El cambio cultural detrás de la caída de la
natalidad: ¿por qué para los argentinos tener hijos dejó de ser una prioridad?
NO ES MI PROYECTO. No querer ser padres, un fenómeno social que acompaña a la
histórica caída de la natalidad. Fotografía: Cedoc Perfil / Freepik
Un estudio que siguió durante 25 años la evolución de los valores familiares en Argentina detectó una transformación: para una proporción creciente de la gente, tener hijos dejó de ser un componente indispensable de una vida plena.
El trabajo lo realizó el equipo del Observatorio del Desarrollo Humano del Instituto de Ciencias para la Familia de la Universidad Austral, integrado por las doctoras Dolores Dimier de Vicente, Lorena Bolzon, María Sol González y Victoria Bein.
Hoy más que nunca Suscribite
“Cuando baja la natalidad, los
chicos que nacen son realmente deseados”
En el 2015, el 77% de los argentinos afirmaba que “tener y criar
hijos era muy importante" para alcanzar
una vida plena. Diez años después, ese porcentaje cayó al 46%, el número más
bajo desde que comenzó a hacerse esta pregunta. No se trata de una variación
coyuntural, sino de una tendencia sostenida que atraviesa generaciones,
regiones y niveles socioeconómicos.
La modificación es más marcada entre los jóvenes. Solo el 34% de las personas de 18 a 34 años
considera que ser padres constituye un aspecto “muy importante para
sentirse realizadas”.
En otras palabras, dos de cada tres integrantes de las generaciones
jóvenes ya no colocan el hecho de tener hijos entre las prioridades centrales
de sus proyectos vitales.
Razones
que explican el fenómeno.
Las expertas se concentraron en buscar las razones profundas detrás de
la caída en la tasa de nacimientos. Y comprobaron un cambio
cultural. Es que vienen relevando las actitudes de los
argentinos desde el año 2000, y ahora la conclusión es que la decisión de tener
hijos perdió centralidad en los proyectos
de vida.
“Nuestros estudios muestran que no es solo un fenómeno argentino. La redefinición de la parentalidad dentro de un proyecto de vida es un proceso ya documentado desde hace décadas en Europa, Norteamérica y, más recientemente, en Asia y América Latina”, le detalló Lorena Bolzón a Perfil.
Y la experta agregó: “Lo que cambia no es el valor de la familia -que sigue siendo muy alto: 43%-, sino el lugar que ocupa la decisión de convertirse en madre o padre. La parentalidad deja de percibirse como un paso esperado de la vida adulta y pasa a ser una elección que compite con otros proyectos, como el desarrollo profesional, la autonomía, la movilidad o la búsqueda de bienestar”.
Momento sensible para demografía.
Los resultados aparecen en un momento particularmente sensible para la demografía local. Entre 2014 y 2024, los nacimientos cayeron de más de 777 mil a unos 413 mil, según datos oficiales. La magnitud del descenso convirtió al país en uno de los cuatro de la región con fecundidad “ultrabaja” (1,2 hijos por mujer).
Durante años, la explicación atribuía la caída de la natalidad a la incertidumbre económica, la precarización laboral, la dificultad para acceder a una vivienda o -incluso- al aborto. Esos factores siguen presentes, pero no parecen condicionar esta decisión. Simplemente, cada vez más argentinos directamente no imaginan la mapaternidad como parte de su proyecto vital.
La encuesta preguntó cuáles son las
razones de quienes no desean hijos. La respuesta
mayoritaria sorprendió incluso a los investigadores: el 57% respondió que
simplemente no formaba parte de sus planes.
En segundo lugar aparece la ausencia de una pareja estable (38,2%),
seguida por el deseo de priorizar otras experiencias, como viajar o
desarrollar distintos estilos de vida (32,6%), y por la decisión de concentrarse
en la carrera profesional o en los estudios (30,3%).
La investigación suma otro dato revelador sobre las nuevas
preocupaciones que atraviesan la decisión de ser padres. Entre quienes afirman
que no desean tener hijos, el 22,5% menciona el contexto mundial
-ecológico, social, político o económico- como un factor
que influye en esa elección.
Es decir, la incertidumbre climática, los conflictos
internacionales, la inestabilidad política y otros riesgos
comienzan a incorporarse al cálculo personal sobre el futuro, un fenómeno que
hasta hace pocos años apenas aparecía nombrado.
“Por otra parte, en Argentina observamos una particularidad. La familia continúa
siendo el principal espacio de bienestar y
satisfacción personal. Es decir, no estamos frente a una
pérdida del valor de la familia, sino frente a una transformación del
significado que adquiere la parentalidad dentro de ese proyecto familiar. Esa
tensión es, probablemente, uno de los hallazgos más relevantes del estudio”, contó
Bolzón.

Tener hijos dejó de ser un paso esperado para convertirse, cada vez más, en una elección individual que compite con múltiples alternativas de realización personal.
Causas y azares.
En el estudio, una de cada cinco personas dijo que su decisión “está influida por el contexto mundial: ecológico, social, político o económico”. Para Bolzón este es otro dato a tener en cuenta y del que se habla mucho en la literatura reciente: la “incertidumbre sobre el futuro”.
“Nos llamó la atención ese nivel de
respuesta porque muestra que las decisiones sobre la parentalidad ya no
dependen únicamente de la situación personal o familiar, sino también de cómo
las personas imaginan el futuro de la sociedad. Que uno de cada cinco
encuestados mencione el contexto mundial como un motivo para no tener hijos
indica que la incertidumbre comienza a incorporarse en las decisiones más
íntimas de las personas”.
No se trata de un fenómeno exclusivamente argentino.
En los últimos años, distintos estudios internacionales, especialmente en Europa, Estados Unidos y Australia, han mostrado que las preocupaciones por el cambio climático, los conflictos internacionales, la incertidumbre económica o la inestabilidad política aparecen cada vez con mayor frecuencia en las decisiones reproductivas, especialmente entre los adultos jóvenes.
La especialista agregó que “mirando a
futuro, es posible que este tipo de preocupaciones gane importancia. Vivimos en
un contexto de alta incertidumbre, con
transformaciones tecnológicas, cambios climáticos, conflictos geopolíticos,
fuertes cambios sociales y mayores niveles de soledad. Si esa percepción se
profundiza, es razonable pensar que influirá cada
vez más en las decisiones sobre formar una familia. Esto plantea un desafío
importante: generar condiciones de mayor previsibilidad y confianza, porque
decidir convertirse en madre o padre supone, en algún sentido, un acto de
confianza en el futuro. Cuando esa confianza se debilita, es lógico que muchas
personas posterguen o incluso descarten ese proyecto”.
Las consecuencias.
Las consecuencias de esta transformación exceden el plano privado. Menos nacimientos implican escuelas con menor matrícula, cambios en la demanda de servicios de salud materno-infantil, un mercado laboral con menos población joven en las próximas décadas y una presión creciente sobre los sistemas previsionales debido al envejecimiento demográfico. En otras palabras, decisiones que hoy parecen estrictamente individuales terminarán moldeando buena parte de la estructura económica y social del país durante la segunda mitad del siglo XXI.
En ese contexto, la histórica caída de los nacimientos deja de ser solamente un dato estadístico para convertirse en la manifestación visible de una transformación cultural de largo alcance. Después de 25 años de seguimiento, el estudio de la Universidad Austral ofrece una conclusión que probablemente marcará buena parte del debate demográfico de los próximos años: la maternidad y la paternidad ya no ocupan el lugar central que tuvieron durante generaciones.



















.jpeg)











































