Reformas estructurales, votos asegurados e inflación en alza…
Deforma laboral. Dibujo: Pablo Temes.
Le costó varios días al Gobierno darse cuenta de que no había ninguna
posibilidad de que el proyecto de ley fuera aprobado en la Cámara de Diputados
si no se eliminaba de un plumazo ese artículo. Finalmente, eso ocurrió el
miércoles. En el ínterin fue penoso ver a la senadora Patricia Bullrich
fatigando los sets de televisión y los micrófonos de las radios tratando de
defender lo que era claramente indefendible. El objetivo de esa defensa cerril
era evitar que la modificación del proyecto de ley obligara a remitirlo
nuevamente al Senado para su tratamiento definitivo. Esa meta fue imposible de
alcanzar.
Si
la victoria del Gobierno fue contundente, también lo fue la derrota del
peronismo en general y de la CGT en particular.
Resignado y ya con la perspectiva de lo inevitable, el oficialismo
enfrentó la sesión, con la perspectiva de una victoria parlamentaria segura y
la certeza de que a la batalla en la Cámara baja le seguiría una nueva en la
Cámara alta. El triunfo en la Cámara de Diputados fue contundente y holgado:
145 votos a favor y 115 votos en contra. Los gobernadores de Santa Cruz,
Catamarca, Tucumán, Salta y Misiones –todos peronistas– más el de San Juan
aportaron los votos de sus diputados, dándole así robustez política a la
aprobación del proyecto.
Si la victoria del Gobierno fue contundente, también lo fue la derrota
del peronismo en general y de la CGT en particular. El artículo 44 le dio vida
a la dirigencia sindical para enarbolar la bandera de la protesta y abocarse a
la concreción de un paro general nacional. Hay que subrayar que, en principio,
la CGT permaneció silente ante la aprobación del proyecto de ley. Esa alerta la
dimos varios periodistas, a partir de una declaración de Federico Sturzenegger, quien
en un providencial “sincericidio” se refirió a este artículo queriendo
justificarlo. Fue explicar lo inexplicable. Recién ahí el sindicalismo
reaccionó. Recuérdese, por otra parte, que el triunvirato y la cúpula habían
dado luz verde al proyecto de ley una vez que se habían garantizado los fondos
y aportes patronales que les permiten seguir haciendo política. Nótese el
detalle: seguir haciendo política.
Sturzenegger cometió un sincericidio al intentar justificar los
descuentos por enfermedad
Producida la eliminación del artículo, esa medida de fuerza carecía de
sentido. Debió haber sido levantada. Hubiera sido una medida verdaderamente
revolucionaria, porque hubiese sido una muestra de sensatez, astucia y de
reflejos políticos también. Pero nada de ello ocurrió. Por lo tanto, el paro
fue absolutamente irrelevante desde el punto de vista político, social y
económico. En lo político, porque, finalmente, el proyecto de ley se aprobó; en
lo social, porque la mayoría de la población quiere y necesita trabajar, no
parar; y en lo económico, porque se perdieron centenares de millones de pesos.
Esa es plata que pierde la gente y, en especial, dentro de ese universo, los
que menos tienen.
Para completar el cuadro de lo sucedido el jueves, hay que
mencionar los episodios escandalosos protagonizados por la diputada kirchnerista Florencia Carignano, quien procedió a desconectar los micrófonos de los taquígrafos y se
dirigió de manera vulgar a la diputada Lilia Lemoine que grababa todo y, cuyo
léxico tampoco apela a las más refinadas y elegantes expresiones y palabras tan
abundantes en la lengua española.
El peronismo sigue sin advertir que comete un grueso error si cree que
con el patoterismo va a amedrentar a la militancia y/o la dirigencia de La
Libertad Avanza. En verdad, es exactamente al revés. El
oficialismo –empezando por el Presidente– se siente absolutamente cómodo
navegando por las aguas siempre procelosas de la vulgaridad, la descalificación
y la agresión verbal. ¡Ya deberían haberse dado cuenta!
El cierre de Fate
En el medio de todo esto, surgió el cierre de FATE (Fábrica Argentina de Telas Engomadas).
El momento elegido por la empresa productora de neumáticos generó una
abundancia de hipótesis conspirativas que aún no ha cesado. Javier Madanes Quintanilla, el principal
accionista de la firma, supo exponer hace unos años una curiosa afinidad con el
kirchnerismo. En efecto, durante un acto sucedido en junio de 2012, Madanes
Quintanilla le agradecía a Cristina Fernández de Kirchner por la colaboración de
su gobierno por la posibilidad de reinvertir y generar una mayor cantidad de
puestos de trabajo (sic).
Más allá de estos vericuetos, el caso es representativo de la crisis por
la que atraviesan muchos rubros del sector industrial. La caída del consumo, la
cantidad de productos importados que entran al país sin aranceles, la alta
carga impositiva de la Argentina y la dificultad de obtener créditos a tasas
accesibles constituyen un combo altamente dañino para el entramado productivo
de la Argentina. De esto se habló en la reunión que el ministro de Economía,
Luis Caputo, mantuvo con los representantes de la UIA.
Ambas partes se encargaron de señalar que la reunión había sido cordial.
Dato: cuando de un encuentro de semejante importancia, el subrayado hace hincapié
en “reunión cordial” es que, respecto del fondo de las cuestiones, nada
trascendente pasó y que no se arribó a ninguna solución para un problema. Y eso
fue lo que sucedió: mucho ruido y pocas –muy pocas– nueces.







