Mostrando las entradas con la etiqueta Cristina Fernámdez. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Cristina Fernámdez. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de agosto de 2011

CKF en estado de gracias... De Alguna Manera...

Le salen todas y más...

Gana todo lo que toca. Cristina Fernández.

La Presidenta parece blindada y arrolladora. La tensión con Moyano. Alfonsín y Duhalde continúan a la deriva. CKF en estado de gracia.

El Gobierno vive su luna de miel política. La oposición, con sus propuestas hacia ninguna parte, lo ayuda. El oficialismo exhibe una estrategia de campaña definida y concreta. Habrá de ser así hasta las elecciones del 23 de octubre, sin importar los límites que impone la ley electoral (ya se encontrará cómo justificar la forma de burlarla). La Presidenta habrá de aparecer todas las semanas haciendo anuncios e inauguraciones. Algunas de ellas serán repeticiones de otras ya hechas. “No importa; nadie, salvo ustedes los periodistas, se acuerda de ese detalle”, sentenciaba una voz del oficialismo en el medio de la euforia de esta hora.

La oposición debería prestar atención a toda la escenografía desplegada en muchos de esos actos, en los que se observa el uso de recursos tecnológicos y una postura distinta por parte de Cristina Fernández de Kirchner, a la que se la ve dejando de lado su actitud profesoral y allanándose a un lenguaje más coloquial y un trato directo con la gente que tiene la aureola de lo mágico. A quien quiera tener una percepción exacta de ello le recomiendo mirar el acto del jueves en la Casa Rosada, en el que los modos y las expresiones de la Presidenta me hicieron acordar a los de Susana Giménez.

En este derrotero de “la Argentina feliz” no todo es color de rosa. Las tensiones políticas dentro del oficialismo están a la orden. Las más fuertes se viven con la conducción de la CGT. La situación de Hugo Moyano y quienes lo acompañan es cada vez más difícil. El aislamiento al que lo viene sometiendo el Gobierno es creciente. Es una circunstancia novedosa que molesta y alarma al líder camionero. No por nada el titular de los choferes de taxis y mano derecha de Moyano, Jorge Viviani, salió a blanquearla.

Hay que agregar las expresiones del secretario general de los textiles, Jorge Lobais, quien afirmó que desde La Cámpora pretenden desplazar a Moyano y compañía, a los que toman por “viejos pelotudos”. Se agregó lo vivido en la negociación del Consejo del Salario Mínimo, que terminó el viernes por la noche. En esa negociación, Moyano fue blanco de críticas de quienes no lo quieren dentro de la CGT –que no son pocos y cuyo número va en aumento– por haber hecho pública una postura de máxima que era sabido sería inalcanzable. “Fue un error grande como una casa haberse plantado en esa posición inflexible del 41% cuando se sabía que se iba a una negociación en la que nunca las partes obtienen el 100% de sus demandas”, grafica un líder gremial que en el pasado reciente supo tener responsabilidades de conducción con Moyano.

Como era lógico suponer, en medio de la campaña, la Presidenta siguió todo el proceso minuto a minuto: su decisión era que Moyano no podía emerger de esto con un triunfo político que complicara tanto al Gobierno como a ella. “Si no lo arreglan, laudo yo”, fue la orden fulminante que bajó Fernández de Kirchner. Y ahí se terminó la discusión. El anuncio del viernes tuvo dos mensajes evidentes: el “acuerdo” fue obra directa de Cristina, que impuso así un gesto de autoridad, y la soledad de Moyano, acompañado por pocos dirigentes de la primera línea de los grandes sindicatos. A Moyano no lo van a echar; su poder, en cambio, lo van a esmerilar. La Presidenta se aseguró así un triunfo político que le dará réditos en los sectores empresariales. Algo de ello se verá en el acto del Día de la Industria, en el que hablará el próximo viernes. Hasta antes del 14 de agosto, los dirigentes de la Unión Industrial Argentina imploraban por la asistencia de sus asociados a dicha celebración. Después del 14, las reservas se agotaron en un santiamén. Así es como son las cosas en la Argentina.

A todo esto, la oposición sigue con su campaña en dirección a ninguna parte. (“Si no se sabe a qué puerto se quiere navegar, ningún viento es favorable”, Lucius Séneca). Puertas adentro, todos dan la elección por perdida. Lo que todos están tratando de hacer es salvarse de un naufragio estrepitoso. Algunos, como la senadora Hilda González de Duhalde, lo hacen con la denuncia de un supuesto fraude del 10% en las elecciones primarias, lo que casi nadie cree. Otros se han dado cuenta recién en estos días de que el boom de consumo favorece las posibilidades del Gobierno.

En el peronismo, algunos que amagaron irse con Duhalde no saben cómo hacer para reingresar al redil del kirchnerismo. En la UCR varios candidatos a gobernadores con chances de ganar buscan desesperadamente separarse de la pesada mochila que les significa la postulación de Ricardo Alfonsín.

El Frente Amplio Progresista de Hermes Binner es el único espacio donde se reconoce un liderazgo y direccionalidad de la campaña, aunque sin ninguna posibilidad de triunfo. En eso, se iguala al resto de la oposición. Y quien busca despegarse de todos es Mauricio Macri, a quien la declinación de sus aspiraciones presidenciales lo salvó de la catástrofe.

En este tiempo tan especial, Fernández de Kirchner y su compañero de fórmula, Amado Boudou, presentaron sus declaraciones juradas de bienes. En el caso de la Presidenta, se trata definitivamente de una persona rica con un impactante crecimiento patrimonial desde el momento en que su difunto esposo asumió la primera magistratura, en 2003. Desde entonces hasta ahora, ese aumento patrimonial es del 929%, lo cual es producto de una mezcla en la que coexisten terrenos comprados en El Calafate a precio vil y revendidos a cincuenta veces su valor, depósitos en dólares que devengaron intereses que ningún banco paga normalmente a sus clientes y el curioso alquiler del hotel Los Sauces a un empresario que, a pesar de perder plata con esa operación, todos los años la renueva a un precio superior. En menor medida, según los datos, tanto Boudou como el titular de la Anses, Diego Bossio, han demostrado transitar la misma afortunada senda desandada por ella.

La respuesta del Gobierno a todo este escándalo –que hoy no tiene el más mínimo peso electoral– ha sido descalificar a los periodistas y a los medios que han posado su mirada crítica sobre este asunto. Curiosamente, son las mismas respuestas que en la década del 90 se daban desde el menemismo, ante las denuncias de los impactantes niveles de enriquecimiento exhibido por muchos funcionarios de aquella gestión emblemática de la corrupción.

© Escrtito por Nelson Castro y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el domingo 28 de Agosto de 2011

sábado, 14 de mayo de 2011

El discurso... De Alguna Manera...

El Discurso...

“No estoy muerta por ser presidenta” es una frase con muchas más resonancias que su significado. Es una metáfora para decir que no está desesperada por ser presidenta nuevamente. Pero también lo dice, está en la letra, que está viva a pesar de ser presidenta. Con el telón de fondo de la muerte de Néstor Kirchner que, de alguna manera, murió por ser presidente, por las responsabilidades y sinsabores de la presidencia propia y la de su mujer, que hicieron polvo su salud, la frase se abre en muchos significados latentes en la presidenta Cristina Fernández de Kirchner que la pronunció.


La Presidenta quiso decir lo que dijo. Ella no improvisa, prepara sus mensajes a pesar de que no los lee. Quiso advertir, más que decir, que si no ve las condiciones ni los respaldos reales suficientes, no tiene por qué buscar otro período presidencial. Pero lo hizo con una frase que surgió de su interior que dejó entre líneas una imagen interior, propia, pero que muchos también perciben, la de un Néstor Kirchner que se entregó a una responsabilidad a pesar de saber que era su sacrificio final. Está esa imagen de Néstor Kirchner en la idea de que la presidencia puede significar la muerte. Y no es una imagen arbitraria ni alocada.

Hay allí también una forma de ver la responsabilidad de la gestión. No existe la siesta, es como una locomotora lanzada a todo vapor, con presión las 24 horas. Casi no hay delegación en las decisiones cruciales en una lucha contra el tiempo y los obstáculos para alcanzar objetivos. La idea del poder está relacionada con la responsabilidad. No es el emperador o emperatriz recostado/a en su poltrona. Es una épica de la gestión que se asume como gesta y paso por la historia, más que como una burocracia de la gestión. Esa es la presidencia que puede ser letal. Y no hace falta señalar que no siempre los presidentes argentinos han tomado así su trabajo.

Por esta frase, por los tonos, por el contenido general, el discurso del jueves provocó tanto revuelo y agitación, que pudo detectarse en el bombardeo de facebook, tweets, mails y cartas de los lectores. Muchos se preguntaban si pensaba renunciar, si había sido espontáneo, por quién lo habría dicho, si no quería presentarse a la reelección. En las redacciones se repitió con minuciosidad el discurso. Para la oposición fue sorpresa y al mismo tiempo escepticismo y expectativa por si surgía un flanco débil. Para los simpatizantes de la Presidenta, una carga de angustia que se descargó “on line”.

Hay otros significados latentes. “No estoy muerta por ser presidenta” también lleva implícita el “estoy viva por ser presidenta”, lo que abre otro abanico de emociones y posibilidades. Puede ser lo que sienta o piense la Presidenta, pero sobre todo es lo que sintieron y percibieron de la Presidenta quienes la escucharon, se trata del efecto que produjeron sus palabras. “Estoy viva por ser presidenta” quiere decir también que es una forma de encontrarle un sentido a la vida e incluso a la vida y a la muerte de Néstor Kirchner. Por un lado, en esa frase de su discurso está la mujer que rechaza esa carga y por el otro, aquella que la necesita, que la vive como una meta vital o como un karma. Cuando dijo esa frase se escuchó la respuesta de la multitud que gritó su nombre adosado al maldito sustantivo: “¡Cristina presidente!”.

Fue un discurso que resonó como trueno para el ciudadano común. Para los más orgánicos de la política, los dirigentes y activistas y para los analistas mediáticos y consultores estuvo lleno de nuevos códigos. La mayoría dio por descartado que no hubo emotividad espontánea, sino expresión de parte de la estrategia del oficialismo para las elecciones.

Hubo lecturas para los dos casos. Es cierto que el discurso generó cierta confusión incluso dentro del oficialismo, porque, si bien hubo críticas fuertes a los dirigentes de la oposición “que nunca arriesgan y sólo juegan para ganar”, las frases más llamativas estuvieron referidas a desbordes sindicales y a un campo del propio equipo, definido por la “lealtad”.

El tema de la campaña electoral es el escenario donde todos juegan. Un sector del gremialismo y los agrupamientos sociales saben que es el momento más vulnerable de los oficialismos y salen con los tapones de punta. Algunos gremios en el sur, que son los que mejor ganan en todo el país, reclamaban entre 40 y 50 por ciento de aumento, declararon huelgas por tiempo indefinido y bloquearon la salida de las refinerías para provocar escasez de combustible. Se sabe que el origen del kirchnerismo está en Santa Cruz y siempre son los mismos gremios los que generan conflictos salvajes en momentos de elecciones. No es necesario establecer la etimología de la palabra extorsión. Es fuerte, es clara y da una idea de la energía con que se formula. “Ni explotación ni extorsión”, dijo.

Se da un proceso de paritarias al comienzo del proceso electoral. No es el mejor momento, pero así se dio. Es clara la intención presidencial de evitar que las dos cuestiones se mezclen, se exacerben los reclamos, se generalicen los conflictos y se extienda una situación de violencia con cortes y tomas indiscriminadas con reclamos imposibles. Si no se corta, esa espiral pone en riesgo a la economía. El Gobierno reconoce que existe un alza de precios controlada. Lo cual es real, pero también que es alta y una espiral sin fin de reclamos y conflictos puede impactar en ese flanco. Algunos eligen el momento electoral para redoblar sus reclamos por cálculos puramente económicos, otros lo hacen por intereses electorales. Y en general se dan las dos situaciones al mismo tiempo, a veces por izquierda y a veces por derecha.

Pero el caso de Aerolíneas Argentinas ameritó una mención especial, quizá la más clara y enérgica. La empresa reestatizada no termina de planificar el saneamiento de su administración por las peleas gremiales que pueden hacer fracasar el esfuerzo que significó la recuperación de la aerolínea de bandera. Sigue habiendo demoras o suspensiones de vuelos, la mayoría de las veces por encuadramiento gremial, como sucedió en estos días. No hay público que aguante ese maltrato y no hay aerolínea que sobreviva sin público. Para colmo, en ese caso, los gremios se dicen kirchneristas.

No parece que el secretario general de la CGT, Hugo Moyano, estuviera en el centro de ese cuestionamiento, aunque la oposición lo eligió para ponerlo en ese lugar. La impresión es que más bien lo roza en algunos aspectos, sobre todo porque no lo mencionó para exceptuarlo. La preocupación no está referida solamente a los conflictos actuales, sino a los que se puedan crear hasta después de octubre. El reclamo de lealtad también se da en el marco de un proceso electoral, de elección de candidatos y armado de las listas. Los tironeos, primereadas y codazos van dejando heridos y contusos. La Presidenta puso su figura por encima de esas disputas.

Hay otra lectura posible y destinada al electorado de a pie. La Presidenta esbozó apenas una imagen de su ausencia. Y después hizo un fuerte llamado a que la ayuden, a una adhesión comprometida. En los distritos más importantes hay muchos votos cruzados que votan a la oposición en la provincia y a nivel nacional al oficialismo. Nadie sabe lo que pueda traccionar su imagen hacia los candidatos provinciales kirchneristas, pero gran parte de su campaña seguramente estará orientada en ese sentido.

Para algunos, el tono del discurso en general mostró a una mujer afectada en lo emotivo y en situación de debilidad. Sin embargo, un reclamo enérgico se hubiera proyectado como mandón y autoritario, lo que se hubiera sumado a un contenido de mucha fuerza. Es evidente que trató de evitar esa imagen. El contenido del discurso en sí fue el de una Presidenta fuerte desde el punto de su peso político. Estaba plantada en su representatividad para apretar tuercas y convocar adhesiones sin intermediaciones. Es probable que el del jueves haya sido su discurso más fuerte.

© Escrito por Luis Bruschtein y publicado por el Diario Página/12 el sábado 14 de Mayo de 2011.