domingo, 20 de noviembre de 2011

Movimiento kafkiano... De Alguna Manera...

Movimiento kafkiano...

Hay una meta y ningún camino, aquello que llamamos camino es tan sólo, duda” (F. Kafka). La cita que da inicio al post muestra por qué el peronismo –movimiento kafkiano si los hay– nunca tuvo programa, en el sentido de lo que entienden por programa la izquierda y la derecha demoliberal de un camino a seguir, prolijamente narrado. El kirchnerismo peronista entonces, sólo tiene una meta, el resto son incertidumbres en su devenir, que resuelve como puede, según la ocasión.

Es torcer aquella meta –encabalgada en la historia del populismo– de justicia social, soberanía política y libertad económica, el objetivo de los grupos de poder y sus representantes de todo tipo que se manifiestan una y otra vez con variada intensidad desde los orígenes de la fase kirchnerista en mayo del año 2003.

En efecto, el inicio del período de gobierno de Néstor Kirchner en el lapso comprendido entre los años 2003 y 2007 tuvo sus dispositivos de presión corporativa inicial en el editorial publicado en La Nación por Claudio Escribano augurando un año de duración al gobierno, seguido por el corcoveo de la vieja Corte Suprema cuyo portavoz era el juez Nazareno.

En el período 2007-2011, ya bajo el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, comenzaron las presiones con las agigantadas denuncias sobre la valija de Antonini Wilson, para continuar sin solución de continuidad con el emplazamiento de piquetes armados en medio de las rutas que decían defender al “campo”, esto es, básicamente la renta extraordinaria del sector agropecuario.

Tras el aluvión de votos del 23 de octubre, el estabishment financiero local dio por abierto el período de gobierno 2011-2015 y comenzó su presión por torcer el rumbo económico modificando el precio del dólar.

El desfile de economistas, consultores y analistas por cables, radios y diarios, propiciando la devaluación del peso, fue tan agotador como estéril.

En la misma conferencia anual de FIEL se advirtió en tono cordial pero muy amenazante que, de no devaluar, al Gobierno le esperaba “un schock de realidad”, desafortunada metáfora que rememora épocas nefastas de políticas de shock económicos neoliberales.

En simultáneo, economistas de gran presitigio profesional como Orlando Ferreres, casi desconocido, advertían en El juego limpio, conducido por el doctor Nelson Castro, que si no se devaluaba, estaríamos dirigiéndonos a un escenario similar al del año 2001 en estas atribuladas pampas o, ya con más onda mediterránea, un panorama gemelo al de la Grecia actual. ¡Mamita querida!

En esta perspectiva de defensa brutal de intereses corporativos se inscribe la presión sobre el tipo de cambio que se registró en las últimas semanas y que concluyó con una derrota en toda la línea de los lobbystas pro devaluación, que en el país hay muchos desde hace largo tiempo y tuvieron su suceso en el año 2001 cuando, tras salir del 1 a 1 con una megadevalueta, dejaron bajo la línea de la pobreza al 54% de los argentinos y al 65% de los menores de 15 años mientras el 27,8% de los argentinos era indigente y merodeaba el hambre. ¡Una monada de las ciencias económicas que le gusta a la gente!

Pero pasaron diez años de aquella gesta y para legitimar la devaluación actual se argumentó disparatadamente que los mismos que votaron a Cristina el 23 de octubre salían espantados a comprar dólares.

Desconocían los lobbystas que la presión cambiaria no tiene nada que ver con la gente que votó al FPV, once millones ochocientos mil argentinos y argentinas, en especial los más humildes, mientras el movimiento de dólares en el país está motorizado por apenas quinientos mil grandes compradores que más que a Cristina- Boudou, probablemente hayan votado la fórmula “luchadora, socialista y trabajadora” Altamira-Castillo para que, al fin, hubiera diputados de izquierda opositora en el Congreso.

Obviamente no es necesario aclarar que resulta legítimo defender intereses sectoriales, pero no es legítimo pretender gobernar, decidiendo por caso el curso de la economía nacional, en un punto neurálgico como lo es el tipo de cambio, más en un país exportador de commodities.

Tras la disputa inicial quedó claro nuevamente que quien decide la política económica es la Presidenta y no los grupos de presión, una condición necesaria de funcionamiento que está en la génesis del proyecto kirchnerista y que el gobierno nacional no va a alterar, más allá de las correcciones técnicas que eventualmente pudieran existir sobre el tipo de cambio y cualquier otra variable económica.

© Escrito por Artemio López, Director Consultora Equis y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 19 de Noviembre de 2011.

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