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sábado, 17 de octubre de 2020

La última clase magistral de Marcelo Zlotogwiazda... @dealgunamanera...

 La última clase magistral de Marcelo Zlotogwiazda

 

Zloto: “No se puede entender la política, y mucho menos la economía, sin números. Me he peleado mucho por eso”

 

© Escrito por Ernesto Tenembaun el jueves 15/10/2020 y publicado por la página web del Partido Socialista en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de los Argentinos.

 

Aquí, algunos de esos conceptos que Zloto desarrolló en su última clase magistral:


“En 35 años de periodismo económico, si algo aprendí, es que la economía argentina, y cuando hablo de economía argentina de eso depende la política argentina, está determinada por el factor externo. Y no hay manera de resolver esos constantes choques que la Argentina tiene con la falta de dólares si no se modifica la matriz productiva”. 


Zloto en Comodoro Rivadavia, pocos días antes de su deceso.

“Si hay, entre tantas cosas, algo que reprocharle al período kirchnerista es que la matriz productiva básicamente se mantuvo como tal, siendo que, como todos sabemos, ha tenido oportunidades por el contexto internacional, por el viento de cola, de tener recursos como para ir en esa dirección”.


“La modificación de la matriz productiva es lo que va a terminar generando dólares. Cuando digo generando dolares, digo: un país necesita importar indefectiblemente. Porque no puede producir todo, porque sus habilidades tecnológicas no le permiten producir todo, porque sería un despilfarro desde el punto de vista de la eficacia producir todo”.


“Hay cálculos a rolete hechos por economistas sobre cuánto necesita la Argentina de importaciones para mantener determinado nivel de vida. Y lo que necesita Argentina para subir su nivel de vida de importaciones, no es compensado desde hace mucho tiempo por el nivel de importaciones o por el nivel de generación de dólares. No es sencillo modificar la matriz productiva. Es algo que necesita tiempo, es algo que no da rédito político pero es la única manera de resolver el problema: de eso estoy convencido”.


“Respecto del contexto que va a recibir Alberto Fernández y para hablar un poquito bien de actualidad, va a ser un contexto muy difícil. Alberto Fernández va a ser el presidente que reciba un país que en su primer año seguramente será recesivo. Hay sobre esto coincidencias entre los economistas, no solamente entre los considerados economistas profesionales”.


“Emmanuel Álvarez Agis, hombre de estrechísima confianza de Alberto Fernández, lo cual no significa que vaya a ser ministro de Economía, dijo el otro día: “Si Alberto Fernández hace las cosas perfectas, la Argentina puede aspirar a crecer a partir del cuarto trimestre del 2020. Y eso si hace las cosas perfectas, con toda la herencia que va a recibir. El Banco Mundial acaba de publicar ayer sus pronósticos de caída estrepitosa del Producto Bruto del 3,1 por ciento para este año y de 2,1 para el año que viene. O sea: vamos a tener un presidente que asume obviamente como todo presidente generando expectativas de cambio, sin los recursos como para satisfacer demandas”.


“Axel Kicillof declaró ayer textualmente: “No voy a recibir una provincia para poder satisfacer las demandas que tengo”. Cualquiera que lo piense dos segundos va a decir: “Obviamente”. Ahora, es inevitable que un nuevo presidente genere expectativas. Y la población no tiene eso incorporado. Un nuevo presidente se lo vota porque la gente quiere un cambio respecto de lo que existía. Hoy tiene un contexto realmente difícil que empìeza con dos negociaciones clave: el Fondo Monetario Internacional y los acreedores externos. Eso plantea un panorama distinto”.


“Uno puede generar de alguna manera una analogía con lo que fue Fernando de la Rúa. De la Rúa recibió un proceso que, para quienes más o menos sabían cómo venía la situación, desembocaba inexorablemente en una crisis, que era el final de la convertibilidad. Pudo darse, entre comillas, el lujo de estirar eso el primer año. No le salió demasiado bien. Alberto Fernández ya asume casi les diría con la certeza de que en su primer año no va a poder mostrar los resultados que muchos quisieran, o que serían necesarios”.


“Tal vez eso explique, si ustedes hacen un repaso, la moderación en las propuestas que ha hecho el Frente de Todos: ha sido muy cauteloso. Recién ahora empiezan a circular algunos documentos, andan circulando estos días propuestas, donde si bien el catálogo que incluye ese documento es amplio, extenso, audaz, en general es un planteo moderado, cauteloso, por la sencilla razón de que ellos saben lo que les espera”.


Siempre, las crisis fuertes, ni hablar del 2001, que tuvo la Argentina, fueron disparadas por una crisis externa. Y creo que ese es el principal problema de la Argentina. Cuando digo que es el principal problema, me refiero a que es de prioridad analítica. Si alguien me pregunta cuál es el principal problema de la Argentina, obviamente es la pobreza, es la indigencia, es la exclusión. Ahora, resolver la pobreza, la indigencia, la exclusión, es un imperativo moral. Un país como la Argentina no puede tener los números que tiene. Es un imperativo moral que, desde el punto de vista de la economía, tiene que resolverse de distintas maneras. Pero no es el principal problema macroeconómico”.





sábado, 22 de diciembre de 2018

Durán Barba de Macri: Es un modelo de dirigente que disgusta al círculo rojo"... @dealgunamanera...

Duran Barba analizó el llanto de Macri: "Es un modelo de dirigente que disgusta al círculo rojo"...

Jaime Duran Barba estuvo con los alumnos de la Escuela de Educación Perfil. Fotografía: CEDOC

El asesor oficialista analizó la emotividad del Presidente durante la gala del G20, y el significado que esto representa para la sociedad y el círculo rojo.

© Publicado el miércoles 19/12/2018 por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

En el marco de una serie de reportajes en profundidad de la materia Ciclo de Entrevistas, estudiantes de Periodismo de Editorial Perfil, tuvieron la oportunidad de dialogar con Jaime Duran Barba y hablar de todos los aspectos coyunturales y de fondo de la política argentina.

En particular se trató, naturalmente la figura del Presidente y la comunicación. En este campo, no dejó de tratarse la emotividad de Mauricio Macri durante la gala del Teatro Colón en el G20.

Se le consultó al profesor universitario y consultor: "Usted estaba en el teatro Colón cuando Macri comenzó a llorar. ¿Qué pensó de ese momento?", y Duran Barba respondió que "en parte es un alivio de estrés y en parte tiene que ver con el modelo de dirigente que es Mauricio y que al círculo rojo normalmente le disgusta". Y se explayó: "La gente antes elegía estatuas y ahora quiere elegir seres humanos".


Sobre la personalidad del primer mandatario detalló: "El Presidente siempre ha sido un tipo que expresa lo que siente, que incluso mete la pata y se equivoca. Pero la gente quiere que los políticos sean seres humanos y que se equivoquen también, como todos".

"Esa idea del Presidente ideal que estaba momificado no tiene salida", remarcó Duran Barba.


Asimismo, se le consultó por su evaluación general del G20, al margen del emotivo episodio en la gala, y concluyó: "Salió extraordinariamente bien. A veces no nos damos cuenta de que existe un mundo afuera: según datos del Banco Mundial, por ejemplo, está desapareciendo el trabajo tal como lo conocemos, y probablemente dentro de unos 40 años el humano pueda controlar la inmortalidad. Todo eso no se remedia cerrando a la Argentina para que no lleguen los avances. Hay que repensar todo esto a fondo".


(Fuente: www.perfil.com). El periodismo profesional es costoso y por eso debemos defender nuestra propiedad intelectual. Robar nuestro contenido es un delito, para compartir nuestras notas por favor utilizar los botones de "share" o directamente comparta la URL. Por cualquier duda por favor escribir a: perfilcom@perfil.com

domingo, 1 de julio de 2018

¿Nacidos para sufrir?... @dealgunamanera...

¿Nacidos para sufrir?...

La insoportable levedad del ser… Argentino. Dibujo: Pablo Temes.

Razones de un destino asumido que se apoya más en lo cultural que en lo estadístico. Efecto derrame negativo.

© Escrito por Carlos De Angelis el domingo 1º de Julio de 2018 y publicado  por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

Si no sufrís no sos argentino”, lanzó el relator en un grito desgarrador finalizando el segundo tiempo cuando Argentina debía meter el segundo gol a Nigeria para no quedar fuera de la Copa del Mundo.

Creencias. 

Buena parte de los habitantes de este país suscribe a la idea de este relator y piensan que viven en un país donde se está condenado a sufrir. Esto se expresa en la queja e insatisfacción permanente como parte de cualquier conversación, con la convicción que somos una singularidad única en el planeta.

El filósofo griego Cornelius Castoriadis (1922-1997) planteaba que la realidad es instituida socialmente, producida y creada por lo imaginario. Esta realidad organiza las restricciones sociales ordenando lo factible y lo no factible, lo que se puede hacer y lo que es imposible. Esta construcción imaginaria se reproduce continuamente, transmitiéndose en las interacciones sociales, en la educación, en los medios de comunicación masiva y en las redes sociales.

“Irresponsables, impuntuales, incumplidores e irrespetuosos, siempre resolviendo todo en el último minuto. Pero a la vez únicos en el mundo, brillantes e inteligentes”. Este es el imaginario que ha construido la mayoría de los argentinos cuando se pregunta en los focus groups sobre cómo describiría a sus compatriotas. También la vida social ha contribuido a la formación de esta idiosincrasia: una sociedad con permanentes conflictos sin resolver, con una inseguridad urbana ya naturalizada, altos niveles de pobreza e indigencia invisibilizadas, un sistema de transporte sin ningún tipo de regulación, situaciones de agresión que se puede percibir en cualquier parte, una alta inflación que mina cualquier perspectiva económica, y la falta de cumplimiento en los contratos públicos y privados, son solo algunos obstáculos que se deben sortear a diario.

Este imaginario es palpable por ejemplo en la encuesta de la Corporación Latinobarómetro de 2017 cuando el 45,3% de los argentinos sostuvo que el país estaba estancado mientras el 32,3% expresó que estaba en retroceso. Argentina parece ser un país donde es difícil desarrollar un proyecto de vida. Lógicamente se trata de miradas subjetivas, pero estas creencias se transforman en expectativas y acciones sobre el mundo que nos rodea.

Lo objetivo. 

Sin embargo, algunas estadísticas ayudan a ubicar al país por fuera de las subjetividades. Argentina era evaluada por el Banco Mundial como la economía número 21 en el mundo para 2017 (http://databank.worldbank.org/data/download/GDP.pdf), es decir no de las más pequeñas. En tanto para el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, Argentina ocupaba el puesto 45 de desarrollo humano para 2016, posición calificada como muy alta.

La contracara de estos rankings es la distribución del ingreso. 

Para graficar esto se suele emplear el coeficiente de Gini donde cero indica total igualdad (todos tienen los mismos ingresos) y 1 total desigualdad. Para el Gini informado por el Indec esta semana, Argentina tiene una puntuación de 0,440 y figura alrededor del puesto 112 en el mundo, cercano a Perú, Yibuti y Bolivia.

Evidentemente, se trata de un país con grandes de-sigualdades. En 1975 tenía un coeficiente de 0,35, uno de los más bajos del mundo para la época. El país más igualitario del mundo era en 2016 Noruega (0,241), y el país más desigual es Sudáfrica (0,630, dato de 2014).

Hipótesis. 

No es sencillo ni directo comprender por qué Argentina se ha transformado en una sociedad del sufrimiento y del desencanto. Una hipótesis provisional podría indicar que la permanente inestabilidad económica ha erosionado el “carácter de los argentinos” parafraseando al sociólogo estadounidense Richard Se-nnet, quien definió carácter como el valor ético que atribuimos a nuestros deseos y a nuestras relaciones con los demás centrado en el largo plazo de nuestra experiencia emocional. El largo plazo fue eliminado de la perspectiva subjetiva de la argentinidad, creando una nueva identidad: la del héroe que se salva solo cada día. 

Los contextos económicos son centrales para comprender esto, y cada crisis produce evidentes secuelas sociales extendidas en el tiempo. La pérdida constante del valor de la moneda, la alta inflación por largos períodos de tiempo, la fuga de capitales –que no es otra cosa que riqueza acumulada– y la nueva pobreza estructural a partir del 2001 fueron minando este carácter, y permitiendo el desarrollo de otras facetas para crear estrategias para lidiar con las diferentes coyunturas, aunque en ese camino haya que dejar de lado las normas de convivencia, y todo atisbo de solidaridad: la derrota a la “gauchada”, y el triunfo de “la viveza criolla.

La segunda razón de peso estriba en los comportamientos de la clase dirigente. Buena parte de empresarios, políticos, sindicalistas, hasta dirigentes deportivos generan una ejemplaridad negativa, por algo los argentinos tienen una pésima imagen de sus empresarios. Se los supone con comportamientos tan opacos como los políticos, con vidas de ricos y con empresas pobres. Paradójicamente la mayoría de las grandes fortunas del país se hicieron asociadas al Estado, así como gran parte de las empresas de origen nacional fueron vendidas en los años noventa.

Otro tanto pasa con la clase gobernante, que se los supone usando los resortes del Estado para beneficio propio, y sin problemas para romper las reglas cuando resulta conveniente, como se observa en los funcionarios que se enriquecieron con la obra pública en los años del kirchnerismo, funcionarios que operan en paraísos fiscales actualmente, o como cuando utilizan su poder para beneficiar sus negocios. 

Cada pronóstico que no se cumple –como las metas de inflación– consolida la incredulidad del argentino medio, llegando a extremos cuando en el 2001 el gobierno de Fernando de la Rúa impulsó la ley de intangibilidad de los depósitos y días más tarde Domingo Cavallo los confiscó con el Corralito. Es un punto clave: si el que está “arriba” puede quebrantar las normas, por qué no lo haría quien está en la base social: el origen del drama argentino.



(Fuente www.perfil.com). El periodismo profesional es costoso y por eso debemos defender nuestra propiedad intelectual. Robar nuestro contenido es un delito, para compartir nuestras notas por favor utilizar los botones de "share" o directamente comparta la URL. Por cualquier duda por favor escribir a: perfilcom@perfil.com 

sábado, 21 de octubre de 2017

Objetivo 6: Asegurar agua potable y saneamiento... @dealgunamanera...

 Objetivo 6: Asegurar agua potable y saneamiento...


Cuando nos referimos al agua potable y saneamiento, las evidencias no son muy positivas. En América Latina, es un sector que se caracteriza por bajas coberturas y mala calidad del servicio ofrecido, debido a los inconvenientes financieros de las prestadoras de estos servicios.

© Escrito por Fernanda Medeiros (España/Brasil) el jueves 05/11/2015 y publicado por MSD Idiomas Madrid de la Ciudad de Madrid, España.

La falta de incentivos para la mejora de la gestión ha conducido el sector a un nivel de sostenibilidad no tolerado. Además, existen divergencias entre la política tarifaria y las inversiones y financiamiento, que caminan en direcciones opuestas. Dentro del marco institucional y regulador, se requiere ajustes para mejorar la gestión de las empresas responsables por los servicios de saneamiento y para permitir que los órganos gubernamentales competentes ejerzan su función con eficacia.

Los servicios de agua y saneamiento intervienen de manera positiva en los indicadores de nutrición, salud y educación. Asimismo, representa la competitividad de un país en el sentido de contribuir con la mejora sostenible de calidad de vida de la población.

Si bien este sector ha sido incluido en los previos Objetivos del Milenio, debemos entender que con solo ampliar los recursos destinados no se garantiza inversiones sostenibles, ni tampoco que el agua potable y saneamiento va a llegar a los que más los necesitan. Por lo tanto, es necesario una política y metodología que priorice la asignación de recursos a favor de esta parte de la población desfavorecida y que mejore la gestión de las empresas del sector.


El uso del agua debe ser basado en un coste al recurso hídrico. En estos momentos, las tarifas cobradas por las empresas solamente incluyen costes a corto plazo, cuando deberían incluir costes a plazos intermedios. De este modo, observamos que estas compañías están retrasadas y no son capaces de reflejar un coste medio a plazos intermedios, debido a la falta de una medición precisa del uso del servicio por parte de la población.

Una de las estrategias para mejorar la gestión de servicios es optimizar la capacidad instalada a través de la ampliación de la medición de su uso, antes de ampliar el sistema con nuevas inversiones. Una mayor medición contribuirá a la identificación de elementos para en el futuro, abordar el problema del agua que no se factura. En el mismo sentido, el sector debe revisar la distribución de recursos a favor de un mejor financiamiento de las inversiones y adecuar los incentivos obtenidos. A fin de mejorar la gestión de esta prestación de servicio, también se abrieron puertas a la participación privada a través de concesiones.

Los principales desafíos del sector son:

Mejorar las coberturas y la calidad del servicio. 

Si bien las áreas que están mejor atendidas se sitúan en los centros urbanos, hay pequeñas ciudades, zonas urbanas marginalizadas y zonas rurales que carecen de este servicio, principalmente en América Latina. En los pequeños centros urbanos donde no llegan estos servicios, la población cuenta con la diminuta cobertura de compañías privadas. Estas empresas no garantizan el uso adecuado de los sistemas implantados ni tampoco reúnen las condiciones mínimas de sanidad exigidas. Además, el precio del servicio ofrecido es muy elevado.

Aumentar las inversiones y establecer una política financiera.

Las inversiones en el sector de los últimos años presentan una gran volatilidad y una tendencia decreciente. La volatilidad se debe al grado de dependencia de las compañías con las financiaciones del Estado. Por esta razón, es necesario que los países dispongan de una política financiera que garantice la generación de recursos necesarios para financiar el sector y medios para obtener inversiones sostenibles para mantenerlo estable.  

Mejora de la situación económica de las empresas. 

Hay evidencias de que la situación económica de las empresas de agua potable y saneamiento no son las mejores. Los ingresos obtenidos son suficientes para cubrir solamente los costes operativos. En los últimos años, no ha habido mejora sino que los indicadores apuntan hacia una dirección opuesta. Estas empresas están deteriorándose y no hay ninguna estrategia de mejora eficiente puesta en marcha.

Sistema de tarifas adecuado. 

Si bien se reconoce que el agua tiene un valor social, económico y ambiental y que su uso debe estar interrelacionado con estos valores, no se ha establecido un coste al recurso hídrico por lo que las tarifas cobradas incluyen solamente los costes por los servicios ofrecidos. Las tarifas cobradas estarían más adecuadas si incluyesen un costo intermedio a un plazo intermedio.

Ajustes en el marco institucional y regulatorio. 

Recientemente hubo cambios en el marco legal y regulatorio del sector que incluyeron contratos de explotación, funciones del ente rector, directorios de las empresas municipales, plan maestro optimizado y por último, tarifas y ampliación al ámbito rural y pequeñas ciudades. Como todas las ciudades son los prestadores de servicio en un mercado libre de competencias y fijan sus propios precios, los gobiernos adoptan las políticas tarifarias y prácticas operativas incapaces de mantener la sostenibilidad y el crecimiento del sector.

Generación de incentivos para una gestión de servicios eficaz. 

La prestación de servicios y aprobación de tarifas son de responsabilidad municipal en el ámbito urbano lo que colabora, en gran parte, a la generación de incentivos para la mejor gestión. Esta estrategia debería ser una prioridad para la gestión de las empresas una vez que torna posible identificar la medición de agua no facturada de acuerdo con el avance de la ampliación de cobertura.

Aumentar la sostenibilidad de las inversiones. 

Las inversiones realizadas desde un nivel central no son sostenibles porque las decisiones fueron tomadas sin tener en cuenta la participación y empoderamiento de las empresas. Se ha identificado que parte de los servicios es sostenible y otra parte, está colapsada. De esta manera, se considera que la construcción de obras y otras actividades pueden colaborar con la mejora de la sostenibilidad de las inversiones.


Hemos visto que hay mucho lo que hacer en las zonas menos desarrolladas. Si bien el sector del agua potable y saneamiento es un recurso básico para una población, sabemos que no alcanza a todos. Quizás por ser un recurso básico, se torna incluso olvidado por existir otras prioridades en las políticas de los Estados. Entretanto, hay que darle especial atención, ampliar sus límites y ofrecer una mejor calidad de vida a todos los ciudadanos.

A través de mayores inversiones en el sector y aplicación de políticas adecuadas para la regulación de tarifas y mejora de la calidad del servicio, será posible atingir la sostenibilidad en el sector. Lo que nos queda por saber es cuánto de inversión estará destinada a este objetivo para poder repartir entre las empresas prestadoras de servicio (públicas o privadas) y la ampliación de los recursos en los próximos 15 años.

De tal manera, debemos pensar que siempre habrá áreas aisladas y alejadas, en las cuales nunca llegarán este recurso, sea por inviabilidad de las obras o bien por los bajos beneficios al introducir un sistema adecuado. En este caso, será más conveniente aplicar políticas sociales que apoyen la movilidad de la población más carente a zonas que estén atendidas por estos recursos básicos.

Referencias bibliográficas:

Marmanillo, Iris. (2007). Agua potable y saneamiento. Banco Mundial, pp. 325-351.


sábado, 30 de agosto de 2014

Kirchnerismo radicalizado… De Alguna Manera...


Kirchnerismo radicalizado…


El más entusiasmado por la extravagante aventura que Cristina ha emprendido es Axel Kicillof.

A juzgar por las encuestas de opinión, más del ochenta por ciento de la población quisiera que el país contara con un gobierno moderado encabezado por un centrista nato como Mauricio Macri, Sergio Massa, Daniel Scioli o Julio Cobos. Pero para Cristina tales detalles carecen de importancia. Es la jefa absoluta y le es dado hacer cuanto se le ocurra. Puesto que el orden político nacional es “verticalista”, a una presidenta peronista todo le está permitido. Aunque perdió el apoyo de la mayoría hace tiempo, cuenta con algo que, pensándolo bien, le es mucho más valioso que aquel 54 por ciento de los votos que obtuvo en octubre de 2011: el temor a que el país sufra una crisis institucional equiparable con la que, a fines de 2001, acompañó el colapso de la convertibilidad, cuando media docena de personajes se entretuvieron jugando sillas musicales con la presidencia de la República y millones de personas se vieron expulsadas de lo que para ellas había sido la normalidad.

La vieja consigna “yo o el caos” ha conservado su vigencia. Sin excepciones significantes, los líderes de las diversas agrupaciones políticas que se han improvisado últimamente quieren que Cristina termine su mandato a la hora prevista por el calendario institucional. Si bien a menudo se siente “un poco nerviosa”, la señora está más que dispuesta a aprovechar a pleno la libertad que le han concedido. Sin prestar atención a los gritos de alarma que están profiriendo empresarios asustados, sindicalistas desbordados por rivales que corean lemas izquierdistas y dirigentes no sólo opositores sino también, a su modo, los presuntamente leales, la presidentísima está librando una cruzada furiosa contra buena parte del resto del planeta.

¿Y por qué no? Además de caerle encima una y otra vez, el mundo, dominado como está por buitres inmundos, yanquis prepotentes, jueces foráneos que no le obedecen como corresponde y los nunca adecuadamente denostados neoliberales, la ha traicionado. En cuanto al país, desde hace mucho Cristina entiende que no está a la altura del relato heroico que le ha ofrecido.

El más entusiasmado por la extravagante aventura que Cristina ha emprendido es Axel Kicillof. Convencida de que el hombre que se niega a vestir corbata es “un genio”, Cristina le ha regalado un laboratorio espléndido, la Argentina, en que poner a prueba las teorías decimonónicas que tanto le gustan. En la Unión Soviética y China, el marxismo-keynesianismo o lo que fuera fracasó de manera realmente espectacular, pero Axel sabe que en el fondo los camaradas tenían razón. Al fin y al cabo, hasta el

Papa coincide en que el capitalismo liberal es un bodrio, de suerte que hay que reemplazarlo ya por una alternativa más humana, más inclusiva y menos exigente.

Cristina y los muchachos –algunos ya canosos– de La Cámpora aparte, pocos se sienten gratamente impresionados por las ideas de Axel. Antes bien, las toman por arbitrariedades típicas de un profesor un tanto chiflado cuyas teorías podrían sonar muy lindas cuando las expone en una aula llena de estudiantes contestatarios pero que, por desgracia, no tienen mucho que ver con lo que sucede fuera de los claustros académicos. Es lo que piensan virtualmente todos los empresarios, incluyendo a muchos que se habían acostumbrado a aplaudir como es debido los disparates presidenciales por entender que no les convendría figurar en la cada vez más extensa lista negra del oficialismo.

Con unanimidad sorprendente, los hombres de negocios creen que la resucitada Ley de Abastecimiento que tanto había contribuido a agravar las dificultades de la recordada etapa isabelina, no sólo les haga la vida imposible sino que provoque la muerte por estrangulación de la ya postrada economía nacional. Encontraron aún más intimidante, si cabe, la amenaza – producto de una “confusión”– de Cristina de tratar como terroristas a quienes siembren miedo cayendo en bancarrota.

Es verdad que el primer blanco de la ira presidencial ha sido una empresa de capitales yanquis, la imprenta Donnelley, pero no hay garantía alguna de que no acuse a otras de tener entre sus accionistas a personajes vinculados con los buitres. Sea como fuere, dadas las circunstancias en que se halla el país, ensañarse así con una empresa extranjera no ayudará a restaurar la confianza de los inversores. Por el contrario, al hacerlo Cristina se las arregló para cometer los presuntos delitos que, en un discurso enardecedor, atribuyó a la empresa gráfica de “atentar contra la economía” y generar “temor”, pero tal vez resulte imposible aplicarle a la Presidenta la ley antiterrorista.

El clima imperante en el país sería distinto si hubiera motivos para suponer que Kicillof haya fraguado un plan magistral que, instrumentado con eficacia por los funcionarios de la repartición que encabeza, serviría para que la maltrecha economía nacional reanudara el crecimiento luego de un intervalo recesivo ya bastante largo, pero, por desgracia, no hay ninguno. Fuera de los reductos kirchneristas, el consenso es que Cristina no entiende nada de economía salvo, quizás, las partes relacionadas con la hotelería, de ahí la proliferación de feriados y puentes, mientras que el superministro subordina los molestos datos concretos a las abstracciones que tanto le gustan. Es natural, pues, que los empresarios, asalariados y jubilados, es decir, casi todos, se sientan atrapados en un vehículo con las puertas bien cerradas que, conducido por principiantes, está a punto de precipitarse por un acantilado.

Antes de regresar los buitres al centro del escenario, parecía que Cristina y Axel querían hacer los deberes para que la fase final de su gestión transcurriera sin demasiados sobresaltos. Compraron la entrada a los mercados de capitales repartiendo miles de millones de dólares entre Repsol, los países del Club de París y las empresas que habían ganado juicios en el Ciadi, el tribunal del Banco Mundial. Pero la epopeya de la normalidad concluyó abruptamente no bien entró el país en un default “selectivo”. Al darse cuenta Cristina de que los holdouts le brindaban una oportunidad para recuperar una parte del capital político que había despilfarrado, optó por declarar la guerra no sólo contra ellos sino también contra la Justicia norteamericana, tan distinta ella de la argentina y, por las dudas, contra el gobierno de Barack Obama que, hasta ahora, se ha limitado a manifestar su extrañeza ante la actitud asumida por los amigos kirchneristas.

El pánico que algunos sienten puede entenderse. Aun cuando, para asombro de muchos, los bonistas prefirieran cobrar en Buenos Aires a esperar hasta las calendas griegas en Nueva York, la economía continuaría desintegrándose. Para combatir la inflación, Cristina y Axel confían en la maquinita. ¿La producción está bajando? Multarán a empresarios nada patrióticos que se nieguen a operar a pérdida. ¿Los pobres –aún quedan algunos– podrían participar de manifestaciones callejeras violentas? Para tranquilizarlos, el gobierno popular aumentará el gasto público y repartirá más subsidios. En cambio, no podrá hacer subir el precio de la soja; los granjeros norteamericanos se han sumado a la conspiración anti Cristina produciendo lo que, según algunos, será una “supercosecha”.

Desde el punto de vista de quienes sospechan que a veces los tan despreciados economistas “ortodoxos” podrían tener razón, el voluntarismo alocado del superministro está llevando el país hacia un desastre descomunal, uno comparable con los que, para perplejidad del resto del planeta, aquí son rutinarios, pero tal eventualidad no parece preocupar a quienes están al mando del maravilloso “modelo” que los kirchneristas han patentado.

Si estuviéramos en vísperas de las próximas elecciones presidenciales, el que el gobierno de Cristina haya decidido huir frenéticamente hacia adelante con la esperanza de alejarse de la bomba de tiempo que con tanta habilidad ha armado no resultaría tan extraño. Es lo que suelen hacer los populistas al acercarse la hora de irse y el país está habituado a que el modelo salvador de turno termine en llamas, razón por la que la moneda de referencia nacional por antonomasia es el dólar estadounidense.

Pero sucede que, conforme con las reglas, tendrán que pasar casi 500 días antes de producirse el cambio de gobierno que tantos anhelan. Mal que nos pese, se trata de tiempo más que suficiente para que una presidenta resuelta a desquitarse por vaya a saber cuántos agravios ponga de rodillas a la clase media, de tal modo enseñándole a portarse mejor, y depaupere aún más a los ya desesperadamente pobres para que recuerden con nostalgia los días en que la economía crecía a tasas chinas y había planes para todos y todas.

Felizmente para el Imperio, la Argentina no está en condiciones de ocasionarle muchos problemas. Los únicos países cuyos gobernantes pueden sentirse perturbados por las excentricidades de Cristina, Axel, el canciller Héctor Timerman y compañía son vecinos como Brasil, Paraguay y Uruguay, aunque ellos también han procurado distanciarse económica y anímicamente de lo que les parece un foco de infección peligroso. Lo mismo que la mayoría de los argentinos mismos, entienden que, hasta nuevo aviso, el país del modelo kirchnerista no será un socio confiable sino una fuente de problemas insólitos.

© Escrito por Jaime Nielson el Sábado 30/08/2014 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.