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domingo, 18 de septiembre de 2011

Guatemala... Primavera Eterna... De Alguna Manera...

Guatemala... Primavera Eterna...

Una calle en Antigua, que fue la capital hasta 1776.


Festival de colores durante todo el año, el país ofrece algunos de los mejores paisajes de América Central: el volcán Pacaya, los pueblitos del lago Atitlán y el parque Semuc Champey.

Debajo de México y a un costadito de Honduras está Guatemala. Un buen punto de partida para explorar este país rico en tradición y naturaleza es Antigua, que fue la capital hasta 1776, cuando la sede del país se trasladó a 40 kilómetros. Por su riqueza histórica y cultural, Antigua fue designada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1979. Lo recomendable es estar allí al menos dos días porque es pintoresca por donde se la mire y puede recorrerse a pie. Veredas angostas, calzadas empedradas, iglesias antiguas, galerías de arte y tiendas de artesanías a precios muy accesibles donde se destacan las máscaras, los tejidos y las joyas de jade.

Al lado de la terminal de buses, con los típicos colectivos que recuerdan a los que circulaban años atrás en Buenos Aires antes de que llegaran los “pisos superbajos”, está el mercado de Antigua, dividido por sectores: frutas y verduras, flores, lácteos, buffets, cotillón...

Tras el día de recorrida, a las 19.30 ya es hora de cenar porque “los chapines” (guatemaltecos) se retiran y los restaurantes cierran temprano.

Desde Antigua, la excursión más popular es el ascenso al volcán Pacaya (US$ 12). Lo más lindo son las vistas y la posibilidad de sentir el calor de un volcán activo. El llamado “sauna natural”, una gruta en el medio de la pendiente, es el punto más divertido.

La próxima parada es el lago Atitlán, adonde se llega en una combi que recorre pueblos a su alrededor. Panajachel es el más turístico, con muchas tiendas de souvenirs y gran variedad de hoteles mientras San Pedro de la Laguna es el preferido de mochileros y bohemios.

Desde cualquier pueblo de Atitlán puede tomarse todos los días un barquito que va recorriendo los sitios vecinos. Uno de los parajes más populares es Santiago Atitlán, donde se encuentra Maximón, un dios pagano, mezcla de San Simón y Judas Iscariote, que cambia de casa cada año y que se puede visitar, en la casa de turno, guiado por niños del pueblo que se ofrecen a llevar a los turistas. Maximón se muda siempre con un sombrero y lleno de pañuelos que le dejan los devotos. En el santuario de turno se lo encontrará fumando un habano, custodiado por lugareños y rodeado de figuras religiosas, inciensos y botellitas de aguardiente. En Semana Santa la escultura de Maximón se bate a duelo con Jesucristo en la plaza principal, como parte de las festividades del pueblo.

El siguiente destino –previo paso por Antigua, ya que no hay ruta directa– es el parque natural Semuc Champey, un paraíso en la tierra. Se puede hacer base en Cobán o Lanquín. El día en Semuc Champey será inolvidable, luego de 15 kilómetros de camino de tierra. La primera parada es en unas cuevas de agua, a las que se ingresa en ropa de baño y con velas encendidas. Hay que nadar un poquito, caminar en el agua, atravesar alguna cascada, todo con ayuda de los guías, ya que no está permitida la entrada sin gente del lugar. Después, un trecho de tubbing por el río y llegan las pozas turquesas de Semuc Champey, entre la vegetación; ideal para un chapuzón.

Tikal espera

La mayor ciudad maya del período clásico (200 d.C. a 889 d.C.) está ubicada en el Parque Nacional Tikal, Patrimonio de la Humanidad desde 1979. Se puede hacer base en Flores (con más opciones) o en El Remate, un pueblo chiquito con hermosos atardeceres.

A Tikal –o ciudad de voces, en quiché, la lengua maya– se puede ir en combi bien temprano o a dormir en uno de los tres hoteles que hay dentro del parque (reservar con antelación). La ventaja de parar dentro del parque es que pueden contratarse dos excursiones que sólo se realizan durmiendo allí: al amanecer y al anochecer.

Subir al Templo IV, el más alto del lugar, y mirar la selva desde allí realmente emociona. Mucho más si, esperando la noche, comienzan a escucharse los sonidos de los monos aulladores. Es necesario llevar linterna ya que el recorrido termina cuando oscurece y el de mañana arranca a las 4.30, cuando la selva aún no despertó.

© Escrito por María Eugenia García Moreno y publicado por el Diario Perfil de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires el sábado 17 de Septiembre de 2011.