Donde manda capitán...
"Amado blues" Amado Boudou. Dibujo: Pablo Temes
Otra irrupción explícita y autoritaria de Cristina, que
pone en entredicho el liderazgo del Presidente.
© Escrito por Nelson Castro el sábado 05/12/2020 y
publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Las idas y
vueltas del proyecto de ley de movilidad jubilatoria tienen la mezcla de acción
y devenir casi bizarro de una película de Tarantino. Calendario mediante, la
reconstrucción de esta historia muestra con crudeza que quien manda en este
gobierno es Cristina Kirchner.
Miércoles
18 de noviembre: el anuncio. La titular de Anses, Fernanda
Raverta; y el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, anunciaron un aumento por
decreto del 5% en diciembre para jubilados, pensionados y beneficiarios de
planes sociales y asignaciones familiares. Raverta: “Queremos transmitirles a
los jubilados una buena noticia: anunciamos el último aumento por decreto del
presidente AF ya que enviamos al Congreso el proyecto de reforma de movilidad
jubilatoria”.
¿Valía la pena un
anuncio conjunto con bombos y platillos para un aumento que –de bolsillo–
representaba menos de $ 900? El ombudsman de la tercera edad, Eugenio Semino,
lapidó la medida: “Se trató de una actitud casi miserable. Son $ 30 por día que
equivale al valor de una galletita Tita”. Recuérdese que el valor de un litro
de leche de segunda marca oscila entre 43 y 48 pesos.
Sábado 28
de noviembre: la sorpresa. Esa mañana los matutinos dieron
cuenta de un hecho lamentable: el Gobierno descontaría a los adultos mayores el
aumento del 5% estipulado para diciembre en el reajuste de marzo de 2021. Así,
contrariando la expectativa y el espíritu con que fue anunciado, el incremento
sería solo un anticipo o pago a cuenta de las recomposiciones de haberes a
otorgar al año siguiente. La oposición en bloque salió a criticar la medida. A
esa crítica se le agregó un “sentimiento de vergüenza” dentro
del propio Frente de Todos.
Miércoles
2 de diciembre: donde manda capitán... De manera
unilateral e inconsulta la ex presidenta en funciones determinó que el aumento
a jubilados no sería a cuenta de lo que se otorgará en marzo y pidió
volver al esquema de movilidad vigente en su gobierno. Palabra de jefa. Lo que
fue destacado por parte del oficialismo como “un acto de justicia y generosidad”
tuvo, en realidad, la necesidad de capitalizar esa movida política y aquietar
las aguas de cara al debate en el Congreso. Varios legisladores y referentes
del FdT habían dejado sentado su disgusto por lo ocurrido.
Jueves 3
de diciembre: el papelón presidencial. En un intento
vano por enmendar la mamarrachada, el Presidente dijo que los cambios fueron
idea de él y no de CFK. “Con Claudio Moroni y Fernanda Raverta se nos ocurrió
volver a la fórmula original de Cristina y hacer actualizaciones trimestrales”.
Hubiese sido mejor no aclarar nada y evitar agregar deterioro a la ya devaluada
palabra presidencial.
Un dato más: este
mes los más de 4 millones de jubilados que cobran la mínima recibirán $ 19 mil,
lo mismo que cobraron hace un año: $ 14 mil de la mínima de aquel entonces más
un bono de $ 5 mil. Esto evidencia que nadie en la clase dirigente se preocupa
por nuestros adultos mayores.
Desde el punto de
vista de los ingresos de los jubilados, la movida de la ex presidenta en
funciones tiene un efecto nimio. “Es todo humo”, como lo afirmó un especialista
en el tema. El efecto más importante es el político. Una voz albertista:
“Cada vez que AF busca encarrilar un poco los números de la economía,
aparece Cristina y, de un plumazo, desbarajusta todo”.
La Justicia que molesta al kirchnerismo. Fue una buena semana para la República. La Justicia hizo valer su independencia y falló de acuerdo con la lógica de la evidencia. En un caso fue la Sala I de la Cámara de Casación que confirmó la validez de la Ley del Arrepentido, sentencia que puso a buen resguardo la causa de los Cuadernos de Centeno que la vicepresidenta busca voltear afanosamente.
En el otro caso, fue la Corte Suprema de Justicia
que, en fallo unánime, confirmó la condena al ex vicepresidente Amado Boudou por
la causa de la adquisición de la empresa Ciccone Calcográfica. En ambos
procesos, el peso de las evidencias es de tal magnitud que, si los fallos
hubiesen sido distintos, habrían significado un escándalo.
Hubo cacareo en el kirchnerismo por el fallo adverso a Boudou. Desde ese punto de vista, las críticas de Andrés Larroque y Axel Kicillof no sorprendieron. Lo que sí resultó sorpresiva fue la defensa que del ex vicepresidente hizo el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, que dijo que Boudou “merece que sus derechos no sean pisoteados” y sostuvo que la Corte Suprema de Justicia debe “hacerse cargo de un proceso plagado de irregularidades y arbitrariedades”. Curiosa la crítica de Cafiero, que no tiene la más mínima idea acerca de la causa. Se ve que no leyó el artículo sobre el caso que Alberto Fernández escribió para el diario La Nación, publicado el 30 de mayo de 2014, en el que decía: Todas las excusas dadas por él hasta aquí se han ido desvaneciendo con la misma velocidad con la que el agua se escapa entre los dedos. Boudou ya no tiene coartadas.
Los
argentinos saben cuánto ha mentido en su alocada carrera por escapar de los
hechos que se le atribuyen”. Tan sobreactuado y poco inteligente fue lo de
Cafiero que generó reacciones negativas dentro del mismo del kirchnerismo. La
confirmación de la condena a Boudou generó, además, una disconformidad con el
Presidente por parte de los secuaces de CFK que la mano del Poder Ejecutivo
sobre la Justicia hubiera derribado todas en su contra.
Mientras
tanto, la realidad. “Logramos que no haya argentinos con hambre”, afirmó sin
sonrojarse Alberto Fernández en la conferencia de la Unión Industrial
Argentina. Lo dijo el mismo día en que se conoció el nuevo índice de
pobreza elaborado por el Observatorio de la Deuda Social de la Universidad
Católica Argentina. El número –44%– y los datos sobre la niñez –6 de cada 10
menores son pobres– no son solo alarmantes sino también sobrecogedores. ¿En
dónde quedó el Consejo Federal contra el Hambre?
Son números que
condenan a la Argentina a un futuro de fracaso. La única manera de cambiar ese
destino es generar acuerdos políticos sólidos y duraderos. Eso es lo que el
Presidente prometió y evidentemente olvidó.