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domingo, 17 de julio de 2022

Una agonía premeditada... @dealgunamaneraok...

 Una agonía premeditada... 

Propaladora del odio. Dibujo: Pablo Temes. 

El plan Batakis y su ortodoxia solo buscan calmar a los mercados y ganar tiempo. A la jefa no le conviene un colapso prematuro. 

© Escrito por Nelson Castro el sábado 16/07/2022 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República de las/os Argentinas/os.


La realidad demuestra con precisión quirúrgica los detalles del plan de subsistencia del Gobierno para llegar lo mejor posible a 2023. El plan Batakis consiste en dar señales de coherencia cercanas a la ortodoxia económica para corregir el rumbo del Titanic. Así lo acordó la ministra de Economía no solo con el presidente nominal, Alberto Fernández, sino, sobre todo, con la ex presidenta en funciones, Cristina Fernández de Kirchner. Batakis y CFK hablaron al menos en dos oportunidades. Sin embargo, está claro que la “excelentísima” tiene otros planes.

 

CFK es un animal político sin un pelo de ingenuidad. A la ministra de Economía la enviaron a dar las señales correctas a los mercados con la finalidad de ganar tiempo. A la jefa no le conviene el colapso prematuro. Una agonía premeditada cargada sobre las espaldas del presidente nominal sería un escenario viable, siempre y cuando la ex presidenta en funciones pueda resurgir durante los meses claves de la campaña electoral como la única líder política capaz de ordenar el desastre autoprovocado. “Ya lo tiene todo calculado. Está siempre un paso adelante, más activa que nunca, y sabe que todos la miran, no importa lo que diga el resto. Va a regular sus mensajes en el momento adecuado. La preocupación por su silencio y el de los suyos es siempre una señal de centralidad que la mantiene vigente”, apunta un peronista que sabe hacer equilibrio entre ambos lados del oficialismo.

 

Es una jugada de riesgo, ante la cual siempre está a mano el recurso de echarle la culpa a su criatura. La pelea política con el presidente nominal –fuente de toda desconfianza– no se ha resuelto y, especulaciones al margen, está claro que no se resolverá jamás. El furibundo tuit de CFK en la mañana del jueves, utilizando la cuenta del Senado, por medio del cual intentó desmentir la reunión del miércoles por la noche en la quinta de Olivos, en la que junto a AF y Sergio Massa se habló del tema de los ajustes tarifarios, fue producto de su enojo, causado por la filtración de la información cuya fuente todos coinciden en atribuirle al doctor Fernández. 

 

 

Todo esto no hace más que ahondar la falta de confianza hacia el Gobierno. Este es el principal problema que afecta la gestión de Batakis. En su peregrinar por ayuda y comprensión, hubo tensión en uno de los encuentros más dramáticos, como el que tuvo con los representantes de los bancos. Ahí se sinceró y expuso con crudeza que el iceberg forma parte del horizonte cercano del presente. Se topó allí con cuestionamientos y, principalmente, dudas. En el balance final, se llevó un apoyo que fue clave para sortear la licitación del miércoles pasado. Fue un auxilio que la ministra necesitaba para darle oxígeno al plan “vamos viendo” que viene ejecutando el Gobierno desde el momento mismo de su llegada al poder. 


 

En el kirchnerismo duro las opiniones hacia Batakis vienen siendo críticas. “Al final esto es lo mismo que quería hacer Guzmán. Ahora tenemos una ‘Guzmanita’”. Esto es algo de lo que se escucha por los pasillos del Instituto Patria.

 

Las consecuencias políticas del ajuste van erosionando la cohesión interna del Frente de Todos contra Todos. La necesidad de CFK de despegarse de este devenir cuesta abajo, que se ve reflejado en varios frentes, es desesperante. Uno de esos coletazos es el que se observa en el variopinto universo de las organizaciones sociales cooptadas por dirigentes políticos afines al oficialismo. La calle habrá de ser el escenario en donde se despliegue esa conflictividad creciente. Empujada por esta circunstancia, la misma CGT se ha visto obligada a ordenar una movilización para el 17 de agosto.    

 

El dólar blue rozando los 300 y el riesgo país por las nubes son un síntoma de esta realidad. El 5,3% de inflación de junio será anecdótico dentro de un mes, cuando el Indec publique los números de julio, mes clave por la disparada de precios y del dólar luego de la renuncia de Martín Guzmán. “En el Gobierno ya lo tienen claro. Pero esta vez tienen al culpable perfecto. Van a volver a cargar contra el ex ministro por su supuesta irresponsabilidad, al que tildaron de conspirativo y destituyente”, aseguró un economista que conoce al dedillo la película. Hicieron todo lo posible para limarlo, cansarlo, vaciarlo de poder y vencerlo; sin embargo, su rendición también será su culpa.


 

Sergio Massa, hábil piloto de tormentas, volvió a recobrar cierto grado de centralidad política al recuperar su silla en el triunvirato del poder, más parecido a una monarquía. Alberto Fernández resiste los cambios en el gabinete pero el tiempo lo empujará a lo inevitable. Massa, al igual que CFK, juega su propio partido. Un poco de orden para el caos para alimentar la ilusión de llegar mejor posicionado a 2023.

 

Los efectos nocivos de toda esta crisis los está sintiendo, como siempre, el ciudadano de a pie. Surge de esa realidad un nivel creciente de rechazo no solo hacia el oficialismo sino también hacia la dirigencia política en general. Una de las medidas que más indignación han producido en estas horas es el aumento salarial del 69% dispuesto por CFK y Sergio Massa para los empleados del Congreso. Además de consagrar un privilegio, esta disposición impacta en el salario de los legisladores, para cuyo cálculo se toma el cargo de director de alguna de las áreas del Congreso, que está encuadrado en la categoría 1, la más alta del escalafón. 

 

Hasta el momento de escribir esta columna, no se ha escuchado ninguna voz crítica hacia esta medida por parte de ninguno de los bloques opositores, con la excepción del diputado Florencio Randazzo y la diputada Graciela Ocaña. Es notable observar la disociación de la realidad de penuria por la que atraviesa la mayoría de la ciudadanía que exhibe la clase política en general. En un tiempo de ajuste drástico como el que se vive, el gasto político, que en la Argentina es muy alto, no deja de crecer. Que CFK siga cobrando su pensión como ex presidenta simultáneamente a la pensión de su difunto esposo, Néstor Kirchner, habla de una inmoralidad sin límites ahondada por el contraste con aquellos jubilados y pensionados sumidos en la miseria.

 

“Nadie piensa donde todos lucran, nadie sueña donde todos tragan” (José Ingenieros).