La vida es un tablero de ajedrez donde los cuadros blancos son los días y los cuadros negros son las noches. Nosotros, somos las piezas que vamos de aquí para allá para caer al final en el cuadro de la nada... De Alguna Manera... Una Alternativa…
sábado, 27 de junio de 2026
Plot twist: el deseo y el goce también tienen canas… @elprofesorcapomasi...
Plot twist: el
deseo y el goce también tienen canas…
Fotografía de
Marilyn Minter (Elder Sex, JBE Books (Paris) & LGDR (New York City), 2023).
¿Te imaginás viejo o vieja? ¿Qué es lo
primero que pensás cuando escuchás la palabra «vejez»? ¿Hay algo que te da
miedo o te guste de envejecer? ¿Pensás que la sociedad trata bien a las
personas mayores? ¿Nos incomoda pensar a las personas mayores vivenciando con
goce su sexualidad?
Gentes
varias, sigo en territorio de conmemoraciones. ¿Excusa para abordar temas que
me interesan y que no sabía cómo comunicar? Probablemente.
En la nota anterior —que pueden encontrar por acá mismo— decidí
hablar de masturbación. La excusa fue la conmemoración de la práctica
autoerótica durante el mes de mayo. Intenté compartir algunas reflexiones,
pareceres e información sobre la vivencia del placer y los tabúes que todavía
la rodean.
Pero hoy quiero situar el foco en una
etapa de la vida que rara vez asociamos con el placer y el goce: la vejez.
Personas mayores, viejos y viejas,
vejeces, gerontes. Hay muchas maneras de nombrar esta etapa de la vida. Y
aunque parezca un detalle menor, las palabras importan. Porque detrás de
algunas formas de nombrar se esconden prejuicios que terminan justificando
distintas formas de discriminación por edad, es decir, viejismo.
Pensemos en algo bastante habitual: llamar
«abuela» o «abuelo» a cualquier persona mayor, tenga o no nietos. Como si
alcanzar determinada edad implicara automáticamente ocupar un único lugar
posible en el mundo. De repente, desaparecen los nombres, las historias, los
proyectos y los deseos. Queda el rol. Y cuando solo vemos el rol, dejamos de ver
a la persona.
Pensemos en
algo bastante habitual: llamar «abuela» o «abuelo» a cualquier persona mayor,
tenga o no nietos. Como si alcanzar determinada edad implicara automáticamente
ocupar un único lugar posible en el mundo. De repente, desaparecen los nombres,
las historias, los proyectos y los deseos. Queda el rol.
Cada 15 de junio se conmemora el Día
Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, una fecha
impulsada por Naciones Unidas para visibilizar las distintas formas de
violencia que atraviesan las personas mayores y promover el respeto de sus
derechos. En Argentina, además, desde 2022 la Convención Interamericana sobre
la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores —aprobada por la
Organización de los Estados Americanos en 2015— tiene jerarquía constitucional, consolidando un marco de
derechos.
Junio también es el mes de la diversidad
sexual. Lo que me permite dejar planteada una genuina inquietud: si la
sexualidad y el goce en la vejez siguen siendo temas silenciados o
invisibilizados, imaginemos por un momento lo que ocurre con las personas
mayores que forman parte del colectivo LGBTI+. ¿Cuántas historias, identidades,
deseos y experiencias permanecerán ocultas detrás de esos prejuicios?
PERO RETOMEMOS, VOLVAMOS SOBRE LA VEJEZ
Fotografía de
Marilyn Minter (Elder Sex, JBE Books (Paris) & LGDR (New York City), 2023).
Hace
un tiempo ya que vengo pensando una idea que, al tomar conciencia de ella, me
resultó disruptiva: las personas queremos vivir muchos años, pero pocas nos
imaginamos siendo viejas. Y ahí me pregunto, ¿cómo vamos a construir proyectos,
expectativas, deseos e incluso derechos sobre una etapa de la vida en la que no
podemos visualizarnos?
Es así que decido, tirar
un facto y me voy: somos seres envejecientes. Desde el mismo
momento en que nacemos empezamos a envejecer. Porque el tiempo no para, canta
La Bersuit.
Los
prejuicios perpetúan la relación entre la vejez y palabras como enfermedad,
deterioro, dependencia, soledad o pérdida. La filósofa Simone de Beauvoir escribióLa vejez,
allá por 1970 y lúcidamente decretaba que «para la sociedad la vejez parece una
especie de secreto vergonzoso del cual es indecente hablar».
Sin embargo, una cosa es imaginar la vejez
en otras personas y otra muy distinta es imaginársela para una misma. ¿No? La
solemos pensar como algo lejano, como una experiencia que les sucede a otros y
que, de algún modo, nunca va a alcanzarnos. En esa fantasía también opera el
mito de la eterna juventud, de creernos invencibles, de no tener consciencia de
finitud y es un ideal arraigado en nuestra cultura que contribuye a sostener
una mirada viejista de la vejez.
Los prejuicios perpetúan la relación entre
la vejez y palabras como enfermedad, deterioro, dependencia, soledad o pérdida. La filósofa Simone de Beauvoir escribióLa vejez, allá
por 1970 y lúcidamente decretaba que «para la sociedad la vejez parece una
especie de secreto vergonzoso del cual es indecente hablar». Y, pareciera
que hoy la vejez sigue siendo, en muchos sentidos, algo de lo que cuesta
nombrar y, más aún, proyectar con deseo (a pesar de que es una de las pocas
certezas que tenemos en nuestra vida. Siempre estamos más viejos que ayer, y si
todo sale más o menos bien, vamos a envejecer).
SPOILER: EL DESEO LLEGA A VIEJO, PERO NO
ENVEJECE
Fotografía de
Marilyn Minter (Elder Sex, JBE Books (Paris) & LGDR (New York City), 2023).
Seguimos
viviendo en sociedades que rinden culto a la juventud, que también termina
construyendo identidad (en los términos que mencioné más arriba). Todo parece
estar diseñado para parecer más joven, sentirse más joven, actuar más joven y,
si fuera posible, borrar cualquier evidencia de que el tiempo pasa. Es así que,
el deseo se presenta como si tuviera fecha de vencimiento, como si el placer
fuera patrimonio exclusivo de algunos cuerpos y algunas edades o como si llegar
a viejo implica automáticamente dejar de ser una persona deseante.
Sin embargo, las experiencias de muchas
personas mayores muestran una realidad bastante diferente. El deseo, el goce,
la necesidad de afecto, la intimidad, la compañía y el placer no desaparecen
por cumplir años. La sexualidad cambia, se transforma y se reinventa, pero no
se extingue, es parte constitutiva de nosotros.
Y seamos punzantes, quizás se acepta la
idea de que los viejos y las viejas puedan enamorarse o tener pareja. Pero ¿qué
pasa cuando se piensa en que esas personas se vinculan sexualmente, o se
masturban, o miran pornografía, tienen fantasías eróticas, usan aplicaciones de
citas o utilizan juguetes sexuales? ¿Imaginamos que una persona mayor de 60
años (edad en la que la Convención ubica el inicio de esta etapa de la vida)
consume contenido erótico, se compra un vibrador, intercambia fotos íntimas o
explora nuevas formas de placer?
Quizás, en este punto, nos encontremos
frente a una doble censura: la de hablar de la vejez y la de hablar del goce o
del derecho al placer, como si el deseo tuviera una fecha de vencimiento.
Porque si aceptamos que las personas mayores también fantasean, se excitan,
sienten curiosidad sexual o buscan nuevas formas de placer, se derrumba la idea
de que la vejez es una etapa desprovista de erotismo.
De hecho, suele resultar más habitual
escuchar que una persona mayor necesita tomar una medicación que imaginarla
teniendo orgasmos. ¿Verdad? Vemos con total naturalidad que alguien de 30 años
compre preservativos (úsalos siempre, por favor), use una aplicación de citas o
adquiera un juguete sexual. Sin embargo, cuando quien hace esto mismo tiene 80
años, la reacción suele generar sorpresa, incomodidad o, incluso, burlas.
Cuidar
también implica respetar: la intimidad, los tiempos, las decisiones y el
derecho de cada persona a construir vínculos, enamorarse, disfrutar de su
propio cuerpo y vivir la sexualidad de la manera que elija. Porque proteger no
es controlar y acompañar no es decidir por otras personas. El buen trato
implica reconocer a las personas mayores como sujetos plenos de derechos, con
dignidad, autonomía, independencia, proyectos, deseo, erotismo y derecho al
goce y al placer.
En este sentido, cuando hablamos de
maltrato hacia las personas mayores solemos pensar en situaciones de abandono,
violencia física, negligencia o abuso económico, entre otras. Sin embargo,
existen diferentes formas de vulneraciones mucho más silenciosas y naturalizadas
que rara vez identificamos como tales. Podríamos llamarlas «microviejismos»,
tales como negar la intimidad, cuestionar nuevas relaciones afectivas,
infantilizar decisiones, controlar vínculos, suponer que una persona mayor ya
no necesita o no quiere privacidad, y la lista podría continuar. Actitudes que
terminan por censurar, desaprobar moralmente, ridiculizar o tener actitudes
paternalistas para con las personas mayores.
Como si el placer tuviera fecha de
vencimiento. Como si hubiera una edad a partir de la cual el deseo dejara de
ser legítimo. Como si el erotismo fuera un privilegio reservado para la
juventud.
Puede que estos ejemplos se escondan tras
el relato del cuidado. Sin embargo, cuidar también implica respetar: la
intimidad, los tiempos, las decisiones y el derecho de cada persona a construir
vínculos, enamorarse, disfrutar de su propio cuerpo y vivir la sexualidad de la
manera que elija.
Porque proteger no es controlar y acompañar no es decidir por
otras personas. El buen trato implica reconocer a las personas mayores como
sujetos plenos de derechos, con dignidad, autonomía, independencia, proyectos,
deseo, erotismo y derecho al goce y al placer.
Miremos a nuestro alrededor, ¿Cuáles son
las representaciones de vejez que consumimos? ¿Cuándo fue la última vez que
viste una escena de placer sexual protagonizada por personas mayores en una
película, una serie o una publicidad? No reflexionar sobre esto, invisibiliza
contribuyendo a reforzar prejuicios. Por todo esto, jubilemos nuestros
prejuicios y preguntémonos.
¿Qué vejeces queremos ser?
Reitero, querido lector, querida lectora
—y quienes habitan los grises de la vida—: contame, ¿Qué más te gustaría leer,
discutir o escuchar sobre este tema?
Dolo Cova.Dolores
Covacevich es Magíster en Género, Sociedad y Políticas (FLACSO). Además, es Licenciada
y Profesora en Ciencias de la Educación (UNR). Es Especialista en Políticas
Públicas y Justicia de Género (CLACSO) y Especialista en Violencia de Género,
Participación y Políticas Públicas.
El
Tiempo No Para. Bersuit Vergarabat
Disparo contra el Sol
con la fuerza del ocaso
Mi ametralladora está llena de magias
Pero soy solo un hombre más
Cansado
de correr en la dirección contraria
Sin podio de llegada, y mi amor me corta la cara
Porque soy solo un hombre más
Pero
si pensás que estoy derrotado
Quiero que sepas que me la sigo jugando
Porque el tiempo, el tiempo no para
Unos
días sí, otros no
Estoy sobreviviendo sin un rasguñón
Por la caridad de quien me detesta
Y
tu cabeza está llena de ratas
Te compraste las acciones de esta farsa
Y el tiempo no para
Yo
veo al futuro repetir el pasado
Veo un museo de grandes novedades
Y el tiempo no para, no para, no
Yo
no tengo fechas para recordar
Mis días se gastan de par en par
Buscando un sentido a todo esto
Las
noches de frío, es mejor no nacer
Las de calor, se escoge matar o morir
Y así nos hacemos argentinos
Nos
tildan de ladrones, maricas, faloperos
Y ellos sumergieron a un país entero
Pues así se roban más dinero
Y
tu cabeza está llena de ratas
Te compraste las acciones de esta farsa
Y el tiempo no para
Yo
veo al futuro repetir el pasado
Veo un museo de grandes novedades
Y el tiempo no para, no para, no, no
Y
unos días sí, otros no
Estoy sobreviviendo sin un rasguñón
Por la caridad de quien me detesta
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