Idas y Vueltas - La suma extraña de triunfos políticos y economía estancada…
© Escrito por el Doctor
Nelson
Castro el domingo
15/02/2026 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires, República Argentina.
Otro tanto ocurrió con los gremios para los que hubo concesiones
importantes que les permiten a sus autoridades mantener su poder y su
bienestar. Aquí la palabra bienestar no sea tal vez la que mejor defina la
situación patrimonial de muchos de los líderes sindicales. El término correcto
es riqueza.
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A propósito de estas concesiones claves para los sindicatos –recordar
siempre que la expresión “concesiones para los sindicatos” debe entenderse como
beneficios económicos para sus dirigentes, quienes siempre buscan asegurarse
“la de ellos”, que es lo que les da poder–, hay que decir que, según los que
conocen las internas dentro de LLA, fue el origen de un disgusto fuerte de la
senadora Patricia Bullrich, que estaba en total desacuerdo con esto. Nada que
sorprenda: la hoy senadora tiene aún vivo el recuerdo de lo que fue su
traumático paso –abundante en enfrentamientos con la cúpula sindical– por el
Ministerio de Trabajo durante la fallida presidencia de Fernando de la Rúa. Fue
Diego Santilli el artífice tanto de estas concesiones a los dirigentes gremiales
como a los gobernadores. “Si no hacíamos esto, la ley no salía”. Así de claro y
sin vueltas lo reconoció una voz de la cercanía del ministro que conoce al
dedillo la trama de esta historia. Por este y otros motivos, en la marcha hacia
el Congreso hubo mucho de puesta en escena y también de desconocimiento. Del
mismo modo, tuvieron su cuota parte importante Karina Milei y Santiago Caputo,
quienes, por una vez parecieron dejar de lado su enfrentamiento, conscientes de
que una derrota hubiese sido un golpe muy negativo para la gestión del
Gobierno.
Al margen de esto, la presencia de la exministra de Seguridad en el
Senado le ha dado al oficialismo un músculo político para defender posiciones
del que carecía.
El miércoles hubo dos escenarios en los que el Gobierno obtuvo dos
victorias resonantes: la primera fue la política, es decir, la media sanción
del proyecto de ley en la Cámara alta que sucedió en el recinto de sesiones; la
segunda fue cultural. Esta victoria la obtuvo en la calle y se la dejó servida
el rejunte de impresentables que, a la vista de todas las cámaras y periodistas
que estaban asignados a la cobertura de la movilización organizada por la CGT y
las distintas de la siempre caótica izquierda vernácula, expusieron sus
conductas provocadoras y violentas, cuyo único objetivo es hacer daño. Ya
deberían haber aprendido que, tirando piedras y bombas Molotov, no lograrán
ninguno de sus objetivos. El repetido y espantoso espectáculo desnudó la
decadencia imparable de la dirigencia sindical, incapaz no solo de movilizar,
sino también de evitar el accionar irracional de los infiltrados y violentos.
De hecho, no bien vieron lo que estaba pasando, se fueron del lugar en lo que
se asemejó a una huida.
Lo sucedido en la Plaza del Congreso le vino al Gobierno como anillo al
dedo después de los sucesivos traspiés que venía sufriendo desde el comienzo
del mes. Hay un cambio cultural en gran parte de la sociedad que no quiere
saber más nada con la violencia política. Ya demasiado tiene la ciudadanía con
la violencia que vive a diario. Si el peronismo no advierte esto, no le queda
otro destino que el ocaso. Para colmo de males, el kirchnerismo duro no ayudó
en el recinto con sus posturas garantistas en Diputados y anacrónicas en el
Senado. La línea discursiva que busca romantizar y teñir de épica cada
intervención es un recurso gastado que ya no sorprende a nadie y que se parece
más a una postura estudiantil de colegio secundario. Ya lo dijo Juan Cabandié:
“Si seguimos en esta sintonía, en diez años pelearemos el cuarto lugar con
Myriam Bregman”. A estas alturas, a la vista está que su pronóstico ha sido
generoso en tiempo y posiciones.
Mientras tanto, la economía sigue estancada. El índice de inflación no para de subir desde mayo. La reforma laboral será un instrumento útil en tanto y en cuanto la economía se mueva. Más allá de los apoyos enunciativos de las autoridades del Fondo Monetario Internacional, la misión que vino a Buenos Aires hizo saber sus inquietudes y dudas. El Gobierno no puede darse el lujo de pisar en falso ahora que está logrando ordenar el plano político que tanto trabajo le costó hilvanar.








