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sábado, 23 de junio de 2018

Traficantes de paradojas… @dealgunamanera...

Traficantes de paradojas… 

Macri, Messi y Darin: tres cuestionados de la última semana. Fotografía: CEDOC / PERFIL

Sentimos primero que Darín es bueno o malo, Messi es o no patriota, y Macri es o no competente o bien intencionado, y luego construimos conceptos que sostengan nuestra creencia.

© Escrito por Jorge Fontevecchia el sábado 23/06/2018 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

La diferencia entre el éxito colectivo y el individual ya quedó presentada en esta columna el domingo pasado. Mientras en Argentina Macri tiene cada vez más en riesgo su reelección, incluso si le tocara ir a un ballottage con Cristina Kirchner (el escenario ideal para Jaime Duran Barba), porque la ex presidenta mejora en las encuestas en proporción a lo que empeora la economía, en Estados Unidos todos los presidentes del último cuarto de siglo fueron reelectos, incluso George Bush, y ahora se cree que lo sería hasta Trump. Que sea más fácil tener éxito como presidente –y en cualquier función– en un país poderoso como Estados Unidos que en otros más débiles como Argentina promueve muchas reflexiones

La relación con el éxito como con el fracaso está condicionada por la memoria. ¿Cuántas veces nuestra sociedad se ilusionó con la llegada de un nuevo presidente y revivió la esperanza de “ahora sí, la Argentina despega”? No es la misma relación con el éxito de los norteamericanos, ni con los exitosos, sea Trump o su más famoso deportista y artista, como en Argentina es con Macri, Messi y Darín, las tres mayores celebridades de la política, el deporte y los artistas, quienes simultáneamente fueron cuestionados esta semana: donde el éxito no abunda, se es menos tolerante con los exitosos.

Que MSCI nos pase de mercado fronterizo a emergente fue vivido igual que el triunfo de Nigeria ante Islandia.

Estoy subinformado sobre fútbol pero me resultó paradójico ver cómo los analistas deportivos el día antes del partido con Croacia hablaban con mucho optimismo y explicaban por qué eran lógicos los pronósticos positivos y al terminar el partido en derrota, explicaban lo contrario. De la misma forma que hicieron los economistas en diciembre con las proyecciones sobre inflación, precio del dólar y crecimiento del producto bruto, y lo opuesto en mayo/junio. El método de juicio emocional era el mismo, solo cambiaba el objeto de análisis. Se podría decir algo parecido sobre las consecuencias posteriores al debate sobre el aborto en el Congreso y cómo sus efectos en las cuestiones de género pueden hacer pasar el simbólico falo del hombre a la mujer con la misma fuerza del sunami que aumentó el dólar o cambió el humor sobre la selección de fútbol.

Hay un texto, viralizado en las redes, en defensa de Darín, cuyos argumentos son tan plausibles como los que se usan en su contra, y demuestra el grado de emocionalidad exaltada que nos caracteriza. Su autor es Coni Cherep, quien se define como “periodista en licencia” y “opinador serial”, calificación esta última que representa a tantos argentinos (ver: No, con Darín no).

Idéntica subjetividad hiperbólica pasa del espectáculo a la política y al deporte, tres actividades unidas por la misma matriz de la fama. Cuando Morgan Stanley Capital International subió la calificación de los mercados de acciones de Argentina de fronterizo a emergente después de la megadevaluación, fue sentido como el triunfo de Nigeria ante Islandia tras la derrota de nuestra selección de fútbol con Croacia. “Ahora sí, nuevamente, podemos”.

Un párrafo aparte merecen las calificadoras de riesgo y Morgan Stanley Capital International (MSCI), cuya arbitrariedad no es una excepción, al igual que los consultores económicos argentinos. En junio del año pasado, la economía argentina y la popularidad de Macri estaban mejor que hoy; sin embargo, el año pasado MSCI no aprobó la mejora de calificación porque “había que esperar a ver que las reformas que había producido Macri no fueran reversibles”, o sea: que no volviera el populismo, riesgo que hoy no es menor. Son calificaciones tan discutibles como que ya éramos país emergente mientras estábamos en default antes de 2009, cuando nos bajaron de categoría. En todos los casos por cuestiones políticas.

“Lo verdadero es solo conveniente respecto de nuestro pensamiento, exactamente como lo correcto es solo conveniente a nuestra conducta”, escribió William James en Pragmatismo y El significado de la verdad. O como lo hizo Hilary Putnam en Realism with a Human Face: “Lo que llamamos realidad es el proyecto de vernos a nosotros mismos como cartógrafos de algo”.

Paradojas tan viejas como la humanidad, como la vieja lucha por reducir sensaciones a conceptos, o la reducción inversa que intentó el empirismo. Opinadores de todo lo que sentimos, somos malos alumnos de Aristóteles, quien sostuvo que el “conocimiento de” era anterior al “conocimiento de que”; y de Kant, para quien “las intuiciones sin conceptos son ciegas”. Sentimos primero que Darín es bueno o malo, Messi es o no patriota, y Macri es o no competente o bien intencionado, y luego construimos conceptos que sostengan nuestra creencia. Viendo el comportamiento de los mercados y las opiniones de los economistas, habría que disculpar al público y a los opinadores mediáticos por una carencia que también afecta a las “mentes más elevadas”.

Nada nuevo: Richard Rorty, en La filosofía y el espejo de la naturaleza, explica cómo los problemas son los mismos, solo que se renuevan modificando las palabras, porque no cambian las creencias sino el vocabulario ya que no existe una relación permanente entre lo correcto e incorrecto, como entre los electrones y los protones. No pocas veces los problemas parecen nuevos solo por desprendernos de una terminología obsoleta: lo que hay son mitos antiguos para prejuicios modernos. Siempre se refuerzan las maniobras intelectuales que permitan la conservación del mito, tan difícil de erradicar (también para bien) como las enseñanzas de nuestros padres.

Sentimos primero que Darín es bueno o malo, Messi patriota o no, y Macri bien intencionado, y luego argumentamos.

Jaime Duran Barba, simbólico presidente del club de fans latinoamericanos de Yuval Noah Harari, es él mismo tan especialista en mitos como su admirado historiador israelí, autor de best seller mundial Sapiens: de animales a dioses. La política, el deporte y el espectáculo, que comparten el mismo sistema conceptual mitológico, son ideales para los traficantes de paradojas, que mantienen en vilo a la audiencia para que crea que suceden situaciones diferentes.



(Fuente www.perfil.com). El periodismo profesional es costoso y por eso debemos defender nuestra propiedad intelectual. Robar nuestro contenido es un delito, para compartir nuestras notas por favor utilizar los botones de "share" o directamente comparta la URL. Por cualquier duda por favor escribir a: perfilcom@perfil.com

domingo, 2 de agosto de 2015

Contar la vida… @dealgunamanera...

Contar la vida…


Línea de tiempo. Entrevistas. Martes y jueves a las 23 por Canal 7. Conducción: Matías Martin. Producción: TV Pública y Endemol. Dirección: Guillermo Vittori.

Un programa de entrevistas: nada más, nada menos. Un género conocido, transitado, criado y crecido desde los inicios de la televisión pero cuyos secretos, como una misteriosa femme fatale nadie termina de conquistar por completo.

Todos los periodistas preguntan, todos los conductores conducen pero no todos saben plantear ese pacto por el que el otro aceptará el recorrido indagatorio sobre su vida. Porque, está claro, “la” entrevista no es un alud de interrogaciones a un ministro ni la frase robada a una estrella a la salida del teatro por más rimbombantes que resuenen en altavoces.

Su condición y su fin es la intimidad de a dos, aun la montada en un estudio de televisión, por la noche, con luces bajas, en aparente soledad de confesionario.

¿Se logra? Depende. Al igual que una obra teatral cada día en escena ante públicos y humores diferentes, nunca se sabe si lo que hizo efecto ayer, lo hará mañana, si falló el timing o si eso de la química entre las partes fluyó o quedó atascado en el primer no del entrevistado. De la misma manera que “el cliente siempre tiene la razón”, cualquiera es digno de una entrevista (Franco Torchia las hacía por la calle a quien le pagara 5 pesos, para el canal Digo) y un buen profesional debería saber sacarles agua a las piedras.

Entre nos, las brujas existen y los entrevistados insípidos también. Pero ni siquiera eso arruina el acto: la entrevista, además de seducción, es competencia deportiva y dejar al otro en offside es otra parte divertida del juego.

Todo este preámbulo no tiene más sentido que el decir que la segunda temporada de “Línea de tiempo” es una buena noticia para la tele. Porque valoriza la palabra del otro en su contenido y no en los rebotes del rating, porque el invitado está ahí ocupando esa silla para ser escuchado sin la obligación de vender una frase corta en el mercado mediático.

El conductor y periodista Matías Martin –que el año pasado reconoció que tuvo que derribar prejuicios propios y ajenos para aceptar participar en la TV pública– hace algo increíble: deja hablar. Su personaje es pasar casi inadvertido, tirar algo sin énfasis y esperar con una semisonrisa. Protegido por el paraguas de su buena onda, no se disfraza de incisivo y sabe recrear un clima imposible en la tele que es la “naturalidad”.

Salvo porque sale dos veces por semana –en lugar de lunes a jueves, como en 2014–, el programa se mantiene igual, con dos secciones que se suman a la pregunta-respuesta: la línea de tiempo, un resumen de archivo del recorrido del invitado; y tres preguntas grabadas realizadas, cada una, por tres famosos.

Pasaron por “Línea de tiempo” desde Titi Fernández a Diego Torres y este año arrancó con el imbatible Ricardo Darín. No importa quién, Martin logra que parezca fácil lo que muchos llamarían documento inédito.

© Escrito por Leni González el martes 30/06/2015 y publicado por la Revista Noticias de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


domingo, 8 de febrero de 2015

Premio Goya a Relatos Salvajes... De Alguna Manera...

"Relatos Salvajes" ganó el premio Goya a mejor película Iberoamericana...


Argentina está de festejo. "Relatos salvajes", la película de Damián Szifrón que batió todos los récords de taquilla ganó hoy el premio Goya a la mejor película iberoamericana.

El film que protagoniza Ricardo Darín, Érica Rivas, Oscar Martínez, Dario Grandinetti, Leonardo Sbaraglia, y un elenco de primer nivel, competía contra "Conducta" (Cuba), "Kaplan" (Uruguay) y "La distancia más larga" (Venezuela).


La coproducción hispano-argentina competirá por el Oscar a mejor película extranjera el próximo 22 de febrero.

La gran ganadora de la noche fue "La isla mínima", de Alberto Rodríguez, con diez premios, entre ellos los de mejor película, mejor director, mejor actor protagonista y mejor guion original.


Todos los ganadores:

Mejor película:
- "La isla mínima", de Alberto Rodríguez.

Mejor dirección:
- Alberto Rodríguez por "La isla mínima".

Mejor dirección novel:
- Beatriz Sanchís por "Todos están muertos".

Mejor guion original:
- Alberto Rodríguez y Rafael Cobos por "La isla mínima".

Mejor guion adaptado:
- Clare García, Cristóbal Ruiz y Javier Fesser por "Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo".

Mejor interpretación masculina protagonista:
- Javier Gutiérrez por "La isla mínima".

Mejor interpretación femenina protagonista:
- Bárbara Lennie por "Magical Girl".

Mejor interpretación masculina de reparto:
- Karra Elejalde por "Ocho apellidos vascos".

Mejor interpretación femenina de reparto:
- Carmen Machi por "Ocho apellidos vascos".

Mejor actor revelación:
- Dani Rovira por "Ocho apellidos vascos".

Mejor actriz revelación:
- Nerea Barros por "La isla mínima".

Mejor película de animación
- "Mortadelo y Filemón contra Jimmy el Cachondo".

Mejor película documental
- "Paco de Lucía: la búsqueda".

Mejor música original:
- Julio de la Rosa por "La isla mínima".

Mejor canción original:
- "Niño sin miedo" de David Santisteban, India Martínez y Riki Rivera por "El Niño".

Mejor dirección de producción:
- Edmon Roch y Toni Novella por "El Niño".

Mejor dirección de fotografía:
- µlex Catalán por "La isla mínima".

Mejor montaje:
- José M. G Moyano por "La isla mínima".

Mejor dirección artística:
- Pepe Domínguez por "La isla mínima".

Mejor diseño de vestuario:
- Fernando García por "La isla mínima".

Mejor maquillaje y/o peluquería:
- Carmen Veinat y José Quetglas por "Musarañas".

Mejor sonido:
- Marc Orts, Oriol Tarrago y Sergio Brmann por "El Niño".

Mejores efectos especiales
- Guillermo Orbe y Raúl Romanillos por "El Niño".

Mejor película Iberoamericana
- "Relatos salvajes" de Damián Szifron (Argentina-España)

Mejor película europea
- "Ida" de Pawel Pawlowsky (Polonia).

Mejor cortometraje de ficción español
- "Café para llevar" de Patricia Font.

Mejor cortometraje de animación español
- "Juan y la nube" de Giovanni Maccelli.

Mejor cortometraje documental español
- "Walls (Si estas paredes hablasen)" de Miguel López Beraza.


© Publicado el sábado 06/02/2015 por el Diario Clarín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.


sábado, 7 de septiembre de 2013

Ricardo Darín... El "pelotudo" según Federico Luppi... De Alguna Manera...

Darín habló de su polémica con Federico Luppi…

Pasaron ocho meses desde que Federico Luppi opinó en duros términos acerca del pedido de explicaciones que hizo Ricardo Darín sobre el patrimonio de la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner quien, como recordarán, le respondió a Darín a través de una carta en Facebook. Anoche, en “Tiene la palabra” (TN) le preguntaron a Darín por qué en aquel momento no le contestó a Luppi, “que te dijo pelotudo”. Lorena Maciel —co conductora del ciclo junto a Luis Otero— señaló que ella había considerado “sabia” la actitud de Darín de no subirse al ring de los insultos. “Alguno de los dos tenía que tratar de ser un poco sabio”, dijo el protagonista de “Séptimo”, el filme de Patxi Amezcua, estrenado anteayer.

 “Lo conozco desde hace muchos años —manifestó Darín en referencia a Luppi—. Y trato de no dejarme llevar demasiado por lo que la sensación térmica indica sobre una persona más allá de lo que yo conozco de él. A Federico, lo conozco, sé cómo es su manera de hablar y de expresarse. Y él se tomó un mínimo de atención antes de decir eso, que para mí es tan importante como lo que dijo. No soy yo quien va a juzgarlo ni a cortarle la cabeza por un exabrupto. Es un exabrupto, pero antes tomó la precaución de decir ‘con todo lo que lo quiero, con todo lo que lo respeto, para mí, es un pelotudo’. Ok, se lo perdono. Se lo entiendo”, declaró Darín. Y no descartó la posibilidad de que cuando la vida los cruce, puedan charlar tranquilamente.

Ante las preguntas de Silvia Fesquet y Fernando Cerolini (ayer estuvo ausente Cecilia Absatz), Darín se explayó sobre la necesidad de frenar las agresiones: “Si uno se preguntara ‘¿por qué?’ en el momento anterior a la reacción impulsiva frente a lo que considera un injusticia, la cadena de agresiones se cortaría. Si vos me insultás y yo te insulto y vos me pegás y yo te pego, esto no se termina nunca”.

“La violencia y los generadores de violencia me dan miedo”, indicó. Convencido de que “de todos lados se tira cada vez más carne sobre la parrilla”, aconsejó que “acariciar el freno no está mal”. “Ya no necesitamos más confrontaciones ni peleas innecesarias”, opinó. Luego, describió el círculo de las discrepancias que terminan en enfrentamientos. “La intolerancia que viene en el combo de la conformación humana debería estar primera en nuestra orden de lucha, junto con  el ego y la soberbia. Nuestra primera tendencia es pensar que uno tiene razón y que el que no está de acuerdo con uno está equivocado. Entonces, el que no está de acuerdo con uno, es el enemigo. Y si es el enemigo, hay que eliminarlo”.

Mientras lo escuchaba, pensé en la seguidilla de agresiones que se habría generado si Darín, en vez de pensar por un instante en el Federico Luppi que conoce desde hace años, se hubiera concentrado sólo en el exabrupto de su colega y hubiera redoblado la apuesta. ¿Qué habría pasado? Imagino que unos cuantos días de festival mediático, animado por la pirotecnia verbal entre dos excelentes actores argentinos. No más que eso. Nada que pudiera enriquecer a nadie. Las visiones encontradas sobre cualquier asunto favorecen el debate de ideas. Pero el cruce de insultos se agota en la catarsis. El debate abre nuevas perspectivas, acerca posiciones; si se sostiene con honestidad intelectual, al final del camino, todos salen ganando, porque siempre habrá algo en la visión ajena que a uno le permita reconsiderar la propia. La batalla de los insultos, en cambio, es estéril, incapaz de generar algo que no existiera antes de comenzarla, es decir, una serie de vocablos lanzados como municiones.

Tal vez con esa idea de pensar antes de hablar esté relacionado el proyecto que Ricardo Darín y su hijo Chino está planeando. Según contó Ricardo anoche, quieren “diseñar, armar y cranear desde cero una historia para llevar al cine”. ¿Cómo será esa historia?, le preguntaron. “Será una película callejera —respondió—. Una historia que habla de los prejuicios heredados, de cuánto nos cuesta comunicarnos con las personas a nivel emocional”. “El 85 por ciento de los prejuicios que nos integran —siguió diciendo— los hemos heredado de la familia, la escuela, el barrio. Somos parte de la gilada cuando respondemos con esos prejuicios y decimos una estupidez discriminatoria. Después, cuando te ponés a pensar y a buscar dentro tuyo, descubrís que vos no sos eso, que no hablaste desde lo que sos sino en función de los prejuicios que heredaste”.

Confieso mi fascinación por el género periodístico de la entrevista. Me gusta verlas por televisión, escucharlas en la radio, leerlas y hacerlas. Siento que al final de una entrevista, quedás  enriquecido. Sencillamente, porque la entrevista te lleva al mundo de Otro. Y el Otro siempre es distinto de uno. Siempre habrá algo en los dichos del  entrevistado que te muestre algún hecho que no habías advertido, una manera diferente de mirar al mundo, una experiencia de vida que es ajena a la tuya. Anoche, me quedé pensando en la certeza de Ricardo Darín acerca de que si uno reflexionara antes de contestar un exabrupto con otro, “se cortaría la cadena de agresiones”. Al fin y al cabo, él lo aplicó con Federico Luppi y el resultado está a la vista: nos ahorró a todos el triste show de dos actores insultándose como chicos. No es una mala idea para aplicar en nuestras vidas, ¿verdad?

© Escrito por Adriana Schettini el sábado 07/09/2013 y publicado por el Diario Clarín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.



domingo, 7 de julio de 2013

Reportaje a Juan José Campanella... De Alguna Manera...


“Hacer ‘Metegol’ fue como filmar diez películas”...

DIFERENCIAS. “En cuanto al proceso creativo, Metegol se desarrolló exactamente al revés de lo que es una película. Empezás por el montaje y terminás por la filmación”.

Sumergido en la próxima presentación de Metegol, la película de animación a la que dedicó cinco años de su vida, trabaja ya en su nuevo proyecto: dirigir teatro, con Luis Brandoni y Eduardo Blanco como actores, y se prepara para iniciar los estudios de Ciencia Política, “porque dirijo cine hasta las 5 de la tarde, pero soy ciudadano las 24 horas”.

Faltan pocos días para el lanzamiento de Metegol. La nueva creación de Juan José Campanella, como se sabe, es una película de animación en la que este hombre particularmente exitoso ha comenzado a incursionar hace ya varios años. No podemos olvidar, en la etapa inicial, una visita que efectuamos dos o tres años atrás a su estudio, ubicado cerca del estadio de River Plate y donde observamos con fascinación una multitud de pantallas en las que iban registrándose distintos movimientos de los personajes para culminar en una gran imagen en la que se plasmaba el paso final.

—Más que una película, yo diría que es una etapa de mi vida –bromea Campanella–; es como armar un rompecabezas sin ningún tipo de orden. Una película, por ejemplo, es algo mucho más ordenado. Aquí, en la animación, tenés una pieza por un lado, otra por otro y recién empezás a ver la figura cuando ya tenés 200 piezas metidas. El proceso es muy caótico, y hay que encontrar un orden en ese caos.
 
—Quizás por eso encontramos allí un salto muy grande entre “El secreto de sus ojos” y “Metegol”.
—Bueno, es un triple salto mortal. Es otro mundo, otro estilo que puede ser para el mismo público pero que abarca otra parte de su sensibilidad y, por añadidura, incluye ahora a los chicos. Además, es un proceso creativo totalmente distinto. Yo diría que son otros músculos. Imposible comparar estas dos etapas... En cuanto al proceso creativo, Metegol se desarrollo exactamente al revés de lo que es una película. Empezás por el montaje y terminás por la filmación. Te explico: en una película uno arma a partir del material ya filmado y con lo que brindaron los actores. Aquí se arma antes. Se arma en la imaginación y luego vamos llenando. Todo el tiempo me acordaba mucho de Beethoven componiendo ya sordo... sin poder escuchar lo que estaba componiendo. Y la verdad es que no me explico cómo una película de animación puede ser la primera película de alguien. Hay que haber pasado por muchas cosas e imaginarse cómo será el resultado final. Esa es una gran diferencia, y en cuanto a la película, en lo emocional te diría que va para arriba y no hacia abajo como El secreto de sus ojos.
 
—Por ejemplo, en “El secreto de sus ojos” das una pista a través de esa mano que abre una cortinita que descubre el galpón donde está un hombre preso a perpetuidad... No sé si en la animación hay puertas semejantes.
—Sí, hay. El armado de la película, de la historia, es el mismo. La cuestión es cómo se hace. En cuanto a cómo la escribís, te digo que es un cuento en el que los personajes, más allá de que sean dibujados, son también seres humanos con sus ambiciones, sus deseos, sus emociones, sus motores emocionales, sus debilidades y fortalezas. Así es que la historia que se cuenta se arma en la tapa del guión. Y la tapa del guión es igual en las dos.
 
—Qué trayectoria la tuya, Campanella... –reflexionamos. Mientras, este ganador del Oscar recuerda su primera película:
—La filmé en Estados Unidos y en España se llamó El niño que gritó “puta”, se ríe a carcajadas. Sí, sí –enfatiza–, tal cual: The boy who cried “bitch”. Era un juego de palabras sobre El niño que gritó “lobo”. Aquí no se estrenó. Es una película muy dura, muy trágica, en la que el protagonista es un chico de 12 años, psicópata. Luego filmé otra película en los Estados Unidos, basada en un libro de José Pablo Feinmann, El tiro del final, y finalmente volví a la Argentina para hacer El mismo amor, la misma lluvia; El hijo de la novia; Luna de Avellaneda; Vientos de agua (que no considero una miniserie sino parte de mi filmografía).
 
—Además, con el aporte de la maravillosa Aída Bortnik...
—Exactamente. Hicimos Vientos de agua con Aída y luego vinieron El secreto de sus ojos y El hombre de tu vida, y ahora Metegol.
 
—Es un recorrido notable. Si uno mira tus películas no puede dejar de emocionarse por la profundidad que alcanzan. Pero, en este caso, ¿cómo se inventa y se llega a un muñeco?
—Sí, es increíble. A tal punto que, cuando estábamos terminando la película, la mirábamos y nos olvidábamos de que eran dibujos, muñecos... creo que éste es uno de los logros de la película. Te hace creer que sus protagonistas son seres humanos. En la animación tienen un estilo de actuación muy realista y que transmite muchas cosas. Mirá, se empieza con el dibujo en 2D.
 
—¿Qué quiere decir “en 2D”?
—Papel y lápiz. No con relieve. Altura y ancho. No profundidad. Son dos dimensiones. En este caso, Mariano Epelbaum fue el diseñador de todos los personajes y Nelson Luty el de todos los fondos y decorados. Nelson empieza dibujando a lápiz sobre papel. Mariano ya en las tabletas electrónicas, pero como si fuera un lápiz, y de esto se hace un dibujo plano, se decide el personaje después de mil pruebas en las que vas cambiándole la cara, los ojos, el color... Son decisiones que nunca había tomado en mi vida. No sé... Ricardo Darín, por ejemplo, ya viene con color de ojos. Aquí hemos tenido reuniones de seis horas para decidir si los ojos eran azules verdosos o verdes azulados. Fue tremendo, y esto después lo toma otra persona y comienza, con distintos dibujos de poses y perfiles, casi a esculpir. A darle volumen pero en una computadora.
 
—Sin embargo, por lo que estás explicando, los dibujos de la animación también deben abrir claves y puertitas para el espectador.
—Sí, hay muchas cosas que están plantadas en la película y que luego se convierten en pistas para el espectador. Esas son todas técnicas de narración.
 
—El cine es un deleite visual... Quizás el dibujo animado te exija más que el cine.
— Desde la realización, sí. La realización es un esfuerzo tecnológico muchísimo más grande. Insume también más tiempo porque una película, de punta a punta, se hace en seis meses, y Metegol se hizo en cinco años. Así que la exigencia es mucho mayor. Yo diría que equivale a diez películas... Mirá, una película, por ejemplo, se hace con sesenta personas, y para Metegol necesitamos a 487.
 
—¿En serio?
—Sí, sí. Contando músicos, etc., pero 400 trabajando en la película, lo que puede darte una idea de que es mucho más difícil. Ahora, el cuentito que se relata y el corazón de la película... bueno, esto es igual en todas.
 
—Pero, por ejemplo, ¿la banda de sonido... ? Cuando vos mencionabas recién a los músicos me preguntaba si al compositor que hace la banda le vas marcando las secuencias. ¿Cómo es el trabajo?
—Sí. El compositor fue Emilio Kauderer. La música es impresionante y se grabó con la Orquesta Sinfónica de Londres. Emilio también compuso la música de Un lugar en el mundo y El secreto de sus ojos. En fin, varias películas. Es un capo y ha hecho una muy buena música. Aquí, claro, es algo sinfónico mucho más grande de lo que hemos tenido posibilidad de hacer en nuestra historia... En realidad, al comienzo se trabaja siempre en todas las películas con una banda temporaria que es básicamente música de otros lados. Música clásica o de otras películas que te va dando un clima y un ejemplo. Una referencia. Y uno va armando la película con esto, y luego, el compositor lo tomará como leve inspiración, aunque a veces también puede irse para otro lado.
 
—Y con la música ¿vas a editar un CD aparte?
—La música de la película creo que, aquí en Argentina, sale con Warner. No lo sé exactamente porque ésos son derechos de Kauderer.
 
—A propósito de derechos y auspicios, aquí, en Argentina, se ha comentado que la Disney no te habría brindado la promoción que te correspondía. Que te había dado poca promoción.
—¿Poca? No, Ninguna. No encontró lugar en su pauta para Metegol en ninguno de los tres canales que tiene para niños. No sé, no sé... yo creo que tendrías que preguntárselo a ellos. Dan promoción a otras películas de otras productoras. Esto no es por un tema como sería entre Telefe y Canal 13. No, no. En los canales de Disney dan rutinariamente promociones de películas que no son de Disney pero no encontraron lugar para Metegol.
 
—Es increíble que, con una trayectoria como la tuya, ocurran estas cosas.
—Qué sé yo. Por ahí son cosas de un ejecutivo local. La verdad es que no quiero hacer un escándalo sobre esto, ¿viste? Ya he mandado un par de chicanitas hace 15 días –se ríe–, y la verdad es que creció mucho más de lo esperado. Lo que se habló benefició a la película más que si hubiera pagado toda la pauta y ellos hubieran puesto todos los comerciales en pantalla. La película no necesita un escándalo para sobrevivir. En una palabra: esto ya fue.
 
—“Metegol” es un viejo sueño tuyo. Desde hace dos años venimos hablando de esto.
—Nosotros venimos hablando de esto desde hace dos años, pero yo desde hace cinco estoy trabajando.
 
—Vos no parás nunca. A un paso del estreno de “Metegol”, estás preparando algo en teatro, ¿es así?
—Absolutamente. Es la primera vez que dirijo teatro y estoy ensayando con Beto Brandoni y Eduardo Blanco. Es una obra que me encanta: Parque Lezama, y pensamos estrenarla en agosto. Es una adaptación que he hecho de una obra americana, I’m Not Rappaport, de Herb Gardner. Yo creo que es la mejor obra que he presenciado en mi vida, y desde que la vi, hace 25 años, advertí que es un texto más argentino que norteamericano. Está escrita, obviamente, por un judío neoyorquino (que es lo más parecido a un porteño). Mirá: un romano, un judío neoyorquino y un porteño son las tres cosas más parecidas que conozco. Ahora puedo cumplir el sueño de hacerla realidad, y la verdad es que la obra está quedando muy, muy bien.
 
—No parás nunca, Campanella. Recuerdo la repercusión que tuvo “El mismo amor, la misma lluvia”, lo que se habló de aquel nuevo director. ¿Han pasado acaso tantos años?
—Catorce.
 
—¿Cómo fue tu evolución?
—En realidad, no te das cuenta porque el nivel de trabajo ha sido el mismo que cuando no pasaba nada. Uno trabaja igual siempre. A veces conecta, y a veces no. La verdad es que es la magia de esto: cuando las cosas se dan, decimos que es la belleza del momento, y cuando no es así, decimos... –entre carcajadas utiliza un término que no me deja reproducir–. La cosa es inmanejable y depende mucho no sólo de lo que uno hace sino también de aquello en lo que está la sociedad. En qué está la gente. Uno empieza los proyectos dos o tres años antes de que se realicen y es imposible anticipar en qué estará la sociedad, cuáles serán sus temas, sus intereses. Así es como ha habido grandes películas en la historia que han fracasado. Por ejemplo, la mejor película que he visto en mi vida, ¡Qué bello es vivir!, de Frank Capra, fue un fracaso cuando se estrenó. Casi se arruina el estudio que la producía. La película se estrenó en 1946 y los Estados Unidos de posguerra no querían oír hablar de angelitos. El gran éxito fue, en cambio, Lo mejor de nuestras vidas, la historia de tres veteranos que volvían de la guerra y que se llevó todos los Oscar. El éxito depende mucho de lo que se está hablando.
 
—Conociendo tu trayectoria, cabe suponer que, después de “Metegol”, tenés dos o tres proyectos en marcha.
—Como te decía, estoy muy dedicado a dirigir teatro. Desde hace un año estamos con este proyecto y en Estados Unidos hice un poco de televisión. Fue en marzo y abril: un piloto para una serie que sería la reemplazante de Breaking bad, que ha tenido mucho éxito, una serie de culto. Mi piloto sería para la serie que la reemplazará. En el segundo semestre voy a intentar escribir un nuevo guión para una película normal, y el año que viene quiero empezar a cursar una maestría en Ciencia Política.
 
—Pero, si me permitís, ¿cuál sería la relación entre el cine y la Ciencia Política? Salvo que estés preparando la biografía de Cristina Kirchner...
—No, no... Es más por una inquietud de conocer un poco más un tema que me interesa y no por participar. Tengo un hijo de seis años y jamás le haría eso.
 
—Entonces, después de varios capítulos de “Dr. House”, “La ley y el orden” y algunos especiales...
—... en realidad, de eso vivo. Son un promedio de dos capítulos por año.
 
—Sigo pensando en tu proyecto de estudiar Ciencia Política. Es una idea inteligente porque, indudablemente, 2015 no está tan lejos y aquí, si estrenás una película dentro de dos años, vas a tener público para comentarla a favor o en contra.
—No. La película no es sobre política. Tiene más que ver con la muerte. Y esto responde a una inquietud personal.
 
—Te creo, pero éste es un momento del país muy particular.
—Hace cinco años escribí el guión de Metegol; sin embargo, tiene que ver con darnos cuenta de que estamos jugando todos en la misma cancha. Yo trato de no vivir en una burbuja, estoy conectado con la gente. Tengo pocos amigos dentro de la industria. La mayoría de mis amigos no están relacionados con el cine, y yo dirijo cine hasta las 5 de la tarde o sin horarios (él mismo se ríe cuando advierte que no se detiene frente al reloj)... pero soy un ciudadano durante las 24 horas del día.
 
—Aparte de los guiones que te mandan, ¿tenés tiempo para leer?
—No leo los guiones pero leo muchos ensayos (no ficción), y ahora, como te dije, estoy con el tema de Ciencia Política. Me interesa mucho, y hace poco leí algo muy recomendable: Inteligencia emocional, de Goleman. Te aseguro que se lo recomendaría a mucha gente conocida. Me parece que, últimamente, esta lectura está haciendo falta... –se ríe con ganas–. Y, en cuanto a novelas, acabo de terminar El puente de San Luis Rey. Toca el tema de la muerte que, como te decía, estoy tratando. También estoy leyendo Algo pasó, de Joseph Heller, uno de mis autores favoritos.
 
—Disculpame la indiscreción, pero un tipo tan vital y exitoso como vos, ¿por qué se asocia al tema de la muerte?
—Bueno... es un tema que un día llega. En los últimos años fallecieron mis padres, nació mi hijo... O sea que, en un año, pasé de ser hijo durante toda una vida a ser padre. Y esto te hace pensar un poco en que todo se acaba... pero no quiero que se haga un bajón con eso. Todo lo contrario. Creo que hay que reconciliarse con esa idea. Hacerse amigo de ella.
 
—Lo terrible no es siempre un bajón. Es simplemente terrible, ¿no?
—Bueno, sí. A veces puede ser hasta liberador. Estoy trabado con esto. En este momento, más que hablando y escribiendo, te diría que estoy leyendo.

© Escrito por Magdalena Ruíz Guiñazú el domingo 07/07/2013 y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.