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miércoles, 8 de abril de 2026

Inteligencia de guerra… @elprofesorcapomasi...

Inteligencia de guerra…

Líbano. Bombardeos sobre Beirut. El uso bélico de la inteligencia artificial, debatido en el conflicto en Medio Oriente. Fotografía: Getty Images.

La IA empieza a ocupar un lugar central en el terreno militar. La reciente disputa entre Anthropic y el Pentágono reactivó el debate sobre los riesgos y dilemas éticos de entregar el control de armas letales a estas herramientas.

© Escrito por Esteban Magnani el martes 31/03/2026 y publicado por la Revista Acción de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.


Uno de los principales incentivos para el desarrollo tecnológico a lo largo de la historia ha sido el uso militar. El ejemplo paradigmático es el Proyecto Manhattan, que durante la Segunda Guerra Mundial reunió en los Estados Unidos a los mejores cerebros y muchísimo dinero para desarrollar en solo tres años una bomba atómica antes de que lo hiciera, como se temía, el régimen de Adolf Hitler. El conocimiento desarrollado con apuro permitió luego, en tiempos de paz, aprovechar la energía nuclear. 


En la actualidad, la tecnología que podría compararse con ese ambicioso proyecto es la IA generativa: países como Estados Unidos y China, sobre todo, compiten por desarrollar sus modelos, a los que consideran clave para definir la disputa geopolítica entre ambas potencias. Esta tecnología podría incidir en cuestiones de distinto tipo, desde comerciales o científicas hasta logísticas o espaciales. Pero el área en el que esta herramienta podría resultar más determinante ‒y la más discutida‒ es la militar.


El uso bélico de la IA generativa se debate desde hace tiempo: un caso que avivó la discusión y la instaló en un primer plano internacional ocurrió en 2024, durante el contraataque de Israel a Palestina. Durante varios días prácticamente se delegó en una IA llamada Lavender el bombardeo sobre presuntos blancos terroristas, a pesar del margen de error estadístico de esta herramienta.


Ahora la discusión se reactivó en los Estados Unidos por la negativa de la empresa Anthropic a que su herramienta de IA generativa tenga control total sobre armas letales o sea usadas para tareas de vigilancia interior. La disputa entre la empresa desarrolladora de Claude y el Pentágono escaló y abrió un debate necesario sobre el uso militar de las IA.


Una empresa moral


Darío Amodei es el CEO de Anthropic, una empresa que fundó luego de abandonar OpenAI por discrepar con su CEO, Sam Altman. Desde el punto de vista de Amodei, la urgencia económica no daba tiempo para testear los potenciales usos peligrosos de las herramientas. Por eso, en 2021 decidió armar su propia compañía.


Anthropic no solo parecía la cara más «ética» de Silicon Valley, sino que lanzó una de las herramientas mejor valoradas del mercado de IA generativa: Claude. Gracias a su posterior asociación con Amazon, que le prestó infraestructura, dinero y contactos, la nueva empresa pudo conseguir algunos anhelados contratos con el Estado norteamericano, incluido el aparato militar, que le permitieron importantes ingresos.


El dinero fue bienvenido, pero generó una fuerte tensión con el discurso ético de
Amodei, quien se mostró independiente de su nuevo cliente, por ejemplo, criticando la política de volver a exportar chips a China. Sobre el tema específico de la IA generativa, denunció violaciones a acuerdos sobre el uso de una versión de Claude retocada para uso militar que fue utilizada en el secuestro de Nicolás Maduro. Amodei dio a conocer públicamente sus opiniones frente a un Gobierno al que no le gusta en absoluto la disidencia. 


El diálogo terminó de quebrarse el 26 de febrero cuando el CEO de Anthropic publicó una carta abierta en la que reconocía que era el Departamento de Guerra, «no empresas privadas, quienes toman las decisiones militares», pero que «en algunos pocos casos, la IA puede minar, más que defender, valores democráticos. Algunos usos también están fuera de los límites de lo que la tecnología de hoy puede hacer de manera segura y confiable». 


Al día siguiente de esta publicación se vencía el plazo para llegar a un acuerdo con el Pentágono que exigía, según Amodei, que se quitaran todas las salvaguardas que impedían a la IA ser usada para automatizar totalmente armas letales o usarlas para la vigilancia interna. Como era de esperar, la publicación fue leída como una declaración de guerra por el propio presidente Donald Trump quien respondió en su red social Truth Social con un extenso posteo: «Los locos izquierdistas de Anthropic acaban de cometer un ERROR DESASTROSO intentando torcer EL BRAZO del Departamento de Guerra». En el mismo tono escribieron otros funcionarios. 


Desde el Pentágono aseguraron que su plan no era hacer ninguna de las tareas que denunciaba Amodei, sino que simplemente querían disponer de toda la capacidad de la herramienta en caso de urgencia. Luego, el Gobierno de Estados Unidos declaró a Anthropic como un «riesgo para la cadena de suministro», prohibió sus herramientas en el Estado y también contratar a quienes tuvieran vínculos con ellas. El anuncio funcionó como una gigantesca advertencia para una industria a la que Trump viene protegiendo como a pocas.


Empleados de distintas empresas de IA apoyaron la posición de Amodei y convocaron a otros empresarios a imitarlo. Algunos de estos líderes, como Sam Altman, hablaron en favor de Anthropic, pero pronto se supo que habían firmado un contrato suficientemente ambiguo con el Pentágono como para que este pudiera hacer lo que quisiera con sus herramientas.


Urgido, el mismo Amodei pidió reabrir las negociaciones, sin suerte, por lo que presentó una demanda contra el Gobierno de los Estados Unidos para que se revierta su condición de «riesgo para la seguridad nacional». Aun si consigue un fallo favorable, su relación con los clientes más grandes quedará seriamente dañada, al menos hasta que haya un cambio de signo político en el Gobierno estadounidense.

Dinero y locura


La inversión en IA generativa que se está realizando en los Estados Unidos es tan desmedida que cada vez más especialistas señalan que va a ser imposible recuperarla. Por eso, cualquier contrato es valorado enormemente, no tanto por los ingresos que propicia (que no llegan a modificar una ecuación muy deficitaria), sino porque ayuda a generar un aura de sostenibilidad económica. Por eso, no resulta extraño que OpenAI y Google se hayan alineado rápidamente para conseguir los contratos del Estado que Anthropic acaba de perder. Negocios son los negocios.


Más allá de la problemática cuestión comercial, lo más preocupante es que el Gobierno de los Estados Unidos considere una buena idea delegar el control total de armas de guerra en IA generativas. Tal como explicó Amodei, estas no dan garantías suficientes para tareas que requieren certezas.


Es que, pese a lo engañoso del nombre, la inteligencia artificial no es inteligencia, sino estadística. Si bien resulta sorprendente lo que puede hacer, el mecanismo probabilístico sobre el que se construye también define sus límites. Por eso se repiten las historias en que distintas IA cometen lo que resulta un error evidente para cualquier humano. Al ser herramientas estadísticas que se basan en miles de millones de ejemplos, carecen de un criterio propio y pueden generar respuestas poco sensatas en áreas para las que no tienen suficientes datos, estos quedaron viejos o simplemente arrojan algo «posible» pero improbable simplemente porque los datos con los que cuentan avalan esa posibilidad.


Este límite puede no ser tan grave en casos de una tarea escolar o una receta de cocina, pero cuando se trata de un arma letal, puede costar miles de vidas. De hecho, se sabe que la IA Claude fue utilizada en el ataque a Irán pese a la prohibición publicada por Trump horas antes: durante ese ataque, según denuncia Irán, se bombardeó una escuela en la que murieron más de 170 niñas. El caso está en discusión, pero no debería descontarse un «error estadístico» o que estuviera basado en información vieja, como indican algunas investigaciones.


La disputa entre Anthropic y el Gobierno de los Estados Unidos es excepcional para ilustrar la relación simbiótica entre una industria que necesita contratos y desregulación, por un lado, y un Gobierno que busca automatizar decisiones con IA para conseguir un aura de neutralidad ideológica que reduzca las críticas y disidencias internas. 



miércoles, 15 de octubre de 2025

La muerte de Internet... @dealgunamaneraok...

La muerte de Internet...


Los bots superan en número a los humanos y cada vez cuesta más encontrar contenidos de calidad. Asfixiada por la automatización y la IA, la red de redes podría estar rumbo a su extinción. Tecnología, poder y sociedad en la nota de la semana de​​​​​​​ 
Revista Acción.

 

© Escrito el miércoles 15/10/2025 por Esteban Magnani y publicado por la Revista Acción de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

 

Hace algunos días Sam Altman reflotó con un posteo una teoría de hace varios años. «Nunca me tomé muy seriamente la teoría de la muerte de internet, pero parece que realmente hay muchas cuentas de Twitter gestionadas por LLM», aseguró el CEO de OpenAI. Los «LLM» son los «Grandes Modelos de Lenguaje» como el que hace funcionar a ChatGPT y otros sistemas de IA Generativa. Históricamente, Twitter ha sido un espacio plagado de bots y cuentas automatizadas que trabajan coordinadamente para promover o silenciar ciertos temas y voces, algo que empeoró desde la compra de la red social por parte de Elon Musk, quien redujo los controles. Altman, más allá de dirigir sus dardos en particular contra X, que es propiedad de su exsocio y ahora archienemigo, puso a todos a discutir sobre las consecuencias de que las interacciones automatizadas en internet superarán a las de los humanos.

 

​​​​​​​La teoría había sido planteada en enero de 2021 por un usuario llamado IlluminatePirate, quien se quejaba de que cada vez costaba más encontrar contenidos de calidad hechos por humanos. Por aquel entonces faltaban aún más de dos años para que surgiera ChatGPT y se popularizaran otras IA Generativas capaces de hacer contenidos automatizados casi sin participación humana. Por entonces, la sentencia parecía una exageración pero, como señala Altman, la asfixia de internet empeoró.

 

​​​​​​​Un poco de historia:

Internet es la infraestructura que nace en 1969 cuando se conectan dos computadoras por primera vez. Sobre ella corren numerosos protocolos que dan vida a diferentes herramientas y plataformas. Durante sus primeras décadas de existencia, se utilizaba sobre todo para correos electrónicos y lo que se llamaba «tablones», espacios parecidos a los foros que se siguen usando hoy en día. Pero fue en 1990 que muchos se enteraron de su existencia: ese año se lanzó la World Wide Web, que permitió a millones de personas publicar sus contenidos y navegar libremente por los ajenos de manera simple. A principios del nuevo siglo, se sumaron formas más participativas de producir contenidos, como los blogs y los fotologs, precursores de una intensa actividad de los usuarios que luego capitalizarían las redes sociales para transformarlas en un enorme negocio publicitario.

 

​​​​​​​Así fue que el dinero metió la cola y la disputa por la atención de los usuarios se intensificó. Para ganarla, se requería una actividad más constante que los posteos irregulares de usuarios aislados; por eso comenzaron a utilizarse cuentas automatizadas que producen contenidos o amplifican los de otras cuentas. Como era de esperarse, la IA Generativa facilitó esta automatización, que permite generar la sensación de que las plataformas cuentan con una comunidad vibrante y activa. De esa manera se seducía a los anunciantes con promesas de visualizaciones. Hasta tal punto se explotaron estos recursos que algunos estudios indican que la actividad automatizada en la web hace tiempo que superó a la de los humanos.

 

​​​​​​​Para acelerar la asfixia, ahora se suman otros procesos de nombres extraños. Por un lado, aumenta lo que se llama «AI Slop» o «bazofia de IA»: millones de imágenes, textos y demás productos de la IA Generativa de muy baja calidad, que se producen a escalas masivas pero que comienzan a asfixiar los contenidos de calidad que aún pudieran encontrarse en la web.

 

​​​​​​​Otra de las cuestiones que expulsa a los humanos de la web es la «enshittification» o «enmierdización», término acuñado por el escritor y periodista Cory Doctorow para describir el gradual deterioro de un servicio o producto de una plataforma digital como consecuencia de su búsqueda de ganancias. Los ejemplos de este tipo de procesos son muchos: uno que salió a la luz recientemente durante un juicio revela que el departamento de ventas de Google pidió al sector responsable de las búsquedas que fuera menos preciso al ofrecer resultados para que, de esa manera, los usuarios necesitaran hacer varios intentos y vieran más publicidad. Es decir que la empresa intencionalmente empeoró su servicio para ganar más dinero.

 

​​​​​​​Es la publicidad, estúpido.

Paradójicamente, estos mecanismos están dificultando el acceso a contenidos de calidad y espantando a los usuarios. El problema es que los sistemas automatizados de publicidad online, dominados sobre todo por Google, Facebook y Amazon, están perdiendo credibilidad por ubicar los anuncios de sus clientes junto a contenido de pésima calidad. Si a esto se le suma que uno de los principales derivadores de tráfico, el buscador Google, está dejando de hacerlo debido a que ofrece respuestas generadas por su IA, no solo se avizora un futuro con menos personas si no también con menos dinero en la medida en que los anunciantes dejen de confiar en que allí generarán ventas.

 

​​​​​​​Por todo esto, no deja de ser paradójico que, justamente, sea Sam Altman quien denuncie un proceso del que es uno de los principales responsables por ser el creador de herramientas que permiten automatizar masivamente tareas que antes hacían los humanos.

 

​​​​​​​Internet y, sobre todo, la web, nacieron con la expectativa de generar un espacio democrático y enriquecedor, igualando oportunidades y haciendo accesibles contenidos de todo tipo. Sin embargo, el mismo modelo de negocios que surgió en buena medida de su existencia, ahora parece a punto de asfixiarla. Las plataformas podrían estar matando a la gallina de los huevos de oro en su afán de extraerle más ganancias.




martes, 12 de marzo de 2019

La World Wide Web cumple 30 años...@dealgunamanera...

La World Wide Web cumple 30 años. ¿Cuál fue la primera página web de la historia y para qué servía?...

El físico Tim Berners-Lee inventó la World Wide Web como una herramienta útil para científicos en 1989. (Fotografía: CERN)

Cada 12 de marzo se celebra la creación de la World Wide Web, también conocida como WWW. Te contamos detalles sobre la primera página web de la historia.

Navegar por la primera página web de la historia es una experiencia que puede resultar decepcionante. 

No tenía colores, ni fotos, ni videos. Tampoco había gráficos ni animaciones. Solo textos, hipertextos y un conjunto algo confuso de menús. Muchos dirían que es una lata.






Pero gracias a esa primera WWW hoy podemos preguntarle a Google cualquier duda que tengamos, usar Facebook y acceder a millones de páginas web.

La World Wide Web (la Web) nació en el CERN, el Centro Europeo de Física Nuclear, en Ginebra (Suiza), de la mano del ingeniero y físico británico Tim Berners-Lee como un sistema de intercambio de datos entre los 10.000 científicos que trabajaban en la institución.

La Web nació en el CERN, el Centro Europeo de Física Nuclear. (Fotografía: Fabrice Coffrini/Getty Images)

Hoy es una red inabarcable e intangible de documentos, imágenes y protocolos que componen la telaraña de información que crece a pasos de gigante.

Este martes 12 de marzo se cumplen 30 años de su creación. Fue el día en que Berners-Lee describió el protocolo de transferencias de hipertextos que daría lugar a esa primera web: "Gestión de información; una propuesta".

Más de un año después, el 20 de diciembre de 1990, sería publicada en el CERN por primera vez, y fuera de sus paredes en agosto de 1991. 

Esta fue la primera web. Eran puros textos e hipertextos. (Fotografía: CERN)

Pero pongamos las cosas en contexto.

En esa época todavía no existían ni Windows ni Google Chrome, y las escasas computadoras personales que había en el mercado funcionaban de una manera compleja y poco visual.

Internet tan solo servía para usar el correo electrónico y transferir archivos. Y las conexiones eran analógicas, lo cual significaba que había que armarse de paciencia para descargar la información. 

Para quienes estén acostumbrados a navegar por la web a velocidades 3G y 4G o les resulte insufrible que internet "se cuelgue" en mitad de una película, volver a la época en la que nació la primera web puede ser un verdadero ejercicio de tolerancia a la frustración.

Esta es la computadora NeXT del CERN con la que Berners-Lee publicó la web en 1990, cuando se reformuló la propuesta. (Fotografía: Science & Society Picture Library)

Y es que la rápida evolución de la tecnología que hace posible internet hace que nos olvidemos fácilmente de cómo eran las primeras versiones de la web y sus tristes cajas grises de texto.
La Web ha cambiado mucho desde entonces: HTML ha crecido, HTTP ha evolucionado y los navegadores se han modernizado.

Tal vez una de las primeras cosas que llaman la atención la primera vez que accedes a ella es que no había barra de direcciones. Tampoco había imágenes ni sonidos

El jefe de Berners-Lee en aquella época, Mark Sendall, describió el proyecto como una propuesta "vaga pero emocionante".

Más adelante, en 1994, Berners-Lee crearía el World Wide Web Consortium (W3C), para mantener unos estándares comunes en el funcionamiento de la red.

Y en 1998 reflexionaría sobre el proceso que le ayudó a crearlo con estas palabras: "Si crees que navegar por hipertextos es genial, es porque nunca trataste de escribirlos" 


Durante la Cumbre Mundial sobre la Sociedad de la Información (CMSI) de 2003 en Ginebra, Berners-Lee estrecha la mano del secretario general de Naciones Unidas Kofi Annan (1997-2006). (Fotografía: CERN)

"La primera web imaginó una arquitectura simple de cliente-servidor, unos enlaces y un marco temporal de seis meses", explica el CERN en su sitio web.

Si quieres ponerte a prueba y ver esa web rudimentaria, puedes hacerlo gracias a un proyecto que ha sido elaborado un grupo de desarrolladores y diseñadores web del CERN.

Para conmemorar las tres décadas de vida de la WWW, los científicos han creado una versión de ese protocolo original a la que se puede acceder a través de cualquier navegador moderno

"Haz clic para adentrarte en ella (y recuerda que debes hacer clic en los enlaces dos veces)", recomiendan. 



domingo, 28 de enero de 2018

Los días de Facebook y Google están contados... @dealgunamanera...

"Los días de Facebook y Google están contados": las duras críticas del multimillonario George Soros contra los gigantes tecnológicos.

Soros es uno de los hombres más ricos del mundo, según la revista Forbes. Fotografía: AFP.

Los días de Facebook y Google están contados. Al menos eso cree el multimillonario de origen húngaro George Soros, quien previó la caída de la libra en 1992 y se ganó el sobrenombre del "hombre que provocó la quiebra del Banco de Inglaterra".

© Publicado el jueves 26/01/2018 por la Redacción BBC Mundo de la ciudad de Londres, Inglaterra.

Durante una cena con periodistas en el Foro Económico Mundial que tiene lugar en Davos, Suiza, el magnate arremetió contra el poder de las empresas tecnológicas de Estados Unidos a las que acusó de poner "obstáculos a la innovación" y de ser una "amenaza para la democracia".



"A medida que Facebook y Google se han convertido en monopolios cada vez más poderosos, se han convertido en obstáculos para la innovación y han causado una variedad de problemas de los cuales recién ahora estamos empezando a darnos cuenta", aseguró Soros.

"Particularmente nefasto"

Soros considera que Facebook y Google son obstáculos para la innovación. FotografíaGetty Images.

El inversionista, nacionalizado estadounidense, consideró que esto era "particularmente nefasto", dado que las redes sociales y las grandes compañías de internet influyen en cómo las personas piensan y se comportan, sin que los usuarios siquiera se den cuenta.

"Esto tiene consecuencias adversas de largo alcance en el funcionamiento de la democracia, particularmente en la integridad de las elecciones", aseveró, según una transcripción de su discurso.
Soros opinó que estas compañías pueden resultar "nocivas", puesto que "engañan a sus usuarios al manipular su atención y dirigirla hacia sus propios fines comerciales", lo que crea "una adicción deliberada" a los servicios que brindan.

Alertó, además, de lo que calificó como una "perspectiva aún más alarmante": la posibilidad de que estas compañías, que albergan datos personales de millones de personas, ofrezcan esta información a servicios de vigilancia patrocinados por el Estado.

"Esto puede resultar en una red de control totalitario como ni Aldous Huxley o George Orwell (dos escritores que reflejaron en sus novelas los efectos de una sociedad totalitaria futurista) podrían haber imaginado", añadió.

Sin embargo, predijo también que los días de estas compañías estaban contados como resultado de políticas tributarias y regulaciones.



"Davos es un buen lugar para anunciar que sus días están contados", afirmó.

Ninguna de las dos empresas tecnológicas respondieron de forma inmediata una solicitud de comentarios al respecto realizada por la BBC.

 

Trump en la mira


Soros calificó al gobierno de Donald Trump como un "peligro para el mundo". FotografíaGetty Images. 

Al comenzar su discurso, el inversionista, sobreviviente del Holocausto, confesó que tenía una visión pesimista sobre el actual momento histórico, que considera "bastante doloroso".

"Las sociedades abiertas están en crisis y están en aumento varias formas de dictaduras y estados mafiosos, ejemplificados por la Rusia de Putin ", opinó.

El actual inquilino de la Casa Blanca tampoco escapó de las críticas de Soros.

Dijo que el gobierno de Donald Trump es un "peligro para el mundo" y agregó que creía que el presidente, al que calificó de "aspirante a dictador", podría no durar hasta el final de su mandato.

Soros, gran partidario del liberalismo económico, se hizo conocido en el mundo de la política al apoyar movimientos anticomunistas en las antiguas repúblicas soviéticas.

Es presidente del Soros Fund Management y fundador de Quantum Fund, y es considerado uno de los hombres más ricos del mundo, según estimaciones de la revista Forbes.