La vida es un tablero de ajedrez donde los cuadros blancos son los días y los cuadros negros son las noches. Nosotros, somos las piezas que vamos de aquí para allá para caer al final en el cuadro de la nada... De Alguna Manera... Una Alternativa…
La receta
es conocida y la jugó hasta el cansancio el kirchnerismo. La apelación a una
causa nacional que una al pueblo frente al enemigo externo, fueron las
pasteras, los fondos buitres y las Malvinas. En la hora más baja de su programa
económico, Milei descubrió el agujero del mate. Ante la traición de Rothbard y
Hayek, que demoran en entregar el paraíso en la tierra prometido por el culto
austriaco, no queda otra que apelar a una cuerda sensible para el pueblo
argentino, con la esperanza de sumar algunos votos el año que viene cuando se
juega la reelección.
El problema
es que octubre del 2027 queda muy lejos. Pero el verdadero problema es que el
recauchutado de la política kirchnerista para Malvinas que anunció Milei, es
una impostura en un gobierno que de manera más coherente con su ideario, había
decidido plantarse en la real politik menemista en este tema
delicado.
Milei se
pasó la vida elogiando a la criminal de guerra Thatcher y ahora mismo tiene en
marcha la organización de un Argentina Week en Londres, para seducir a los capitales que operan en la City de
Londres. Libras, no misiles, que igual no tenemos. Esa era su política. Pero
ante la caída en las encuestas, el manotazo populista. De cuestionar la bandera de la Scaloneta en el partido contra Inglaterra
por "populista" y "berreta", a esta cadena nacional con
redoble de tambores, banderas y gestos adustos.
Los
anuncios, pasados en limpio, son modestos: reponer las sanciones a las
petroleras inglesas e israelíes que operan en el Atlántico Sur, que él mismo
desmontó; y crear una base militar en Tierra del Fuego, objetivo de Estados Unidos.
La tercer
pata del programa es recomponer la capacidad militar de las Fuerzas Armadas.
Para eso hace falta plata y Milei es el presidente argentino que ubicó los
salarios de los militares por debajo de la línea de la pobreza y que llevó la
inversión del Estado a casi a cero. Buena suerte con esa promesa.
La causa de
Malvinas merece mejores razones que la búsqueda de un atajo para desviar la
vista del pantano económico. Pero pasó antes y pasa ahora. Desde el punto de
vista político, su agitación suele coincidir con momentos de debilidad de los
gobiernos. Es desgraciado, pero es lo que muestra la historia reciente.
El Milei
abanderado de la economía neoliberal tildaba de populista la apelación a las
Malvinas. Expresaba una línea histórica muy discutible y hasta cipaya, pero
coherente. Hay que ser realista, la Argentina es un país pobre con una economía
destartalada, no está en condiciones de enfrentar al Reino Unido. Primero, debe
concentrarse en recomponer su fortaleza económica. El Milei presidente, con la
reelección exigida, tira por la borda su pensamiento de años y se abraza a la
causa Malvinas.
"La causa de Malvinas merece mejores razones que la
búsqueda de un atajo para desviar la vista del pantano económico. Pero pasó
antes y pasa ahora. Desde el punto de vista político, su agitación suele
coincidir con momentos de debilidad de los gobiernos."
Lo hace, por supuesto, subido a dos declaraciones al pasar de Trump, en la que fiel a su estilo transaccional, digámoslo así, buscó presionar a los ingleses porque no lo acompañan en su fallida incursión contra Irán. Es decir, Milei se apresura a ofrecerse como una pieza menor de un juego mucho más grande, que no maneja.
Esas
declaraciones de Trump fueron aprovechadas al máximo por Santiago Caputo para
reponer su lugar en la centralidad del gobierno libertario, ofreciendo un
atajo, un espectáculo político calcado del manual del Mago del Kremlin,
Vladislav Surkov. Allá y entonces fue Chechenia acá y ahora es Malvinas. Al
asesor le sirve para mostrarle a Milei que es el único con ideas en un gobierno
que se quedó sin ideas, le sirve como insumo de activación de su apagado
aparato digital y le sirve para exhibirse como un interlocutor de peso en el
gobierno argentino, ante la administración Trump.
En
Inglaterra se tomaron el tema como de quien viene. El secretario de
Defensa, Wes Streeting, afirmó: "La declaración de Milei nos dice más
sobre la política interna en Argentina que sobre las Islas Malvinas".
Mientras que el parlamentario laborista James MacCleary, no se privó de pasarle
la factura al programa libertario: "No es más que un tigre de papel, que
intenta desviar la atención de sus propios fracasos internos".
El giro
promete incomodidades al gobierno de Milei. El más preocupado es el ministro
Toto Caputo, de muy buenos vínculos con el sistema financiero de Londres, al
que apeló para instrumentar la opaca extracción del oro de las reservas del
Banco Central, de la que sigue sin dar explicaciones claras, ante la complicidad
manifiesta de jueces y fiscales argentinos.
Pero no es
el único. Las petroleras que operan en Malvinas y ahora están sujetas a
sanciones son socias de la YPF de Horacio Marin, en el proyecto más importante
de la empresa de bandera argentina. Hay una línea que va de Rockhopper a Adnoc
UK a XRG, su brazo de inversión internacional, que es la compañía que firmó con
YPF el acuerdo para el proyecto de GNL en Vaca Muerta.
Es posible
que como muchas de las causas nacionales que se han esgrimido por motivos electorales,
los anuncios de este jueves se vayan oxidando con el paso del tiempo, cuando
baje la espuma de la retórica nacionalista y las dificultades de la vida
cotidiana vuelvan a prevalecer.
Y ahí vamos
al corazón del problema político que hay detrás de la puesta en escena de este
jueves: octubre queda muy lejos y la economía no muestra signos de recuperación
importantes.
"Una economía que ajusta por cuarto año consecutivo exige
al electorado una abnegación peligrosa de descontar. Por eso, Caputo quiere aflojar,
pero lo tiene que hacer en los muy estrechos límites que le marca el culto de
atarse al mástil de Milei."
Milei está
atrapado en una realidad que desafía sus dogmas económicos y entre la realidad
y los dogmas eligió los dogmas. Un político pragmático de derecha, como su
admirado Menem, cuando tuvo que entrar en déficit para asegurarse la reelección
lo hizo sin complejos. Primero el poder, después la teoría económica.
Pero para
Milei el superávit fiscal no es un dato de la macroeconomía, es un principio de
fe, como explicó en su delirante discurso a los alumnos de la ORT, en los que mezcló
neoliberalismo y religión, al punto de argumentar que el capitalismo es el
paraíso en la tierra.
Y como para
sorpresa de nadie la recaudación cae por la caída de la actividad, el gobierno
está ingresando al calendario electoral con una baja de ingresos que lo obliga
a ajustar aún más un gasto que ya tocó el hueso. Un informe del Iaraf de Nadin
Argañaraz revela que en agosto el gasto del Estado tuvo una baja real
interanual del 8%, con una brutal caída del 63% de las transferencias a las
provincias. Ese es el núcleo del modelo político de Milei, ajustar a las
provincias, total cuanto más pobres se vuelven los gobernadores, más dóciles
esperan la próxima migaja.
Pero una
economía que ajusta por cuarto año consecutivo exige al electorado una
abnegación peligrosa de descontar. Por eso, Caputo quiere aflojar, pero lo
tiene que hacer en los muy estrechos límites que le marca el culto de atarse al
mástil de Milei. Esa tensión explica el tortuoso camino de los módicos créditos hipotecarios de la Anses
-apenas 15 mil- que el ministro de Economía tuvo que negociar por meses.
Populismo
sin plata es como geopolítica sin armas. Difícil.
No deja de
ser llamativo que las dos iniciativas que ensayó el gobierno en las últimas
semanas para mejorar su vínculo con la sociedad sean remixados de recetas
kirchneristas. Malvinas y Procrear. Pero no hay que confundirse, no es una
política de Estado, o mejor dicho, la única política de Estado en la Argentina
es políticos en el poder, haciendo cualquier cosa para quedarse en el poder.