sábado, 29 de septiembre de 2012

¿Quién la asesora?... De Alguna Manera...


¿Quién la asesora?...

Where is Crovara Avenue? Presidenta Cristina Fernández. Dibujo: Pablo Temes.

Cristina enfrenta las acechanzas críticas con falsos relatos, lugares comunes y frases oxidadas. ¿Por qué y para qué?.

La sintonía fina –también uno repite tonterías– llegó al lenguaje local; se cambia ahora “todos y todas” por “la mayoría”. No es la única gran transformación epistemológica del “modelo” ante las nuevas acechanzas críticas, las manifestaciones en la calle y la obvia pérdida de credibilidad del Gobierno y su titular. También se incorporan frases y bromas al mensaje presidencial como si fueran logrados descubrimientos y, en rigor, son lugares comunes que han sido transitados hasta el hartazgo desde hace medio siglo en los colegios secundarios, desde “laica y libre” por ejemplo. Como el latiguillo de que “no hay golpes en los países que no tienen embajada norteamericana”, ironía de aquellos tiempos en que Washington confesaba tener sus propios hijos de puta en los gobiernos de Iberoamérica. La referencia aludía a los Somoza, pero también les cabía a otros nacionales, populares, demagogos. Entonces endulzaba a militares que reemplazaban a otros militares, Centroamérica era un campeonato de golpes de Estado, y personal que se creía propio instalaba en Cuba misiles soviéticos al tiempo que se confesaba marxista. Tan lejos está esa evidencia que, ahora, las apelaciones humorísticas de la mandataria son un chiste viejo, más cuando las embajadas de Estados Unidos al sur del río Bravo –para seguir con las recurrencias de los 60– son sinecuras para aportantes en las campañas o destinos bucólicos para algún representante de minorías. Afortunadamente.

Pero no sólo algo cambió en el país; también mudaron opiniones en el exterior. Al menos Ella. Ya no sale de la suite hotelera altivamente para desfilar, con boina ad hoc, look Juliette Greco, en una marcha humanitaria por las calles de París, registrada por la TV Pública y privada. Al contrario; ahora no puede exponerse, provoca agravios e insultos, le hacen cacerolazos en la Gran Manzana; hasta pasear por el Central Park puede ser más peligroso que antes de Giuliani. Una vejación injusta, como si fuera un dictador africano. Quizás sea una campaña promovida por los intereses del monopolio Clarín, como denuncia el oficialismo. Pero Ella se anonada, sanciona –envía mensajes en ese sentido a sus huestes del Sur– y se enoja como el personaje de Qué he hecho yo para merecer esto. No hay respuesta, pero sí un tema musical nuevo de Los Súper Ratones (el grupo que más interesaba al ex jefe de Gabinete Alberto Fernández, como Mancha de Rolando con Amado Boudou) que se expresa metafóricamente al respecto. Sutilezas de la vida, exageraciones del periodismo por enlazar la vida con el amor, el odio y la política, sin duda.

Debe haber un motivo existencial y evasor en la burocracia del Estado, por lo tanto, para enviarla a Cristina como protagonista de una campaña retro, hacia un túnel del tiempo con citas de lo que otros viejos leyeron sólo en titulares, suponiendo que pasados best sellers de universidades –Huntington o el japonesito que Gustavo Beliz, ministro de Kirchner, traía a la Argentina– son letra viva hoy. Como si respiraran y se movieran los ejércitos de terracota. Fueron esos nombres, apenas, una referencia de sobaco, laterales, sectarias expresiones, como suponer que Guy Sorman es un pensador del liberalismo. Otra vez lugares comunes, decrépitos además por culpa e influencia de internet y las redes sociales, y su pavorosa instantaneidad. Es sorprendente cómo se ganan la vida ciertos asesores de la Casa Rosada, casi como los periodistas en extinción, sin ver lo que ocurre en el aire, en el lenguaje espacial, buscando impresiones en libros escondidos de la biblioteca, amarronados y malolientes, sabiendo que hay un cliente que siempre compra esa mercadería creyendo que es de culto, incunable.

Fascinante ejercicio de librero, para incluir en los discursos conceptos de Franz Fanon sin dar su nombre ni recordar que, para él, entonces conservar el velo en las musulmanas era un acto revolucionario para la independencia mientras que esa obligada conservación del atuendo y tal vez otras costumbres que Occidente no entiende –la lapidación de las que engañan al marido o el ahogo en un balde de las chinitas a las que les toca nacer como segunda hermana– en la sopa de letras de Cristina representan culturas que no deben modificarse. Como la de que los indios no vayan al dentista ni al médico, se hacinen y contraigan alegremente enfermedades. Seguro que no piensa así, pero se expresa con demasiada velocidad o urgencia en su canal Volver (¿seguirá después del 7 de diciembre?) y cuesta entender su pensamiento global, como los requiebros a Francia y a los distintos ocupantes del Elíseo como defensores de los derechos humanos cuando, en esas mismas décadas a las que recurre Cristina en sus alocuciones, esos galos malhumorados perfeccionaron brutales tecnologías represivas en Argelia e Indochina, y sus agentes de inteligencia las desplegaron por el mundo, no evitaron relaciones con los militares argentinos, más bien los adoctrinaron y hasta casi con seguridad participaron en secuestros y desapariciones como los ocurridos en la iglesia Santa Cruz. ¿Ningún asesor le cursa esta información?

Tampoco le agregan un gramo de imaginación o talento para responder a las previsibles preguntas sobre el cepo cambiario, las conferencias de prensa, su ascendente patrimonio personal o la re-reelección. Demasiada improvisación, demasiado nerviosismo y, sobre todo, lamentable desprecio por ciertos sectores (lo de la Universidad de La Matanza resulta inexplicable). Visto a la distancia, Carlos Menem parecía más ducho al hablar de estos temas molestos, incómodos, menos aficionado por lo menos. Es que aun una travesía por el mundo estudiantil y superficial de la conservadora Georgetown o la neoliberal Harvard requiere de una mínima elaboración. Una abogada exitosa, como seguramente ha sido Cristina si se atienden sus palabras, debe saber que para estas instancias debería proponerle a su cliente no tanto expresar la verdad, cuya certeza siempre es controvertida, sino organizarlo para que se convierta en un hábil declarante. Curioso: a veces, lo que se vende en el mercado no es lo que se consume en la casa.

© Publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el viernes 28 de Septiembre de 2012.

Mi Amigo Huracán... De Alguna Manera...


Mi Amigo Huracán…

Primer escudo del Club Atlético Huracán, 1908, Buenos Aires, República Argentina.

Acá estoy, sentado en el colectivo, mirando por la ventanilla como algunas personas corren por llegar a destino, otras caminan sin ninguna otra preocupación que comprar comida, o tal vez, ropa o alguna necesidad material que logre satisfacer sus deseos más urgentes. ¿Yo?, voy camino hacia el hospital, un tanto preocupado y a la vez impaciente por llegar a mi destino. Ayer me enteré de que un amigo cayó bajo, toco fondo, que venía trastabillando en las últimas semanas hasta que finalmente tuvo que ir a parar al hospital. Ese amigo que voy a visitar se llama Huracán.

En la parada de la esquina bajo y giro hacia la derecha para caminar cuadra y media y llegar al hospital. Mientras voy caminando miro el cielo completamente nublado, con nubes oscuras, cuervas, negras de tormentas, de esas que en cualquier momento te escupen una lluvia torrencial que te hacen correr como loco para cualquier lado seco o reparo. Ya cerca de mi destino empiezo a ver gente, mucha gente arropada con esos colores inconfundibles como lo son el blanco y el rojo, esos colores que pintan la pasión, la locura, que nos identifica de los demás. Entro al hospital.

Adentro, veo más y más personas con los colores, pero esta vez el grado de ánimo es bajo, deprimente, observo caras largas, escucho llantos. En una esquinita de la sala de recepción hay personas rezando, en otra hay personas calladas, silenciosas, dolorosas; sigo caminando y la desesperación me empieza a invadir hasta llegar a perderme en el viejo hospital, le pregunto a una joven con cara muy triste: ¿Sabés en que habitación está?, ¡Si, en la habitación 73! me contesta con voz bajita. Camino y camino, veo la hora y pienso en que llegue justito para el final del horario de visita, capaz me dejen verlo me pregunto, aunque sea dos minutitos, algo.

Llego a la habitación 73, veo salir 3 amigos, jóvenes, medio entre llantos y caras de esperanza y les tiro una pregunta al aire, ¿Y, como está?, uno me contesta, ¡pasó rápido, porque va a venir la enfermera y no va a dejar entrar a más nadie!, entro.

Ya en la habitación 73 lo veo…postrado en una cama, cara pálida, enferma, me quedo un rato paralizado al verlo en semejante situación, miro para todos lados, busco respuestas a ninguna pregunta que me hice todavía, no sé, habrá sido el shock de verlo desmayado, con los ojos cerrados pero vivos, con el corazón lastimado pero aun latiendo muy fuerte, no lo sé, mi cuerpo se mueve involuntariamente hacia él, camino un par de pasos, me siento en la silla al costado de su cama y le tiro una pregunta, ¿Me escuchas?, no hubo respuestas, ahí es cuando empiezo a perder una lagrima, dos quizás tres, y le tomo la mano izquierda.

- ¿Qué te hicieron globito?, ¿Quién o quiénes fueron los cara duras que te llevaron a esta realidad?, ¿Cómo es que la suerte te es esquiva, te es casi nula?-, no me contesta, silencio, solo el ruido del respirador bastante fuerte, entonces apoyo la oreja hacia el aparato que lo ayuda a mantenerlo vivo, y alcanzo a escuchar voces, escucho:

Globo, globo de mi vida, vos sos la alegría de mi corazón ♫♪...


Me doy cuenta que el respirador es lo único que lo mantiene con nosotros, y ahí empiezo a temblequear, se me empieza a erizar la piel, me sudan las manos, largo un llanto aborbotonado, contenido, sufrido, reprimido, y le hablo.

Aunque no me contestes, yo sé que me escuchas Huracán, decime; ¿pensáis darte por vencido? ¿Vas a tirar más de 100 años de historia, de alegrías, de momentos inolvidables y otros no tantos, pero en fin tanta vida? ¿Y si te vas, que hago yo? ¿Que hacen ellos? ¿Qué van a hacer esas caras inundadas de llantos, de esperanza por verte salir de esto, que han copado la sala de espera, la sala de recepción, y coparían cualquier sala de lo que sea del viejo hospital del barrio?, quiero decirte que no estás solo, que ellos están, que yo estoy, todos estamos unidos para verte mejor, la vieja esperanza del principio del siglo pasado por verte grande, más grande que nunca, nos ha llenado de fuerzas que te las estamos mandando en cada partido, en cada minuto. Abrí los ojos y decime que no te rendís, que seguís fuerte a pesar de la marea en contra, que a pesar de que te robaron, te ultrajaron, te manosearon tantas mentes huecas y sin pasión, todavía tenés fuerzas para levantarte y pelear. Yo sin vos, no sería yo, sería una cosa más entre todo, largaba emocionalmente yo… ¡cuando de repente!, llega la enfermera y me avisa que se termina el horario de visita.

Medio entre empujones trata de sacarme de la habitación y yo le tiro a mi amigo Huracán un consuelo: ¡Globo, mañana voy a venir otra vez, y el domingo voy a la cancha, voy a demostrarte que en las malas estamos muchos más! Salgo de la habitación 73.

Muchas personas se habían ido, y otras aun seguían firmes, pensé que tal vez se trataba de algún caso de fidelidad o abandono, pero no me preocupé, porque yo sé lo que siento, yo sé el amor que tengo, yo sé la fidelidad que le tengo a mi amigo Huracán. Salgo del hospital, me prendo un pucho y empiezo a recordar el sonido del respirador artificial, ¿Cómo era?:

Globo, globo de mi vida, vos sos la alegría de mi corazón ♫♪♫

© Escrito por Maximiliano (JuJu) y publicado en patriaquemera.com el viernes 28 de Septiembre de 2012.

La reina está desnuda... De Alguna Manera...


La reina está desnuda...

Foto: http://www.embelezzia.com

Florencia estudió Dirección de Cine en la New York Film Academy. Y a sus padres les costó la friolera de 42 mil dólares A.d.C. (que no significa “antes de Cristo” sino “antes del cepo o del corralito verde”, como usted prefiera).

Juan Ignacio Maquieyra tuvo que pagar 40 mil dólares para hacer una maestría en la Escuela de Gobierno de Harvard. En este caso, fue becado en 26 mil, gracias a que se recibió como licenciado en Ciencias Políticas con medalla de oro (9,19 de promedio). Los restantes 14 mil los pudo afrontar sumando la venta de su autito, un préstamo de un amigo y los ahorros de su trabajo con Esteban Bullrich en el gobierno macrista.

Florencia dejó las filmaciones en la Gran Manzana el día que murió su padre y después no volvió porque se quedó a acompañar a su madre, ambos presidentes de la Nación con un patrimonio compartido superior a los 79 millones de pesos.
Apenas tiene 22 años cumplidos y en 2008 se quedó libre y tuvo que rendir todas las materias en diciembre para poder terminar el secundario. La propia Presidenta, Cristina, tuvo que cortarle el acceso a internet para que se ocupara más de sus estudios. Pasó fugazmente por la militancia camporista y hoy tiene un perfil mucho más que bajo.

Juan Ignacio tiene 25 años, nació en General Pico, La Pampa, y tuvo los 15 minutos de fama que proclama Andy Warhol cuando le preguntó a la Presidenta sobre si pensaba buscar una nueva reelección. Disfrutó porque junto a sus compañeros lograron su objetivo de alentar a través del debate y la polémica el pensamiento diverso. También con Sebastián Piñera y Dilma Rousseff se había levantado polvareda por las consultas críticas de los alumnos. Pero nadie se había enojado tanto como Cristina, según contó Federico Sturzenegger, presidente del Banco Ciudad y profesor de esa prestigiosa universidad durante tres años.

Juan Ignacio no se ofuscó. Pero pudo palpar el malestar de sus compañeros, sobre todo de otros países, por la manera agria y altanera con que Cristina los maltrató. Sobre todo con sus referencias a lo caro que estaba Harvard y esa actitud chicanera de mirarlos con sospecha por estar estudiando en ese lugar de “ricos”. Entre los varios sincericidios que cometió la Presidenta en Estados Unidos, los más impactantes fueron los relacionados con el dinero. Es un tema que no logra procesar. Sus juicios son variables y antagónicos según de qué lado de los billetes esté ella. Por eso, no solamente se olvidó de lo que les costó Florencia en su abortado desembarco en el cine. También dijo que su fortuna se debía a su exitosa carrera como abogada y generó respuestas de todos los colores recordando la forma en que el matrimonio hizo sus primeros millones y cómo los multiplicó luego desde la función pública. 

El recuerdo más amargo, sin duda, es aquel famoso diálogo con el ex diputado Rafael Flores, defensor de los derechos humanos y de presos políticos. El estudio Kirchner facturaba muy bien ejecutando deudas. Gente sencilla que no podía pagar la cuota del televisor o del auto o de su casa (por la tristemente célebre 1.050, una ley de la dictadura). Flores defendía a la madre de un futuro diputado y abogado que fue primero amigo y luego enemigo íntimo de los Kirchner. Flores y Cristina eran compañeros de militancia en el peronismo y en la juventud universitaria de La Plata. Flores creía que el intento de quitarle la casa a su clienta era un despojo inhumano y usurero y se extralimitó en sus palabras en un escrito. Un día en tribunales se cruzó a Cristina y le preguntó si era necesario caer en ese tipo de legalidades no dignas de un militante popular.

—Mirá, Rafa, nosotros queremos hacer política en serio y para eso necesitamos platita.

Hoy, ese concepto egoísta, más cercano a dos abogados de la abundancia que a dar la vida por el socialismo nacional, generaría rechazo. ¿Se imaginan lo que significaba esa posición mercantilista y mezquina en aquella época de utopías? Los jóvenes peronistas se dividían en cuatro, igual que Eduardo Galeano etiquetó a los argentinos: enterrados, encerrados, desterrados y aterrados. Los izquierdistas en muchos casos se proletarizaban. Jóvenes de clase media iban a trabajar a las fábricas o al campo para vivir en carne propia lo que habían aprendido en los libros de Cooke y Lenin. “Hacer plata” era una actividad reservada para burgueses y enemigos.

En ese choque de realidad y fantasía que Cristina tiene con el dinero, siempre tuvo una actitud distinta que Néstor. El jamás gastó un peso en sus pilchas ni le gustaba aparentar con una casa lujosa. Ella se tiraba la plata encima en carteras, zapatos y accesorios de alta sofisticación internacional. Tal vez por eso no termina de entender qué es lo que está pasando con el dólar. Primero dijo que el cepo era un invento de los medios. Más o menos la misma mentira que decir que habla con los periodistas (algo que comentaremos mañana) o que Perón era un radical que nació en Inglaterra. Después atribuyó a la codicia y la especulación la fiebre por el dólar de los argentinos, sin tener en cuenta dos cosas:

1) Con Lavagna ministro, Prat-Gay titular del Banco Central y Néstor presidente, la gente ahorraba en pesos. No había inflación que obligara a todos a refugiarse en otra moneda.

2) Fue Néstor quien compró dos millones de dólares, algo inédito para un presidente, mientras Martín Redrado mandaba en el Central y sospechaba de cierto tráfico de información privilegiada.

Cristina mostró su verdadera cara en EE.UU. Francisco Quevedo podría haber dicho que don dinero es un poderoso caballero. Un niño de un cuento de Andersen podría denunciar: “La reina está desnuda”.

© Escrito por Alfredo Leuco y publicado en el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el vienes 28 de Septiembre de 2012.

 Expuesta. Durante su periplo estadounidense, la Presidenta mostró varias de sus peores caras.


jueves, 27 de septiembre de 2012

¡¡¡Feliz Cumpleaños De Alguna Manera!!!


2007 - 22 de Septiembre - 2012

5º año...

Siete Veces Siete... De Alguna Manera...


Siete años distintos pero iguales...

Como aquellos sobrevivientes de tragedias colectivas o de situaciones personales límite, Diario PERFIL siente que nació dos veces. El primer parto fue en mayo de 1998, se publicaba todos los días y cerró sus ojos a los tres meses, víctima dolorosa de ambiciones propias y ajenas. Pasaron siete años para que PERFIL volviera a ver la luz, en septiembre de 2005, en formato dominical y al que la aceptación de lectores y anunciantes lo llevó a sumar luego la versión de los sábados. Esta edición conmemora los siete años de aquel renacimiento, lapso en el que algunas cosas cambiaron y otras no tanto.

Por entonces el kirchnerismo ya llevaba un bienio en el poder. Néstor ya había abrazado la defensa de los derechos humanos (como no lo había hecho nunca antes en dictadura o en democracia) con dos elementos simbólicos impactantes: pidió perdón por el terrorismo de Estado y le hizo descolgar al jefe del Ejército el cuadro de Videla del Colegio Militar.

En lo social y económico, ya se habían dado varios pasos para “salir del infierno”. La reestructuración de la deuda externa, con una quita histórica, entreabría una puerta más esperanzadora. Igual, el arquitecto de la salida del default –Roberto Lavagna– sería eyectado como una de las primeras señales de que los Kirchner no toleran mucho la autonomía: lo reemplazó Felisa Miceli, la bolsera.

Miceli fue una de las contadísimas funcionarias que cayeron por una investigación periodística. Y no debe haber sido casual que se publicara en PERFIL, con la autoría de Jorge Lanata. Por aquel entonces, a Lanata no dejaba de sorprenderle que sus muy buenas notas no fueran tenidas en cuenta por otros medios. Ya no le pasa: Clarín se encarga de propalarlo por todo su imperio mediático.

Aquellos eran otros tiempos. Kirchner y Clarín eran amigovios, con uso y abuso de favores procaces: negocios a cambio de trato privilegiado. Para aquel kirchnerismo no había periodismo hegemónico, monopolio ni Papel Prensa apropiado, y Héctor Magnetto era bien recibido en Olivos. Para aquella versión clarinesca de la vida, la corrupción K no existía, TN era Todo Positivo y el Grupo no se cansaba de dar primicias a favor del oficialismo.

Salvo PERFIL, ningún diario protestaba por el manejo arbitrario y discrecional de la publicidad oficial, ni tampoco de la discriminación informativa a la que este periódico era sometido por el Gobierno. El eterno demócrata y dialoguista Alberto Fernández, entonces Jefe de Gabinete, era el entusiasta celador de la segregación, junto al magnate Enrique Albistur.

Con semejante escenario, se entiende por qué hasta ahí aún no surgía el enorme y millonario andamiaje de medios paraoficiales que pululan hoy. Sólo PERFIL (y la revista Noticias) relataban las andanzas de personajes por entonces desconocidos, como Julio De Vido, Cristóbal López, Lázaro Báez, Rudy Ulloa y tantos otros.

Los tiempos han cambiado, pero PERFIL no: sigue haciendo periodismo.

© Escrito por Javier Calvo, Jefe de Redacción de Perfil y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 22 de Septiembre de 2012.