La Vulgaridad Avanza para la Cámara de Diputados…
Corsódromo oficial. Dibujo: Pablo Temes.
En el contexto del caos, el Gobierno debería tomar
nota de que el resultado electoral no fue un cheque en blanco.
“Da pavura pensar que de esta gente saldrán las leyes que rijan nuestros
destinos y los del país”, expresó la mujer con voz que transmitía una mezcla de
congoja, impotencia e indignación. No fue solamente la vulgaridad lo que
abochornó sino también el desprecio hacia la gente, en la cual nadie pensó. Tal
vez estaban enfrascados en la pelea infantil por conseguir el mejor despacho.
Así pues, en este Congreso se deberán debatir la Ley de presupuesto 2026, la
Reforma Laboral y la Reforma Tributaria. Debatir no es la palabra que
corresponde para describir lo que seguramente vendrá. La oración para describir
lo que vendrá debería decir que, en este Congreso, sus miembros reñirán a
propósito de estos proyectos de gran importancia sobre los que nadie debatirá
nada. Atrás, muy atrás, quedaron los tiempos en los que servir al pueblo como
legislador era una cuestión de honorabilidad.
La situación económica sigue siendo preocupante. El gobierno se solaza
hablando de la macroeconomía y poco dice – y hace – en relación con la
microeconomía. La caída del consumo no para. El cierre de empresas importantes,
tampoco. Las inversiones se producen en el rubro minero y energético. Son
bienvenidas, pero no suficientes para un país con los índices de pobreza e
indigencia que presenta la Argentina. A propósito: los números de caída han
entrado en discusión. Lo marcó el prestigioso Observatorio de la Pobreza de la
Universidad Católica Argentina (UCA) con una afirmación de absoluto sentido
común y apego a la realidad, al señalar que la pobreza por ingresos es sólo uno
de los ítems a tener en cuenta. A ese ítem deben sumársele otros como, por
ejemplo, las privaciones - como la falta de acceso a servicios básicos, es
decir luz, agua y gas -, las coberturas de programas sociales e incluso las
percepciones subjetivas de la población sobre sus propias condiciones.
La “cuesta abajo en la rodada” imparable del peronismo encandila al
oficialismo que sigue enfrascado en internas feroces. El diezmado tablero
político de una oposición sin figuras de peso y sin cuadros que despierten
interés parece descolocar el presente de un gobierno acostumbrado a buscar un
enemigo con quien confrontar. La salida del cargo del secretario de
Inteligencia de la Nación, Sergio Darío Neiffert, pareció sacado de la exitosísima
e inolvidable serie “Súper Agente 86”. En pos de darle al episodio un poco más
de volumen, algunos quisieron ver en ese derrotero una intriga propia del
Agente 007, james Bond. Se equivocaron. Ni a la trama ni a sus protagonistas
les da el pinet para esas historias de sofisticación y elegancia. El desplazado
Neiffert salió a la puerta de su casa a echar a quienes venían a pedirle la
renuncia – José Francisco Rodríguez Lago, subsecretario de Inteligencia y
Nicolás Viñuesa, director del área jurídica del organismo – en calzoncillos.
En lo macro, no faltan tampoco las dificultades. El Fondo Monetario
Internacional fue muy claro esta semana al señalar la falta de reservas del
Banco Central. “Es esencial que (en el Gobierno) se organicen para recomponer
reservas” expresó con toda contundencia Julie Kozack, la poderosa vocera del
Organismo. Tan fuerte fue la advertencia que – o casualidad - el viernes por la
mañana temprano, el ministro de Economía, Luis Caputo apareció en el programa
de Antonio Laje por A24 para anunciar que la Argentina volverá a emitir deuda
en dólares con el objetivo de refinanciar deuda que vence el año que viene.
Siguen faltando los fideos y el tuco, Melconian dixit. Las “sugerencias” para
darle volumen a la noticia llegaron a todos los rincones del periodismo. El
gobierno debería recordar que, el triunfo en las urnas en las últimas
elecciones legislativas, no significó un apoyo absoluto ni un cheque en blanco;
hubo en el electorado una necesidad imperiosa de no volver a vivir bajo las
penurias del kirchnerismo. En ese caso, la Argentina no hubiese tenido destino.
La realidad se empecina en recordarle a todos los ciudadanos los
despropósitos y los excesos vividos en aquellos años. El mejor ejemplo es el
papelón judicial que derivó en la sentencia de la causa fútbol para todos en la
que paradójicamente todos los acusados que supieron tener un alto rango
político terminaron absueltos. Defectos procesales y vicios inexplicables -o muy
convenientes- llevaron a anular la acusación del fiscal Osorio. Por este motivo
y no por la valoración de la prueba terminaron todos libres. Resta saber si
habrá alguna apelación por el bien de la justicia y de los argentinos. Vale la
pena traer a la memoria a algunos de los principales personajes. Los exjefes de
Gabinete Jorge Capitanich, Aníbal Fernández, el ex titular del COMFER Gabriel
Mariotto, y un grupo de dirigentes de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA)
y de futbolistas argentinos agremiados fueron beneficiados por el fallo en el
juicio por los fondos enviados por el gobierno kirchnerista al programa Fútbol
para Todos, que sirvió para que el Estado se hiciera cargo de la televisación
de los torneos que estaba en manos de operadores privados. “Nos secuestraron
los goles, como antes hacían con las personas” fue la frase para teñir de épica
una maniobra escandalosa. Kirchnerismo puro. El presidente debería andar con
pie de plomo para no cometer errores que nos hagan retroceder y revivir lo padecido
20 años atrás.

















