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lunes, 26 de junio de 2023

Testigo de los “Vuelos de la Muerte”, el avión Skyvan PA-51, el avión desde el que Madres de Plaza de Mayo y las monjas francesas fueron arrojadas al mar... @dealgunamaneraok...

  Testigo de los “Vuelos de la Muerte”, el avión Skyvan PA-51, el avión desde el que Madres de Plaza de Mayo y las monjas francesas fueron arrojadas al mar.


Skyvan PA-51, uno de los aviones utilizados en los "vuelos de la muerte" durante la última dictadura. Fotografías: AFP

En diciembre de 1977, Azucena Villaflor, María Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga, junto a las francesas Leonie Duquet y Alice Domon, fueron salvajemente arrojadas desde este avión al Mar argentino, por orden de Alfredo Astiz. 

© Publicado el lunes 26/06/2023 por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, República Argentina.


La vicepresidenta Cristina Kirchner y el ministro de Economía y flamante precandidato a presidente, Sergio Massa, se mostrarán, por primera vez, en un acto conjunto tras la oficialización de las listas de Unión por la Patria. La foto tendrá lugar durante el acto por la recuperación del avión Skyvan PA-51, utilizado para los "vuelos de la muerte", en la Aeroestación Militar del Aeroparque Jorge Newbery.

Este avión fue utilizado para arrojar con vida al Mar Argentino a un grupo de 12 personas el 14 de diciembre de 1977, incluyendo a las tres Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor, María Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga y a las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon. El avión fue comprado por un empresario estadounidense que conservó las piezas originales y conservado hasta hace unas semanas en un hangar en Dekalb, cerca de Chicago. 


Cristina Kirchner presenta un avión de los "vuelos de la muerte" en el primer acto de campaña con Sergio Massa

El propietario conservó la documentación de vuelo original desde que el avión estaba en Argentina en la década de 1970. El SC7 Skyvan Series 3 de matrícula PA-51 es un avión utilitario con características STOL (para despegues y aterrizajes cortos), de fabricación inglesa. Otros dos aviones Skyvan utilizados para los vuelos de la muerte se conservan en Reino Unido y Luxemburgo.

Apodado "Caja de zapatos voladora", es un monoplano bimotor completamente metálico con un plano de cola montado en la mitad y timones gemelos. El primer vuelo de la aeronave construida por Short Brothers fue el 17 de enero de 1963. Tiene una capacidad para 19 pasajeros y dos tripulantes y en 2007 lo usaba una empresa de correos entre Bahamas y Fort Lauderdale. Más tarde se mudó a Phoenix para los vuelos de paracaídismo. 


El piloto comercial y cineasta Enrique Piñeyro analizó la documentación disponible y descubrió entre 10 y 15 vuelos sospechosos realizados por este avión y llevó la denuncia a la justicia. "El avión es una cabina sin puerta. Tendrá seis, siete metros. Ahí apilaban todos los cuerpos semi anestesiados con pentotal, con un cinismo lo llamaban 'Pento-naval'. Es una cosa espantosa. Cuando vos mirás esa caja, ese avión, decís: ¡Dios mío, lo que debe haber sido esto!", describió Piñeyro.

"El avión es algo tenebroso para nosotros, pero habiéndolo encontrado e identificado no podemos permitir que siga volando", dijo Mabel Careaga, hija de Esther Ballestrino y una de las impulsoras de la repatriación del aparato que perteneció a la Prefectura Naval, para ser exhibido como testimonio de la dictadura de 1976-1983. 

"Es demasiado horroroso imaginar a mi mamá ahí", reflexionó la mujer, quien junto a Cecilia de Vicenti, hija de Azucena Villaflor, pidieron que el aparato quede expuesto en el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada, centro clandestino de detención por donde pasaron unos 5.000 prisioneros y que hoy es Museo de Memoria ExESMA, en Buenos Aires. "El avión es parte de la historia que es dolorosa pero hay que contarla tal cual fue", responde De Vicenti.


Engañadas por Astiz y arrojadas al mar: así murieron Madres de Plaza de Mayo y dos monjas francesas en 1977.

El 10 de diciembre de 1977, Azucena Villaflor, María Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga fueron salvajemente arrojadas al vacío desde un avión Skyvan PA-51, cuando la aeronave sobrevolaba el Mar argentino

Era uno más de los terribles "vuelos de la muerte" puestos en marcha por la Junta Militar para deshacerse de los detenidos ilegalmente. Las tres habían sido inyectadas con sedante pentotal, con los pies y las manos atadas.

Las víctimas fueron arrojadas todavía con vida desde un avión Skyvan, que cuentan con grandes compuertas traseras, que pronto será devuelto a la Argentina para ser exhibido en la ex ESMA.


Azucena Villaflor, María Ponce de Bianco y Esther Ballestrino de Careaga. 

La justicia alemana avanza contra Luis Kyburg, exrepresor prófugo en Berlín y que Argentina reclama

Villaflor, Ponce de Bianco y Ballestrino formaban parte de las Madres desde abril de 1977, e integraban un grupo que habitualmente se reunía en la iglesia de la Santa Curuz, ubicada en el barrio porteño de San Cristóbal, con el propósito de establecer lazos de solidaridad en el contexto de una feroz represión ilegal.

Uno de los objetivos del grupo era recaudar fondos para financiar la publicación de una solicitada en la que demandaban a las autoridades respuestas por el destino de los desaparecidos de la dictadura. 

El colectivo estaba formado, además, por otros militantes y religiosos como Angela Aguad, Remo Berardo, Julio Fondevila y Patricia Oviedo, familiares de desaparecidos; los militantes de Vanguardia Comunista Horacio Elbert, Raquel Bulit y Daniel Horane y las monjas francesas Leonie Duquet y Alice Domon, quienes desde hacía tiempo estaban vinculadas a los grupos de derechos humanos y organizaciones sociales.

Astiz adoptó la identidad de 'Gustavo Niño’ para infiltrarse en la organización. Su estrategia consistía en hacerse pasar por un familiar y por medio de un abrazo o un beso los marcaba para que los grupos paramilitares secuestraran a sus víctimas.

Pablo, el niño desaparecido que flota en el Río de la Plata

Azucena Villaflor, que buscaba a su hijo Néstor, era una de las Madres más activas y era parte de una familia de fuerte tradición política en el peronismo de Avellaneda, en tanto que María Ponce de Bianco y Esther Ballestrino tenían formación política.

La primera había sufrido el secuestro de su hija Alicia, había militado en el Partido Comunista, mientras Esther, maestra y doctora en bioquímica nacida en Paraguay, había militado en la izquierda de ese país. Se había integrado a Madres tras el secuestro de su hija, Ana María Careaga, liberada en el invierno de 1977.

El 8 de diciembre, el grupo fue secuestrado como parte de un operativo de la Armada que contó con la participación del genocida Alfredo Astiz, que integraba el Grupo de Tareas 3.3.2 de la ESMA y se infiltró en este colectivo fingiendo ser hermano de una víctima.  

La Madre de Plaza de Mayo que nunca se calló nada, ni en dictadura ni en democracia

Para ese cometido, Astiz adoptó la identidad de 'Gustavo Niño’ para infiltrarse en la organización y con ese sobrenombre llegó a firmar una solicitada del grupo reclamando por los desaparecidos. Su estrategia consistió en hacerse pasar por un familiar y por medio de un abrazo o un beso los marcaba para que los grupos paramilitares secuestraran a sus víctimas.

"A algunos los matábamos en los tiroteos, pero a otros no sé lo que les pasaba, yo los entregaba vivos (…) A mí me decían: andá a buscar a tal, yo iba y lo traía. Vivo o muerto, lo dejaba en la ESMA y me iba al siguiente operativo", dijo, pero negó la versión más aceptada: "Cumplí mi trabajo. Además, toda esa historia del beso el día de la entrega es un verso. Yo no estaba ese día".

El 10 de diciembre de ese año, en la puerta de la iglesia, Astiz besó a quienes horas después serían secuestradas por el Grupo de Tareas 3.3.2: Villaflor, Ballestrino y Ponce. Encerradas y torturadas en la ESMA, finalmente fueron arrojadas vivas al océano.


Villaflor, Ponce de Bianco y Ballestrino integraban un grupo que habitualmente se reunía en la iglesia de la Santa Curuz, ubicada en el barrio porteño de San Cristóbal, con el propósito de establecer lazos de solidaridad en el contexto de una feroz represión ilegal

No se sabe cuántos de los desaparecidos de la dictadura militar fueron arrojados al mar. Desde la elevada altura de vuelo del avión, los cuerpos caían al mar con la misma violencia que si hubieran sido arrojados sobre un suelo de cemento, y algunos cadáveres se desintegraron en el mar en pocos días. Otros eran devueltos por las aguas.

En una entrevista televisiva en 1998, el ex represor Adolfo Scilingo recordó que "todos los miércoles se hacía un vuelo y se designaba en forma rotativa distintos oficiales para hacerse cargo de esos vuelos, de forma tal que la mayor cantidad de integrantes de la Armada pasaran por esos vuelos".

"A los que el día antes se les elegían para morir, se les llevaba al aeropuerto dormidos o semidormidos mediante una leve dosis de un somnífero y engañados, haciéndoles creer que iban a ser llevados a una prisión del sur", relató. "Se les daba una segunda dosis muy poderosa, quedaban totalmente dormidos, se les desvestía y, cuando el comandante daba la orden, se les arrojaba al mar uno por uno".

El 20 de diciembre los cadáveres de las tres Madres, de Ángela Aguad y de la monja Leonie, provenientes del mar, llegaron a las costas a la altura de Santa Teresita y quedaron depositados en una fosa común del cementerio de General Lavalle, hasta que, en 2005, un trabajo del Equipo Argentino de Antropología Forense permitió identificarlas.


"Yo no las traicioné, porque no era una de ellas y me convertí. Yo lo que hice fue infiltrarme, y eso es lo que no me perdonan. Porque me infiltré dos veces. Cuando me acusan de otras cosas me enojo, pero de eso me río", dijo Astiz. "Eran montoneros. Recibían órdenes de los Montoneros. Yo respeto a los que piden por sus hijos desaparecidos, pero las Madres lo usan para comerciar, por dinero o por política".



   

domingo, 18 de noviembre de 2007

Dictadura Militar... Las Monjas Francesas: Evelyn, Ivonne, Alice y Léonie.... @dealgunamanera...

Dictadura Militar. Mi Oratorio San Pablo... 
Las Monjas Francesas: Evelyn, Ivonne, Alice y Léonie...

Hermanas Léonie Duquet y Alice Domon

Cronología de un hallazgo, y de una búsqueda...

Evelyn Lamartine

Junio 1977: Alice Domon e Yvonne Pierron son detenidas en la procesión de Corpus Christi. Las liberan un día después.

Diciembre 1977: El 8, secuestran a Alice de la Iglesia de la Santa Cruz, junto a otros ocho familiares de desaparecidos. El 10, se llevan a Léonie Duquet de la parroquia San Pablo de Ramos Mejía. Las llevaron a la ESMA.

Diciembre 1977: Evelyn Lamartine presenta el hábeas corpus por sus compañeras.

Enero 1978: Evelyn ayuda a Yvonne a salir del país y a exiliarse en Francia.

Diciembre de 1985: El Juicio a las Juntas condena a los jerarcas de la represión ilegal.

Diciembre 1986-Junio 1987: Se aprueban las leyes de Punto Final y Obediencia Debida.

Marzo 1990: En su ausencia, Astiz es condenado a prisión perpetua en Francia por la desaparición de las monjas.

Agosto 2003: El Congreso declara nulas las "leyes del perdón".

Septiembre 2003: El 16, Astiz es detenido por la causa ESMA.

Junio 2005: La Corte confirma la inconstitucionalidad de esas leyes.

Agosto 2005: El 29, el Equipo de Antropología Forense anuncia la identificación de los restos de Léonie, que un mes después son inhumados en la Iglesia de la Santa Cruz. Alice Domon sigue desaparecida.

"Desaparecieron hace 30 años, pero aún espero a Alice y Léonie"

Lo dice Evelyn Lamartine, la madre superiora en la Argentina de las monjas francesas desaparecidas durante la dictadura. Ella arriesgó su vida para salvarlas. En exclusiva, a 30 años del secuestro, habla por primera vez.

Durante 30 años eligió el silencio. Hoy decide romperlo: "Es una forma de que mis amigas sigan vivas", sonríe Evelyn Lamartine con sus 74 años y un mate por cebar. Vive en uno de los barrios más humildes del conurbano. Ahí donde el frío o el calor nunca son bienvenidos.

"Nosotras optamos por esta vida. La gente, en cambio, no elige vivir en la pobreza". Cuando dice "nosotras" habla de las monjas de las Misiones Extranjeras de París y, en especial, de Alice Domon y Léonie Duquet, las religiosas francesas desaparecidas después de que Alfredo Astiz se infiltrara en el grupo de Madres de Plaza de Mayo.

En 1977, Evelyn era la madre superiora de la orden en la Argentina, una tarea nada sencilla durante esos años. "Yo elegí ser monja porque en el fondo mi preocupación era el mundo obrero, que era el mundo de mis padres", recuerda. Nunca pensó que esa elección la llevaría a protagonizar "casi una telenovela", como le vuelven ahora los hechos a la memoria.

Había conocido a Alice Domon en el noviciado en Francia y llegaron juntas a la Argentina el 5 de febrero de 1967. "Alice quería ir a la India, pero la convencimos de que acá también nos necesitaban", cuenta. A Léonie Duquet e Yvonne Pierron, otra hermana, las conoció en Buenos Aires: "Ellas ya estaban trabajando acá, en villas y colegios", explica. El compromiso con los más necesitados pronto las llevó a involucrarse en la lucha de las Madres de Plaza de Mayo. "En ese momento, ellos también estaban entre los más desamparados", rememora sobre aquella época.

Hermanas Léonie Duquet y Alice Domon

"Ya en el 77, la cosa estaba peligrosa, lo sabíamos, pero no sentíamos miedo, sino bronca", enfatiza Evelyn. Por eso, Alice y Léonie habían intentado renunciar a la Congregación. No querían comprometer al resto de las religiosas ni tener privilegios. Las demás monjas se opusieron y les rogaron que pidieran una dispensa. El obispo de Toulouse les concedió la licencia.

En junio de ese año, participaron de la procesión de Corpus Christi. "Léonie, Yvonne y Alice iban con los familiares de desaparecidos rezando el rosario, de Congreso a Plaza de Mayo. Era una forma de pedir explicaciones por lo que estaba pasando. ¡No podía ser que la gente desapareciera como si se la hubiera llevado un ovni!", se indigna Evelyn. Léonie se volvió antes porque se sentía cansada, esta vez se salvaría. En cambio, Alice e Yvonne fueron detenidas junto a otros manifestantes: "Las llevaron a la comisaría 5ª de la calle Lavalle. Me avisaron y salí corriendo a pedir un velo para ir a buscarlas", señala. Las monjas habían decidido dejar de usar los hábitos para no verse diferentes y para trabajar más cómodas en sus barrios.

Evelyn se presentó al comisario como la madre superiora, pero aún así tuvo que tolerar los embates del funcionario que la retó porque no controlaba a "su tropa" y acusó a Alice e Yvonne de estar con los subversivos. "Nooo, estaban rezando el rosario, le dije yo con cara de idiota", ironiza Evelyn cuando habla de la primera vez que arriesgó su vida para salvar a sus hermanas. Las monjas quedaron "en investigación" y fueron liberadas al día siguiente.

Esa detención fue el preámbulo de lo que vendría meses más tarde: a Evelyn le estaría reservado el rol de la búsqueda, el rescate y la protección. Nadie sabe bien qué le pasó a Alice esa noche en aquella comisaría. Nunca lo contó, pero lo que haya sido no la detuvo y se involucró aún más con el reclamo por los desaparecidos. Alice, junto a Léonie, comenzó a elaborar las listas de desaparecidos, recolectaban dinero con los familiares para publicar una solicitada en la que reclamaban por el paradero de su gente. Ivonne regresó a Corrientes, mientras Evelyn misionaba en las villas de Hurlingham. Allí, 10 años antes, había conocido a uno de los vecinos más devotos del barrio: Jorge Rafael Videla. "Nunca imaginamos que iba a formar parte del infierno que vendría después", reflexiona y recuerda que lo conoció porque llevó a su hija María Cristina Videla de campamento.

El infierno para Yvonne comenzó tras el golpe: "Desde 1976 nos dimos cuenta de que esto iba mal, y que en cualquier momento había que aceptar la cárcel o morir" (ver reportaje). Para Alice y Léonie fue el secuestro, la tortura y la muerte. "La última vez que vi a Alice fue 15 días antes de que se la llevaran. Estaba llena de proyectos: quería abrir una escuela y planeaba visitar a su familia en Francia. La acompañé a tomar el colectivo...", revela Evelyn. Nunca más la vio.

El 8 de diciembre, un seminarista le avisó: "Agarraron a Alice de la iglesia de la Santa Cruz". "Dios mío, en la iglesia de mi barrio", pensó Evelyn, que se había criado en un conventillo de Once, a pocas cuadras de allí. En la iglesia de la Santa Cruz, hizo su catequesis y definió su vocación religiosa. "Llamé a Léonie, le conté y le rogué que se fuera", dice Evelyn. Pero Léonie se negó: "A lo mejor viene con hambre o quiere bañarse", le contestó. Dos días después, se la llevaron de la Parroquia San Pablo de Ramos Mejía.

Evelyn comenzó un peregrinaje inesperado: golpear puertas de tribunales, comisarías, despachos, y hasta de la Nunciatura. Acompañada por la hermana Montserrat Bertrán, fue a ver al representante del Papa, monseñor Pío Laghi. "Nos miró como si fuéramos bichos asquerosos, y nos dijo: "nosotros no sabemos nada, por algo habrá sido". Montse se arrodilló y le rogó que hiciera algo. «él se la sacó de encima, instintivamente, describe Evelyn, que entonces pensó: "Dios no se olvida de lo que dijiste".

Hermana Léonie Duquet

No sintió miedo ni se retractó, buscaba a sus hermanas y no se detuvo. El caso de las monjas francesas desaparecidas cobraba relevancia internacional y para Francia ya era cuestión de Estado. Evelyn presentó los recursos de hábeas corpus para Alice y Léonie. "En esos años mucha gente moría por firmar ese papel. Ella, sin embargo, no tuvo temor y conociendo su suerte, no dudó y lo firmó", destaca Horacio Méndez Carreras, abogado de los franceses desaparecidos durante la dictadura, mientras señala la foja 1 del expediente Nº 40.249 del Juzgado Nacional en lo Criminal y Correccional Federal Nº 3, donde se abrió una de las causas (ver facsímile).

Después vinieron semanas de desesperación e incertidumbre. A pedido del embajador francés Francoise de la Gorce, Evelyn volvió a arriesgar su vida, esta vez, para sacar a Yvonne Pierron del país, la otra monja que estaba en la mira de Alfredo Astiz, quien ayer cumplió 57 años en el Instituto Penal de Campo de Mayo: "Le tengo lástima, usó toda su belleza y su inteligencia para hacer el mal", confiesa Evelyn.

Evelyn se repone de ese horror con una sonrisa cuando piensa en los chicos del centro de rehabilitación de adictos con los que trabaja. "No es exactamente lo mismo que hacían ellas, pero estamos en la misma línea. Son otras épocas y otras necesidades. En lo que hacemos, también están ellas. Entonces, no lograron matarlas", reflexiona y concluye: "Igual, uno siempre las sigue esperando".

© María Arce, Andrea Basconi, Florencia Bianco - (Diario Clarín de Buenos Aires 18-11-2007)


Cuando la verdad resiste a la impunidad...

La religiosa estaba enterrada como NN en el cementerio de General Lavalle, donde fue sepultada durante la dictadura, luego de que su cuerpo apareciera en las playas bonaerenses. Es del grupo de Azucena Villaflor. Por este caso fue condenado en Francia Alfredo Astiz.

El cuerpo de la religiosa francesa Léonie Duquet, secuestrada el 10 de diciembre de 1977, fue identificado por el Equipo Argentino de Antropología Forense. Su cadáver estuvo sepultado como NN durante 28 años en el cementerio de General Lavalle junto con los de las tres madres de Plaza de Mayo cuyos restos ya fueron entregados a sus familiares. “La verdad salió a la luz. Necesitábamos este poco de justicia. Esto es importante para toda la gente que luchó, los que conocimos a Léonie, su familia y por tantos que dieron su vida en Argentina”, señaló Thérèse Logerot, quien fue compañera y superiora de las monjas francesas desaparecidas en Argentina que estuvieron cautivas en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA).

El juez Horacio Cattani fue el encargado de hacer el anuncio público del hallazgo. “Esta mañana nos llegó la confirmación del estudio genético que establece que se identificó a Léonie Duquet y por lo tanto se procedió a ordenar la rectificación de su partida de defunción”, señaló ayer al mediodía el magistrado, acompañado por sus colegas Gabriel Cavallo, Eduardo Freiler, Martín Irurzun y Eduardo Luraschi.

“Es un día de agradecimiento y reconocimiento”, dijo Blandine Kreiss, encargada de negocios de la embajada francesa, que estaba presente cuando Cattani dio la noticia. La desaparición de Duquet y su compañera Alice Domon provocó durante años roces entre el gobierno argentino y el de Francia, que impulsó tanto en Buenos Aires como en París la investigación de los hechos (ver aparte). “Argentina tiene una gran deuda con Francia”, reconoció Horacio Méndez Carreras, durante años representante de las familias de las religiosas y actualmente encargado del área de derechos humanos de la Cancillería, que estuvo en tribunales en su “doble rol” de funcionario y abogado. Méndez Carreras hizo hincapié en la responsabilidad del represor Alfredo Astiz en el secuestro de Duquet: “El quería borrar toda huella que lo uniera con los secuestros en la iglesia de Santa Cruz, que ya estaba teniendo mucha repercusión”, afirmó.

Duquet fue secuestrada el 10 de diciembre de 1977, dos días después de que la Marina se llevara a un grupo de familiares de desaparecidos y a Domon de la puerta de la iglesia de Santa Cruz, donde estaban reunidos para preparar una solicitada que saldría en el diario La Nación. El mismo día que fue detenida Duquet desapareció Azucena Villaflor, fundadora de las Madres de Plaza de Mayo. Estas personas, doce en total, fueron apresadas a partir de un operativo de infiltración realizado por Astiz, que se hizo pasar por el hermano de un desaparecido para acercarse a las Madres.


El “Ángel Rubio”, actualmente detenido en una base naval de Zárate y sometido a un tratamiento para tratar de paliar un cáncer, fue condenado en ausencia en Francia a cadena perpetua por el secuestro y asesinato de las religiosas. “La identificación de Léonie no cambia la condena contra Astiz. Vamos a seguir pidiendo su extradición”, aseguró desde París Sophie Thonon, abogada de los familiares de las monjas.

El cuerpo de Duquet fue exhumado en enero de este año por el EAAF en el cementerio de General Lavalle junto con otros seis cadáveres. Tres pertenecen a las Madres de Plaza de Mayo Azucena Villaflor de De Vicenti, Esther Ballestrino de Careaga y María Ponce de Bianco. Los estudios genéticos habrían descartado que dos de los cuerpos recuperados fueran del grupo de familiares de desaparecidos secuestrados en diciembre de 1977. El séptimo sí pertenece a una de las personas detenidas en la Santa Cruz. Aunque no se informó oficialmente, es de Ángela Aguad, cuya huella dactiloscópica hallada entre los papeles de un archivo de la policía bonaerense fue el primer indicio que permitió llegar a los restos de las madres y la monja francesa.

Los cadáveres ahora recuperados habían sido encontrados en las costas de San Bernardo y Santa Teresita entre diciembre de 1977 y enero de 1978 y fueron enterrados como NN en General Lavalle. La identificación de la religiosa fue posible porque el sobrino materno de Duquet, Michel Jeannigros, mandó una muestra de sangre desde Francia.

Al igual que lo ocurrido con las fundadoras de Madres de Plaza de Mayo, el análisis antropológico forense determinó que la causa de las fracturas que tenía Duquet en sus huesos largos era compatible con “las que son habituales observar como producto de una caída de un cuerpo desde cierta altura y su impacto contra un elemento sólido”. Este hecho, que confirma que la mujer fue arrojada al mar desde uno de los “vuelos de la muerte”, ya había sido advertido por los médicos de la policía que realizaron la primera autopsia en 1978.


Duquet y Domon pertenecían a la congregación de las Hermanas de las Misiones Extranjeras. La primera llegó a Buenos Aires en 1949 y la segunda en 1966. Léonie enseñaba catequesis en el colegio Sagrado Corazón, en Morón, y colaboraba en la capilla de su barrio, San Pablo.

Antes había recorrido el interior del país y trabajado con comunidades indígenas y campesinas. Alice se había volcado de lleno al trabajo social con los habitantes de las villas miseria. En 1971 se instaló en Corrientes para apoyar la formación de las Ligas Agrarias. Cuando los militares se hicieron con el poder, sus amigos y conocidos empezaron a desaparecer. La religiosa viajó a Buenos Aires para reclamar por ellos y de esta forma se conectó con las Madres de Plaza de Mayo. Se hospedaba con Léonie en Morón y, así, su compañera también se vinculó con el incipiente movimiento de derechos humanos que se organizaba en el país.

El paso de las monjas por la Escuela de Mecánica de la Armada está documentado por numerosos testimonios de sobrevivientes de ese centro clandestino de detención. “El 8 de diciembre (de 1977) sentimos entrar en el sótano a todo el grupo de la Santa Cruz. A nosotros (los otros detenidos) nos encerraron pero sabíamos que los traían y escuchamos el ruido de las cadenas. Sabíamos de la infiltración de Astiz porque ellos mismos lo contaban”, narró a Página/12 Graciela Daleo.

Dos o tres días después, cuando fue a lavar los platos, la mujer se encontró con una señora mayor con signos de haber sido maltratada. Estaba sentada y encapuchada. Se acercó, la abrazó y le preguntó si necesitaba algo. “Un café”, respondió. En ese momento un guardia se interpuso y con un grito le ordenó a Daleo que saliera del lugar. Luego le informó que la señora era una de las monjas del grupo de la Santa Cruz. Era Léonie.

La Armada se empeñó en negar esos secuestros, de los que se hacía demasiado eco la comunidad internacional. En un intento por despejar las sospechas evidentes, los subordinados de Emilio Eduardo Massera ordenaron a un detenido sacar una foto de las religiosas en el sótano de la ESMA con una bandera con la leyenda Montoneros de fondo. A Domon le obligaron a escribir una carta en la que decía que la había secuestrado “un grupo disidente del gobierno de Videla”.

Por esos días los detenidos de la ESMA también se enteraron del “traslado” (asesinato) del grupo secuestrado en la Santa Cruz. “Los oficiales, entre los que estaba Héctor Febres, volvieron con las botas embarradas. Decían que habían encontrado un buen lugar para dejar `los bultos`. Nosotros dedujimos que se las habían llevado en una lancha, que no había sido un vuelo”, recordó Daleo. Ahora se sabe con certeza de qué hablaban los represores cuando se referían a Domon y Duquet como “las monjitas voladoras”.

“Los políticos y militares de la época mentían y manchaban el nombre de Léonie y Alice. Decían que se habían ido a México a ejercer la prostitución, como dijo el ministro del Interior Albano Harguindeguy. Astiz fue condenado en ausencia en Francia y no creo que Argentina lo entregue al gobierno francés. Pero si lo juzgan y lo dejan preso sería aún más importante que entregarlo a otro país. Es la mejor forma de justicia y enseñanza, fortalece la memoria para que no se repita la historia”, afirmó la superiora Logerot, desde las afueras de Toulouse.

Una lucha incansable.

La Justicia argentina encontró e identificó los restos de la religiosa francesa Léonie Duquet, víctima de la dictadura militar argentina.
Este hallazgo es el resultado de la lucha incansable de casi tres décadas de las víctimas, los familiares, los sobrevivientes y los organismos de derechos humanos. Sus acciones han logrado revertir las políticas de perdón e impunidad y han permitido recuperar la esperanza de construir una sociedad basada en la justicia y la verdad.

Léonie Duquet fue secuestrada de la capilla San Pablo de Ramos Mejía, partido de La Matanza, el 10 de diciembre de 1977. Fue llevada a la ESMA, donde compartió cautiverio con Alice Domon y diez personas más, algunas de las cuales fueran secuestradas dos días antes en la Iglesia de la Santa Cruz. Desde su desaparición las autoridades francesas realizaron innumerables gestiones ante el gobierno argentino para lograr dar con los cuerpos y condenar a los responsables.

La labor silenciosa y eficaz de la Cámara Federal y el Equipo Argentino de Antropología Forense han permitido garantizar el derecho de los familiares a la verdad y al duelo. La anulación de las leyes de impunidad habilita la continuación de las acciones judiciales para condenar a los responsables: autores materiales e intelectuales.

De este modo, el Estado argentino ha dado cumplimiento al reclamo de las autoridades y de la sociedad francesa que clamaron durante todo este tiempo una respuesta institucional a lo ocurrido a los ciudadanos franceses víctimas de la dictadura militar argentina. Una vez más, gracias: Madres de Plaza de Mayo, organismos de Derechos Humanos, sobrevivientes por su incansable colaboración, gracias a las familias Domon y Duquet por la confianza depositada, y gracias a todos los amigos que sin pertenecer a estos sectores han manifestado un apoyo invalorable para poder continuar con esta lucha.

(*) Abogado de los familiares franceses desaparecidos durante la dictadura militar y actualmente se desempeña como representante especial para los Derechos Humanos en el ámbito Internacional de la Cancillería argentina.

© Horacio Méndez Carreras - (Diario Página/12 de Buenos Aires 30-08-2005) 




“Todavía no conocí la democracia en Argentina”


El eslabón fue hasta Pueblo Illia, Misiones, donde vive una de las monjas francesas que sobrevivió a la última dictadura militar. A punto de cumplir 80 años, continúa fiel a su compromiso de acompañar a los más necesitados.

“¿Pueblo Illia? Siga derecho nomás”, indicó un mensú a la célula dormida del eslabón en Misiones. La orientación necesitó, kilómetros más adelante, un refuerzo. Allí otro trabajador de la tierra, machete en mano, señaló que el camino, minado de monte, plantaciones de mandioca, té y choclo, iba a ser más largo de lo imaginado. Los 18 kilómetros que en teoría unen la ruta nacional 14 con Pueblo Illia se multiplicaban por la sinuosidad del trayecto, las piedras, curvas y picadas.

Cuando todo indicaba que era mejor pegar la vuelta y robar información de Internet para cumplir con el espacio de esta nota, un coqueto cartel anunciaba que estábamos en el lugar indicado.
Unos metros más adelante, como un milagro de la arquitectura, se levanta un complejo educativo imponente. Allí, los hijos de colonos y guaraníes estudian, hacen deportes, comen e incluso se internan como pupilos.

Una de las responsables de la obra es Ivonne Pierron, la misma monja francesa que salvó su vida de milagro durante la última dictadura militar, y que llegó a Misiones en 1987 por medio de un referente del Movimiento Agrario Misionero. A punto de cumplir 80 años, hoy sigue educando, asesora a la Secretaría de Derechos Humanos de la provincia y asegura que no se calla nada porque “hace 50 años que vivo en Argentina y todavía no conocí la democracia”.

Compromiso con los pobres. Sin tiempo para precalentar, Ivonne toma la iniciativa en la entrevista y hace bailar el grabador con golpecitos en la mesa. “No podemos hablar de democracia si nuestros abuelos que trabajaron como esclavos en el campo y las ciudades después no tuvieron jubilaciones ni pensiones como deben. Acá para la gente de la chacra ni hablan del tema”, se indigna Ivonne, en un afrancesado castellano.

En el albergue no hay teléfono ni computadora, pero Ivonne está al tanto de la situación social. La monja sabe que este es un año electoral y que su figura sigue teniendo peso. “Me vincularon a distintos partidos en la provincia pero yo quiero vivir libre. Decían que yo apoyaba a una lista. No me pidan que me incline por alguno, mi color político es la liberación del pueblo”, arremete sin concesiones la religiosa.

Según la monja francesa, la juventud tiene la responsabilidad de asumir mayores compromisos con el momento político actual. “Para que la juventud luche –afirma– hay que darle un camino para luchar, hay que darle confianza e integrarlos. Desde este gobierno nacional veo por primera vez una intención de cambio, pero faltan muchas cosas. A un chico que pide en la calle no lo formás para un país. En educación aplicamos un plan como la EGB, que lo rechazó toda Europa, porque a los gobernantes le conviene el pueblo ignorante. El único fin es dominar al pueblo, por eso hay que sacarse el sombrero con estos fulanos por cómo planifican todo”.

Presente y pasado. Ivonne Pierron conoció de cerca al nazismo cuando vivió en Francia. En 1955 vino al país y se enamoró de la gente criolla. La religiosa estuvo un tiempo en Buenos Aires y luego se radicó en Corrientes. Allí trabajó junto a los campesinos cerca de la zona de Curuzú Cuatiá y Goya, hasta que tuvo que abandonar su misión porque mataron a sus compañeras Leonie Duquet y Alice Domon.



“Trabajaba con las ligas agrarias. Nosotras tomamos los votos de lucha junto a los campesinos porque tenemos que estar al lado del que sufre. Hicimos huelgas de hambre en la catedral de Goya y conseguimos mejoras en el precio del tabaco”, recuerda y reivindica Ivonne.

En ese entonces, Alice Domon, que misionaba con Pierron, acompañó a familiares de desaparecidos de Goya a Buenos Aires para sumarse a las Madres de Plaza de Mayo. Pero en las reuniones que mantenía el grupo había un infiltrado: el ex marino Alfredo Astiz, que bajo el seudónimo de Gustavo Niño se hizo pasar por hermano de un desaparecido y se ganó la confianza de las religiosas. “Ellas me hablaban maravillas de Astiz, pero yo les preguntaba de qué trabajaba, y ellas me decían que no tenía trabajo. Además tenía auto y todas las noches acompañaba a una madre distinta a su casa. Eso no me gustó nada. Yo le decía a las otras hermanas que era sospechoso, pero hasta una vez se enojaron conmigo por pensar eso”, memora ahora Ivonne.

El beso de Astiz en las mejillas de las religiosas y de Azucena Villaflor (una de las fundadoras de Madres cuyos restos fueron encontrados el año pasado por el Equipo de Antropología Forense) fue la señal de la entrega. Pierron se enteró inmediatamente de la noticia y recibió un mensaje de la embajada francesa para que abandonara el país si no quería correr la misma suerte que las otras religiosas. “Yo no me quería ir –dice–, porque es más doloroso dejar a la gente que morir”. Al final aceptó la partida con el compromiso de trabajar en la denuncia internacional.

El paso hacia la libertad no fue sencillo. En el vuelo de Air France tuvo que contar con el apoyo de la embajada francesa y la complicidad del piloto, que la protegió de los militares que registraron el avión.

En el exilio participó de algunos ámbitos junto a Mercedes Sosa, a Daniel Viglietti y a numerosos luchadores sociales. También conoció a Isabel Perón y a Mario Firmenich. “Un jefe montonero que en Francia se quiso reunir con (Emilio) Massera para tumbar a Videla, mientras sus compañeros morían”, rememoró Ivonne acerca del jefe guerrillero.

Antes del exilio, Pierron estuvo detenida por participar de una marcha junto a las Madres de la Plaza de Mayo en 1978. Su documento con dirección de Corrientes generó sospechas en las bestias de uniforme verde oliva. “Cuando me llevaban los militares yo les preguntaba por qué me apuntaban con una ametralladora. «Para defenderla hermana», me respondían. Yo estuve en la guerra contra Hitler, les dije, y sé que para defender un lugar hay que apuntar los cañones para el otro lado de la frontera ¿Usted que es militar no lo sabe? Me daba alegría provocar a los militares, si me mataban, me mataban”, cuenta la religiosa.

Hermana Ivonne Pierron

Pierron intentaba trasladar esa valentía a las madres de desaparecidos.

“Nosotras recomendábamos –dice la monja– que no tengan miedo, porque en las listas estabas vivo o muerto. Cuanto más hablabas, más te torturaban, porque más querían saber”.

El regreso. “En el 80 fui a Nicaragua porque pedían gente para la reconstrucción del país y a mí me faltaba América, la gente criolla. En noviembre de 1984 volví a Buenos Aires, pero no podía volver a Corrientes porque estaba marcada como terrorista y no quería asustar al pueblo. Entonces surgió la propuesta de Misiones. Yo estaba en el sur con los mapuches pero quería quedarme en el nordeste. Volví pero no sabía si verdaderamente había un cambio”, explica la monja.

“¿Qué más quieren saber?”, pregunta con cortesía la religiosa a este medio, sin importarle que el grabador caminó sin detenerse durante dos horas. La charla continuó en las afueras del albergue. Allí nos mostró la primera casa que habitó en el pueblo y la flamante estructura que funciona con energía solar y provee de agua caliente a todo el establecimiento. La noche ya se había adueñado del paisaje misionero. Ivonne se sometió a una sesión de fotos más y nos acompañó hasta la puerta. Sabía que nos deparaba un regreso arduo y culebrero. Como la construcción de la verdad histórica del país.

Nota de Edición.

El oratorio San Pablo Apóstol, ubicado hoy en Ramos Mejía, fue parte de mi barrio de pibe, allí jugábamos al fútbol, realizábamos kermeses, asistíamos a misa, enseñábamos catecismo y fue construido por el barrio, en aquella época pertenecía al municipio de Morón, más precisamente Haedo.

Conocí a la Hermana Léonie Duquet, tenía un temperamento muy fuerte, cuidaba el Oratorio como nadie, nos retaba cuando rompíamos sus plantas con la pelota de fútbol, pero denotaba la realización de un trabajo social como ninguna persona de la Iglesia había realizado en el lugar. Su ausencia fue irremplazable, aunque no faltaban en barrio aquellos tristes comentarios de... Por Algo será...

© Luis A. Capomasi. Publicado el 18 de Noviembre de 2007.
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