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sábado, 27 de junio de 2026

Plot twist: el deseo y el goce también tienen canas… @elprofesorcapomasi...

Plot twist: el deseo y el goce también tienen canas…

Fotografía de Marilyn Minter (Elder Sex, JBE Books (Paris) & LGDR (New York City), 2023).

¿Te imaginás viejo o vieja? ¿Qué es lo primero que pensás cuando escuchás la palabra «vejez»? ¿Hay algo que te da miedo o te guste de envejecer? ¿Pensás que la sociedad trata bien a las personas mayores? ¿Nos incomoda pensar a las personas mayores vivenciando con goce su sexualidad?

© Escrito por Dolo Cova el martes 16/06/2026 y publicado por Diario La Vanguardia - Órgano Oficial del Partido Socialista, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.

 

Gentes varias, sigo en territorio de conmemoraciones. ¿Excusa para abordar temas que me interesan y que no sabía cómo comunicar? Probablemente.

En la nota anterior —que pueden encontrar por acá mismo— decidí hablar de masturbación. La excusa fue la conmemoración de la práctica autoerótica durante el mes de mayo. Intenté compartir algunas reflexiones, pareceres e información sobre la vivencia del placer y los tabúes que todavía la rodean.


Pero hoy quiero situar el foco en una etapa de la vida que rara vez asociamos con el placer y el goce: la vejez.

Personas mayores, viejos y viejas, vejeces, gerontes. Hay muchas maneras de nombrar esta etapa de la vida. Y aunque parezca un detalle menor, las palabras importan. Porque detrás de algunas formas de nombrar se esconden prejuicios que terminan justificando distintas formas de discriminación por edad, es decir, viejismo.

Pensemos en algo bastante habitual: llamar «abuela» o «abuelo» a cualquier persona mayor, tenga o no nietos. Como si alcanzar determinada edad implicara automáticamente ocupar un único lugar posible en el mundo. De repente, desaparecen los nombres, las historias, los proyectos y los deseos. Queda el rol. Y cuando solo vemos el rol, dejamos de ver a la persona.

Pensemos en algo bastante habitual: llamar «abuela» o «abuelo» a cualquier persona mayor, tenga o no nietos. Como si alcanzar determinada edad implicara automáticamente ocupar un único lugar posible en el mundo. De repente, desaparecen los nombres, las historias, los proyectos y los deseos. Queda el rol. 

Cada 15 de junio se conmemora el Día Mundial de Toma de Conciencia del Abuso y Maltrato en la Vejez, una fecha impulsada por Naciones Unidas para visibilizar las distintas formas de violencia que atraviesan las personas mayores y promover el respeto de sus derechos. En Argentina, además, desde 2022 la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores —aprobada por la Organización de los Estados Americanos en 2015— tiene jerarquía constitucional, consolidando un marco de derechos.


Junio también es el mes de la diversidad sexual. Lo que me permite dejar planteada una genuina inquietud: si la sexualidad y el goce en la vejez siguen siendo temas silenciados o invisibilizados, imaginemos por un momento lo que ocurre con las personas mayores que forman parte del colectivo LGBTI+. ¿Cuántas historias, identidades, deseos y experiencias permanecerán ocultas detrás de esos prejuicios?

PERO RETOMEMOS, VOLVAMOS SOBRE LA VEJEZ 

Fotografía de Marilyn Minter (Elder Sex, JBE Books (Paris) & LGDR (New York City), 2023). 

Hace un tiempo ya que vengo pensando una idea que, al tomar conciencia de ella, me resultó disruptiva: las personas queremos vivir muchos años, pero pocas nos imaginamos siendo viejas. Y ahí me pregunto, ¿cómo vamos a construir proyectos, expectativas, deseos e incluso derechos sobre una etapa de la vida en la que no podemos visualizarnos?


Es así que decido,
 tirar un facto y me voy
: somos seres envejecientes. Desde el mismo momento en que nacemos empezamos a envejecer. Porque el tiempo no para, canta La Bersuit.


Los prejuicios perpetúan la relación entre la vejez y palabras como enfermedad, deterioro, dependencia, soledad o pérdida. La filósofa Simone de Beauvoir escribió La vejez, allá por 1970 y lúcidamente decretaba que «para la sociedad la vejez parece una especie de secreto vergonzoso del cual es indecente hablar».


Sin embargo, una cosa es imaginar la vejez en otras personas y otra muy distinta es imaginársela para una misma. ¿No? La solemos pensar como algo lejano, como una experiencia que les sucede a otros y que, de algún modo, nunca va a alcanzarnos. En esa fantasía también opera el mito de la eterna juventud, de creernos invencibles, de no tener consciencia de finitud y es un ideal arraigado en nuestra cultura que contribuye a sostener una mirada viejista de la vejez.

Los prejuicios perpetúan la relación entre la vejez y palabras como enfermedad, deterioro, dependencia, soledad o pérdida. La filósofa Simone de Beauvoir escribió La vejez, allá por 1970 y lúcidamente decretaba que «para la sociedad la vejez parece una especie de secreto vergonzoso del cual es indecente hablar». Y, pareciera que hoy la vejez sigue siendo, en muchos sentidos, algo de lo que cuesta nombrar y, más aún, proyectar con deseo (a pesar de que es una de las pocas certezas que tenemos en nuestra vida. Siempre estamos más viejos que ayer, y si todo sale más o menos bien, vamos a envejecer).


SPOILER: EL DESEO LLEGA A VIEJO, PERO NO ENVEJECE
  

Fotografía de Marilyn Minter (Elder Sex, JBE Books (Paris) & LGDR (New York City), 2023). 

Seguimos viviendo en sociedades que rinden culto a la juventud, que también termina construyendo identidad (en los términos que mencioné más arriba). Todo parece estar diseñado para parecer más joven, sentirse más joven, actuar más joven y, si fuera posible, borrar cualquier evidencia de que el tiempo pasa. Es así que, el deseo se presenta como si tuviera fecha de vencimiento, como si el placer fuera patrimonio exclusivo de algunos cuerpos y algunas edades o como si llegar a viejo implica automáticamente dejar de ser una persona deseante.

Sin embargo, las experiencias de muchas personas mayores muestran una realidad bastante diferente. El deseo, el goce, la necesidad de afecto, la intimidad, la compañía y el placer no desaparecen por cumplir años. La sexualidad cambia, se transforma y se reinventa, pero no se extingue, es parte constitutiva de nosotros.

Y seamos punzantes, quizás se acepta la idea de que los viejos y las viejas puedan enamorarse o tener pareja. Pero ¿qué pasa cuando se piensa en que esas personas se vinculan sexualmente, o se masturban, o miran pornografía, tienen fantasías eróticas, usan aplicaciones de citas o utilizan juguetes sexuales? ¿Imaginamos que una persona mayor de 60 años (edad en la que la Convención ubica el inicio de esta etapa de la vida) consume contenido erótico, se compra un vibrador, intercambia fotos íntimas o explora nuevas formas de placer? 

Quizás, en este punto, nos encontremos frente a una doble censura: la de hablar de la vejez y la de hablar del goce o del derecho al placer, como si el deseo tuviera una fecha de vencimiento. Porque si aceptamos que las personas mayores también fantasean, se excitan, sienten curiosidad sexual o buscan nuevas formas de placer, se derrumba la idea de que la vejez es una etapa desprovista de erotismo.

De hecho, suele resultar más habitual escuchar que una persona mayor necesita tomar una medicación que imaginarla teniendo orgasmos. ¿Verdad? Vemos con total naturalidad que alguien de 30 años compre preservativos (úsalos siempre, por favor), use una aplicación de citas o adquiera un juguete sexual. Sin embargo, cuando quien hace esto mismo tiene 80 años, la reacción suele generar sorpresa, incomodidad o, incluso, burlas.

Cuidar también implica respetar: la intimidad, los tiempos, las decisiones y el derecho de cada persona a construir vínculos, enamorarse, disfrutar de su propio cuerpo y vivir la sexualidad de la manera que elija. Porque proteger no es controlar y acompañar no es decidir por otras personas. El buen trato implica reconocer a las personas mayores como sujetos plenos de derechos, con dignidad, autonomía, independencia, proyectos, deseo, erotismo y derecho al goce y al placer.

En este sentido, cuando hablamos de maltrato hacia las personas mayores solemos pensar en situaciones de abandono, violencia física, negligencia o abuso económico, entre otras. Sin embargo, existen diferentes formas de vulneraciones mucho más silenciosas y naturalizadas que rara vez identificamos como tales. Podríamos llamarlas «microviejismos», tales como negar la intimidad, cuestionar nuevas relaciones afectivas, infantilizar decisiones, controlar vínculos, suponer que una persona mayor ya no necesita o no quiere privacidad, y la lista podría continuar. Actitudes que terminan por censurar, desaprobar moralmente, ridiculizar o tener actitudes paternalistas para con las personas mayores.

Como si el placer tuviera fecha de vencimiento. Como si hubiera una edad a partir de la cual el deseo dejara de ser legítimo. Como si el erotismo fuera un privilegio reservado para la juventud.

Puede que estos ejemplos se escondan tras el relato del cuidado. Sin embargo, cuidar también implica respetar: la intimidad, los tiempos, las decisiones y el derecho de cada persona a construir vínculos, enamorarse, disfrutar de su propio cuerpo y vivir la sexualidad de la manera que elija.

Porque proteger no es controlar y acompañar no es decidir por otras personas. El buen trato implica reconocer a las personas mayores como sujetos plenos de derechos, con dignidad, autonomía, independencia, proyectos, deseo, erotismo y derecho al goce y al placer.

Miremos a nuestro alrededor, ¿Cuáles son las representaciones de vejez que consumimos? ¿Cuándo fue la última vez que viste una escena de placer sexual protagonizada por personas mayores en una película, una serie o una publicidad? No reflexionar sobre esto, invisibiliza contribuyendo a reforzar prejuicios. Por todo esto, jubilemos nuestros prejuicios y preguntémonos.

¿Qué vejeces queremos ser? 

Reitero, querido lector, querida lectora —y quienes habitan los grises de la vida—: contame, ¿Qué más te gustaría leer, discutir o escuchar sobre este tema?  

Dolo Cova. Dolores Covacevich es Magíster en Género, Sociedad y Políticas (FLACSO). Además, es Licenciada y Profesora en Ciencias de la Educación (UNR). Es Especialista en Políticas Públicas y Justicia de Género (CLACSO) y Especialista en Violencia de Género, Participación y Políticas Públicas.

El Tiempo No Para. Bersuit Vergarabat

Disparo contra el Sol con la fuerza del ocaso

Mi ametralladora está llena de magias
Pero soy solo un hombre más

Cansado de correr en la dirección contraria
Sin podio de llegada, y mi amor me corta la cara
Porque soy solo un hombre más

Pero si pensás que estoy derrotado
Quiero que sepas que me la sigo jugando
Porque el tiempo, el tiempo no para

Unos días sí, otros no
Estoy sobreviviendo sin un rasguñón
Por la caridad de quien me detesta

Y tu cabeza está llena de ratas
Te compraste las acciones de esta farsa
Y el tiempo no para

Yo veo al futuro repetir el pasado
Veo un museo de grandes novedades
Y el tiempo no para, no para, no

Yo no tengo fechas para recordar
Mis días se gastan de par en par
Buscando un sentido a todo esto

Las noches de frío, es mejor no nacer
Las de calor, se escoge matar o morir
Y así nos hacemos argentinos

Nos tildan de ladrones, maricas, faloperos
Y ellos sumergieron a un país entero
Pues así se roban más dinero

Y tu cabeza está llena de ratas
Te compraste las acciones de esta farsa
Y el tiempo no para

Yo veo al futuro repetir el pasado
Veo un museo de grandes novedades
Y el tiempo no para, no para, no, no

Y unos días sí, otros no
Estoy sobreviviendo sin un rasguñón
Por la caridad de quien me detesta