El costo de no escuchar…
Internas libertarias, Adorni y ataques a la prensa:
las dificultades de Milei para ordenar al Gobierno.
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Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 31/05/2026 y publicado por el Diario
Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
La homilía que pronunció el arzobispo de la ciudad
de Buenos Aires, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva, durante el tedeum del 25
de mayo en la Catedral fue impecable. Su texto describió a la perfección la
esencia de la problemática de la dirigencia política argentina: la falta de
diálogo. Y, en esto, hay que ser preciso con lo que significa exactamente la
expresión “falta de diálogo”, en el contexto de la actividad política. Para
decirlo con claridad: dialogar no consiste sólo en conversar con alguien sino
en escucharlo. Esta es la base de la discusión, tomando la acepción segunda del
Diccionario de la Real Academia Española, que reza así: análisis o comparación
de los resultados de una investigación, a la luz de otros existentes o
posibles.
En la entrevista que al día siguiente le concedió a
Eduardo Feinmann en su programa de Radio Mitre, Javier Milei mostró haber
comprendido la dimensión de ese mensaje con las críticas que le incumben a su
gestión de gobierno. En consonancia con el reconocimiento de la importancia del
diálogo, se preguntó con quién hacerlo. Ese es un interrogante porque son
muchos los que desde otros sectores de la estructura dirigencial –con el kirchnerismo
a la cabeza– exhiben también una notable incapacidad para prestarle atención al
que piensa diferente. Un mal de estos y otros tiempos.
En la trastienda, hubo voces del oficialismo que se
encargaron de darle visibilidad a su propia molestia con el arzobispo. “No pude
estar presente en el Tedeum, pero seguramente García Cuerva se refería este
tipo de violencia en las redes”, señaló el ministro de Economía, haciendo
referencia a un mensaje en la red social X en el que un usuario profirió un
insulto contra el presidente a quien en una foto se lo ve portando un kipá y
una escarapela doble, es decir, de la Argentina y de Israel. Le asiste a Caputo
la razón en eso. Pero, para ser ecuánime y darle envergadura moral a su
señalamiento, debería tener igual actitud hacia aquellos que desde las filas de
La Libertad Avanza tienen las mismas actitudes con quienes no comparten su
pensamiento. Hay que recordarle que el mismísimo Milei le da aire en sus redes
a la expresión “No odiamos lo suficiente a los periodistas” y que la maquinaria
tuitera de las Fuerzas del cielo tampoco muestra muchas aptitudes para el
intercambio de opiniones y puntos de vista.
Milei, go home: elpresidente fue invitado oficialmente a celebrar el 4 de julio en Estados Unidos.
La inquina contra los periodistas tiene ya la
dimensión de una obsesión. Es lo mismo que hacía Cristina Fernández de Kirchner
en los días de su apogeo. Se ve que el oficialismo de hoy no aprendió nada de
aquel pasado de fracasos en los que se creyó que teniendo de enemigo al
periodismo honesto podrían tapar los problemas del país. Desaprovechan así las
buenas noticias en lo macroeconómico y el hecho de que, el propio Milei,
reconoce cuando lo atraviesa algún oasis de serenidad que esa bonanza no ha
llegado al bolsillo del ciudadano y ciudadana de a pie.
La falta de diálogo se extiende a la interna del
gobierno en la que Karina Milei no cesa en su empeño por generar inquina y
dividir aguas. Que el lunes no le haya permitido el ingreso al Cabildo a
Patricia Bullrich habla de por sí del enfermizo pensamiento de la hermana del
Presidente. Se nota que la ve a la senadora como una rival a alguno de sus
proyectos. Uno de ellos era Manuel Andorni como candidato a jefe de Gobierno.
Eso ya no corre más. ¿Será que la senadora es una potencial postulante a la que
no ve con buenos ojos? Sería más sencillo recriminarle –con razón– su propia
torpeza al ex vocero que no dejó error –y posibles delitos– por cometer. “Si no
lo echan por corrupto deberían correrlo por boludo”, se queja con ironía un
libertario de la primera hora –hoy en desgracia– que no termina de creer cómo
un problema que podría haberse resuelto en cuestión de días terminó dominando
la agenda pública de los últimos dos meses. ¡Alerta spoiler! Esta semana el
tema volverá fuerte a las portadas de los medios ya que, si bien los plazos
legales para la presentación de la declaración jurada aún no han vencido, desde
el gobierno habían señalado los primeros días de junio como plazo para hacerlo.
Ya no se trata sólo de un tema legal; es más bien un estándar moral y ético que
desafía los límites del sentido común. Manuel Adorni hizo las cosas mal y ya no
importa qué pueda pasar de aquí en más.
Hay, en el fondo, un problema de liderazgo que
afecta al propio Presidente. El caso Adorni como así también el tenor de las
discusiones y peleas internas que se ventilan a cielo abierto, son una muestra
de la incapacidad de Javier Milei para ponerles un punto final. Las peleas
entre los bandos de la hermana Karina y Santiago Caputo, han afectado
directamente la imagen presidencial y de gestión. La pericia macroeconómica del
líder libertario contrasta con su falta de apego a la conducción política. Eso,
a la larga, se ha convertido en un problema de magnitud. ¿Cómo podría
reaccionar un inversor que necesita previsibilidad y condiciones de estabilidad
en el tiempo, cuando escucha al primer mandatario decir que prefiere perder una
elección antes que entregar a un inocente? Más claro, agua. La personalidad
avasallante de Milei parece no aplicar cuando debe rescatarse a sí mismo
ordenando la tropa interna y las torpezas de sus propios funcionarios.
Javier Milei: "Argentina va a un escenario de menor inflación y mayor crecimiento"
Históricamente, se ha dicho del electorado
argentino que cuando la economía va bien, termina siendo tolerante a los vicios
de la política tradicional. En este caso, no ocurre ni lo uno ni lo otro. Los
logros de orden fiscal y la baja de la inflación, son una buena noticia que no
termina de alcanzar para una mayoría todavía paciente que, con un esfuerzo
descomunal, hace malabares para llegar a fin de mes. El dato preocupante, es
que muchos de los que votaron a favor de un cambio, empiezan a perder esa paciencia
ante los desajustes en el manejo político. El votante que no desea volver al
pasado entiende que no se puede cambiar en dos años el deterioro de más de dos
décadas, pero está siendo más reactivo a los errores no forzados y a los
berrinches políticos de dos grupos que se pelean por el poder que a las
penurias que les impone la dura realidad.











