en iglesias de otros países, ir a misa empezó a ser una salida familiar e incluso entre jóvenes, gracias a su famoso “hagan lío”, que trajo un aire juvenil en los sombríos claustros romanos.


La sencillez cotidiana que caracterizó a San Francisco, también Bergoglio quiso trasladarla a la compleja estructura de la administración vaticana.

Cuando asumió, ese día lluvioso del 13 de marzo de 2013, tenía detrás de sí la renuncia de Benedicto XVI, un Papa tildado de conservador que ejerció su cargo entre crisis económicas, sospechas de manejos fraudulentos del Banco del Vaticano (IOR), los Vati Leaks, las acusaciones de pedofilia al clero y las luchas e intrigas por el poder dentro del estado Vaticano.

Austeridad. El Papa Francisco visitó leprosos y lavó pies, como el monje franciscano.
 

A pesar de esa pesada carga, si bien no se sacó la ropa delante de quienes iban a juzgarlo (el mundo entero), como hizo Francisco en Asís, en su primer saludo público en la Plaza San Pedro, el Francisco sudamericano salió a saludar a la multitud con un sencillo “buenas noches”, sin la tradicional capa roja papal ni la enorme cruz dorada sobre el pecho, insignias pastorales. En vez del oro, como Francisco, prefirió su propia cruz de hierro y en vez de bendecir a los feligreses, se hizo bendecir por la multitud, un gesto nunca antes visto que abrió el camino de una nueva era ecuménica de a dos, como hacían por la calle los franciscanos.

El primero saludo público del Papa sudamericano fue a la multitud y con un sencillo “buenas noches”, sin la tradicional capa roja papal ni la enorme cruz dorada sobre el pecho, insignias pastorales".

El Papa Francisco impulsó reformas que impactaron en los tribunales eclesiásticos, la burocracia interna, la comunicación, la atención médica, la ayuda de la Iglesia en catástrofes naturales, los inmigrantes, la economía y las finanzas, los menores y desde luego los pobres.

Sus gestos pastorales llamaron la atención del mundo entero que, en diversas coberturas, intentaba retratar “el fenómeno Francisco”, el de “un Papa que empuja”, como refería la prensa francesa. El mismo año de su elección, en 2013, la revista Time lo incluyó entre las 100 personalidades más influyentes del año y, algo histórico, su perfil de enviado de Dios que venía a revolucionar lo hizo portada de la revista Rolling Stone, que nada tiene que ver con el mundo sacro.

LV/FL






sábado, 14 de junio de 2025

¿Quién es el nuevo Papa? - Nueva era en el Vaticano - León XIV, en el nombre de Francisco… @dealgunamanera...

¿Quién es el nuevo Papa?
Nueva era en el Vaticano - León XIV, en el nombre de Francisco…



Roma. Presentación del nuevo papa ante sus fieles en la basílica de San Pedro, este 8 de mayo. Fotografía: Getty Images.

El pontífice Robert Prevost, estadounidense y con nacionalidad peruana, se perfila para continuar el legado del argentino. Su formación religiosa, las primeras señales y la extensa agenda que le espera.

© Escrito por Washington Uranga el sábado 10/05/2025 y publicado por la Revista Acción de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

Robert Francis Prevost (69 años), León XIV según el nombre escogido como pontífice, es el nuevo papa de la Iglesia católica. Nació y se formó en Estados Unidos, pero su personalidad religiosa se forjó en Perú desde que se instaló, para diferentes tareas, desde 1985 hasta ser nombrado, en 2015, como obispo de Chiclayo. También tomó la nacionalidad peruana. «Soy peruano. Porque uno no es de donde nace… sino de donde entrega el alma», dice de sí mismo este cura que no perdió su sencillez –afirman quienes lo conocen– a pesar de sus pergaminos académicos que incluyen una tesis doctoral y la facilidad para comunicarse en seis idiomas.  

Una monja peruana que compartió con él misiones religiosas lo describe así: «La historia de Robert Prevost es un testimonio silencioso de que no se necesita haber nacido en una tierra para pertenecerle. Él no conquistó un país. Se dejó conquistar por su gente. No vino a imponer, vino a escuchar. Y eso fue lo que lo convirtió en uno de nosotros».

En los pequeños pueblos peruanos en los que realizó su tarea sacerdotal lo conocieron como «el padre Robert». Hasta que en 2014 Francisco lo nombró obispo y en 2022 prefecto (ministro) de la estratégica Congregación para los Obispos en el Vaticano. Allí pasó a formar parte del grupo de los más estrechos colaboradores del papa argentino. Una vez por semana –dos horas cada sábado por la mañana, según el mismo lo admitió– se sentaba con Francisco para definir temas relativos a su función, pero también para dialogar sobre la Iglesia, la sociedad y el mundo. Los dos se conocían desde que Bergoglio era arzobispo de Buenos Aires, antes de su elección como pontífice. 

Más allá de otras consideraciones, el resultado de la elección (por más de dos tercios) en la capilla Sixtina dejó en claro que los ultraconservadores que tanto conspiraron contra Bergoglio no lograron sumar votos a la hora de imponer un candidato que modificara el rumbo que el argentino le imprimió a la Iglesia. Tampoco pudieron bloquear la elección de un «bergogliano» como Prevost. El resultado habla también del peso que la Iglesia latinoamericana tiene en el catolicismo. 


En sintonía. Junto a su antecesor, con quien tuvo una relación muy cercana. Fotografía: NA.

Signos

La pregunta acerca de si el nuevo papa dará continuidad al proceso de reformas y aperturas iniciado por Francisco comenzó a responderse en el mismo momento en que pronunció las primeras palabras desde los balcones frente a la plaza de San Pedro.

El nombre escogido por el papa es una referencia. Lo fue con Bergoglio cuando eligió nombrarse Francisco, por Francisco de Asís, el santo de los pobres que amaba la naturaleza. León XIII (1810-1903), que inspiró al nuevo papa, fue un pontífice católico que escribió la encíclica Rerum Novarum, «Sobre la situación de los obreros», que ha dado base a la doctrina social de la Iglesia con eje en la justicia social.

En su primera alocución ante los fieles reunidos en San Pedro, León XIV dio gracias por el legado de Francisco y retomó, por lo menos en títulos, los grandes hitos de su gestión: la paz, los pobres, el diálogo, construir puentes.

En febrero pasado, Prevost tuvo palabras de elogio hacia Francisco por la carta que entonces envió a los obispos de Estados Unidos «sobre la importancia de estar cerca de los que sufren y de tener el corazón de Jesucristo», cuando el Gobierno de Donald Trump puso en marcha el programa de deportación masiva de inmigrantes ilegales y refugiados. Y en reiteradas ocasiones, siendo cardenal, el ahora papa refrendó los señalamientos críticos de Francisco respecto de la crisis ambiental y su llamado al «cuidado de la casa común».

Habrá que esperar todavía para saber si León XIV, además de los llamados a la paz, continuará con la actitud proactiva de Francisco en gestos, comprometiendo al Vaticano en negociaciones para aproximar a las partes y terminar con los conflictos y las guerras en el mundo. También si proseguirá el acercamiento con China, una cuestión central dentro de la estrategia de Bergoglio.

Otro signo. De la misma manera que lo había hecho Francisco en similares circunstancias, ahora Prevost se dirigió en italiano a la multitud reunida en San Pedro. El papa es obispo de Roma y las romanas y los romanos son su feligresía. Pero se reservó apenas un minuto para saludar en español a quienes, en su momento, lo acogieron como uno de los suyos en Chiclayo (Perú). 

Respecto de la iglesia, el papa habló de «una Iglesia sinodal, una Iglesia que busca siempre la paz, que busca estar junto a aquellos que sufren».

A nivel institucional, a León XIV le queda una extensa agenda para abordar. La iglesia sigue sin encontrar solución a problemas de abusos protagonizados por sus ministros en distintas partes del mundo. Fue este uno de los factores que llevó a Benedicto XVI a su renuncia. Francisco avanzó, pero lejos estuvo de resolverlo. Por otra parte, la Iglesia católica, el Vaticano en particular, atraviesa graves problemas financieros y los poderes económicos corporativos no están dispuestos –como sí lo hicieron en otros momentos– a contribuir con fondos a una institución que no repara en críticas hacia el sistema desigual que rige en el mundo.  

Hay otros temas que necesitan soluciones. Si bien el proceso sinodal abrió a mayor participación, las mujeres, que aumentaron su presencia en la vida de la Iglesia, siguen sin poder acceder a los ministerios ordenados (el diaconado y el sacerdocio) y las vocaciones religiosas son cada vez más escasas, mientras se mantiene el celibato obligatorio para los sacerdotes. Si el papa León decide, como en principio todo lo indica, la continuidad del proceso sinodal, estas cuestiones y otras aparecerán en las próximas asambleas sinodales. Entre tanto, el presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, el arzobispo Marcelo Colombo, quien conoció personalmente a Prevost, primero como obispo en Perú y luego en sus funciones como cardenal en Roma, sostiene que su elección como León XIV debe entenderse como «la manera de profundizar con características propias la huella trazada por Francisco».