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domingo, 15 de febrero de 2026

Idas y Vueltas - La suma extraña de triunfos políticos y economía estancada… @elprofesorcapomasi

Idas y Vueltas - La suma extraña de triunfos políticos y economía estancada…

Alta graduación etílica. Dibujo Pablo Temes.

En un contexto favorable se puede observar la peculiar dinámica de un gobierno que aún tiene mucho para aprender.

© Escrito por el Doctor Nelson Castro el domingo 15/02/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.



Fue una semana de logros indiscutibles y muy importantes para el Gobierno: la media sanción del proyecto de ley de Reforma Laboral en el Senado, la aprobación del proyecto de ley de Reforma del Régimen Penal Juvenil, que baja la edad de la imputabilidad a 14 años y la aprobación del Acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea en la Cámara de Diputados. En todos los casos, una muestra contundente del mayor músculo político del oficialismo producto no solo de una mayor cantidad de legisladores, sino también de una mejor aptitud para la negociación política. En verdad, más que negociación lo que hubo fueron transacciones que le permitieron a La Libertad Avanza alcanzar un caudal de votos que le permitió alcanzar triunfos holgados: 42 a 30 en el caso de la reforma laboral y 149 a 100 en el de la baja de imputabilidad.

La transacción mayor ocurrió en las idas y vueltas en busca de los votos que al Gobierno le faltaban para asegurarse el triunfo. Una derrota hubiese sido algo catastrófico para el presente y el futuro del Gobierno. Los objetos transaccionales principales fueron dos, a saber: por un lado, las concesiones a los gobernadores acerca del mantenimiento de los actuales niveles del Impuesto a las Ganancias. Una vez que los gobernadores peronistas con afinidad hacia el Gobierno se aseguraron que no habría modificaciones, bajaron la orden a sus senadores para que votasen afirmativamente. Es decir que la cuestión decisiva fue la plata.

Otro tanto ocurrió con los gremios para los que hubo concesiones importantes que les permiten a sus autoridades mantener su poder y su bienestar. Aquí la palabra bienestar no sea tal vez la que mejor defina la situación patrimonial de muchos de los líderes sindicales. El término correcto es riqueza.

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A propósito de estas concesiones claves para los sindicatos –recordar siempre que la expresión “concesiones para los sindicatos” debe entenderse como beneficios económicos para sus dirigentes, quienes siempre buscan asegurarse “la de ellos”, que es lo que les da poder–, hay que decir que, según los que conocen las internas dentro de LLA, fue el origen de un disgusto fuerte de la senadora Patricia Bullrich, que estaba en total desacuerdo con esto. Nada que sorprenda: la hoy senadora tiene aún vivo el recuerdo de lo que fue su traumático paso –abundante en enfrentamientos con la cúpula sindical– por el Ministerio de Trabajo durante la fallida presidencia de Fernando de la Rúa. Fue Diego Santilli el artífice tanto de estas concesiones a los dirigentes gremiales como a los gobernadores. “Si no hacíamos esto, la ley no salía”. Así de claro y sin vueltas lo reconoció una voz de la cercanía del ministro que conoce al dedillo la trama de esta historia. Por este y otros motivos, en la marcha hacia el Congreso hubo mucho de puesta en escena y también de desconocimiento. Del mismo modo, tuvieron su cuota parte importante Karina Milei y Santiago Caputo, quienes, por una vez parecieron dejar de lado su enfrentamiento, conscientes de que una derrota hubiese sido un golpe muy negativo para la gestión del Gobierno.

Al margen de esto, la presencia de la exministra de Seguridad en el Senado le ha dado al oficialismo un músculo político para defender posiciones del que carecía.

El miércoles hubo dos escenarios en los que el Gobierno obtuvo dos victorias resonantes: la primera fue la política, es decir, la media sanción del proyecto de ley en la Cámara alta que sucedió en el recinto de sesiones; la segunda fue cultural. Esta victoria la obtuvo en la calle y se la dejó servida el rejunte de impresentables que, a la vista de todas las cámaras y periodistas que estaban asignados a la cobertura de la movilización organizada por la CGT y las distintas de la siempre caótica izquierda vernácula, expusieron sus conductas provocadoras y violentas, cuyo único objetivo es hacer daño. Ya deberían haber aprendido que, tirando piedras y bombas Molotov, no lograrán ninguno de sus objetivos. El repetido y espantoso espectáculo desnudó la decadencia imparable de la dirigencia sindical, incapaz no solo de movilizar, sino también de evitar el accionar irracional de los infiltrados y violentos. De hecho, no bien vieron lo que estaba pasando, se fueron del lugar en lo que se asemejó a una huida.

Lo sucedido en la Plaza del Congreso le vino al Gobierno como anillo al dedo después de los sucesivos traspiés que venía sufriendo desde el comienzo del mes. Hay un cambio cultural en gran parte de la sociedad que no quiere saber más nada con la violencia política. Ya demasiado tiene la ciudadanía con la violencia que vive a diario. Si el peronismo no advierte esto, no le queda otro destino que el ocaso. Para colmo de males, el kirchnerismo duro no ayudó en el recinto con sus posturas garantistas en Diputados y anacrónicas en el Senado. La línea discursiva que busca romantizar y teñir de épica cada intervención es un recurso gastado que ya no sorprende a nadie y que se parece más a una postura estudiantil de colegio secundario. Ya lo dijo Juan Cabandié: “Si seguimos en esta sintonía, en diez años pelearemos el cuarto lugar con Myriam Bregman”. A estas alturas, a la vista está que su pronóstico ha sido generoso en tiempo y posiciones.

Mientras tanto, la economía sigue estancada. El índice de inflación no para de subir desde mayo. La reforma laboral será un instrumento útil en tanto y en cuanto la economía se mueva. Más allá de los apoyos enunciativos de las autoridades del Fondo Monetario Internacional, la misión que vino a Buenos Aires hizo saber sus inquietudes y dudas. El Gobierno no puede darse el lujo de pisar en falso ahora que está logrando ordenar el plano político que tanto trabajo le costó hilvanar.