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domingo, 14 de junio de 2026

Barriletes que trascienden - Roberto Tomás Felipe Cassanello (Q.E.P.D.)... @elprofesorcapomasi...

Barriletes que trascienden…

Roberto F. Cassanello. (Q.E.P.D.)

Son modelos artísticos únicos. Algunos vestirán el cielo de Buenos Aires este sábado y domingo en la 4a. Fiesta Internacional del Viento. Colores y acrobacias en manos de los mejores artesanos. Galería de imágenes imperdibles

© Publicado el jueves 22/11/2007 por el Diario Digital Infobae de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.



Remontar un barrilete es una de las experiencias lúdicas que remite con mayor intensidad a la infancia. Posiblemente, por la sensación única que imprime el baile del viento y la conquista de superación de las barreras impuestas al vuelo con el solo recurso del hilo en mano.


Y hay quienes lograron sostener en el tiempo ese recuerdo, perfeccionando técnicas y convirtiendo en algo muy actual de sus vidas a este hobby tan particular. El resultado son modelos que trascienden en muchos casos lo imaginable, y alcanzan a sorprender a los espectadores ocasionales del horizonte.


Nucleados en "Barriletes a Toda Costa" o como prefieren decirle, "Batoco", estos artistas del cielo que empezaron hace unos 12 años son dueños de las piezas más increíbles y miembros de la única entidad argentina sin fines de lucro y dedicada al tema en la región.

"Se facilitó todo cuando tuvimos acceso al ripstop (material textil) y a la fibra de carbón y de vidrio. Nos ayudó internet y Alto Vuelo, la única fábrica de cometas deportivos en el país. Nos juntábamos siempre en Vicente López y así decidimos crear una asociación", explicó a Infobae.com Roberto Cassanello, uno de los fundadores de la entidad.

Alta variedad.

El catálogo de modelos incluye barriletes de "ballet" que se utilizan para competencias internacionales en vuelos de dos o cuatro hilos; "combates de barriletes" que son de rokakkus (barrilete tradicional japonés) y que consisten en lograr permanecer mayor tiempo en el aire y "gigantes" como el institucional creado con 165 paños realizados en distintos puntos del país, entre otros.


"Hay algunos muy complejos, por ejemplo uno que realizó Lucas González que es un panal de abejas de 3 m de diámetro, con panales de 10 x 10 cm. En mi caso, un 'doble star'. Tiene 134 piezas que se unen y terminan en una doble estrella de ocho puntas, tiene un metro de ancho y dos de diámetro. Me llevó cuatro meses. Pero son muchísimos los ejemplos", dijo Cassanello.

Entre los más llamativos se encuentra un dragón compuesto por 22 barriletes y varias formas geométricas como aros o poliedros. Otros muestran reconocidas figuras, como el de Diego Maradona que realizó Alberto Barrero.


"Muchos estudiantes de la UBA nos piden consejos, porque a veces hacen diseños complejísimos y después no vuelan bien. Entonces, buscamos el punto de vuelo. También damos talleres para grandes y chicos totalmente gratuitos en distintos puntos del país", contó.

El grupo estuvo dos veces en Francia, tres en Colombia y una en China, en festivales internacionales. Este fin de semana el evento será en el Paseo de la Costa, en Vicente López, junto al Monumento al Milenio de 13 a 18, donde se podrán ver varios de estos modelos.



 Sus otros hobbies.







lunes, 9 de marzo de 2026

Lo que nadie dice sobre el sexo después de los 50... @elprofesorcapomasi...

Lo que nadie dice sobre el sexo después de los 50: la menopausia, el cuerpo que cambia y la obligación de seguir encendida…

Un parche hormonal, una confesión incómoda y una reacción inesperada. La anécdota de Naomi Watts expone un tabú persistente: cómo viven las mujeres el deseo, el cuerpo y la intimidad cuando llega la menopausia (Imagen Ilustrativa Infobae)

El Viagra lleva 27 años en el botiquín sin que nadie se sonroje. Los óvulos de estrógenos todavía se compran en voz baja. La menopausia salió del closet en el mundo, pero el mandato de seguir activas sexualmente es una trampa que pocas nombran.

© Escrito por Gabriela Ceruti el Domingo 08/03/2026 y publicado por el Diario Digital Infobae de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

La anécdota circuló en medios de todo el mundo porque tocó algo que millones de mujeres reconocen sin haberlo dicho en voz alta: la vergüenza de envejecer en la intimidad. No es una vergüenza de ahora. Es una vergüenza antigua, construida durante siglos, que le dice a las mujeres que su valor se agota con la fertilidad. Lo nuevo es que cada vez más mujeres la están nombrando. Y al nombrarla, la están desmontando.

Pero hay algo que todavía no se dice suficientemente. Algo que se esconde detrás de tanto relato de empoderamiento y liberación tardía: que no todas queremos lo mismo, que no todas envejecemos igual, y que el nuevo mandato de seguir siendo deseantes y sexualmente activas puede ser tan opresivo como el viejo silencio.

Lo que la biología no dice.


La caída de estrógenos en la menopausia produce cambios reales en el cuerpo. La mucosa vaginal se adelgaza y puede secarse, la lubricación puede disminuir, y en algunos casos el deseo se modifica. Son datos clínicos verificables. Pero la ciencia de los últimos años también muestra otra cosa: que los factores biológicos no son los principales determinantes de la vida sexual de las mujeres maduras. Un estudio de la Universidad de Zúrich comprobó que el estado anímico, la autoimagen y la calidad del vínculo pesan mucho más que los niveles hormonales. El clítoris no pierde sensibilidad con la edad. El cerebro no deja de fantasear.  

Esther Díaz lo vivió en carne propia. La filósofa argentina, que hoy tiene 85 años y sigue activa, pública y vitalmente encendida, cuenta que su vida sexual empezó verdaderamente a los 50. En la entrevista que le dio a Mil Horas no hay nostalgia ni resignación: hay una mujer que encontró su erotismo cuando dejó de cargarlo con las expectativas de los otros.  

Flora Proverbio llegó a conclusiones parecidas desde otro lugar: la investigación. Para escribir Triángulos Plateados, entrevistó a más de setenta mujeres de Argentina y América Latina, y realizó una encuesta con 1150 participantes. Lo que encontró fue un mapa diverso, contradictorio, lleno de matices. Hay mujeres que a los 60 están descubriendo el placer por primera vez. Hay otras que lo perdieron y no lo extrañan. Hay quienes redefinieron el erotismo alejándolo del coito y encontraron algo mejor. Y hay quienes están angustiadas no porque no tengan deseo sino porque sienten que deberían tenerlo. El título del libro —Triángulos plateados, los vellos púbicos poblados de canas— es una provocación: el cuerpo que envejece también puede ser el cuerpo del deseo.

En La Revolución de las Viejas, yo misma escribí sobre la menopausia desde adentro. Lo que aparece en ese capítulo no es un manual de instrucciones para seguir siendo sexy después de los 50. Es una pregunta más incómoda: ¿de quién es este cuerpo? ¿Quién decide qué se supone que tiene que sentir?

Así también es mi vida. En los chats de amigas, en las mesas y las fiestas, conviven las que están en Tinder, las que prueban conocer a alguien cada semana, y las que decimos: llegué por fin a una vida bonita, serena y armada, no necesito nada que venga a desordenarla. Y en ese “no necesito nada” hay también una biografía: la de quienes vivimos las relaciones con los hombres como fuente inagotable de intensidad, placer, diversión… y problemas. Y ahí aparece siempre la amiga que dice: “ya vas a volver”, como si hubiera algún lugar seguro al que volver, como si el desorden fuera la única forma legítima de estar viva.

Las mujeres llegan a la madurez con más años por delante… y la posibilidad de decidir cómo vivirlos (Imagen Ilustrativa Infobae)

El armario de los óvulos.

Mientras el parche de Naomi Watts generaba titulares y conversaciones, algo mucho más cotidiano seguía pasando en silencio en consultorios de todo el país: mujeres que no le preguntan a su ginecólogo sobre la sequedad vaginal porque les da vergüenza, y ginecólogos que no preguntan sobre la vida sexual de sus pacientes de 65 años porque asumen que ya no existe.

Existe tratamiento eficaz, seguro y económico: óvulos y geles de estrógenos de aplicación local que actúan sobre la mucosa vaginal sin efectos sistémicos. Están disponibles en farmacias argentinas. Y sin embargo, para una proporción enorme de mujeres son completamente desconocidos. El tabú opera en los dos lados del escritorio.

Ingrid Beck y Mariana Carbajal lo documentaron en Encendidas, el libro que escribieron juntas sobre menopausia y salud femenina, y que se volvió una referencia insoslayable del tema en Argentina: muchos ginecólogos no se actualizaron sobre climaterio, y sus pacientes lo pagan con años de incomodidad innecesaria. La frase que resume la situación no es elegante pero es exacta: deberían poner un cartel en la puerta que diga que no son especialistas en climaterio.

La FDA aprobó el Viagra en 1998. Desde entonces, se desarrollaron y aprobaron al menos seis medicamentos distintos (Imagen Ilustrativa Infobae) 

La asimetría con el tratamiento de la disfunción sexual masculina es tan grande que ya casi no sorprende mencionarla, aunque siga siendo escandalosa. La FDA aprobó el Viagra en 1998. Desde entonces, se desarrollaron y aprobaron al menos seis medicamentos distintos para la disfunción eréctil masculina. El primer tratamiento farmacológico para el deseo sexual hipoactivo femenino fue rechazado dos veces antes de ser aprobado con controversia en 2015. La disfunción eréctil fue tratada desde el primer día como un problema técnico con solución técnica urgente. La sexualidad femenina fue clasificada como un asunto “complejo”, “emocional”, “difícil de medir”. La diferencia no es científica. Es política.

El doble estándar que no necesita explicación.

Alberto Cormillot fue padre a los 83 años. Costantini lo fue a los 78. Ambos recibieron cobertura periodística festiva, preguntas sobre la emoción de la paternidad tardía, alguna broma afectuosa sobre el esfuerzo requerido. Nadie cuestionó seriamente su vitalidad ni su derecho a rehacer la vida con mujeres décadas más jóvenes. Es el orden natural de las cosas.


Madonna tiene 67 años y sale con Akeem Morris, que tiene 29. La relación generó debates interminables en redes, análisis de sus fotos en busca de signos de decadencia, especulaciones sobre quién se beneficia de qué, preguntas sobre si ella está bien de la cabeza. Cuando los medios la tratan con algo parecido a la misma benevolencia que a Cormillot o a Costantini, es noticia.

Brigitte Macron tiene 24 años más que el presidente de Francia. Ha sido objeto de teorías conspirativas sobre su cuerpo, su identidad, su historia. DiCaprio sale con mujeres que no superan los 25 y el tema apenas merece una nota de color. La asimetría no requiere análisis: se ve sola. Un hombre mayor con una mujer joven es amor, experiencia, poder bien usado. Una mujer mayor con un hombre joven es patología, ridículo, objeto de escrutinio. Esther Díaz lo formula sin rodeos: la sociedad acepta que los viejos tengan mujeres mucho más jóvenes. No acepta lo contrario.

El deseo después de los 50 no es una regla ni una excepción. Es un mapa diverso que va del redescubrimiento del placer al derecho a no querer (Imagen Ilustrativa Infobae.

La trampa que nadie ve.

Pero hay algo más, y es lo que más le cuesta decirse en voz alta a las mujeres de 60 y 70 que forman parte de la generación que hizo la revolución sexual.

Las boomers y la Generación X llegaron a la madurez habiendo peleado por el derecho al placer. Vivieron los años setenta y noventa convencidas de que el deseo era político, que el cuerpo era propio, que el silencio era complicidad. Esa convicción fue y sigue siendo un logro histórico. Pero tuvo, como todos los movimientos, sus propias contradicciones. Porque la misma cultura que las empujó a liberarse también instaló un nuevo modelo: la mujer mayor que sigue siendo deseante, activa, sexualmente vigente, “encendida”. Cambió el mandato, no la obligación de cumplirlo.

Hoy muchas mujeres de esa generación sienten angustia no porque no tengan deseo sino porque sienten que deberían tenerlo. Porque la cultura sex positive de los noventa —que fue liberadora en muchos sentidos— construyó también una nueva norma. Y las que no encajan en esa norma, las que en algún momento de sus vidas eligieron la pausa, el silencio, la resignificación del erotismo lejos del coito y lejos de la perfomance,  quedan sin relato.

Beck y Carbajal lo capturan con humor en Encendidas: llegamos a la menopausia sin que nadie nos hubiera preparado, y encima con la presión de atravesarla bien, de manera positiva, de seguir encendidas. Como si apagarse a veces no fuera también una forma legítima de estar.

La clave está en esa pequeña palabra: si. El deseo en la madurez puede ser una fuente enorme de bienestar, dice Proverbio en Triángulos Plateados. Si nos interesa. Esas dos palabras cambian todo. No como obligación. No como prueba de que el envejecimiento no nos venció. Como elección, cuando es elección.

Un hombre mayor con una mujer joven es visto como amor, experiencia, poder bien usado mientras que una mujer mayor con un hombre joven es patología, ridículo, objeto de escrutinio (Imagen Ilustrativa Infobae) 

Cada cuerpo es una mapa distinto.


Una de las cosas más difíciles de instalar en la conversación pública sobre sexualidad y vejez es la diversidad real. No hay una experiencia de la menopausia. No hay un modo correcto de envejecer el deseo. Hay mujeres que a los 70 tienen más vida sexual que a los 30. Hay mujeres que eligieron el celibato como forma de libertad. Hay mujeres que redescubrieron el erotismo lejos de la heterosexualidad. Hay mujeres que están recuperando el placer de a poco, después de años de incomodidad física que tenía tratamiento y nadie les ofreció. Y hay mujeres que simplemente no quieren, y que tienen tanto derecho a ese no querer como las otras a su sí.

Lo que el movimiento que empezó con Naomi Watts y siguió con Oprah y Michelle Obama y llegó acá con las voces de Proverbio y Esther Díaz y Carbajal y Beck está haciendo no es convencer a nadie de que tiene que tener sexo. Es abrir el espacio para que cada mujer pueda elegir, sin vergüenza y sin mandato, qué hacer con su cuerpo y su deseo cuando la vida se alarga.

Eso incluye quitarse el parche antes de que él lo vea, si eso es lo que necesitás esa noche. O dejárselo puesto. O no estar con nadie y no explicarle a nadie por qué. Incluye la sequedad vaginal que tiene tratamiento y el ginecólogo que tendría que haberlo dicho hace diez años. Incluye la filosofía que descubrió el orgasmo a los 50 y la periodista que escribió sobre la menopausia porque era la única forma de entenderla. Incluye el deseo que cambia de forma, que se vuelve más lento, más profundo, menos urgente o simplemente distinto. Y también incluye el silencio que es paz, no derrota.

La revolución que falta no es convencer al mundo de que las viejas también tienen sexo. Es que cada mujer pueda decidir, sin pedirle permiso a nadie, qué hace con el tiempo y el cuerpo que la longevidad le regaló.




lunes, 3 de marzo de 2025

63 años de Titanes en el Ring... @dealgunamanera...

63 años de Titanes en el Ring: el programa de héroes, villanos y un espectáculo que nunca murió…


Con personajes icónicos, peleas inolvidables y un marketing innovador, el ciclo liderado por el inolvidable Martín Karadagian se convirtió en un fenómeno cultural a lo largo de seis décadas.  

© Escrito por Sebastián Volterri y publicado el lunes 03/03/202 por el Diario Digital Infobae de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina. 

En la memoria colectiva de la Argentina, pocas cosas calaron tan hondo como Titanes en el Ring. No era solo un espectáculo de lucha libre, era una fábula de héroes y villanos, un teatro de mitos que, a más de seis décadas de su debut televisivo, sigue generando preguntas, desentrañando misterios y alimentando la nostalgia. Desde chocolatines hasta discos de vinilo, su impronta trascendió la pantalla y marcó la infancia de generaciones enteras.

Pero la historia de este fenómeno televisivo comenzó mucho antes de su irrupción en Canal 9. Su creador, el inigualable Martín Karadagian, ya cargaba sobre sus espaldas años de entrenamiento, trabajo duro y un instinto comercial infalible.

Martin Karadagian junto con su padre, Hamparzun Karadayijan.

Nacido en San Telmo en 1922, hijo de la española Paulina Fernández y del armenio Hamparzún Karadayijan, el futuro ídolo indiscutido de los niños aprendió temprano la dureza de la vida. A los 8 años, mientras otros niños jugaban en la vereda, él trabajaba como lustrabotas. Pero su ambición no tenía límites: “Yo en esa época fui empresario, compraba los cajones y se los daba a unos pibes para que trabajen para mí”, contaría años después.


La programación de la televisión argentina cuando se encontraba al aire Titanes en el Ring. Fotografía: Revista Canal TV. 

Así, entre otras historias, es recordado cómo se las ingeniaban con su compinche, el rengo Media gambapara poder hacerse de unos pesos recorriendo los tranvías, vendiendo caramelos a los que previamente manchaban con barro, así, mientras juntaban las monedas, la gente por desprecio terminaba devolviendo los caramelos. La ganancia era total.

Martín Karadagian junto con sus padres, Paulina y Hamparzún.  

Entre la historia y la leyenda, hay un desvío fascinante: se dice que a esa misma edad viajó a Detroit, donde ganó el título panamericano infantil de lucha grecorromana representando a la Asociación Cristiana de Jóvenes. Y que a los 12 años, en Londres, conquistó el título mundial en la categoría cadetes mayores. “Miren si será importante que “la mismísima Reina Isabel me dio el premio”, diría el campeón a cada uno que se lo consultara.
La leyenda de Karadagian empezaba a tomar forma. Se comenta que en una gira por Europa habría matado (de forma accidental) a un rival en el ring, y que en la Isla de Creta tuvo un combate con quien luego sería el papa Juan XXIII.

Martín Karadagian contra el Hombre Montaña, un clásico del catch en el Luna Park. 

Pero todas esas son “verdades” envueltas en el misterio. Lo concreto es que su físico se moldeó ayudando a su padre en la carnicería, cargando medias reses y forjando una fuerza que lo haría imbatible.     

A los 18 años, pisó por primera vez el gimnasio del 
Luna Park, un templo donde el catch brillaba con intensidad. El “cachacascán”, como se mencionaba en la calle al ‘catch as catch can’ (’agárrese cómo pueda’, en inglés), era casi exclusivo de los luchadores de Europa del Este que habían arribado a nuestro país. 


Martín Karadagian sufre ante la humanidad de William Boo, en ese momento aún luchador, para luego ser el referí estrella. 

Así se presentó ante dos figuras de peso: el imponente 
Hombre Montaña y el enigmático Karol Nowina, el conde polaco, quienes miraron con desconfianza a aquel joven de mediana estatura. Pero la historia diría que ese muchacho se convertiría en el alma de un espectáculo que aún perdura en la memoria. 

A fuerza de golpes, el recién aceptado Karadagián fue haciéndose un lugar en el catch y ganando fama. Y cómo habrá sido fama, que en 2008 fue incorporado al 
Hall of fame del Wrestling Observer Newsletter. Durante cinco años fue subcampeón (detrás del Hombre Montaña, claro) para luego ser campeón los siguientes seis años, acrecentando su fama y logrando que el catch convoque a más gente de lo imaginado hasta ese momento. 

El anuncio de la histórica pelea entre el Capitán Piluso y Martín Karadagian.

Con el tiempo, el furor por el catch comenzó a menguar. Karadagian, siempre un paso adelante, encontró en la televisión el medio ideal para revivirlo. Con una
 troupe de luchadores icónicos, llevó el espectáculo a la pantalla. Y entonces llegó la pelea que muchos creyeron el punto de partida: el enfrentamiento entre Karadagian y Piluso, el personaje de Alberto Olmedo.  

“Siempre se confundió que la lucha con
 Piluso es la que lo catapulta a conseguir el contrato con Canal 9”, recordó Paulina Karadagian, su hija, en charla con Teleshow. “Pero en realidad ese contrato ya estaba firmado. La pelea sirvió para masificar el programa”.

Martín Karadagian contra Piluso, el paso previo al desembarco en la T.V.

Fue una noche histórica: el 12 de noviembre de 1961, 
Pipo Mancera ofició de maestro de ceremonias y el canal estrenó su primer camión de exteriores. “En el estadio hay unas 40 mil personas”, aseguró el conductor. El espectáculo estaba en marcha y nada lo detendría.

El 3 de marzo de 1962, 
Titanes en el Ring hizo su aparición en la pantalla chica en horario nocturno, porque pese a todo era aún considerado como un espectáculo “para adultos”, y con un armenio interpretando el papel de malo, el ciclo llegaría a la pantalla chica. “Siempre fue el malo que amaban odiar -reconoció la heredera-, se hizo bueno cuando nací yo. ‘Nunca podría soportar la mirada de mi hija viéndome malo’, me decía”.


Programa de Titanes en el Ring en Canal 9.

El ciclo no fue solo un show de lucha, fue una mitología moderna donde héroes y villanos se enfrentaban domingo a domingo ante la ovación del público. Su impacto fue tal que, en las décadas siguientes, el programa pasaría por los cinco canales de aire argentinos, expandiendo su dominio más allá de la televisión y convirtiéndose en un verdadero fenómeno cultural.   

Pero no solo cautivó a la audiencia argentina. Su fama cruzó los límites territoriales, y a mediados de los años ‘70, el espectáculo emprendió una serie de giras internacionales que confirmarían su éxito en el resto de América Latina. Países como 
Uruguay, Panamá, Ecuador, El Salvador, Paraguay y Costa Rica recibieron con entusiasmo a la troupe de luchadores, convirtiéndolos en ídolos en cada destino.

Martín karadagian y Aída "Pichi" Lobov, a ambos lados de Paulina.

El show comenzó en Canal 9, pero con el tiempo y las distintas ediciones pasó por Canal 13, Canal 11, Canal 7 y Canal 2. Con una audiencia siempre fiel, crecía también el interés de otros países, que veían en el espectáculo algo más que simples peleas.   

La primera incursión internacional se dio en Uruguay, donde los luchadores fueron recibidos como verdaderas estrellas. Luego siguieron otras plazas inesperadas: en Panamá, los estadios se llenaban para ver en acción a Martín Karadagian, La Momia, El Caballero Rojo y El Indio Comanche. En Ecuador y El Salvador, el entusiasmo por el programa se reflejaba en la venta de discos, figuritas y merchandising, replicando el impacto que ya tenía en Argentina. En Costa Rica y Paraguay, la presencia de los titanes desató una euforia que los medios locales cubrieron con gran despliegue.


El Caballero Rojo y Martín Karadagian, dos de los amados del público infantil.

Lo que diferenciaba a Titanes de cualquier otro show de lucha libre era su capacidad para combinar deporte, teatro y marketing en un solo producto. No era solo ver peleas: era adentrarse en un universo de personajes inolvidables, cada uno con su historia, su canción y su técnica de combate.  

Desde el terror mudo de 
La Momia hasta la valentía de El Caballero Rojo, cada luchador representaba un arquetipo claro, lo que permitía que el público se identificara y tomara partido en cada combate. Los niños coreaban las canciones de los luchadores, los adultos se maravillaban con la destreza y el dramatismo del espectáculo, y la prensa lo cubría como un fenómeno sin precedentes.

Martín Karadagian, entre las dos momias.

63 años de su debut, sigue vivo en la memoria de quienes lo vieron y en la cultura popular de la Argentina y América Latina. Su impacto fue mucho más que televisivo: definió una era del entretenimiento y demostró que un buen espectáculo, cuando se hace con pasión y creatividad, no tiene fronteras. Porque Titanes en el Ring no fue solo un programa de televisión. Fue una epopeya de héroes y villanos que conquistó el corazón de un continente entero.


La Momia era uno de los personajes más temidos por los televidentes de Titanes en el Ring, a quien casi siempre Martín Karadagian lograba vencer al final del programa.


Titanes en el Ring Martín Karadagián vs. la Momia lucha final. Video: Canal 9 / Canal Volver. 

Titanes en el Ring. Historia y Curiosidades de este mítico programa.